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LA ASOCIACIÓN “LOCOS POR SABIOTE” I AHORA Y ANTES Tanto por las brillantes notas conseguidas a lo largo de su licenciatura en económicas, como por haber obtenido el premio extraordinario fin de carrera, el sabioteño Gaspar Talavera llegó a la conclusión de que si lograba obtener una de las becas que otorgaba la universidad norteamericana de Harvard, podría conseguir tanto el objetivo de doctorarse en tan prestigiosa institución como el de perfeccionar sus conocimientos de inglés. Así pues, se fue a la embajada de aquel país en donde le facilitaron información e impresos a cumplimentar, con lo cual pudo presentar la solicitud, currículo y demás documentos. Mas, como según le dijeron, la resolución tardaría no menos de tres meses en conocerse, y, por otra parte, ni tenía nada que hacer en Madrid ni dinero para estar allí más días, pensó que, como siempre, tendría que pasar el verano en Sabiote en la casa de sus padres, en donde, también como siempre, sabía que lo esperaban con los brazos abiertos. En las taquillas del autobús de Úbeda encontró a Emilio Fernández, su gran amigo y paisano, pero al que hacía tiempo que no veía, ya que éste, según le comunicó tras abrazarse ambos, estuvo haciendo últimamente las prácticas de la milicia universitaria sin disfrutar de permiso alguno durante los seis meses que las mismas duraron. -Podías haberme escrito, le dijo Gaspar, pues lo poco que he sabido de ti ha sido por mi hermana Adela, que es la única que ahora vive en Sabiote con mis padres, ya que prepara oposiciones para la seguridad social, pues se hizo ATS y quiere conseguir una plaza en propiedad. -Llevas razón en lo de no haberte dicho nada respecto a mi paradero, pero resulta que al terminar veterinaria en Córdoba y ver que allí no había plaza de alférez para la mili, pero sí en León, pensé que al ser esta ciudad sede de una antigua facultad de mi carrera podría tener buenas posibilidades para estudiar y relacionarme. Y no me equivoqué. Pero ya te contaré después. -Ahora -hablaba Gaspar mientras subía al autobús-, ya que tenemos los asientos juntos y tiempo para charlar, empecemos a hacerlo de otras cosas, por ejemplo, de mujeres. ¿Tú que tal? -Ya sabrás que con Ana María, la amiga de tu hermana Adela, terminó la cosa mal. Y lo siento porque la quería y creo que ella me quería a mí también. No sé lo que pensará ahora, pero lo que si te digo es que la culpa de todo la ha tenido el tiempo que hemos vivido separados, así como la distancia. Ella está terminando farmacia en Granada, si es que no ha terminado ya, aunque la verdad es que a causa de mi pasada imposibilidad de viajar no hemos tenido ocasión de vernos. -Pues durante los próximos días os tendréis que ver, ya que en nuestro pueblo es difícil salir y no encontrarse. -Bien, si nos vemos nos saludaremos y en paz. Aunque -añadió Emilio-, esto por mi parte, que lo que ella hará no puedo saberlo. Pero hablemos ahora de ti. -Como sabes, estudié económicas en Madrid y en estos días acabo de solicitar ser admitido en Harvard para hacer allí el doctorado, mas hasta tanto conozca el resultado permaneceré en Sabiote. Ya sabes que en mi casa somos tres hermanos y estudiamos dos, pues Manuel ayuda a mi padre en el campo y Pedro sigue magisterio en Jaén. Pero vosotros sois cinco y todos estudiáis. ¿Qué hacen tus hermanos? -A mí me sigue Adela, y a ella los mellizos y el chico. Estos cursan en Granada medicina, derecho y aparejador; por este orden. -Es curioso observar la forma en que se ha propagado en Sabiote lo de los estudios, comentó Emilio como pensando en voz alta. Pero lo notable de todo esto es que el número de habitantes del pueblo disminuye sensiblemente; y que si bien es cierto que ahora se vive mejor que nunca, no es


-2porque se hayan creado medios económicos o empresariales que aumenten la renta per capita de forma importante. -Pues fíjate, añadió Gaspar, en un censo de Sabiote del año 1890 hecho con fines electorales y que he visto porque se publicó, de 1022 varones censados 650 no sabían leer ni escribir, y 372 si. O lo que es lo mismo, un 63,60 no, frente a un 36,40 si. Y esto sin contar a las mujeres, entre las cuales el analfabetismo era mucho mayor, pero que no se incluyeron en dicho censo porque no tuvieron derecho al voto hasta el año 1931. Y hoy -continuó el economista-, en términos generales los principales medios de subsistencia de que disponen los sabioteños son, como es sabido, el campo y las pensiones. Y los jóvenes la albañilería. Pero observa que por término medio las pensiones son bajas, aunque continuas y seguras. Respecto al campo, afortunadamente en estos años finales del siglo XX se encuentra mucho más repartido que antes, y como la producción fundamental es el aceite de oliva, al obtenerse del mismo buenos rendimientos el resultado lo tenemos a la vista: trabajo suficiente y mejores casas, alimentos, vestidos, automóviles y maquinaria agrícola. O sea, buena vida en todos los sentidos. -Lo que son las cosas -terció Emilio-, mi padre, que no es viejo ni mucho menos, me habla de que cuando era muchacho las casas carecían de agua corriente y de cuarto de baño, así como que el agua tenían que sacarla del pozo casero o llevarla en cántaros de donde la hubiera; que las cuadras y zahúrdas, con sus correspondientes animales, estaban dentro de las viviendas, y que los corrales de éstas eran el lugar en el que se mantenían todos los excrementos hasta que al empezar el otoño se sacaba el estiércol. Asimismo, que en la parte baja había cantinas en donde se obtenía y guardaba el vino, y que en la alta estaban los graneros y pajares. -Sí, así es, dijo Gaspar, pero ya sabes, con esta distribución quedan muchas casas en la actualidad, si bien es cierto que la instalación en las mismas de agua corriente ha mejorado la vida en ellas de forma notable. Respecto a las de nueva construcción no hay para qué hablar, pues cualquiera tiene dos cuartos de baño. Además de que, como antes decíamos, las condiciones económicas en que se vive hoy día son superiores a las de antes. No creo que ello sea discutible, pero si hablamos ahora de las enfermedades, que te cuenten tus abuelos -como me han contado los míos-, las que se producían en sus tiempos. O que te hablen de la carencia de alimentos y subsiguientes hambres y muertes producidas por todas estas causas. No hay duda, la vida actual es incomparablemente mejor; otra cosa es la nostalgia, el recuerdo, la placidez de la anterior o el “cualquier tiempo pasado fue mejor” que dijera el poeta. Y así, de esta forma, hablando, comiendo después en el mismo coche y durmiendo luego, llegaron a Úbeda, y al bajarse encontraron al padre de Gaspar que había ido a esperar a su hijo, ya que tras la llegada del autobús de Madrid no había combinación para Sabiote. El hombre llevó un par de caballerías y gracias a ello pudieron transportar el equipaje e ir montados, si bien relevándose. Al salir encontraron en la carretera a Juanillo Castillejo y a dos recoveras que volvían al pueblo, por lo que hicieron el camino juntos. Pedro Fanega, que era el padre de Gaspar y hombre de humor excelente, por animar la conversación sacó el tema de las olivas de Castillejo y dijo que sólo tenía una docena en Malacara, pero que como no quería labrarlas las dio al setenta, o sea, lo mismo que años antes hizo Ochavillo con las nueve que heredó en Pozo Fajardo y que eran todo su capital. El otro, que era un chungón, contestó que no había dado sus doce olivas en esas condiciones, sino al sesenta, o sea, cuarenta para él y sesenta para el labrador, pero que si Ochavillo las dio fue porque se le vino el aparejo a la panza al fallarle su administrador. Pedro se picó al ver que el otro se quedaba con él, por lo que le dijo: -Hombre, Ochavillo era más de media liebre, mas eso de tener un administrador pa nueve olivas... Pero tú sí, tú sabes de campo y has trabajao o hecho como que trabajabas, y ahora, como tienes pensión, has dao tus doce olivas por un tanto. ¡Vamos!, si fueran trescientas... -Pues sí amigo Fanega, porque el media liebre ese a que te refieres, aunque era más corto que las mangas de un chaleco, sabía buscarse las habichuelas ya que tenía buenas amistades y siempre andaba de casa en casa como el marrano de San Antón. Además, las dio en esas condiciones porque le interesaba, pero tú, ya que tanto hablas, aquí, delante de testigos, ahora mismo te digo que me quedo a medias con tus olivas de las Carreras. ¿Has oído bien? ¡Al cincuenta por ciento!


-3-¡No caerá esa breva!, que no es lo mismo las Carreras que los laeros de Malacara, ni doce olivas que treinta y dos, terminó Pedro. Intervino entonces una recovera para decir: -¡Anda con el Juanillo Castillejo éste!, paece que nunca ha roto un plato y mira por onde sale ahora; y es que aunque se está cayendo muerto cree él que se las sabe toas. -Cayéndome muerto yo; yo, que estoy más firme que un calzaizo. A ti so pendona es a quien le voy a cantar yo las cuarenta pa que no hables de lo que no sabes. A ti... Pero lo cortó la otra recovera diciéndole a voz en grito: -Y tú, que siempre andas por ahí como vaca sin cencerro, por qué leche le tienes que hablar así a mi chacha. Ten cuidao con lo que dices, que ella es muy mujer y yo no tengo pelos en la lengua, así es que como me vaya pa ti vas a tener que salir con el culo a dos manos. -Callar mujeres, callaros, que empezó esto medio en broma y vamos a terminar como la función de caniles, intervino Fanega apaciguando los ánimos. Gaspar y Emilio, que iban entonces andando, sonreían divertidos al principio de la conversación, pero miraban después a unos y a otros un tanto desconcertados ante el giro que las cosas iban tomando, mas el padre del primero les dijo con tranquilidad: -No preocuparos, que con éstos no llega la sangre al río. Y así fue, pues al poco rato todos hablaban como si nada hubiera pasado, y, cuando llegaron a Sabiote, las recoveras y Castillejo se despidieron como buenos amigos. II SEBASTIANICA Y LOS SUYOS Sebastiana Remón se quedó viuda y con tres hijas pequeñas relativamente joven, por lo cual, como no tenía medios ya que Francisco Quesada, su hombre, le dejó la noche y el día, tuvo que resolver su problema en la única forma posible en aquellos tiempos, o sea, espigando, cogiendo y rebuscando aceituna, arrancando garbanzos, dando gusto en casas conocidas, y… pare usted de contar. Pero luego, con eso y con el poco campo que heredó de su padre, se las arregló de forma que en su casa nunca faltó un pedazo de pan ni una panilla de aceite, que las chiquillas siempre iban limpias y lustrosas, que no dejaron de ir a la escuela, y que cuando empezaron a ganar algún dinero, ya en la aceituna o con la costura, su madre lo empleaba en la dote de cada una, en sus gastos personales o en pagarle a una torreña que les enseñaba corte y confección. Después, como eran bonicas, no les costó trabajo ponerse novias con tres muchachos de su clase y casarse las dos primeras cuando ellos volvieron de la mili, pero la tercera no tuvo que esperar a eso ya que él se libró por ser hijo de viuda. Las tres hijas se llamaban Manuela, Juana e Isabel, nacidas por este orden. Los nombres de las dos mayores eran, siguiendo la costumbre sabioteña, los de sus respectivas abuelas, pero aunque de acuerdo con esa costumbre a la tercera tenía que haberle puesto la madre su propio nombre, como a ella no le gustaba le puso Isabel. Los yernos eran de Sabiote, y los tres del campo y bien vistos en el pueblo. El marido de Manuela, que se llamaba Juan de Dios Navarrete, procedía de familia conocida y con posibles. El segundo, el casado con Juana, era Zacarías Martínez y se decía que era el mejor, pues tenía otro aquel; y si bien no era hombre de dinero ni de estudios, como andaba bien de lectura, pluma y las cuatro reglas, y además sabía expresarse y presentarse, se codeaba con personas de principios y de carrera. Y el tercero, el que se casó con Isabel, llamado Lucas Ruiz, era un pinta, pero simpático y agradable, ya que no había chisme, chiste o historia local que no supiera, noticia o suceso que no conociera o negocillo en el que no interviniera para ganarse unas pesetas. Por todo ello, Sebastianica (como en el pueblo era conocida), solía siempre decir que si sus hijas eran buenas sus yernos eran mejores. Juan de Dios y Manuela tuvieron tres descendientes a los que bautizaron como Patrocinio, Raúl y Vanesa. El matrimonio se desenvolvió con el tiempo económicamente bien, ya que él,


-4ayudado por su padre, montó una buena labor y se hizo de un saneado capital a base de tierra de calma y olivas, principalmente en la parte de El Charquillo y Huerta Oliva. Zacarías hizo menos fortuna agrícola, pues él y su Juana se dedicaron al comercio, actividad ésta en la que tuvieron buen éxito y mejores beneficios. Todo empezó porque ella, viendo que su hombre en el campo trabajaba mucho y ganaba poco, empezó con el oro, o sea, venta de joyas a domicilio, y como aquello le dio buenos beneficios montó una tienda. Él se animó también, y extendió la actividad comercial familiar con un negocio de venta de abonos y fertilizantes que pronto se desenvolvió con éxito. La pareja tuvo dos hijos y dos hijas que eran Ana María, Oscar, Rubén y Nerea. Lucas, que al casarse con Isabel siguió algún tiempo trabajando en el campo, como por su carácter abierto tenía amigos por donde iba y le tomó el gusto al chalaneo, empezó interviniendo en tratos de compra venta de animales y se extendió luego a lo rústico y a lo urbano; pero como aquello marchaba, se preparó y obtuvo después el título de agente de la propiedad inmobiliaria. De los tres matrimonios ellos fueron los que más hijos tuvieron, pues nacieron cinco a los que pusieron los nombres de Carlos, Olga, Noelia, Alba y Efrén. A la primera de los nietos de Sebastianica le llamaron Patrocinio porque ese era el nombre de la abuela paterna, mas, a partir de esa hija y de la Ana María de Juana, se rompió la tradición, pues se siguió la nueva costumbre de poner los nombres que gustaran, que normalmente eran los que se oían en la radio, se veían en la tele o se leían en las revistas. Respecto a los estudios, todos los seguían con buenos resultados, ya en facultades y escuelas superiores, en el instituto o en el colegio. Patro estudió y terminó la carrera de ciencias químicas en Madrid, en donde vivió en casa de un hermano de su padre casado y sin hijos, y recién licenciada obtuvo una plaza de profesora interina en el instituto de Baeza. Sus hermanos Raúl y Vanesa los seguían también en casa del tío. Él cursaba tercero de ingeniero agrónomo, carrera que hacía con verdadera vocación, pues de su padre y de su abuelo había heredado la pasión por el campo y la agricultura. Y Vanesa, segundo de filosofía y letras. Respecto a los demás primos, los que cursaban estudios superiores eran Ana María y su hermano Oscar que estudiaban ambos farmacia en Granada; Olga, arte en la misma ciudad. Rubén y Carlos, derecho en Jaén, Y de los restantes, Nerea y Noelia estudiaban en el instituto San Juan de la Cruz, de Úbeda; y Alba y Efrén en el colegio San Ginés de la Jara, de Sabiote. III HOMBRES DE CAMPO El padre de Juan de Dios se llamaba Sisenando, y aunque casi todos sus ascendientes procedían de la Sierra de Segura, él nació en Sabiote. Era hombre tranquilo y moderado en su comportamiento y en el hablar, cosa que hacía con lentitud, pero de forma correcta y fluida. El ojito derecho del mismo era su nieto Raúl, pese a que cuando éste nació hubo problemas a causa de no haberle puesto su nombre. Un atardecer de verano acababan de juntar la parva en la era, tras trillar en ella con un rulo del que tiraba un par de mulas, y, aprovechando el aire que corría, aventaban y formaban un alargado y dorado pez de trigo. No eran ya tiempos de cosechar de esta forma, pues se había impuesto la maquinaria y, para este menester concreto, las cosechadoras, pero Raúl quería conocer los medios seguidos antiguamente para separar el grano de la espiga, y al abuelo no le fue difícil emplearlos para así dar gusto a su nieto, ya que conservaba antiguos aperos de labranza. Luego, tras la cena en el cortijo familiar, conocido por Prado Alto, Sisenando fue contestando pacientemente las preguntas que le hacía Raúl y exponiéndole los medios y formas en que se desenvolvió la vieja agricultura. -Mira nene, cada cosa tiene su época, pues hoy ni se puede ni interesa dar marcha atrás, pero eso sí, que nunca se me olvidará la agricultura de mis tiempos. Como veo que te interesa, yo te puedo hablar de la forma en que labrábamos y de los medios que utilizábamos. Respecto a la forma, hay cosas a las que no quisiera volver, por ejemplo, a la siega. Tú no sabes lo que era eso de estar a pleno sol durante días y días, segando con la hoz en tierras de La Solana y en otras calurosas cuerdas y más cuerdas, bebiendo en la botija de cuando en cuando un trago de agua (que naturalmente siempre


-5estaba caliente), y cubierto con un sombrero de paja, único medio de protección del sol. Aunque igualmente con este fin, y también para no pincharnos, nos poníamos camisa y pantalones, sujetos éstos en la parte baja por los peales y las correas de las abarcas. Después, con manojos y gavillas de la mies de la siega hacíamos los haces, que cargábamos en caballerías y llevábamos a las eras del pueblo o de los cortijos, en donde con muchos de ellos levantábamos la hacina; y la parte necesaria de la misma, una vez deshacinada y desparpajada, (o como aquí decimos, “esparpujá”), la extendíamos en el suelo de la era en forma de circulo, sobre el que, como esta tarde has podido ver,.luego pasaba el rulo triturando las espigas, -Abuelo, y para todo esto ¿qué medios, qué herramientas utilizabais? -El segador utilizaba la hoz, y como medida de precaución llevaba unos dediles de cuero para no cortarse. Colgado del cuello y delante del pecho usaba, también como protección, un mandil. Una vez segada la mies del quiñón se procedía a espigar, o sea, a coger con la mano las espigas que habían quedado, cosa que, por cuenta propia, realizaban preferentemente las mujeres. Y asimismo solían ser mujeres las que hacían el duro trabajo de arrancar las matas de los garbanzos con la mano. Por otra parte -prosiguió -, los mulos se aparejaban con albarda y jamugas, y, una vez en las eras la carga, se utilizaba tanto la horca para deshacerla y esparcir los haces, como la pala para aventar. Medios todos, como puedes observar, muy simples. -Y ahora -terminó el abuelo- dejemos esto, que ya es tarde. Otro día hablaremos de la recolección de la aceituna y de otras faenas agrícolas. IV TITULACIONES ACADÉMICAS Vanesa Pulido, tercera de los hijos de Juan de Dios y Manuela, y que como hemos dicho estudiaba en Madrid filosofía y letras, un día escribió a su amiga Ángeles de la Cruz, que era maestra en Sabiote, y le decía que para las clases prácticas de historia de la literatura necesitaba presentar un trabajo sobre “La evolución de las titulaciones académicas en los pequeños núcleos de población”. Le pedía por ello que viera la forma de recopilar el mayor número posible de las que existieran en Sabiote, así como que le enviara unas notas sobre todo ello. Ángeles le mandó algunos datos, pero hábilmente eludía el tema ya que le decía en la carta que para hacer el trabajo a su gusto lo mejor era que consultara con el cronista local Ismael López, con don Aniceto el cura, así como con su compañero el maestro Nicolás Reyes, buenos conocedores del mismo. A la vista de ello y de las conversaciones telefónicas que con los mismos mantuvo, pensó que interesaba dejar el estudio y las entrevistas para después de las vacaciones de Semana Santa, y así lo hizo. Pasadas las mismas, Vanesa pudo presentar en la cátedra el concienzudo trabajo que elaboró, y como a final de curso obtuvo en la asignatura la calificación de sobresaliente, ella atribuyó la brillante nota conseguida, más que a su trabajo, al alto número de titulados sabioteños. V LA ASOCIACIÓN Raúl, Ana María y Carlos, primos hermanos entre sí, fueron los impulsores para constituir una asociación que quedaría integrada por cuantos sabioteños hubieran seguido y terminado estudios de distinta naturaleza y obtenido un título de cualquier centro académico reconocido, o sea, desde el de graduado escolar hasta el de doctor. Pretendían con ello destacar la transformación operada en la sociedad local en un corto espacio de tiempo, pues mantenían que en 1940, por ejemplo, los titulados en el pueblo eran contados, así como que cincuenta años después el número de los mismos alcanzaba unas cifras sorprendentes. Puestos en contacto con otros paisanos y amigos a los que les agradó la idea, tuvieron algunas reuniones y, finalmente, decidieron convocar una junta que se celebró un día del mes de agosto en el cine de verano, y a la cual asistieron más de cien personas. Ocupó la presidencia y dirigió la sesión Juan Antonio Sánchez Prieto (hijo de Juan el de Juana la Morilla ), que ejercía como abogado en


-6Barcelona y que pasaba unos días de vacaciones en la casa de sus padres. Y en la misma mesa se sentaron también los tres primos dichos, junto a otros dos organizadores, que eran Salvador Páez y José Navarro. Cuando el presidente logró poner orden y que la gente dejara de abrazarse, de saludarse y de cambiar impresiones, dijo en voz alta y con gesto picaresco: -Señores, como veo que aquí hay mucho torreño, ubedeño, navero y villorro, sepan todos que tienen la puerta abierta si es que se cansan de oír hablar de Sabiote y de sus problemas. Rió la gente, y a continuación, ya en serio, se refirió a la satisfacción que para él ha supuesto la idea que motiva la junta, que no es otra que la de estudiar la conveniencia de constituir lo que a su juicio debe ser una asociación acogida a la vigente Ley de Asociaciones, la cual quedará integrada por las personas aptas que deseen pertenecer a la misma, y cuyos fines serán los que establecen los estatutos reguladores. A tal efecto -añadió-, deben aprobarse en este acto los mismos, hay que dar nombre a la entidad, elegirse una junta directiva y elevar todo ello al organismo competente para su definitiva ratificación. Se levantó entonces uno de los asistentes preguntando cual era el objeto concreto de tal asociación, y Juan, tomando un papel de la mesa, leyó: -“ La asociación tendrá por objeto integrar en su seno a cuantos titulados sabioteños e hijos de sabioteños lo deseen, a fin de que, teniendo a su pueblo como norte y guía, trabajen para destacar los valores del mismo, se conozcan entre si y se ayuden mutuamente”. -Lo procedente ahora es que manifestéis si estáis de acuerdo con lo expuesto. En caso de duda la votación se hará nominalmente. Entonces, como si oyeran una voz de mando, se levantaron de sus sillas todos los asistentes, muchos y muchas con lágrimas en los ojos, y aplaudieron fuerte y largamente, con lo cual no quedó duda alguna respecto a la aceptación del punto propuesto. -Bien, dijo Juan Antonio sonriendo, claramente se ve que todos estamos locos por Sabiote, de eso no hay duda. Ahora, siguiendo el programa tenemos que elegir el nombre de dicha asociación. Vosotros tenéis la palabra, porque a mí, así en principio, no se me ocurre ninguno. Hubo un momento de silencio, pero como nadie decía nada, se levantó Miguel Pérez, conocido por “Perecillo” a causa de su corta estatura, que era hombre prudente y modesto donde los haya, y el cual, con su característica voz pausada y tono bajo, dijo a Juan Antonio: -No se por qué preguntas lo del nombre cuando tú lo has dicho. -¿Yo?, dijo el otro extrañado. -Si, tú has dicho que estamos locos por Sabiote, pues que “Locos por Sabiote” sea el nombre que buscamos. De nuevo se reprodujeron los aplausos, se dieron vivas a Miguel por su feliz ocurrencia y se aprobó el nombre social y otros puntos del orden del día. Manifestó a continuación el abogado que debería ser elegida la junta directiva, así como que la misma actuaría con carácter provisional hasta obtener la debida aprobación. Y resaltó la conveniencia de que, por razones obvias, sus miembros residieran normalmente en Sabiote o bien vivieran cerca o pasaran en el mismo temporadas largas. Por ello se tomó el acuerdo de que con exclusión de dicho abogado que acreditó la imposibilidad de hacerlo, formaran la junta las restantes personas que se sentaban en la mesa, más otras dos que fueron propuestas por la concurrencia y que aceptaron los cargos. Una de estas personas fue Emilio Fernández, el veterinario, y la otra Adela Talavera, la hermana de Gaspar. Seguidamente, se eligió el cargo de presidente por elección entre los vocales, recayendo el mismo en Ana María Martínez Quesada, hija de Zacarías y de Juana y novia que fue de Emilio. Pasaron los días, y cuando la junta directiva celebró su primera reunión, poco antes de terminar la misma se presentó Vanesa con una carpeta en la mano diciendo: -Siento molestar, pero como uno de los fines de esta entidad es destacar los valores nuestro pueblo, he pensado que, para ello, nada mejor que publicar una revista. -¡Uf!, seamos moderados en esto de publicar ya la revista -contestó la presidenta-, no vayamos a querer abarcar más de lo que podemos hacer, pues, como dice el dicho, “quien mucho abarca poco aprieta”.


-7-Pues si puede hacerse, ¿para qué esperar?, intervino Emilio hablando bajo y mirando al suelo. -Hagámosla, dijeron muchos de los asistentes. -No quiero ser yo quien ponga inconvenientes para llevar a cabo una idea que en el fondo me gusta, pero ¿qué título le ponemos?, preguntó Ana María -Yo estaba pensando que sería buen título “El Coso”, dijo Adela. -Y yo creo que “El Chiringote” suena bien y es también un lugar muy sabioteño -añadió Raúl-, pero tengo mis dudas sobre si será apropiado. Y Miguel “Perecillo” intervino por segunda vez con su habitual parsimonia: -Pues si la asociación tiene un nombre que tanto nos gusta, ¿para qué buscar otro? Vamos a ponérselo también a la revista como título. -No se hable más, voceó uno. -Bien por Miguel, dijo otra. Y Ana María la presidenta sentenció: -No lo dudemos. Publiquemos la revista con el título propuesto por Miguel de “Locos por Sabiote”. Y ahora -añadió en tono festivo-, demos por finalizada la sesión, que como sigamos así nos van a faltar manos para hacer las muchas cosas que se os vayan ocurriendo, pese a los muchos locos que aquí estamos. VI AMORES Y AMORÍOS LOS DE GASPAR Y VANESA

En los días previos a la Navidad comenzaron a llegar a Sabiote los estudiantes, y entre ellos Vanesa Pulido, que ya cursaba tercer año de su carrera. Y como por aquellas fechas se preparaba la revista “Locos por Sabiote” con idea de que apareciera antes de año nuevo, conociendo los redactores el trabajo presentado en su facultad por Vanesa sobre titulaciones académicas de los sabioteños, le hablaron a fin de que preparara un artículo para ser publicado. Uno de dichos redactores era Gaspar Talavera, el economista, el cual como ya había sido admitido en la universidad de Harvard, tenía que incorporarse terminadas las vacaciones. Vanesa hizo ver a todos ellos la dificultad de publicar el estudio con los datos, cifras y situaciones personales que le eran requeridos, dado el poco espacio de tiempo de que disponía, razón por la cual pidió ayuda a los mismos. Pero el único que se ofreció fue Gaspar. Ambos trabajaron duramente en aquellos días navideños, y antes de fin de año apareció el número 1 de la revista “Locos por Sabiote” con el articulo de Vanesa. En el mismo se estudiaron las titulaciones académicas a partir de 1890, y si bien se demostraba que durante más de setenta años tenían poca variación, a partir de 1975, aproximadamente, crecían de forma ostensible y se disparaban en 1990. Y al iniciarse esta década se llegaba a la conclusión de que entre los titulados superiores y medios de los que se tenía referencia, había un total de 373, así repartidos: Doctores, 9; licenciados, 172; ingenieros superiores 16 y técnicos 15; arquitectos superiores 2 y técnicos 8; practicantes y enfermeras, 24; sacerdotes, 9; militares con graduación superior, 4; asistentes y graduados sociales, 5; profesores de EGB, 98, otros titulados, 11 Pasaron los días de vacaciones, días en que Gaspar y Vanesa habían mantenido una estrecha relación con motivo del trabajo sobre los titulados; relación que naturalmente extendieron al juntarse con otros amigos, tomar una copas e incluso bailar en la discoteca local. Por eso, cuando hubieron de separarse, a él le había desaparecido la ilusión de Harvard y a ella la de Madrid. Y es que, sencillamente, se habían enamorado. . LOS DE EMILIO Y ANA MARÍA

-¡Ana María!, dijo Emilio llamándola cuando caminaba por la calle de San Ginés, bajo la plaza de la Santa Cruz.


-8Ella, aunque no volvió la cabeza, redujo el paso, mas él, poniéndose a su lado, le dijo: -No se vivir en Sabiote sin estar junto a ti. Y cuando en estos días he intentado hablarte, ni me has mirado -Por lo que se ve, para que yo represente algo para ti tienes que estar en este pueblo, pues cuando estás fuera se acabó todo, contestó ella. -No es eso mujer, ya has visto lo que ha sido mi vida en estos últimos meses: terminar la carrera, hacer la mili... y ya sabes, me desenvuelvo con muy poco dinero, pues como en mi casa no lo hay me era casi imposible ir a Granada a verte, y estando en el ejército no me daban permiso. -Pero hay teléfono, hay cartas... -Te escribí, pero no me contestaste. -¡Que cosas!, tenía yo que contestarte a las dos cartas que me has escrito a lo largo de siete meses. -Tres cartas, rectificó él. -¿Tres? Bueno, la primera la recibí a los dos meses de despedirnos en Sabiote. La otra, tres meses después. Y la tercera que tú dices, no me llegó. Tal vez... se perdiera. -Perdona mujer, comprende todos mis problemas, pero yo soy el mismo de siempre. -Pues seamos amigos, porque la verdad es que lo nuestro nunca ha pasado de ser eso, una buena amistad. -¡Por Dios, Ana María! Ella, con lágrimas en los ojos, iba a volverse cuando oyó que los llamaban. Miró y, en efecto, ambos pudieron ver que a la altura de la ermita de San Ginés se aproximaban dos parejas. -Emilio y Ana María, ¡albricias!, exclamó uno que se adelantó corriendo. Vaya sorpresa; venimos andando en busca vuestra desde Torreperogil, nuestro pueblo, y mira qué pronto os hemos encontrado. -Hola Mario, le dijo ella tras besarlo en ambas mejillas. Luego se dirigió a Emilio diciendo: -Creo que os conocéis, Mario es mi compañero de curso, pero mejor estudiante que yo puesto que él ha terminado la carrera y a mi me ha quedado una asignatura para septiembre. -Bueno, la historia de la farmacia. ¿Y cómo no te va a quedar si no te has presentado?, dijo Mario. Cuando los otros llegaron Mario los presentó diciendo que Berta era su novia, y que sus acompañantes, Vicente y Carmen, estaban asimismo comprometidos. -Como no es caso de continuar paseando, ya que vendréis cansados, volvamos y en un bar cercano descansaréis y tomaremos algo, propuso Emilio. Así es que se sentaron en la puerta de “La Chispa”, y al poco tiempo departían todos en animada charla. -Vicente es profesor de Olga, la prima de Ana María, explica arte en la facultad de Granada y está interesado por el de Sabiote, dijo Carmen, su novia, en un inciso de la conversación que seguían. -La verdad -intervino él-, es que vengo casi siempre que estoy en la Torre y conozco bien vuestro pueblo y su recinto amurallado que, como sabéis, goza de la consideración de conjunto histórico artístico de carácter nacional. Pero dentro del mismo admiro el Albaicín por ser un barrio especialmente interesante. Pocos quedan ahora con sus características. Aunque os digo una cosa, y es que aunque todavía no se le presta a este tipo de viejo urbanismo la atención que merece, no pasará mucho tiempo sin que se proteja y destaque como es debido. -No creo que sepáis que acabamos de constituir una asociación para estos y otros fines locales. El nombre de la misma lo dice todo: “Locos por Sabiote”, aclaró Emilio. -Buen nombre y buen fin. Procuraré estar en relación con vosotros, terminó Vicente. Pero ahora, si os parece, ¿por qué no vamos al Albaicín y al castillo? .Así lo hicieron durante un tiempo, y después, cuando al anochecer los de la Torre partieron para su pueblo, Emilio y Ana María los despidieron en el punto donde la carretera del mismo se inicia; y al volver hacia el Santo ambos recordaban sin hablar los muchos momentos de felicidad que habían tenido paseando por estos lugares. Luego, él cogió la mano de ella con ligera oposición por su parte, pero antes de llegar a la ermita se dieron un beso.


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LA ASOCIACIÓN LOCOS POR SABIOTE