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Un género Paradigmas sociales:

que se lanzó al ruedo

Foto: Luisa Fernanda López

No es fácil plasmar en un texto todo lo que se quiere decir cuando se trata un tema tan delicado y diverso como la mujer, aun así, afrontare cara a cara el reto de condensar en un pequeño texto la esencia trabajadora de este ser tan maravilloso que se enfrenta todos los días a las barreras que le presenta el mundo. Varios acontecimientos como la organización social, las costumbres y el ambiente han condicionado nuestra forma de vida. La revolución neolítica dejó muy claro el papel de cada género dentro de la sociedad. El descubrimiento y la invención de la agricultura provocaron el asentamiento de los grupos nómadas, la construcción de aldeas y la división del trabajo. Esta clasificación del trabajo provocó que la producción fuera mayor; regulados entonces bajo las normas de la máxima producción y la utilización de la mayor cantidad de fuerza y energía, el trabajo fue convirtiéndose en una ley de selección y adaptación, ley que los hombres acataron por sus capacidades físicas. Por esta razón quedaron mucho más claros y definidos los roles: la mujer no estaba hecha para el trabajo duro y solamente debía estar en el hogar velando por la familia, los hijos y el bienestar de todos.

Desde la época grecorromana es evidente que las mujeres han sido relegadas dentro del mundo del conocimiento, ya que ni siquiera era apreciada como un ente activo dentro de la polis; solo los hombres conseguían el titulo de ciudadanos, extranjeros o esclavos, y la mujer ni la más inapreciable dignidad de esclava. En la época medieval, la mujer que tuviera mínimo conocimiento sobre la ciencia, era considerada bruja y enviada a la hoguera por los inquisidores. Ahora, muestra de la reforma social e ideológica alcanzada en el siglo XXI, se ha logrado, después de largas luchas, que se declaren los derechos de la mujer. Es así como la concepción tan definida de funciones dentro de una sociedad se ve interrumpida por otras revoluciones de igual tamaño, como la ilustración y la revolución industrial. Cada una aporto a su manera: la primera demostró que la técnica y el conocimiento del mundo permitía que las condiciones de vida mejoraran notablemente, y a su vez, que no solo eran poderosos aquellos que tuvieran fuerza, sino que el conocimiento era oro; y la revolución industrial fue una sustitución radical de la fuerza bruta y humana, por la fuerza de la máquina y la energía producida por

las combustiones de hidrocarburos. Entonces el trabajo por fuera del hogar ya no era solo para los hombres porque ¿Quién dice que la mujer no puede competir a nivel intelectual o manejando una maquina que no necesita esfuerzo mayor? Y hago toda esta contextualización histórica sobre los roles de la mujer para poder discutir el rol actual. Cuando se habla de mujer en éste momento de la historia, estamos hablando de un ser que es capaz de balancear el mundo del trabajo y el universo del hogar porque es intelectual y físicamente capaz. Y si de buenos postores hablamos, el ser madre en la mujer es natural. Ellas tiene el don y nunca nadie en el mundo podrá remplazarlas, es una memoria corporal que pasa a través del tiempo, y supera toda barrera de espacio y cambio. No existe hombre capaz de superarlas en su rol de madres. Ellas han sido, son y seguirán siendo los pilares de la sociedad mientras perpetúen los valores a través de las generaciones. Sin embargo, eso no les quita capacidad de ser unas madres proactivas que buscan su realización personal en el desarrollo de sus capacidades y el cumplimiento de logros en el campo laboral. La mujer de hoy es completa, eficaz, inteligente, hábil, rápida. A pesar de algunas excepciones, aquellas que quieren ser grandes lo logran. Hay que aceptar que estos cambios en los paradigmas sociales han afectado de una u otra manera la vida en familia, donde son los dos padres quienes responden por las labores del hogar y la crianza de los hijos, y ellas aportan para que los ingresos sean más altos. Estamos haciendo las cosas bien. Imaginarnos que un hogar sobreviva sin madre es mirar impotentes como se degradan los valores de nuestra sociedad con el pasar de los años. Angélica Carvajal. Estudiante de Comunicación Social - Periodismo de la Universidad del Quindío.

EL ROLLO 8  

Situación de la mujer en el S. XXI

EL ROLLO 8  

Situación de la mujer en el S. XXI

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