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Tus Nรกufragos, Chile (1994)

Ulises Varsovia


Tus Naúfrago, 2011 ® Varsovia, Ulises Foto de portada- Envíada por el autor Edición general- El Gato sin Botas Esta obra está protegida por licencia Creative Commons. Su distribución y difusión está permitida citando la fuente, así mismo, su comercialización sólo es posible bajo autorización autorial o editorial.

Pelagatos no.ediciones/pela.gatosygatas@gmail.com


Tus NaĂşfragos


A ti, Chile

A la magnitud del agua sin fin desbordada contra una línea herida de sal y agresiones; a la áspera noche de los campos hirsutos donde susurro y suspenso, vuelo de raudos élitros, gemidos; a la paz fría y azul de los lagos del sur de la tierra, puro silencio de hielos vertidos, atávica mudez de nieves austeras; al derrame de tus linfas pétreas desde la altura estelar impoluta, trémulas venas de apretada luz sobre una cintura rubia derramada; a tu extensión calcárea bruñida de sol y pujantes minerales, a tu salobre soledad ceñida de mar y granito; a tu regazo de piadosas ubres, madre tribal, congregadora, tú, delgado hogar conmovido por el exilio de tus hijos ciegos.


A ti como al trigo y al agua, a ti como al aire y al fuego, a tu dimensión sonora prorrumpida, a tu melena verde desgreñada, a tus resistencias de araucaria y cactus, de castaños y vientos erizados, a tu cólera de fiera herida, a tu estrepitoso invierno austral, a ti, patria atroz, madre, telúrica estampida planetaria, indómita grey, ruda progenie, acerbo grito de roncas gargantas, a a a a

ti ti ti ti

mi sangre estremecida, mi corazón como la noche, mis huesos de tu cal marina, mis sueños de obscura congoja,

a a a a

ti ti ti ti

mi voz de tus hebras nocturnas, mi frente de tu piedra erguida, mi soledad de tu largo silencio, mi amor de tus amplios racimos,

a ti lo que emerge de mi ser en trance, estando en ti, y teniéndote tan lejos, amándote hasta el fondo de tu ser abrupto, latiendo en ti como un planeta errante.


Chiloé Escribo sobre una costa hirsuta que las coordenadas de sal procelosa y abismal desvarío de iras terrestres dispusieron como un perfil corroído, donde mar y granito, asalto y resistencia señalan el pulso de la geografía. Nadie estuvo allí cuando las lenguas glaciales lamieron su amenaza atroz quebrantando la pétrea cintura hasta descontrolar el orden del planeta. Los hielos milenarios congregados descoyuntaron la piedra con su peso sideral desmembrando granito y sílex, roca abismal, materias que el roce del agua guerrera aplacó y redujo a frontera de polémico embate. Un archipiélago entonces, un mar interrumpida de islas inscribió su ser disperso en la geografía, y el viento austral indagó sus latitudes, y la lluvia elevó bosques de impenetrables perfumes. Pueblos cuya prosapia aúlla sus huesos extintos en el confín de los ventisqueros inalcanzables, pueblos que las tormentas finales dotaron de acérrimo aguante y largas fatigas, anclaron su errar ciego al pie de la niebla, y allí entonces bullicio y alfarería, arduo trajín de embarcaciones y peces, arquitectura olorosa a vuelo y resinas, comunidad de rostros como el océano.


Los hijos de la rutas salobres clavaron sus aldeas de escamas resinosas en la encrucijada de los húmedos vientos, y surcaron la tierra con sus manos agrietadas haciendo saltar tubérculos, bulbos fibrosos, amasijos de luz oval, pulpa lustrosa, granos que el sol doró de rojos destellos. Ahora recorro los pueblos de pulso bullente, los puertos que el mar polemiza, en la orilla, interrogo los rostros donde el océano ondea, piso los fríos guijarros que el agua lame, gastando, entro en las iglesias como en un bosque dormido, palpo la ruda piel de la artesanía, y todo me devuelve en un delgado temblor a la edad sepulta, a la niebla virgen, a la lluvia primaria mojando las islas, al vagar de los pueblos por las rutas salobres. Amo, Chiloé, tu torrencial geografía disgregada en la espuma destellante, tu arquitectura que la madera abraza como una madre silvestre sublimada, tu pueblo auroral de mágicos dedos, tus iglesias donde penetro temblando y rezo transido de aromas terrestres, tu mar procelosa erizada de olas y peces y estrellas, tu mar que guarda como rituales ofrendas los huesos de los pescadores muertos, la cal de tus hijos devueltos al útero sacro.


El bosque de Petrohué

A la raíz ciega del tiempo apela mi estupefacto asombro, mi encandilado ser sobrecogido en el pétreo perfume de un bosque cuyas hebras sumergen sus ligamentos en la remota aurora de erupciones y saurios. De aquella edad, cuando el hielo imperial duró permaneciendo, o amontonó morrenas socavando la roca, hundiendo el granito, delineando el áspero perfil de los lagos, de aquel tiempo de horario de piedras cuando el grito gutural estremecía el aire, y el fuego vaginal redujo el sílex a caldos de proteicos zumos, de minerales brebajes, de allí se desprendió la prímola selvácea, el primer brote de voluntad vegetal, la raíz de este bosque de penetrantes substancias. Toco la madera de estirpe imperial, acaricio el musgo de diminutos estambres que el paso felino del puma austral o las alas de aves guerreras rozaron, palpo la fibra de sutiles conductos, sus filamentos de seda o luz material que la savia erigió de minerales disueltos. Estoy solo en la espesa selva rodeado de estalactitas silvestres, ebrio de incontenibles emanaciones brotando de la misma vertiente del tiempo, apoderándose de mis sentidos hasta anularlos.


Ahora acerco mi oído a la piel rugosa donde lluvia, frío y silencio porfiaron, conecto mi interior al sacro misterio de las emanaciones de limo institutriz y desbordantes hidratos gestarios, pego mi ansiedad de siglos vegetales a la cáscara húmeda de ungüentos terrestres, y un temblor de élitros truncos, un murmullo de coleópteros muertos sin fin transcurriendo, un derrame de lluvias genitales late en la madera y me devuelve el tiempo. Mudo centinela de las edades muertas, oh tú, viejo guardián de la senda del trueno, en ti transcurso y floraciones duran y se repiten, girando, en ti el águila terciaria anidó, y tus ramas sostuvieron nieve y granizo, y lidiaron con el rayo de filo incendiario. Mi estupefacto ser en ti para siempre, mis dedos de sed iracunda en tu copa, mi voz sigilosa en tus ramas como la brisa, mi oído en tu corteza recuperando milenios, mi ansiedad de zumos terrestres a tus raíces, mi sueño vegetal a tu largo sueño, padre.


En Laguna Verde (Ensenada)

En Laguna Verde el agua, Claire, el agua luz glauca de estrellas caídas, o esmeraldas de su sueño mineral súbitamente arrancadas y a volumen de núbiles linfas vertidas. Miles de años trabajó aquí un demiurgo de mágicos dedos reduciendo ónix sideral, turquesas de centelleante piel, telúrica amatista de claras pupilas a reunión de microscópicos cristales por la luz enhebrados. Como en un rito de iniciación mineral entro al agua, me hundo en los sacros secretos de la geología. Es la primavera de la piedra, Claire, es un bullir de efímeras formas buscando su actitud final, su perfil y color definitivos. Ando entre materias errantes cuyo destino no nace aún, sumidas en el transcurso ciego. Si me muriera ahora, Claire, si mi ser animal apagara los vínculos, me recibiría el agua en su dimensión de luz astral caída. Y ya no volverían mis pasos por la tierra, ya no existiría mi volumen de substancias extraviadas, ya no rastrear mis huellas por el tiempo, sólido mi ser final en el agua glauca.


El fantasma de Isla Negra

En Isla Negra el mar, su embate de espuma rizada, su reclamo en olas, sus gritos, su vaho salobre arrojado contra un puñado de casas calladas, silenciosas como muertas. Nadie por las calles solas, por las calles que el mar fragoroso llena de húmedos ruidos, sepulta con su peso insostenible, hace retumbar con su estallido. Pueblo litoral, mágico poblado donde tus náufragos, Chile, tus hijos ciegos en el exilio, donde los sueños de tus poetas desvarían tactando el vacío, como sonámbulos de otro mundo. ¿De dónde viene la voz, de dónde la lluvia del sur que canta aquí su quejumbre, su atroz poesía de sueños muertos? No sólo el mar sus sonidos, no sólo el trueno quebrado de sus olas desbordadas: ¿de dónde la voz, madre, delgada patria, de dónde la lluvia austral, su gorjeo, su reclamo gutural insistiendo?


No mientan las calles solas, no mienta el mar con sus ruidos, no mientan las casas dormidas: una voz espesa canta, una voz de violas rotas, la lluvia del sur aquĂ­ anclada.


Por el río Calle-Calle Por el río Calle-Calle fluyen hacia le mar los lagos, fluyen las nieves de las cumbres celestes, fluyen los pumas de centelleantes pupilas, fluyen indios y volcanes. El Calle-Calle cruza los campos cantando, cruza los bosques inhalando aromas, corre hacia el mar con su tesoro silvestre. Por Valdivia van sus aguas antiguas, por Valdivia con desgarrados copihues, con piñones y avellanas, con gritos de los poblados por el hierro estremecidos. A Valdivia como si no hubieran muerto, a Valdivia como si aún estuvieran: enramadas de barro y coligües, diademas de entretejidas fibras salvajes, mazas que el peumo tributó a su progenie. Por Valdivia el Calle-Calle suena los viejos nombres dormidos, nombres como truenos de atroces fonemas, nombres torrenciales de la Araucanía. A Valdivia ha llegado el rayo, a Valdivia metálicos centauros: el Calle-Calle fluye sus rostros, su galope sordo, sus barbas crispadas. Toda una eternidad cruzará esta tierra, nuevos cataclismos sepultarán las rucas: el avellano no olvida a sus hijos sepultos, el Calle-Calle a sus héroes muertos. Por estas aguas nuevamente sus gritos, por este río eternamente Arauco.


Ulises Varsovia Nací el 2 de julio de 1949 en Valparaíso, cuyo mar y sus tempestades marcaron definitivamente mi persona y mi poesía. Estudié varias asignaturas humanísticas, y trabajé en tres universidades, tanto en historia como en historia del arte, al mismo tiempo que escribía poesía. En 1985 salí a doctorarme a Alemania, y como mi mujer es suiza, pude trabajar y quedar-me en San Gallen, ciudad en cuya universidad hago un par de lecciones. He publicado 28 títulos de poesía, cinco de ellos en Chile, y tres dedicados a Valparaíso, el último: Hermanía: La Hermandad de la Orilla, en Apostrophes de Santiago (www.apos.cl). El libro más antiguo que he publicado es Jinetes Nocturnos, de 1974, pero tengo otros inéditos más antiguos. En 1972 publiqué un cuadernillo, Sueños de Amor, que circuló sólo entre amigos. Me han publicado más de 70 revistas de literatura de todo el mundo, en varios idiomas, y repetidas veces, y estoy en numerosas páginas web. En agosto del año 2006 salió a la luz en Sevilla, España, mi libro de poemas Anunciación. Ángeles y Espadas, publicado por la Asociación Cultural Myr-tos. Esta misma entidad acaba de publicar mi Antología Esencial y Otros Poe- mas (1974-2005), que incluye dos poemas de cada poemario publicado, es decir, 52 poemas "esenciales", y tres poemas de 12 libros inéditos, lo que hace un total de 88 poemas. Lo último mío aparecido es Vientos de Letras, también antológi-co, en colaboración con el poeta andaluz Alexis R. , editado por Myrtos. De los 28 poemarios publicados, sobresalen Jinetes Nocturnos, de 1974/75 , Tus náufragos, Chile, de 1993, Capitanía del Viento , de 1994 , El Transeúnte de Barcelona , de 1997, Madre Oceánica, Valparaíso, de 1999 , Mega-lítica, de 2000, Ebriedad , de 2003, y la Antología Esencial. http://ulisesvarsovia.tripod.com



Tus Náufragos