Page 11

primer atisbo de su naturaleza, gracias a los maiceros, pues son ellos quienes traen el maíz desde el fondo de la tierra. Lo hacen subir a las matas, lo hacen brotar en la hoja, y la mazorca se llena de sus dulces granos amarillos o de colores. Pero, como en todo regalo, siempre hay otro lado además del brillante. El lado oculto de los maiceros debe temerse; no hay forma de controlarlos, porque así como ellos dan, también quitan. Por eso es que en el pueblo, en todos los pueblos que saben de ellos, cuando la cosecha está por comenzar, antes de que los tallos sean apartados de la tierra, suenan las campanas de septiembre, avisando a todos de su presencia. Se ven en los maizales, haciendo círculos mientras bailan. Y cuando eso pasa todos saben que deben alejarse, que está prohibido presenciar su baile. Nadie los ve de frente, es peligroso, mortal. Las nubes sobre los campos se hacen gigantescas, negras, moradas y verdes, y los rayos caen con forma de matas de maíz. Se despliegan sobre la tierra y la gente ve el fuego sobre sus campos, allanándolo todo. Nada se hace, porque los fuegos se apagan pronto. No son fuegos naturales, son ellos. Cuando han bajado danzan sobre la tierra, alimentan el grano y le dan su dulzor con el aire que provocan sus cuerpos al rozar las matas. Ellos nos llaman con sus potentes voces para que vayamos y hagamos nuestra parte. Si ellos nos alimentan, nosotros debemos alimentarlos también. Los que quedan parados lloran a los suyos frente al fuego. Cuando al fin la víspera de noviembre ha llegado, los maiceros dejan de bailar y vuelven por donde han venido. Los fuegos se apagan y en la tierra quedan sus huellas y nuestra sangre. Después de unos días, según dicen, algún desafortunado encuentra un retoño abandonado, cobijado apenas con las hojas del maíz, el totomochtli. Esos retoños crecen en el pueblo, son alimentados por una familia que los cuida y educa. Y cuando crecen cuentan historias, para que nunca se olvide la estirpe de los maiceros. Una vez terminadas las historias, dejan las palabras y salen al campo para danzar otra vez en los campos de maíz.

PENUMBRIA 40  

Antología de leyendas de terror.

PENUMBRIA 40  

Antología de leyendas de terror.

Advertisement