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FRIEDRICH NIETZSCHE (1844-1900) Es la figura más representativa de la crisis de valores que afectó a la civilización occidental a partir de finales del siglo XIX. Nietzsche perdió la confianza en los cimientos que sustentaban la cultura occidental. De sus obras cabe citar:

1870: 1873-1876: 1874: 1882: 1873: 1884: 1887:

El nacimiento de la tragedia. Conversaciones intempestivas. La filosofía de la época trágica de los griegos. La Gaya Ciencia. Así habló Zaratustra. Más allá del bien y del mal. Genealogía de la moral, El ocaso de los ídolos y Ecce homo.

Nietzsche polemizó abiertamente con toda la tradición metafísica occidental, incluyéndose en lo que se llamó "la filosofía de la vida" o "vitalismo". Consideró la necesidad de destruir la distinción platónica entre el mundo de las ideas y el mundo material, y la distinción cristiana entre la Tierra y el Cielo, o la distinción kantiana entre fenómeno y noúmeno.

Lo apolíneo y lo dionisíaco Tras un estudio profundo de la filosofía griega clásica, la interpretó bajo el criterio de dos conceptos: lo apolíneo y lo dionisiaco. La estética ocupó también un lugar importante en el pensamiento filosófico, que consideraba que un artista o un poeta no son tales si no están en conflicto con su tiempo. La poesía y el arte trágicos son para él la llave que abre paso a la esencia del mundo, siendo instrumentos de la filosofía. No concebía un artista sin filósofo. Ya en su primera época expresó una dualidad entre dos maneras de enfrentarse al mundo: el modo filosóficocientífico (el instinto de Apolo) y el intuitivo-artístico (el instinto de Dionisos). La diferencia que se expresa en esa oposición es la diferencia entre comprender el mundo o sentirlo. Nietzsche se situó a favor de la concepción trágica del mundo, siguiendo el esquema griego, enfrentándose violentamente con la visión ascética del sacrificio y la renuncia cristianos. Sin embargo, el aparente pesimismo de Nietzsche es en el fondo una optimista afirmación de la vida, un sentimiento jubiloso incluso ante la muerte. De tal manera que el vitalismo alcanza una importancia metafísica. La muerte o aniquilación no significa la desaparición total, sino la vuelta a la profundidad de la vida, de donde ha surgido todo lo individual: el Uno retorna y se funde con el Todo a través de la muerte. Apolo es el dios de la luz, de la claridad, de la forma, de la apariencia; en cambio, Dionisos es el dios de lo caótico y desmesurado, del frenesí y de la noche. La filosofía no es más que la visión de la lucha entre las dos opciones. En esta primera época filosófica Nietzsche reconoció a Hegel como a un maestro y luego renegó de él.

La genealogía Posteriormente, Nietzsche declaró la guerra a todas las dualidades idealistas del mundo y prefiguró la apología del hombre y la muerte de Dios, proclamando el predominio de la ciencia. Coincidió con Marx en considerar que toda la filosofía anterior partía del hombre actual como si éste fuera el hombre abstracto, sin tener en cuenta que las circunstancias históricas, las costumbres y las religiones, con su influencia, obligan a hablar del hombre concreto. Frente a la filosofía metafísica, Nietzsche elabora la filosofía del desengaño en forma de una genealogía, para demostrar que lo sobrenatural es una ilusión producto de la debilidad de ciertas individualidades, más concretamente de la mayoría de los individuos de la sociedad. Lo fundamental de esta genealogía consiste en interpretar cualquier hecho siempre a través de su característica más despreciable. Así, interpretó la aparición del derecho como provecho común, la verdad como el instinto del engaño y la santidad como un pozo de rencor y así refutó una serie de conceptos filosóficos. Definió a la religión como un desahogo anímico, señalando que: «Nunca la religión, ni directa ni indirectamente, ni como dogma ni como símbolo, ha aportado una sola verdad, pues toda religión ha nacido de la angustia y de la necesidad».

Friedrich Nietzsche, filósofo alemán que llevó a cabo la crítica más corrosiva de la civilización occidental, realizando la apología del hombre (el superhombre), cuya emergencia significaba la muerte de Dios.


Friedrich Nietzsche