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ARTE, REALIDAD Y MENTIRA DE PLAYA Ricard Silvestre ELTEMPS Semanario de información general / 21 de septiembre de 2010 - Número 1371

Hay muchos conceptos que a través de los múltiples lenguajes del arte se han ido relegando, pero sobretodo aquellos vinculados con la noción de realidad. Lo que es verdadero, lo falso, el valor descriptivo de las imágenes, la objetividad que presentan o el criterio de verosimilitud utilizado a la hora de realizarlas no aparecen como ideas en el desarrollo artístico de la modernidad si no es para ir rehuyendo las implicaciones realistas, en cierto modo un estigma heredado desde la ruptura impresionista del siglo XIX. Sin embargo, en la medida que el arte se ha ido haciendo menos moderno y más contemporáneo, cuando la diversidad de soportes, códigos creativos y proyectos artísticos se introducen progresivamente en sus respuestas visuales, mayor protagonismo adquieren nuevamente. Y un lugar para la afianzada consistencia de estos conceptos radica en el auge del uso de la tecnología, es obvio que en correspondencia con los medios de comunicación asociados. Es como si a partir de la televisión o la pantalla del ordenador, el arte supiera nuevamente que la realidad es una ficción o, bien, que resulta inestable y, por ello, vuelve a ser cuestionada. Una realidad como artificio, la del propio arte y la del artista, que nadie suponía ni por asomo cuando, en la inauguración de una exposición, varios de los invitados me comentaron la excepcionalidad de la obra de Daniel Baigorri -un valenciano de origen vasco-, la última performance que consistió en grabar él mismo su suicidio, mediante una cámara con trípode instalada en la Malvarrosa, mientras se adentraba en las aguas de tan autóctona playa. Fue su obra final. La atención morbosa de los asistentes fue en aumento en el instante preciso que uno de ellos dijo haber visto el documento, y el portal web donde se había colgado -nonsite-, y comienza a relatar con detalle la escena del autosacrificio creativo, el contexto cultural y formativo del artista fallecido, el interés de Christie's para recuperar el legado depositado en la Universidad Politécnica de Valencia, el dramatismo de su adolorida novia al recordar la personalidad del ahogado y las valoraciones del crítico David Pérez, la credibilidad del que -después lo sospeché al ver personalmente el vídeo- se puso al servicio de la teatralidad y la ficción con una convincente interpretación actoral. Y es que la autoaniquilación creativa, las gargantas del mercado, el dolor ajeno y la misma existencia de Baigorri resultaron ser la construcción de una gran mentira, es decir, de una falsedad realizada con la premeditada intención de engañar. Sin embargo, los 32 minutos del Falso documental, montado por Gonzalo Pérez con tres compañeros de clase como ejercicio académico en la Facultad de Bellas Artes de Valencia, dictaminó por unos días la realidad, el pensamiento y el carácter de las especulaciones de algunos aficionados, expertos y profesionales del arte contemporáneo. Fue un runrún reiteradamente difundido -ahora diríamos el rumor expandido-, una invención con alto grado de probabilidad y cierto sesgo de veracidad, que es la forma más perversa de mentir, pero también la más efectiva. Una mentira mediática, una mentira artificiosa sobre el arte, y expresión, también, de un estado de decepción. Nos quedan, sin embargo, los resultados positivos de las invenciones. Hay que recordar este amigo de Picasso que se deslizó de la pluma de Max Aub con el nombre de José Tomás


Campanal, de quien dijo que había nacido en Mollerussa a finales del siglo XIX. O Joseph Vicent, otro pintor inventando por el crítico y dramaturgo francés Louis LeRoy, que se escudó en la opinión del supuesto artista para calificar los impresionistas como tales, cuando en 1894 observó el cuadro de Monet en el bulevar de los Capuchinos de la Sociedad Anónima. O alguno de estos artistas que protagonizan las Memorias biográficas de pintores extraordinarios, escritas por William Beckford. Sean como sean las mentiras, reales o fantasmales, la cuestión es la reflexión que suscita la imaginación. Por eso lo más importante recae en el delicioso sabor de lo verosímil ante cualquier informe pericial. Nunca había pensado que zambullirse en la Malvarrosa podría convertirse en una actividad trascendente.

Enlace a revista ELTEMPS http://www.eltemps.net/web/index.php?option=com_k2&view=item&id=1938%3Aartrealitat-i-mentida-de-platja&Itemid=194 Artículo https://mail.google.com/mail/?ui=2&ik=37e4c3e4a1&view=att&th=12b63a3298a3ea31 &attid=0.1&disp=inline&zw Documental http://www.nonsite.es/index.php?option=com_content&view=article&id=207%3Adbg&ca tid=11%3Ans-creacion&Itemid=6  


ELTEMPS n°1371 "ARTE, REALIDAD Y MENTIRA DE PLAYA"