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Alfonso Ros López (Promoción de Oficialía 1964 -fresador- y Maestría, 1966, rama del metal) Nací en CAUDETE (Albacete) el 16 de mayo de 1946, a las 00h00’ por lo que estuve a un tris de que me pusieran Isidro, aunque no me termino de creer que mi padre renunciara a que su primogénito llevara su nombre y el del abuelo paterno. Os aseguro que a mi no me pidieron opinión. TRAYECTORIA PROFESIONAL Oficina de Ordenación Urbana de Alicante.- Delineante. En espera de irme a la mili. MACOSA (Valencia). Empresa ferroviaria, en la sección de locomotoras como delineante oficial y delineante proyectista, 1969 a 1971. SMITH KLINE & FRENCH (SK&F) que con distintas fusiones de empresas se transformó en SMITHKLINE BEECHAM (SB) y en 2000 en GLAXOSMITHKLINE (GSK). Empresa farmacéutica multinacional. (Delegación de Valencia). Delegado. Varios cursos de farmacología y ventas. Desde finales de 1971 hasta la jubilación. TRAYECTORIA FAMILIAR Me casé en 1971, con Conchita Puche, mi novia de toda la vida. Hemos tenido tres hijos: Mª Luisa (1971), Alfonso (1974 y fallecido en 2002) e Inma (1979). Tenemos una nieta preciosa (Paula, 2009) de mi hija Inmaculada.

Foto baloncesto: De pie: Julio Montoro Álvarez, Alfonso Ros López y Jurado Agachados: Manuel León Álvarez, Galindo y Caro (Con nombre y apellidos pongo los de mi curso; a los demás no pongo nombre por no recordarlo. Jurado creo que era de Magisterio, posiblemente en prácticas en mi curso. Galindo y Caro de un curso inferior). RECUERDOS DE LA SAFA

Son innumerables. Absolutamente todos agradables, hasta alguno que en aquel momento no lo fuera tanto. El problema radica en que después de tantos años muchos detalles se van perdiendo, de ahí la importancia de que en las revistas Amalgama y en Recreo vayamos dejando constancia de ellos antes de que se olviden del todo y se pierdan. Los recuerdos personales de uno pueden ser completados y complementados por los compañeros que tuvieron esas mismas vivencias, aunque en algunos detalles pudieran, incluso, ser antagónicos. Ya se sabe que las cosas varían según el color del cristal con que se mira.


Con vuestro permiso iré contándolos según prepare su narración, al igual que según vaya encontrando fotos las iré publicando, (me faltan un montón). Pero, para empezar por el principio, os contaré cómo fue el ir a parar a las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia. Cómo llegué a la SAFA Mi padre estaba destinado en Cazorla desde el año 1956 en el que volvimos de Marruecos –trabajaba en Explotaciones Forestales de Renfe- Estuve matriculado en la Academia “Cristo del Consuelo” donde realicé Ingreso, 1º y 2º de Bachiller Elemental. Después pasé al Instituto Laboral donde estudié 3º y 4º de Bachiller Laboral, bueno… para ser justo debería decir que lo que hice fue no estudiar, hice el gandul hasta tal punto que mi padre tuvo que tomar cartas en el asunto. No le quedaba más remedio, me suspendieron solo siete –sí, SIETE-. La fortuna, el destino, se puso de mi parte. En el verano de 1960 mi padre transportó en el camión víveres para el Campamento que la SAFA tenía en la Sierra de Cazorla y como “intendente” iba el Padre Marín. Salió a relucir mi “brillante carrera” y por ello la invitación del P. Marín a mi padre para que me presentara a los exámenes de ingreso en las Escuelas para el próximo curso. Ese verano no tuve piscina… quiero decir balsa o alberca, ni tanta salida con los amigotes, solo clases particulares. Mis padres no querían que pasara aquella ocasión en balde, aunque tuvo que ser un gran sacrificio para ellos el pago de esas clases. Aprobé y a primeros de octubre tuve que irme a Úbeda con la ropa que decían que había que llevar. Toda ella marcada con el número 180. En mi recuerdo queda que hubo una despedida rara. Era la primera vez que me separaba de mi familia y entraba en un mundo desconocido, con los curas, que llevaba alguna connotación que no sabía descifrar pero que oí que aquello tenía algo que a muchas personas… como que no les gustaba. Una vez despedida la familia y ya en régimen de internado nos llevaron con nuestros bultos a “La Siberia”. Recuerdo que mi primer conocido, mi “primer amigo” en aquel tumulto de chiquillos fue Fernando Cárdenas Martínez. Él venía de Jaén capital… y su deporte favorito era patinar. Fuimos compañeros de curso durante toda la estancia en Úbeda… hasta 1º de Maestría, incluido; Maestría Industrial la terminó fuera de SAFA. Después de dejar en la asignada “camarilla siberiana” la ropa y... el ordenador, no puede ser; el móvil, tampoco,... a lo mejor era la “Play Station”, nos bajaron al comedor para cenar. No recuerdo el menú, pero creo que no era de Ferrán Adriá ni de Arzak, en esa ocasión... Si Fernando


Cárdenas llega a leer esto, como cenamos juntos, a lo mejor lo recuerda y nos lo cuenta.

Comentario foto futbol: Todos los componentes de esta foto somos del mismo curso. En 1º o 2º de Maestría De pie, izq. a dcha.: Sebastián Polo Mingorance, Mario Fernández Martínez, Manuel Martínez Molina, Víctor Moreno Marín, Julio Montoro Álvarez, Miguel Serrano Rodríguez y Alfonso Ros López Agachados: Ángel Iglesias Flores, Rafael Serrano de la Rosa, Marcos Sarmiento Martínez, José Peinado Matiola, Daniel Vivian Cano, José Antonio Pozo Rodríguez y Juan Yuste Palomeque (†) En negrita cómo nos llamábamos.

Foto Úbeda: izq. a dch. Luis Rosales Piñas, Manuel Ceballos López, Alfonso Ros López y Mario Fernández Martínez.


3º de Oficialía (1964), de izq. a dcha. y de arriba a abajo 1ª fila: Víctor Moreno Marín, Sebastián Martínez Santiago, Julio Montoro Álvarez, Manuel Martínez Molina, Marcos Sarmiento Martínez, Manuel Ceballos López, Rafael Fernández Budia y José Sánchez Cervera. 2ª fila: Juan Torres Blanco, Fernando Cárdenas Martínez, Manuel Javier Martínez, Luis Rosales Piñas, Alfonso Ros López, Facundo Molina Trillo y Diego Báñez Páez 3ª fila: Francisco Florido Carrasco, Sebastián Vera Sanjuan, Mario Fernández Martínez, Antonio Godoy Pérez, Manuel León Álvarez, Miguel Serrano Rodríguez, José Antonio Alfaro Rincón, Rafael Serrano de la Rosa y Sebastián Polo Mingorance. ------------------El comentario anterior sobre la primera cena me da pie para contar mis recuerdos de cómo nos repartíamos la comida. Antes de explicarlas hay que decir que estábamos en mesas de ocho y siempre ocupábamos los mismos el mismo lugar en la mesa. Y esto no ocurrió recién llegados, ni mucho menos, sería en cursos adelantados, algo mayorcitos. Yo diría que siendo ya un poco bordes. Usamos, en tiempos distintos, al menos dos modalidades: la que imperaba el “Reparto Justo” y la “Sálvese quien pueda”. Vamos a la primera, el llamado “Reparto Justo”.

Por riguroso orden, cada día repartía uno el primer y segundo plato –si lo había-. Nadie tocaba nada hasta estar servidos todos los platos. El que seguía al que había repartido elegía el plato que más le convenía, el siguiente igual de los que quedaban, así hasta que solo quedaba un plato que era para el que había servido. Ya teníamos que espabilar cuando nos tocaba el turno de repartir para que el


reparto fuera muy igual en todos los platos porque el peor, más vacío o peor “acompañado” se quedaba, indefectiblemente, para el repartidor. El segundo sistema de reparto, “Sálvese quien pueda”, era terrible para el último, o últimos, en servirse. Igualmente cada día empezaba uno y por riguroso orden se servía cada uno en su plato. El primero se ponía todo, en cantidad y calidad, que quería; el segundo lo mismo de lo que quedaba; el tercero igual,... así sucesivamente hasta que al último, o últimos, podía quedarles nada. Normalmente eso no solía ocurrir, pero claro, el primero al día siguiente era el último y si había abusado de su “autoridad” el día anterior podía quedarse en ayunas. Como es aquello... “La venganza se sirve en plato frío”. Les llama mucho la atención a mis hijos –hijas y yernos- que siempre dejo el plato limpio. Nunca me dejo nada en él. ¿Serán reminiscencias de la Edad de Piedra... o mejor dicho de la Edad del Hambre? Es por decir algo. Hambre, lo que es hambre no recuerdo haber pasado. Que habría comido más en muchos momentos... ¡Seguro! Y termino estos comentarios de hoy con un último recuerdo en relación con lo anterior: Un dicho que decíamos y que le atribuyo la autoría, con dudas, a Francisco Florido o a Julio Montoro: -“Comer no comeremos, pero lo que es joder... ¡Joder que hambre pasamos!”

1998 en Úbeda. De izda. a dcha y de arriba abajo: 1ª fila: José Luis Pereda García (ha quedado fuera de foto), Víctor Moreno Marín, Sebastián Martínez Santiago, Juilo Montoro Álvarez, Manuel Martínez Molina, Marcos


Sarmiento Martínez, Manuel Ceballos López, Rafael Fernández Budia y José Sánchez Cervera. 2ª fila: José Peinado Matiola (queda fuera de foto), Ángel Iglesias Flores, Juan Torres Blanco, Luis Rosales Piñas, Facundo Molina Trillo, Manuel Macías Camacho, Pedro Carpintero León y Diego Báñez Páez. 3ª fila: Mario Fernández Martínez, Manuel León Álvarez, Miguel Serrano Rodríguez, Rafael Serrano de la Rosa y Sebastián Polo Mingorance. Comentario de la Reunion: Comentarios desde fuera porque no estuve. Lo que digo es referido por teléfono o en persona de parte de los que estuvieron. Desde Sevilla, por iniciativa de Budia y León principalmente, se organizó esta primera Reunión de Hermandad de los que en algún momento pertenecimos al curso. Son veintidos los asistentes, la mayoría con sus esposas. Los que faltamos fue porque no se pudo contactar o por fuerza mayor (en mi caso surgida a última hora). Algunos estaban realmente lejos. Estábamos todavía en activo,… De todas formas un gran éxito de asistencia. El recuerdo que permanece en los asistentes, en todos, es de una gran satisfacción y alegría por haber estado y convivido de nuevo con los antiguos compañeros de curso. Satisfacción compartida por las esposas. Tan es así que existe una gran ilusión de volver a compartir otras jornadas como aquellas. Incluso hubo quien ofreció su casa para celebrar la siguiente. Dentro de año y medio será el 50º aniversario de nuestra promoción de Oficialía y hay que celebrarlo, pero hay tantas ganas de vernos de nuevo que me están proponiendo que haya reuniones previas a la de aniversario. -Alfonso, no te veo en esta foto. Si estuviste, cuenta todo lo que recuerdes y escribe los nombres de los que se ven. -Mándame una foto de ahora porque no tengo ninguna buena. La he puesto al principio, junto con la que colocaste tú. La actual que pusiste la he quitado.

- Las fotos que me mandaste rotuladas con los nombres, no las puedo manejar. Te las adjunto en un correo-e aparte. Desde el principio están dando más guerra que la leche frita. - Debes continuar tu relato de recuerdos. Algo de profesores, taller, etc. hasta Oficialía y luego Maestría. También algo sobre fútbol y baloncesto para justificar las fotos. ¿No tienes recuerdos de las salidas a Úbeda? La verdad es que hay que estrujar las meninges como si fuera medio limón para que suelten alguna gota. Se intenta. - Ponte manos a la obra porque se nos echa el tiempo encima. Puedes escribir en este mismo documento. Ahora, lo que se dice ahora mismo, lo tengo un poco difícil. Estoy yendo frecuentemente a Valencia por cuestiones de salud. Quiero pasar bien la ITV pero no hay forma. También estoy en manos de albañiles haciendo unos arreglos en mi casa de Caudete. Y para colmo de males me han entrado en la casa de campo en dos ocasiones a


robar, la primera el mismo día que me operaban y la segunda a los diez días para rematar la faena y cuando ya se habían reparado los daños. ¿Tienes algo de tus compañeros? La verdad es que no consigo de ellos mucha colaboración en ese sentido. Me mandan alguna foto, pero ponerse a escribir res de res. Iré haciendo intentos, a ver si se animan porque quiero que colaboren en seguir ampliando el “Érase una vez…” que ya conoces.


Alfonso Ros. CV