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Silenciosa danza con la muerte.


Un hijo de Rey estaba comiendo. Al cortar un queso, se cortó un dedo y una gota de sangre cayó en el queso. Dijo a su madre: —Mamá, quiero una mujer blanca como la nieve y roja como la sangre. — ¡Cómo!, hijo mío, si es blanca no es roja y si es roja no es blanca. Pero busca a ver si la encuentras. «El amor de las tres granadas», Cuento popular italiano


La muerte es el hecho primero y más antiguo, y casi me atrevería a decir: el único hecho. Tiene una edad monstruosa y es sempiternamente nueva. ELÍAS CANETTI La conciencia de las palabras


Silenciosa danza con la muerte.

I Soy conocido como Juan Lozano, un padre, si lo veo de la manera cotidiana, orgulloso de serlo, pero a mi perspectiva, uno que cumple nada mas a cabalidad el rol de serlo, de una hija de 5 años; Melinda. Tengo una edad quizá hasta muy pequeña para ser un padre, apenas rondo los 35 mi complexión física no es la de un actor de cine de Hollywood mucho menos de un deportista, digamos… soy el atleta que no hace deportes, mi esposa, Ana María, una madre dulce, cariñosa y perspicaz, con un gesto tierno en su mirada hace referencia a lo hermosa que puede ser en sus sentimientos, con su tez blanca y su cabello recortado hasta media espalda, con un tono café y sus ojos pequeños y dulces con un color café oscuro que en plena noche se ven de un negro intenso, con un cuerpo fino y definido. La conocí un día, a la salida del trabajo, cuando decidía si ocupar un atajo o no, en el cruce de la calle, teniendo una espontanea y efímera mirada fija a nuestros ojos, la vi, desde ese día siempre decidí ir por el mismo lugar, hasta que entablamos conversación, comenzamos a salir y terminamos siendo novios, teniendo ya dos años de ser novios, decidí proponerle matrimonio, al año de estar casados nació nuestra hija Melinda, son 8 años que he compartido con ella, una relación donde el amor ha ido cambiando, entre una sinuosa cuesta y bajada a la ves, es como una montaña rusa del amor, quizá por eso es que hemos cambiado totalmente nuestras perspectivas uno del otro. Después de todos estos años la monotonía en mi vida ha hecho que cambie con el mismo tiempo, llevándome a una situación 1


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bastante extenuante, esto me llevo a querer encontrar una nueva vida, experimentar una nueva rutina en lo que había sido mi caótica vida cotidiana. Un día, con una mañana soleada y cálida, con un ambiente entre humedad y calor, llegue a mi oficina como cualquier día, entre los compañeros veía cierto estado intrigante, pero no repare en poner atención, llegue a mi cubículo, y saque mis cosas como de costumbre, llevando mi rutina de siempre; cuando supe, por los murmullos de los de mi cercanía, que había una contratación nueva en el área, me intrigo mucho saber quien era y de que lugar era esta nueva contratación. Al medio día, la hora típica del almuerzo todos comenzaron a salir, como es de costumbre, yo siempre llevo conmigo algo de comer, la misma vida me ha hecho ser un poco especial en cuanto a las relaciones interpersonales, me limito solo a ser un espectador. Como siempre el cuarto queda, literalmente, solo, a excepción de quien esta encargado de revisar el orden de los documentos, el conserje y uno que otro que vaga entre los pasillos de la oficina, cuando logre divisar que habían algunas cosas diferentes a las que suelo ver siempre entre la soledad del lugar; tomando mi bocado logre divisar a lo lejos entre los cubículos del fondo del pasillo, a una mujer que antes no había visto y supuse, desde que la vi, era la nueva contratación de la empresa, pero como siempre no le di importancia alguna, seguí mi rutina diaria del almuerzo.

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Pasaron dos días siempre con la misma escena, solo la veía a lo lejos en el fondo del pasillo, hasta que un día decidí levantarme y cambiar mi lugar de almuerzo cotidiano, salí al lado del fondo del pasillo, esta la salida de emergencia, una puerta pequeña de color amarillo con una cerradura extraña, con una barra que atraviesa de lado a lado, la cual se empuja y el cerrojo abre, esta salida lleva a un remolino de gradas que están cerca de una zona como un jardín con arboles grandes, que proporcionan una sombra adecuada para poder sentarse debajo de ellos y estar tranquilo. Salí y baje hasta el jardín, llegue a un árbol frondoso y algo pequeño, decidí sentarme y observar todo a mi alrededor, comencé a sacar mis alimentos, note que me gustaba mi alrededor, todo con colores verdosos y el aire tranquilo que rodeaba el lugar, y un silencio natural y de pronto el sonido de una cerradura rompió ese silencio, dirigí mi mirada al lado de la salida de emergencia cuando divise una figura pequeña de mujer, era ella la mujer que había visto antes en los pasillo, era de un cuerpo delgado, piernas pequeñas y largas, con curvas pequeñas pero atractivas con un cabello delicado y suave, con un intenso negro como la noche, su piel, que refleja la luz del sol como si fuese una hoja de papel blanco, es blanca como la nieve y sus labios... esos labios pequeños y muy detallados, con un color rojo que pareciera se ha desangrado… una hermosa mujer blanca como la nieve y labios con el rojo de la sangre. Bajo por las escaleras y llego donde estaba, me miro con sus hermosos ojos negros que apenas y sobresalían de su pequeño rostro que parecía de una niña traviesa, y su pequeña nariz hacia verla aun mas; llego donde estaba yo y se sentó junto a 3


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mi, el perfume que emanaba de ella enloqueció mi sentido del olfato, queriendo devorar virtualmente un jardín de flores de jazmín, me vio directamente mientras yo no le quitaba la mirada de encima, al sentarse solamente sonrió y me dijo: -

Ten cuidado, a veces tus ojos son la ventana de tu alma, algunos pueden atravesarla y pueden ver todo lo que pasa en tu vida.

Cuando la escuche hablar fue un estrepitoso efecto sonoro casi cacofónico en mi cabeza, su voz era dulce y aguda, pero no molesta, y con un tono seductor y sexy, estaba literalmente a su disposición podía hacer lo que fuera si ella me lo pedía, estaba hipnotizado. Para cuando reaccione, había tenido una mala impresión de mí, me limite a sonreír y dirigirle unas palabras un poco en tono de sarcasmo y burla a mi mismo. -

¿Quizá es por que seré así de tonto y dejo que todos entren a mi vida?

Después de eso, ella sonrió e hizo un gesto de ternura y dulzura, saco de una pequeña lonchera de tela, el almuerzo que muy cuidadosamente había sido colocado en recipientes herméticos, comenzó a destaparlos y me dirigió una mirada un poco extraña, como si me invitara a comer de su almuerzo – Eres el que trabaja en el área de proveedores ¿verdad? – me dijo, mientras llevaba un bocado a su boca, – si – le respondí, con un tono de curiosidad del por que lo sabia o como era que lo sabia.

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Mientras ella me pregunto ¿que era de mi vida? Yo tenía una imaginación libidinosa mientras la veía articular las palabras con sus labios que me incitaban a tener mucho más que un beso explícitamente. Comente de mi esposa y de mi hija y con una facilidad que no me di cuenta que en una hora había resumido mi vida y a alguien que apenas conocía, había hecho algo en mi que no sabia explicarme, la naturalidad con la que salían mis palabras y mis confesiones eran casi imposibles hasta con mi esposa. Llegando la hora de regresar a la oficina, me levante y tendí mi mano para ayudarle a levantarse y así mostrarle que tenia algo de educación y no era como los demás hombres en la oficina, que nada mas hablaban de ella sin tener una conversación con ella. Me tomo la mano y sentí su delicada piel de ellas, una mano pequeña y con dedos delgados y largos, con uñas pintadas con un esmalte color rojo vino, pareciendo un ocre intenso, y su muñeca débil y sensual, al levantarse quede justamente frente a su rostro a una distancia un poco precavida y a la vez atrevida, dirigió su mirada a mis ojos con un gesto en su cabello con su mano izquierda, haciendo que su cabello quedara atrás de su oreja pera luego dibujar una sonrisa picara y tierna. – ¿Compartimos mucho tiempo y no sabré exactamente tu nombre? – Dijo, mientras se soltaba de mi mano que la sujetaba viendo hacia mis ojos perdidos en el negro intenso de los suyos – Juan – Le dije – Juan Lozano – al termino de mi palabra una leve sonrisa se dibujo en su hermosa cara de angelical blanco

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puro – Beatriz – me dijo con un gesto de lascivia de sus labios – Beatriz Miranda – Subimos por las escaleras, ella subió primero, con la intención que yo quedara atrás de ella, notaba sus intenciones, deje que lo hiciera, mientras subía, mi vista no podía dejar de ver sus caderas moviéndose de tal manera que parecía una invitación a algo mas que solo un vistazo, sus glúteos formando un pequeño y contorneado trasero de niña adolescente que se unen con las hermosas piernas delgadas y largas que tenia, moviéndose en un vaivén que, a un hombre común, le fuera un espectáculo pornográfico puro, mientras en mi mente solo pasaban pensamientos de sensualidad. Al llegar a la puerta, tome la cerradura y la abrí, mientras ella se hacia a un lado, hice que pasara primero, su rostro se convirtió a un gesto neutral, mientras su mano derecha se paseo por todo mi pecho, con una insinuación, para luego seguir por el pasillo y ver hacia atrás dejando que su cabello pareciera una sesión fotográfica para modelos, soltando una mirada sexy y lasciva, se dirige al lado contrario de mi cubículo entrando al área de publicaciones en medios. Seguí mi camino hasta llegar a mi cubículo, note que la oficina estaba ya con algunas personas en sus lugares, y el cuchicheo de siempre. Recogí mis cosas y mi lonchera del escritorio y los guarde, tome mis documentos y no dejaba de pensar en esos hermosos ojos negros y sus labios, me embargaban millones de fantasías en ese momento quería dejar de pensarlas, vi la foto de mi 6


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esposa e hija y mis pensamientos se disiparon por un momento, dejando que pudiera trabajar tranquilamente. Al termino del día, todos empezaban a ordenar sus cosas, igualmente yo, ordenaba mis documentos para el día siguiente, saque mi lonchera y la recordé y su nombre se repitió en mi cabeza – Beatriz… Beatriz – resonaba en mi cabeza con su voz tan sensual. Me dirigí a la salida como siempre, abrí la puerta y comencé a caminar a mi lugar de destino, – donde esta mi auto – escuche, – no, es que lo necesito ahora mismo – prosiguió la voz, era Beatriz al lado de donde yo iba caminando, entre el sin fin de personas cruzándose frente a mi, estaba hablando por teléfono, con cierta pena me acerque a ella – estas bien – le dije, y al verme solo note su hermosa sonrisa – si lo estoy – me respondió, estaba discutiendo con su mecánico ya que no le habían entregado su auto, me ofrecí a acompañarla ya que yo no tenia auto, yo me dirigía siempre en autobús a mi hogar. En el camino, comentamos cuestiones de la sociedad, un poco de mi gusto por la música y ciertas trivialidades de las cuales no es necesario ni hablarlas, al llegar a la estación donde ella se iba a quedar, decidí bajarme con ella, solo habían unas tres cuadras de diferencia de donde yo lo hacia, la acompañe hasta su apartamento, en el camino no hubo ni una palabra, solamente seguimos como si fuésemos mudos. Llegando al apartamento vio fijamente la puerta, como si me invitara a pasar a su casa, se detuvo frente y me dirigió su mirada dulce, se saco las llaves de la bolsa de su sacola y las 7


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sonó – bueno acá es donde vivo – me dijo mientras se notaba su nerviosismo en sus movimientos corporales – bueno, es donde me despido – le conteste; me acerque a su mejilla y me despedí, note su fascinación al roce de mis labios en su mejilla, le sonreí y me retire a mi casa.

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II Habían pasado ya varios días desde que me encontré con Beatriz en el jardín, habíamos tomado la rutina de vernos siempre en ese lugar, se había convertido en una forma de como quitarnos el estrés de la oficina, hablamos de nuestra vidas, me conto que su vida no había sido muy buena que digamos, había tenido una situación bastante penosa, había sido abandonada por su ex novio, la dejo por un supuesto movimiento laboral, dejándola sola; no había tenido una relación estable, por así decirlo, desde ese percance. Mientras compartíamos nuestras vivencias, notaba que ella tenía actitudes que me desconcertaban, sus manos a veces pasaban por mi muslo por la parte interior, su cara a veces se encontraba con mi pecho, sus pequeños ataques de felicidad a veces se contrastaban con toqueteos de caderas, pequeños deslices en mi pecho con sus manos y sus miradas insinuantes, a pesar de eso yo tenía mi margen, aunque mi ser, mi carne deseaba mucho mas que solo roces, recordaba a Ana María y a Melinda, al hacerlo mi deseo mermaba hasta desaparecer. Mientras, en mi hogar las cosas cambiaban mucho más de lo que ya estaban, Ana María notaba en mi cierta felicidad que antes no solía ver en mí, y Melinda solamente se limitaba a disfrutar mis momentos jugando conmigo. – Últimamente has cambiado mucho, te veo mas sonriente – me dijo, mientras yo respondía con un seco y directo – si eso mismo he notado yo – y la plática terminaba ahí, ella nunca se interesó por querer seguir una discusión u otra cosa similar, se 9


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encerraba mientras Melinda estaba en su escuela, en un teatro actuando como un mimo, decía que eso le ayudaba a expresarse libremente mientras no podía hacerlo con su personalidad. A veces la miraba haciendo algunas representaciones frente a su espejo, algunas veces eran como de un acto triste y hacia gestos con su rostro que me ponían en una situación un poco incomoda, pensaba que era por mí que ella hacía esas representaciones trágicas de la vida. Una noche mientras salía del trabajo con Beatriz, se me ocurrió ir al pequeño local donde se reunían para hacer sus presentaciones artísticas, pensé que a Beatriz le gustaría, sabiendo que a esa hora Ana María no estaba ahí, por que Melinda ya no tenia clases. Al decirle esto a Beatriz acepto sin ningún reparo, se fascinó porque siempre le gustó el teatro en su niñez, era como si fuese su sueño frustrado. Nos dirigimos al local al final del día, Beatriz lucía una gran sonrisa en su rostro, yo me sentía con una inmensa felicidad de saber que podía compartir con ella, como si fuese Ana María, su brazo rodeaba el mío mientras caminábamos por la calle. Llegamos al local, un pequeño teatro improvisado, con unas mesas para cuatro personas, un poco elegante y sobrio, con pequeños cuadros surrealistas y cubistas en las paredes, con luz tenue y ligera, una ambientación con música Smooth Jazz, un ambiente muy relajante, nos sentamos frente al escenario, una pequeña tarima como de medio metro, con un arco hecho de 10


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madera comprimida y un telón en color azul negro, colocado en una forma muy ordenada y sobria a la ves.

todo

La representación de la obra empezó, y note entre el publico cierta tensión; cuando me percate que entre los pequeños vacíos de luz que se lograban ver, había una chica que nos veía, luego divise su cabello café y liso, era Ana María, atónito por la sorpresa, le dije a Beatriz que nos fuéramos por que había olvidado que tenia que hacer algunas cosas en la casa, desconcertada aceptó que era verdad y nos retiramos, la dejé en su apartamento y me retiré. Al llegar a la casa, vi a Ana María de los más tranquila, intuí que no quería hablar del percance pero no me lo creía del todo, – ¿desde cuando te gusta el teatro o mejor dicho lo que yo hago? – Me pregunto – pues, no me gusta, solo que me intereso de un tiempo acá – le respondí con un aire un poco descarado y cínico. Mientras ella estaba sentada, Melinda yacía dormida en su pequeño cuarto junto a la cama donde nosotros dormíamos, que sinceramente era una sola cama, pero eran diferentes mundos, estaba dividida por una línea imaginaria que dividía dos mundos, creados por nosotros mismos. Ana María, se levanto y se sentó en un pequeño sofá frente a mi, yo me senté en una de las sillas del comedor, – quién era ella – pregunto, como si supiera quien es en realidad – una compañera del trabajo, es nueva tiene unas semanas de estar ahí – le respondí, tratando de calmar y evitar el tema. La

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conversación se detuvo abruptamente y todo quedó como un día malo nada más. El silencio se apoderó de la sala, Ana María se levantó y se retiró al cuarto, yo la seguí detrás y comencé a cambiarme de ropa, mientras ella se desnudaba detrás mío, me di la vuelta y me concentré en su cuerpo, delgado y fino, blanco y terso, su delicada piel y ese aroma de su perfume con esencias de flores de primavera, su cabello cayendo detrás de sus hombros, ese delicado y hermoso color castaño, un café que me parecía la piel de un árbol, liso y sedoso, sus manos comenzaron a quitar el seguro de su sostén y dejo ver sus pechos pequeños y redondos, con sus centros de un tono rosa, delicados, pequeños, imaginé muchas cosas lascivas en ese momento, me acerqué a ella, me di la vuelta y me recosté en la cama, ella hizo lo mismo. Acercándose a mí poco a poco entablamos una mirada fija uno al otro, ella y su cuerpo desnudo intentando persuadirme que lo profanara, yo me di la vuelta y volvió la normalidad a la cama, la virginidad del momento no se rompió, no pude dejar que la lujuria invadiera mi cuerpo y mi alma. Nada pudo suceder, me enfoque en el techo de la habitación y simplemente me dispuse a analizar que era lo que estaba pasando, mientras a mi lado, Ana María se vestía nuevamente con su ropa de dormir que, aunque fuere tela, dejaba siempre su hermoso cuerpo a discreción de quien lo miraba; indagué, analicé y quise comprender por qué estaba pasando eso, qué había pasado con lo que habíamos creado desde que nos conocimos. 12


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Apenas y pude dormir por estar pensando y analizando, amaneció y un nuevo día había a la puerta de mi vida, nuevamente la misma rutina de todos los días, despertar tomar la ducha arreglar a Melinda y llevarla a la escuela, mientras Ana María se retiraba a su escuela, por así decirlo, de teatro. Llegué a mi trabajo ese día y todos mis compañeros me preguntaron si había pasado algo, notaban en mí cierto desconcierto y vacío en mi mirada, como de costumbre no dije nada, me callé y simplemente me dirigí a mi cubículo, quedándome como un tonto haciendo lo mismo que hacia siempre desde que empecé a trabajar ahí. A la hora del almuerzo, como era de costumbre, me dirigía al jardín para encontrarme con Beatriz, abrí la puerta y salí, el día soleado y hermoso, sin ninguna nube un viento fresco y agradable soplaba, me senté en el mismo árbol de siempre a esperar que abriera esa puerta y que llegara a mi lado. No apareció, paso la hora del almuerzo y no había aparecido, me intrigo de una manera extenuante que sentí un ataque de histeria por querer saber que pasaba, cuando entre nuevamente a la oficina, la vi recostada en la pared cerca de la puerta del encargado del área de reparto; al verme sonrió y se dio la vuelta, luego Saúl, el encargado del área de reparto, salió de la oficina y me lanzo una mirada retadora, solamente dirigí mi mirada a otro lugar. Al término de la hora del trabajo, como es de costumbre, comencé a caminar por donde esta la segunda salida, esta lleva 13


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a un lado de la calle donde hay menos gente, aunque camino mas no importa, solo no quiero toparme con mas gente. Cuando iba por la orilla de la calle vi un auto, color negro, un tipo sedan de dos puertas con las luces intermitentes encendidas, al estar frente y como a unos dos metros sonó su claxon, era Beatriz, cuando la vi sentada en el coche la sangre subió a mi cara, sentía una ráfaga de golpeteos en mi corazón que hacia fluir mi sangre en una sola dirección, mi rostro, la cabeza daba la sensación que no tenia cerebro, sentía un inmenso vacío en ella, me daba vueltas, me acerque y le dije – ¡hola! – Ella sonrió y me dijo – súbete – sin dudarlo abrí la puerta derecha y me subí al coche. Mientras nos dirigíamos a un lugar desconocido para mí, le interrogué acerca de Saúl, le pregunte que hacia en su oficina, con una mirada neutra y fija sobre mi, detuvo el auto y con una voz seca me dijo – no pienses mal pequeño, las cosas no son como se ven, a veces no todo lo que brilla es oro – cuando dijo eso, mi cara de asombro le causó gracia, yo, mientras tanto no sabía ni qué responder, luego dejo de reírse y me dijo – nada mas estaba dejando una solicitud de salida de un paquete y desde luego… nos ha visto y me dijo que había entre nosotros – con esa confesión, no sabia si creer y dejar las cosas como estaban o no creer, entonces le respondí con asombro y nerviosismo – ¿que le dijiste? – comencé a sudar y a temblar, mi estomago sentía un vacío por la respuesta que me podía dar – la verdad, solamente la verdad que eres una gran persona y que eres mi amigo – cuando salieron esas palabras sentí un alivio muy profundo pensé que había dicho algo que me comprometiera y llegara a oídos de Ana María, pero por suerte 14


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no lo había hecho, aunque dicho eso, soltó un risa burlesca y agregó – aunque puede ser que quizá de tu parte no quieres que sea solo tu “amiga”… ¿verdad? – eso me sosegó, llegamos a mi casa, yo estaba extrañamente tonto, abrí la puerta y me despedí con un beso en la mejía, al salir del coche le dije – sí – y me dirigí a la puerta de la casa mientras ella tomaba su camino a su apartamento. Al entrar a la casa, Ana María estaba sentada en uno de los sillones junto a Melinda que miraba la televisión, entré, deje mis cosas en una mesita que se encontraba cerca de la puerta, me acerque a Melinda y la salude con un beso en la frente, mientras ella se sujetaba de mi cuello gritando – ¡papi! … ¡te quiero mucho! – Ana María con una sonrisa poco fingida se acercaba a mi, me tomaba el cuello de mi camisa y me soltaba la corbata – ahora tienes chofer que te trae a la casa y con un coche bastante…. Bonito y elegante – cuando sonaron esas palabras me asuste, y entre una voz algo nerviosa le dije – es Beatriz, mi compañera, vive cerca y venia con… su novio y me dio un pequeño… bueno cortésmente me dijo que podía traerme a mi casa, no puede decirle que no a una invitación… demostraría mi falta de educación ¿no? – ella sonrió y solamente guardo silencio. No hubo ninguna discusión, reclamo nada absolutamente nada, había sido como antes, sin ninguna palabra. Esto me intrigaba, ella es callada, pero no como para que no me diga las cosas que le incomodan, en el fondo se que oculta algún tipo de pensamiento sobre nosotros, pero me intriga el hecho que no lo exprese. 15


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III Por más que intentaba entenderme no lo lograba, habían pasado ya dos meses que había conocido a Beatriz, las salidas se habían hecho más seguidas y más… fuera de lo común, las insinuaciones eran cada vez más notorias, no solo para mi, si no para todos a nuestro alrededor. Quizá no sea algo nuevo para muchos, o de alguna manera ya lo hayan vivido; quizá debería de seguir el camino de lo conocido para poder relatarlo, pero esto me llevaría a entrar de una sola vez al caso, mejor hago una remembranza de lo que era o pudo pasar, una historia de todos conocida y por eso mismo desconocida. Cada salida era un espectáculo de insinuaciones, en cuanto a mí, solamente me limitaba a mirarla cada vez que se exaltaba con un gesto mío u otro tipo de acción que yo hacia por ella. Cierto día, antes de la salida del trabajo, ella me invitó a salir a un lugar publico con mucha gente, a un café cercano del trabajo, cuando me lo propuso lo pensé, no quería estar, mejor dicho, no quería estar en un lugar muy publico con ella, me perturbaba el hecho que no se contuviese, no nos contuviésemos algún tipo de reacción en ambos, al final de cuentas accedí. La hora de la salida del trabajo llego, y como siempre, Salí por el lado de atrás, vi el coche de Beatriz y me dispuse a abordarlo, pero… sorpresa, no vi el auto, ni a Beatriz, eso me asusto, por que no sabia que podía pasar con ella o si en 16


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realidad me había jugado una broma, si tengo en cuenta como es de juguetona. Camine hacia el lado mas concurrido de la calle cuando escuche unos pasos, era ella, traía una camisa blanca con un jeans color celeste, y unos zapatos que parecían de esos que se utilizan para dormir, mas no lo eran, tenían un estilo como de pantuflas pero eran zapatos casuales, su cabello recogido, como una cola de caballo, y un mecho que le caía en su rostro. Obviamente se había cambiado dentro del trabajo, su coche no estaba cerca ni siquiera lo vi; acercándose a mi con un saludo de beso en la mejilla, me vio con sus hermosos ojos – ¿nos vamos? – Me replicó, y con un estado enérgico y de algarabía respondí – si… vámonos – y tome de su mano para retirarnos al café. En el camino, sonó mi celular, era Ana María pidiéndome de favor que pasara por Melinda a la Escuela, Ana María estaba un poco “atareada” en el pequeño teatro escuela de mimos, y no había podido salir antes para poder recoger a Melinda en su escuela. – Necesitamos pasar por Melinda – le dije a Beatriz, que, con una sonrisa de niña ilusionada me dijo – ¡si! Me encantaría conocer a tu hija, quiero conocerla y poder jugar con ella… entonces ¡cambio de planes! – me sorprendí, pensé que iba a ser diferente la reacción, pero lo tomo a bien y bueno eso resultó mejor de lo que imagine. Nos dirigimos a la escuela, y llegamos justo a tiempo los pequeños estaba saliendo ya del recinto, entre y recogí a Melinda y cuando salimos vimos a Beatriz, recostada en un 17


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barandal de la escuela, con sus brazos cruzados y con un gesto algo desconcertante, no expresaba nada en si. Al llegar cerca de ella, sonrió y vio a Melinda de una manera como si fuesen niñas ambas – ella es Beatriz, una compañera del trabajo – le dije a Melinda presentándola a Beatriz. Ella se agacho y se puso de rodillas, tomo su cabecita y le dio un beso en la frente – hola Melinda, eres como me dijo tu papi – Melinda es muy peculiar en cuanto a su carácter, es un poco retraída pero muy empática con la gente, tiene unos ojos pequeños y redondos color negros, que los heredó de mí, su cabello a la altura de los hombros de un color castaño oscuro, quizá por la mezcla entre el color de cabello de Ana María y el mío, una carita redonda y su boca pequeña, con labios algo delgados y carnositos, una niña de cinco años, muy linda, sus dientes están mudando a los permanentes y uno de los frente se le ha caído, eso la hace ver mas tierna de lo que es, su carácter es bastante peculiar, es perspicaz y curiosa como Ana María, pero reservada y tranquila como yo. Beatriz quería que fuésemos a algún lugar para pasarla con Melinda, ella quería disfrutar de estar con Melinda, entonces decidimos ir a un lugar donde hay juegos de niños, entramos, yo llevaba de la mano a Melinda y Beatriz iba por delante, como es de costumbre, entramos y de pronto vi un juego donde uno puede entrar con los chicos – ¡¿qué te parece este Melinda?! – dijo mientras la miraba con esa cara de niña pequeña que me enternecía, Melinda me vio a los ojos como pidiendo permiso de ir – ¿quieres ir? – Le dije para que se animara; viéndome fijamente con unos ojos llenos de felicidad me dijo rápidamente - ¡SI! – tomando la mano de Beatriz entraron, era un tipo de juego de esos donde hay muchos 18


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cojines y cosas para jugar, Beatriz se quito los zapatos e igual Melinda, comenzaron a jugar como niñas pequeñas, veía a Beatriz con una diferente faceta, quizá no era claramente ella, en realidad no me importo eso. Beatriz jugaba con Melinda mientras me miraba y sonreía con esa mirada tierna y pícara, se lanzaba en el suelo y dejaba que Melinda se le subiera a su espalda, se lanzaban los cojines, subían y bajaban unas graditas que estaban dentro, como si fuesen dos niñas de cinco años. Cuando hubo terminado de enloquecerse, literalmente, por los juegos de Melinda, se acerco a mí que estaba recostado en una baranda cerca del juego, colocó sus brazos sobre mi cuello y poniéndose de puntillas para alcanzarme, me abrazó y me dijo – tienes una hija fenomenal – luego continuó su locura con Melinda. Verla de esa manera me llenó de felicidad, mi corazón palpitaba de emoción y sentía como dentro de mí unos deseos por correr donde ella y abrazarla, tomar entre mis brazos a Melinda, besarla en su mejilla y de igual forma a Beatriz, como lo había hecho antes con Ana María. Ana María aun no había salido del teatro, cuando salimos del lugar de juegos de niños, mientras caminábamos tomados de la mano Melinda y yo, Beatriz caminaba como su fuese una bailarina de ballet adolescente, su figura lo hacia ver mas aun de esa manera; Melinda mientras tanto se notaba feliz, su pequeña sonrisa en su boca lo mostraba – Papi… ¿cuando volveré a jugar con ella? – Pregunto Melinda – pues… cuando ella decida volver a jugar contigo y si tu mamá no se opone – le 19


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contesté, cuando Beatriz le dijo, agachándose para tener la altura de ella – yo jugare contigo siempre que lo quieres hermosa… tu eres mi amiga y jugaremos cuando tu lo desees… ¿Trato hecho? – Trato – le contesto Melinda con una algarabía que no cabía en su pecho. Llegando a una esquina, Beatriz se desviaba para poder pasar a recoger su auto, mientras nosotros seguíamos nuestro camino a la casa; al despedirse Beatriz besó en la frente a Melinda mientras que a mi me tomo de mi mejilla, acaricio mi rostro con el dedo pulgar y me beso entre la boca y la mejía, mostrando una pícara e inocente sonrisa se dio la vuelta, despidiéndose de nosotros. Melinda se despedía de ella como si fuese una reina de fiesta, sacudiendo su pequeña mano y una gran sonrisa que mostraba sus pequeños dientes, con el vacío del que se le había caído, Beatriz caminaba y colocaba sus manos juntas en su boca y lanzaba besos al aire y sacudía su mano mientras seguía caminando con gran relajación, sacudiendo su cabello negro.

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IV Llegamos a la casa, aun no había llegado Ana María, entramos y deje que Melinda viera la televisión, me cambie de ropa, escuche un ruido en la puerta era Ana María, se miraba cansada y estresada, Salí a saludarla, la tome de la cintura y la bese en sus labios, ella me recibió con gusto, sonrojada me dijo que le había gustado mi acto de ternura; se dirigió donde Melinda – ¿que has hecho mi princesa? – le pregunto, mientras Melinda le contaba todo lo que había hecho mientras estaba con Beatriz y yo, le conto de los juegos y de las cosas que hicieron juntas hasta como me había abrazado, esto la incomodó, viéndome con sus hermosos ojos, me intimidó, como si quisiera decirme algo pero no dijo nada, y siguió con Melinda platicando de su tarde de juegos. Quizá no era el momento adecuado pero, decidí preguntarle que le había pasado para que no pudiera recoger a Melinda en la escuela, ella desconcertada me comento que había una reunión donde se quería hacer una presentación especial en el teatro nacional, pero que necesitaban que todos estuviesen para poder dar un veredicto final, esto fue lo que la retrasó. Pasó un tiempo desde que llagamos a la casa, Melinda estaba a punto de dormirse en brazos de Ana María, me percate y decidí tomarla en mis brazos y llevarla a su cama en el cuarto, dejándola en su pequeña cama Ana María se levanto y se dirigió a la cocina, asegurándome que Melinda estuviese bien y que en realidad dormida, me dirigí con Ana María a la cocina, me senté en una silla de esas de bar que estaba cerca de el refrigerador – si quieres decir algo, este es el momento 21


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adecuado – le dije mientras ella tomaba un vaso de leche – sabes que puedo y deseo decir muchas cosas, y creo que lo haré – respondió – aún no se cómo es que hemos cambiado tanto desde que nos conocimos, quizá tu no eres el hombre tan expresivo, lo se, pero anteriormente había una paz, una comunicación que cambiaba nuestras vidas, siempre hubo eso entre nosotros – exclamo – si lo se muy bien, creo que fue la monotonía que hay en nuestras vidas la que ha cambiado nuestra relación – agregue con mi mirada fija a la nada y con mi voz llena de remordimiento y tristeza – si la monotonía es la que nos ha cambiado, entonces… Dime ¿que hay de esa chica con la que has estado saliendo estos últimos días?, ella ¿ha hecho algo que yo no he hecho hasta ahora? Por que si ves como actúas ahora, estas más vívido que antes. – cuando dijo esas palabras mi corazón se exaltó y dirigí mi mirada a ella, mientras ella se centraba en el vacío de la cocina, con su mano derecha cubriendo el vaso donde bebía su leche y la izquierda posada en el borde de la mesa – Beatriz no es mas que mi amiga, quizá llego a mi vida para que nosotros cambiásemos nuestra vida diaria y saliéramos de nuestras vidas monótonas, no veo algún problema, no ha pasado nada de lo que puedes imaginarte… sabes… sabes que te amo, eso no lo dudes nunca – estas ultimas palabras afectaron el ánimo de Ana María, vi como cambio su gesto en el rostro, inclinó su cara mientras levantaba su mano izquierda y cubría sus ojos, salieron unas lágrimas de ellos, volteó y agrego – sabes que no dudo nada de lo que tu sientes por mi… dudo de lo que yo pueda hacer por ti – al decir esto me exalto de sobremanera, y mis pensamientos volaron de inmediato a pensar que ella no estaba dispuesta a salvar nuestra relación, pero no era eso, no estaba o no tenia

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ninguna idea de lo que en realidad había pasado por su mente en ese momento. Me levanté y me dirigí a ella, la tome con mis brazos por la cintura, abrazándola por la espalda coloque mi rostro cerca del de ella, asomándome por su hombro, le di un beso en su mejilla y susurré en su oído – no dudes de ti misma, se que estas confundida, hagas lo que hagas, me hagas lo que me hagas… yo te amo y de eso no hay duda alguna – se dio la vuelta quedando frente a mi, mis manos estaban en su cintura, ella me tomo mi rostro y con sus hermosos ojos me vio directamente a los míos, sonrió y en un susurro sensual y tierno me dijo – te amo… - se seco sus lagrimas y levanto su rostro llevando su boca a la mía, fundiéndose en un beso que estaba cargado de pasión y ternura; la abrace y la lleve a la recamara, la recosté y vi como su pequeño y delicado cuerpo se relajaba – tranquila, solo relájate y deja que la noche sea nuestra confidente de todo lo que nos esta pasando – y vele por su sueño esa noche, mientras observaba como dormía. El día siguiente, mientras me preparaba para irme al trabajo Ana María despertó y me sonrió, como nunca lo había hecho, había una chispa especial que no veía hacia mucho, me tomo del cuello de la camisa y me beso, sonrió y se dirigió a la cocina, traía puesto su ropa de dormir favorita, la luz de la ventana de la cocina dejaba entre ver sus pequeñas curvas, sus piernas pequeñas y delgadas, con un blanco intenso, y sus pequeños y redondos pechos se asomaban entre la ropa. Tomé mis cosas y salí de la casa, vi un día soleado, con un viento sin igual y nuevamente me sentía yo, aquel Juan que 23


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había sido de hace unos años atrás, estaba de algún modo vivo nuevamente. Llegué al trabajo, entré como siempre lo había hecho, cuando llegue a mi cubículo, estaba como siempre, aunque había una cosa extraña, había un sobre blanco sin ningún remitente, al verlo deduje que no era mío, pero lo levante y habían escrito mi nombre, intrigado decidí abrirlo, había una nota escrita a mano, se notaba que había sido escrita con rapidez, era de Beatriz decía: Juan, espero que te atrevas, se que eres intrépido y valiente, por que no hacemos una treta de niños, se que te interesa y que querrás, noté que te gustó cuando me viste jugando con Melinda anda sé que si aceptarás, te esperaré a la hora del almuerzo, en las afueras del edificio como siempre lo hemos hecho para a la hora de salida del trabajo, no te preocupes por la hora, todo esta arreglado ya, tenemos tiempo suficiente. Espero que no seas lo que imagino, pero bien tú decides ahí está mi invitación, te estaré esperando. Besitos tu linda y hermosa amiga Beatriz. Pdta. Sé que lo harás y sé que no me decepcionarás. Me intrigó al leerla, no sé qué pretendía, o qué se proponía, pero dentro de mi había algo que me decía que no lo hiciera, pero la parte de experimentar me decía que si fuera; al final de

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cuentas lo decidí y me dispondría a ir con ella, veré qué es en realidad lo que quiere, espero no decepcionarla. Y la hora llegó, hora de almuerzo, y mi corazón se abatía de intriga, emoción, mientras mis manos se helaban, aún con un poco de indecisión me dirigí a la salida, como siempre lo había hecho a la hora de salida del trabajo, abrí la puerta y vi el día, la luz del sol, las nubes en el cielo, el azul intenso del mismo, el viento rozando mi cara y el calor que se mezclaba con el calor del día, las personas pasando por mi alrededor, todos buscando un lugar donde comer, mientras yo buscaba a la chica que había cambiado mi ánimo, mi vida y había hecho ver que había pasado en mi monotonía, quien había hecho que viera la vida misma, que me recordó que había un motivo por el cual vivir y disfrutar de la vida misma, era la chica blanca como la nieve, con labios rojos como sangre y cabello negro, negro intenso como la noche.

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V Para cuando salí no sabia que era exactamente lo que ocurriría, pero me embarqué en la aventura, caminé un poco cuando divisé a lo lejos ese largo y hermoso cabello negro, haciéndome una seña con sus manos me llamó a donde ella estaba, me dirigí a su lugar sin ningún reclamo. Me acerqué y me saludó con un emotivo abrazo, y un beso en mi mejilla, estaba su auto cerca, me intrigó mucho más aún verlo, no sabía que pretendía – ahora huiremos de la sociedad, como dos tontos que solo quieren divertirse – me dijo, mientras me tomaba de la mano y me llevaba al auto; abrió la puerta y entramos. Dentro había una cesta un poco… extraña, de esas que sirven para cargar cosas para una salida en familia, había una manta y unas copas, me intrigó mucho más, - ¿qué es todo eso? – le pregunté – pues… son cosas que necesitaremos al lugar donde vamos; quiero que disfrutemos la vida como nunca antes lo has hecho, te mostraré un lugar que me encanta y me maravilla siempre, lo he visitado siempre sola, pero quiero que tu lo veas y te maravilles como yo lo he hecho hasta ahora – aún no entendía que era lo que quería, pero había una parte de mi que la disfrutaba. Mientras conducía, veía por la ventana como la ciudad se alejaba y los arboles comenzaban a aparecer como hormigas en un hormiguero que había sido maltratado por un niño; no sabia donde nos dirigíamos, pero sentía que había algo de picardía, en el fondo me gustaba – ya casi llegamos y veras como es que yo 26


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vivo mi vida – me dijo mientras su rostro se mostraba inexpresable. El auto empezó a doblar, divise una entrada como de un campo, había una cerca de madera y un portón, rodeado de una verja hecha de ladrillos de barro, que se dividían en un color rojo mientras sus sisas eran de color blanco; Beatriz bajo del coche, y toco un timbre que se veía entre algunas hojas de habían de una planta de esas trepadoras entre el muro; apareció un señor algo extraño, con un atuendo de campesino, una camisa de color celeste, manga larga, un Blue Jeans y unas botas de esas de hule, como para lavar autos. Se acerco a ella y le abrió, dándole la bienvenida, el portón, ella le agradeció y se dirigió al auto – ahora estamos cerca del paraíso – me dijo mientras conducía a la entrada. Entre el camino que se divisaba para llegar a nuestro destino habían arboles, muchas plantas un poco extrañas que nunca había visto crecer en el campo abierto, sembradíos de café y un roció que se sentía, un campo color verde al horizonte, cuando nos detuvimos – bueno llegamos a la parte donde tenemos que seguir a pie – bajo y abrió la puerta, yo vestía mi camisa formal, color café oscuros, me había quitado la corbata y me había recogido mis mangas hasta mis codos, llevaba un pantalón negro y unas zapatillas color negro, me sentía incomodo, ya que ella llevaba un Jeans y zapatos casuales para poder caminar tranquila y una blusa de tres botones en el cuello color beige, - no te sientas incomodo te traje… ¡esto! – me dijo dándome unos zapatos mas cómodos para poder caminar entre la gramilla y tierra.

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Mientras me los ponía, ella bajaba la canasta con no se que cosas dentro, un mantel o manta color rojo y blanco, era a cuadros, las copas para vino tinto, yo mientras, acomodaba mis zapatos, que habían ajustado a perfección en mi pie, sin duda había planeado eso también, por que no eran míos, creo que los había comprado, igual no tenia intención de preguntarle. Tomé ventaja y le dije que llevaría la cesta, ella no dudó en dármela, y me sonrió. Continuamos a pie sobre un camino hecho por las personas que habían, quizá, caminado por ese lugar, a los lados se podían ver arboles que se levantaban y hacían que verlos parecieran gigantes de madera, apenas y dejaban entrar la luz del sol, había plantas pequeñas con flores de colores rojos, amarillas y púrpuras, unas como carrizos de papel en color púrpura y otras como una bolita de papel rojo, las amarillas parecían un plato grande con un huevo estrellado, sus pétalos blancos pequeños y un centro muy amarillo, y no eran girasoles, por que eran pequeñas como del tamaño de una palma abierta. Llegamos a un pequeño sendero que iba en dirección a un prado o pequeño vacío – es por acá Juan, ten cuidado con tus pasos, puedes resbalar – camine y vi como los arboles dejaban de verse, pero el verde de la gramilla estaba presente, cuando de pronto pude sentir una frescura sin igual, y un ruido como de agua cayendo a un pequeño estanque; era una maravilla, un lugar paradisíaco que nunca imaginé existiera en esta zona. Era un pequeño estanque de agua natural, que era alimentado por una pequeña cascada de agua que provenía de un pequeño cerro cerca, el agua parecía una piedra preciosa, aquel color 28


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verde de cerca y un color turquesa a lo lejos, que lo daba por el reflejo de las flores cercanas de color celeste, era un estanque como de unos cincuenta o setenta metros de ancho, de profundidad, no podía ni dar una estimación, no podía imaginarlo, pero si tenia una profundidad considerable. Había un predio donde estaba un halo de luz, Beatriz se dirigió directamente ahí, yo vi atrás para considerar la distancia que habíamos caminado y recorrido del todo, tanto en auto como a pie, pero considerando eso, parece que habíamos recorrido como cinco kilómetros o más para llegar al lugar. Beatriz se tiró al suelo, a la gramilla y disfruto el ambiente – acércate Juan, ven disfruta de la naturaleza, solo deja que el sonido de los pájaros, el agua y el viento de arrullen – me dirigí donde ella, coloqué la cesta cerca y extendí el mantel y me senté cerca, ella se levantó y se acercó a mi, sentada y recostada sobre mí, colocó su rostro sobre mi pecho y suspiró de tal manera que expresaba relajación total. Tomo la cesta con su mano extendida, yo le ayudé, comenzó a sacar las cosas, había comida, unos sándwiches preparados, fruta y una botella de vino, coloco todo sobre el mantel, mientras al fondo de nosotros se miraba el estanque con sus cristalinas y hermosas aguas verdes. Mientras ella sacaba las cosas de la cesta en mi mente giraban un millón de pensamientos, uno de ellos era ¿que hacíamos en ese lugar? La vi de lo más tranquila, tomé la decisión de preguntar que era todo eso, la verdad me intrigaba – Beatriz… me gustaría saber ¿qué es todo esto? y ¿qué hacemos acá?, la 29


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verdad me intriga mucho – simplemente no me dio indicios de respuestas cuando tomo un sándwich y lo saco de su envoltorio hecho de servilleta, le dio una mordida, lo llevo a mi boca – toma prueba, se que no te resistirás – me dijo, mientras yo abría la boca y daba la mordida, era un emparedado de jamón, queso y lechuga, con mayonesa y un poco de salsa kétchup, tenía trozos de pepinillos, en realidad tenían un sabor que cualquiera quedaría embobado con ellos. Mientras comíamos, yo esperaba que me diera una respuesta, no hablamos la verdad, solamente comimos y dejamos que el maravilloso paisaje frente a nosotros nos deleitara nuestro momento. El cielo estaba despejado, el sol iluminaba con fuerza, nosotros estábamos debajo de un pequeño árbol frondoso, el agua del estanque hacía sentir una brisa fresca, nosotros sentados observando el horizonte; cuando Beatriz tomo las copas y destapo la copa de vino tinto que había llevado, sirvió las copas, y me dio una – lastimosamente Beatriz no bebo y lo sabes – le dije, mientras ella con su mano extendida cargaba la copa, y con la otra bebía de la que tenia ella. Hizo un gesto de desagrado por eso, pero igual ella tomo de su copa como si no le importase lo que le decía, luego bebió de la que me ofrecía a mi anteriormente. Dejando las dos copas vacías vio fijamente al cielo, se quedo por un tiempo de esa manera, yo solo la observaba, bajó su rostro y me vio fijo, tomo mi mano y me recostó sobre el suelo, cubierto por el mantel que había llevado.

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Me dejé caer por inercia, no sabía si hacerlo o no, pero lo hice, luego tendidos en el suelo, ella se dio la vuelta y quedo justamente cerca de mi pecho, en reacción a eso, tome la iniciativa de colocarle mi brazo para que lo utilizara como respaldo para su cabeza. Me relajé y dejé que el momento pasara, me quede fijo viendo al cielo, igualmente ella; mientras observábamos las nubes y que nuestra imaginación echara a volar imaginando figuras inexistentes en las nubes que se podían lograr ver, estaba bastante despejado el cielo, pero las pocas nubes que habían eran bastante grandes y espesas. Dejé que mi temor y mis represiones salieran, me relajé tanto que dejé que ella tomara mi mano que había colocado para que ella se recostase en ella, la acaricio con su delicada y pequeña mano. Mientras observaba el cielo, de pronto me dijo – Juan… ¿sabes que deseo muchas cosas contigo? Son cosas que quizá tu ya las sabes, buenas o malas, no lo se… pero quiero y deseo esas cosas – no supe que responderle, y la vi por debajo de mi barbilla, mientras ella recostada en mi pecho miraba el cielo. Se levanto bruscamente de mi pecho, se sentó quedando de espaldas a mi y vio al lado de donde estaba el estanque, no se que fue lo que paso, mientras yo despacio me incorporaba, sentándome lentamente – ¿qué es lo que pasa? – le pregunté, un poco nervioso, pensé que había algo que podía haber pasado, o haberle pasado – quiero que me sigas, y no preguntes donde, solo sígueme y veras lo que digo – me respondió, mientras se levantaba y tomaba las cosas y las metía a la cesta, igualmente me levante y le ayude. 31


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Teniendo las cosas en la cesta, comenzó a caminar y logré divisar una pequeña casita, cabaña o algo así, era pequeña, parecía una casita de juguete, era de madera y ladrillos, tenía un pórtico con dos columnas de madera y un techo que se alargaba a ellos dejando como a un metro al puerta principal, había dos ventanas, una al lado izquierdo y la otra arriba al centro, parecía que tenia dos plantas la casita – ¡llegamos! – me replicó con gran emoción y me tomó de la mano, corriendo a la puerta, y viéndome cómo yo hacía esfuerzo con la cesta donde habíamos dejado todo lo que había llevado ella para el viaje. Llegando a la puerta, que era una puerta de madera, con un cerrojo de esos que parecen antiguos, tienen una manija un poco extraña, para abrir tienen un dispositivo como un pequeño gancho que abre el cerrojo de una manera cuidadosa y con gracia. Lo tomo y sujeto el pequeño gancho y abrió, la puerto hizo un pequeño chirrido mientras ella sonreía – sabia que estaría abierta, nunca la dejan con llave, saben que no entra nadie, por que no se, además nadie viene por estos lugares – me dijo, mientras entrabamos, era una casa normal por dentro, la ventana a la izquierda daba al estanque y se podía ver el hermoso color del agua, habían unas escaleras que llevaban a un cuarto o un ático en la parte de arriba, había una cocina, y un pequeño cuarto, la sala tenia muebles de madera en color ocre, que conjugaban con las cortinas de una vinería que estaba frente a la sala, un módulo con un televisor de esos nuevos, que son delgados y tienen una imagen muy brillante, unos parlantes que parecen ser de un teatro en casa, y correctamente es eso, un 32


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teatro en casa que esta debajo del televisor “LED”, hay una librera llena de documentos de viajes como de cosas de turismo o expediciones que se pueden realizar en diferentes zonas del país; había un desayunador hecho de madera, con decoraciones talladas en ella, de animales y arboles, unos pequeños bancos de bar, tres en total, un pequeño pasillo que lleva a una recámara, la cual tiene una cama grande, con un respaldo hecho en madera y con cajones para guardar cosas, unos cuadros surrealistas y cubistas alrededor de toda el área de la recamara, una mesita pequeña con libros de Hemingway, un pequeño baúl que me intrigó, por que tenía un candado extraño, un ventilador de techo con unas luces tenues, había una lámpara para leer cerca de la mesita a un lado. Mientras yo admiraba la casa, Beatriz entró a la cocina y reviso si había algo de comer o de beber, no se que buscaba – lastima que no hay nada en este refrigerador mi querido Juan, seguiremos con lo que andamos desde el inicio – me dijo, yo aun asombrado no sabia que hacíamos ahí – ¿quién vive acá o de quien es esta casita de campo? – le dije mientras ella sacaba los emparedados de la cesta – es del dueño del lugar, recuerda que estamos en un lugar cercado, es amigo de mi madre, por eso puedo entrar cuando yo quiera, la verdad el casi no ocupa esta casa, si ves las cosas se ven hasta polvosas, siempre que vengo entro y me relajo leyendo sus libros y cosas extrañas que tiene, pero se torna aburrido, te dije que te encantaría – me explicó, pero aún con esa explicación no me sentía tranquilo, yo seguí con mi recorrido por los recovecos de la casa, luego después de que hube recorrido la casa, me senté en uno de los muebles de la sala, y tomé un refresco de los que llevaba Beatriz en la cesta. 33


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Ella estaba en el sillón más grande con la copa en la mesita del centro llena de vidrio, estaba sentada con sus piernas en forma de mariposa, mirándome fijamente con una mirada pícara y sensual, sonrió. Se levanto y se dirigió al modulo tomando una cajita que se asomaba, era de un tamaño mediano, la destapo y habían varios CD de música, viéndome con una tentadora invitación a que me acercara a ella tomo varios y se sentó en el suelo como una niña, quitándose los zapatos y dejando sus pies al desnudo, que en mi opinión, eran muy sensuales, blancos y delgados, pequeños como los de una niña adolescente, muy cuidados, se unen a una pantorrilla definida, delgada y a la ves muy curvilínea. Siguió revisando los CD y de pronto encontró el que quería o el adecuado, lo tomo con sus pequeños dedos y me sonrió con un gesto asegurándome que es ese el que andaba buscando. Se puso de rodillas y se acerco al teatro en casa, lo encendió y saco la bandeja para colocar el CD y se reprodujera, luego se levanto, al darle “Reproducir”, poniéndose frente a mi donde estaba el sillón, inicio la reproducción, era un sonido como de un piano de viento, un sonido calmado y lujurioso violines y cuerdas suaves, un ambiente como de un lugar sombrío y sexy, el piano marcando notas sensuales y la luz, que era poca por cierto por solo haber una sola ventana, daba esa sensación de un ambiente vampírico y sexual, el color de las cortinas y la madera hacia un espectáculo visual de lujuria.

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Ella con una mirada sensual y dejando caer su cabello negro por sus hombros, tomo su blusa que tenia botones hasta el final, comenzó sensualmente a soltarlos, poco a poco, su cabello caía por el frente de su rostro, el sonido de los pájaros y el sonido de la música, me tranquilizaban de alguna manera, no sentía temor mucho menos ataduras, al soltarse los botones de la camisa, comenzó a quitársela de su cuerpo lentamente, deslizó sus manos por la orilla de la misma, arrojo su cabello hacia atrás, sus dedos ahora tocaban su piel, poco a poco dejo ver sus hombros blancos, que resplandecían en la tenue iluminación de la casa, dejo caer su camisa en el suelo, se acercó a mí que estaba aún sentado, la música sonaba ahora como un canto gregoriano con instrumentalización clásica y sensual, la verdad el ambiente me estaba provocando una reacción de excitación total. Cuando estaba cerca mío, deslizó sus dedos por mi rostro mientras el rostro de ella se acercaba a mis mejillas, mi corazón palpitaba a una velocidad que sentía que rompería mi pecho, yo como no había podido cambiarme tenia mi camisa del trabajo, tomo mi cuello y comenzó, como lo hizo con la de ella, a soltar poco a poco cada botón de mi camisa, sacándola de mi pantalón. Sus gestos en su rostro eran extremos, sus labios eran mordidos por sus dientes de una manera tan lujuriosa, sus miradas casi entrecerrados sus parpados, se sentó sobre mi con las piernas abiertas sobre las mías, sus manos acariciaban mi pecho, deslizó su dedo y llegó a mi boca, colocándolo de una manera como cuando un silencia a alguien, acerco su rostro y besó su dedo que estaba en mis labios.

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Después al hacer eso, se acercó a mi oído y en un susurro lujurioso me dijo – estamos en el portal donde el pecado es el cielo, y el cielo se convierte en el infierno mismo, la moralidad no existe, solo existe… el deseo carnal. – cuando me lo dijo, yo estaba en un estupor de excitación y de disyuntiva, no sabía qué hacer, recordaba a Melinda y a Ana María, no podía imaginarme nada más que eso, Beatriz tomó mis manos y las deslizó por sus pechos haciendo que yo los tocara, pude sentir su piel mezclada entre la tela de su ropa interior, con la guía de sus manos, bajé por su costado de la cintura hasta llegar a sus glúteos, hizo que los apretara, mientras ella se levantaba para quedar de pie frente a mi, y sin soltar mis manos hizo que llegaran a la parte del frente de su pantalón, por inercia y sin ningún reclamo sujete el broche y lo solté, baje la cremallera mientras ella con una mirada de niña inquieta, sonrió y nuevamente tomó mis manos y las llevó por toda la orilla del pantalón, para que luego con la misma ayuda de ella lo bajara, hasta el momento, no había visto nada de su cuerpo, mi respetuosa actitud no me dejaba hacerlo, pero en ese momento el demonio de la lujuria tomó mi cuerpo y comenzó a disfrutar de su cuerpo semi desnudo, hice que me soltara las manos y por mi propia cuenta bajé su pantalón y se lo quité, luego con mis manos subí acariciando sus piernas, tomando sus glúteos nuevamente y acercándola a mí, deslicé mis manos a su vientre y con mis labios acaricie su vientre y estómago, subiendo a su pecho donde, con un leve movimiento de mis labios, ella gimió de placer, para luego subir a su cuello blanco, y de igual forma, acaricie con mis labios, mis manos tomaban su cintura, subí lentamente mientras ella me sujetaba mi espalda con fuerza denotando el placer en el que se encontraba, mezclándose con el sonido de la música que se había convertido en una 36


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reproducción sexualmente explícita mezclada con la escena en la que nos encontrábamos. Sujete el sostén por la parte de atrás y solté el seguro, no dejé que cayera rápido, hice que se deslizara suave y ella con una gesto de ternura y de pena, soltó mi espalda y con sus brazos cruzados cubrió sus pechos desnudos, dejé caer el sostén y con mis manos sujete su rostro y la besé por primera vez, sus labios, eran suaves, y pude sentir la respiración agitada salir de su nariz, su lengua jugaba con la mía, dejando que se mezclara la lujuria con algo tierno, miré sus ojos tan de cerca que la profundidad de ese negro intenso me cautivó, dejándome en un trance mientras ella sonreía y me acariciaba mis mejillas sin dejar al descubierto sus pechos; mientras veía la curva de su mejilla luminosa en la oscuridad, en la poca luz que había, su pequeña boca, un capullo de rosa roja encanta y, sin duda destinada a ser una mujer hermosa desde el nacimiento – Me quemaré por culpa de mi lujuria – mientras ella cerraba sus ojos, me respondía con su voz aguda y susurrando – me enamoraba de aquel hombre; imaginaba esa amistad, una conversación mientras imaginaba una intimidad como esta… jugando a ser amantes, donde no existe tiempo ni moral, solamente un mundo de lujuria y seducción –. Me volví a sentar en el sillón y ella frente a mi parada sin dejar ver sus pechos aun me observo con detenimiento – siempre hubo una imagen quemándose entre mis muslos por ti – dijo, sin ningún miedo – si por mi lujuria a tú muriera, lo haría sin duda alguna… Juan… dentro de mi… muy dentro de mi… deseo que seamos uno solo que penetres hasta lo mas profundo de mi ser – las palabras resonaron en mi cabeza, reaccioné y me 37


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di cuenta de lo que estaba pasando, estaba a punto de volverme loco, estaba semi desnudo, no sabía qué hacer. Mi cabeza dio vueltas, imaginé a Melinda frente a mi y decepcionada de mi, a Ana María llorando y con su rostro lleno de tristeza, reaccione a tiempo, pero a la vez no quería que Beatriz se sintiera mal, o culpable de algo, no supe que hacer en ese momento, cuando ella se acercó a mí, con la intención explícita de que tuviéramos relaciones sexuales, me levanté y solo pude decirle – está mal, esto está mal… Beatriz ¡esto está mal! –.

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VI Después de todo lo que había sucedido, no sabía qué reacción había dentro de su cabeza, aún estaba estupefacta por lo que había dicho, no dejaba de ver en su rostro emociones que antes no había logrado ver, sus brazos no dejaron ver sus pechos. Me levanté y tomé mi camisa, luego tomé la de ella y se la di con un gesto de ternura, pensé que eso haría que se calmara la situación, pero solamente la empeoró. Al estar ante esta situación de sentimientos de Beatriz decidí salir de ahí, no tenía ni idea dónde estaba pero fue lo único que se me ocurrió, no quería estar cerca de ella, no quería causarle más dolor, más sentimientos de tristeza. Corrí siguiendo los caminos que se veían entre los arboles y la grama, pensé que si los seguís podía encontrar algún lugar donde poder abordar un autobús o un taxi, mientras tanto, al horizonte lograba ver, la caída del día, entre los arboles y el estanque podía observar la tarde, los colores naranjas y purpuras en las nubes, y un celeste que apenas podía con la negrura de la noche. Encontré al señor que nos había abierto la puerta cuando llegamos; no sabia que decirle, no sabia si preguntarle como salir de ahí o como poder llegar al centro de la ciudad – disculpe… señor… podría decirme como puedo llegar a la ciudad, no importa si debo de caminar – le dije, mientras el en un gesto de admiración por semejante pregunta, me señaló un camino y me recalcó tres veces que al final llegaba a una 39


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carretera y que caminara un poco y encontraría una estación de gasolina, que ahí podía abordar un taxi. La idea no sonaba mal, pero aun tenia temor de perderme, pues la noche se acercaba, la oscuridad estaba acechando los caminos. Seguí mi recorrido, siempre en línea recta por el camino que me dijo el señor, cuando hube caminado un buen trecho logré divisar una luz artificial, de una lámpara de esas de rótulos luminosos, corrí y en efecto, era la estación, llegué y logré ver unos hombres, uno era delgado y llevaba una camiseta de color gris y unos jeans azules, el otro era gordo, con aspecto de borracho, era calvo y usaba lentes grandes, usaba una camisa de tres botones color negro, con un logo en su izquierda, un jeans celeste y unas botas de electricista, la estación era pequeña, dos bombas y una pequeña tienda de conveniencia que decía abierto veinticuatro horas, siete días, un tipo escuálido y pálido era el que atendía la tienda y las bombas. Me acerqué al señor más decente, el que tenía la camisa con logo, y le pregunté si él era el dueño del taxi, respondiéndome con un seco y directo – ¡SI! – me sentí aliviado, y decidí decirle que me llevara al centro de la ciudad, a lo que el señor aceptó sin ningún reparo, tan solo me dijo una condición – no puedes llevar prostitutas muchachito, soy honesto y con valores muy muy familiares –. En el camino, no dije ni una sola palabra, solo observaba cómo los árboles se convertían en figuras sombrías ante la negra noche, al fondo las luces de los edificios de la ciudad, ya la luna había pasado al lugar del sol, era una luna llena, con un color amarillo intenso, brillaba mucho, pero aun así, la noche, la 40


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negrura de la noche clavaba sus garras en el paisaje verdoso del día, el que había visto cuando iba con Beatriz. Llegamos a la ciudad, el señor del taxi me pregunto si quería ir a un lugar especifico o si me podía dejar exactamente en la entrada de la misma; decidí quedarme ahí; pagué al señor y regresó dando la vuelta en la pequeña calle de asfalto al lugar donde nos habíamos encontrado. Seguí con mi recorrido, traté de arreglarme un poco, para que no pensaran que era un delincuente, pero lo desaliñado de mi ropa no me ayudaba. Caminé por las calles de la ciudad no sabía por dónde caminar de lo aturdido, revise mi celular estaba apagado, lo encendí, vi la hora, eran las nueve con treinta y cinco de la noche, habían pasado casi ocho horas desde que salimos del trabajo. Revisé los mensajes, no había nada de Ana María, ni llamadas perdidas, me asuste, decidí llamarle a su celular, y la operadora como suele pasar cuando esta apagado, respondió, me intrigué tanto, que sentí como mi corazón palpitaba al compás de mi respiración agitada; llamé a la casa, y de igual forma no contestó nadie, eso me llenó más de temor. Seguí caminando y logré ver una calle que llevaba a mi casa, entró en mí una satisfacción y felicidad, caminé por ella por casi diez minutos, hasta que logré ver la calle pequeña que llevaba a mi hogar.

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Caminé con ansias y deseos de ver a Melinda y a Ana María, mientras en mi mente pasaba la escena donde Beatriz estaba desnuda, sin poder verle los pechos, no podía sacármela de la cabeza, a pesar de todo, la deseaba, pero no podía hacerlo, mi amor por Ana María me impedía hacerlo, además que una noche antes habíamos arreglado las cosas. Llegue a la casa, extrañamente no habían luces, eso me llamó la atención de inmediato, toqué la puerta para ver si había alguien dentro; no escuché nada, ni un saludo ni preguntando quién era, busqué mis llaves, tomé el cerrojo e introduje la llave, abrí la puerta y sorpresa que me lleve, ¡no había nadie! Me sobresalté, sentí que mi cabeza golpeaba contra una pared, encendí las luces y de pronto pude ver como que alguien había estado ahí en la casa, seguí buscando por los rincones, la cocina, los cuartos la sala, ¡revise todo! Llegué al escritorio donde tenia mis documentos, y vi un sobre, bastante extraño, no era mío, la intriga me hizo tomarlo, no tenia ni remitente, ni a quién podría ir dirigido, me dio curiosidad y lo abrí; había un pequeño papel, y había una nota que decía: Juan, creo que si encontraste esta nota, es porque ya estás en la casa, déjame decirte que necesito que llegues al jardín, el jardín donde conociste a Beatriz, sé que lo harás, no llegues tarde mi querido Juan… te amo. Ana María.

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Me intrigó, no sabía que había pasado con ella, no me contestó el celular, y si estaba en el jardín, eso quiere decir que supo que no estaba en el trabajo y que había salido con Beatriz. Vi el reloj, eran las diez de la noche, no era posible que estuviese en el jardín, la empresa la cierran a las ocho, y solo quedan los agentes de seguridad, los cuales son dos, dudo mucho que le hayan otorgado permiso de quedarse hasta esta hora, pero… indudablemente tenia que ir a ver si aun estaba ahí. Tomé una camisa limpia, coloqué unos billetes en mi bolsa, y salí de la casa, con una desesperación inexplicable en palabras. Salí y mientras caminaba por las calles desoladas, mi imaginación volaba, de saber que le había pasado a Ana María, pero también a Beatriz, saque mi móvil con la intención de llamarle a Beatriz, revisé los contactos y encontré el nombre de ella, pero no me atreví a llamarle. Ya casi cerca de la empresa, saqué nuevamente mi celular y llamé a Ana María, y otra vez la misma respuesta, llegué exactamente a la fachada, vi la puerta de vidrio al fondo, me dividía una reja de metal para llegar a ella, vi la luz al fondo, donde se mantenían los de seguridad, no sabía si preguntarle a uno de ellos o entrar por mi propia cuenta. Decidí hablar a uno de los de seguridad, llame al comunicador electrónico, pero no obtuve respuesta alguna, grité para que alguno me escuchase, pero de igual forma no recibí respuesta alguna; me embargó una zozobra y decidí entrar por mi propia 43


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cuenta, como pude escalé la cerca de metal, pero no me percaté de algunos alambres con púas que estaban atados al final, tuve que sortearlos y desgarré mi pantalón por la parte de afuera de mi pierna, caí al suelo estrepitosamente y eso lastimó mi tobillo, el dolor fue insoportable. Logre reponerme y continúe mi camino y búsqueda llegué a la puerta de vidrio de la entrada principal, no vi a los de seguridad, la puerta estaba abierta y entré. Me dirigí directamente al jardín, no vi nada, absolutamente nada, había tomado una lámpara de la caseta de los de seguridad, con la luz de ella revisé todo, hasta que vi algo como un cuerpo, corrí hacia ahí, vi a uno de los hombres de seguridad, estaba golpeado, tenia sangre en su cabeza y sus manos tenían rastro de forcejeos o una lucha con alguien que llevaba una cuchilla o algo similar. Lo levanté y tome su cabeza, no estaba muerto, simplemente aturdido por el golpe de la cabeza, despertó pero se miraba tonto aun por el golpe – ¡Juan!... ten cuidado por favor, ¡es por ti! - me dijo en un gesto de exaltación que no supe por qué lo había dicho de esa manera, le dejé en el suelo, mientras revisaba qué había pasado, de pronto escuche unos pasos en las hojas que han caído del árbol, revisé y di vuelta a mi cabeza bruscamente a todos lados buscando que rondaba, mi corazón se exaltaba, cuando a mi izquierda logre divisar una figura, una mujer, después todo en mis ojos se coloro en negro.

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VII Recobré el sentido y lo primero que vi fue un rostro pintado de blanco, con delineador negro que formaba una línea al centro de los ojos, labios en negro y marcando líneas tribales en las comisuras, el cabello recogido y amarrado como una cola de caballo. Me vio fijamente a los ojos, el dolor en mi espalda y cabeza era casi insoportable, levante mi mano y toque la parte trasera de mi cabeza, sentí humedad y viscosidad, era una pequeña herida. El rostro no dejaba de verme, hasta que cuando en mi lucidez recobrada logré distinguirlo, era un mimo, con la característica cara pintada, pero con diseños tribales en los bordes. Me logré levantar, el dolor se hacia mas fuerte, obviamente tenia que ser así, me habían golpeado. El maldito mimo hizo lo mismo que yo, vestía como un aristocrático del siglo dieciocho, su camisa de manga larga con encajes al final, un chaleco color negro, con una corbata de pañuelo, cuello fino y delicado, el pantalón negro, zapatillas con hebilla y calcetines altos cubriendo la parte baja del pantalón, algo así como un duende irlandés, pero su ropa superior como la de un aristocrático ingles o francés del siglo dieciocho. Hizo los mismos gestos que yo, se levantó y se sentó en el suelo, se tocó la cabeza y se vio la sangre inexistente en su mano, me vio directamente siempre. Revisé el lugar en un vistazo circular, era algo así como una bodega abandonada, tenia ventanas amplias que dejaban pasar la luz del sol, por eso supe que era de día, las paredes se veían 45


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percudidas y sin pintura, el techo era bajo, pasaban largos cables y cadenas donde se podían ver como pequeños vagones de un tren para transportar algún material. Había pilares gruesos y delgados. Yo estaba cerca de uno grueso, como de un metro de espesor, al fondo se podía ver algo más que ventanas era como un portón grande, como si fuese el de un taller de reparación de autos. El mimo hacía gestos extraños, luego sacó de su bolsillo un llavero, con unas cuantas llaves pequeñas y una grande, colgaba un llavero de cuero pequeño con un nombre, inmediatamente supe que era el de Beatriz – ¡qué has hecho con Beatriz maldito! – le grite. Mientras él solamente me hacía señas que no me exaltara. De pronto detrás mío apareció alguien más; era una chica mimo, vestía igual que el mimo, con un vestido aristocrático de color purpura, con un dije de cruz egipcia en su cuello, la falda llegaba mas o menos a la altura de la rodilla dejaba ver unas medias negras y unas zapatillas negras también. Se acercó al hombre, luego lo vio con una mirada lasciva dejando la espalda a donde yo estaba; dirigió su mirada por encima del hombro para verme a mí, luego le dio un beso sensual, lo cual dejo una mancha negra en los labios de ambos. Mientras ellos hacían su juego, intente escapar pero el hombre mimo me detiene, poniéndose frente a mi, y cada movimiento que hago intenta copiarlo.

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Cuando me percaté que era en vano escapar decidí enfrentarlo, pero aun así el se detuvo y me señalo a un pilar, era el pilar que estaba cerca de donde yo estaba. Cuando hizo esto, dirigí mi mirada con furia al lugar, logre divisar un cuerpo, amarrado por las manos que se asomaban por la parte de atrás del pilar, y las piernas formando un Angulo casi recto, los pies descalzos y el pelo enmarañado con mucho lodo y suciedad. A pesar de eso logre reconocerla, era Beatriz. Cuando la vi en ese estado, mi mundo interno colapso, y corrí donde ella estaba. La tome en mis brazos e intente quitarle las sogas de las muñecas, las cuales tenían laceraciones por las mismas, podía ver parte de su piel desgarrada otras pegada en la misma soga. El cabello caía en su rostro, se lo recogí y pude ver sus hermosos ojos negros con su maquillaje corrido, formando un lago negro en sus párpados, y en sus mejillas, las lágrimas pintadas de negro, que resbalaban sin percatarse que yo estaba ahí frente a ella. El mimo se acercó y con un palo en mano me levantó la cara y me hizo señas que no la tocara. Enfurecido tomé el palo e intente golpearlo, pero fue en vano, el dolor y lo aturdido hicieron que resbalara y cayera al suelo. Beatriz gritó al verme caer. El mimo me dio un puntapié en mis costillas que me dejó sin aliento. Beatriz se levanta y se acerca a mí, en mi inconsciente me incorporo con dificultad al lado de ella.

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Sentado y sin aire, con la vista borrosa, la abrazo y la levanto y logro quitarle la soga. La mujer intenta acercarse a mí pero le aparto de un solo golpe en su rostro. Mientras el hombre me da un puñetazo en mi boca, cayendo de nuevo al suelo, pero esta vez llevándome conmigo a Beatriz. Tendidos en el suelo vemos como mujer y hombre mimo realizan algo así como una representación, se toman de la mano, mostrando una sonrisa en su rostro blanco con la boca desfigurada por el maquillaje que había sido revuelto por el beso anterior. Tomados de la mano, representando una caminata, y que están felices pasan a una grotesca escena, simulan que están en algún cuarto o casa, la mujer baja entre la ropa del hombre, simula diferentes situaciones sexuales, en una de esas escenas ella queda encima de el, y mientras simula estar teniendo sexo me mira con lujuria y ve a Beatriz con rabia. Se levanta y toma un pequeño palo que esta cerca, mientras el hombre hace lo mismo. Nos señalan con su dedo índice mientras se acercan donde nosotros. El hombre mimo hace una seña con su dedo medio y me lanza un golpe al estómago, que me dejó casi inconsciente, mientras veo a Beatriz llorando y gritando al verme caer. La mujer se acerca a Beatriz y hace lo mismo con Beatriz haciéndola caer y escupir sangre. Mientras tanto escucho otros pasos al fondo, trato de incorporarme pero no puedo hacer mucho arrastrándome me dirijo donde Beatriz. De pronto se colocan la mujer y el hombre frente a mi haciendo gestos de ternura, mientras siento un pie en mi espalda que me hace detenerme, el hombre toma mi 48


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camisa por la parte de atrás y de un solo movimiento me da la vuelta y me sienta, dejándome recostado en un pilar, Beatriz esta al fondo mío. Al levantar mi mirada, veo como se acerca esa mujer, apenas y podía distinguirla por mi estado, se acerca y con su dedo índice levanta mi cara, se arrodilla entre mis piernas, abre su mano y me toma por mi mentón – ¿esto era lo que querías que pasara Juan?... Tú buscaste el lugar adecuado para hacer el amor, yo para la muerte… – Me dijo. Logre reconocer la voz, era Ana María, estaba diferente, su cabello era de color negro, sus ojos tenían un odio que se reflejaba de inmediato, llevaba una camisa de color negro, con mangas largas recogidas a la altura del codo, un jeans de color negro y unas botas que se alzaban por encima del pantalón, en su cuello un dije de una navaja de afeitar, con una cruz egipcia como la mujer mimo, que en ese instante comprendí que eran compañeros del teatro donde ella actuaba. No sabia que hacer en ese momento, intentaba comprender que había pasado, mientras tanto le dije a Ana María que estaba sucediendo, pero con una mirada fría fija en mi no me dio ninguna respuesta. Caminó un poco y se dirigió donde Beatriz, y la ve y al estar juntas se ven similares, tienen la misma facción facial – ¿intentas quedarte con lo que he logrado… mi querida…? – dijo, de una forma bastante despectiva Ana María a Beatriz, de manera que no me percataba mucho que había sucedido en su forma de actuar.

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Se acercó a Beatriz, se arrodilló frente a ella y acercando su rostro, Ana María con una mirada bastante amenazadora dice en un acto de poder sobre ella – llegó la hora de hacer una división a esta relación – el decir esto imaginé que me haría algo a mi, pero al fondo, los dos mimos cargaban un baúl, que se miraba bastante pesado, lo bajan y lo abren sacando muchas cosas cortopunzantes, cuchillos, dagas, espadas y cosas así, que en mi imaginación pensé eran de utilería, pero no, eran reales. Ana María, levanta con un movimiento brusco a Beatriz y la carga con el mimo hombre, y la llevan a un tipo de jaula, algo así como un ascensor que se logra divisar en el lugar, sabiendo que es una bodega, pensé que era algo así como un vagón que cargaba o llevaba materiales. Mirándome fijamente entre sus gestos de ternura mezclados con furia, sonríe y me dice con la potencia de una voz decidida – luego sigues tú… Juan- Sujetando a Beatriz del vagón, Ana María, muestra una sonrisa, de maldad. Mientras ellos están distraídos con Beatriz, trato de reponerme y lograr ayudar a Beatriz y poder escapar del lugar; saco de lo mas profundo de mi ser un último esfuerzo, logro ponerme de pie y observo un pequeño trozo de hierro, algo así como un trozo de viga rota; logro tomarla con dificultad, la mujer mimo esta de espaldas a mi observando lo que hace Ana María y el tipo vestido de mimo. Cauteloso y decidido me acerco lentamente, y en una impetuosa acción golpeo en la cabeza a la mujer, destrozando parte de su cráneo, logre ver como parte de sus sesos golpearon la pared a 50


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lo lejos, y como al caer el cuerpo inerte deja una larga y espesa laguna de sangre a mis pies. Luego de haber hecho eso, me dirijo con Ana María, pero más al mimo, sé que es el que tiene más fuerza que ella, y quien puede frustrar mis únicas fuerzas y esperanzas que me quedan. Corrí y decidido a matar al mimo, mientras corría vi pasar toda mi vida, lo que había logrado, lo que tenía en ese momento, lo vivido junto a Ana María, a Melinda, que hasta ese momento ninguno había pensado en ella, eso me distrajo un momento y me estremeció, poniéndome a disposición de lo que podría hacerme el mimo. Al escuchar, el ruido que se armo cuando corrí el mimo asombrado da vuelta y divisa el cuerpo muerto y la sangre en el piso, es ahí cuando el pierde el control de su serenidad y en un momento de furia y desesperación grita, y se dirige a mí sin ninguna idea de que hacer en su mente. Al verlo correr hacia mí, no pude detenerme y en mi agonía de querer saber que hacer, solamente agite el trozo de hierro, cuando estaba cerca de mi, logrando herirle su rostro, dejándole una herida bastante profunda en su mejía izquierda, enfurecido me lanza una mirada de furia incomparable, logre divisar su mitad izquierda destrozada por el hierro, y al fondo logre ver la mirada atónita de Ana María y a Beatriz llorando por lo que estaba viendo, lo que causaban mis actos. El mimo ya no tenia la misma tenacidad, ya no veía en sus movimientos la misma energía, la perdida de sangre había colmado hasta el punto de estar moribundo, casi muerto; es en 51


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ese momento que deja su papel de mimo y en una voz de desesperación y dolor me susurra – tómala… mi vida ahora es tuya, y además de ser tuya ya no tiene sentido, Alejandra… Alejandra yace ahí… sin vida alguna, dame lo que le diste a ella… la paz, la libertad… dame la muerte- mientras, sus palabras resonaron en mi cabeza, y me acerqué a él, y en un acto de piedad olvidé todo y cargué con furia mi brazo y le ensarté el trozo de hierro en su corazón, su mirada se apago, y en un ultimo suspiro me musito – gracias… aún por todo lo que te hemos hecho tienes honor…- dejando caer su cuerpo al suelo. Ana María no salía de su asombro, mientras yo me acercaba con dificultad a ella, quería que todo terminase ya, tomé mi tiempo y mis palabras salieron de mi diciéndole – Ana María, mi querida Ana María, no te has puesto a pensar ¿Qué pasará con Melinda? ¿Qué será de ella sin mí?- ella se perturbo más, logre ver su desconcierto, logre ver su mirada perdida y en un estado de hipnosis propia. Me vio y luego dirigió sus ojos a Beatriz, que estaba en esa jaula, vio un botón y mientras lo presionaba me dijo en voz de odio y gritos – ¿que hay de ella? ¿Pensaste que ella te daría lo que yo no te di? ¿Qué sería una mejor madre para Melinda? ¿Que pensaste de ella?... ¿lo pensaste?- mientras el vagón subía a una altura considerable, y Beatriz lloraba y en su estado precario y casi moribundo me miraba pidiéndome perdón por lo sucedido, podía verlo en sus ojos.

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Me acerque poco a poco donde Ana María, ella no mostraba miedo ni algún tipo de recelo a lo que podría pasarle, me acerque a tal grado que si daba un paso mas toparía con ella. Al estar así de cerca de ella, levanté mis brazos y la tomé del rostro, y acaricié su cabello, ahora negro, y la vi a los ojos, acerque mi rostro al suyo, y en su oído le susurre – Te amo, Ana María, te amo, jamás dejaré de amarte… te amaré hasta la muerte…- al decirle esto, presiono otro botón el cual liberaba las anclas que sujetaban el vagón donde se encontraba Beatriz. Mientras yo impresionado y paralizado por la acción tomada de Ana María pude ver, como el vagón caía, en un espacio libre y a una altura de más de cinco metros, pude ver el cabello enmarañado y hermosamente negro de Beatriz volar por el efecto de la inercia dentro del vagón, como se elevaba y se pegaba al techo del mismo, igual que su cuerpo. Veo caer y golpear el piso con una estrepitosa y ruidosa escena, pasó en un lapso de segundos, una nube de polvo y escombros de metal pude ver como mi nueva ilusión desaparecía de esta realidad. Mis ojos no podían creerlo, solté a Ana María, mientras ella volteaba y miraba como yo corría con dificultad donde yacían los escombros de lo que había sido un vagón, donde había sido la cárcel de Beatriz; pude ver como el cuerpo salía de entre los escombros, con su piel desgarrada, con laceraciones por todo el cuerpo, de niña, de una niña inocente y picara, su rostro cubierto por sangre y su cabello.

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La tomé entre mis brazos y aparte su cabello con mis dedos, y pude ver su rostro desfigurado, con una cortadura que pasaba de su frente hasta su mentón, sus labios pálidos por la pérdida de sangre, la cargué y la abracé y en ese instante pude sentir detrás de mi como un objeto entraba y cruzaba mi espalda hasta aparecer delante de mi, era una espada de doble filo que estaba en el ataúd que habían llevado los mimos, y quien la empuñaba era Ana María. Me di la vuelta y vi lágrimas en sus ojos, sujetada por una cadena gruesa y en sus manos un control similar al que tenia el control del vagón de Beatriz, mi asombro era que los dulces ojos negros, sus labios que había sido de color rojo, Beatriz logro dar su ultimo suspiro y dirigiendo su moribunda mirada a Ana María le dijo – Perdón, Perdón Ana María, nunca en mi vida existió un hombre tan perfecto como Juan… tuviste la suerte de tenerlo y dejar a una mujer como Melinda para que sepa que en realidad existen los hombres perfectos… Gracias por demostrarme Juan que si lo existen- acto seguido Ana María sujeto el control y presiono un botón, es ahí cuando libero unas palabras – Lo siento por ambos, lo siento por mi, solo deseo que me perdonen, y que Melinda sepa perdonarme después de todo lo que ha sucedido- Pude ver como un vagón cerca de donde nosotros comenzó a caer y la cadena que sujetaba a Ana María por la cintura comenzó a moverse, y es ahí donde entendí que todo había sido para matarnos a los tres, todo había sido planeado, desde el principio, el teatro, la actitud indiferente todo, ella lo sabía, se dio cuenta de todo, había sido planeado desde el inicio, dejo que Beatriz disfrutara de mi, dejo que el tiempo me confundiera, su depresión, su actitud

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negativa, todo estaba de la mano, era por eso, había planeado todo desde antes, lo había hecho para liberarse de la vida. Pude ver como el cuerpo se elevaba junto con la cadena que sujetaba el vagón y sujetaba su cintura, como se incrustó en su delicado cuerpo, como fue partido en dos en el aire, muriendo así la persona quien me había dado la oportunidad de saber que era vivir, mientras Beatriz lograba levantar su mano y acariciarme mi mejilla, pude ver como sus ojos se apagaban, y su calor, el calor de su mano desaparecía. Mientras yo solo sentía que una oscuridad pasaba por mi cuerpo, por mis ojos, sentía como el calor olvidaba que estaba en mi corazón, como las palpitaciones paraban. Logré levantarme, aún con la espada atravesada en mí, logré llegar a una ventana, y pude ver un poco de luz, con dificultad, tome una pieza de hierro tirada en el piso, rompí una ventana, y la luz del sol entro iluminando toda la bodega. Caí arrodillado, y dije a los cuerpos de Ana María y Beatriz – la vida es una maravilla, cada segundo es un regalo, no dejare que mueran en la oscuridad que el humano mismo crea en sus corazones- sentí como mi llama se apagaba, luego de la luz que había entrado por la ventana solo pude ver poco a poco una oscuridad que me cubría y sentí como dejaba este mundo de mortalidad, como desaparecía de la vida como la conozco, al fondo solo pude ver una figura de un cuerpo humano, creo que era la muerte, en ese momento, no sabía que pensar, la sombra se difuminó y la oscuridad me atrapó por completo.

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EPILOGO Tengo 22 años, soy felizmente una estudiante universitaria, que gracias a mis esfuerzos he logrado superar muchos problemas, ahora estoy contenta, tengo un novio que me comprende, es decoroso y muy amable, siempre me trae rosas al salir de la universidad, trabajo en una tienda, como cajera, siempre ando vestimentas formales, no mucho me gustan, en mis días libres me gusta vestir camisas al estilo de niño, y jeans, tengo cabello castaño, pero no me gusta, siempre me lo tiño de negro, me encanta como se me ve con el color de mis ojos, un café oscuro que en la luz parecen claros, me encanta la música, puedo tocar piano y guitarra, me encanta ese sonido Vintage, con unos amigos y amigas de la universidad tenemos una pequeña banda que toca en unos locales, algo así como un bar para amigos, culturales, tocamos música Garage Rock, algo así como un sonido Grunge con estilos clásicos del rock de los 70’s. Vivo en un apartamento, tengo un gatito, me gusta porque me hace compañía siempre, aunque siempre tengo muchos amigos que me visitan, no soy una chica triste, me gusta ser amigable y muy sociable. Un amigo de mi papá siempre me visita y me habla de él, dice que fue un gran padre hasta el momento de su muerte, siempre pensó en mi, y bueno, Saúl, es el nombre del amigo de mi papá, es una gran persona, me ayudó y me cuidó, trabajó con mi padre, y cuidó mucho de él, dice que tuvo un accidente con mi madre, que murieron después de eso, pero que antes de morir le dijo unas palabras y que nunca las olvidare, Saúl siempre me 56


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las recuerda también pero me gusta que lo haga, por que se que lo hace para recordarse también, y esas palabras son: “Aprovecha cada respiro que tomas, solo tenemos una oportunidad, tomemos esta oportunidad ahora, solo se vive una vida en un corto tiempo”

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Primer cuento/novela no apta para todo público que escribo, esperando sea de su agrado, y que puedan dejar sus comentarios

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