Page 23

donde debería estar la boca y abriendo grandes los ojos, con las pupilas dilatadas y una vena palpitando en la sien le exigió: —Mamita, protéjame. Mátelo antes de que él mate a mi crío. ¡Cuídeme, madre querida, que para eso me parió y juró ser mi ángel de la guarda! —y sacudiendo la calavera, mientras los gusanos y los escarabajos caían resbalosos por los brazos, gritó: —Haga algo, madrecita, hágalo ya, la hija que su cuerpo parió se lo exige. Un ruido en el comedor lo despertó. —¿De donde vienes, puta? —preguntó levantando su humanidad de casi dos metros y dirigiéndose por el corredor. Se detuvo en seco cuando encontró una persona encorvada, cubierta por unos harapos, parada en mitad del comedor. No se atrevió a preguntar, su instinto de bestia cobarde le advertía que algo extraño y terrible estaba por suceder. Retrocedió un paso, aquello se acercó otro. Dos brazos esqueléticos surgieron por entre las ropas elevando el hedor a podrido por doquier. Con las manos temblorosas y los dedos carcomidos se sacó la manta que le cobijaba la cabeza dejando al descubierto un rostro deteriorado, ajado, que parecía sostenerse a duras penas con pequeños colgajos de piel. La visión era inhumana y el olor demencialmente ubicuo, pero la reconoció en segundos. —No te le acerques —le advirtió con voz gutural, mientras la mandíbula amenazaba con desprenderse por el peso de los gusanos que caían a borbotones con cada palabra pronunciada. —¡No te le acerques! —gritó y abriendo los brazos en cruz le dejó ver un pecho cubierto por un atávico abanico de horrores que lo cubrieron de pies a cabeza sin dejarlo siquiera emitir un último grito. Cuando su mujer llegó, sólo tuvo que hacer unos llamados y la casa pronto estuvo llena de curiosos, una ambulancia, enfermeros, algunos policías. Se sentó tranquila a responder preguntas, recibir pésames y escuchar lamentos por la pérdida del hombre. Por ratos se acariciaba el vientre. Cuando por fin quedó sola en el hogar se sentó frente al calor de la estufa y mientras le cantaba un arrorró, acariciaba la calavera putrefacta que se había traído consigo. La soledad se escondía mentalmente insana. Respiró aliviada. Un gusano

23

PENUMBRIA - TRES  

Antología de cuentos breves fantásticos.

Read more
Read more
Similar to
Popular now
Just for you