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Nº 652, UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA Medellín, abril de 2016

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Lengua y cultura en la enseñanza y el aprendizaje de idiomas Por DIANA MARCELA LONDOÑO y PAULA ANDREA ECHEVERRI

lengua extranjera objeto de estudio. Para explicar esta visión, Arismendi se vale de Claire Kramsch (2013) que presenta la perspectiva posmodernista que no concibe la cultura como asociada a un solo país o grupo de países donde los aprendices de lenguas no cambian su identidad al aprender una lengua extranjera, por el contrario esta se confronta y se enriquece. Para Gómez, el traductor deberá ser consciente de ese carácter peculiar o ‘situacional’ de la cultura a la que pertenece el texto que desea traducir; deberá saber discernir los rasgos que individualizan esa cultura; deberá interpretar y traducir no solo el texto sino también ese contexto que es la cultura.

M

uchos han sido los autores que han abordado la relación entre lengua y cultura desde diferentes saberes y disciplinas. En el contexto de la enseñanza y el aprendizaje de lenguas, lo cultural ha cobrado mayor protagonismo con la creciente influencia de teorías interculturales. El Marco Común Europeo de Referencia (MCER), que es uno de los referentes que establece niveles de competencia comunicativa en segunda lengua o lengua extranjera, es el marco en el que se basan las políticas de lengua extranjera en nuestro país. Este se basa en nociones de cultura que se corresponden con contextos europeos y que, traídas al contexto colombiano, pueden resultar problemáticas, por cuanto son nociones eurocéntricas y hegemónicas. Por ejemplo, se promueve la idea de que aprender la lengua del otro implica aprender su cultura, su forma de ser y de actuar en el mundo, lo cual se convierte en requisito para integrarse a las comunidades que hablan la lengua. Atendiendo a estos y otros interrogantes, la Escuela de Idiomas propició un espacio para la comunidad académica en el que los profesores Fabio Arismendi, John Jairo Gómez y Martín Jiménez, con la moderación de la profesora Paula Echeverri, reflexionaron sobre la relación entre lengua y cultura en la formación de traductores, maestros y profesionales de otras áreas. A continuación, apartes de dicha reflexión, que buscan fortalecer la temática en torno a las lenguas y las culturas en la Alma Máter y en la sociedad.

Relación entre lengua y cultura Los profesores estuvieron de acuerdo en que estos conceptos guardan una relación simbiótica que se influencia del entorno, afecta nuestra relación en el mundo y nuestra forma de verlo. Para Gómez dicha relación se puede observar en muchos casos registrados por diversas disciplinas, como la lingüística, la antropología, la historia, la filosofía. Por ejemplo, en el caso de la antigüedad griega, se tenía la idea de que los persas, los árabes, los hebreos y, en general, los pueblos que hablaban lenguas camitosemíticas eran ‘bárbaros’ porque no hablaban griego. Para

Posibilidad de una educación intercultural

El Festival Multilingua es una muestra de la conjunción entre lenguas y culturas. el profesor Arismendi, la íntima relación entre estos conceptos obliga a que los docentes incluyan de manera consciente lo cultural en los procesos de enseñanza de las lenguas. Para el profesor Jiménez, dicha relación activa y constante entre lengua y cultura ha sido enriquecida desde la interculturalidad a través de las diversas dimensiones de la interacción humana y cultural.

Evidencia de esta relación en la formación de traductores, maestros y profesionales de otras áreas En el proceso de aprendizaje de lenguas extranjeras, dicha relación se hace mucho más evidente desde el concepto de competencia comunicativa intercultural, que según explica Jiménez implica que para actuar interculturalmente se requiere primero abordar al otro y lo otro, reconocerlos y permitir el desarrollo de las transacciones lingüísticas y culturales en un encuentro de afectaciones mutuas. En el caso de los maestros de lenguas, Arismendi manifiesta que los maestros deben desarrollar su propia competencia comunicativa intercultural y contribuir a la formación cultural de sus estudiantes preparándolos para el encuentro intercultural.

Para Gómez, la formación de los traductores y la práctica misma de la traducción se entienden en una dimensión amplia, que supera la estrecha concepción de la traducción como mero intercambio lingüístico de un mensaje de una lengua a otra. Al traducir un texto, el traductor se dispone al traslado de un contenido vertido en estructuras lingüísticas ajenas hacia las estructuras de su lengua que abarca los diversos niveles de la lengua y otros sistemas simbólicos: las creencias, las ideologías, los valores, los mitos, etc., toda esa compleja trama en la que están inmersos la lengua extranjera y el texto por traducir.

¿Cuál cultura? Para Jiménez, no es pensando la cultura como ese concepto clásico que la centraba en las creaciones artísticas eurocéntricas como podemos acercarnos a su comprensión. Además de la expresión artística y los usos tecnológicos, hay que incorporar dimensiones políticas, y discursivas en el acercamiento al concepto. Arismendi explica que en la enseñanza de lenguas extranjeras ha prevalecido una visión de cultura equivalente a una simple lista de información sobre un determinado país o países donde se hablaba la

Gómez ve la educación intercultural en la formación del traductor como algo posible y tan necesario como el conocimiento de la lengua extranjera, ya que los seres humanos podemos intervenir sobre nuestras condiciones: “el ser humano no nace, se hace”, decía Sartre, y este principio, el central del existencialismo, también es muy útil para la interpretación del fenómeno cultural. En el caso de los maestros y otros profesionales, para Arismendi y Jiménez resulta esencial una formación intercultural donde se desarrolle una visión crítica de la cultura, de la propia construcción de la identidad y de las representaciones que se tienen del otro y de su cultura.

“Reconocimiento del otro” Gómez y Arismendi comparten la idea de que el reconocimiento del otro es el objetivo principal de una educación intercultural y que en el encuentro con el otro descubrimos quiénes somos y construimos nuestra identidad. Cuando nos acercamos a una lengua y a una cultura foráneas nos disponemos a vivir una experiencia que puede poner en cuestión nuestras certezas. Descubro entonces que el mundo no es mi mundo, la pequeña isla en la que ha transcurrido mi existencia. Gómez explica que ese conocimiento es como una revelación, una experiencia que algunos escritores, como Octavio Paz, han llamado la otredad: “mi yo eres tú”. Cuando emprendemos el estudio de una lengua extranjera nos disponemos a ponernos en otro lugar, en el lugar del otro, nos acercamos a su perspectiva, a sus categorías de pensamiento, a su manera de concebir y nombrar la realidad. Este es un primer reconocimiento que se le otorga al otro.

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