Issuu on Google+

Soliloquio de un desquiciado

Antes creía que el sentimentalismo se había esfumado con la aspereza y la inmediatez de una sombra, de un eclipse. Pensé que ahora la oscuridad le hablaba a la belleza, y que ya todos decíamos lo mismo, que nos entendíamos. ¡Mentira! estaba ahí, más que nunca ante mi visión, ya no burlándose a mis espaldas (¿le voy a comprar éstas bolas de masa fría?). Yo también extraño el Romanticismo ¡Qué patrañas!, la gloriosa época de Shakespeare, de Beethoven,

la tierna juventud de Neruda. El amor, la

felicidad como valores eternos (…¡Hola Pedro!, me das un kilo de pan y tres o cuatro medialunas por favor?). Lo temible es que esos muertos repugnantes son los que asechan, los que chillan y gritan, o peor… callan. (…Pero contáme ¿como estás?, ya no hablas más… Es que ya nadie habla para mi, Pedro). Todo el tiempo al borde, gritando desde una isla. Abismos. Entre Pedro y su esposa, entre el cartero y su madre, entre el hijo muerto y el padre triste, entre un hombre y su Dios, entre Dios y sus superiores (…también un yogur y una crema de leche… nada más). Lo que mas me preocupa es la carencia de mapas de comunicación. No hay vanidad ni ostentación en esto, pero jamás nadie me entendió una palabra. Es la única generalización, somos todos y cada uno de nosotros incomprendidos. Digo “encendé la tele” y aparecen imágenes varias en la pantalla antes muerta, pero nadie comprende que soy piromaniaco (…¡El diario Jorge! ¿mucha gente hoy?). Y sí, ando callado, a veces escribo, pero no hay tinteros ni plumas ¡he perdido mi Renacimiento! Además nadie lee esos papeles, ni yo a veces me logro discernir por completo, ¿para que hablar? ( …¡Hola señora!, -

¡hola Jorge!… Jorgito, estoy un poco triste-

-

Y… los problemas son muy comunes Sara-

-

Pasa que mi madre está enferma-

-

Ah… mi vieja se enfermó hace poquito también-

-

Anginas, viste? Pero a su edad…-

-

Y si… mi abuelo llegó a los noventa así sin más, antes era diferente-

-

Pero tan joven es raro que se tenga una infección grave-

-

Pasa…pasa… por la sociedad de hoy en día-


-

Si, el sida, el dengue… dame la revista )

Lleno de cosas para decir, millones, hasta la perplejidad y la sordera. Pura lejanía, neblina, aislamiento. Y dejar que hagan de la tesis un poema, no hay opción. Deseo arrojar palabras a más oídos (… ¡Hola amor! ¿Cómo amaneciste? traje facturas para el desayuno) Un megáfono. Hablar y que te oigan miles, o cientos, o diez, pero que entre ellos al menos uno capte lo elemental (… Estoy durmiendo todavía… callate) ¿Cómo hacer? Tal vez un libro… No, no funcionaría.

Roy Jacob


Soliloquio