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OPINIĂ“N25

CNT NÂş 380 JULIO 2011

La caza de brujas de anarquistas Pocas veces sucede que un periĂłdico tradicional recoja puntos de vista anarquistas. Cuando lo hace suele ser de forma negativa, esto es, con intenciĂłn de demonizar un movimiento de hondas raĂ­ces filosĂłfico-polĂ­ticas. Y en las escasas ocasiones que lo hace de manera positiva, una pregunta atraviesa nuestras malpensadas conciencias libertarias: Âżno serĂĄ esta repentina visibilidad del anarquismo en la prensa un intento por absorber, asimilar y, en consecuencia, neutralizar la presumible vitalidad e independencia de este movimiento? PEDRO GARCĂ?A GUIRAO t$/54&*4

AquĂ­ habrĂĄ quien diga que conviene que hablen de uno aunque sea mal; contra semejante asunciĂłn, Ellie Mae O’Haga publicĂł recientemente un artĂ­culo en The Guardian cuyo tĂ­tulo Anarchists have civil liberties too1 nos muestra el verdadero macartismo, o caza de brujas, “siempre ostensiblemente en nombre de la seguridad nacionalâ€?, al que se estĂĄ sometiendo a los anarquistas de medio mundo por las protestas contra un modelo glo-

Crean una opiniĂłn pĂşblica en la que en el imaginario colectivo se asocie anarquismo y criminalidad bal ineficiente, injusto y asesino. Lo que la autora denuncia, con mayor o menor acierto, viene discutiĂŠndose desde los albores del anarquismo: “la verdad es que el anarquismo no es solamente famoso por sus graves daĂąos criminales. Es una filosofĂ­a polĂ­tica importada, una que da cabida a personas con puntos de vista significativamente contrastadosâ€?. De ahĂ­ que sea posible afirmar que el anar-

quismo ha seducido a gente del Lumpemproletariado, a prĂ­ncipes (lĂŠase Kropotkin), a cristianos y a musulmanes, a gais y a heteros, a famosos y a desconocidos, a punkis, a okupas, a mĂŠdicos, a intelectuales, a liberales y a conservadores, a ecologistas, a artistas, a vegetarianos, a nudistas, a banqueros (o al menos es lo que nos contaba Fernando Pessoa), a inmigrantes, a amas de casa, a desempleados, a jĂłvenes y a mayores y, en resumen, a una riquĂ­sima variedad de personas que forman la llamada sociedad civil. Entonces, Âżpor quĂŠ ese linchamiento pĂşblico al que nos tienen acostumbrados los medios de comunicaciĂłn? Mae nos da una respuesta orientativa: “El problema con la narraciĂłn actual de las protestas en los medios de comunicaciĂłn es que en su rechazo por entender los matices del anarquismo estĂĄn usando dicho tĂŠrmino como eufemismo de ‘peligroso’, ‘violento’, ‘malo’ â€?. HistĂłricamente, en cada ĂŠpoca convulsiva de cambios sociales los poderosos han intentado encontrar un chivo expiatorio al que cargarle las miserias de cada ĂŠpoca y de no existir ninguno, lo han inventado; ahora le toca al anarquismo y a los anarquistas ejercer ese rol impuesto por la policĂ­a social y, en extensiĂłn, por los voceros (tambiĂŠn llamados medios de

comunicaciĂłn) del capital. Casi estĂĄn consiguiendo su objetivo, es decir, crear una opiniĂłn pĂşblica en la que en el imaginario colectivo se asocie anarquismo y criminalidad. De ahĂ­ que hasta nosotros nos veamos abocados a una cuestiĂłn vital: ÂżSon (o mejor dicho, somos) los anarquistas criminales subnormales peligrosos? Esta pregunta recoge

El diagnĂłstico de IntereconomĂ­a del 15-M es el siguiente: “Son comunistas, socialistas, anarquistas, y de ETAâ€? el espĂ­ritu del positivismo criminolĂłgico de Cesare Lombroso allĂĄ por el siglo XIX: “El libro Los Anarquistas, de Cesare Lombroso, es un trabajo [‌], concebido bĂĄsicamente con intenciĂłn de demostrar que los anarquistas son subnormales, tocados por el sĂ­ndrome del crimen, hipĂłtesis ĂŠsta que se desarrollarĂ­a una parte de la escuela penal italiana y que se extenderĂ­a, durante bastante tiempo, por los estamentos mĂĄs conservadores del pensamiento y las leyes de Occidenteâ€?2. Hoy, mĂĄs que nunca, se aplican esos principios del positivismo criminolĂłgico al anarquismo; hoy, mĂĄs que nun-

ca, la sociologĂ­a de Canguilhem y su libro Lo normal y lo patolĂłgico estĂĄ presente en las calles. El Estado pretende unificar, disciplinar y, sobre todo, controlar a la poblaciĂłn y, para ello, nada mejor que definir al otro, al que no piensa como la mayorĂ­a electoral, como un peligroso criminal, como un anormal que debe ser encerrado si no eliminado. Mae no se equivocaba en su diagnĂłstico: “Hay destellos de macartismo en la manera en que el Estado se hace cargo de quienes percibe como una amenaza. Los potenciales anarquistas son intimidados y calumniados y se les niega la libertad basĂĄndose en cargos nebulosos y casi orwellianosâ€?. Las cargas policiales y las detenciones preventivas en Seattle, Praga, Atenas, GĂŠnova, Plaza Catalunya, el montaje mediĂĄtico contra Patricia Heras que acabĂł en suicidio, no dejan lugar a dudas. Estas prĂĄcticas de terrorismo de Estado, nos dice Mae, “inhiben fundamentalmente ‘el derecho a criticar; el derecho a mantener creencias impopulares; el derecho a protestar; el derecho al pensamiento independiente’ â€?. Y aquĂ­ la prensa contribuye con su gran grano de arena en el desprestigio de los anarquistas. Basta ojear IntereconomĂ­a, por nombrar sĂłlo a uno de los menos sutiles y mĂĄs groseros, para darnos

cuenta de ello. Su diagnĂłstico del 15-M y del tipo de personas que lo componen es el siguiente: “Son comunistas, socialistas, anarquistas, y de ETAâ€? o bien “antisistema y radicales de izquierdaâ€?. Comentarios cuya reminiscencia franquista no merecen siquiera una lĂ­nea para ser rebatidos. TambiĂŠn comentarios que nos harĂ­an explotar a carcajadas de no ser porque son tenidos muy en serio por determinados sectores sociales a los que, nostĂĄlgicamente, se les hace la boca agua cada vez que los antidisturbios aporrean a esas “cĂŠlulas terroristas anarquistasâ€? (tomando prestada la expresiĂłn de Mae). Afortunadamente, artĂ­culos tan impopulares para el gran pĂşblico como el de Ellie Mae muestran con cuentagotas que otra manera de concebir pĂşblicamente el anarquismo no sĂłlo es posible sino necesaria: “Si de verdad valoran las libertades sociales, deberĂ­amos interrogar el uso peyorativo de la palabra anarquista porque la alternativa parece que sea, segĂşn los acontecimientos recientes, que la policĂ­a la use como un bastĂłn con el que golpearnosâ€?. 1 En:http://www.guardian.co.uk/ commentisfree/2011/may/02/anarchists-civil-liberties-media-police 2 Lombroso, C., y Mella, R., Los anarquistas, Madrid, JĂşcar, 1978.


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