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Nº 652, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, abril de 2016

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¿Conviene educar a los niños para la sexualidad? ¿Educar a los niños para la sexualidad? Por supuesto. Una cátedra obligatoria podría sugerir la urgencia de abrir debates sobre la educación sexual para los niños, con una decisión tomada: construir unas salidas, sin peder de vista el interés superior del niño, la Ley 1146 de 2007 y una concepción de sujeto que no aparte el corazón.

Por GLORIA LUZ TORO ÁNGEL*

E

l estudiante de la Universidad de Antioquia Carlos Arturo Silva Marin, en nombre de otros estudiantes universitarios y de bachillerato, solicita a la Corte Constitucional declarar inexequible (parcial) el artículo 14 de la Ley 1146 de 2007, considerando que incumple el deber del Estado de proteger en igualdad de condiciones a los menores de edad sobre el abuso sexual, al dejar a los menores de 14 años fuera de la cátedra obligatoria de educación sexual. En comunicado N°. 7, de febrero 24 de 2016, la Corte declara que no existió omisión legislativa al establecer la cátedra de educación sexual para los grados de educación media y superior, en tanto no se impide en la ley que en los grados de preescolar y básica se siga impartiendo la enseñanza en materia de sexualidad. Sin embargo, se advierte que esta instrucción deberá estar acorde con el nivel educativo de los niños e incluída en los proyectos y programas transversales, y no como una cátedra obligatoria. Entonces, si la pregunta es ¿se puede educar a los niños en materia de sexualidad en este país?, la respuesta desde lo jurídico sería sí. Si la pregunta es ¿conviene educar a los niños en sexualidad?, la respuesta no es tan simple. Circulan en el país dos posturas. Unos la desaprueban, otros la aprueban. Los primeros encuentran que educar a los niños en estos asuntos, lejos de protegerlos, les podría hacer emerger curiosidades e impulsos para iniciar la vida sexual, como puede escucharse en la postura del procurador Alejandro Ordoñez. En la segunda postura encontramos a la ministra de Educación Gina Parody, quien propone la obligatoriedad de la cátedra, como una vía para prevenir antes que lamentar, abusos sexuales a los niños.

¿Educación sexual para los niños? La ley dice sí. ¿Cómo emprendemos el camino? Construir unas salidas para hacer con la ley nuestro lugar común, puede ser el comienzo, através de preguntas como: ¿La sexualidad humana se reduce a lo genital? ¿Cuáles serían los temas a tratar ajustados a todos los niños? ¿Es posible calcular qué quiere saber y qué desconocer, un niño de cinco años? ¿Qué consecuencias trae para lo social, para el ejercicio de la ciudadanía, para nuestra obligación como adultos de educar a los menores, en el ejercicio responsable de sus derechos —Art. 8 de la Ley 1098 de 2006— el conservar una concepción de niño asexuado? ¿Qué hacer frente al imperativo de que algunos niños manifiestan abiertamente a sus padres y maestros interrogantes sobre lo sexual, que dicho sea de paso, abruman a los adultos? Propongo unas puntadas para la reflexión alrededor de algunas

de estas preguntas: La sexualidad humana no se reduce a lo genital. Para educar a un niño en estos asuntos no es condición irrestricta informarlos sobre lo coital. Basta con ayudarles a cercar aquellos impulsos que les habita de hacerle daño al otro y a sí mismo, por ejemplo, no permitiéndoles que se rían cuando ven al otro en desgracia, comportamiento, ciertamente infantil. Podemos enseñarles que la norma no los amenaza, los proteje. Educar a los niños transmitiéndoles que “no todo es posible” les posibilita, por ejemplo, cuidar su cuerpo y no ponerlo en riesgo, en tanto saben que los límites también pasan por allí. Igualmente si les acompañamos para que puedan asumir que sus elecciones tienen consecuencias, estaremos transmitiéndoles que así el ser humano tenga el impulso de querer todo de la satisfacción, elegir organiza la vida y facilita llevar por un camino

las pasiones. Si a un sujeto - niño le habita la compasión, sabe que no todo puede hacerlo, decirlo o callarlo y puede tomar decisiones; muy seguramente ello lo custodiará en el ejercicio de la sexualidad genital en el tiempo de su adultez y en su posición como ciudadano. Ahora bien, ¿qué hacer con las preguntas de los niños en el tema de lo sexual? Pueden tenerse en cuenta tres asuntos: uno, los niños por lo general no preguntan por lo sexual porque desconocen la respuesta. Preguntan, para comprobar todas las hipótesis que han formado con antelación. Dos, permitir que los niños hagan sus preguntas, favorece una posición intelectual decidida, donde el deseo de saber no se agote o se distraiga solo con las ofertas tecnológicas de este tiempo. Tres, las personas que acompañarían a los niños a resolver estas preguntas, no tendrían que estar muy entretenidas en demostrar que saben mucho sobre sexualidad. Más bien, podrían ocuparse de mostrar unas rutas posibles a los niños, para que no se detengan demasiado en las respuestas, sino que conserven la posibilidad de interrogar. Sabemos que este mundo se sostiene por las preguntas a las que aún no les encontramos respuesta. En la cotidianidad podemos constatar sin mayores dificultades que “algo” de los niños no quiere recibir las normas, las tradiciones. Algo con lo que los adultos se ponen en jaque: protegen a los niños, los cuidan y les ofrecen condiciones óptimas para vivir y ello, en lo general, no produce unos resultados que se parezcan a las buenas intenciones. Ese “algo” es el corazón de la sexualidad humana. ¿Educar a los niños para la sexualidad? Por supuesto. Una cátedra obligatoria podría sugerir la urgencia de abrir debates sobre la educación sexual para los niños, con una decisión tomada: construir unas salidas, sin peder de vista el interés superior del niño, la Ley 1146 de 2007 y una concepción de sujeto que no aparte el corazón. *Profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Antioquia. Psicoanalista.

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