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Cae la tarde.


Y las largas horas empiezan a marcharse, desdibujadas, por debajo de la puerta.


Mientras, la lluvia

jadeando en la calle.


Y te espero. Te espero como quien ve acercarse un tren que nunca llega.


Y al fin llamas.


Y de un salto cruzo todas las calles y todas mis dudas.


No hay nada que decir. No caben las palabras. Pero supongo que hablaremos,

desnudos, sobre esto.


Junio se va