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Un cambio de aires 1


Eduardo Gómez

Era muy tarde, estaba intentando dormir pero me era imposible. Sé que me causará problemas pero me distraigo con facilidad, y en ese momento en lo que me estaba fijando era en que ningún rayo de luna traspasaba la ventana de mi pequeña habitación, haciendo que estuviese totalmente a oscuras como si de una cueva se tratase. Soy un adolescente soñador, a veces sueño despierto y me evado de la realidad inventando sitios, lugares nuevos totalmente ficticios. Ver una película como Narnia, Harry Potter o Spiderman hace únicamente que viaje a esos parajes dentro de mi imaginación, pues la belleza que tienen no se puede comparar con el sitio donde vivo; llueve constantemente, no nieva, no sale apenas el sol, la gente no se puede describir como agradable precisamente; en cambio, solo con viajar un rato a un mundo totalmente inventado hace que sonría

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durante todo un día, que cuando paseo por la calle de vuelta del instituto imagine que el suelo está cubierto de lava, que los árboles son interminables, que las personas son marcianos de los que tienes que pasar desapercibido, que la lluvia es ácido que te puede derretir, que te puede picar una araña y tener con eso poderes extraordinarios… Aunque en mi vida, lo más sorprendente que me puede ocurrir es no mancharme con la leche al desayunar. Muchas veces acabo pensando que son mejores esos mundos que éste en el que me ha tocado vivir. Miré el reloj, ya eran las doce y al día siguiente tenía que madrugar para ir al instituto como todos los días. Cerré los ojos e intenté dormir hasta que sonara el despertador que siempre acababa con los mejores sueños que tenía. Entonces me puse a pensar y esto es lo último que recuerdo hasta que ese aparato infernal comenzó a sonar y a vibrar en la mesita de noche. ¿Por qué el despertador siempre suena cuando es la mejor parte del sueño? ¿Alguna vez te has parado a pensar porqué? Cuando te estás casando, en el momento del beso te despierta, cuando estás volando por encima de las nubes y gritan tu nombre de superhéroe para salvar miles de vidas es cuando suena el despertador. Cuando estás a punto de ganar miles y miles de euros vuelve a sonar. Cuando al día siguiente me desperté, no sabía si realmente lo había hecho porque no estaba en mi habitación: yo tenía la cama en el centro, con una pequeña mesita de noche al lado y un escritorio en la esquina debajo de la ventana pero no estaba llena de árboles amarillos, con un cielo rosa palo encima y una cascada verde a lo lejos. ¿Me habré dormido de nuevo? Me pellizqué en el brazo pero nada. Era raro. Mi madre solía gritarme si me dormía: -¡Smilan, Smilan!-

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Pero nada, solo se escuchaba el agua de la cascada y algún que otro sonido animal. Como no tenía nada mejor que hacer, salí en busca de alguna aventura ya que tenía que aprovechar ese fantástico sitio, pero de repente tropecé con algo. Aunque era normal que yo, Smilan Burton, soliera tropezarme con mis propios pies, esta vez no fue así. Me di la vuelta. Agaché la mirada y me sobresalté. Un baúl medio enterrado, escondido por ciertas hojas amarillas parecía que estaba puesto aposta en mi camino. Lo desenterré y al minuto de observarlo me di cuenta de que no era un baúl normal y corriente pues no tenía ninguna cerradura. Le di varios golpes pero no ocurrió nada. Entonces me vino a la mente que si era una aventura no podía ser tan fácil como darme un baúl y su llave. En una película eso perdería toda la gracia. Cerré los ojos y me concentré. Y en ese momento me di cuenta de que en la parte superior del baúl había un cuadrado con otros más pequeños dentro, pero que no tenía sentido el orden en el que estaban y encima faltaba uno. “Dios, ya sé lo que es, hicimos varios de estos en clase de arte” pero claro, ya sabía yo que me traería problemas. Cuando explicaron la técnica para resolverlo yo estaba en uno de mis mundos. Me intenté tranquilizar y me puse a probar miles de combinaciones para ese rompecabezas. Después de varias horas intentándolo y con mi ingenio conseguí resolver por fin la encrucijada del baúl. En el dibujo había una especie de montaña con una cascada al final que se parecía a la que se veía en el fondo de este lugar tan enigmático. Es verdad, había acabado el puzzle pero no sucedió nada. Absolutamente nada de nada. Descubrí que algunos de los cuadraditos que formaban el dibujo estaban algo desgastados así que puse mis dedos en ellos y los pulsé. “Clic”, eso es lo que sonó. Y en la parte baja del baúl se abrió un minúsculo compartimento que contenía la última pieza del puzzle. La coloqué en

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su sitio y pasó algo inexplicable. Un segundo más tarde de haber colocado la pieza me encontraba en mi cama. Con el baúl por fin entreabierto en mis piernas. Pero esta vez sí que estaba escuchando a mi madre gritar mi nombre: - ¡Smilan, Smilan! Otra vez te has dormido, corre que perderás el autobús de nuevo. Tienes el desayuno encima de la mesa, vístete, ponte los zapatos y al instituto. -¡Vale mamá! ¡Hasta la hora de la comida! Me monté en el autobús y me quedé atónito con lo que acababa de pasar. Sí, es verdad que podía haber soñado eso perfectamente ¿Pero traerme el baúl de la historia? ¿Qué contendría ese baúl? ¿Sería esta la historia que le hacía falta a mi vida? Tendría que esperar a llegar a casa y ver cuál era su contenido. Seis horas de clase que se me hicieron como seis años… Era insoportable la espera. Cuanto más se acercaba el momento de abrir ese maldito baúl, más miedo me entraba en el cuerpo: ¿contendrá el mapa de un tesoro? ¿La mano de una persona y tendré que descubrir quién lo hizo? ¿O serán joyas y dinero? Nunca había tenido tantas preguntas seguidas dentro de mi cabeza. Por fin estaba de camino a casa, en el autobús. Salí corriendo del vehículo, tropezándome como era normal en las escaleras, y llegó el momento que con ansia esperaba desde esa mañana. Cogí el baúl escondido debajo de la cama, volví a colocar la última pieza y… Como había sucedido el día anterior, se entreabrió. No podía estar más decepcionado. Un día esperando, una mañana totalmente perdida para descubrir que el baúl… No contenía nada. Me faltó poco para tirarlo contra la pared pero conté hasta diez para no hacerlo. Intenté por todos los medios no llorar; que ni una sola lágrima descendiese por mi mejilla, pero me fue imposible, fui incapaz

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de sentirme bien. Estaba decepcionado o desilusionado más bien, era una oportunidad de hacer algo interesante y de carácter aventurero en mi vida. Seguía enfadado, no podía soportar la idea de haber vivido ese sueño tan increíble en el que había estado. Dos días sin querer saber nada sobre la caja vacía que yacía debajo de la cama de mi habitación. Pero eso acabó, era uno de esos instantes en los que no sabías qué hacer, a dónde mirar o a dónde ir. Resulta que cenaba con mis padres en el salón mientras veíamos una serie de investigación cuando se me abrieron los ojos como platos y se agudizó mi sentido al escuchar… - ¡Sherlock, en este cajón hay un doble fondo!- Le decía el señor Watson a su jefe-. -¡Ábrelo, rápido!- Le ordenó Sherlock-. -¡Seguro que hay algo importante Sherlock, seguro!- Respondió

Watson

mientras acababa de abrir el doble fondo-. Entonces fue la frase que acabó diciendo el mejor detective del mundo lo que hizo que me diese cuenta de mi error de no seguir buscando en el baúl. -Elemental mi querido Watson, elemental.-

Claro Smilan, ¿cómo no se te había ocurrido antes que en los sitios importantes puede haber un doble fondo que oculte algo? Mis padres casi se atragantan con el salto que di al darme cuenta y salir corriendo a mi habitación. Abrí por tercera vez el baúl que me tenía la cabeza en un continuo sobresalto, busqué el doble fondo y volví a escuchar únicamente un “clic.” No se puede explicar en un libro la cara de alegría que tenía Smilan: como un niño con su juguete nuevo, un adolescente con un móvil recién comprado o un

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adulto con su coche acabado de pagar. Levanté la madera que escondía el doble fondo debajo y como era de esperar, otra sorpresa acababa con mi sonrisa pero de una manera un tanto peculiar. No sé si estaba contento, sorprendido, espantado o de nuevo decepcionado. Lo que escondía ese doble fondo era un dibujo del lugar al que había viajado con ayuda de mi imaginación. Entonces cuando quise tocar la cascada verde cristalina de ese mundo tan espectacular, una fuerza mayor me metió dentro del baúl. Fue como si me absorbiera. Y cuando me desperté estaba en ese sitio. El sitio que mi mano se dirigía a tocar. Fue extraño pensar que ese baúl era una especie de teletransporte hacia esos sitios, pero era cierto. Lo probé con otro lugar del dibujo, fui a tocar la esquina suroeste del dibujo, porque parecía que había árboles con frutas y ocurrió. En pocos minutos, estaba comiendo una manzana del árbol que había visto hacía un segundo en el dibujo. Después de comprenderlo, en lo que pensé era en cómo volver a mi casa. Porque no había ningún dibujo para poder regresar, y la otra vez que volví no entiendo porqué lo hice. Intenté tranquilizarme. Volví a la cascada. Quería tomar un poco de esa agua cristalina cuando de repente aparecieron unas letras en el agua. “Desentraña el misterio, y a tu hogar volverás, no tardes mucho pues no hay tiempo de más. Acompáñate de tu ingenio y habilidad, los necesitarás. Y deja aquí el miedo, pues con él, muy lejos no llegarás.” No se me venía a la mente ninguna palabra que describiese cómo estaba en ese momento. Asustado, atónito, ilusionado, pasmado, aterrado…. No lo sé, no sé si eso que acababa de aparecer en el agua era bueno o malo. Es verdad que igual era la aventura que le faltaba a mi vida pero, ¿sería capaz de desentrañar ese

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misterio? No lo veía muy claro todavía pero si no lo hacía, no tendría un camino de vuelta a casa. Estaba oscureciendo, así que decidí buscar un refugio cerca de la cascada, que era el lugar donde había comenzado a brotar mi preocupación. No era tan acogedor como mi pequeña pero agradable habitación aunque me serviría para dormir y refugiarme; una pequeña cueva desde la cual se podía escuchar el chapoteo del agua de la cascada, y ver con antelación si me acechaba peligro alguno. Cuando me desperté, decidí emprender una marcha en busca de algún pasadizo, persona, cueva o enigma que me ayudase a aclarar el mío propio. Recogí algunas frutas usando el baúl teletransportador, que llevaba siempre a mi lado, para desayunar un poco. No encontraba absolutamente nada, así que me puse a pensar, que se me daba mejor que explorar. “¿Smilan, dónde podrá estar la entrada al lugar que necesito encontrar?” Parecía una casualidad o un milagro, pero por una pequeña intuición pensaba que en ese lugar no existían las casualidades. Cuando alcé la vista, el sol traspasó el agua verde cristalina que caía de la cascada, dejando ver de manera un tanto borrosa, una especie de cueva, como si yo estuviese predestinado a entrar en ella; y eso es lo que hice. Al poco tiempo, estaba feliz de haber decidido entrar en la cueva. Era un lugar asombroso. Las paredes estaban recubiertas de hiedras de colores, que llegaban hasta el techo descubierto, dejando ver el día tan soleado que nos acompañaba. Parecía que habían creado ese sitio expresamente para fascinar a las personas que entraran en él. Había un camino de diamantes en el centro que atravesaba todo el lugar de extremo a extremo, dejando abajo una especie de abismo, al que no me gustaría caer desde luego. Al ver y comprobar

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que el camino parecía seguro, y que no estaba hecho de imaginación, lo crucé pasito a pasito, como si fuese de cristal y de un momento a otro se pudiese romper. Entonces pasó, lo que quería evitar de repente ocurrió; comenzó a romperse el camino y a caer en pedazos al vacío, y si esperaba quieto un segundo más, lo siguiente en caer sería yo. Así que intenté correr como si la vida me fuera en ello, aunque bueno, realmente, la vida sí me iba en ello, pero no podía. El camino se desvanecía más rápido de lo que yo podía correr, entonces sucedió, Smilan Burton cayó al vació. Y sentía el miedo recorrer todo mi cuerpo, así que no era un sueño. No podía creerlo, mientras caía, miles de preguntas, respuestas o dudas pasaban por mi mente. Era difícil pensar en lo poco que había durado esta aventura. Pensé con todas mis fuerzas que si tuviese unas grandes alas, y pudiese volar, podría librarme de la muerte y seguir, hasta descubrir el misterio que se me había encomendado y entonces un dolor infernal comenzó en mi espalda. No sabía lo que era, si me había clavado algo, o si estaba ya muerto, y cuando miré atrás no podía creerlo. Esas alas tan grandes, blancas como la nieve que me estaba imaginando, comenzaban a desplegarse desde mi espalda. Eran impresionantes. Las batí con todas mis fuerzas y volé, volé hasta llegar al final del camino de diamantes que hacía poco había intentado atravesar. Nada más tocar el suelo, y estar por fin a salvo, las alas se volvieron a plegar y a esconderse en mi espalda, como si de ella no hubiese salido nada. Seguía sin creerme absolutamente nada, era fascinante, como en todas aquellas películas de ciencia-ficción que tanto me gustaba ver. Me toqué la espalda, ni rastro de nada.

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Seguí mi camino, más feliz que nunca por lo que había sucedido, tanto, que no parecía que hubiese estado a punto de morir. Después de un rato andando, otro obstáculo impedía mi paso. Estaba claro que no querían que llegara hasta el final del asunto. Un lago que llegaba de extremo a extremo de la cueva estaba delante de mis ojos. Pero, ¿dónde estaba el final de ese lago? No alcanzaba a verlo. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando vi que se acercaban a mí tantos tiburones. No sabía cómo pasar por el lago sin que uno de ellos cenara carne humana ese día. Recordé lo que había pasado antes. Como esas alas me salvaron la vida por primera vez e imaginé una moto acuática con todas mis fuerzas. Era increíble. Apareció delante de mis narices la mejor moto que pudiese nunca haber imaginado. Me monté en ella y la dirigí al agua. Nervioso por lo que pudiese pasar la arranqué y a la máxima velocidad intenté pasar ese tramo. Era de esperar, no sabría decir cuántos exactamente pero por lo menos ocho tiburones me estaban persiguiendo. No sabía qué hacer, eran muy rápidos, podían alcanzarme en cualquier momento. Entonces me acompañó la inspiración. Pensé en ellos y aparecieron delante de los pedales de la moto dos botones. Aunque no sabía exactamente para qué servían. Presioné el primero y la moto empezó entonces a escupir bolas de fuego que no se apagaban con el agua, hiriendo a varios de los tiburones. Ellos no se cansaban así que yo tampoco. Pisé el otro botón y con él mi última esperanza de pasar el lago, vivo. Esta vez la moto comenzó a vibrar como no lo había hecho antes, y cuando me quise dar cuenta estaba por lo menos a 300 Km/hora por el lago y dejando atrás a los que me perseguían, pero no calculé que algún día, dicho lago llegaría a su final.

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Emocionado de haber dejado atrás a los tiburones, no me di cuenta de que en breve la moto se estamparía con la tierra y yo de una manera dolorosa volaría, caería y seguramente con varios moratones, heridas y dolor de cabeza. Intenté recuperarme del golpe lo mejor que pude pero lo que vi luego fue mucho pero que cualquier golpe que me pudiese haber dado. Dejando por fin atrás ese maldito lago, lo que venía a continuación derrumbó mis esperanzas de seguir con la aventura. Es verdad que me abato con facilidad pero no encontraba salida a este problema. Delante de mis narices lo único que había era una pared gigantesca de piedra, que aparentemente tendría por lo menos un metro de anchura y cubría todo mi camino. No podía pasar. Era frustrante. Pero no del todo. No sé si se le podían llamar poderes pero no tenía otra explicación para lo que me pasaba. Imaginar algo y que sucediese era una especie de poder o eso creía yo por lo menos. Esta vez pensé que la pared se rompía… Pero no lo hizo. Pensé con más fuerza que con una patada mágica se desquebrajaría… Pero tampoco lo hizo. Era inútil, mis “poderes” no funcionaban con ese nuevo obstáculo así que decidí descansar y al día siguiente volver a intentarlo. Imaginé una pequeña tienda de campaña para dormir pero con un colchón cómodo y algo de cenar para reponer fuerzas. El día había sido muy agotador. La verdad es que no estaba acostumbrado a pelear contra tiburones y menos caer al vacío. Después de levantarme y desayunar intenté encontrar una solución al problema.

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Pensé en acertijos, busqué entradas secretas, algo extraño o que no encuadrara bien con el sitio pero no encontré nada de nada. Todo era normal. Desgraciadamente todo era perfectamente normal. Debía esforzarme más, pero no sabía qué hacer. Decaído por no poder franquear esa frontera de piedra, me apoyé en ella y me senté. Mis manos rozaban el suelo arenisco de la cueva cuando notaron algo en relieve. No sabía si sería la solución o algo insignificante, pero comencé a soplar y quitar el polvo que había en el suelo y quedó al descubierto una frase: Smile and Walk away. Si mi Inglés no fallaba significaba “sonríe y sigue adelante” o algo parecido ¿Pero para qué me serviría eso a mí y ahora? No era un paso adelante.

Ahora mi situación era: resolver un misterio para regresar a mi casa y un camino obstaculizado por una pared de piedra pero con una frase nueva en mi mente. De repente mi cuerpo fue como si estuviese controlado por mi corazón y este me hiciera que me levantara y cerrara los ojos. Mi mente estaba en blanco, aunque, no del todo. Era como si estuviese totalmente rellena de nubes blancas y la frase volando entre ellas. Smile and Walk away… Smile and Walk away… Smile and Walk away… No sabía qué hacer pero mi corazón lo tenía bien claro. Seguía con los ojos cerrados. Me tranquilicé y sonreí. Pensé en el final de esto, en reencontrarme con mi familia y estar en mi casa. Con los ojos bien cerrados y una sonrisa bien grande seguí adelante. Anduve, di varios pasos y cuando abrí los ojos y me di la vuelta mi sonrisa se había triplicado.

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A mi espalda tenía la pared, por fin la había atravesado. Era sencillo, únicamente sonreír e intentar seguir adelante con el problema es lo que te hace falta para superarlo. No sabía cómo explicar ese momento tan fantástico, creo que ese era el lugar que estaba buscando. Por fin había encontrado la última fase de mi aventura. No estaba del todo seguro de que fuese así pero se asemejaba a los finales de las películas o de los libros. Ese lugar era mil veces más hermoso que cualquier otro. Era como una cúpula de piedra, pero no parecía una piedra cualquiera, era una especie de esmeralda lo que cubría todo ese lugar, y en el centro había un atril con algo encima. Ese momento era decisivo en mi regreso a casa. Podría tratarse del final o de una nueva prueba. Según era aquel lugar, podía ser cualquiera de las dos opciones. El camino hasta ese atril se me hizo interminable, como si se hubiese detenido el tiempo. No paraba de recordar los instantes que había vivido esos últimos días. Habían sido geniales, cambiaron mi aburrida vida por una inimaginable llena de aventuras inolvidables, pero yo no sabía lo que había tenido hasta que estuve a punto de perderlo. Es típico, es frecuente que una persona no se dé cuenta de todo lo que tiene hasta que lo pierde; pero es cierto. Es totalmente verdad que nunca valoras todo lo que te dan: todas tus cosas o el amor de tus seres queridos, hasta que igual no los vuelves a ver ya sea por su muerte, la tuya propia o por quedarte atrapado en un mundo distinto. Cuando el atril estaba a solo unos centímetros de mí, el suelo empezó a temblar. Pero no era un temblor como de terremoto, eran como pasos de una persona un tanto grande. Me di la vuelta y cuando vi aquello me asusté tanto que

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me caí al suelo. Eran gigantes, muy desagradables por cierto, eran extraños pero sus intenciones no eran tan distintas de las de los demás gigantes. Iban a por mí. Serían vigilantes de lo que tuviese ese dichoso atril, guardianes del misterio, no tenían una cara especialmente agradable y lo que tenían en las manos hacía que me diesen más miedo. Tenían armas, cierto que no eran pistolas o armas de fuego, pero tenían palos gigantes con los que un golpe me dejaría inconsciente. Tenía mucho miedo, no había ningún lugar para esconderme. Entonces me acordé y me alegré. Pensé en un escudo mágico y en el instante en el que el gigante alzó su tronco contra mí, una cortina brillante, transparente pero con un toque morado se interpuso entre el arma y mi cabeza, salvándome del golpe. Eso funcionaba realmente. Eran poderes. Eran la ayuda que necesitaba para ganar a mis contrincantes. Otro intentó atacarme por detrás y entonces un escudo gigante hizo que rebotara y se diese él mismo. De repente desapareció y lo último que vi de él fue una nube de polvo. Cada vez veía más y más gigantes. Yo iba creando agujeros en el suelo para que cayesen, corrientes de aire que hacían que volcasen, escudos, piedras que volaban hasta darles en la cabeza, usé también una espada que me ayudó a derrotar a muchos de ellos. Lo estaba consiguiendo, iba derrotando a cuantos gigantes aparecían pero no podría aguantar mucho más. Aun esquivando muchos de sus ataques, algunos conseguían darme e incluso a veces tirarme al suelo. Ellos me triplicaban, me cuadriplicaban en número. Salían más y más de aquellas paredes. No tenía muy claro que pudiese vencerles pero nunca me rendiría. Repasé qué podía hacer para despistarlos; sería una de mis últimas oportunidades porque estaba cada vez más cansado. Tuve una idea, cuando pensé en ella tuve la certeza de que había surtido efecto. Cuando me miré las manos no alcancé a ver nada, ni los pies, ni mi arma. Mis rivales miraban a todos

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lados y tampoco veían nada. Era invisible y podía luchar sin que me viesen. En ese momento tenía todas las de ganar. Creé un arco que disparase solo. Mis adversarios desaparecían poco a poco. Yo seguía haciendo agujeros en el suelo. Estaba feliz de tener ventaja ante ellos, pero se me acabó dicha felicidad cuando uno de ellos sin saberlo me empujó al suelo. Entonces me llené de polvo y desapareció mi invisibilidad. Sentía como por lo menos cinco pares de ojos penetraban en mí. Me limpié con un chorro de agua. Era increíble crear cosas de la nada pero cuando hice eso pasó algo. Los gigantes se quedaron totalmente paralizados como si el agua les diese… Miedo. Alcé mi mano y el agua también se elevó. Ahora yo controlaba el hilo de agua que tanto miedo parecía que les daba. Lo envié contra uno de ellos e intentó salir corriendo aunque eso no le sirvió de nada. El agua por fin lo alcanzó y el que antes estaba corriendo ahora era polvo. Hice que una especie de ola de agua recorriera toda la cueva y así desaparecieron todos los gigantes. Ya estaba tranquilo, había sido mi primera victoria y contra enemigos tan grandes y fuertes, por eso estaba también no solo tranquilo sino contento. Después de darme cuenta de lo que había ocurrido, volví a lo que me había llevado allí. Me alcé sobre el atril para resolver el misterio que me mantenía allí encerrado y me desplomé al suelo. No sabía porqué. Aunque era normal en mí esta vez no me había tropezado. Un fuerte dolor recorrió mi cuerpo de arriba abajo. Se me hizo inevitable el no llorar. Cuando las lágrimas hicieron un pequeño charco en el suelo no pude tenerme más tiempo de rodillas y me derrumbé del todo. No tenía fuerzas para usar mis poderes, intenté darme la vuelta pero me fue imposible. No podía. Entonces alguien me agarró de un costado y me dio la vuelta. Había sido uno de ellos. Uno de aquellos gigantes al cual no maté hizo conmigo lo que yo

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había hecho con sus hermanos. Me apuñaló por la espalda con mi propia espada. La espada que se había cobrado tantas vidas de mis enemigos antes, se llevaba ahora la mía. Ese era mi final. La vida que realmente quería, al final la conseguí. Viví una aventura que nunca pude haber soñado y estaba feliz de haberlo hecho aun acabando de esa manera tan ruin.

*** La pantalla se quedó negra y otra vez apareció aquello: GAME OVER.  Continuar partida.  Reiniciar partida.  Comprar vidas.  Apagar sistema.

Richard estaba indignado y empezó a gritar como un loco el nombre de su hermano mayor. -¡AUGUST! ¡AUGUST!-. Su hermano subió las escaleras de su casa rápidamente para ver lo que le sucedía a su hermanito pequeño. -¿Qué te pasa Richard? -No consigo pasar el último nivel del juego que me regalaste, siempre me quedo en la misma parte. Mato a todos los gigantes pero siempre me queda uno y no sé de donde aparece y acaba matándome él a mí. -No te preocupes Richi ya verás que al final consigues pasarlo. -¿Pero no me vas a ayudar? Es que ya lo he intentado muchas veces.

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-Tienes que pasarlo por ti solo hermanito. Si tiras la toalla a la primera de cambio no podrás hacer muchas cosas en esta vida. August con una leve sonrisa frotó la cabeza de su hermano y volvió a sus asuntos. Richard empezó otra vez una nueva partida del juego que su hermano le había regalado en reyes Un cambio de aires e intentó que esta vez no le asesinase el gigante y acabara el juego.

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Cambio de Aires