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EL TIEMPO PINTADO

SALVADOR TORRES (1998 - 2011)


EL TIEMPO PINTADO SALVADOR TORRES (1998-2011)

La exposición muestra la trayectoria de la obra del pintor Salvador Torres (Cartagena, 1971). Para ello se presenta una selección de su trabajo más significativo en ese periodo, la cual nos muestra su proceso de búsqueda y construcción de un universo particular en su obra. En estas imágenes la trama estética se enlaza con una gama cromática y una luz que han terminado por caracterizar la obra de este autor. Así, en esta exposición se quiere mostrar un recorrido cronológico y temático de sus diferentes series y presentar su nuevo proyecto pictórico que, bajo el título “El Ruedo”, versa sobre la relación filosófica e icónica entre la tauromaquia y la historia reciente de España. La obra de Salvador Torres se encuentra a medio camino entre el pop y la figuración lírica, su propuesta nos sitúa ante una narración plástica entre la ficción y la realidad. Una exposición donde cada cuadro es el fragmento de un discurso expositivo general, donde se transmite una reflexión a medio camino entre lo biográfico, lo histórico y lo onírico. Virginia Bernal

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La poética de los mitos “Pintar me procura un placer infinito, pero también angustia; es el pasaje del caos de las emociones al orden de los posibles”. Balthus Es fascinante contemplar el paso del tiempo sobre las obras de arte y más aún sobre la plástica contemporánea. El tiempo es un sabio e insobornable maestro a la hora de decidir lo auténtico y válido de una obra de arte. Poco a poco, nos vamos alejando de los días de la primera exposición individual de Salvador Torres (Cartagena, 1971) que trasladó en 1999, ya pintada, desde sus últimos días en la Universidad de Valencia hasta sus primeras jornadas en nuestra galería de su reencontrada ciudad natal. Bambara estaba recién inaugurada. Esa ópera prima fue Acerca de Lawrence (2000) y resultó impactante por su temática, su luz y su gran unidad narrativa. Descubrimos a un joven heredero cualificado de la gran tradición pictórica metafísica. Se sentía que la serie era un homenaje al excepcional y ambiguo aventurero inglés desde el fondo de su corazón. Dicho personaje se desenvolvía en unos lienzos y maderas que recorrían escenas de su apasionante vida con una enriquecedora visión creativa. Allí anotamos el interés del pintor por la arquitectura, sobre todo por la de Aldo Rossi y las visiones clasicistas de Etienne Louis Boullée, que tanto le influían. En esa primera muestra estableció una relación atemporal entre la reconstrucción del mito de Lawrence de Arabia y la obra de arquitectura efímera El teatro del mundo de Aldo Rossi, que se edificó para la Bienal de Arquitectura de Venecia de 1979. Aún hoy, ésta es una exposición muy recordada y referente continuo para los que admiramos su obra. La siguiente muestra individual fue Chinese Restaurant (2001), con una personal introspección al mundo más interior de los restaurantes chinos de provincias, esos espacios culinarios, más o menos teatrales, más o menos escenográficos, plenos de orientalismo y envolventes atmósferas, inundadas de detalles, olores y sugerentes historias. Esos escenarios, en los que se cruzan tantas historias, rezuman una poesía de tiempo detenido, de anhelos sorprendidos y de perfume envolvente de chop suey. Fue un paso adelante en su Gran Marcha hacia la composición, el tono cromático y la inmersión en temas urbanos. En esa exposición, a diferencia de la anterior, una inmensa mayoría de obras mostraban espacios interiores donde, entre miradas directas y huidizas y entre nostalgias imposibles, se cocinaba una inquietante pintura metachina, con especiales apariciones fugaces, entre los platos cocinados, por ejemplo la del edificio del Banco de China, obra del arquitecto Ming Pei, en alusión al también origen teatral y turbio de estos locales. 3


Y así llegamos a Fútbol Utópico (2003), su tercera muestra individual, que nos sumerge de nuevo en el corazón del mito, en las entrañas de sus aficiones más recónditas; es un homenaje y un paseo por los tiempos pasados (años treinta y cuarenta del pasado siglo) de este deporte de masas, cuando el fútbol era una contienda deportiva entre iguales. En esta exposición las escenas de ese pasado reciente están pobladas de playas y pintadas en rojo y blanco, estructuras sin puertas y con vallas de aeródromo delimitando el terreno de juego, así como el cielo y la tierra. Los personajes allí dispuestos parece que atisbaran kiplingnianamente los niveles del placer del éxito o del miedo al fracaso. Era una exposición en la que no solamente había pinturas, sino que también se exhibían por primera vez originales esculturas de metal pintado; en ambos medios continuó siendo muy cuidada la utilización de la materia, el color y el misterio. En esa colección brillaba el esplendor de tantos y tantos héroes anónimos del ayer y de siempre. Su cuarta exposición individual fue una serie de fotografías Iconografía privada (2006), técnica en la que ha trabajado siempre de forma privada y que expuso por primera vez en Bambara en el marco del prestigioso Fotoencuentros´06. Se trata de una aventura visual y urbana acerca de sus mitos, sus amores y desamores estéticos y viscerales acerca de su ciudad natal; Cartagena es una especie de álbum privado lleno de cianotipias y gomas bicromatadas, en las que el autor se contempla y autorretrata a sí mismo como personaje de ficción, un extraño viajero de mil personalidades. Así, las imágenes obtenidas resultan cercanas a la técnica del daguerrotipo y de la obra gráfica, tan cercanas y estimadas por el autor. Era un análisis de la realidad como una dimensión fragmentada y de la identidad personal como un producto permeable, heredero de unos factores culturales e iconográficos concretos que la conformaban. Ha sido una de las exposiciones más personales y cercanas a su intimidad. La ciudad vivida apareció analizada en una encrucijada de poesía y de rechazo, de pasión y de odio. En 2007 conocimos otra exposición individual: El sastre olvidado, exhibida primero en la Sala de las Caballerizas de Murcia y después en la cartagenera galería Bambara, en la que, a través de numerosas pinturas y de nuevo algunas esculturas, conocimos la relación del autor con su abuelo, un extraño sastre que vivió la Guerra Civil española y su posguerra en circunstancias extrañas, ya que además de sastre viajaba a menudo a Sudamérica y cuando murió aparecieron sospechosos documentos, varios pasaportes distintos y otros objetos que nos acercan a adivinar una vida oculta más o menos aventurera. La exposición resultó muy interesante, ya que en ella abundaban por primera vez los grandes formatos de pintura, a los que no estábamos acostumbrados, y que resultaron muy atractivos, plenos de personajes enigmáticos, de escenarios fragmentados y de fantasmas flotantes. Se cumplían pues todas las reglas metafísicas.

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La serie El zoo que habitamos (2007-2008) es muy rica de imágenes potentes, optimistas y con un cierto surrealismo en el diálogo e interrelación entre los humanos y los animales, sugiriendo una gran fluidez de conociminetos, experiencias y sabidurías. ¿Quienes están fuera y dentro del zoo?, ¿quienes contemplan a los otros, supuestamente prisioneros?. El autor elaboró, por primera vez, una interesante videocreación “Fauna y ocio”. Son imágenes de una sutil poética e iconográficamente muy vinculadas al autor. En 2008 trabajó en una serie titulada La iniciación urbana. París 1967-1970 en la que se confrontaban dos intensas experiencias parisinas: la de un joven emigrante español (su padre), entre 1967 y 1970, y la de un joven pintor (él mismo), muchos años después, con un gran contraste temporal de imágenes, experiencias y emociones en los ritos de la vida de una ciudad fascinante en belleza y poder a través de la historia. El antropófago erudito fue la exposición que participó en el OFF PAC 2010 con una serie de pinturas sobre papel y sobre aluminio recortado (de nuevo escultura) y por segunda vez rodó una video creación. Esta serie representa la capacidad humana de inspiración y apropiación en el arte, el como los artistas muchas veces y de forma natural se alimentan de propuestas estéticas anteriores a ellos. En la última serie El ruedo, elaborada en 2010, nos traslada a escenarios taurinos muy especiales y personales, en los que las corridas de toros se ven invadidas con escenas e iconografías de la historia de España. Una revisión de España, siempre España, a través de mitos, leyendas y emociones. No podríamos dejar de anotar también su participación en varias exposiciones colectivas, tanto en Bambara como fuera de ella, en las que ha mostrado Series que reflejan su más íntima cosmogonía creadora y mítica: son las dedicadas temáticamente - a los diferentes Viajes, internos y externos, que desarrollamos en nuestros caminos (1999). - a los marítimos Faros de la vida (2000). - a Tintín y a sus mundos. - a las Ciudades soñadas y literarias (2002). - a epopéyicos y líricos temas históricos. - a las Ventanas de un discreto voyeur erótico (2003). - al amor de la vida en los Hoteles (2004).

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- a la retención que tenemos del Paisaje en nuestra mirada y en nuestra mente (2005). - a la relación que tenemos con nuestra solidez física en El cuerpo del sentimiento (2006). - a nuestras contemplaciones espirituales del Bodegón infinito (2007). - a Cartagena, su ciudad nativa, a lo largo de los años. Todas estas series (y las que vendrán) se estructuran y se fijan en latitudes y coordenadas espaciales concretas, que conforman, paso a paso, su cartografía plástica, vital y espiritual. Asimismo hay que resaltar su labor en la campo de la obra gráfica, tanto en grabado como en serigrafía ha realizado numerosas obras, con muy diversas técnicas y variaciones, dedicadas a numerosas series, algunas mencionadas anteriormente; son obras densas, compactas y a la vez delicadas, muy cuidadas y bien resueltas. Pocos autores desean enfrentarse hoy con valentía y sinceridad a ese mundo perfumado de papeles, tintas, ricas técnicas, máquinas y roces táctiles que tanto nos atrae. Salvador Torres ha sido seleccionado en diversas e interesantes exposiciones colectivas que, por sus circunstancias y detalles, resultaron ser canones estéticos en nuestra región: - “Germinal” en la Sala Verónicas en Murcia, seleccionado por Mara Mira e Isabel Tejeda (2000). - “Los quince de la Opinión” en la Casa Diaz Cassou de Murcia seleccionado por Antonio Parra e Isabel Tejeda (2003). - “Cien años, cien artistas para el diario la Verdad” en las salas de Las Claras de Murcia, seleccionado por Martín Paez (2004). Con obras de Salvador Torres, y otros artistas de la galería, ha acudido la galería Bambara a varias Ferias de arte: ARTEXPO en Barcelona (en 2001), LINEART en Gante, Bélgica, (en 2002 y en 2003) y ART MADRID (en 2007), con resultados muy interesantes. En Salvador Torres, desde su adolescente labor en el atractivo mundo del cómic hasta hoy, discurre lenta pero firmemente un río de imágenes metafísicas, que han ido distanciándose definitivamente entre sí, tanto espacial como temporalmente, cumpliéndose así los ritos de la evolución. Son esas mismas imágenes las que van conformando día a día su geografía estética, plena de realismo y de magia, de figuración y de lirismo, de verdad y de ficción, de valor y de sentimiento, de levedad y de nostalgia. Su plástica está inmersa en un rico cosmos privado que se expande en toda la energía y el lirismo de su obra. El suyo es un canto plástico a la poética de sus mitos. Luis Artés Director de la Galería Bambara www.galeriabambara.es 6


Serie: Acerca de Lawrence (2000)

Lawrence y el teatro del mundo ¿Qué hace que un tímido historiador de Oxford, con tendencia a la depresión, termine dirigiendo una guerra de guerrillas en el desierto por la independencia de las regiones árabes desde La Meca hasta Damasco en plena Primera Guerra mundial? ¿Cómo intuir los vientos, la luz y las esperanzas por las que Thomas Edward Lawrence trabajó? Resulta casi imposible saber qué piezas son más importantes en el puzzle que formó la personalidad de este arqueólogo, viajero, cartógrafo, fotógrafo, estratega, diplomático, traductor y escritor por mencionar algunas facetas. En uno de sus libros Lawrence habla de una fantasía infantil, resultado de sus lecturas sobre relatos medievales, consistente en liderar la rebelión de un pueblo oprimido e indeterminado. Esa visión fantástica llegó a prolongarse hasta la edad adulta, resultando una obsesión casi mesiánica. Ese es el punto de vista desde donde el pintor Salvador Torres establece su proyecto pictórico sobre este mito británico y para ello se sirve de una relación atemporal con la obra efímera El Teatro del Mundo del arquitecto contemporáneo Aldo Rossi. Dicha obra, realizada para la Bienal de Teatro y Arquitectura de Venecia de 1979, rememoraba los teatros flotantes efímeros venecianos del siglo XVIII y hacía referencia a lo perecedero y la fugacidad de la existencia flotando sobre lo incierto. Así las pinturas metafísicas en las que Salvador Torres relaciona al llamado Lawrence de Arabia con el arquitecto Aldo Rossi confrontan episodios fugaces de la vida del primero con lo etéreo y transicional de la obra citada del segundo, creando imágenes donde el personaje y el edificio se nos presentan en un espacio-obra donde el tiempo ha sido comprimido, para desaparecer un momento después. Como el paso fugaz de otro actor dentro de un acto más en el teatro de la vida.

Virginia Bernal. Cartagena, verano de 1999.

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Clouds hill, 2000. Ă“leo sobre lienzo. 81 x 100 cm

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Lawrence de Arabia. 1999. Ă“leo sobre tabla. 73 x 45 cm

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Serie: Chinese Restaurant (2001) Pato lacado en su punto servido en fuente de jade

Señalaba el malogrado Etienne Balzs(*), en un ensayo sobre Fan Chen, por él mismo llamado “El primer materialista chino”, que sólo después de la introdución del budismo en China, los hombres se ocuparon de la inmortalidad del alma. Adoctrinados por Kungtsé (Confucio) durante siglos, los chinos comprendieron la esencia práctica del Centro y la Medida (“Creando armonía del centro, se ponen en orden el cielo y la tierra”). Los aproximadamente mil años transcurridos desde la aparición de las ideas confucianas a las de Fan Chen, tuvieron el influjo de las especulaciones religiosas del budismo en grandes sectores del pueblo llano. El cristianismo, en una medida reducida, también se alió a esta influencia espiritual. “Los propios budistas”, afirma Balazs, “se inclinaban a reposar en la autoridad bíblica como arma de defensa contra sus oponentes confucianos”. Tras el rasero de la Revolución de Mao-Tse-Tung, el término shen sigue teniendo para el chino el doble sentido o significado de siempre : “alma”, “fantasma”. El espíritu práctico y especulativo del cantonés hereda todos los elementos de origen místico o materialista del pasado, y vive con ellos en su aislamiento y sociedad. Cuando se publicó la novela de Timothy Mo, Sour sweet (Agridulce), en el ámbito de la lengua inglesa, en la cual está escrita, un crítico de The Observer hizo esta pregunta a sus lectores: “¿Quién no ha intentado imaginarse alguna vez qué sucede en a trastienda de un restaurante chino?” Aparte de la calidad literaria de este escritor, nacido en Hong Kong, pero residente en Londres, e hijo de inglesa, su libro desvela mucho de ese ámbito o microcosmos, o “mundo dentro de otro mundo” que imaginamos sin mucho esfuerzo es la vida doméstica cotidiana de un restaurante, una cocina china: aunque un tanto alambicada la trama con asuntos de intriga mafiosa que, para nuestro gusto, nos distrae de lo más inmediato y profundo: sus costumbres, inquietudes, sufrimientos, pequeños placeres, rutina, convivencia, relaciones íntimas y sociales, envidia, injusticias, solidaridad, incomunicación, soledad, compañía, nostagia, anhelos, desilusiones... Traducidos a una plástica neoexpresionista, donde el rojo más arcaico se alía al rojo más tópico (color conjuntado que define típica y acendradamente el alma genuinamente china), el áureo amarillo y el blanco huevo predominan sobre matices pigmentadas de unas tonalidades más débiles, todo estos conceptos filosófico-religiosos e histórico-sociales gravitan en el ámbito de ese “mundo dentro de otro mundo” que forma la humanidad y el ambiente de un restaurante chino...Situaciones existenciales, reflejadas en los rostros que desempeñan su rol ante los otros. Y quien los expone, escenificando su realidad aparente, no desvela su interior; antes bien, lo indica a trazo pronto, pero delicado. Igual al estoicismo del ser protagonista; paralelo al espacio tratado. Salvador Torres ha sabido, no sólo observar los momentos y los seres para desnudarlos en su pintura, sino que los ha esencializado realistamente, guardando la clave en una cifrada maniera entre interpretativa y existencial. La variada atención e intención del pintor, que ha recreado muy variados temas en sus cuadros, a lo largo de su joven y ya depurada trayectoria, ha equilibrado sus ingredientes. Estos son como los de un plato exótico: el Pato lacado, donde la cebolleta, la guindilla, la miel, el cilantro fresco, el licor Mei Kueí Lu, la salsa de soja, el vinagre, las zanahorias y la carne del ave palmípeda, forman un poema dramático y suculento, estético y nutritivo, pleno de belleza y elegancia. Y cuyo secreto doméstico, culinario, es la mezcla, perfectamente aplicada, de la miel y el vinagre, sobre la piel de la pieza cocinada.

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El estado emocional que traducen las miradas, directas o huidizas, pintadas por Salvador Torres, parecen responder con unos versos del poeta más universal de la Dinastía T'ang, Li Po, y que hablan de una concreta nostalgia, pero también con estoica acatación de un destino, no exento de trascendente y melancólico anhelo: “El ágape ha durado dos mil años del calendario humano / ¿Para qué tornar ya al país donde nací? / No: siempre he de seguir al viento que no cesa; / navegaré sin rumbo y a placer por el vacío del cielo”. Soren Peñalver (Texto del catálogo de la exposición) (*) Sinólogo húngaro (1905-1963), de la Ecole Pratique des Hautes Etudes (Sorbona). Especialista en la historia económica de los T'ang.

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El sabor de las peonias (Elogio de las camareras chinas)

Cuando acudimos a sus restaurantes, las contemplamos serenas, impasibles, discretas, desenvolviéndose en un espacio/instalación lleno de mesas, sillas, biombos, farolillos, cuadros, dragones, ideogramas, acuarios y música. De alguna manera es como si las camareras chinas representaran, más allá de ciudades, coordenadas y tiempos, escenas inmemoriales de esas óperas suyas, tan tradicionales, de las que tanto disfrutamos. En mi camino me he encontrado con muchas camareras chinas, las que más recuerdo hoy son las que conocí fuera de China, ya que tanto en Beiging como en HongKong y Macau ellas no tenían el fuerte aroma de oculta fragilidad, aislamiento y lejanía que emiten lejos de su tierra. La primera camarera que conocí fue en un pequeño y oscuro restaurante chino cercano a la Telefónica de la Gran Vía, de los primeros que abrieron en Madrid, en los albores de la Transición política. Ella era un anciana distinguida, vestida de negro y muy enjuta, algo autoritaria y distante; no hablaba nada de español y me sirvió una buena sopa de aletas de tiburón y después cerdo agridulce. Todo me supo a un denso y sabroso exotismo, era un tiempo de grandes descubrimientos. Oriente siempre me había fascinado y yo me sentí como en casa. Tampoco olvidé los ojos acuosos de aquella chica delgada que todas las tardes me ofrecía unos exquisitos dim-sum en su local del Chinatown de Manila. El poético vapor de los pastelillos y el aroma del té me envolvían y me acariciaban. Un día ella rompió su distanciamineto y me preguntó en inglés si yo estaba enamorado, yo me quedé perplejo y, creyendo haberla entendido mal, le hice repetir la pregunta. Le contesté que yo simepre estaba enamorado, a lo que ella añadió que el día siguiente era San Valentín, patrón de los amantes, muy celebrado en Filipinas, y que estaba invitado, si quería, a una fiesta en el restaurante. Por supuesto que acudí, eran unos ojos preciosos. Otra joven camarera, con ceñida camisa de seda, nos servía un maravilloso pato lacado, plato imperial, en su local de la parisina avenida de Ivry, en aquel largo y cálido verano. Ella era distinta, no me la imaginaba como sus compañeras, cuando sacaban del estanque las carpas elegidas por los clientes y, de forma violenta, las golpeaban teatralmente en el suelo con bates de madera. Siempre pensé que ella era diferente, aunque no sé bien porqué. Durante una estancia en Bangkok descubrí paseando un elegante hotel chino cercano a mi modesto hostal thai. En aquel había un gran buffet diario, que yo disfrutaba descubriendo nuevos platos y salsas, algunos imposibles de describir. Un mediodía el restaurante estaba repleto, sonaban grandes éxitos de los cantantes chinos de moda, y estábamos sirviéndonos de las bandejas cuando calleron del techo al blanco mantel del mostrador dos inmensas cucarachas, con todas sus mutaciones a través de los siglos, que comenzaron a saltar bailarinas mientras dos camareras corrían y reían, nerviosas y divertidas, tratando infructuosamente de atraparlas. Yo también tenía hambre y continué comiendo, no supe que ocurrió al final de tan dinámico ejercicio.

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En mi recuerdo perdura también la amable y simpática cocinera, cajera y camarera de aquel mínimo restaurante chino de Singapur, en el que durante varios días tuve que repetir mis queridos noodles (tallarines) en sus muy diversas combinaciones, debido a que era el plato más barato. Un largo viaje por Asia finalizaba y el dinero escaseaba mientras esperaba mi vuelo de retorno a Europa. La señora era de Cantón y nunca ponía en la cuenta el té de jazmín y los dulces, además era una buena profesora del complejo juego del mah-jong, que yo nunca terminaba de entender. Hay y hubo otras muchas historias, otras muchas camareras chinas, que desde remotas aldeas del antiguo Imperio del Medio llegan a cualquier rincón del mundo, en cuyos restaurantes, hieráticas y algo serias, atienden a sus a veces extenuantes trabajos. Nunca las descubrimos en la cocina, donde ellas deben de ser más auténticas, más ruidosas, menos refinadas, donde ellas hablan entre sí hermosas lenguas, con sílabas rebosantes de poder y misterio; la cocina de un restaurante chino es casi siempre un paraíso prohibido, con sus perfumes de salsas, sabores, texturas, frituras, vapores, especias y humos. Alllá donde quiera que estas camareras estén, China siempre está presente, la tierra que pisan es una mera circunstancia. Para nosotros sus sinuosos y elegantes movimientos, entre los comensales, no dejan nunca de ser anheladas y positivas corrientes de energía de su siempre fascinante Feng-Shui. Luis Artés. (Texto del catálogo de la exposición)

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Destino chino, 2001. Ă“leo sobre lienzo. 38 x 144 cm

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Doble felicidad, 2001. Acr铆lico y 贸leo sobre lienzo. 81 x 100 cm

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Serie: Fútbol Utópico (2003) Los propósitos felices “no es tanto el pasado lo que nos acecha, sino las imágenes del mismo”. George Steiner. Hubo un tiempo en el que los futbolistas eran héroes. Y como buenos personajes épicos se presentaban ante el enemigo de frente, sonrientes o cabizbajos, pero siempre con las manos entrelazadas tras la espalda. Ahora, con la feminización de los arquetipos, el futbolista es más un modelo de pasarela que un ente masculino que debe librar un combate en el césped. También la misma industria del espectáculo los ha ido convirtiendo, poco a poco, en números inscritos en una camiseta. Por eso posan de espaldas. Sobre sus hombros, que no en las piernas, descansa la categoría de su éxito personal. Un crack (término que extraigo de la jerga de los periodistas deportivos) no sólo debe meter goles; debe vender prendas de vestir, uniformes con los que adherirse a su éxito y que un aficionado se puede enfundar, previo pago, a precios desorbitados. Acabo de bajar a la calle a comprar tabaco (Cruyff también fumaba en el banquillo) y me he encontrado con un señor que vestía una camiseta de la selección Argentina. Por supuesto, en cuanto nos hemos cruzado, me he girado para ver su número. ¡Bingo!. Era el diez. Vestir esa camiseta, o cualquier otra, es toda una declaración de principios. Quien porta esos códigos numéricos lanza mensajes implícitos sobre su personalidad. Este hombre (o mujer), convertido en emblema, interactúa con su entorno a través de una indumentaria deportiva con la que nos habla como individuo alineado en la lógica de las ventas. Otros aficionados (también otros futbolistas) andan locos por las camisetas sudadas tras los partidos. Así se puede conseguir lo inefable, aquello que alienta buena parte de las emociones: el olor y el pringue que trasmite el sudor de los futbolistas. El fanatismo por el número ha llegado a tal extremo que la mujer de un jugador del Real Madrid (uno de los pocos que han salido de su cantera) se lo ha tatuado en la muñeca; eso sí, con decorativos números romanos. Así piensa asirse a su esposo de por vida. Pero hubo un tiempo, en el que las cosas no eran así. Los colorines dominicales (ahora casi diarios) se festejaban alejados de las bobadas de la prensa rosa. El estilismo deportivo descansaba sobre arquetipos personales en los que prevalecía una cierta moral que fue el germen de intrincadas asociaciones políticas en la España de la dictadura y los nacionalismos encubiertos. Aquellos futbolistas salían al campo como una piña. Este pequeño ejército se cuadraba ante los fotógrafos deportivos antes de empezar el partido. Todos juntos, de frente, mirando a la cámara como un sólo hombre, como un equipo de anónimos notables. Presidía una cierta rigidez en aquel orden y fue muy sencillo trasladarlo al fútbol quimérico practicado en el salón: el futbolín. Sin embargo, aquella rigidez quedó disuelta por una mano que hizo soñar a todo un país: “la mano de Maradona”. Desde entonces nada sería igual, la pasión por el fútbol se extendería como una mancha de aceite por el planeta. Lo que cambió las reglas globales del espectáculo futbolístico fue esa electrificación televisiva del acontecimiento en directo. Ahora se imponía el garabato, la curva diestra del saltimbanqui que no perdía el balón porque era capaz de conducirlo, de cualquier forma y con cualquier parte del cuerpo, hasta el fondo de la red.

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Poco va quedando de aquellos hieráticos soldados del balón, uniformados con sus camisas planchadas y sus anchos calzones negros o blancos, capaces de hacernos sentir que la única victoria importante es aquella que se puede perder. Aquellos deportistas, que trotaban sin desmayo sobre la arena de Las playas del Norte, vuelven convertidos en protagonistas de la última aventura pictórica de Salvador Torres. Frente al registro de la novedad, el pintor se posiciona cuando vuelve su vista hacia las ceremoniosas imágenes del pasado. También, en esa exposición, Torres se atreve con la escultura y plantea una serie de piezas de aluminio, figuras recortadas que después pinta al óleo. Estos jugadores no tienen un tamaño real. El artista, alentado por las premisas del desaparecido Juan Muñoz (magnífico artista que poblaba los contenedores de arte contemporáneo con enigmáticos enanos de rasgos orientales pintados de blanco), cree que una figura humana sólo queda convertida en objeto si la alejamos de la escala humana. Ahí está el secreto de sus diversos tamaños. Estos jugadores de antaño, a los que homenajea Salvador Torres, nos recuerdan que el fútbol era una contienda entre iguales. Rivales que se enfrentaban delimitados por estrategias cartesianas cercanas a la batalla de contrarios por antonomasia: el ajedrez. Si la memoria es un lugar, a ella remite el pintor con su juego de colores. Por ello, aparecen en estas escenas del pasado reciente, casetas de playa pintadas en rojo y blanco; colores que nuestra memoria asocia con la aviación, los altos vuelos de la distinción. Estas compactas estructuras arquitectónicas carecen de puerta. Pareciera que más que enigmas por resolver, son paquetes con regalos que todavía no han sido abiertos. De la misma manera, lindes bicolores separan el cielo de la tierra, el agua de la arena, para delimitar el espacio de los ensimismados personajes que más que jugar, pareciera que sueñan el juego. Su introspección melancólica nos lleva a atisbar no sólo las virtudes del éxito, sino también las mieles del fracaso. Acaso el mejor gol es aquel que nunca estalló contra el rectángulo de la portería; aquel que quedó convertido en un grito agónico y no pudo, finalmente, convertirse en una plegaria agradecida de la masa. Mara Mira. (Texto del catálogo de la exposición)

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Las tentaciones del futbolista, 2003. Ă“leo sobre lienzo. 114 x 146 cm

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Remate del nĂşmero 8, 2003. Ă“leo sobre aluminio recortado. 85 x 47 cm

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Serie: Iconografía privada (2006)

Iconografía privada Si la obra plástica de Salvador Torres se estructura dentro de unas latitudes espaciales, literarias y cinematográficas concretas, sus incursiones fotográficas escenifican en su persona esa recreación de las aventuras de ciertos mitos adscritos a la aventura y el viaje interior o exterior, sean reales o ficticios: Chatwin, T. E. Lawrence, Indiana Jones, Corto Maltés, Tintín, ... Salvador Torres adopta para sí, de manera fragmentaria, las posibles aventuras de estos personajes. Convertido en fotógrafo, actor, director, guionista, escenógrafo y posproductor, aglutina todo un equipo de rodaje. Por así decirlo, sugiere una aventura, un enigma, una película, un álbum fotográfico. Adopta variaciones de posibles papeles y situaciones imaginadas de los mitos antes citados relacionados con su yo. Durante ese juego, el yo y la apropiación del personaje conviven informándonos de ansias, deseos y sueños, pero también de esperanzas y miedos. Para la documentación de estas aventuras suplantadas de sus mitos, y a modo de cuaderno de campo, utiliza en esta serie la cianotipia y la goma bicromatada. Dos procesos fotográficos antiguos, utilizados por los botánicos de finales del siglo XIX para dibujar con fotogramas distintas especies de plantas. Así, las imágenes obtenidas resultan cercanas a la estética del daguerrotipo y la obra gráfica, tan próximas al autor. Savador Torres utiliza esta emulsión sobre papeles de acuarela, y como fetiches de esas supuestas aventuras adereza las imágenes con fotogramas de pequeños objetos que allí se encontraban como prueba material de que aquello pudo haber sucedido. En un análisis de la realidad como una dimensión fragmentada y de la identidad personal como un producto permeable, heredero de unos factores culturales e iconográficos concretos que la han conformado. Virginia Bernal (Texto del catálogo de la exposición)

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Tr贸pico, 2005. Goma bicromatada. 20 x 27 cm

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Enigma por descifrar, 2006. Cianotipia. 20 x 27 cm

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Serie: El sastre olvidado (2007) El sastre olvidado Introducción a la nostalgia Cuando nos ponemos a recordar sobre las historias familiares de nuestras vidas, hay veces en que algo nos impulsa a iniciar un camino de búsqueda hacia un final incierto y temeroso. Algo dentro de nosotros nos dice que paremos y demos la vuelta y otra fuerza interior pide saber más sobre los enigmas del pasado, que tanto misterio y respeto nos han infundido siempre. No podemos entender, porque ya no están entre nosotros, a aquellos que en espíritu habitaron nuestra infancia, dejándonos recuerdos inconexos y en este caso también algunos objetos personales: un pasaporte, un sombrero, un abrigo, unas tijeras de sastre, unas gafas y algunos dibujos antiguos de cierta calidad. Éstos no constituyen un legado en el sentido de la reliquia occidental cristiana, más bien lo es en el sentido de lo efímero y del azar que articulan el recuerdo individual y colectivo. No se trata solo de atesorar unos cuantos objetos de un sastre, con otros oficios quizá desconocidos, muy viajero con destinos extraños y esporádico coleccionista de arte, que fue mi abuelo, sino de que exista la posibilidad entre nosotros de una transmisión del afán de conocimiento más que de una anécdota o el objeto. Algunos movimientos del abuelo 1895. Salvador Torres Fonts nace el 5 de octubre en Barcelona, hijo de Francisco Torres y Josefina Fonts, en ese año Cánovas del Castillo preside el gobierno en España. 1910-1925. Desempeña diversos oficios, entre estos el transporte en camión de tejidos de Barcelona a diversas ciudades del sur de Francia. Por ello vive de cerca los ecos de la Primera Guerra Mundial en Europa, así como los años del clima generado por el desastre de Annual de 1921, cuyo punto álgido fue la Semana Trágica de Barcelona. 1926. Con 31 años decide aprender el oficio de sastre. Se casa con Montserrat Pareta y con ella tendrá tres hijos: Jorge, Antonio y Enrique. En la actualidad ellos residen en Australia. 1927. En Barcelona asiste periódicamente a locales, frecuentados por la bohemia catalana, herederos del movimiento modernista del café “Els Quatre Gats”. Comienza a interesarse por el arte, colecciona obra sobre papel de Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Félix Mestres Borrel, entre otros. 1930-36. Realiza viajes de trabajo a París y Marsella. Se separa de su mujer y mantiene un estrecho contacto con sus hijos. 1937. Durante los primeros meses de la Guerra Civil ayuda a escapar a un industrial de Barcelona, pasándolo a Francia escondido en su coche. 1939. En los últimos momentos de la Guerra escapa a Francia por Puigcerdá (Gerona) y pasa unos meses en Marsella trabajando en la sección de ropa de un hotel (reparación de prendas y planchado). 1940. Es correspondido desde España por la persona que ayudó a escapar a Francia. Regresa por San Sebastián y se inscribe como sastre en la Delegación Sindical Provincial de Guipúzcoa. 1941. Se traslada a Cartagena y entra a trabajar como sastre cortador en Sastrerías Carthago, en el número 21 de la calle Cuatro Santos. Allí conoce a Rosa Martínez, que trabaja como sastresa y modista. Ella será su pareja ante la imposibilidad de la separación legal o del divorcio de su primer matrimonio. 23


1943. Ambos abren un taller de sastrería propio en el número 12 de las Puertas de Murcia en Cartagena, en él nacieron sus dos hijos: Salvador (mi padre) y Enrique. 1948. Se embarca en el “Camberra” para Sudamérica y recorre varios países: Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina, donde aprende la confección de prendas de vestir mediante patrones, las actuales tallas. El nuevo método permitía tomar medidas una sola vez para hacer un traje. 1949. Regresa en avión a través de Lisboa y ya en Cartagena traslada el taller al número 14 de la calle San Bazar. El taller funciona bien. Su tarjeta reza: “Cortador, sastre y modelista”. Ahora diseña los trajes como modelista. 1951. Por trabajo viaja a San Sebastián, Bilbao, Santander, La Coruña y Lisboa. 1953. Nuevo viaje a Brasil y Argentina, donde ha sido reelegido Juan Domingo Perón y el Justicialismo está en su apogeo. Allí cae enfermo y regresa, a bordo del buque Juan de Garay, en un delicado estado de salud. Alquila por ello una casa de veraneo en Mazarrón. 1954. Viaja a Barcelona, donde piensa trasladar el taller, con su pareja y repentinamente fallece. Su compañera encuentra en su maleta unos patrones de sastrería, dos pasaportes, un revólver y un inexplicable documento “De libre circulación”por el territorio español. El documento pintado Este proyecto de exposición se articuló como un mosaico compuesto de situaciones imaginadas a partir de recuerdos contados sobre el personaje de mi abuelo, en un ejercicio constante de reconocer su rostro detrás del antifaz, su mano enguantada, sus patrones de sastrería escondidos en su maleta… Esta muestra es un encuentro con un misterioso fantasma de mi pasado con el que deseaba, a través de la pintura, el encuentro más metafísico posible, que es el que discurre por las zonas más narrativas y misteriosas de la estética, que es el que nos invita a investigar los enigmas que no terminamos de comprender, que es el que nos hace aprender a través de unas historias atemporales y enigmáticas…Las obras están inmersas en un gran juego de sombras chinescas, partiendo de escenografías en blanco y negro hasta llegar paulatinamente al color. Intentando una revisión de la historia verídica lo suficientemente seductora que sea capaz de suplantar la realidad. La sombra pasa a ser la representación de la imagen de una persona, de un objeto,o de un estado anímico para sobredimensionar la realidad aparente. Se trata de crear una obra, no como una unidad, sino como un tejido complejo y abierto compuesto por elementos protagonistas y secundarios. Las sombras indicarían lo que se sospecha de lo que sabemos de cada personaje o situación, dando un fragmento de todo el mensaje. Así, si alineamos las personas y los símbolos que las relacionan, encontraríamos otra lectura enterrada en la sombra de cada figura. De esta manera se ha tratado de crear una especie de glosario general para interpretar varias lecturas simultáneas de la misma historia. Este ha sido un hermoso y extraño viaje de los dos juntos a través de espacios en los que no existe el tiempo, sólo nos acompañaron la luz, el color y el sentimiento. Salvador Torres Cartagena, verano de 2006. (Texto del catálogo de la exposición) 24


Hilvanar, 2006. Ă“leo sobre lienzo. 60 x 60 cm

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El cortador, 2006. Ă“leo sobre lienzo. 60 x 60 cm

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Serie: El zoo que habitamos (2008) El zoo que habitamos Parece claro que la historia de la fauna discurre en los últimos 10.000 años estrechamente vinculada a la humana y casi podemos afirmar que apenas existen aspectos de nuestro mundo en donde, de una forma o de otra, no se incluya la presencia animal. Sin embargo, en todos estos años el hombre se ha convertido en un agente de alteración faunística de primer orden en virtud de todos y cada uno de los periodos económicos de su historia y de las necesidades que en ellos han cubierto las distintas especies. El estudio de las relaciones hombre/animal queda claramente reflejado en la historia por las representaciones faunísticas en el mundo del arte: bodegones, cacerías, paisajes, fotografías… Así habría que distinguir en el arte la categoría de no ficción, de gran interés para los tratados de zoología, como la categoría de ficción, influída por el mundo mental de los símbolos. La iconografía se convertiría así dentro de la tradición del arte en una importante fuente histórica, en su aspecto más descriptivo y en las representaciones imaginarias o simbólicas de los animales. De esta forma podemos encontrar dentro de la literatura del medievo una línea realista que nos muestra la incidencia de la fauna en el mundo del hombre. Algunos autores llegan a otorgar a los animales el papel protagonista para ridiculizar a la sociedad humana. Un ejemplo claro son las colecciones de fábulas de animales de Marie de France en el siglo XII. Este tipo de literatura inspiró la sátira “Le Roman de Renart”, una alegoría animal en la que se critica cautelosamente a ciertas clases de la sociedad medieval francesa. El proyecto titulado “El zoo que habitamos” engloba una serie de obras que hablan de la relación hombre/fauna hasta el punto en que se torna ridícula por la incapacidad de las sociedades humanas de controlar la naturaleza. Las obras escenifican la domesticación por el hombre de todas las especies animales posibles como si tratara de crear un zoo global. También se nos enseña en estos trabajos la incapacidad humana para conseguir tal fin. Asimismo, el proyecto realiza un paseo irónico por la iconografía tradicional de la historia del arte y los géneros que tratan la relación del hombre con la fauna en momentos puntuales: las cacerías medievales, los bodegones barrocos, la naturaleza en el romanticismo, las aguadas chinas y cierta fotografía contemporánea.

Salvador Torres (Texto del catálogo de la exposición)

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La migración de las jirafas, 2008. Óleo sobre lienzo. 146 x 114 cm

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El tiempo comprimido, 2008. Ă“leo sobre lienzo. 146 x 114 cm

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Serie: La iniciación urbana. París 1967-1970 (2008) Soyez réalistes, demandez l´impossible París es siempre a través de los tiempos una referencia plástica y literaria a la que, de una manera u otra, siempre retornamos. Es una ciudad fascinante que en su día a día navega por diferentes niveles de realismo y de ficción, que conviven en ese potente núcleo de energía motriz que es en sí, absorbiendo y nutriendo indistintamente a ciudadanos y visitantes. En las pinturas de esta exposición de Salvador Torres (Cartagena, 1971) se confrontan dos intensas experiencias parisinas: la de un joven emigrante español (el padre del pintor) a finales de los años sesenta y la del pintor (autor de las obras), muchos años después, con un gran contraste temporal de imágenes, experiencias y emociones en los ritos de la vida de esa mítica metrópoli. En este año que se cumple el cuarenta aniversario del Mayo del 68, Torres retorna a ese escenario ya legendario a través de las vivencias personales que desde joven había oído contar a su padre, un cartagenero que con 22 años se deslumbró por la belleza de la ciudad desde su barrio de la Bastilla y se asombró en su fábrica Renault de Boulougne–Billancourt cuando comenzó ese levantamiento juvenil y popular contra el sistema establecido; sobre todo el martes 14 de ese mayo cuando numerosas fábricas, incluída la suya, fueron a la huelga siguiendo a los estudiantes y desbordando las opiniones de los sindicatos, y al día siguiente cuando más de quince mil obreros de su fábrica se encerraron toda la noche reteniendo a los directivos. El jueves 16 miles de estudiantes marcharon solidarios hacia Boulougne–Billancourt, donde ya estaban en huelga más de treinta y cinco mil trabajadores. Los ya conocidos acontecimientos se sucedieron vertiginosos uno tras otro hasta que el general De Gaulle, superado ampliamente por las circunstancias, terminó convocando elecciones generales. En esta serie de pinturas de Salvador Torres observamos y sentimos todas estas pasiones y turbulencias, son unas obras intimistas, urbanas, narrativas, cromáticas, y tremendamente metafísicas (en este caso muy influenciadas por el surrealismo y el pop), resultado de su poética búsqueda de filosóficos deslumbramientos y utopías tan presentes hoy. Es una serie construída con planos de color simultáneos para incluir múltiples localizaciones en una sola obra y la colección está creada especialmente para el espacio de la galería Bambara, ocupando cada pieza su lugar exacto a modo de instalación. Esta es una de las exposiciones con las que estamos celebrando nuestro décimo aniversario (1998 – 2008 ). El título de este texto (“Seamos realistas, pidamos lo imposible”) es mi lema favorito de los del Mayo del 68, aún hoy intento aplicarlo de vez en cuando, aunque no siempre es fácil. La primera vez que viví en París hacía pocos años que esa vital revolución de ideas y sentimientos había sucedido y uno de mis primeros paseos por la ciudad fue para conocer, con plano y fotos en mano, las calles y plazas en que habían transcurrido los acontecimientos. París es un escenario único para iniciaciones urbanas. Luis Artés (Texto del catálogo de la exposición)

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Commencez par rever, 2008. Ă“leo sobre lienzo. 46 x 114 cm

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L'imagination au pouvoir, 2008. Ă“leo sobre lienzo. 46 x 114 cm

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Serie: El antropófago erudito (2010) El antropófago erudito Este título recoge una exposición compuesta por varias obras pintadas sobre papel y sobre aluminio recortado, todas ellas han servido como soporte visual, total o parcialmente, de una videocreación del mismo título, núcleo del proyecto. Para introducirnos en el punto de partida que genera este proyecto, nuestra preocupación debe dirigirse hacia la situación del individuo contemporáneo que se haya inmerso en la hostilidad que genera un mundo competitivo de mercados físicos y virtuales. Nuestro personaje se encuentra constantemente amenazado por el ambiente social en el que subsiste. En este mundo el individuo es al mismo tiempo cazador y presa de sus semejantes, al encontrarse determinado por la crisis global que gestiona un nuevo orden geopolítico, en el que cazar ya no es sobrevivir sino exterminar, en una acción generalizada de canibalismo psicológico. Esta práctica social ha derivado en el arte como un comportamiento apropiacionista, lo que se supone como citacionismo de la obra de otro autor es un estilo, un lenguaje y el objetivo final. Dicho acto, aplicado a cualquiera de las diferentes formas de expresión, es una continua invitación a seguir explorando los pozos de creación donde unas veces se descubre, se pierde, se deteriora o se prolifera en el arte. Así, cada nueva comunicación entre artistas, con un final canibalístico, circula desde la copia al repintado, desde la revisión a la iluminación, desde el homenaje a la burla, desde la fecundación a la destrucción, no quedando claro en cada momento cuantas vías de exploración artística se abren y cuantas se cierran. Esta continua deglución artística contempla y busca, para adoptar distintas formas de artistas anteriores o coetáneos en el tiempo. Es un comportamiento guiado por una búsqueda que abarca desde la belleza hasta el sabotaje más grotesco de cualquier canon establecido. Sin embargo, todo fluye, todos nos apropiamos, consciente o inconscientemente, de unas sensaciones comunes y hay parámetros artísticos que existen en una época y se desarrollan simultáneamente por artistas separados social y geográficamente. De esta manera, se desarrolla el empleo consciente por parte de los artistas de elementos pertenecientes a otras obras artísticas, de su época o de épocas precedentes, para la realización parcial o completa de una obra firmada como propia. La actual complejidad cultural permite incluir dentro de la misma a elementos que, sin ser obras de arte, sí son materiales que alcanzan la categoría de iconos o símbolos contemporáneos. Como muestra de un nuevo orden creativo y social que emerge de los medios digitales se habla continuamente de la “muerte del autor” y se fomenta la creación de obras interactivas en diferentes soportes y medios. Esa operación de “préstamo” lleva a la despersonalización de la obra y a una globalización del punto de vista privado del autor que ha pasado a ser más colectivo que nunca. Esta corriente colectivizadora, de finales del siglo pasado y comienzos de este, supone una descontextualización sucesiva de los parámetros originales de cada obra en la búsqueda de un toque de prestigio cultural, que por su mero empleo conviene a efectos de una imagen actualizada en alguna corriente conveniente. Así, la ausencia de lapso entre obra y obra nos lleva a la imposibilidad de detenernos en voces de autores diferenciados completamente, lo que parece situarnos en un aparente “presente contínuo”en la elaboración de ciertas estéticas.

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Finalmente, la equivalencia de contenidos y la posibilidad de consumirlos como lugares culturales cada vez más comunes, nos conduce teóricamente a la “muerte del autor”, en el sentido tradicional, dentro de la actual globalización. La obra, lejos de una voz dentro de un discurso personal, se nos presenta como un ruido de informaciones, como si las obras prescindieran de la objetividad y pasaran a ser más subjetivas, más dispersas. En una época de crisis ideológica y de contenidos artísticos casi nadie se decide por una única línea o tendencia, por lo que parece que se apuesta por distintos contenidos o soluciones, persiguiendo una mayor probabilidad de que la opción acertada se encuentre entre las muchas que hayamos elegido. El proyecto de la videocreación La idea fundamental de la antropofagia consiste en creer que, comiendo la carne humana, el individuo se apropia de las cualidades humanas y espirituales que ninguna bestia posee. En el arte la utilización total o parcial de una obra ajena, para complementar la propia o como punto de partida, se podría considerar como la apropiación de un objeto de transición que refuerza nuestra obra de cara a cumplir el objetivo marcado en su gestación, fuera el que fuese. Asimismo, siguiendo con las similitudes, se cree que si la muerte del hombre que ha de ser comido adopta la forma de un sacrificio, se debe a que ningún otro ser viviente podría ser el apropiado para la ceremonia excepto ese. Lo que en el acto apropiacionista parece cumplirse al adoptar como nuestro algo de la obra de arte de otro autor, ya que para que todo tenga sentido tiene que tomarse algo o todo de una obra u obras en concreto, por las razones que sean dentro de la lógica de la elección realizada. Si bien existen varias clases de antropofagia, en esta videocreación se tratarán de establecer paralelismos entre casos como el endocanibalismo, donde puede tratarse que la víctima o víctimas sean miembros de la misma tribu, en un paralelismo con el arte se nos muestra la ingestión o apropiación de autores de la misma linea estética, sean coetáneos o de diferentes épocas unos de otros, como en una cadena dinástica sucesoria. Si la relación se basa en la comparación con el canibalismo judicial, que consiste en la ejecución de un miembro culpable de la tribu, encontraremos una referencia al autor que devora a otro para, al apropiarse de partes de su estética, ironizar con el fin de sabotear lo citado. Finalmente encontraremos referencias al canibalismo como honra fúnebre, aquel en el que al morir alguno de los individuos de la tribu, los parientes del muerto estaban obligados a comer el cadáver, dicho caso se extrapola al arte, en esta videocreación, cuando aparecen artistas que ingieren a autores del pasado como homenaje a ciertas líneas de la tradición del arte en las que se identifican, como buscando reconocerse en parientes estéticos que fueron sus antecesores. La videocreación “El antropófago erudito” trata de indagar hasta que autor o autores se remonta la concepción real de la obra de arte actual. Basándose en todo lo anteriormente expuesto, se nos muestra una cadena sin fin de artistas devorando y siendo devorados por otros artistas, en un juego de espejos que se pierde en el origen de las influencias creativas de sus obras. Así se nos muestran autores que están siendo radiografiados en su estómago mientras devoran a otros artistas, lo que nos permite ver cómo se gesta una nueva obra en su interior a costa de la digestión de su camarada. Esto nos lleva a considerar, por la fascinación que en nuestro tiempo ejerce la noción de interactividad, que la diversificación de la obra de arte puede derivar en grandes ideas y grandes creaciones, pero también en grandes carencias, producto de compartir nuestro canibalismo. Salvador Torres (Texto del catálogo de la exposición)

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De Chirico y su obra, 2010. Ă“leo sobre aluminio recortado. 38 x 58 cm.

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Videocreación “El antropófago erudito”. 2010. Formato dvd, duración 5 minutos aprox. Tirada de 30 ejemplares firmados y numerados 36


Serie: El ruedo (2010) El ruedo “La historia del toreo esta ligada a la de España, tanto que sin conocer la primera, resultará imposible comprender la segunda”. José Ortega y Gasset Bajo el título “El Ruedo” se articula un proyecto pictórico que trata de crear paralelismos entre nuestra historia reciente y la tradición taurina, ese espectáculo casi teatral que está cargado del temblor de una violencia estética contenida y ancestral que finalmente se desata en la plaza. Así, en estas obras se construyen escenografías con situaciones planteadas sobre la arena del ruedo en las que aparecen fugazmente pistas iconográficas de la historia reciente de España. Cada obra de las realizadas sobre este ruedo escenográfico puede contener elementos taurinos con situaciones y elementos sociales discordantes, creando asociaciones y diálogos que tratan de mostrar un puzzle histórico y antropológico, convirtiendo la plaza de toros allí representada en una suerte de cajón de sastre, donde nuestro legado cultural contemporáneo proporciona las piezas para la representación de cada “faena” dispuesta sobre cada tela. Estos planos entremezclados tratan de darnos una visión poliédrica de los paralelismos entre la evolución de las corridas de toros y los acontecimientos históricos que las modelaron. Esa perspectiva pretende profundizar en la búsqueda de ciertos momentos del toreo en los que surge el mito de manera espontánea, como un poema visual mitad ritual y mitad ballet, cuando el público se enardece y se retrotrae en un entusiasmo ancestral hasta la Edad del Bronce, momento desde el cual el toreo se ha desarrollado, a lo largo de los siglos, como una prolongación de la práctica de los ritos del paso de la niñez a la edad adulta en algunas tribus mediterráneas. Aunque la lidia de toros se practica en los pueblos peninsulares desde tiempos inmemoriales es en el siglo XVI cuando evoluciona la tauromaquia hasta los encierros, en los que participa la nobleza, que tiene el privilegio de lancear al toro a caballo. Dicho estamento comienza a utilizar a sus peones y escuderos para distraer al toro mientras se sustituye a alguna montura herida. Con la aparición de los picadores en sustitución de las lanzas estos auxiliares adquieren la responsabilidad de llevar el toro al picador, con lo que evoluciona la faena con el capote y adquiere valor estético. A partir del siglo XVII surgen los primeros nombres entre los toreros de a pie, que despiertan simpatías por su estilo y valor, amén de por ser parte del pueblo. Así comienzan a ser solicitadas estas faenas por el público para ser presentadas como el espectáculo principal en el ruedo.

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Ya en el siglo XIX se establece la estructura definitiva de la corrida donde el torero se convierte en oficiante de un rito ancestral convertido en un ejercicio físico y metafísico de integración abigarrada de arte misterioso y teatro homérico. Queda claro que actualmente es imposible una visión pictórica sobre el espectáculo taurino sin la mirada constante al entorno histórico y social que en cada momento lo nutre y modifica como el reflejo escenográfico, cultural y antropológico que es.

Salvador Torres. Cartagena, Agosto de 2010.

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El rito mediterrรกneo, 2010. ร“leo sobre lienzo. 146 x 114 cm.

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La ceremonia de la intuición, 2011. Óleo sobre lienzo. 146 x 114 cm.

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La aldea global y la fiesta, 2010. Ă“leo sobre lienzo. 146 x 146 cm

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El espada, 2011. ร“leo sobre lienzo. 40 cm de diรกmetro

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El paseíllo, 2011. Óleo sobre lienzo. 40 cm de diámetro

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La cornada, 2010. Ă“leo sobre lienzo. 50 cm de diĂĄmetro

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La llegada del 600 en 1957, 2009. Ă“leo sobre lienzo. 86 x 116 cm

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El triunfo, 2011. ร“leo sobre lienzo. 50 cm de diรกmetro.

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La alternativa, 2011. Ă“leo sobre lienzo. 40 cm de diĂĄmetro.

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Trapío hispánico, 2011. Óleo sobre lienzo. 50 cm de diámetro.

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Nota de banderillas, 2010. Ă“leo sobre lienzo. 40 cm de diĂĄmetro.

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Curriculum vitae SALVADOR TORRES. Cartagena, (Murcia). España. 1971. Pintor. Licenciado en Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia.

EXPOSICIONES INDIVIDUALES: 2011 EL TIEMPO PINTADO. Palacio Pedreño. Fundación Cajamurcia. Cartagena. EL TIEMPO PINTADO. Sala Cedaceros. Fundación Cajamurcia. Madrid. 2010 EL ANTROPÓFAGO ERUDITO. OFF PAC MURCIA 2010. Galeria Bambara. Cartagena.

2008 LA INICIACIÓN URBANA. PARÍS 1967-70. Galería Bambara. La Mar de Músicas 08. Cartagena. Catálogo. EL ZOO QUE HABITAMOS. Sala de Exposiciones Muralla Bizantina. Cartagena. Catálogo. 2007 EL SASTRE OLVIDADO. Sala Caballerizas. Murcia. Catálogo. EL SASTRE OLVIDADO. Galería Bambara. Cartagena. 2006 ICONOGRAFÍA PRIVADA. Fotoencuentros-06. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. 2003 FÚTBOL UTÓPICO. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. 2001 CHINESE RESTAURANT. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. 2000 ACERCA DE LAWRENCE. La Principal. Colabora Galería Bambara. Cartagena.

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EXPOSICIONES COLECTIVAS: 2009 VII SALÓN DE LA CRÍTICA. Centro Párraga. Murcia. LAS POÉTICAS TINTADAS. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. Exposición del fondo Municipal de Artes Plásticas del Ayuntamiento de Torre pacheco. Sala de exposiciones de la Biblioteca Pública Municipal. Torre Pacheco. Murcia. ARTE POR UN SUEÑO. Sala El Martillo. Murcia. 2008 FERIA DE ARTE ARTHOTEL 08. Stand Galería Bambara. Hotel NH. Cartagena. Catálogo. 2007 EL BODEGÓN INFINITO. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. ARTMADRID'07. EL CUERPO DEL SENTIMIENTO. Stand Galería Bambara. Catálogo. 2006 FONDO FOTOGRÁFICO. Galería Bambara. Cartagena. EL CUERPO DEL SENTIMIENTO. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. LOS COLORES DE LA INMIGRACIÓN. Sala Cedaceros. Madrid. 2005 EL TIEMPO DE LA SERIGRAFÍA. Sala Vicente Noguera. Torre Pacheco. Catálogo. EL PAISAJE. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. El FIL DAURAT. Can Fondo. Ayuntamiento de Alcúdia. Mallorca. Catálogo. 2004 100 AÑOS CIEN ARTISTAS del Diario La Verdad. Palacio Almudí y Centro Cultural Las Claras. Murcia. Catálogo. HOTELES, HOTELES. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. 2003 LOS 15 DE La Opinión. Sala Díaz Cassou. Murcia. Catálogo. LINEART 2003. Feria Internacional de Arte de Gante. Bélgica. Stand Galería Bambara. Catálogo. VENTANAS. Galería Bambara. Catálogo. LA VISIÓN METAFÍSICA. Sala Caballerizas. Murcia. Catálogo. XXIV Certamen Internacional de Minicuadros de Elda. Alicante. Catálogo. VII Premio de grabado El Caliú, 2003. Olot, Gerona. 30 Días de grabado de Olot. Gäule (Suecia). Catálogo. IV Premio de Pintura de la Cámara de Comercio de Murcia. Cátalogo.

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2002 LINEART 2002. LA CIUDAD METAFÍSICA. Feria Internacional de Arte de Gante, Bélgica. Stand Galería Bambara.. Catálogo. MÚLTIPLES IMPRESIONES. Obra gráfica. Sala Muralla Bizantina. Cartagena. Catálogo. 22 MINI PRINT Internacional, Galería Fort, Cadaqués, Barcelona. Catálogo. Galerie L´Etang d´Art. Bages, Francia. Wingfield Arts & Music Festival 2002, Inglaterra. LA CIUDAD SOÑADA. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. XXIII Certamen Internacional de Minicuadros de Elda. Alicante. Museo de Elda. Catálogo. III Premio de Pintura del Aula de Artes Plásticas Universidad de Murcia. Sala Caballerizas de los Molinos del Río. Murcia. Catálogo. 2001 DÍAS METAFÍSICOS. Galería Bambara. Obra gráfica. Cartagena. Murcia. ARTEXPO 2001. FONDO METAFÍSICO. Feria de Arte de Barcelona. Stand Galería Bambara. Catálogo. Barcelona. VISIONES DE SAN JUAN. Palacio Pedreño. Cajamurcia. Cartagena. Catálogo. Muestra de Artes Visuales Murcia Joven ´01. Murcia. Catálogo. 2000 GERMINAL. Sala Verónicas. Murcia. Catálogo. Artes Plásticas Murcia Joven ´00. Murcia. Catálogo. 1999 EL VIAJE. Galería Bambara. Cartagena. Catálogo. TALLERES: 2005 Taller de serigrafía de Pepe Jiménez. Torre Pacheco, Murcia. 2004 Taller Internacional de Paisaje de Blanca, Murcia.

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EDICIONES DE OBRA GRÁFICA: Editados en la galería Bambara: 2008 - “Llegar”, grabado. 2004 - “Regalo”, grabado. 2003 - “Tiempo de fútbol”, grabado. 2002 - “Amazona africana”, grabado. 2001 - “Momentos chinos”, serigrafía. “Fin de año chino”, grabado. 2000 - “El sueño de T.E. Lawrence”, grabado. “Máquina para iluminar”, grabado. 1999 - “El viajero que pintaba las lunas”, grabado. Tirada en ediciones La Ermita, de Pepe Jiménez: 2005 - “El sastre azul”, serigrafía. BIBLIOGRAFÍA: BALAGUER, N, “Salvador Torres pinta para La Mar de Arte el Mayo del 68” La Opinión de Murcia, pág. 58, Junio 2008. BALAGUER, N, “La Bizantina se convierte en un zoo para animales y hombres” La Opinión de Murcia, pág. 42, Abril 2008. PÉREZ RÓDENAS, M, “Un misterio digno de Hitchcock” El Faro de Murcia, pág. 35, Febrero 2007. ALBALADEJO, J, “ El sastre que pudo ser espía” La Opinión de Murcia, pág. 57, Febrero 2007. CRUZ, P, A, “Salvador Torres” La Verdad de Murcia, pág. 44, Marzo 2007. MIRA, M, “Arte y deporte. Los viejos y heróicos futbolistas de Salvador Torres”, La Opinión de Murcia, Sinfín, pág. 14, Noviembre de 2003. BALAGUER, N, “El fútbol como arte heróico”, La Opinión de Murcia, pág. 45, Noviembre 2003. PARRA, A, “Los iconos perdidos”, La Opinión de Murcia, págs. 22 y 23, Noviembre 2003. BERNARDEAU, J, A, “Estereotipos orientales”, Descubrir el arte, nº 32, Octubre 2001, pág. 30. MIRA, M, “El misterio del restaurante chino”, La Opinión de Murcia, Sinfín, pág. 12, Octubre 2001. JORQUERA, P, “Simetrías”, El Faro de Cartagena, pág. 14, Octubre 2001. ORTIZ, D, “Salvador Torres ofrece un acercamiento culinario a China en su última exposición”, El Faro de Cartagena, pág. 36 Octubre 2001. PARRA, A, “De oriente a occidente”, La Opinión de Murcia, Sinfín, pág. 12, Febrero 2000. MIRA, M, “Soledad de los héroes”, La Opinión de Murcia, Sinfín, pág. 13, Febrero 2000.

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SALVADOR TORRES EL TIEMPO PINTADO (1998-2011) Fundación Cajamurcia. Palacio Pedreño. Cartagena. Inauguración: jueves 10 de marzo de 2011, a las 20 h. Del 10 al 31 de marzo de 2011 C/Puertas de Murcia, 22 – Cartagena Horario: De lunes a viernes, de 18 a 21 horas. Fundación Cajamurcia. Sala Cedaceros. Madrid. Inauguración: jueves 6 de mayo de 2011, a las 20 h. Del 6 al 21 de mayo de 2011 C/Cedaceros, 11 – Madrid Horario: De lunes a sábado, de 11 a 14 horas y de 18 a 21 horas.

www.galeriabambara.es Agradecemos a la Galería Bambara su colaboración para la realización de esta exposición. Aire, 8. 30202 Cartagena-España •Tfnos.: 968 507 276 y 649 033 787 galeriabambara@telefonica.net



El tiempo pintado