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Los nazis y el Departamento 50 de la PDI La desclasificación de documentos de inteligencia que la PDI inició el 22 de junio no es solo una iniciativa histórica, sino que permitirá confrontar un pasado que muchos quisieran olvidar. Por Carlos Basso, periodista

Uno de los temas más polémicos y discutidos en la filosofía clásica y sobre todo moderna es el del mal, materia que –por cierto– es el objeto de trabajo de cualquier policía. Representado por la figura del demonio en las culturas judeocristianas, la noción del mal adquirió un nuevo sentido a partir de la idea de Inmanuel Kant en orden a que existía un mal “radical”, un mal que muchos entendieron estaba más allá del mal habitual. Filósofos más contemporáneos, como George Bataille, postularon la existencia de la “hiper-moral”, un tipo de mal superior, que excedía de los límites de la moral tradicional y que se justificaba por el solo placer de causar daño, de infligir dolor, de ver a los otros sufrir. En este sentido, nunca sabremos con total exactitud cuál era la verdadera motivación de aquellos que crearon un sistema tan perverso como el nazismo, pero lo que sí sabemos es que el nazismo destrozó todas las nociones de “mal” que se conocían hasta entonces. De hecho, luego de hacerse públicas las primeras fotos de los campos de concentración, el filósofo Theodor Adorno se preguntaba cómo se podría volver a escribir poesía al saberse de tal horror, mientras que su colega Hanna Arendt llegaba a la conclusión de que el objetivo de los regímenes totalitarios (incluyendo, por cierto, a la Unión Soviética) era destruir a las personas en cuanto tales, despojándolas de su sentido de humanidad.

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ANIVERSARIO

Pese a que lo hemos olvidado, nuestro país caminó en las comisuras de ese mal durante la Segunda Guerra Mundial. Por desidia, ignorancia y también por franca simpatía, tanto en la década de los 30 como en la de los 40, en nuestro país se permitió que el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP), es decir, un partido político extranjero, actuara en territorio chileno como si fuera su propia casa. Gracias a ello, prácticamente todas las estructuras básicas del nazismo, como las células (llamadas “blocks”), las ligas femeninas, las ligas juveniles, las milicias paramilitares y los aparatos de inteligencia nazis comenzaron a actuar en Chile, incluso antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial y antes de que el nazismo conquistara el gobierno alemán en 1933. Sí, hemos olvidado muchas cosas. Una de ellas es que el nazismo instaló en toda América a cientos de espías pertenecientes a agencias como el Abwehr, la Gestapo o la SD, así como equipos de sabotaje que prepararon explosivos y hundieron buques en Buenos Aires, sospechándose incluso (lo que nunca fue comprobado) que pudieron haber tenido que ver con el hundimiento de la fragata Lautaro, el buque escuela de la Armada chilena, que estalló frente a El Callao en febrero de 1945, dejando una veintena de víctimas fatales. También hemos olvidado que fue justamente esa irrupción desembozada del nazismo en América Latina lo que al final motivó a Estados Unidos a ingresar al conflicto en 1942.

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