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Revista Literaria

Revista Literaria

Voces de Hoy Noviembre * Diciembre

Gabriela Mistral …Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana cerrada a cuanto no somos nosotros. Se van mis gestos, que se devanaban, En lanzaderas, delante tus ojos… *** Opiniones sobre la Revista: "Me parece una publicación excelente y muy inteligente"

José Marcos, Periodista, Director de Prensa Española Ciudad de Mar del Plata. “Premio Caduceo 2008 a Comunicadores y Medios de Comunicación de la Provincia de Buenos Aires”


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

“NO quiero mi casa amurallada y sin ventanas. Quiero que todas las culturas de la tierra puedan alojarse allí, libremente. Pero rechazo que alguna de ellas intente abolir la mía". Así dijo Mahatma Gandhi, y así coincido yo a plenitud de sus pensamientos. Es por ello que ―Voces de Hoy‖, saca su segunda edición: Noviembre*Diciembre, para que todas las culturas de la Tierra puedan alojarse en sus páginas, con la fuerza única que la literatura lleva en todas sus manifestaciones. Quiero agradecer a todos los amigos poetas y escritores que han brindado sus colaboraciones en ésta segunda edición. Espero continuar con la aceptación y apoyo de cada uno de ustedes que entran con el don de la palabra a ilustrar cada espacio de la revista. Recuerdo a todos los que deseen colaborar, que pueden hacerlo enviando sus fotografías, textos y reseña personal a: pppsantiesteban@yahoo.es

GRACIAS!!! 2


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

Autores Publicados

Francisco Jesús Muñoz / España

Gustavo Marcelo Galliano/ Argentina

Julia del Prado/ Perú

Josefina Ezpeleta / Cuba

María Cristina Solaeche / Venezuela

Elizabeth Cincotta / Argentina

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

Estrella Fresnillo / Cuba

Orlando Ignacio / Cuba

Pedro Pablo PĂŠrez Santiesteban / Cuba

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

Francisco Jesús Muñoz Soler

Francisco Jesús Muñoz Soler, nacido en Málaga el 25 de Diciembre de 1957, ha publicado antologías en las Revistas Artepoética Remolinos,Encontrarte, Cinosargo y en Letras Nuevas, Palabras de Tramontana, Amigos de la Urraka, Divague y El Laberinto de Ariadna, 40cheragh, Perito, Herederos del Caos y Sinalefa. Escribo poesía como necesidad vital y regeneradora de mi mismo y espero seguir hasta que la curiosidad siga alimentando mis sueños.

A

TATA

GÜINES

En un tiempo lejano en la memoria de mi consciencia cuando creía que era feliz ví un entrañable reportaje de un niño esencia de esa habana suspendida en un espacio paranoico entre lo ancestral y lo resignadamente esforzado, era la historia de un pequeño Lama 5


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre a la cubana (ahora no recuerdo su nombre pero estoy viendo su cara) como la de su abuela diciéndole a la cámara mi nieto me quita el balde, las latas y las cucharas para tocar tumbadoras

allá por las vías con su cuadrilla de amistades apenas dos palmos levantaban con sus cajas abombadas interpretando el ritmo del rumbón acompañados por los tranvías que entraban y salían de La Habana; me acuerdo como se acercaba a través de callejuelas hasta arribar a la casa del Tata y gritarle con su voz clara Tata, Tata para practicar con el maestro en la azotea que divisaba ese cielo azul de arte abierto e intrincado que emanaba y desplegar esencias de sus entrañas en formas de descargas; la aventura del traslado a la ceremonia de muertos en honor a Chano que abre venas en el cielo con su ritmo invertebrado…

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

En honor a ese niño inmaculado que desprendía arte y sabor por sus poros de tumbadora a Tata y Chano me he puesto mientras esto escribo el homenaje de Irakere intentando asimilar que Tata ha muerto…(ahora me enterado)… Las tumbadoras lloran y exclaman a dúo suenan mágicas descargas allá en lo infinito… y se conmueven las entrañas de La Habana. Alabado.

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

Gustavo Marcelo GALLIANO Nacido

en

Gödeken

y

radicado en la ciudad de Rosario

(Santa

Fe,

República Argentina). Escritor,

Poeta,

Docente

e

Investigador

Universitario (UNR). Colaborador especial, Columnista en

Cultura

y

Arte

y

colaborador

en

revistas

internacionales de Canadá, USA y España. Ha sido seleccionado para participar en numerosas Antologías Literarias Internacionales y sus escritos se han

publicado

en

prestigiosas

nacionales e internacionales, críticas.

Sus

escritos

se

han

revistas

recibiendo muy buenas traducido

italiano, portugués, francés y búlgaro.

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literarias

al

inglés,


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre © REINA GRIS EN CIUDAD CREPÚSCULO. Reina Gris gobierna, Ciudad Crepúsculo observa, la miel, la mies, la piel, todo ofrendado a ella. Baila Reina Gris, baila decadencia, que hoy tu infiel estirpe al fin ya no procrea. Resopla Reina Gris, sin bufones ni Corte, la suciedad de tu reino sentenciando te absorbe. Ríe Reina Gris, ríe y alecciona, que en tu reír bastardo, la urbe no da loas. Jadea Reina Gris, revuélcate en tu odio, que el carrusel del olvido no gravará tu historia. Estalla Reina Gris, propagadora del mal , en tu paso pestilente, de catadora seminal. Solloza Reina Gris, nosotros lo imploramos, esclavos de tu lujuria, por debilidad esclavos. Resígnate Reina Gris, sin súbditos ni huestes, nosotros, tus burlados, reiremos de tu suerte.9


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre - Poema premiado por DE LOS CUATRO VIENTOS EDICIONES y publicado en la Antología ―Poetas y Narradores Contemporáneos‖. 30 de Junio de 2007, Buenos Aires, República Argentina. ---------------------------------------© POEMA DE POEMAS. Al poema de mi vida le han robado una estrofa… y no acaricia bien, mi reloj biológico ha invertido tiempos y al ritmo del biorritmo… ya no más. Al poema de mi dicha le han robado una estrofa… y no sonríe bien, el espejo de mi alma ha sido apedreado y confundiendo memorias… ya no más. Al poema de mis pasos le han robado una estrofa… y no retumban bien, el asfalto luctuoso me absorbe con prisa y abruma el silencio… ya mismo… ya no más. Al poema de mi amanecer le han robado una estrofa… y no despierta bien, las mismas palabras muerden mis poros y aniquilando tabúes… ya no más. Al poema de mis dudas le han robado una estrofa y le sienta muy bien, en códigos vetustos de costumbres futuras y es sentencia divina… ya no más. Al poema de mis noches le han robado una estrofa… y no seduce bien, he intentado elevarme hacia el destino y la clave se niega… ya no más. 10


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Al poema más puro que jamás haya creado he poblado de estrofas que acaricien bien, proyectando el fulgor de tus ojos ansiosos y con rimas de ensueño… he vuelto a creer. - Poema seleccionado por el Hispanic Culture Review, para integrar el Volumen Nº XIV de la Revista Literaria de la George Mason University, Fairfax, Virginia, USA (Fall 2008 / Spring 2009). ----------------------------------------------------

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Julia del Prado/ Perú:Julia del Prado Morales es Bibliotecóloga, escritora y docente universitaria. Conoce países de América Latina, Y se deleita con su naturaleza y su realidad. Ha publicado los siguientes libros: ´Estampas y leyendas de Huacho y del Norte Chico´, ´En toda el alma hay una sola fiesta´(libro de poemas), el libro de historia viva ´Encuentro con Huacho y allende los mares´ y ´Cabriolas´, en que presenta ´Pirombombo, el hongo y su amigo Corombombo´; ´Las aventuras de la tortuga Alicia´, ´Cucho, el serrucho´ y otras historias en verso. Cómo no amarte Cómo no amarte ahora momento mágico de brisa que susurra. Como no amarte si siento a tu pueblo como tú al mío. Cómo no hacerlo si me das tus versos que vienen a mi orilla. Cómo no tenerte si la copa de vino roza nuestros cuerpos y bebemos el volcán de agua el volcán de fuego.

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Cómo no si cada día cada noche alimentamos la charla diversión conjugada. Albergue olas juncos refugio sauces barquero de sueño inesperado.

El hilo y la aguja. a Federico García Lorca Miro y miro hacia arriba al azul del cielo de verde voy vestida recogido mi pelo luzco sombrero de paja que cubre mi tez de maja sentada surzo en la playa un par de medias con hilitos azul y verde esta escena que no escapa: ondinas / mar verde esmeralda. Quince hoy / abril en melodía

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Josefina Ezpeleta/ Cuba

Josefina Ezpeleta, poeta, y escritora cubana. Actualmente edita Cheveremiami.com y la Revista cultural: El Picatuero Insomne. Este año presenta parte de su obra literaria en la 25 Feria Internacional del Libro de Miami.

Todos hablan de ella en el pueblo, todos comentan, todos la juzgan. ¡Tan fácil que es juzgar así! Y… ¿conocen sus sentimientos? ¿Qué saben de su vida? Casi nada. Que se

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre enamoró de aquel misterioso hombre que desapareció tan furtivamente como llegó al pueblo. Claro, un pueblo pequeño… Dicen unos que fue un amor pecaminoso… ¡qué saben! Yo me pregunto, ¿por qué pecaminoso? Todo porque al hombre nadie lo conocía, no sabían nada de su presente, su pasado, porque se amaban con la complicidad de la noche, porque cuando alguien se acercaba pasaban del susurro al silencio, porque nadie había visto un beso más largo ni apasionado que el que se dieron aquella mañana en el entronque cuando él se fue. Hubiera sido más romántica una despedida en el andén, para luego decir que ella agitaba su pañuelo blanco mientras el tren seguía su camino interminable, pero por aquel entonces no había llegado el camino de hierro al pueblo, y todas las despedidas eran en el entronque de aquel camino, por demás, polvoriento. Todo porque sintieron envidia de aquella entrega. Es cierto que no fue una relación como las de las demás señoritas del pueblo, precedidas de la concertación familiar, acuñadas con el ―Usted vendrá los miércoles a visitarla de 8 a 9 de la noche‖. Ella no tenía más familia que aquella solitaria y apartada casa, y las flores que cuidaba con delectación de artista, así que se veían a diario. Todos sabían —pero no comentaban— que bien escondidos de las miradas murmurantes de la gente, disfrutaban de un amor verdadero, espontáneo, puro. Comentaban que… mejor me callo, pero pueden imaginarlo. El caso es que siempre sentí algo diferente por aquella historia, que ya pertenecía al recuerdo. Él no regresó, y cuentan que diariamente ella recorría el camino hasta llegar al entronque y allí se sentaba en una piedra a conversar con las margaritas y les contaba los pétalos.

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Claro que le decían ―la Penélope del pueblo‖, y nadie más pudo ver en aquel rostro una sonrisa, ni brillo en aquellos ojos marchitos por el llanto, aunque también dicen que nadie la vio derramar ni una lágrima. Simplemente tenía siempre su mirada perdida en el polvo del camino. Pero un día el camino al entronque extrañó sus pasos y las margaritas se sintieron solas. Ella no apareció más. Unos decían que se había encerrado en su soledad para siempre, otros comentaban que el tiempo ya había cicatrizado la herida de la espera y que había preferido abandonar el pueblo. Otros, los más viejos, los que la conocían bien, simplemente bajaban la cabeza, la movían como quien no quiere hablar, pero que imagina lo peor, y callaban. Solo las margaritas conocían la verdad, y la callaban. Y todo esto sucedió después de aquella tempestad, después de aquella noche que parecía nunca se terminaba y que solo la iluminaban aquellos horribles rayos… Ha pasado mucho tiempo, tanto que ya no tengo por qué seguir hablando en tercera persona. Abandoné el pueblo para ir tras mi felicidad, aquella que muchos aseguraron nunca disfrutaría. Bajo una lluvia torrencial apareció él, fue a buscarme. Mis mejillas sonrosaron, volvió a brillar mi mirada y mis labios conocieron nuevamente el néctar de la felicidad, felicidad que no abandonaría. Decidí que solo las margaritas conocerían mi verdad. Dejaría mi historia, ya casi como leyenda, descolgando de las murmuraciones de todos en el pueblo. En definitiva, todo pueblo necesita su leyenda y el mío no contaba con ninguna… Hoy tienen un recuerdo para murmurar, y hay hasta quien habla de

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre un fantasma de mujer que todos los años se sienta uno que otro atardecer en la piedra del entronque. Es que… ellos no lo saben y no lo pueden entender, pero a mí me gusta contar los pétalos de las margaritas, mientras lo sigo esperando en el entronque.

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María Cristina Solaeche Galera/Venezuela Nace un 26 de Abril en Maracaibo, Edo. Zulia, Venezuela Lcda. Educación Mención Matemática, Magíster en Educación, Licenciada en Matemáticas, Magíster en Matemática Pura en La Universidad del Zulia. Profesora Emérita Titular de la Universidad del Zulia. Cátedras dictadas: Cálculos I, II, III, IV y V, Geometría, Algebra Lineal, Historia de la Matemática y Cátedra del Pensamiento Libre en Pregrado, Autodesarrollo y Postgrado. Fundadora de la Biblioteca de Cultura General “Teresa de la Parra”, Facultad de Ingeniería (L.U.Z. 1989), Miembro de la Comisión de Cultura General de L.U.Z. (1982-1990). Colabora en el aparte poético por Venezuela en la revista “Sensibles del Sur”, Argentina. Miembro de La Casa de la Poesía “Mercedes Bermúdez de Bellloso”, de la Peña Literaria “César David Rincón2, de la Sociedad de Escritores y de La Sociedad Bolivariana del Estado Zulia. La voz de la vida La voz de la vida sobre la tierra sobre asfalto selva y cancela griterío temblor balanceo olor a insolente musgo rasante altiva doliente voz de carbón diamante barro cerámica aprieta en sus puños copula en silencio bramido corcoveo vorágine … casi con amor susurros 18


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre indigente sobre el arco de la carne acurrucada a la sombra del pensamiento desprendiendo hollejos del sonido agazapada en exilios de la memoria charcos de recuerdos son los olvidos es la voz de la vida sobre la tierra.

Aún Buscando el alma escarbé el cuerpo escribí sollozos blasfemias gritos cabizbaja entre en mí sin haber salido feroz el resplandor del naufragio zarpando mi carne desmoronando imágenes mientras me raptaba el tiempo se me extraviaban los días buscando los poemas heridos de silencios cruzando la piel del otoño y la niñez colgando mi sombra en la rama de un cují aún voy a vestirme para el barullo callejero voy a desnudarme para el rezongo del amor voy a teñir mis pupilas de nuevo voy a engancharme el desparpajo en el cabello voy a estallar en desasosiegos es que me queda el olor de la vida en la memoria.

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Elisabet Cincotta/ Argentina Elisabet Cincotta, nació en Quilmes en 1947, hace 37 años que vive en Berazategui. Docente de profesión y por vocación, trabajó como tal en Berazategui durante 24 años, de los cuales 10 fueron en el cargo de Directora de Escuela. Estudió Comunicación Social, carrera que no finalizó por diversos motivos personales. Se autodefine como hacedora de versos, que reunidos se los llama poemas. Su poética intenta ser reflejo de sentimientos que acompañan al hombre en su andar por la vida. Su pensamiento: la poesía es la traducción más veraz de la historia del hombre. Sus poemas se difunden en diversas radios de Argentina, en programas dedicados a la poesía y al tango. Fue diseñadora y editora de contenidos de la Revista Virtual Estrellas Poéticas, participa en varias revistas virtuales literarias. Entre ellas en Palabras al Sol como articulista y entrevistadora. Su poesía es difundida en diversos sitios de internet además de sus sitios personales. 20


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

DEAMBULA deambula entre las azucenas se quitó el traje de mariposa la desnudez la asustó perdió el motivo deambula por los rincones sin reconocerse Elisabet Cincotta Del libro ―Bordando la despedida‖

TARDE IV

Entre tanto bordear adioses confunde la vida y la muerte mientras camina por el oriente sin saber que el norte ya está cerca de tanto zurcir momentos entre apuros llorar misterios y mentiras no ve que el sol ilumina su rostro y que el día le depara sensaciones tarde la sombra perpetua la desorienta no hay retorno Elisabet Cincotta Del libro ―Bordando la despedida‖ 21


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre

Estrella Fresnillo-Díaz / Cuba En ésta fotografía, junto al maestro del grabado: José Luis Posada

Estrella Fresnillo- Díaz, escritora y periodista cubana. Radica actualmente en Miami. Dirige la revista cultural: El Picatuero Insomne de Cheveremiami.com. Presentara éste año su novela, Thaormine, la culpable en

el marco

del

25 Aniversario de

la Feria Internacional del Libro de Miami

GIRALDA Y LOS TILOS

Sabido es que cada escultor se inspira en un rostro real, vivo... ¿A quién perteneció esa mirada que aún contempla la ciudad desde lo alto de la primera fortaleza? ¿Quién fue aquella joven perpetuada en bronce por Gerónimo Pinzón? ¿Anónima hasta ahora? La luz que penetra por la claraboya de la cripta me ha despertado. Otras veces escondo bien la cabeza en el fondo de la oquedad para que las lenguas de sol no fastidien muy temprano pero, como me acosté tan agotada anoche, apenas puse mi cuerpo entre las cenizas, quedé absolutamente dormida.

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Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Ramón camina de un lado a otro por el altar mayor y el eco de sus pasos nerviosos acaba de desperezarme. Algo fuera de lo común le sucede. Algo raro ocurre en la villa de San Cristóbal de La Habana porque anoche, mientras miraba por las rejas de una ventana abierta en el Palacio, también el Capitán General se paseaba incómodo por el patio. Y de pronto, en vez de tomar las escaleras, subió de salto en salto, como si trepara una cuerda, por las enredaderas de Malvinas. Una lluvia de oro le cayó en forma de flores sobre el traje de franela y luego inundó los adoquines. Cuando iba a entrar al patio, como de costumbre, a tomar unas ramas de tilo para hacer mi habitual té de la madrugada, entró inesperadamente una victoria. Apenas si tuve tiempo de meterme detrás del aparato de un afilador de tijeras, dejado allí eventualmente. Con la prisa se enredó la punta de mi vestido blanco en un clavo de la puerta de la cochera. El visitante pasó y lo seguí, ocultándome en la sombra de las columnas. Creo que sólo la luna llena vio las dos siluetas correr una detrás de la otra. El Capitán General solía dormir con su traje puesto hasta que se adentrara la mañana en su alcoba. Las doncellas dormían desnudas en las habitaciones del entresuelo y jamás atrapé a ninguna reposando con el Gobernador. A veces contemplaba a las doncellas hasta que estuviesen bien envueltas en los sueños para entonces ir donde sus pomos de esencias y lociones, destapar cada uno de aquellos raros frascos de cristal y embriagarme con sus olores. El visitante subió las escaleras y penetró en el despacho del Capitán General. Ambos habían concertado una cita porque no hubo exclamaciones de sorpresa ni saludos efusivos. Inmediatamente aquel hombre comenzó a recibir todo tipo de instrucciones para que evitara la pérdida de un valioso 23


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre cargamento proveniente de un puerto llamado Cadencia. Al parecer, otras flotas habían sido desvalijadas por forajidos del mar. —Confío en ti, Marino. Toma mi navío personal y pertréchate de unos buques milicianos. No quiero que desaparezcan esas estatuas italianas que serán adosadas en las paredes y jardines de mi teatro. Las otras irán a las obras que se restauren. —No te preocupes, tendrás aquí tus mármoles de Carrara. Pero antes, págame la mitad convenida. Sabía yo de las grandes construcciones emprendidas por este señor, pero no de las obras de restauración del Palacio. Sin dudas reharían mis humildes aposentos que, desde otro siglo, cuando negros y mulatos libres los erigieron, me servían de casa, y que ahora tornáronse espantoso hueco de ruinas y telarañas. Más de una vez en la semana tenía que taponar mis oídos para no escuchar las letanías y lamentaciones del obispo, el pobre fray Gerónimo Valdés, cansado de sacudir el polvo de sus moradas vestiduras, porque no le acababan de sacar de las profundidades del piso donde lo enterraron al morir. También me agotaba yo de barrer cada noche los desprendimientos de madera y piedras de la sala de mi iglesita del Espíritu Santo para poder entrar a la cripta donde dormía. Claro que la arreglarían —me dije mientras arrancaba un poco de tilo, demasiado abundante para el té de una sola persona. Claro que sí, la devolverás como nueva porque finalmente es la iglesia más antigua en la ciudad, y sabido es el amor por la prosperidad de la villa de este enviado por los reyes de España. Una vez en que sudaba exageradamente por tanto calor espeso, me atreví a penetrar un poco más en las intimidades del Palacio. Descubrí una tina de mármol rosado repleta de agua con sales. 24


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre No pude evitarlo y saqué de mi cuerpo el habitual traje color de tinieblas con el cual solía pasear por entonces. Me metí poquito a poco en aquel líquido maravilloso que en mis tiempos de «no fantasma» había deleitado mi piel. Mientras esparcía la perfumada espuma y jugueteaba con las pompas en la oscuridad, una débil luz disolvió mi felicidad. Era el Gobernador, con un candil en la mano, quien metía su cabezota en el baño. Quedé absolutamente aterrada y evitando su mirada vi cómo se deshacía la última perla jabonosa contra el borde de la tina. —Beatriz, ¿has vuelto a tus andanzas de sonámbula? —dijo confundiéndome quizá con alguna de sus muchachas—. Regresa a tu cama —ordenó y, por suerte, se fue del recinto llevándose consigo mi temor horrible de ser descubierta. Habitualmente vagaba por las calles de la ciudad para ver si me topaba con aquél que en vida había sido mi novio, el carpintero Diego el Rojo. A él le habían encargado fabricar todas las puertas y ventanas de la Parroquial Mayor, y como mi padre era quien debía fundir sus campanas, una tarde en que el viejo me pidió que tomase las medidas de las más pequeñas, fui en persona a la torre para tener idea de las proporciones. Y por allí lo vi, con su pelambre color de framboyanes, fuerte y dispuesto, colocando con varios negros esclavos los portones y ventanales de la Parroquial. Mirándolo de esa forma que las mujeres usan cuando un hombre les gusta, me vino a la cabeza pedirle que me llevase al sitio donde debía sacar el cálculo de las campanas. —¡Ea, señor! Traigo un encargo de maese Pinzón —le dije poniéndome, coqueta, las manos en la cintura, y la sonrisa que coloqué en mis labios, entre frase y frase, apuntaló mis deseos. Inmediatamente Diego el Rojo me dio su mano para subir al campanario de la Parroquial Mayor, y, ¡oh, espectáculo!, era la más grande altura que había conocido en mi vida. El mar lamía 25


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre dulcemente con su larga lengua los alrededores de nuestra villa, y el mismo aire que desordenaba los cabellos de mi cerquillo y la barba roja de Diego, hinchaba las velas azules de un barco que partía quién sabe adónde. Por doquiera la actividad estremecía la ciudad. Los vendedores de carne en salazón y pescados distribuían sus mercancías a la entrada del Mesón de la Flota y una enorme banda de moscas amenizaba los cotidianos actos de trueque. La pésima música no parecía desagradar a la marinería, que con mucho placer bebía sin medida ni compostura, armando un divertido jolgorio de carcajadas y entrechocar de canecas. Desde el campanario, veía ese día la efervescencia constructiva que plagaba la villa como una especie de buena fiebre. Los albañiles se veían pequeñitos entre los pedruscones de los fuertes militares. En los techos de las casas aledañas, peones y esclavos hacían complicados ejercicios de equilibrio para colocar las largas vigas de quiebrahacha que sostenían los poderosos cielos de maderas preciosas. Luego, como quien pone escamas a un fantástico pez, iban las manos acariciando, una a una, aquellas tejas tan rojas como la barba de mi Diego. Con sospechosa frecuencia acudía a la Parroquial. Los pretextos para verlo disimulaban las verdaderas razones por las cuales solicitaba la ayuda del joven carpintero, quien —a decir verdad— no tardó en declararme su amor. Y nos amamos intensamente hasta aquella madrugada fatal. Desde la noche en que Diego el Rojo no acudió a la cita me encerré en la herrería de mi padre. Muy pronto la furia por su inexplicable ausencia se trastocó en llanto y desesperación. Supe la noticia de la desaparición de mi amante y cuando se agotaron mis lágrimas fui quedándome inmóvil, con la gran tristeza que se me vino encima. En vano trató mi padre de 26


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre contentarme. Dejó de hacer campanas y con sus amorosas manos comenzó a modelar mi figura en barro. —Giralda, mi Giraldilla, vuelve a sonreír —me imploraba—. Mira qué hermosa estás quedando. Te fundiré en bronce y serás desde lo alto de alguna torre la novia de la ciudad... Pero nada volvió a entusiasmarme, ni el cariño de mi padre solícito, ni el sol alegre y calentón de cada mañana. Jamás volví a tener deseos de pasear por las calles y planas en busca de novedades. La tarde en que dejé de existir oscureció de súbito y una cerrazón de nubes hizo palidecer la ciudad. Fuertes vientos entraron por las puertas abiertas. Y por la bahía se coló el pirata Jacques de Sores destronando cuanto navío se encontraba surto en el puerto. Las casas de la villa se consumieron con el fuego que el bandido prendió a los cuatro costados, la espléndida Parroquial Mayor se derrumbó entre las Mamas, tras los quejumbrosos toques de sus campanas al desmayarse. Como no fue posible que mi enterramiento ocurriera en la destruida Parroquial, llevaron mi cuerpo hacia donde luego levantarían la pequeña iglesita del Espíritu Santo. Allí dormí profundamente muchísimos años resuelta a no despertar. Una madrugada sentí cómo algo tocaba de repente mis caderas. Fuera de la cripta escuché un alegre bullicio. Mis vecinos habían salido de sus respectivas oquedades y bebían vino, bajo el árbol de canistel que Ramón, el sacristán, cuidaba con devoción. En su borrachera los muertos dejaban caer las botellas por doquier y fue uno de esos recipientes el que, increíblemente, cayó junto a mí, tibio aún, para sacarme de la pereza del olvido. Puse los pies en el suelo con cierta dificultad y sentí calambres en las rodillas. Mi vestido blanco estaba sucio de revolcarme en las 27


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre cenizas por mi mal dormir de siempre. Decidí lavarlo en la fuentecilla del patio y aproveché el agua cantarina para refrescarme el rostro. Subí desnuda al tejado y caminé por los techos hasta el campanario para que el buen viento secara pronto mis ropas. Casi me caigo de sorpresa al ver —¡oh, Dios mío!— cuánto había crecido la ciudad: no podía ver sus cuatro esquinas como antes. Fuera y dentro de las murallas era una misma cosa, abigarrada y compacta, pero quieta y soñadora como fue siempre La Habana en la madrugada. Entonces, recordé a Diego. Me puse el vestido, húmedo aún, y salí en su busca. Debía estar él esperándome en el lugar de la cita: Nos veíamos en la Parroquial porque había guardado para sí un manojo de copias de las llaves de todas las puertas que confeccionó. Al llegar a la Plaza de Armas pensé que había equivocado el sitio porque en el lugar de la enorme nave hallé un sólido palacio enrejado con un hermoso reloj en su frontón. Toqué fuerte por la puerta trasera y nadie respondió a mi llamada. —¡Diego!, estoy aquí— clamé desesperadamente, y el olor de los cálidos tilos acudió a tranquilizarme. Desde entonces acostumbro a merodear los interiores del Palacio, que una noche supe pertenecía al Capitán General que gobernaba en la Isla Infiel de España. Leí en sus papeles las supuestas deslealtades de los nuevos habitantes de la villa y comprobé que muchas eran las sinrazones del gobernador de turno. La ciudad había crecido, sí, pero ya no tenía ese brillito esplendoroso de los primeros tiempos. Verdaderamente había mucho lujo en este Palacio, pero algo, no sé, andaba mal. Lo cierto es que Diego el Rojo no acudió nunca más a la cita habitual. Mientras le esperaba me entretenía husmeando en todos los rincones. Conocía a cada una de las doncellas del 28


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Capitán y a las negras que cocinaban y limpiaban en el Palacio. Ellas me dejaban platos deliciosos y frutas frescas junto al altar de sus deidades. La noche en que se aguardaba arribase el cargamento que Marino era encargado de custodiar, tocó a las puertas del Palacio un joven muy inquieto que no dejaba de caminar un segundo por los portalones. El Capitán General corrió a abrir; al ver al desconocido y no al ansiado Marino hizo un mohín de disgusto. Ya iba a cerrar el portón cuando el joven le mostró un sobre lacrado, nada más y nada menos que con el sello real. —Madrugada buena tenga nerviosamente el visitante.

el

Capitán

General—

saludó

—¿Y quién es usted?— preguntó cariacontecido el Gobernador echándole el ojo al sobre. —Soy un investigador del Archivo de Indias. Me recomienda Su Majestad para que me ayude usted a realizar unos trabajos históricos sobre esta hermosa villa de San Cristóbal de La Habana. —Pase usted e instálese en cualquier habitación vacía del entresuelo. Mañana hablaremos porque ahora tengo mucho en qué pensar. —Señor... Pero el Gobernador dejó de oírle. Aproveché que aquel joven no me conocía, me hice pasar por una de las doncellas y lo abordé en la escalera principal. Lo ayudé a subir el escaso equipaje, mostrándole el sitio donde podía dormir blandamente y quedó maravillado de los servicios que se le ofrecieron a horas tan tempranas. Resultó que aquel joven historiador tenía el mismo hábito que yo: andar despierto a deshora. Parecía complacerle lo que para mi 29


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre constituía una necesidad. Gustaba de las horas quietas de la noche para trajinar entre los viejos documentos de la biblioteca. Durante un frío amanecer de noviembre decidí ofrecerle una taza del tilo que yo preparaba a esas horas antes de firme a dormir a la iglesia del Espíritu Santo. —¿Cuál es tu nombre, doncella? —me preguntó, después que aceptó la taza de tilo. Como estaba preparada para tal pregunta, le mentí porque aún no tenía pruebas de su discreción. —Soy Beatriz, señor. Y usted, ¿por qué trabaja tanto a destiempo? ¿Tiene prisa en regresar a la tierra madre? —No, señorita Beatriz, es que me complace descubrir los secretos de esta villa. —¿Secretos? —Sí, las cosas que acontecieron desde 1514 hasta acá y se han perdido. —A ver, por ejemplo, ¿quiere usted saber dónde estuvo cada casa, calle o fuente, y quiénes fueron sus constructores...? —Sí, muchacha. Eso desea Su Alteza porque sueña que todo vuelva a su lugar de origen. Y mientras tanto, también yo voy soñando. —¿Y ha podido averiguar algo? —Escasos detalles. Hay mucho desorden en esta villa. A la gente del Gobierno no le importa realmente la historia. Muchos papeles deben de andar extraviados para siempre. Entonces comencé a decirle a Joaquín Honesto, tal era el nombre de mi noctámbulo amigo, cuál podía ser el meollo de cada asunto. Le narré historias trasmitidas de tatarabuelos a bisabuelos y de bisabuelos a abuelos, que supuestamente 30


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre escuché y, como era una especie de doncella secretaria del Palacio, también podía conocer el paradero de los documentos. Pensando en Diego le hablé primero de la Parroquial Mayor y le expliqué que por ahí había empezado todo. Al principio comenzó a dudar ante tan asombroso asunto hasta que se le ocurrió la idea de realizar una excavación para comprobar si allí, justamente debajo del Palacio, se hallaban los cimientos de aquella construcción. Empezamos a sacar tierra, y a poco, dimos a encontrar pedazos de vasijas, botellas de vidrio negro y fragmentos de loza mayólica. Presentía que muy pronto tendría noticias de mi Diego; quizá durmiera él aún, tal como yo en los pasados tiempos. Un grito de Joaquín me sacó de la ensoñación. Aparecieron los primeros cimientos de nuestro antiguo nido de amor. La servidumbre del Palacio aseguraba que aquel hombre con alma de descubridor había enloquecido y que iba a ser el causante del hundimiento total del edificio porque cada vez los huecos eran más profundos y abarcaban nuevas áreas, amenazando con tragarlo todo. Así las cosas, fuimos rehaciendo los planos de cada sitio que formó parte de la Parroquial Mayor. No sé si fue buena o mala la suerte de toparme con una botella de vino. Ya iba a ponerla junto a las demás descubiertas cuando reconocí que era de la clase que bebía mi Diego y, al olerla para recordar el sabor de sus labios, vi adentro un sobre. Curiosa, lo saqué, no sin mucho trabajo; era un mensaje para mí. Al leerlo suspiré; luego, aquella noticia se me clavó como un dardo en las entrañas y grité y grité estremeciendo con espadados alaridos la ciudad que veía pasar junto a mí, cuando me lancé a correr por las calles. Me detuve exhausta junto al mar y llorando recordé muchas cosas. El mensaje decía: «Giralda. Estoy en México. Diego, el Rojo.» 31


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre ¿Por qué?, pero ¿por qué no fue en mi busca para decírmelo personalmente? Un tanto calmados los ánimos recordé los viejos anhelos de Diego. Tiempo atrás, estando él en la Santísima Villa de Trinidad, era uno de los expedicionarios que partiría junto a Hernán Cortés a la conquista de México. La noche antes de la salida ocurrió una terrible tormenta que hizo naufragar los navíos y los sobrevivientes fueron exterminados por los indios de la zona. Diego salvó milagrosamente su vida, pero hubo de quedar incomunicado por muchos anos en Trinidad. Cuando pudo marcharse se dirigió a San Cristóbal de La Habana, donde firmó contratos interminables como carpintero de la nueva villa en construcción. En fin, que el Rojo, como buen español y hombre de sangre en las venas, era un trotamundos. La noche en que Joaquín quiso llevarme consigo en una amabilísima invitación a una tertulia, ya había meditado muy bien mi destino. «Tengo algo que decirle, señor mío —le escribí en una nota—. De no haber tenido tan dentro de mi pecho un viejo asunto, le amaría a usted. Confío en que su corazón tenga fuerzas para colocar cada piedra de la ciudad en su sitio original. Creo que San Cristóbal de La Habana volverá a ser tan maravillosa como antes. Me voy a México. Giralda.»

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Orlando Ignacio/ Cuba Poeta y escritor con profundo y elocuente manejo en el género humorístico. Según él consta de la siguiente trayectoria: “Tres poemas y un cuento publicados”

En San Agustín El leopardo y la pantera negra no son animales diferentes, es la misma especie (Panthera pardus), y los cambios en la coloración se deben a variaciones en el pigmento. En una misma camada se dan tanto los amarillos de manchas negras -en mayor proporción-, como los negros. San Agustín es la primera villa fundada por los españoles en la Florida, ubicada en su costa este, hacia el norte, cerca de Jacksonville, es un destino frecuente de turistas. El año pasado fui allá con el objetivo de ver el primer asentamiento español en tierra norteamericana, y más que como turista, fui para estar cerca de mis raíces, en busca de satisfacer una nostalgia de por sí incurable. La ciudad tiene un castillo cuidando la entrada a la ciudad: un ―morro‖, como La Habana; un malecón, calles estrechas, una banderita española por allá, algunos letreros en castellano por acá, y hasta un monumento a Martí. Y después de un día de recorrido por todos estos lugares de atracción sentimental, decidí ir a un bar-restaurante con el objetivo de tomar algo. Cuando entré, pensé que había llegado a un ―saloon‖ de las películas del oeste, con la excepción de la pequeña puerta de vaivén que tenían todos los bares desde Kansas hasta el Pacifico. 33


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre Tampoco había caballos amarrados afuera. ―Por suerte hay aire acondicionado‖, pensé. Pero la reacción de muchos de los ―cow boys‖ -perdón, parroquianos -al verme, fue casi la misma de las películas: me miraron como si yo fuera un sheriff, o peor aún, un ―stranger‖, un ―alien‖, un extranjero. Acto seguido, no había avanzado dos pasos, se me acercó casi corriendo el que aquello atendía -posiblemente el dueño- y bruscamente, cara de bisonte incluída, me hizo una sola pregunta: -De donde es Ud.? - Vamos a decir en su ayuda que soy un hombre de piel blanca, no pálida; pelo negro entrecano; nariz puntiaguda y un amplio bigote negro que desciende por debajo de mis comisuras labiales. Pienso que mi ―look‖ no me ayudaba mucho ―¡Un árabe‖, pensó seguramente el hombre. -De Cuba, ―I’m cuban‖, - le dije con el mejor acento que encontré y con un esbozo de sonrisa tropical. -Aquí no vendemos productos cubanos –me soltó a rajatabla el hombre, ríspido, seco. -―Ok‖, yo consumo productos alemanes –le riposté. Fue la clásica carta sacada de debajo de la manga. El hombre se quedó de una pieza, paralizado, pensando, sin saber que decir, pero me franqueó el paso. Caminé hasta la mesa más cercana. Ya había visto en una nevera transparente lo que iba a pedir. El hombre se me acercó con desgano y al parecer con la intención de salir de aquello lo más rápido posible. Ambos teníamos la misma intención. -Qué va a tomar? – preguntó. Me miró de una forma rara, como barruntando cual sería mi elección. Seguramente pensó que iba a pedirle algo acorde a mi facha, a la violencia foránea que yo transpiraba: un España en llamas, un cóctel (Molotov) o un Bloody Mary preparado con sangre en vez de jugo de tomate. Me quedé pensando unos 34


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre segundos, lo miré fijamente disfrutando el momento, y con una cara que alternaba entre Buster Keaton y Stan Laurel –rascado de pelo incluído- le dije con mirada burlona: -Un té con ginseng… ¡Ah!, y con hielito. El hombre se paralizó por un instante, entreabrió la boca, me miró un poco incrédulo y se marchó rápidamente, mirando hacia atrás de vez en vez, perplejo en su ignorancia. Pienso que su mente cuadriculada, en donde cada paquete de ideas está ancestralmente depositado sin comunicación con el cuadrito contiguo, no podía entender como un individuo mezcla de Saddam Hussein-cubano-latino-con gustos europeos, le había pedido algo tan ajeno a su esencia, tan discordante con sus gustos como un asiático té con ginseng, bebida que exhala paz, brinda tranquilidad e invita a la meditación. ¡Ah!...Y con hielito…

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Recordando a los Grandes. Por: Pedro Pablo Pérez Santiesteban Yo no tuve la suerte de poder conocerla personalmente. Quizás algún engranaje del destino me jugó una mala pasada, e impidió que mis pasos llegaran hasta su palacio encantado en el Reparto del Vedado, de La Ciudad de La Habana. Hubiera querido poder subir los peldaños de la entrada oficial de su guarida, y allí estrechar las manos que escribieron los versos, que años más tarde lubricaron mis dedos en el camino inagotable de la poesía. Su nombre (que también es poesía) se convertiría con el tiempo en uno de los pilares más altos de las letras en la Isla de Cuba. Cuna de grandes maestros de la literatura en general. Pero su voz, trascendería las fronteras del Caribe, y buscaría un lugar supremo en las letras universales: ―Dulce María Loynaz‖. Frágil y fuerte, menuda y resuelta, halo de misterio y rebeldía; palabras al viento, preñadas de profundo sentimiento. Entregada al Don de la palabra escrita ilustrada en su poesía. Esta poeta cubana, Premio Nacional de la Literatura (1987), Premio de la Crítica (1991) y Premio Miguel de Cervantes (1992).Nace en La Habana (CUBA) un 10 de Diciembre del año 1902, y deja de estar entre nosotros a la edad de 94 años. Su poesía ha sido un canto a la vida y por ende un canto al dolor 36


Revista Literaria/Voces de Hoy/ Noviembre*Diciembre y al amor. Casi olvidada por muchos años resurge en los titulares de la prensa cubana a raíz del Premio Nacional de Literatura en la década de los 80. Refiriéndose a ese premio le comentaría a Manuel Díaz Martin: ―Tiene para mí un significado sentimental y así lo dije en mis palabras de agradecimiento. Breves palabras que es lástima que no se publicaran porque explicaban ese calificativo que yo no empleo mucho. Sentimental dije porque con ese premio se me devolvía un bien que hacía mucho tiempo di por perdido: el afecto, la estimación, el calor humano de las gentes de mi tierra.‖ Y es que su tierra casi olvida a una de las más grandes exponentes de la poesía en Hispanoamérica. Algo que hubiera sido imperdonable, para generaciones como la mía, o las que han llegado después, privándolas de una obra fecunda y exquisita. Para la poesía, Dulce María viene siendo una lectura obligatoria entre los grandes de la Literatura de Habla Hispana. Es sin lugar a dudas un descanso perdurable en el continuo andar de los poetas. De ella llevo el recuerdo inmortal de los sabios versos y el dolor irreparable de no haber podido leer en sus ojos la pasión de la poesía. Dejo a modo de cierre de éste articulo uno de sus poemas, que desgranan el sentir por todo aquello que debemos preservar de nuestra madre natura y de la propia vida:

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POEMA CXIV EL MUNDO ENTERO SE ME HA QUEDADO VACÍO, DEJADO POR LOS HOMBRES QUE SE OLVIDARON DE LLEVARME. SOLA ESTOY EN ÉSTA VASTA TIERRA, SIN MAS COMPAÑÍA QUE LOS ANIMALES QUE TAMPOCO LOS HOMBRES NECESITAN, QUE LOS ÁRBOLES QUE NO CREEN NECESITAR. Y MAÑANA CUANDO LES FALTE EL CANTO DE LA ALONDRA, O EL PERFUME DE UNA ROSA, SE ACORDARAN QUE HUBO UNA FLOR Y QUE HUBO UN PÁJARO. Y PENSARÁN ACASO QUE ERA BUENO TENERLOS. PERO CUANDO LES FALTE MI VERSO TÍMIDO, NADIE SABRÁ QUE ALGUNA VEZ YO ANDUVE ENTRE ELLOS.

Dulce María Loynaz de Castillo

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Los trabajos publicados corresponden a cada autor en la totalidad de sus derechos.

Miami-Florida-2008 Edici贸n Bimensual: Noviembre/Diciembre

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Pedro Pablo P茅rez Santisteban

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