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mueren poco a poco, muros caídos y alguna escollera destruida por las tempestades. Paso a paso nos vamos acercando a Les Marines y el castillo de Dénia se intuye difuso, enmarcado como un lienzo por las colosales paredes calizas del Montgó. Les Deveses, l’Almadrava, els Poblets, Les Sorts de la Mar, Badia Calma, la punta dels Molins, Les Bovetes y la Platja del Raset, son topónimos que sugieren un Mediterráneo lleno de humanidad, limpio de edificaciones y una costa virgen hasta hace unas décadas. Y a mitad del camino una sugerencia: los Baños, un antiguo balneario en la misma playa donde encontrar la paz inalterada del invierno o la brisa refrescante del verano. Un lugar donde descansar o comer, tomar un mojito de hielo picado con hierbabuena o simplemente dejarse llevar por un masaje tonificante para quitarse de encima los ataques de rabia. Supongo que alguien me condenará por contar este secreto, pero no creo que mis palabras alteren la autenticidad de este lugar sólo perturbado por la brisa que nos trae el olor a sal, relajante y tranquilizadora. Un proverbio inglés decía que para aprender a rezar había primero que conocer el mar. Poco a poco la playa se va cubriendo de sombrillas y los niños juegan con las olas. Ayudo a un anciano a salir del agua y un grupo de turistas rodean curiosos una extraña criatura que se mueve, perezosa, a merced de la corriente. La posidonia forma colonias de gran tamaño a lo largo de la costa y su presencia indica la calidad y pureza que tiene el agua. Como bosques que son, sus hojas caídas cubrirán, en parte, la orilla del mar. Seis horas después la escollera norte del puerto de Dénia nos impide el paso. Hará falta rebasarlo para seguir, camino de Les Rotes, hacia la Punta Negra y el Parque Natural del Montgó. La Marineta Cassiana marcará el final de nuestra ruta, una ruta de mar por el borde de la tierra, sencilla, reconfortante y enriquecedora, donde nada es lo que parece y todo cambia por momentos. Un reencuentro con nuestra esencia mediterránea, donde el suave balanceo de las olas es una invitación constante a viajar y buscar lo desconocido, como cuando recorremos a pie las montañas, cuyo esfuerzo no es más que la expresión física de nuestras pasiones.

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Sin brújula y sin prisa  

Crónicas de viaje por lugares que no te puedes dejar de conocer narradas por José Manuel Almerich

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