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El 20 de julio de 1964 nací yo, Marc Brown, un pequeño chico estadounidense que no sabía todo lo interesante que iba a descubrir. Desde que tuve tan solo dos meses, mi padre me sacaba al jardín antes de irnos a la cama y me enseñaba todo lo que sabía y amaba del espacio. Yo he pensado siempre que hacía eso porque se entendía conmigo y yo con él. El caso es que me enseñó a orientarme por las estrellas, me enseñó los planetas y sus curiosidades, y así siguió sin ningún comentario en contra por mi parte, ya que me fascinaba todo eso. Me encantaba ver el cielo estrellado y decirle los nombres de las constelaciones que veía a mi padre, que sonreía orgulloso de mis conocimientos y mi interés sobre el espacio. ******** -

¡Qué nervios, papá!- le dije a mi padre la mañana de mi primer día de clase.

-

Tranquilo, mi astronauta,- que era como él me llamaba- te lo pasarás genial, y además, si le enseñas a tu maestra o a tu maestro lo que te he enseñado sobre el espacio…

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¡Seré su ojito derecho!- terminé yo la frase.

Nos abrazamos entre risas y me ayudó a vestirme. Cómo me gustaba esa risa y esa mirada orgullosa que me inspiraba seguridad…

-

Hola, cariño, toma tu merienda, tienes una sorpresita… - me dijo mi madre con una sonrisa pícara, mientras me entregaba una fiambrera nueva decorada con cohetes. Yo, picado por la curiosidad, la abrí y me sorprendí tanto con lo que había en el interior, que no sé cómo no se me salieron los ojos de las órbitas: ¡me había puesto de merienda galletas en forma de asteroides, cohetes y estrellas!

-

¡Mira, papá! ¡Gracias, mamá!- dije con mucha ilusión. Pero ya era tarde, tenía que irme ya, ¡qué bien!

Mi padre y yo hablamos de todo lo que iba a hacer en clase mientras cruzábamos la plaza de Madison Square. Pero de repente, nos paramos en seco frente a la puerta del colegio, nos miramos, nos despedimos y nos dimos un abrazo “astronáutico”. Cuando entré en el colegio, me quedé boquiabierto: ¡había un montón de colores! Pero entonces: -

¡Hola, peque!- la dulce voz de una mujer joven me lleva de vuelta al mundo real.

-

Hola…-dije tímidamente. 1


-

¿Cómo te llamas? Yo soy Katy.- Se presentó amablemente.

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Me llamo Marc.

-

¡Qué nombre más chulo! Marc, ¿tú sabes cómo funcionan las cosas aquí?

Yo negué con la cabeza. -

Te lo explicaré; aquí cada uno va a una clase según lo que más le gusta o ama en esta vida.

-

¡Qué guay! ¡A mí me encanta el espacio! Lo amo.

-

Pues entonces… ¡Te vienes conmigo!

Nos reímos y Katy me condujo a la que sería mi nueva clase. Todo estaba decorado como en el espacio y ¡había un montón de chicos y chicas con caras superamables! Pero no me quedé más tiempo de pie, contemplándolo todo. En ese momento la señorita Katy me señaló una silla y me dijo que me sentara allí. Las mesas eran redondas, y en cada una se sentaban cuatro personas. Yo me senté con una sonrisa al lado de una chica pelirroja, de un chico moreno y de un chico negro de piel. -

¡Atención, chicos!- dijo Katy para llamar nuestra atención.- ¿Estáis preparados para empezar una gran aventura espacial? Porque eso es lo que vamos a hacer en el cole. Como ya sabéis, me llamo Katy, y ahora, para empezar bien el curso, vamos a decir qué planeta nos gusta más.

Mucha gente dijo Venus, porque es muy grande, otros dijeron Marte, por los extraterrestre… pero yo me limité a decir Neptuno, por su nombre, que me encanta y me hace cosquillas en la garganta cuando lo digo. Katy se asombró mucho con esa respuesta, y yo me reí, porque seguro que papá se alegraría de que hubiera sido yo mismo. ¡Riiiiiiiiinggg! Un sonido ensordecedor me obliga a taparme los oídos, pero entonces, hago memoria de lo que me dijo papá y, entre risas, me doy cuenta de que es el timbre del recreo. Cuando, como iba diciendo, me di cuenta de que lo que había sonado era el timbre del recreo, una avalancha de niños se dirige a la puerta gritando como salvajes. -

¡Jajaja!- se rió la señorita Katy al ver mi cara de preocupación.- Parecen salvajes ¿verdad?

Yo asentí lentamente con la cabeza, recuperando de nuevo la sonrisa. ******** 2


El recreo se “realizaba” en un jardín muy grande y muy verde que había en la parte de atrás de la escuela. Yo no pude evitarlo y me quedé otra vez fantaseando en la verde hierba. -

¡Hola! Soy Emma ¿y tú?- me dijo de repente y sin ningún aviso la chica pelirroja que se sentaba a mi lado.

-

¿Eh? Ah, vale… Soy Marc.- Le respondí.

-

Encantada, Marc. Estos son Chris y Albert.

Enseguida nos pusimos a jugar y a reír un montón, hasta que… -

¡Chicos adentro, a clase!- un grito de la señorita Katy nos chafa la fiesta y nos obliga a entrar a regañadientes en clase. ********

Cuando entramos de nuevo en clase, Katy nos manda sentarnos y nos pregunta: -

¿Tenéis algún sueño relacionado con el espacio?

Todos respondieron ser astronautas, todos, excepto yo. Yo respondí: -

Viajar a la Luna.

Se oyó a alguien decir que era imposible, pero no hubo tiempo de discutirlo. ¡En ese momento sonó el timbre de salida! -

¡Papá, papá!- dije al reconocer a mi padre en la puerta del colegio.

-

¡Hola, astronauta! ¿Qué tal todo?

-

¡Muy bien, papá! Mi señorita Katy me ha enseñado que mi amor en esta vida es el espacio y todo lo relacionado con eso.

-

¡Hala, qué bien! ¿Pero no lo sabías hasta ahora?- dijo mi padre mientras nos dirigíamos a casa.

Y seguimos hablando, así de animados, hasta llegar a casa, donde le conté todo lo que había hecho a mamá. ******** A la hora de comer también lo pasé genial, ¡mamá había hecho mi plato favorito! 3


Es la mejor. Ella sabe cómo hacer de un día algo especial. Mientras comíamos, además, papá me contó que esa noche tenía una sorpresa para nuestra hora de ver las estrellas. ¡Aaaaaah! ¡Qué coraje me da que papá me deje con intriga cuando se trata de nuestra hora de ver las estrellas! Pero a él, en cambio, le encanta verme enfadarme. ******** El resto del día también transcurrió muy bien. Por la tarde, mientras papá y mamá dormían la siesta, yo dibujé un cohete en un folio, lo coloreé con mis colores favoritos, lo recorté y busqué una cartulina. Al cabo de cinco minutos, encontré una amarilla en un cajón de la cocina, la cogí y pegué el cohete allí. ¡Qué bonito quedó! Pero tuve que esperar quince largos minutos a que papá y mamá se despertaran y alguno de los dos me diera hilo para pegarlo en mi habitación, y es que en veinte minutos te da tiempo de sobra para pensar en hacer cambios en tu habitación. Cuando por fin se despertaron, les enseñé lo que había hecho: -

¡Qué bonito, cariño!- dijo mamá, como si estuviera sorprendida de que supiera colorear.

-

Además de inteligente, bueno y soñador, artista. ¡Este niños es un prodigio!- dijo por su parte papá, cogiéndome en sus brazos y envolviéndome en cosquillas y besos. ********

-

¡Mamá, mamá, es mi hora de la tele!- dije a mamá al ver que el reloj marcaba las ocho.

-

Vale, hay que ver lo bien que te acuerdas… - dijo mamá mientras me cedía el mando de la tele.

Yo reí pícaro y di un salto al sofá listo para ver los dibujitos animados. Mamá siempre me deja ver la tele mientras ella hace la cena y papá lee sus libros favoritos. ******** -

¡Hora de cenar, chicos!- dijo mi madre a las ocho y media. Sí, solo veo media hora de dibujos animados al día, pero ¿para qué más?

-

Vamos, papá. Nos ha llamado mamá.- Dije al ver que mi padre no se movía. Pero enseguida se levantó, ¿en qué estaría pensando?

-

Ummmm…¡Que aproveche!- dije al ver a deliciosa comida que tenía ante mí. 4


Me lo comí de buena gana, pero si prisa ¡no quería atragantarme por nada del mundo! Cuando estaba terminando el postre especial de los miércoles, papá me dijo: -

Venga, Marc, antes de que se marche la sorpresa.

Yo no tenía ni remota idea de lo que era “la sorpresa”, pero me levanté sin preguntar y seguí a papá. Cuando estuvimos en el jardín, papá se sentó en el césped y yo lo hice igual. ¿Qué querría? Papá me dijo con un gesto que guardara silencio y mirara al cielo estrellado. En ese momento, mis ojos ven algo que seguramente no volverán a ver: ¡Una lluvia de meteoritos! Mi padre y yo estamos igual de asombrados. Bueno, él un poco menos, yo estoy boquiabierto porque no sabía que iba a pasar eso, él, asombrado por la imagen supongo, pero riendo porque era como él lo había imaginado. Cuando aquel fantástico espectáculo acabó, abracé a papá y miré de nuevo al cielo como si fuera a ocurrir otra vez ese maravilloso espectáculo, aunque yo sabía perfectamente que no lo vería hasta mucho tiempo. -

Precioso… - dije con un hilo de voz que apenas se escuchaba.

De la lluvia de estrellas ya hace más de un año. Ahora tengo cinco años y no sé el increíble gira que va a dar mi visión del espacio y la humanidad en completo. Me lo estoy pasando genial en el cole. Emma, Albert y Chris se han convertido en los que serán mis mejores amigos “forever”. Katy me ha enseñado a creer en mí mismo y a no olvidarme de quién soy, ¡y eso a la gente le suele costar mucho! Papá y yo hemos seguido viendo las estrellas juntos, y mi cuarto cada vez parece más un sistema solar. Pero, desgraciadamente, lo bueno dura poco, y ha acabado el curso. Al igual que el anterior curso, me despedí muy triste de mis amigos, pero con ganas de vacaciones. 5


******** -

¡Corre, Marc, pon el telediario!- me sorprendió papá el día 16 de julio de 1969.

Yo obedecí rápido, porque si papá no me llamaba astronauta, algo importante era… -

“ A las 10:32 del día de hoy, tres astronautas americanos han sido enviados a la Luna. Han oído bien, a la Luna. Se dice que llegarán más o menos el día 20 de este mes, y será grabado y enmarcado en el álbum de fotos de la vida. Y ahora, pasemos a los deportes…”

¡No me podía creer lo que acababa de decir el presentador! ¡Un hombre iba a cumplir mi sueño! ¡Y el día de mi cumpleaños! Papá y yo nos miramos atónitos, no sabíamos qué hacer, yo, sin apenas pensar, me dirigí como un rayo a la cocina y se lo conté todo a mamá. -

¡Hala, qué sorpresa! Es como tu regalo de cumpleaños.- me dijo también muy sorprendida.

-

Aaaaaaah… Mi regalo sería ir a la Luna yo mismo… - suspiré soñador, pensando en aventuras astronáuticas que prometí vivir. ********

Al día siguiente me desperté más tarde de lo normal, ¡pero es que no había colegio! Qué iba a hacer si no. Cuando eran las doce, mamá entró en mi habitación sigilosamente, se acercó a mí y me susurró al oído que íbamos a salir a dar un paseo, que me despertara ya. Yo, a duras penas pero con ayuda de mamá, me desperecé y me puse mi ropa favorita: Una camiseta estrellada y unos vaqueros rojos. Aún un poco dormido, desayuné y me puse el abrigo para salir. Papá se dio cuenta de mi sueño, y el muy granuja me puso el despertador en la oreja y lo hizo sonar, ¡qué pronto me desperté! ********

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El paseo fue genial; fuimos al zoológico del Bronx, al Central Park y a Madison Square. Papá me compró un helado de chocolate, en Central Park me encontré con Chris y jugamos juntos, y además, en el zoo le di de comer a un oso. ¡Un día increíble! ******** Al día siguiente, 19 de julio… Me levanté un poco hiperactivo porque al día siguiente pasaban cosas interesantísimas y chulas. ¡Al día siguiente era mi cumple y seguramente el hombre tocaría la Luna por primera vez! Papá y mamá que me conocían muy bien, ser reían al ver mis esfuerzos para no parecer emocionado. Papá y yo jugamos al béisbol en el jardín y después, merendé la mejor merienda del mundo. A la hora de ver las estrellas papá me cogió en brazos e hizo algo que llevaba tiempo sin hacer, ¡me enseñó más cosas del espacio! Me dijo que la Luna era un trozo de la Tierra, que las mareas subían o bajaban gracias a ella… ******** ¡Pummm! El día 20 así de bruscamente abrí los ojos. ¡Era mi cumpleaños! Bajé rápidamente las escaleras y llegué a la cocina, donde me esperaban los abrazos de mamá y papá. Mamá sacó como por arte de magia, una enorme caja envuelta en papel de regalo, papá sacó, en cambio, una más pequeña, que a ojo parecía un libro. Mamá me invitó a abrir los regalos y yo acepté encantado. Primero abrí el de papá: -

¡Un libro de astronomía!- dije asombrado. -¡Gracias, papá, me encanta!

Papá me dio un gran abrazo y me dijo el típico “de nada”. Me abalancé a por el otro regalo y esta vez no me quedé sin respiración de milagro: -

¡Un telescopio! ¡Un telescopio!- chillé mientras saltaba de felicidad, ¡no me lo podía creer!¡Gracias, mamá! ¡Mira, papá! 7


******** Ese fue uno de mis mejores cumpleaños, pero cuando aún estaba frente a la tele, sentado en el cómodo sofá, seguía temblando de emoción, ¿llegarían hoy los astronautas a la Luna? Me preguntaba una y otra vez… -

Y ahora una noticia de última hora: hoy han llegado por fin, tras un largo viaje, tres americanos astronautas a la Luna.- dijo el presentador, mientras yo quedaba absorto en la televisión, muy ocupado intentando enterarme perfectamente de lo que decía- Aquí tenemos las imágenes.

Entonces, en la pantalla salió un hombre con su ancho traje de astronauta tocando la Luna con sus propios pies, y poniendo en su mágico suelo la bandera de Estados Unidos… ******** De eso ha pasado ya, desgraciada o afortunadamente, muchos años. Mi padre me siguió llamando “astronauta” hasta sus últimas horas, sin que yo se lo negara. Yo estudié astronomía en una buena universidad, en una buena universidad en la que conocí a Ellen, una gran amiga que se convirtió en mi novia y que poco después, fue mi mujer. Juntos tuvimos dos gemelos preciosos e inteligentes que se convirtieron en mis astronautas… En resumen, han pasado muchas cosas desde ese mes de julio… Pero algo que nunca cambió fue mi amor por el espacio, que siempre estuvo en mi corazón sin yo poder remediarlo. Seguro que a vosotros os pasará lo mismo, a todas las personas humanas les pasará, estoy seguro. Así que, chicos, aunque no cumplí mi sueño, no renuncié a él. Os quiero decir que vosotros hagáis lo mismo, porque así, al menos podréis decir con orgullo: “Mi sueño es este, y siempre lo será”.

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La luna katy jones