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el silencio consumió los establos. Se ahogaron en su propia sangre. Y así fue cómo la avaricia que escondían los habitantes llevó al bello y dichoso San Arcadio a ser un monumento a la agonía y la penumbra. Quienes tienen la desdicha de toparse con las ruinas de este pueblo maldito, relatan haber escuchado cientos de voces gritando con atroz pena y sufrimiento, acompañadas de los sonidos que emiten las vacas, cerdos, ovejas, caballos y demás animales al estar aterrados. Asimismo, juran haber sentido el calor de un fuego infernal extendiéndose a su alrededor. De “el extraño” nunca volvió a saberse nada. Algunos cuentan que aún sigue allí, en San Arcadio, esperando el día en el que vuelva a ser habitado para así repetir su obra. Otros más afirman que vaga por el mundo, recorriendo pueblo tras pueblo, haciendo tratos con personas dispuestas a cumplir toda clase de atrocidades para saciar su ambición.

La bruja del río J.P. Medina México Dicen algunos habitantes de Las Ánimas, Jalisco, que la muchachita Rosario se cayó al río por accidente durante la tormenta. Que tal vez no vio donde pisaba y que el lodazal estaba de por sí muy resbaloso. A todo esto… ¿A quién se le ocurre salir a esa hora y con ese tiempo? Dicen ellos y dicen mucho. Es lo que callan lo que más les preocupa, porque saben que la muerte de Rosario no fue ningún accidente. Cuando realmente importa resulta que nadie recuerda quién fue el primero en acusarla. Ninguno apunta directamente, tal vez para no convertir el asunto en un pandemonio, pero sí murmuran. Como el siseo de una serpiente que se esconde entre los arbustos. Lo curioso es que ninguno lo desmintió. Posiblemente porque era más fácil culparla a ella que a su propio infortunio; a la falta de responsabilidad. Doña Berta, por ejemplo, si

PENUMBRIA 40  

Antología de leyendas de terror.

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Antología de leyendas de terror.

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