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GRUPO 2.

PAGINA ¿Cómo era la sociedad romana? Clases sociales. ………..……...…...….…………..

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Carlos Manuel Escudero Ávila y Brian Joel Flamenco Peral.

¿Cómo eran las ciudades romanas? ………………………...…..…..…...…………….. 05 ¿Cómo era el campo? Las villas romanas. …………………………...……………….. 06 María Zamorano Pérez y Manuel Jesús Pérez Casado.

¿Cómo vivían los romanos? Oficios. ……………………………………..………………..……………………………….. 07 Comercio. …………………………………..……………………………..………………….. 09 Monedas. …………………………………..………………………………..……………….. 09 Números. …………………………………..…………………………………...…………….. 10 Escritura. …………………………………..……………………………………...………….. 10 Vestimenta. ………………………………..………………………………………...……….. 11 Alimentación. …………………………………..……………………………………...…….. 12 Esperanza Pérez Sánchez e Irene Caña Fernández.

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¿Cómo era la sociedad romana? Clases sociales. La civilización romana es una de las más complejas sociedades de la historia universal. La sociedad romana estaba dividida en distintas clases, con diferentes derechos civiles y políticos y también diferencias económicas. CIUDADANOS: Los Patricios. Las familias más antiguas de Roma, que formaban una aristocracia de propietarios de tierras. Poseían todos los privilegios tanto fiscales, como judiciales, políticos y también culturales. Eran ciudadanos de pleno derecho. Los Plebeyos. Todos los ciudadanos que estaban fuera del grupo de los Patricios. Originalmente no tenían derechos, pero a través de siglos de luchas sociales se les fueron reconociendo derechos similares a los de los Patricios. Entre ellos el de ser Ciudadanos Romanos, el de elegir representantes y el de tener sus propias instituciones políticas. Entre los plebeyos había grandes diferencias económicas, por lo que dentro del grupo se pueden distinguir: nobles, caballeros y clientes. Nobles: eran los plebeyos más ricos, que se igualaban a los patricios por su fortuna y por ocupar los cargos políticos más importantes. Caballeros: eran plebeyos con una fortuna intermedia, que obtenían por sus trabajos como comerciantes, agricultores o profesionales, llegaban a ocupar cargos políticos de mediana importancia. Clientes: plebeyos que voluntariamente se ponían bajo la protección de una persona rica (patrón). En los primeros tiempos, la clientela suponía una relación íntima y casi sagrada entre patrón y cliente, pero se convirtió durante el imperio en una relación de alquiler: el cliente pasó a ser una figura decorativa, mal pagada y peor tratada, en el séquito del señor. En el siglo II d. C. hay unos 150.000 clientes en Roma, son el precedente de los proletarios. NO CIUDADANOS: Esclavos. El esclavo era considerado un ser humano inferior que “pertenecía” a un dueño. Para los romanos, el destino natural de los esclavos era servir a sus amos con entrega y fidelidad. Los esclavos formaban parte de la familia y, por lo tanto, se les “quería” y se les castigaba. No había reglas para tratar a un esclavo porque éste no tenía ningún derecho y estaba completamente sometido al poder de su amo. Pero también se dio el caso de que hubiera esclavos que inspiraban temor ya que era común que las relaciones que mantenían con sus propietarios se tornaran de afecto a odio y desembocaran en crímenes. Los esclavos servían a muy diversos fines. Había esclavos que eran funcionarios públicos que se ocupaban de los asuntos administrativos del príncipe, que era su amo. 2


Incluso hubo esclavos que tenían más bienes e influencia que otros hombres libres. Había esclavos que tenían profesiones como arquitecto, maestro de gramática, cantor, comediante. En el otro extremo, había esclavos que se dedicaban al trabajo rural (campesinos) o a la artesanal (alfarería, etc.). Había esclavos que administraban el trabajo de otros esclavos. En las clases altas, cada familia tenía decenas de esclavos o sirvientes, las familias de clase media contaban con dos o tres esclavos. El sometimiento de los pueblos vecinos aportaba un parte mínima de los esclavos, pues la mayoría de ellos provenían principalmente de la reproducción de otros esclavos, de niños abandonados en santuarios o basureros públicos y de la venta de niños u hombres libres como esclavos. Los hijos de una esclava, quienquiera que fuese su padre, eran propiedad del amo, éste podía decidir si se quedaba con el bebé, lo regalaba o lo mataba. A muchos esclavos se les colocaban collares de bronce donde se indicaba a quién pertenecían. Un esclavo podía obtener su libertad si su amo se la otorgaba, entonces se transformaba en un liberto. Libertos. Los esclavos podían recuperar su libertad (manumisión), bien como recompensa a una buena conducta, porque el propio esclavo se la compraba a su amo. El esclavo manumitido se denominaba liberto, persona que goza de derechos limitados y continúa debiendo a su antiguo dueño respeto y fidelidad.

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La situación de la mujer. En Roma, en los primeros tiempos, el pater familias tenía un completo control sobre su esposa y su familia, pero en general la ley romana concedía a la mujer más derechos que la griega. No vivían recluidas en casa y comían con sus esposos; eran libres para abandonar la casa y visitar no sólo tiendas, sino también lugares públicos como teatros y juzgados. Muchas mujeres romanas de clase elevada eran influyentes y tomaban parte activa en los asuntos sobre los que se discutía en sus casas. La mujer romana se casaba generalmente entre los trece y los diecisiete años. Una vez dentro de su casa, la mujer ocupaba una posición bastante independiente, sobre todo en época imperial, cuando se consideró a la mujer como propietaria de los bienes que ella había aportado al matrimonio. Así era lógico que las mujeres empuñasen con frecuencia las riendas de la casa, mandando en ellas más que el marido e incluso sobre él. La posición independiente que la mujer ocupaba en Roma bajo el Imperio llevaba aparejada una fuerte tentación que la empujaba a veces a romper las trabas impuestas a su sexo. Aunque no llegarían a hacerse frecuentes los casos de mujeres que participaban en torneos gimnásticos o que peleasen como gladiadores, sí fueron más frecuentes los casos de mujeres interesadas por la marcha de los asuntos del mundo y que tomaban parte activa de ellos.

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¿Cómo eran las ciudades romanas? La ciudad romana es heredera directa de la griega. Las ciudades se forman a partir de un primer asentamiento, que normalmente eran los primitivos pueblos prerromanos. La ciudad romana por antonomasia es Roma, que superó el millón de habitantes durante el Imperio. Roma tenía lugares públicos donde se reunía el pueblo para tomar decisiones políticas y en donde divertirse, templos y palacios. No todas las calles eran iguales pues había dos calles principales mucho más anchas, que cruzaban la ciudad de parte a parte: el cardo con dirección norte-sur y el decumano con dirección este-oeste. El resto de las calles eran más estrechas. Sin embargo, los romanos fundaron multitud de colonias en las tierras que dominaron. En esas ciudades fundaban las civitas. Más adelante, cuando dominan extensos territorios, los romanos fundaron más ciudades por razones comerciales, defensivas o, simplemente, para asentar poblaciones. Roma desarrolló su propia forma de ciudad más avanzada que la griega, hicieron que la ciudad fuera un lugar digno para vivir, construyendo entre otras construcciones: termas, el alcantarillado, acueductos, fuentes, puentes, baños, pavimento, servicio de policía y de incendios, mercados y todo lo necesario para que la gente viva lejos del campo, con todos los refinamientos posibles para mejorar la salud pública. Había edificios públicos para el gobierno, el culto y la diversión: palacios, templos, foros, teatros, circos, etc., así como motivos de adorno y conmemoración: columnas y arcos de triunfo. El resto de la ciudad estaba ocupada por viviendas. Los ricos vivían en una casa unifamiliar que se llamaba domus. Los más humildes habitaban en casas de pisos. De lo que en principio carecieron estas ciudades fue de muralla, ya que el poderío del Imperio servía para disuadir los intentos de atacar los núcleos urbanos. Más tarde cuando Roma empezó a ser atacada por los pueblos bárbaros sí se construyeron.

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¿Cómo era el campo? Las villas romanas. LAS VILLAS ROMANAS. Igual que ocurre con las ciudades, su origen también está en la cultura griega, y aparecen en la zona del Lacio (cerca de Roma). Estas propiedades consistían en pequeñas haciendas, dependientes de trabajo familiar, o grandes propiedades, con trabajadores esclavos o siervos. En los siglos II y I a. C. se produce un crecimiento económico y la de forma paulatina la desaparición de los pequeños agricultores y en paralelo un significativo aumento de los latifundios (grandes terrenos propiedad de una persona). La parte de la casa de estos latifundios pasa a ser cada vez más sofisticada y elegante constituyéndose en magníficas casas (en latín domus). Estas domus se construían frecuentemente en torno a un patio y comenzaban a ser edificadas como casas de campo para los ricos, siendo cultivadas por arrendatarios y supervisadas por un administrador. A partir del siglo IV muchas se transforman en lugares de culto y algunas compaginan ambas funciones, constituyendo un factor importante de la cristianización del mundo rural. En el valle del Guadalquivir, perduran algunas villas hasta el siglo VII, que se transforman en iglesias cristianas. Las invasiones bárbaras unidas a un cambio en la cultura y en la propiedad acaban con las últimas villas.

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¿Cómo vivían los romanos? Oficios, comercio, moneda, números, escritura, vestimenta y alimentación. OFICIOS DE LA ANTIGUA ROMA. Al principio predominaba la vida agrícola, después el desarrollo económico era escaso y en el tiempo del Imperio subsiste el trabajo agrícola con muy poca actividad industrial. La aportación fundamental de Roma respecto a la organización del trabajo, a parte de su trascendencia política, militar, jurídica y artística, se encuentra en la organización de los colegios de artesanos. Tuvieron cierto relieve político aquellos colegios que de alguna manera se relacionaban con lo que hoy podríamos denominar “industria de guerra”. Los tignarii (carpinteros), los aerarii (obreros del bronce y cobre), los tibicines (tocan la flauta) o cornicines (la trompeta), cada oficio formaba una centuria, dividida interiormente entre jóvenes y ancianos. Otros colegios de artesanos no formaban centurias y no tenían derechos electorales, de hecho los colegios romanos, integraban instituciones reconocidas oficialmente aunque no todas constituyeran organismos políticos. Los colegios eran públicos o privados. En los primeros sus miembros gozaban de ciertas prerrogativas como ser relevados de las funciones públicas, gravámenes municipales, libres de toda tutela, sus miembros no podían ser sometidos a tormento en caso de acusación y quedaban exentos del servicio militar. En los colegios públicos trabajaban los navicularii, boteros encargados de transportar el trigo, los víveres, los impuestos de las provincias; los pistores (panaderos); los suarii (salchicheros) y los calcis coctores et vectores (transportadores de cal destinada a las construcciones). Los privados los formaban los argentarii (banqueros o prestamistas), los dendrophori y los tignari (trabajadores de los obrajes de madera), los lapidarii y marmorii (obreros de piedra y mármol), los centonarii (fabricantes de mantas), los negotiatores vini (mecaderes de vino); los medici y los profesores. Además de alfareros, bataneros, fabricantes de estelas de caña y borriqueros.

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La estructura de los colegios era vertical. La primera categoría era formada por los colegiados, generalmente hijos de un artesano de la misma profesión, yerno o heredero o simple candidato. La segunda la integraban los magistrados de las corporaciones (patrones) y los jefes honorarios de las corporaciones. Los colegios romanos gozaban de personalidad civil aunque no siempre fue así, lo que obligó a que adquirieran bienes por interpósitas personas (esclavos, verbigracia) aunque finalmente se les reconoció el derecho a heredar. En las familias ricas, la mujer debía llevar una vida de obediencia. El trabajo le era ajeno, excepto hilar y tejer. Como ama de casa supervisaba las tareas domésticas, hechas por esclavos. Para Roma, el crimen más grande que podía cometer una mujer era el adulterio, considerado no sólo un crimen de carácter moral, sino también una traición a los dioses tutelares. A diferencia del varón, la mujer estaba exenta del reclutamiento en el ejército y de combatir en campañas militares. Los esclavos que eran destinados a fines industriales eran distribuidos en las llamadas escuadras o collegia y tenían un jefe técnico, el praepositus. El trabajo se distribuía según la capacidad individual de cada persona. Nacieron así las maestranzas serviles que eran grupos de trabajadores especializados. Cada grupo se consideraba una unidad con una estructura muy rígida. El ciudadano romano que había obtenido (por la compra o por otros medios) un gran número de esclavos especializados podía sacar un buen beneficio. El negocio podía encauzarse de dos maneras: sirviéndose directamente del trabajo de estos esclavos o bien alquilándolos a terceros. Esta segunda modalidad era muy rentable y llegó a proporcionar abundantes fortunas. Para realizar un trabajo de envergadura había que dirigirse al empresario o redemptor y éste proporcionaba la mano de obra entre los grupos de esclavos. Todas las grandes obras públicas y privadas que emprendieron los romanos en la época del Imperio se hicieron siguiendo este procedimiento. Además sigue existiendo el artesano libre, a quien no le faltaba trabajo. Para llegar a ser un buen profesional, el artesano estaba obligado a seguir unos pasos de aprendizaje indispensables. El obrero libre cobraba una paga fijada de antemano (a destajo o por jornada), que dura el tiempo en que el sol alumbraba. Los distintos oficios existentes desde muy antiguo habían hecho surgir las corporaciones obreras que en Roma tenían desde siempre una gran tradición, se dice que desde el rey Numa Pompilio. Cuando la industria se empezó a organizar lo hizo en siete ramos de actividad o gremios: músicos, plateros-cobreros, carpinteros, tintoreros, alfareros, zapateros, bataneros (trabajadores de las telas y pieles). Más tarde se incluyeron en los gremios los médicos, los panaderos y después herreros y otros oficios. Los hilados correspondían a las mujeres. La mujer romana era compañera cooperadora del hombre romano, compartían la autoridad sobre los hijos, estaban juntos en banquetes o celebraciones. A pesar de todo esto, ella tenía una libertad muy limitada ya que en las ceremonias importantes no podía estar recostada y además no podía beber vino sino mulsum. No tiene ninguna participación en la vida pública, su oficio es cuidar y criar a los hijos, vigilar a las esclavas, bordar y hacer tareas de la casa. Éstas eran sus únicas profesiones. Tampoco tenía derechos y no podía ser cabeza de familia. La educación era liberal, ya que era mixta. Niños y niñas aprendían lo mismo, hasta pasar de la educación infantil, dónde las mujeres de condición social baja dejaban de estudiar. Por el contrario, las privilegiadas gozaban de estudios de literatura griega y latina e incluso aprendizaje de la lira, del baile y del canto.

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EL COMERCIO. El comercio romano fue el motor que conduce a la economía del final de la República y del principio del Imperio. Los historiadores han tendido a no ocuparse de la economía del Imperio en favor de la lengua (el latín) y las hazañas de las legiones. La lengua y las legiones fueron apoyadas por el comercio, que ha sido parte importante de su funcionamiento. Los romanos eran hombres de negocios y la longevidad del Imperio se debió a su comercio. Aunque en teoría los miembros del Senado y sus familias tenían prohibido dedicarse al comercio, los miembros de la orden ecuestre sí lo ejercieron, a pesar de sus aristocráticos valores, que ponían el énfasis en pasatiempos militares y actividades recreativas. Los plebeyos y ciudadanos libres tenían tiendas o atendían puestos en los mercados, mientras que gran cantidad de esclavos hacían casi todo el trabajo duro. Los propios esclavos eran además objeto de transacciones comerciales, y dada su alta proporción en la sociedad (en comparación con Grecia) y la realidad de las fugas, las guerras serviles y las sublevaciones menores, dieron un toque distintivo al comercio romano. La intrincada, compleja y extensa contabilidad del comercio romano fue efectuada con la ayuda de tableros contables y ábacos romanos. Usaban números romanos, estaban ideados para las cuentas en monedas y unidades romanas. LA MONEDA. La moneda romana durante la mayor parte de la Republica y del Imperio consistió en monedas como: el áureo (de oro), el denario (de plata), el sestercio (de bronce), el duponcio (también de bronce) y el as (de cobre). Estas monedas se usaron desde la mitad del siglo III a. C. hasta mediados siglo III d. C. Se aceptaban como pago en los territorios de influencia griega, incluso aunque en estas regiones se acuñasen monedas propias con otras denominaciones como imperial griego o monedas provinciales romanas. Los intercambios comerciales eran pagados inicialmente en bueyes u ovejas. La primera moneda fue la libra de cobre, después vinieron monedas de plata (denarios y sestercios). El comercio tendió a usar el sistema monetario basado en el oro, aunque circulaba plata y había una relación del valor oro-plata fijado legalmente. La moneda más efectiva era de plata. La moneda de plata pasó de 1/72 a 1/84 de libra (327’45 g.) en la Segunda Guerra Púnica y no se modificó en tres siglos. Las monedas de cobre se empleaban para las fracciones y desaparecen del gran comercio. Después dejaron de acuñarse los ases. La libra de plata se descomponía así: El as grave (de unas diez onzas). El medio as (o Semis). El Tercio de as (o Trien, de cuatro onzas). El cuarto de as (o Cuadran, de tres onzas). El sexto de as (o Sextan, de dos onzas). La onza. 9


Las dos últimas ya habían desaparecido de la circulación. El estado hacía circular monedas de cobre con un baño de plata, se debían aceptar por su valor nominal. Naturalmente el que lo recibía no sabía si la moneda era de plata o no. Esto se hacia para sufragar ciertos gastos. El estado hizo muchas tiradas de estas monedas, provocando una crisis monetaria que obligó a retirar gran parte de las mismas. Desde 269 a. C. se acuñó monedas de plata llamadas denarios (1 denario = 10 ases = ¾ de libra de cobre) y sestercios (1/4 de denario = 1 sestercio = 2,5 ases) que sustituyeron al as. Pesaban 1,137 gramos. Siglos después el sestercio se acuñó en bronce. El oro aún se empleaba de forma escasa. La relación entre oro y plata era de 1:11,91.

LOS NÚMEROS ROMANOS. Los números se escribían combinando las letras, siguiendo estas reglas: Regla de la suma. Una letra escrita a la derecha de otra de igual o mayor valor, suma a esta su valor: LX-50+10=60 CLI-100+50+1=151 Regla de la resta. Las letras l, X y C escritas a la izquierda de cada una de las dos letras de mayor valor que le siguen, le restan a esta su valor. lV 5 – 1 = 4 XL 50 – 10 = 40 Regla de la repetición. La letra l, X, C y M se pueden repetir tres veces como máximo. Las letras V, L y D no se puedes repetir. III 1+1+1 = 3 CCC 100+100+100 = 300 Regla de la multiplicación. Una raya encima de una letra o de un grupo de letras multiplica por mil su valor. Se utiliza para escribir números mayores que 4.000. LA ESCRITURA EN ROMA. La escritura romana se conoce a través de inscripciones y papiros, los primeros caracteres trazados sobre piedra, metal, terracota y tablillas de cera, se ejecutaban mediante cincel, pincel o pluma. La escritura capital romana es regular, las letras se trazaban en varias fases y cada una requería uno o más trazos. 10


En los siglos II y III se dieron cambios en la escritura romana que dio lugar a dos grafías la "nueva escritura común" o "minúscula cursiva" y la "uncial". La metamorfosis consistía en invertir el orden de los trazos gruesos y delgados, explicables por el cambio de ángulo de escritura, de esta forma en los siglos III y IV se obtuvo una escritura minúscula dispuesta en cuatro líneas paralelas llamada "minúscula cursiva", al principio vertical y luego inclinada hacia la derecha. Al mismo tiempo apareció la escritura uncial. La revolución de la escritura latina no se realiza gradualmente de la mayúscula a la minúscula sino que hubo un despegue decidido entre las dos escrituras del siglo I y del siglo III. La escritura latino uncial corresponde a una grafía precisa, agrandada, que aparece en un gran número de manuscritos. LA VESTIMENTA. La vestimenta habitual de los romanos, desde los tiempos más antiguos, era la toga, todos los ciudadanos que nacían libres la llevaban, originariamente tanto mujeres como hombres. Había diferencias de color y de ornamento según la edad, el rango y funciones, pero la forma de la vestimenta era idéntica para todos. Habitualmente, la toga era de lana blanca. Los magistrados y en los primeros tiempos los reyes y sus herederos llevan una toga adornada con una banda púrpura tejida paralelamente en el borde. Con la toga pretexto se vestía a los niños hasta los dieciséis años. La toma de la toga viril por los jóvenes daba lugar a una ceremonia religiosa y familiar, que marcaba el pasaje a la edad adulta y el acceso a los derechos del ciudadano. En una familia de luto, o cuando un pariente o amigo era acusado de un crimen capital, los hombres revestían una toga de color sombrío, negra la mayor parte de las veces. En caso de un triunfo, el general vencedor subía al Capitolio cubierto con toga bordada, la toga picta, enteramente púrpura, como la que revestía a Júpiter Capitolino. Costumbre que se remonta a los tiempos del mismo Rómulo. Parece que la toga ha sido vestimenta de tradición estrictamente nacional que siempre ha tenido un complejo simbolismo. En su origen, la toga debió de haber sido simplemente un cuadrado o una banda de tela, una manta parecida a las que servían de vestimenta a todos los pueblos que necesitaban protegerse de los rigores del clima. Luego, poco a poco, esta banda se adaptó; se cortó de forma que permitiese un drapeado menos primitivo. Esta vestimenta, por decorativa y noble que sea, es muy incómoda. Por esta razón no se utilizaba en el trabajo. El romano entonces se vestía solamente con su túnica. Esta túnica era una simple banda de tela con un agujero en el medio para poder pasar la cabeza. Dos paños, colocados transversalmente o, en ciertos casos, tejidos junto con el cuerpo de la vestimenta, formaban las mangas que descendían solamente hasta la altura del codo. Un cinturón ajustaba la cintura y permitía un escueto «blusado». Con este traje se representa a los «soldados campesinos» de la República trabajando en el campo. Sólo revestían la toga cuando se los llamaba para ejercer una magistratura o para tomar un mando militar. La túnica no siempre era lisa, en ciertos casos llevaba dos bandas longitudinales de púrpura. Las bandas anchas (túnica lato clauo) indicaban el rango senatorial, las bandas angostas (angustus clavus) el rango ecuestre. Las túnicas de la gente modesta y de los esclavos (en general, su única vestimenta) no poseían banda púrpura.

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Esta vestimenta masculina, toga y túnica, persistió hasta el final del Imperio, con algunos cambios en la forma y en el drapeado de la toga. En la vida cotidiana, adoptaron, por razones prácticas, vestimentas similares a nuestras capuchas y pantalones, la paenula y los brajes, tomados de los galos, como también el pallium de los griegos. Pero nunca abandonaron la toga y la túnica. La vestimenta femenina, en cambio, estuvo sujeta a variaciones considerables desde muy temprano. En la República, solamente niñas y cortesanas llevaban toga. Las matronas utilizan sobre la túnica un manto drapeado llamado palía, que cubre los dos hombros. No era más que un échaipe en tres grandes dimensiones que descendía hasta las rodillas. En público, las mujeres tenían la costumbre de cubrirse la cabeza con dicho écharpe, pues se consideraba inconveniente presentar una cabeza descubierta a las miradas de los demás. Los primeros avances del lujo ejercieron una clara influencia en la vestimenta femenina, la severidad tradicional de la palía y de la túnica se compensará rápidamente mediante la elección de las telas, la variedad de los colores, y también el empleo de joyas. La túnica se transformó y adquirió más amplitud que la túnica masculina. La encontramos, bajo el nombre de stola, en textos del final de la República y en el Imperio. El rigor y la austeridad de la vestimenta revelan claramente el espíritu de un pueblo tradicionalista, cuidadoso de conservar las formas exteriores y que consideraba las innovaciones de la fantasía individual como un relajamiento intolerable. Un pueblo disciplinado hasta en las minucias. Los romanos llevaban barba y cabellos largos. Las mujeres adoptaban peinados muy sencillos, las jóvenes se contentaban con llevar el cabello hacia atrás para formar un rodete anudado, sostenido con horquillas y cintas. LA ALIMENTACIÓN. La creencia de que los romanos comían compulsivamente en suntuosos banquetes sólo es un tópico. Las clases pudientes de la Roma aristocrática destacaban por magníficos manjares a veces decorados de manera algo grotesca, pero en las clases sociales menos adineradas la cosa cambia y mucho. Roma era un imperio, no solamente comercializaba con productos de su propia tierra, sino que importaba de los países conquistados y de lejanas zonas orientales los productos que necesitaban, de Hispania se exportaba salmuera, de la Galia charcutería, de Oriente las especias, limones africanos, dátiles y ciruelas de oriente, etc. También se abastecían de las explotaciones agrícolas de su propia región, una de las más importantes sin dudas fue la isla de Sicilia, que se convirtió en el "granero de Roma" y por la que tuvieron que luchar para mantenerla a salvo de los piratas. Lo cierto es que Italia proporcionaba aceitunas, vino, aceite, fruta, queso y carne. La pesca en el Mediterráneo proporcionaba el abastecimiento de pescado y marisco. Por escritos de la época, la dieta de los romanos se basaba principalmente en pan, aceitunas, queso y frutos secos. Se tiene conocimiento de tres comidas al día: jentaculum, prandium y cenae, pero la mayoría de los romanos se saltaban alguna de las dos primeras, porque la principal era la cena, en ésta se establecían lazos fraternales y se disfrutaba de una velada tranquila sin los rigores del trabajo, por lo tanto era en esta última donde los cocineros o esclavos se esforzaban más. 12


Jentaculum (desayuno). Se correspondía con el desayuno, primera comida del día. Hay que tener en cuenta que los romanos se levantaban muy pronto por lo que no era normal hacer comidas copiosas, todo lo contrario, por lo general eran bastante simples y casi siempre tomadas de pie, consistían en pan untado con ajo o sal o sin untar acompañados de un pedazo de queso. Prandium (mediodía). Comida que algunos romanos se saltaban habitualmente o la única que hacían en todo el día dependiendo de sus posibilidades económicas. El prandium consitía en una dieta a base de pan, carne fría, verduras y fruta acompañada con vino, pero todo ello en cantidades moderadas. Cenae (noche). Se producía después del baño al término de la hora octava o nona. Los romanos tomaban verduras como entrantes en forma de ensaladas o la plancha y carne que podía ser roja o blanca, la manera de prepararla: asados aromatizados con hierbas o a la plancha aderezada con habas, coles, espárragos, etc. o pescados diferentes según la época: sardinas, pez espada, etc. Finalizados los segundos platos pasaban a los postres que solían ser frutas de temporada: uvas, manzanas, peras, etc. acompañadas de vino Nomentum. Es importante aclarar que los romanos no bebían mientras comían, pues consideraban que el sabor dejado por el vino desvirtuaba los diferentes paladares para los platos de la cena, por lo que su consumo se posponía hasta llegados los postres o finalizados éstos, cuando estaban saturados de comida y llegaba la hora de las largas conversaciones entre los invitados. Banquetes de la aristocracia. Son una fuente de información sobre la alimentación, pero no se correspondían con lo habitual. En la época imperial nos han dejado un legado único sobre las extravagancias culinarias de las clases privilegiadas, que utilizaban la opulencia como medio para causar la admiración de sus invitados. Los invitados pasaban a la zona del comedor triclinium, llamado así por los bancos que utilizaban los comensales para estirarse, que nunca fueron utilizados como actualmente las mesas y las sillas, sino recostados sobre su brazo izquierdo, los invitados bordeaban la mesa cuadrada que se ubicaba en el centro de la sala, según el orden de preferencia del anfitrión, presentados previamente por el esclavo nomenclator. Seguidamente venía la presentación de los platos, como mínimo siete variedades: entremeses, tres entradas, dos asados y el postre. Los entremeses constaban de aceitunas de diferentes variedades, ensaladas, huevos, salchichas, ciruelas de Damasco, etc. Los entrantes eran: riñones, cabrito, langostas, buey, cochinillo, capones, liebres, todo ello aderezado con salsas bien sea picantes o dulces. Los asados: cerdos rellenos con salchichas, morcillas, terneros, etc. Los postres: pasteles de frutos secos (pistachos, nueces, avellanas, almendras) y fruta variada. El vino se tomaba tras la cena y durante ella no era extraño encontrar a los invitados provocándose el vómito para seguir bebiendo y comiendo.

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Vida y sociedad romanas