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LA VOZ DEL PASTOR

LA VOZ

Coatzacoalcos, Veracruz / Domingo 13 Mayo de 2012

ES URGENTE UNA EDUCACIÓN EN LA FE PARA LAS NUEVAS GENERACIONES Por Salvatore Cernuzio / CIUDAD DEL VATICANO, mayo 2012

L DIRECTORIO Fundador: Mons. Carlos Talavera Ramírez (+) Presidente: Mons. Rutilo Muñoz Zamora Director y Editor: P. Lázaro de Jesús Caraveo Carrera Colaboradores: Pbros. Amado Ruiz; Diac. José del Carmen Domínguez D. Diseño Grafico: Jaime A. Pérez Hernández y Josefina Muñoz Alvarez Corresponsales: Rodolfo Guevara Hdz., Javier Vidal, Ismael Cruz, Héctor Jahir Negrete, Josefina Muñoz Alvarez. Distribución: Diac. José del Carmen. Administración: P. Lázaro de Jesús Caraveo Carrera. Impresión:

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a importancia de la educación religiosa y de la formación en la fe de las nuevas generaciones, son los temas sobre los que se centró el discurso que Benedicto XVI dirigió al grupo de obispos de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, en visita “ad limina apostolorum”, recibidos. El Papa saludó a los presentes poniendo enseguida la atención en el problema de la educación católica para la sociedad estadounidense, en particular en el empeño de la nueva evangelización. “Demasiado a menudo --dijo el Papaescuelas y universidades católicas han fallado en el reforzar la fe de los propios estudiantes”. Esto podría crear graves consecuencias desde el momento en que las escuelas “siguen siendo un recurso esencial para la nueva evangelización”, subrayó. La exhortación es sobre todo para cuantos enseñan disciplinas teológicas a “respetar el mandato de la autoridad eclesial y a mantenerse en comunión con la Iglesia”. Muchos obispos, recordó el papa, han evidenciado la necesidad de “reafirmar la identidad distintiva” de las escuelas católicas, así como la “fidelidad a los ideales fundantes y a la misión de la Iglesia al servicio del Evangelio”. En tal dirección, debe ser denunciada aquella “confusión creada por instancias de aparente disidencia entre algunos representantes de las instituciones católicas y la guía pastoral de la Iglesia”. Tal “discordia --explicó el Santo Padredaña el testimonio de la Iglesia y puede ser fácilmente aprovechada para comprometer la autoridad y la libertad”, como por otra parte la experiencia ha demostrado. Remarcando la exigencia de una sólida educación en la fe para los jóvenes, Benedicto XVI afirmó que “es el desafío más urgente que debe afrontar la comunidad católica en su país”. Todavía, precisó, “la tarea esencial de una auténtica educación a todos los niveles no es sólo aquella de transmitir el conocimiento”, sino también la de “formar los corazones”. Esta formación más íntima y profunda se puede realizar, según el papa, “equilibrando constantemente el rigor intelectual en el comunicar la riqueza de la fe de la Iglesia con la formación de los jóvenes en el amor de Dios, a la práctica de la moral cristiana y de la vida sacramental y a la oración personal y litúrgica”. Es evidente, a este punto, que “la cuestión de la identidad católica, no sólo en los ateneos, supone mucho más que la enseñanza de la religión o la mera presencia de una capellanía en el campus”. “Demasiado a menudo --constató el Papa- parece que las escuelas católicas y los colegios han fallado” en estimular a los propios estudiantes a “reapropiarse de la fe”, como parte del propio crecimiento intelectual. Por otra parte, observó con amargura, esta situación es índice de que muchos estudiantes están hoy desligados no sólo de la escuela sino también de

la familia y de la comunidad, que “antes facilitaban la transmisión de la fe”. Aumenta, por tanto, la responsabilidad de las instituciones católicas a las que “se exige crear todavía más una red de apoyo”, con el fin de “superar la crisis actual de las universidades”. A la luz de todo esto, “los estudiantes deben ser animados a desarrollar una visión de armonía entre fe y razón que pueda guiar su vida” y, naturalmente, las enseñanzas, desempeñando su propio papel, deben inspirar a los otros con “su amor evidente por Cristo”. La invitación final es, por tanto, que las instituciones católicas, así como todo intelectual cristiano, crea firmemente que “ningún aspecto de la realidad queda al margen y no tocada por el misterio de la redención de Cristo Resucitado” y, convencidos de esto, estén deseosos de anunciarlo a los otros.

PROTEGER A LOS NIÑOS

Un regalo de Dios para el mundo SANCRISTÓBALDELASCASAS,mayo2012 Por: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel HECHOS Algunos comentaristas, incapaces de asimilar el éxito de la reciente visita del papa a nuestro país, a cuyo paso el pueblo se volcó entusiasta, intentaron restarle méritos sólo porque no abordó el tema de la pederastia clerical, no pidió perdón, no se reunió con esas víctimas. No resaltaron el profundo contenido de sus mensajes. Quizá carcomidos por la envidia, por su persistente sadismo de seguir recordando heridas difíciles de sanar, por su obstinación de contrarrestar la autoridad moral de nuestra Iglesia, quisieran que a todas horas se tratara el asunto. Como si no hubiera cuestiones más trascendentes, como la pobreza y la violencia. Salvo dos vergonzosos casos que los medios han ventilado, aquí no abundan esos abominables crímenes como en otros países, donde el Papa ha enfrentado valientemente la situación. Por otra parte, en estos días se cumplen cinco años de que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal legalizó el aborto, y ya son casi ochenta mil los registrados oficialmente. Son niños inocentes e indefensos, asesinados impunemente. Esos mismos comentaristas celebran y aplauden estos crímenes, como si fuera el logro de un gobierno moderno. ¡Cuánta contradicción! CRITERIOS El Papa, con gran sabiduría y prudencia, hizo una referencia indirecta al asunto, cuando, frente a los incontables niños en Guanajuato, que no cesaban de aclamarle confiadamente, dijo: “He venido para que sientan mi afecto. Cada uno de ustedes es un regalo de Dios para México y para el mundo. Su familia, la Iglesia, la escuela y quienes tienen responsabilidad en la sociedad han de trabajar unidos para que ustedes puedan recibir como herencia un mundo mejor, sin envidias ni divisiones. Por ello, deseo elevar mi voz invitando a todos a proteger y cuidar a los niños, para que nunca se apague su sonrisa, puedan vivir en paz y mirar al futuro con confianza.

Ustedes, mis pequeños amigos, no están solos”. A los obispos nos dijo en la catedral de León: “En el horizonte pastoral y evangelizador que se abre ante nosotros, es de capital relevancia cuidar con gran esmero de los seminaristas, animándolos a que no se precien «de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co 2,2). No menos fundamental es la cercanía a los presbíteros, a los que nunca debe faltar la comprensión y el aliento de su obispo y, si fuera necesario, también su paterna admonición sobre actitudes improcedentes. Son sus primeros colaboradores en la comunión sacramental del sacerdocio, a los que han de mostrar una constante y privilegiada cercanía”. A buen entendedor, pocas palabras… Sin embargo, para no dejar dudas de nuestra actitud ante estos casos, la Comisión Episcopal para la Familia emitió un comunicado por el “Día del Niño”, en que expresa en nombre de todos los obispos: “Estamos conscientes de todas las flaquezas existentes en nuestra Madre la Iglesia y en quienes la formamos. Nos sentimos profundamente apenados y pedimos perdón a Dios y a ustedes, por las ocasiones en que nuestras debilidades los han herido y han dado motivo de escándalo en la sociedad. Como responsables de la Iglesia en México queremos seguir comprometidos a velar por toda la niñez”. PROPUESTAS La pederastia no es un crimen exclusivo de algunos clérigos; lamentablemente acontece en muchos ambientes, empezando por la propia familia. Por tanto, además de medidas legislativas y de adecuados procesos penales para combatirla, es de primera importancia formar moralmente las conciencias de padres de familia, hermanos mayores, maestros, sociedad en general, para que todos protejamos y defendamos la integridad de niñas y niños, y nunca se apague su sonrisa. En cuanto a nuestra responsabilidad como obispos, para cuando se llegaran a presentar estos deplorables casos, en la pasada asamblea aprobamos el protocolo a seguir: cero tolerancia, atención prioritaria y justa a las víctimas, colaboración con las autoridades civiles, suspensión del ministerio presbiteral, proceso de curación y atención pastoral a todos los implicados, también al sacerdote culpable, para su salvación.


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