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LA NIÑA DE LOS EMIGRANTES

A fuerza de oír hablar de Sabiote, de sus calles, plazas, campos, historias, tradiciones y costumbres, así como de sus gentes, la niña, que no recordaba el pueblo porque la llevaron a Suiza a los pocos meses de nacer, sabía de él más que si se hubiera criado allí. Ello obedecía a que en el caserío en que vivían, situado en las afueras de Ginebra, toda la familia, es decir, sus padres, sus dos hermanos, las dos tías y los abuelos eran sabioteños. Pero además había otras razones que comprenderá fácilmente el que esto lea. Los padres andarían por los cuarenta años, y los hermanos eran mayores que la chiquilla. Los abuelos eran padres del padre y estaban de buen ver. Las tías, hermanas de la abuela, se encontraban las dos viudas y no tenían hijos. A la niña la llamaban Layiné, y cuando alguien preguntaba la razón de este nombre cualquiera era bueno para contarla. Y era que al bautizarla le pusieron el nombre de Ginesa, que era otra hermana de la abuela que vivió en la calle del Duende, la cual, como fue su madrina, al morir poco después la dejó heredera de un piojarillo de dos cuerdas y media en Royo Cardillo, que por cierto tuvieron que vender entonces y gracias a ello la familia pudo salir adelante el año del hambre. Pero luego, todos los de la casa llamaban a la chiquilla Gine, aunque con el artículo la delante, o sea, la Gine, por lo cual, cuando llegó al colegio, como los franceses la gi la pronuncia yi y acentúan los nombres al final de la palabra, la llamaban Layiné, y con este nombre se quedó. Respecto al lugar en que vivían en Ginebra, ocurrió que cuando el abuelo (llamado Juan José Rimón Zambrana), llegó como emigrante a esta ciudad suiza, empezó a trabajar con un constructor de dicha nacionalidad que le tomó afecto, y el cual, a fin de que viviera y pudiera traerse a los suyos, le dejó que ocupara un amplio caserío rodeado de terreno que compró con idea de construir una casa de pisos, pero como por problemas medio ambientales no pudo llevar a cabo la obra, el mismo sirvió en los siguientes años como residencia de la familia y algo así también como casa de Sabiote, pues a ella concurrían principalmente emigrados del pueblo y de sus contornos, aunque también algunos de distintos lugares de España. El nombre de tal caserío tiene su historia, y es que al ser propiedad del jefe del abuelo, al que todos llamaban monsieur Vacherot, lo procedente era llamarlo finca o ferme de Vacherot, pero como este hombre era muy bueno y estaba muy unido a la familia de aquél, un día mandó poner en la fachada un rótulo que decía Ferme de Sabiote. Y en tal forma fue siempre conocida. Cualquier sábado, domingo o festivo era bueno para que en la ferme se reunieran paisanos y amigos para hablar de España en general o, sobre todo, del pueblo en particular; pero la visita resultaba particularmente obligada cuando se celebrara alguna fiesta local o bien llegaba algún paisano. Entonces solía ser el abuelo quien llevaba la voz cantante, y, por supuesto, el tema de la conversación no hay que preguntar cual era. Un 15 de mayo se celebraba San Isidro, y como cayó en sábado, por la tarde acudieron a la ferme tres parejas de Sabiote, dos de la Torre, una de Úbeda, una viuda de Santa Olalla y algunas otras personas de distintos lugares. Entonces el abuelo tomó la palabra, y no la soltó hasta que su hijo lo cortó anunciándole una visita. Pero antes dijo: -Esta fiesta de San Isidro es nueva en el pueblo ya que en mis tiempos no se celebraba. Aunque ojo, que no es que yo tenga nada contra este santo ni tema que se me cabré al decir lo que digo. Eso si, que antes de la guerra nunca se ha celebrado. Allí, ya sabéis, San Ginés, la Virgen de la Estrella, San Antón, la Candelaria, Santa Rita, la Virgen de la Cabeza y algunas otras vírgenes


2 más. Pero que por mí cuantas más fiestas haya, mejor. Y no como en mis tiempos, que trabajábamos en el campo de sol a sol, y si estabas en un cortijo subías cada quince días a vestirte, y si te tocaba otoñar, tenías que estar sacando con la azá terrones así de gordos, aunque sea feo señalar. Y el que estaba colocao por año tenía suerte, pero la mayoría se ponían o nos poníamos en la Puerta de la Villa a esperar que te avisaran, y eso si no te regateaban el jornal y tenías que ir a trabajar por lo que quisieran darte. Pero hay otra cosa que se me olvidaba... Entonces lo interrumpió el hijo diciéndole: -Padre, que sigue esperando el sabioteño que dice que te conoce. -Anda, pues que pase cuanto antes. -¿Da usted su permiso?, dijo el recién llegado. -Pasa hombre, y dime quien eres, que a los jóvenes no os conozco. -Que me alegro de saludarlo. Soy Ginés Cobo, hijo de Ginés Cobo, Cobiche pa entendernos. Él me ha dicho que tan pronto llegara lo viera a usted. -¡Anda!, de Ginés, pues claro que me acuerdo de tu papa. Y de tu abuelo más. Éste y Piriri eran los hombres más honraos de Sabiote. Si señor, el abuelo era un hombre a carta cabal, trabajaor donde lo hubiera y que no tenía pelos en la lengua. El siempre al pan, pan y al vino, vino; ¡pero con genio! Sin embargo tu padre -que es algo menor que yo-, es más templao, aunque no como su Anastasio, que es más corto que las mangas de un chaleco. No, tu padre tiene otro aquel, porque aunque no sea hombre de estudios, se las sabe toas. Y dime, ¿cómo está él y cómo está tu madre? -Ellos están bien y en la casa no marchamos mal, pero como somos siete hijos, los mayores nos hemos tenío que tirar al barro, porque allí lo que se dice trabajo de cobrar jornal no hay casi ninguno. Desde el año del hambre el que no tiene posibles se va del pueblo. Los jóvenes, tan pronto tenemos la licencia de la mili en el bolsillo emigramos a donde sea. Y los mayores, incluso casaos y con hijos, si no tienen algún piojarillo o trabajo continuo en donde a veces lo hay, que es en el campo, en el Ayuntamiento o en la fábrica de harinas, se van con mayor motivo. Yo me vine porque como está usted así lo quiso mi padre. El me dio esta carta para que se la entregue, así como aquél bulto con cosas de allí. -A ver; a ver que es eso. Aunque espera que llame a las mujeres. ¡María!, bajar que tenemos aquí un paisano. Bueno, esta es la carta de mi amigo Ginés Cobo, pero después la leeremos despacio. ¿Y ese paquete? A ver Mariano, trae el tranchetillo que lo abra. Anda, morcillas, chorizo, jamón, salchichón, butifarra... Pero, ¿y esas damajuanillas? Hombre, una tiene aceite y esta otra ... vino. Serán de Sabiote ¿eh?, porque si el aceite es de Garrido el de las Navas y el vino de Totovía el de la Torre, te llevas las damajuanillas por el mismo camino que las has traído. Cucha, que no es que yo me lleve mal con los naveros ni con los torreños, pero que prefiero lo nuestro. -Pues lo que está usted viendo es de cosecha propia. El aceite procede de las ochenta olivas que tenemos en Barrancohondo, y el vino de nuestra viña de la cuesta de la Hoz. En cuanto al marrano, en mi casa se crió, allí se ha hecho la matanza y las mujeres embutieron y prepararon lo que tienen ustedes delante. -¡Ay!, cuanto echo yo de menos las matanzas que se hacían en casa de mi suegra al poco de casarnos, dijo el abuelo. -Mi mama las hacía como nadie, intervino ella. A mí, cuando era chiquilla me mandaban a retirar el testamento de la tienda de Jesús mío. Y siendo medio mociquilla aprendí y ayudaba como la primera, ya embutiendo las morcillas con el arte, los chorizos, salchichones y butifarras con la máquina, los morcones con la mano o salando después los jamones. Y yo era la que llevaba los presentes a los parientes y amigos. Y qué decir de lo rica que estaba la morcilla en la caldera, o la masa del chorizo y los torreznos tras asarse, así como la pajarilla frita. En fin, recuerdos. -Pues recuerdos no son los que tenemos aquí, dijo el abuelo, porque esto es presente, y nunca mejor dicho. Así es que, traer unos platos y unos vasos. Y con la navaja de cachas de plata que llevaba siempre en el bolsillo, empezó a partir y a ofrecer trozos de jamón, ruedas de embutidos y vasos de vino. Uno de los paisanos que había, intervino entonces diciendo: -No he querío cortar la conversación, pero yo y éste nos tocamos. Lo que pasa es que cuando salí del pueblo él era medio chiquillo medio zangalitrón y no se acordará de mí, pero su padre es primo segundo mío por parte de madre.


3 -Ea, la cara me dice algo -comentó el recién llegado-, pero así de pronto no caigo. -Pues yo soy de los Macarios, uno de los que salieron del pueblo a buscarse las habichuelas; y no lo hice por gusto, sino porque estábamos a mata hambre. Pero dejé parientes a manta, muchos de los cuales siguen allí. Los más próximos son los de Juanillo Manteca y los de Periquito Pulgar. ¿Los conoces? -Los Manteca viven puerta con puerta con nosotros. Y uno de ellos que militó conmigo es más de media liebre. Pero la mocica es una perilla en dulce. En cuanto a los Pulgar, son gente que no paran de trabajar y de bullir, por lo cual a la chita callando van arrimando cada uno una peseta como pueden; y eso que empezaron con lo puesto, pero ahora tienen un capitalejo que no se lo salta un galgo. -Oye una cosa, preguntó otro de los presentes. ¿Tú conoces a Felipe Cierzo? Le dicen ese mote por lo fresco que es. -¡A ver que leche!, quien no lo conoce. La familia tenía su acomodo, pero como él es un cantamañanas, cuando se le vino el aparejo a la panza tuvo que vender lo poco que tenía, y ahora anda por ahí como vaca sin cencerro, o sea, más solo que la una y comiendo donde puede, como el marrano de San Antón. Pero es que, encima que se está cayendo muerto, se le ve más estirao que el timón de un bravancillo y mirando a los demás por encima del hombro, mas como le aprieta el zapato y la procesión va por dentro, tiene que ir tapando agujeros, ya que si no cualquiera le canta las cuarenta en la mitad de la calle. Después preguntó el recién llegado: -Y aquí en Ginebra, ¿cómo se vive? -Mira -le contestó el abuelo-, esto es otra cosa. No te voy a decir que sea mejor o peor que lo nuestro, que eso ya lo comprobarás tú, mas eso sí, distinto. Pero ahora, el hecho de estés entre amigos y paisanos es diferente a que te hubieras visto solo, como nos pasó a muchos al llegar. En fin, que vienes en busca de trabajo y lo vas a tener, pero que las costumbres son otras, el idioma no digamos, y la soledad a veces se hace insoportable. Lo que si te digo, para que nunca te sientas en ese estado, es que aquí nos tienes. -Gracias, señor Juan José, dijo Ginés emocionado. El abuelo, volviéndose hacia donde su nieta Layiné tomaba notas, le dijo: -Vaya hija, con este sabioteño que ha llegado y que tantas cosas sabe de allí, te vas poner las botas. ¿A que te gusta cómo habla, lo que cuenta y todo lo que aquí estás oyendo? -Si abuelo, todo esto es muy positivo para el trabajo que tenemos que presentar, pero me falta mucho por hacer. De todas formas, como para coordinar el estudio que cada equipo prepara sobre su país de origen el colegio ha designado profesores, uno de estos días vendrá aquí la profesora que nos ha correspondido, ya que dice que le interesa conocer el medio en que nos desenvolvemos. -Bueno, dijo el abuelo, como yo no sé explicar a estos paisanos lo referente a esos trabajos que preparáis, creo que debes hacerlo tú. -Es que -aclaró Layiné dirigiéndose a los demás-, en el colegio estamos niños y niñas de distintas nacionalidades, y como cada dos años convocan un concurso sobre temas de los respectivos países, concurren alumnos a fin de enaltecer su respectiva tierra y de conseguir el importante premio que se ofrece. Este año el tema propuesto versa sobre “Situación, arte, historia, costumbres, términos y modismos de un pueblo”, y como todo lo de Sabiote me es muy conocido, pues aunque hasta ahora no he tenido la suerte de poder volver os estoy escuchando a diario, he formado un equipo de compañeros españoles para hacer el trabajo, presentarlo y... a ver si hay suertecilla. Pues a la profesora le vas a decir de parte de tu abuelo -dijo éste-, que venga un sábado o un domingo en lugar de visitarnos un día corriente, pues con los paisanos aquí conocerá en su verdadera salsa todo lo nuestro. El colegio de la niña era un gran centro pedagógico en el que se educaba un elevado número de alumnas y alumnos de diversas nacionalidades, preferentemente hijos de inmigrantes. En él estudiaba Layiné desde que ingresó en el parvulario, y en él, con sus dieciséis años cumplidos,


4 seguía un curso avanzado de enseñanza secundaria, obteniendo siempre notas brillantes y destacando también por su aplicación y simpatía personal. El sistema pedagógico de dicho colegio estaba orientado tanto a la enseñanza como a la formación del alumnado en todos los sentidos, razón por la cual seguía métodos tendentes a ampliar su cultura, a cuyo efecto basaban todo ello tanto o más que en la acumulación de conocimientos, en ofrecerles y enseñarles el sentido de su existencia, en la consideración y respeto a los demás y en la adquisición de ideas y medios útiles para desenvolverse en la vida. De esta forma, lo expuesto influía en el hecho de que al ser variadas las nacionalidades de los concursantes, el premio constituyera un triunfo tanto para ellos como para el país que representaban. El sábado siguiente por la tarde llegó la profesora a la Ferme de Sabiote, antes incluso de que acudieran los visitantes habituales. Era joven, rubita, alta y pizpireta. Dijo al presentarse que se llamaba Anette, que era suiza y que hablaba el español. Luego, Layiné la llevó a la mesa de trabajo en donde se encontraban los demás alumnos que componían el equipo encargado de redactar el proyecto, y allí le mostró lo recopilado y realizado hasta entonces. -Bien, bien, dijo la profesora tras examinarlo todo con detenimiento. Veo por aquí numerosas frases hechas, refranes, dichos, interjecciones, pleonasmos y vulgarismos. Me encanta el léxico de vuestra tierra, pues tiene gracia, soltura y profusión de giros y modismos. Ahora bien, como es importante que localicéis con precisión el lugar en que se habla de esta forma, al ser éste Sabiote, en la introducción del estudio tenéis que hacer una descripción general del pueblo y de sus campos desde el punto de vista geográfico, o sea, situándolo exactamente en el lugar en que se encuentra, así como haciendo referencia a su arte e historia, a la vez que exponiendo datos sobre extensión superficial, número de habitantes y principales actividades que en él se desarrollan. Después, en capítulos posteriores desarrollais cuanto afecta al tema propuesto. Pero eso sí, en todo esto es fundamental seguir investigando. Veo, por otra parte, que tenéis mucho trabajo hecho, pero hay que profundizar más, y, para tal fin, observo que en esta casa tenéis medios reales y efectivos. Yo por ello, y con el fin de hacer prácticas, pido a monsieur Rimón que permita actuar al equipo aquí y a partir de este momento, pero no sin antes poner en funcionamiento el magnetófono y situaros vosotros en lugar próximo a los asistentes, pero con lápiz y papel en la mano. El abuelo Juan José aceptó la propuesta, y en el centro de la habitación mandó poner una mesa sobre la que se colocó el magnetófono y, alrededor, las sillas en las que se sentarían los miembros del equipo, o sea, Layiné en el centro como presidiendo, y a un lado y a otro de la misma los restantes. Y como aquél había captado el interés despertado por el concurso, y sabía además la importancia que tenían los datos que pudieran aportar todos, puso especial empeño en animar la reunión, y ciertamente lo consiguió, ya que en poco tiempo aquello se calentó y pudo apreciar como Anette se frotaba las manos satisfecha. Así es que terminó diciendo el dicho abuelo con gracejo: -Dios nos crió en Sabiote y aquí en Suiza nos juntamos. Por eso ahora, sea por el amor al pueblo o por el olor que desprenden las morcillas, aquí no falta nadie. -“Arrímate donde haya antes que el amo se vaya”, “refraneó” otro refiriéndose al abuelo. -Amigo mío -le contestó aquél-, aquí lo único que en verdad hay aquí son buenos recuerdos del pueblo que nos vio nacer. -“El que bien oye bien entiende”, terminó un tercero. -A lo que vamos -intervino la abuela-, que lo yo digo es que Ginés el de Cobiche se vino del pueblo a vivir y trabajar entre nosotros, y tuvo la buena ocurrencia de traerse lo que podéis ver y algunos habéis probado ya. -Buena ocurrencia de verdad, porque un marrano de Sabiote presentao aquí en Ginebra como podemos verlo, es algo que no se olvida, sentenció Gregorio el de Justa la de Huerta Oliva. -Que no se olvida de quién, ¿del marrano o Sabiote?, intervino un joven en plan chungón. -De tu abuela, dijo aquél mosqueao. -Sea marrano o sea otra cosa, lo cierto es que los que tenemos la suerte de tener familia y recuerdos de nuestro hermoso país, podemos permitirnos el lujo de comer lo que allí comíamos y nos sigue gustando. Si son garbanzos, pues los ponemos en cocido, en potaje o mareaos. O si dices


5 de guisar patatas, las puedes poner en caldo, fritas a to montón, en guisao de papas o en tortilla. Y si hablamos de ensalaillas... Pero en fin, que sean las mujeres las que hablen de esto, que saben más que nosotros, terminó el abuelo. -De las ensalaillas propias propias de Sabiote -dijo una-, las que a mí me gustan más son las de tomate, así como el morrococo y la pipirrana. Y la que hablaba preguntó a la concurrencia: - A ver quien me dice ahora dos platos que están muy buenos y que se hacen a base de pan. -Los picatostes y las migas, contestó una de las tías. -¿Y con la harina? -Pues la gachamiga, el ajete, las gachas, los papajotes, los andrajos, las mojabanillas… -Y a base de verduras ¿qué guisos hay? -Un montón, pero para mi gusto el pisto, la cocina de berza y los espárragos en vinagrillo en primer lugar. Luego, la coliflor emborrizada, el ajo de collejas o de espinacas y las tortillas de habas o de berenjenas. El abuelo, que veladamente ejercía como moderador de la reunión, propuso cambiar de tercio y hablar de fiestas y romerías locales. Paulino el de Mazagatos, especialista en la materia porque había “ejercido” en todas ellas, tomo la palabra y dijo: -Es fácil, pero si se me olvida alguna me echáis una mano. Las hay, como sabéis paganas y religiosas, pero en nuestro pueblo pocas hay totalmente paganas; en realidad sólo el carnaval. Por lo demás, recordemos las ferias y fiestas en honor de San Ginés, así como las fiestas de San Antón y la Candelaria, y en éstas el encendido de hogueras con el consiguiente tueste de garbanzos y rosetas y la bendición de tortas y roscos para los niños. En las tardes de estos días, así como en el carnaval, las mozas juegan al corro y entonan cantares alusivos a las fiestas, como Vamos a jugar al corro que se pasa el carnaval, viene la Semana Santa y tenemos que rezar. El día 1 de mayo, desde tiempos inmemoriales se celebra la festividad de la Virgen de la Estrella, patrona del pueblo, y al frente de un comisario que varia cada año, jinetes sobre caballos recorren las calles y con posterioridad celebran carreras. En la tarde anterior al día de San Juan, es costumbre que los niños vayan por las calles arrastrando latas. Con ello se rememora un intento de ataque hecho por los moros al castillo sabioteño cuando por estar los hombres en la guerra de Granada carecía de guarnición; y para evitarlo las mujeres se vistieron de guerreros, en tanto que los niños, con ruido de latas y hierros hicieron creer a los atacantes que el castillo estaba bien defendido, con lo cual consiguieron que se retiraran. Por los Santos y Difuntos se celebran actos litúrgicos con repique de campanas durante la noche del 1 al 2 de noviembre. Con anterioridad, los que doblan las campanas o doblaores, hacían una colecta y pedían de casa en casa “una limosna pa los doblaores”. Es costumbre en estos días tomar gachas a final de las comidas, y con ellas, una broma propia de la fecha consiste en tapar las cerraduras de las puertas. Por Navidad, con la aceituna ya iniciada, se mezcla esta actividad con las fiestas de la época y se canta: La Virgen va a la aceituna y San José a varear, y el Niño con la esportilla cogiendo las salteás A final de año y de cara a la fe stividad de Reyes, en Sabiote se representa en tres noches consecutivas el llamado Auto Sacramental de los Reyes Magos, obra en verso del siglo XVIII en el que actúan artistas locales y que goza de gran popularidad y arraigo entre los habitantes.


6 Respecto a romerías -continuó Paulino-, los de nuestro pueblo asisten a muchas de ellas, tales como a las de la Virgen de la Cabeza, de la Estrella, de Guadalupe y de Tíscar, así como a la de Santa Rita. Tomó la palabra Teodora, la cuñada mayor del abuelo, y tras agradecer a Paulino su intervención, dijo que quería poner de manifiesto viejas y curiosas costumbres propias de nuestro Sabiote, de las que algunas se han perdido y otras se mantienen. Así, para iniciar el noviazgo, o bien el pretendiente escribe a ella o se le acerca, y luego hablan por la reja o por la puerta. Después, cuando la relación entre los novios se formaliza, es normal hacérselo saber a los padres de la novia, y en ese momento se fija la fecha de la petición de mano, acto éste conocido por el si porque es la contestación de la misma a la pregunta sobre si quiere al novio. El día anterior a la boda tiene lugar la confesión de la pareja. Los novios para este acto suelen estrenar traje y comen en casa de los padres de él. Al día siguiente, tras la ceremonia de la boda y al salir a la calle, se les suele echar trigo a la vez que se les dice: “tantos granos tantas fanegas”. Si ambos o uno de los contrayentes se casa de segundas, la costumbre es darles la cencerrá, a la vez que se vocea más o menos en estos términos: ¿Quién se casa? Juanillo Pio. ¿Con quién? Con la Trinidad. Pues vamos a darle la cencerrá. Ante la muerte inminente se da a los enfermos el viático, y tras el fallecimiento se celebra el velatorio en casa del difunto. En el pésame se solía decir: “salud y suerte pa mandarle muchos sufragios”, pero el tío Sofío se distinguía porque decía una única palabra: “resignación”. Hoy se dicen dos: “lo siento”. Los entierros son de tres clases: el de primera, que es muy solemne, lo celebran el párroco y dos coadjutores y tiene tres paradas en altares situados en las calles durante el recorrido de la casa a la iglesia. El de segunda se llama de en medio, actúan uno o dos sacerdotes y no tiene paradas. El de tercera es conocido por entierro pollar, interviene solo un cura y es normalmente gratuito, sobre todo si la familia del difunto, por carecer de dinero, se ve obligada a llevarlo en la caja de las ánimas a fin de que su cuerpo sea depositado directamente en la sepultura. Al terminar Teodora su intervención, de nuevo tomó el abuelo la palabra para decir: -Nada hemos dicho de la situación de nuestro pueblo, de su término municipal con cerca de doce mil hectáreas de buena tierra de calma y de productivos olivares, de sus hermosos cortijos, la altura en que está situado, su castillo, murallas, puertas en las mismas, torres, iglesias, convento, casas solariegas y su Albaicín. Pero como de todo ello me ha dicho la nieta que se hace una referencia detallada en el estudio, bien está por hoy. La labor creo que ha sido buena para los que preparan el torneo, o concurso o como le llamen, pero en fin, sobre esto nos informará la profesora. De todas maneras, cuantos dichos, costumbres, historias o refranes propios del pueblo recordéis los apuntáis, y, al llegar aquí, le dais la nota o se lo decís a Layiné o a alguien de su equipo. Y ahora, a ver qué nos dice Anette: -Estoy muy satisfecha con lo visto y oído. Por mis estudios ya conocía la riqueza española en cuanto se refiere al tema que nos ocupa. Pero desconocía la propia de Sabiote, y, la verdad, he quedado impresionada. Quiero por ello que, sin perjuicio de lo que acaba de decir monsieur Juan José Rimón, se repitan reuniones como la presente. Por lo demás, estoy dispuesta a contestar a vuestras preguntas, si es que queréis hacerme alguna. Intervino una madre diciendo: -Mi hijo forma parte del grupo de los españoles, y en casa no sabemos exactamente la fecha de presentación del trabajo ni la del resultado. A lo que la profesora contestó:


7 -Justamente de aquí a tres meses, es decir, el treinta y uno de mayo, tienen que estar presentados los respectivos trabajos. Durante el mes de junio se estudian por el tribunal, y en un acto que se celebra el treinta de ese mes se elige el equipo ganador por votación y se entregan los premios a los tres primeros clasificados. -¿Quiénes integran el tribunal? - Cinco personas, que son: dos profesores del colegio, dos de la universidad, y un técnico designado por el Consejo de Educación del cantón suizo en que estamos. -¿Cuántos equipos se presentan?, preguntó otro padre. -Se están preparando ocho equipos que representan a otras tantas naciones. Esperemos que no se retire ninguno. Las naciones son Portugal, España, Francia, Alemania, Suiza, Italia, Turquía y Marruecos. -¿Hay algún equipo favorito? -No, que yo sepa, contestó Anette. Tras la votación se conocerá el resultado. -Pues ya se dice por ahí que los favoritos son los italianos. Y la verdad es que motivos hay, ya que en el colegio tienen el mayor número de alumnos, y, además, en esto como en todo tienen gran influencia. -Intervino de nuevo Anette para decir: -Realmente la cultura italiana es importante, pero no lo es menos la francesa o la española, pongamos por caso. A mi juicio, el resultado depende del trabajo realizado por el respectivo equipo. -Pues confiemos en los nuestros y demos por acabada la presente sesión. Buenas noches a todos, terminó el abuelo. Pasaron los días, y a la Ferme de Sabiote acudían los jóvenes del equipo, ya con el material de estudio que habían recopilado como con trabajos terminados, y que una vez revisados por Layiné, se preparaban para la aprobación por parte de Anette, Con todo ello se iba formando un libro que empezó por un tomo, pero ya se estaba acabando el segundo, pues de Sabiote se había recibido material muy valioso, de tipo histórico-artístico una parte -que galantemente remitió el cronista oficial de la villa-, así como datos estadísticos, geográficos, agrícolas y de personalidades locales, al igual que otras materias de interés obtenidas del Ayuntamiento, de la Diputación y del Instituto de Estudios Giennenses. Asimismo, una organización cultural sabioteña, conocedora a través de las cartas de Ginés Cobo de cuanto se estaba fraguando en Ginebra, remitió artículos y publicaciones, pero, sobre todo, un completo estudio fotográfico del pueblo en general, de su recinto amurallado en particular, e igualmente del Albaicín, el barrio que, según decían, por ser el más antiguo y emblemático de la villa, tanto interesa conservar en su estado originario. El día treinta de abril, el material para editar los dos tomos de que constaba la obra de los sabioteños quedó presentado en la imprenta. El problema económico, que inicialmente tuvo su importancia, se resolvió finalmente con relativa facilidad, ya que los asistentes a la ferme, y en general los españoles amigos, se volcaron para sufragar los gastos. Veinte días después, los dos libros, perfectamente editados, los presentaba orgullosamente el abuelo a los paisanos y amigos. Después, Layiné y sus compañeros los entregaron en la secretaría del colegio. Luego, a medida que se aproximaba la celebración final del concurso y la entrega de premios crecía la tensión entre los miembros de los equipos que se presentaban, así como de sus compañeros, familiares, paisanos y amigos. Además, como la prensa y la radio se habían hecho eco, la noticia se había propagado, y pocos eran los emigrantes, sobre todo de los países partícipes, que no la conocieran. Por ello se hacían pronósticos y cábalas sobre el resultado, y como Suiza ganó el primer concurso e Italia el segundo, la gran mayoría insistía en que este último país volvería a obtener el título. Por el contrario, los españoles eran menos conocidos, toda vez que por entonces el número de inmigrantes, y en consecuencia de alumnos, no era elevado. Además, por el hecho de haber llegado los padres a Ginebra en tiempos relativamente recientes, los hijos en general habían destacado poco. Sin embargo, algunos profesores que conocían a los miembros del equipo español


8 (integrado, según era sabido, principalmente por jiennenses y dirigidos por la sabioteña Layiné), así como la forma en que éstos desarrollaban el trabajo, confiaban en que pudieran dar la sorpresa. Al llegar el día esperado era muy de mañana cuando comenzaron a afluir al colegio alumnos, profesores, familiares y otros interesados que pronto ocuparon no sólo el aula magna en que se iba a celebrar el acto, sino incluso los salones contiguos, los patios y hasta el campo de deportes. Y como hizo un buen día y se instalaron altavoces, pudieron seguirse a través de los mismos las diversas intervenciones y el resultado de las votaciones. A las once de la mañana dio comienzo el acto. El presidente, tras declarar abierta la sesión, invitó a cada uno de los ponentes de los equipos a que, por tiempo no superior a quince minutos, ofrecieran una síntesis del trabajo que ya obraba en poder del tribunal; y, como resultado de un sorteo previo, lo hizo en primer lugar el ponente del equipo turco. A Layiné, la ponente del español, le correspondió el sexto, y cuando llegado el momento ésta comenzó a hablar, se produjo un respetuoso silencio, siendo oída después con atención y aplaudida finalmente con calor. Algo parecido ocurrió con el ponente del equipo italiano, pero sus compatriotas, en lugar de aplaudirle moderadamente, lo que hicieron fue provocar un verdadero escándalo con voces y gritos, a la vez que se jactaron de que el vencedor del torneo que se desarrollaba no podía ser otro que el equipo de su país. Cuando el presidente tocó la campanilla y manifestó que los miembros del tribunal daban comienzo a la votación para elegir el ganador del concurso, el silencio fue total. A continuación, aclaró que la forma en que la misma se iba a llevar a cabo consistía en una primera votación en la que quedarían eliminados los tres equipos de los países que obtuvieran menor cantidad de puntos; en una segunda se eliminarían dos de los cinco restantes, y en otra final saldrían el ganador y los dos finalistas. Después, tanto las personas que por estar en el aula magna podían escuchar directamente cuanto se decía, como los que por estar fuera lo hacían a través de los altavoces, oyeron cómo el tribunal eliminaba en la primera votación a las representaciones de Marruecos, Portugal y Francia. Luego, al ser eliminadas Suiza y Alemania, quedaron como finalistas los equipos de España, Italia y Turquía para dilucidar cual resultaría vencedor. Ante un silencio sepulcral, de los cinco miembros del tribunal, el primero concedió cuatro puntos a España, cinco a Italia y uno a Turquía; el segundo miembro, tres a la primera, cuatro a la segunda y tres a la tercera; el tercero, cuatro, cuatro y dos; el cuarto, cinco, cuatro y uno; y por fin, el quinto... cinco puntos para España, tres para Italia y dos para Turquía. ¡Había ganado España! Entonces, la alegría de los españoles se desbordó por el éxito final, y mientras el abuelo se abrazaba a la abuela y los restantes saltaban entusiasmados y se abrazaban entre si, a Layiné y demás miembros del equipo sus compañeros los levantaron en hombros, y ante tanto griterío fue difícil escuchar al presidente del jurado cuando dijo: -El equipo español, al haber conseguido en la fase final veintiuno de los puntos otorgados por el jurado que presido, ha resultado ganador del III concurso instituido en este colegio por el trabajo presentado bajo el título “El pueblo de Sabiote y su arte, historia, costumbres, términos y modismos”. Le siguen Italia con veinte puntos y Turquía con nueve. Se levanta la sesión.

LA NIÑA DE LOS EMIGRANTES  

CUENTO. LA NIÑA DE LOS EMIGRANTES

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