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Nº 662, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, marzo de 2017

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La educación, la pedagogía, el currículo y la didáctica Cuatro discursos entorno a la formación La pedagogía Por ELVIA MARÍA GONZÁLEZ AGUDELO Decana de la Facultad de Educación elvia.gonzalez@udea.edu.co

E

n el devenir de la educación se han desarrollado cuatro discursos: la educación, la pedagogía, el currículo y la didáctica; todos ellos se ocupan de la formación, quizás ello genera confusión, pero cada uno posee sus propios límites.

La educación El concepto de la educación fue definida tradicionalmente como “la acción ejercida por las generaciones adultas sobre aquellas que no han alcanzado todavía el grado de madurez necesario para la vida social” (Durkheim, 2000: 53). Es decir, la educación es la actividad que permite introducir al individuo en los procesos sociales existentes; he ahí su carácter de socialización. Además, todos los seres que nacen son susceptibles de modificarse, por tanto pueden ser educados, buscando la realización de cada persona como fin último; he ahí su carácter ético. La educación es una responsabilidad del estado para garantizar la convivencia de los ciudadanos; he ahí su carácter político.

La didáctica El concepto de didáctica, fue definido tradicionalmente como “el arte de enseñar. (…), un artificio universal, para enseñar todo a todos (…), enseñar rápidamente, sin molestia ni tedio alguno para el que enseña ni para el que aprende, antes al contrario, con el mayor atractivo y agrado para ambos” (Comenio, 1971:7). En su historia, la didáctica se ha clasificado en didáctica general, específica y especial. La didáctica general se ocupa de las diferentes maneras como se puede modificar la mente humana, a través de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Las didácticas específicas trabajan la lógica con que las ciencias y las artes han construido sus conocimientos. Las didácticas especiales hacen referencia a la especificidad en los diferentes niveles del sistema educativo y a las características especiales de los sujetos.

El currículo El currículo es un mediador entre el proyecto cultural de una sociedad, el proyecto educativo de una institución y el proyecto de vida del ser. Pero cuando prima el propósito de los gobiernos que normatizan y prescriben lo que ha de ser enseñado, mediante una estructura y una secuencia pre-determinada, se denomina currículo formal, pero al llegar a la escuela sufre modificaciones institucionales, surgiendo el currículo real. Entre el currículo formal y el currículo real emerge el currículo oculto, enseñanzas no explícitas, ideológicas, morales y políticas.

La pedagogía ha construido su discurso en torno a los procesos de formación como la “autodeterminación del ser humano en libertad” (Regenbrecht, 1987). En alemán, la palabra formación esta designada por “bildung”, en ella habita bild cuya traducción es “imagen”. La imagen, como representación, puede constituirse en imágenes idénticas, estudiadas por la lógica, y en imágenes no idénticas, estudiadas por la estética, ambas manifiestas en los procesos creativos. En este sentido, formarse es el proceso de construirse, a sí mismo, una imagen, es un problema de búsqueda de identidad.

... la educación busca la socialización de los ciudadanos para una sana convivencia, mientras la pedagogía posibilita la formación de los seres desde su singularidad para habitar libremente dicha sociedad, el currículo pone a circular la cultura de la humanidad en las instituciones educativas, como un pretexto para lograr la educación y la formación de las nuevas generaciones, y la didáctica genera la comunicación de dicha cultura entre profesores y estudiantes para promover la educación de excelencia, es decir, cuando ya no solo deseamos ser mejores sino que logramos que los otros lo sean.

Parafraseando a Gadamer, la formación es la elaboración de una conciencia histórica en el devenir del ser, allí se va adquiriendo una cultura, es el proceso de su aprendizaje. La elaboración, la adquisición, el proceso, sugieren un método, en tanto una puesta en práctica del saber, es decir, el método en sí mismo posibilita la formación, no es tanto llegar a tener un conocimiento de las cosas mismas sino llegar a tener una comprensión de la manera como hemos llegado a ser lo que somos. Es decir, la formación es “un proceso interior que se encuentra en constante desarrollo y progresión (…), no conoce objetivos que le sean exteriores (…), en la formación alcanzada nada desaparece, sino que todo se guarda. La formación es un concepto genuinamente histórico”. (Gadamer, 1993: 15) Allí, en la formación, se entrecruzan los discursos: cuando se enuncia el saber, el aprendizaje y el método se alude más a la didáctica; cuando se expresa los conocimientos y la cultura se alude más al currículo; cuando se manifiesta la conciencia histórica se alude más a la educación y el ser lo que somos es la formación, en sí misma, como objeto de la pedagogía. Mientras la formación implica la opción de un individuo para construir su proyecto de vida, la educación es el ofrecimiento que la sociedad le hace a ese individuo para que se forme. La educación es social y la formación es individual. Lo social y lo individual están en constante diálogo en el ser con la otredad. El currículo diseña los programas, los planes o los proyectos, a través de la selección, sistematización, registro y gestión de los conocimientos que en la escuela provocarían dicha formación. La didáctica traduce metódicamente esos conocimientos a través de múltiples estrategias didácticas para que el maestro los comunique a los estudiantes y cada quien libremente aprenda y construya su identidad, su modo de ser y estar en el mundo. En síntesis, la educación busca la socialización de los ciudadanos para una sana convivencia, mientras la pedagogía posibilita la formación de los seres desde su singularidad para habitar libremente dicha sociedad, el currículo pone a circular la cultura de la humanidad en las instituciones educativas, como un pretexto para lograr la educación y la formación de las nuevas generaciones, y la didáctica genera la comunicación de dicha cultura entre profesores y estudiantes para promover la educación de excelencia, es decir, cuando ya no solo deseamos ser mejores sino que logramos que los otros lo sean. Bibliografía COMENIO, Amos. (1971). Didáctica magna. (2ª ed.). Peces. Madrid: Reus DURKHEIM, Émile (2000). Educación y sociología. Barcelona, Península. GADAMER, Hans (1993). Verdad y método. Madrid, Salamanca. REGENBRECHT, A. (1987). Ciencia pedagógica y acción política. La aportación de la pedagogía a las decisiones sobre la estructura escolar. Educación, (36), 7-24

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