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E s t el i br odepoe ma s , ha i k usyr e l a t oshas i doc r e a da dur a nt ee l v e r a node l 2016, pora l umnosde l t a l l e rde e s c r i t ur ac r e av adel aCas adel asConc hasdi r i g i do porRaúl Vac as . Ag r a de c e raRaul e l ma g ní fic opr ól og oquea c ompa ña a l l i br o, y aP azMat e osyAl f r e doDomí ngue zl a s f ot og r aa squei l us t r a nc a dar e l a t o. L ui sI gl e s i as .

Ve r ano2016 “Cos e c handoi l us i one s ”

T a l l erdees c r i t ur ac r ea v aCas adel asConc has-S a l a ma nc a


AUTORES:

1.- Chema Garcia 2.- Iria Costa Trancón 3.- Luis Iglesias Sexmero 4.- Sofia Montero 5.- Mª Jesús García González 6.- Toñi Martín del Rey 7.- Beatriz González García 8.- Inmaculada Román Allende 9.- Antonia Oliva 10.-Consuelo Vicente 11.- Emilia González Fernández 12.- Ismarie Díaz Flores 13.- David Alvarez Sánchez 14.- Tina Martín Mora 15.- Oscar Fernández 16.- Yaiza Gómez Martínez 17.- Ramón Sánchez Rpdríguez 18.- Alfredo Domínguez Martín 19.- Leticia Vicente 20.- Maritza García Toro 21.- Fernando de Castro 22.- Ana Fariña 23.- Carmen Alonso Ibañez 24.- Paz Mateos 25.- Miguel Angel Pégarz 26.- Rosa Celia González Monterrubio 27.- Pilar Luengo


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

El fruto de la creación No cantéis a la rosa, oh poetas hacedla florecer en el poema

Vicente Huidobro

La literatura es fruto. Fruto de la mirada y el trabajo, de un proceso lento de germinación y cultivo que tiene su sentido último en el apetito del lector. El escritor –como el hortelano– estercola la página; la prepara para recibir la simiente que dé origen al texto; mira a su alrededor; busca la forma de contener el mundo en esa pequeña semilla que prenderá, echará raíces, crecerá y dará su fruto. Gottfried Benn y T. S. Eliot afirman sobre ese proceso de germinación: “Hay primero un embrión inerte o germen creativo y, por otra parte, el lenguaje, los recursos de las palabras bajo el imperio del poeta. Este tiene algo germinando dentro de sí, para lo cual debe encontrar palabras; pero no puede saber qué palabras quiere hasta que las ha encontrado: no puede identificar este embrión hasta que ha sido transformado en una disposición de las palabras justas en el orden justo.” Y señala Jacques Maritain: “No hay experiencia poética sin que se dé un germen secreto, por insignificante que sea de un poema” El escritor se vale de la experiencia propia y ajena para escribir; lee a otros escritores; 5


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” mira a su alrededor; prende la mirada en las cosas; busca sus raíces y esparce por el folio el resultado de esa labor atenta y delicada, hecha con amor, que es nombrar las cosas, darles vida propia, tal y como señala José Luis Puerto en su poema-letanía “Camino de las raíces” de su libro Señales:

CAMINO de las raíces, Entre luces, entre sombras, Río arriba, río arriba, Hasta encontrar lo que importa. Hasta encontrar la semilla Que llevamos y nos nombra; Hasta encontrar el jardín, La lengua generadora. La lengua que crea el mundo, La que revela las cosas Y la que llama a los seres Con sílabas salvadoras. Camino de las raíces, Por el bosque, entre la fronda; 6


“Cosechando ilusiones” La voz del corazón dice: Lo que amamos sólo importa

Verano 2016

La semilla del texto es la idea misma, el sentimiento que impulsa al escritor a nominar las cosas. Cada idea necesita de la palabra que la haga eficaz, que la abone, que la convierta en emoción. La vida empieza en la semilla, en el semen, en el germen: Aunque la semilla, por sí sola, no garantiza la vida o el texto; es preciso el cuidado, la atención, la vigilia constante para que el agua, la luz y la tierra; o la imaginación, la inspiración y el trabajo envuelvan la promesa del fruto. Pero no siempre tenemos la suficiente serenidad para organizar nuestra prisa y nuestra espera. Es importante pensar en los agricultores que, año tras año, siembran las tierras para pasado un tiempo cosechar, o en quienes repueblan los bosques arrasados por las llamas con nuevos árboles o en la generosidad del que planta un árbol centenario para que lo disfruten generaciones futuras. También escribir es un trabajo de reforestación permanente; una manera eficaz de dar forma a las semillas de nuestra imaginación y nuestra memoria. Pero para que el resultado sea satisfactorio, tenga sentido y sea verdaderamente natural, debemos de ser pacientes. Es este libro que ahora tienes en las manos claro ejemplo de lo hasta aquí dicho. En él hay labor de siembra, hay cultivo, hay tiempo de espera y hay recolección. Cada una de las ilusiones depositadas en cada trabajo son ahora recolectadas y cosechadas en forma de cuento, relato o poema. Y hay que decir que la cosecha es abundante y variada. 7


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

Cada uno de los textos que componen “Cosechando ilusiones” ha sido cuidadosamente envasados por Luis Iglesias. Aquí encontrarán lo mejor de cada uno de estos hortelanos escritores que hacen de la imaginación una fértil tarea. Y aquí también está el fruto de ese bregar con las palabras que es nuestro oficio diario y semanal del taller de Escritura Creativa de la Biblioteca Pública de la Casa de las Conchas. Ya hemos insistido en que el texto y el fruto son el premio al esfuerzo del escritor y el hombre de campo. La tierra es prodigio y madre, como lo es la imaginación y la memoria. “Nada hay bajo la tierra –señala Claudio Rodríguez en su poema “Cosecha eterna”– que no salga a la luz”. Así también es la génesis de un texto, que tarde o temprano aflora sobre el terreno virgen del folio y se nos revela como prometedor fruto. Gran milagro y prodigio es el de la maduración de un texto. Por eso es importante recibir ahora con las manos abiertas el resultado de esa espléndida cosecha.

Abramos los ojos. Sepamos ver en el texto ya maduro la simiente de donde surgió, la emoción que palpita entre sus letras, la vida que contiene, su valor proteico. Y aprendamos del que sale al campo a respirar, a trepar por las ramas de los árboles y la fantasía, a soñar palabra sobre palabra, tallo a tallo. Y probemos con fruición textos y frutos. Saboreemos su carne y su jugo. Vivamos con intensidad el 8


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 milagro de la vida. Sintamos la savia al respirar, intuyamos la raíz y los presentimientos, cortemos las rosas del instante. Cosechemos nuestros propios frutos. Sintamos la naturaleza –como afirma Aníbal Núñez en su libro Naturaleza no recuperable– germinar en nuestros sentidos, la ciencia de la vida en libertad, el fruto de la creación: Ir al campo bebernos todo el campo subirnos a las ramas ¡qué maravilla andarse por las ramas! confundirnos las bocas con cerezas oler a jara el cuerpo merendar la cascada y chocolate trenzarte una corona de juncos del arroyo contar las veces que la piedra roza con el agua aprender botánica sin flexo zoología sin matrícula Pero el señor rector y sus bedeles nos tienen encerrados a la sombra del Árbol de la Ciencia y lo siguen regando con tinta de tampón ¡Maldito frutal éste que no da más que peros!

Raúl Vacas 9


Verano 2016

(01)Chema Garcia.

“Cosechando ilusiones”

A tus ojos, a buscarme.

De la soledad, ese lugar tan quieto del que nadie regresa. De la hora sumergida Sara Castelar. La soledad sonora. Juan Ramón Jiménez

Voy a tus ojos a buscarme. Dios es el reflejo de una piedra, Cirlot el vacío de mirada, el canto de un pájaro, la esperanza; amor en un poema. Voy hacia unas piedras, a los misterios de Yourcenath que liberen al hombre. Vengo de tus manos, voy hacia tus manos. Soy un siervo en el agua de cada fuente, en la profundidad de Antonio Gamoneda. En una cuesta que desciende, un bosque de ramas que arrulle la tarde. Nunca soy, ni seré uno, ni todo.

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Alfredo Domínguez 11


Verano 2016

“Cosechando ilusiones” (2) Iria Costa Trancón

Arrecife

Estaba sentada al borde del acantilado, donde miles de sueños iban y venían en esos momentos. Mientras el golpe de las olas sacudía el acantilado del arrecife, me iba imaginando como hubiera sido mi vuelta por el mundo, países, islas y continentes. Lo que me hubiera gustado visitar: Alaska con los exploradores y trineos, el mar de Bares, Noruega y sus fiordos y sus gentes... Respiré la brisa del mar... Había oído sobre leyendas de sirenas, leyendas de barcos que naufragaban al chocar contra arrecifes, fondos del mar en verde esmeralda... Era siempre todo lo que había soñado. Acabé de escribir mis últimas líneas en el cuaderno, y todavía al caer la noche, el faro iluminaba a solo unos metros, la playa donde comencé a escribir mi historia.

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Alfredo Domínguez 13


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(3) Luis Iglesias Sexmero

En el verano, por la noche, cuando toda la gente duerme, las palabras del diccionario se escapan de vacaciones, allí en el horizonte, se unen creando historias maravillosas. Los poetas, los autores de canciones, nos deleitan con frases que nos hacen pensar y seguro que detrás de cada una, hay una historia escondida. Mi curiosidad me hace bucear en Youtube y en cada canción que oigo, percibo frases que seguro que llevan detrás una historia de amor, de odio, de desamor, de tristeza, de soledad, de mensaje a los demás. Mientras las anoto en una hoja, pienso a la vez en hacer un relato de cada una de ellas. Estas son algunas frases de: Los Deltonos, Amaral, Fernando Maes, Raúl Vacas, José Manuel Díez, Rulo, La Fuga, etc. -Me sacaron del pueblo me pusieron aquí... -No me gustó, no me gustó, pero lo tenía que hacer... -Me gustas, de la cabeza a los pies... -La forma de arrascarme la espalda, me hace estremecer... -Tú, volverás, con la luz de febrero... -Nunca pensé que teníamos fecha de caducidad... -Tratar de llenar la soledad es un error, la soledad es un saco sin fondo... - ! Qué podríamos hacer estando solos tu y yo ! -Me gustas cuando estás de mal humor, porqué parece que lo haces mejor... -Pero nada me importa si me quedo contigo... -Te llevaré una rosa siempre que pueda... -El pesimista, dice: “Todo el amor del mundo cabría en un dedal”...

-El optimista, dice: “Nos basta con llenar el mundo de dedales”... -Era primavera la noche que me besaste... -Quiero volar y flotar como tú... -Jamás será feliz quién no ha llorado.. -No necesitamos que nos digan lo que hay que hacer... -Con quién compartes el calendario de la pared... -Hace tiempo prometí escribirte una canción... -Tranquila, ya no volveré a llamar... 14


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Alfredo Domínguez 15


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(4) Sofia Montero

PALABRAS

Inéditos poemas, colgados en un iPad, diseñan paisajes digitales. Pétalos de voz sellan un vínculo de letras para buscar en Google enlaces de lírica pasión. Palabras desnudas en WhatsApp hilan un flácido latir junto al recuerdo. El tiempo es un tránsito de notas archivadas en un iPhone, escritas con plácido sentir, reflejo de mi ser en el cálido silencio de una espera. (&. Poema con palabras esdrújulas y del mundo digital. Taller de Escritura Creativa de las Conchas. Sesión: “Literatura en las paredes”, homenaje a Borges y su revista mural PRISMA. 8-2-2016.

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

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Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(5) Mª Jesús García González

LA TITIRITERA

Cuéntame una vez más la historia de la niña que soñaba con ser poeta. De cómo escribía en las paredes de su casa dejando desde muy pequeña su huella y su firma, de cómo le ataron las manos a la espalda para que dedicara su tiempo libre a otras cosas más provechosas, de cómo la apartaron de sus sueños y fantasías y la plantaron a la fuerza en medio de un mundo que ella no entendía. Se movía con pies de plomo entre el bullicio y las malas caras matutinas, los días se le hacían grandes y las noches muy pequeñitas. Ese no era su sitio y ella lo sabía. Una tarde aprovechó un descuido y se fugó, después de pasar muchas horas sentada en un banco mirando a la gente empezó a comprenderlo: su labor era estar arriba, mirar sin ser vista, aportar sin recibir sueldo o pensión, dedicarse a imaginar su mundo perfecto lejos de caos y la imperfección. Se mudó a las nubes, construyó una cabaña, por el día cerraba las puertas y ventanas y al llegar la noche, después de cenar ligero, se sentaba a pescar estrellas varadas. Llegaban hasta ella brillando con dificultad, las auscultaba, las pulía, vendaba sus picos heridos y, con mucho mimo, curaba sus traumatismos y les daba jarabe para la tos lunar. Después de unos días de reposo las convencía para volver a lucir. Ella sabía que tenían miedo, pero las empujaba con un ligero toque en su espalda sin que se dieran cuenta y en cuestión de segundos empezaban de nuevo a brillar. Las organizó en una constelación especial, una tras otra, a una distancia predeterminada y sabiendo que todas eran antiguas estrellas varadas que hoy en día centelleaban más que nunca porque tenían unos hilos invisibles que las protegían de los agujeros negros y de las supernovas despistadas. La niña que un día quiso ser poeta, terminó siendo titiritera de estrellas, de las que están lisiadas, de las que tienen traumas, de las que cuentan historias, de las que nunca se apagan. 18


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Alfredo Domínguez 19


Verano 2016

(6) Toñi Martín del Rey

“Cosechando ilusiones”

CORTAR LAS ALAS

Un lepidóptero macho de la especie de los sphinx pinastri, vivía feliz rodeado de pinos. Volaba, se posaba, volaba de nuevo. Su vida era tranquila hasta que un día, desde lo alto divisó a una vulgar oruga que se arrastraba lentamente por el suelo. Ella iba de un lado a otro buscando flores, hojas o raíces que comer. Su sueño era convertirse en una mariposa y así poder alzar el vuelo, alcanzar con sus ojos toda aquella grandiosa naturaleza que había oído que se divisaba desde el aire. Por eso, se deslizaba con mucha fatiga con la única intención de cumplir su sueño. Ese gran esfuerzo llamó la atención de la mariposa macho quien, alguna que otra vez, tiraba alimentos desde lo alto para que la oruga los divisara y rebajara un poco su tesón. “Qué hacendosa oruga. Cuando se convierta en mariposa, me casaré con ella”. Poco a poco, esa oruguita fue ampliando su tamaño y se hizo mayor. Antes de empezar a construir su crisálida miró hacia lo alto y sonrió a la mariposa macho que desde hacía tiempo no le quitaba los ojos de encima. Éste, emocionado, se acercó a ella y la saludó. Hola, veo que desde que te conozco te has convertido en una linda oruguita. En parte lo debo a ti. Sé que alguna vez has lanzado desde el aire suculentas raíces. El insecto enrojeció un poco ante este comentario y la oruguita sonrió tímidamente. 20


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 Bueno, tengo que irme. Ha llegado la hora del último esfuerzo antes de conseguir mi objetivo. Eeeehhhhh…. Perdona mi osadía, pero, cuando salgas del capullo, ¿querrás casarte conmigo? Pensaré en ello en mi guarida. Pues yo… estaré esperando impaciente la respuesta. Y una última pregunta, ¿Cómo te llamas? Es un secreto. La oruguita se marchó a un lugar aislado y empezó con su duro trabajo con el deseo de alcanzar su sueño. Cada vez estaba más cercano. Empezó a salivar seda y con ella iba dando forma redondeada a la casa en la que se prepararía para su siguiente etapa. Dentro de ella esperó pacientemente la hora de salir al mundo. Mientras, soñaba con recoger los frutos de su largo y duro esfuerzo. Entretanto, impaciente, esperaba el lepidóptero macho el despertar de su amada. Cuando vio aparecer las antenas de ésta no pudo contener su emoción y alguna lagrimilla se le escapó de los ojos. Más lágrimas derramó al ver la belleza en la que se había convertido su trabajadora oruguita. La metamorfosis fue generosa con ella y no le regaló ningún defecto. Ella desplegó sus alas y, al ver al macho esperándola, sin pensárselo dos veces, tímidamente se acercó a él y le susurró al oído “Me llamo Fabiola”, lo besó en los labios y le anunció que se casaría con él. Él, emocionado, preparó el enlace con rapidez, pues no podía esperar mucho tiempo para poseerla y a los pocos días se casaron. 21


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” Ella estaba radiante el día de la boda y él, embobado, no le quitaba los ojos de encima. Tras la luna de miel, Fabiola decidió que había llegado el momento de inspeccionar el mundo que la había estado esperando durante tanto tiempo. Batió sus alas y sintiéndose libre voló locamente de un lugar a otro; se posó en diferentes hojas; observó animales y plantas desde arriba. ¡Qué maravilla! Sin embargo, lo que más le gustaba era polinizar las flores libando el néctar que había en ellas. ¡Y pensar que le habían parecido una delicia las plantas que había comido en su etapa adolescente! Esto sí que era un verdadero manjar. Por las noches, Fabiola volvía a casa feliz y relataba a su marido lo que había hecho durante el día. Disfrutaba cada uno de ellos de todo lo que hacía. Había descubierto que libar era lo que tanto había deseado. No era un trabajo fácil, pero lo hacía encantada. Buscaba desde lo alto las flores más apetitosas, volaba y, en el vuelo, iba pensando en la mejor forma de obtener el néctar de las flores. Quería sacarle el mayor partido posible. Al principio todo fue bien, pero, poco a poco, el esposo empezó a sentir celos de la libertad y la felicidad de ella, de su disfrute y el poco sacrificio que le suponía su trabajo. En cambio, el suyo… Fabiola empezó a notar que, al llegar a casa, su marido no mostraba la misma atención que antes cuando le contaba sus experiencias. Por eso, empezó a retrasar el regreso al hogar para no soportar sus silencios. Buscaba alargar los momentos de libertad. Alguna vez pensó que se había precipitado al aceptar casarse con él. Ella tenía otras inquietudes diferentes a las del marido. Una noche, mientras Fabiola dormía, su esposo la observaba en la oscuridad. No podía soportar la cara de felicidad que tenía pues sabía que ella se soñaba volando sobre extensos prados y polinizando numerosísimas flores. Sin pensarlo un minuto más cogió el cuchillo más afilado que había en la cocina y le cortó las alas a la mariposa. Al día siguiente, al intentar levantarse de la cama, Fabiola comprobó que no podía volar. Bañada en lágrimas se resignó quedándose en casa. Allí hacía las tareas del hogar sin rechistar. Y, como no rechistaba, se fue apagando lentamente. 22


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 Su marido, cuando llegaba a casa, esperaba encontrar a la mariposa alegre y hermosa de la que se había enamorado. Sin embargo, cada día la encontraba más debilitada que el día anterior, más silenciosa, más triste. El único deseo de Fabiola entonces era la llegada de la noche para dormir. Para recobrar su vida pasada, para recuperar sus alas. Y una mañana Fabiola no despertó. Decidió quedarse en los prados con sus flores, su néctar y su libertad. Su marido desconsolado, lloraba la ausencia de Fabiola. Nunca pudo imaginar que su mujer lo había abandonado mucho tiempo atrás. Tampoco sospechó que su partida la había propiciado él. La noche que le cortó las alas la mato. sphinx pinastri (esfinge del pino) polyommatus scheri (Fabiola)

Fotografía: Alfredo Domínguez 23


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(7) Beatriz González García

La fuente que mana y corre aunque es de noche

Yo no supe dónde estaba, pero, cuando allí me vi, sin saber dónde me estaba, grandes cosas entendí; no diré lo que sentí, que me quedé no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. San Juan de la Cruz

“Unas pocas pedaladas más y paro,” prometió Juan a sus piernas. Era lo bueno de estar en mitad de ninguna parte: podía hablar consigo mismo en libertad. Su única compañía eran las reses que iba dejando atrás según avanzaba por el camino. Los toros apenas elevaban la vista según sentían cercana su presencia. Dos, tres, cuatro pedaladas más. Dejó a un lado a los furiosos perros que ahora guardaban un sitio casi abandonado. “Pierden fuerza por la boca”, se dijo Juan. Podía ser, pero su envergadura, ya avistable desde la distancia, fue suficiente para que decidiese bordear por otro sendero. Luego averiguaría que aquello era Bercimuelle, y que en otra época hubo vida más allá de ese guardés y sus perros. Siguiendo la línea que marcaban las lindes de las dehesas, llegó al lugar o lugarcillo. Aminoró la marcha y observó en silencio desde la bicicleta. No se sentía trajín en aquel lugar. Sin embargo, una furgoneta blanca perseguida por una nube de polvo le obligó a retirarse a un lado. Juan retomó los pedales y avanzó bordeando las tapias del convento, en pos de la furgoneta. El calor la desdibujó en la distancia. Juan notó las piernas cansadas, ya colgaba de ellas una buena marcha. Estrujó el bote de agua y bebió, lamentando la temperatura 24


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 de aquel caldo. Recordó en ese momento la afirmación socarrona de un conocido: “si has estado en Duruelo, habrás visto la fuente, digo yo”. Su respuesta negativa le había costado unas cuantas burlas… Y, sin embargo, allí estaba él: pisando una tierra hoy perdida y olvidada, antaño venerada. Su primer instinto le llevó a consultar el móvil… para darse cuenta al momento de que en el Convento de Duruelo no había datos, ni cobertura, nada de internet y apenas señal de GPS. La temperatura del asfalto de la pequeña calzada bajo sus pies empezaba a atravesar la suela de los deportivos, cuando un hombre asomó por la plazuela poblada de cardos secos y cantos rodados. Caminaba arrastrando los pies, ataviado con botas y guantes de goma y un mono azul eléctrico. Solo él supo indicarle dónde se encontraba la famosa fuente de Duruelo. Frente al pequeño monumento, Juan recogió aquel aire puro de campo y lo saboreó en sus pulmones. “Qué bien sé yo la fonte que mane y corre, aunque es de noche”, leyó aquellas palabras grabadas en la piedra antes de llenar su botella y trasladarse a otro mundo, protegido del presente. *** 1568 *** Juan apenas tenía aliento. El buey que tiraba del carro resoplaba protestando… Al menos Antonio, quien viajaba con él, conocía el camino, evitando rodeos similares a los que vivió Teresa, su compañera de fatigas. Era un camino de reflexión. Dedicado a una misión que todos respetaban y pocos comprendían en su plenitud, Juan era consciente de que había dado un paso al frente. Se había cansado de encontrar a tantos que se creían dignos de emprender una vida con sentido sagrado, y resultaba que al final seguían una vida sin ninguno de los 25


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” sentidos: ni sagrado ni mundano. En lugar de predicar el silencio, se emborrachaban de palabrería. Por eso había accedido a acompañar a Antonio. La casilla que habían donado a Teresa les serviría. El lugar era perfecto: alejado y aislado, poblado por no más de 20 lugareños, permitía la oración y la reflexión. La raíz de su nueva vida solo podía brotar del silencio y la quietud. Ya habría tiempo después para hablar. - Dice, Fray Antonio, que ya ha acomodado la casa en Duruelo. - Con lo más necesario, Fray Juan: relojes. - ¿Relojes? - Así es: en Duruelo es fácil perderse en el tiempo. El resto de menesteres por los que imagino que pregunta, van detrás. – asintió con la cabeza,queriéndole infundir confianza. El pobre animal que tiraba del carro pareció oler el rastro del agua fresca que traía un escondido arroyuelo al borde del camino. Se acercó y paró a beber sin pedir permiso. Los dos frailes bajaron del carro y mojaron pies y manos en aquella agua pura que surcaba la tierra, prístina y fresca. Llegaron al lugarcillo de Duruelo no mucho más tarde. Al ver aquella humilde casa poblada únicamente por relojes, Juan olvidó lo agreste del camino y lo poco benevolente del clima. Tocó la rugosa pared de adobe mientras su compañero conversaba, animado, con un lugareño. Sonrió para sí mismo. Allí estaban: lo iban a hacer. Se quedarían allí un tiempo, necesario para sentar bases. Después, ¿partirían? ¿Acabaría esa casa reducida a polvo? “Que haga poco ruido cuando caiga”, recordó las palabras de Teresa respecto a la construcción. Suspiró y miró al afanoso Antonio, que ya empezaba a descargar el material del carro con la ayuda del lugareño. “Caerá”, se dijo Juan. “Sin duda caerá. Las piedras caerán, y mientras, el agua del camino seguirá manando… al igual que la palabra pronunciada aquí”. *** 2016 *** 26


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 “¿Por cuantos años habrá brotado el agua en este lugar?” se preguntó Juan. Ni siquiera conocía la dimensión de la respuesta. Se encogió de hombros y se aferró al manillar de la bicicleta. Se hinchó de aire una vez más y retomó la marcha ante la derretida bravura de las reses milenarias de Duruelo.

Fotografía: Alfredo Domínguez 27


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(8) Inmaculada Román Allende

Plantificada en la estación

15 de agosto, y aquí estoy, plantificada en la estación como un pasmarote. A esta hora del día, por el techo de cristal plastificado desciende un calor sofocante, y gruesas gotas de vapor, caliente y condensado, chorrean por mi frente y brillan oscilantes con los guiños del sol. Al parecer, hoy termina el periodo más caluroso del verano, que empezó el 15 de julio, aunque temo que este año el calor extremo se prolongue sin descanso hasta el mes de septiembre. Desde aquí veo la mitad del vestíbulo de entrada, el pequeño pasillo que se dirige al lavabo de señoras, y todas las vías y andenes hasta el número 10. Como hormigas ruidosas y voraces, una marabunta de viajeros ha invadido toda la estación. Hay un trasiego constante de maletas, bolsas y bolsos, trolleys y mochilas que llevan, transportan o arrastran a toda clase de hombres, mujeres y niños. Como una continua procesión va y viene, sin interrupción, con origen o destino en las vías del tren. En la vía número 1 se ha estacionado el Alvia 2416.Y un Regional, antiguo y lento, en la número 6. Los dos trenes se han marchado completamente llenos. En cambio, el Ave de las 14 horas y 20 minutos, debido a la huelga de Renfe, ni siquiera ha salido. No estaba incluido en los servicios mínimos que han pactado la empresa y los sindicatos. Frente a mí, va corriendo a trompicones una pareja cargada de equipaje. El hombre vuelve la cabeza hacia la mujer que le sigue ligeramente rezagada, con unos tacones rojos que se elevan más allá de las nubes. No puedo escuchar las palabras que dice, pero leo con atención el gesto nervioso de su boca que articula la siguiente frase: ¡ amor, date prisa o no pillamos el avión a Las Bahamas ! 28


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 La envidia cochina ha alterado mi inalterable corazón de silicio. ¿Por qué razón una cámara de vigilancia no tiene derecho a vacaciones?

Fotografía: Alfredo Domínguez 29


Verano 2016

“Cosechando ilusiones” (9) Antonia Oliva

El Convento

El portón comenzó a moverse de repente como si hubiera reconocido nuestros pasos. Cuando se abrió observamos el retrato del rey a la izquierda y, pasada la cancela central, accedimos a la sala de armas dónde, siglos antes, habrían entrado el gobernador y los guerreros después de la conquista. El Cristo en la Cruz presidía el cuarto. En una mesa sobre la pared habían dispuesto jarras de sangría blanca y roja, leche de coco, ron, jugos de piña y papaya, mamoncillos, entre otras frutas y licores y, enfrente un aparador con las flautas y charangos. Atravesamos por el patio dónde dos iguanas estiraban su cuello para mirarnos con la tranquilidad que proporciona el poseer un cerebro sin registros de memoria ni aprendizaje. Exhibían un gran porte al saberse consideradas por los residentes como una maravilla de la naturaleza y también al sentirse las dueñas del paraje envidiable por el que transitaban. Distinguí una placa en el suelo, olvidada, cubierta de excrementos de reptil. La piedra estaba muy desgasta pero podía leerse una dedicatoria, posiblemente, de alguno de los personajes que habían residido en El Convento a su amante, que decía así: “Incorporaste una perla al collar de aquel viernes de primavera”. La vida es un cruce de sinsabores, pensé. Y sin más ensimismamiento continuamos a la Sala de invitados para vestirnos de indios y afinar los instrumentos. En media hora daría comienzo el evento. 30


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Alfredo Domínguez 31


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(10)Consuelo Vicente

MIS PIES

Pequeña piedra piedra pequeña a veces montaña. Pareciera que mis pies te recorrieran, pero otras, de pronto mis pies se vuelven boca y te besan. Pequeña llama llama pequeña a veces volcán. Pareciera que mis pies quemados se fundieran pero otras, de pronto mis pies se vuelven alas y te sobrevuelan. 32


“Cosechando ilusiones”

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Fotografía: Alfredo Domínguez 33


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(11) Emilia González Fernández

HABITACIÓN DE HOTEL

Era hermosa y triste, alta, rubia oscura. Había nacido en aquel país sin horizontes ciertos de tan enorme, de cielos implacables inflamados de sol o heridos de estrellas en las noches del Middle West. A veces pensaba que la enorme mansión familiar era monótona y aburrida como el paisaje del entorno: Las alfombras color ocre le recordaban los campos casi infinitos sembrados de rubios cereales, las moquetas verdes de los dormitorios los inmensos extensiones de maíz. Sus padres, ricos y distantes, la habían educado como a la niña bien que era, pero su cariño se difuminaba ante el precio y exquisitez de los caprichos que habían rodeado su infancia y juventud. La madre, pianista sureña, le había obligado a recibir clases de teclado durante años interminables, le había comprado trajes exclusivos y le había escamoteado muchos besos y conversaciones. La lejanía del padre tenía mejor explicación: El sí la abrazaba, la exhibía ante sus amigos como a una joya de establo; era poderoso y brutal, entendía el mundo en forma de posesión y dominio y ella era su jaca pura sangre o un coche caro y potente con el que fo-mentar la envidia de los vecinos de otras haciendas. En la mansión la rodeaban objetos hermosos y fríos: Lámparas “art nouveau”,muebles de diseño europeo los armarios reventaban de vestidos y trajes que rezumaban chic parisino o aires british…Pero algo le faltaba, algo sin cuya atmósfera se ahogaba de infelicidad. No era sólo el aburrimiento de su vida ociosa o el cansancio de las fiestas fútiles e in-terminables que ella anegaba en gin-tonics para alejar la angustia; era la seguridad sin aliciente alguno, de verse casada, como su madre, con un clon de su padre. 34


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 Se sabía inútil: No tenía vocación para la música ni era tan poco inteligente como para contentarse comprando trajes en las escapadas a la ciudad con amigas de circunstancia. -Tú eres muy lista, niña-, le decía con frecuencia la tata Dora cuando la acompañaba en la cocina en las interminables tardes del verano. Le ofrecía limonadas que ella apuraba, ya calientes casi, y le contaba cuentos y leyendas mejicanas cuando la veía especialmente triste. La tata Dora era un sucedáneo de madre que olía siempre a harina de maíz. Le atraía su risa contagiosa como un misterio que estallaba de vez en cuando en las profundidades de la casa o en el pequeño comedor del servicio. Cuando la reñía lo hacía con extraña e inquietante amabilidad: -No hagas correr tanto al caballo, niña Marga que el gran viento se te puede llevar… Una de sus aficiones era, en efecto, montar su yegua favorita. Se perdía por los caminos envuelta en nubes de polvo, persiguiendo horizontes siempre esquivos. Hubiera querido descubrir algo detrás de ellos. Al menos respiraba con fruición el olor a cereal maduro en aquellas extensiones doradas y monótonas que, a sus ojos veloces, parecían extensos mares ocre. Luego el verde de los maizales se interponía y ella espoleaba de nuevo a la yegua para volver grupas y regresar sin entusiasmo hacia el vacío barroco de su casa, copia con pocas variaciones de tantas mansiones lujosas, intercambiables en su estética. Hojeaba con cierto interés libros de arte o leía novelas llenas de un romanticismo desconocido para ella; eran almas extrañas las de aquellas criaturas de los libros. Pensaba que los sentimientos exacerbados eran cosa de otro siglo y sentía una nostalgia extraña de un pasado al que no podría pertenecer. Ese ecosistema de valores había muerto y con él todo un código sentimental que le parecía más rico. Era aquel interés la única cosecha que había obtenido de unos estudios por lo demás bastante estériles que su padre siempre había tildado 35


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” de inútiles. En ocasiones arrojaba los libros al suelo, en un impulso neurótico, y lloraba sofocadamente. Una tarde de verano decidió romper con todo aquello y propuso a sus padres que le prestasen dinero para pagarse un largo viaje a Europa: A la tierra de la Bovary, de la Gio-conda…El continente de los antiguos que creaban criaturas como ellas…Quizá allí quedaran restos de aquel espíritu perdido. Hizo sus maletas, no muy grandes, manejables, de elegante cuero, y no olvidó dos cosas: Su agenda llena de datos del viaje y una negligée de color rosa con la que se sentía cómoda cuando el calor se hacía sofocante y los ventiladores sólo agitaban la calígine. Se sabía atractiva con aquella prenda, como una modelo que posara para sí misma. Su padre le había dispuesto un Austin y un chofer mudo, pero sólo sintió pena al despedirse de su aya. Luego el tren le regalaría el vértigo o la ebriedad de los paisajes a trechos hostiles o salvajes, pero distintos. Cuando repostaban en las gasolineras se fijaba en otros clientes, peor vestidos que ella, que parecían autómatas de movimientos cansados y simétricos, como si la Gran Depresión del año anterior les hubiera dejado también pobres de alma. Cerca ya de Colorado pararon en un motel. Cansada y sudorosa, casi exigió que le ofrecieran una habitación individual con doble ventana, encendió un cigarrillo y se demoró un momento junto a la blanca pared de madera forrada con listones no muy anchos. Luego se incrustó en una habitación angosta pero inundada de un sol hostil que lo invadía todo con implacable dureza. Dejó las maletas junto a la cama y se sentó en ella después de ponerse su breve enagua rosa. Debió de adormecerse un rato y se puso a consultar su agenda. Así la contempló por unos momentos un pintor que pasaba a ocupar otra de aquellas habitaciones inquietantes, de enormes ventanas. Ella no se enteró, absorta en su vacío más que en el papel. Aquel hombre era Edward Hopper, quizá compartían la misma desolación. 36


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Alfredo Domínguez 37


Verano 2016

(12) Ismarie Diaz Flores

El principio del fin

“Cosechando ilusiones”

[A continuación presentamos el texto íntegro del documento hallado en un disco duro portátil guardado en la caja fuerte descubierta hace unas semanas en el pasillo central de la que fuera la vivienda del escritor Adael Lucas López Heredia, encontrado muerto en ese mismo recinto hace ya dos años. El escrito será analizado junto con otros archivos cifrados encontrados en el disco duro. A dos años de la desaparición del destacado autor de novelas de misterio, no han podido esclarecerse las circunstancias de su muerte y, al momento, se desconoce si las siguientes líneas constituyen su nota suicida, un texto en clave para señalar a su asesino o el inicio de su última novela.] No soy poeta ni loco. No es que no me guste la poesía. Cualquier persona que escriba debe leerla y conocerla, pero me niego a ser otro más de esos que se las dan de poetas solo por haber ensartado un par de palabras sonoras en el hilo de una estrofa. Yo respeto demasiado la poesía como para llamarme poeta. Ayer me las ingenié para cambiar una bombilla. Dadas las circunstancias no veo para qué, pero el caso es que eso no me convierte en electricista. ¿Por qué entonces cualquiera que organiza las palabras en columnas esbeltas se cree poeta? Mis palabras se van adosando de forma horizontal, como ladrillos que van emparedando mis pensamientos, lo que me lleva al segundo punto. Tampoco estoy loco, aunque algunos me han llamado así. Nadie está loco. Es que hablar de “locos” hoy día es tan común y anacrónico como decir que el sol “sale” cada mañana y se “pone” cada tarde. Esas salidas y puestas no son más que otro engaño de este planeta que, ensimismado como un trompo, gira en su propio eje, mientras, con disimulo, continua rondando el sol. Pero ni siquiera la Tierra, con todo lo que le hacemos padecer, está loca. En todo caso, sufre un trastorno de la personalidad. Como yo. Como tú. Como tantos otros. “Novelista trastornado”, esa es una definición más certera, exacta y contemporánea de mi situación. Me tomo la libertad de 38


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 autodiagnosticarme. Nunca quise ir en busca de ayuda profesional como me sugirieron. Siempre fui consciente de que lo que crecía en mí era un tumor maligno en despiadada metástasis. Si llegaba a encontrar a alguien capaz de extirparlo, inevitablemente se habría llevado también mi capacidad de sentir lo que siento y escribir lo que escribo. Me habría convertido en un ser incapaz de adentrarse por los túneles oscuros, esos mismos que luego alumbro a medias para mis lectores. De haber cedido a la tentación de curarme, de todas formas habría quedado maltrecho. Es lo que tienen estos padecimientos, realmente no hay cura. Solo cuidados paliativos y algunas treguas. Quizás habría ganado unas horas de dicha, pero habría perdido estas 320 páginas o igual habría escrito 400, pero plagadas de clichés y falsedades. Preferí sacrificarme, evadir el tratamiento, ver cuán lejos podía llegar con este malestar comiéndome por dentro. Ya tengo la respuesta: hasta aquí. Tan trastornado estoy que no sé si quemar o no la novela antes de dar el paso. Ya está lista, tan lista como puede estar una novela. Las novelas nunca están listas… pero se sostiene como manuscrito inédito con ínfulas de publicación póstuma. Si la dejo atrás y es mala, no solo dejaré como legado mi fracaso ante la vida, sino también mi fracaso ante las letras. Mejor quemarla. La copia impresa que encuaderné en el local de la esquina, quiero decir, por aquello de recrearme en su inmolación. Esto, claro, una vez que haya borrado todos los archivos del disco duro y llevado el sistema a su estado primigenio, de modo que no quede ni rastro de ese desvarío de novela. Pero también necesito quemarla, sentir el calor de la llama y dejar que mi mirada se pierda en sus ondulaciones, para así, ser testigo de mis dos muertes. Una vez tenga entre mis manos las cenizas de las largas horas de esfuerzo, sé que no habrá vuelta atrás: tendré que continuar con el plan. Dejar atrás la novela sería una muestra de debilidad, la prueba de que me quedaban esperanzas, una previsión ante el arrepentimiento del último minuto. 39


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” Noche oscura es esta. La única luz es la de esta novela que arde. Me he decidido. Si por casualidad la novela fuera medianamente buena o acaso despertara un interés especial por el morbo de mi final, ¿quién se beneficiaría de ella? ¿De mi fama, de mi buen nombre? Como dicta el protocolo, he escrito la nota suicida, una nota larga, grave y redonda como corresponde a un escritor. Me he tardado escribiéndola, más de lo que tenía pensado. ¿Será que en el fondo no quiero hacerlo? Al revisarla, me doy cuenta de que he empezado con una negación. Una nota, una nota, una nota… ¿O no? ¿Para qué? ¿Para que a los forenses les quede claro que fui yo el que apretó el gatillo? ¿Qué más da que me haga responsable del tiro de gracia, cuando ya he recibido tantas otras heridas? ¿Es que acaso no van a investigar como es debido por causa de un par de líneas que pudo haber escrito cualquiera o yo mismo, pero sin voluntad? ¿Es que en vez van a perder el tiempo psicoanalizándome post mortem para llegar a conclusiones que luego no servirán a nadie? Cómo podrían servir a nadie, si todas las angustias ajenas se quedan siempre al otro lado, inalcanzables. Tardan en llegar las respuestas. Tanto las que pretenden contestar una pregunta como las que solo confirman que el llamado fue escuchado. Esas últimas son más importantes, pues alivian el peso de la indiferencia. Son como el eco de esa gota de agua que cae en medio de una cueva. Sabes perfectamente de lo que estoy hablando. Me miraré al espejo al apretar el gatillo. Veré como mi sangre se duplica, se triplica, se multiplica por el pasillo infinito de los espejos. Sé bien que seré el único testigo de mi muerte como siempre he sido el único testigo de mi vida, pues todos mis admiradores estaban distraídos mirando a aquel excéntrico y burdo personaje y se perdieron del verdadero espectáculo. Supongo que no fue culpa suya. Incluso me lo he repetido muchas veces a fin de convencerme. ¿Será que ahora son capaces de leerme, de leerme de verdad? ¿De ver más allá de la anécdota y la etiqueta? ¿O quedará encerrada esta despedida en el último resquicio del largo corredor de los reflejos? Sé por experiencia que muy pocos son capaces de interpretar la parca melodía de las notas finales, de las notas suicidas. 40


“Cosechando ilusiones”

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Fotografía: Alfredo Domínguez 41


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(13) David Alvarez Sánchez

Al amanecer

A las siete de la mañana suena el despertador , después de sonar el despertador me dispongo a darme una ducha con agua fría , después de haberme duchado me dispongo a leer el periódico y a desayunar. Mientras estoy con el desayuno oigo en el telediario la noticia de los atentados de Francia que ocurrió anoche . Después de escuchar la noticia me dispongo a llamar a mi familia que viven en Francia , llamo y llamo y no hay señal , viendo que no voy ha poder contactar con ellos por teléfono . Les mando un wasap a mi familia para haber como están , pasan varias horas y como veo que no contestan me dispongo a contactar por el facebook , viendo que tampoco tengo respuestas por ahí me dispongo a viajar a Francia. Por Internet consigo una oferta para ir a Francia . Al día siguiente me dispongo a viajar a Francia , Cuando llego al aeropuerto me toca esperar dos horas , el vuelo sale a las dos de la tarde. Después de ocho horas por fin llego a Francia , veo que el país esta muy revolucionado por los atentados ,al entrar en el metro veo que hay unas medidas de seguridad . Al llegar a la estación de metro me salgo . Después de salir del metro , por fin llego hasta la casa donde viven ellos , toco el timbre , que alegría de veros familia digo en voz alta. 42


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Fotografía: Paz Mateos 43


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(14) Tina Martín Mora

PERSEGUIR SUEÑOS.

Perseguir sueños es casi como perseguir estrellas. Los ves lejanos, imposibles de alcanzar. Mientras tanto, el tiempo pasa por tu vida, o tal vez eres tú y soy yo quienes pasamos por ella, casi desapercibidos. Sientes que te desvaneces en el espacio-tiempo que te ha tocado vivir y escuchas la voz interior que te hace sentir... Sentir que estás VIVO. Ese impulso que te lleva a perseguir tus sueños, a intentarlo, a realizar todos esos proyectos que esperan impacientes a que te decidas alguna vez. Y es entonces cuando, incluso, te atreves a perseguir estrellas, y descubres sobre ti el Universo entero al que te rindes vencido ante tan majestuosa belleza sabiendo que has logrado el sueño, el tuyo y el mío, 44

“Cosechando ilusiones”


“Cosechando ilusiones” de poder tocar la bóveda celeste colmada de esas pequeñas luciérnagas, en la que encuentras La Vía Láctea, Andrómeda y Casiopea, ... Bailan sobre ti las Perseidas, mientras giras alrededor de ti mismo encontrándote, al tiempo que descubres cómo te elevas hasta la nebulosa que te dejará en el recorrido de las estrellas, donde siempre quisiste estar.

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Fotografía: Tina Martinez 45


Verano 2016

(15) Oscar Fernández

“Cosechando ilusiones”

La cala

El hombre contemplaba, sentado sobre una roca, como un velero navegaba hacia el centro de la bahía. Enfrente de la cala en la que estaba descansando se hallaba un pequeño cabo en lo alto del cual había un mirador al que había subido hace dos días. A la derecha del cabo se localizaba una pared rocosa de escasa altura y a la izquierda, bien resguardado, un puerto pesquero. El agua estaba fría pero su limpieza y el calor del día invitaban al baño. El hombre apagó la colilla sobre una roca. Luego, la depositó sobre un pañuelo pues no quería ensuciar aquel paraje vacío. Se incorporó y se acercó a la orilla. Primero metió sus pies en el agua para probar su temperatura. Ésta no le disgustaba del todo. Se introdujo lentamente en el mar y cuando el agua le llegó a la cintura se zambulló. Después de dar varias brazadas se detuvo. Se dio la vuelta y observó el camino que había seguido para llegar a la cala. Un hombre paseaba por éste con un perro. Mientras el agua acariciaba su cuerpo parecía que el mal momento que sufría en su matrimonio y la rivalidad permanente con el departamento de electrodomésticos de la empresa desaparecían. Volvería a sufrir aquellos problemas pero durante unos cuantos días serían sustituidos por el sol, la brisa y el mar. Quería disfrutar del descanso y de la naturaleza. Que el regreso a la rutina aguardase. Ahora tenía cosas más interesantes que hacer. 46


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Fotografía: Paz Mateos 47


Verano 2016

“Cosechando ilusiones” (16) Yaiza Gómez Martínez

La Visita

El corazón le latía con fuerza. Había soñado muchas veces con ello. Como una premonición. Y ahora lo sentía. Ya estaban aquí. Una energía extraña impregnaba el ambiente. Era como cuando entras en una habitación tras una discusión y puedes notar la tensión que se ha vivido en el lugar. −Ya están aquí.−dijo bajo las sabanas Una luz potente se colaba entre las rendijas de la ventana. Ella estaba quieta, inmóvil, conteniendo la respiración. Y, de pronto hubo una fuerte sacudida. Aterrada, salto de la cama y bajo en pijama hasta la puerta del jardín de atrás. La abrió de golpe y un fuerte vendaval irrumpió en la cocina arrastrando sus pequeños pies por el suelo mientras se aferraba al pomo de la puerta. Mientras, la potente luz cegadora la impedía ver con claridad. Al instante, ese mismo viento que con tanta fuerza había irrumpido en la habitación cambio. Ahora en vez entrar, salía, y salía con más fuerza de la que había entrado. Los piececitos de Caroline se elevaron en el aire hacia fuera de la cocina mientras agarraba el pomo de la puerta. Hasta que no puedo soportarlo y se soltó. La puerta se cerro de golpe y Caroline desapareció. El viento cesó y la luz desapareció. Mientras sus padres dormían plácidamente. Fue como si nada hubiera sucedido. 48


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Fotografía: Paz Mateos 49


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“Cosechando ilusiones” (17) Ramón Sánchez Rodríguez

“POR ADÁN, SIN EDÉN”

Admito me podáis decir que por mi culpa, no estáis en el Edén. Yo vivía plácidamente en aquel paraíso. Nada ni nadie turbaba mi paz. La naturaleza, bendita naturaleza, era pródiga hasta la saciedad ofreciéndome todos sus frutos sin pedirme contraprestación alguna. Así, por veredas ignotas, iba descubriendo sin prisa cuantos placeres gastronómicos me ofrecía. Y así de un árbol comí su fruto y su sabor dulce me incitó a tomar más y más. Con su comida sentí que me invadía un dulce sopor que me llevó a quedarme dormido durante un tiempo ilimitado. Cuando desperté ella estaba allí, frente a mí y al ver mi cara de sorpresa con una voz muy dulce me dijo: - He salido de una de tus costillas, me llamo Eva y soy tu compañera. No podía salir de mi asombro. No sabía si aquello era real o seguía soñando. Cuando me repuse del susto, sentí dolorido mi costado y di por ciertas sus palabras. Todo era real, no soñaba. Luego la examiné con detalle. Su cuerpo rayaba la perfección. Una hermosa cabellera cubría discretamente dos prominentes bultos de su pecho. Su sexo, por pudor, lo tapaba con una hoja de higuera. Y entonces me ofreció comer de la fruta prohibida. Puedo aseguraros que las tentaciones fueron muchas y todas ellas las vencí. Libré más de cien mil batallas y de todas salí victorioso. Pero al final, al final…después de tantas victorias, terminé perdiendo la guerra. La voluntad es frágil, la carne débil. Lo demás ya lo sabéis y huelga hacer más comentarios. 50


“Cosechando ilusiones”

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Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(18) Alfredo Domínguez Martín

HAIKUS

No hago fotos observo la realidad la interiorizo Cuando veo miro disparo al objetivo detengo el tiempo El tiempo queda cuando no existe son instantáneas

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“Cosechando ilusiones”

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Fotografía: Alfredo Domínguez 53


Verano 2016

(19) Leticia Vicente

“Cosechando ilusiones”

Nacida de la rabia

Érase una vez... y no en un lugar tan lejano, érase una chica normal… no una princesa, aunque para alguien seguro que lo era pero no hay princesas en este cuento. Sí que hay un lobo feroz, solo que esta vez no habrá cazador ni abuelita. Y érase una noche donde la oscuridad no estaba en el cielo. Y no, esto no es un cuento, aunque sé que muchos vendrán con ellos diciendo que la culpa fue de ella, por llevar caperuza roja, y no del lobo, pobrecillo, con lo tranquilo que había salido a la calle esa noche. Y no, esto no es un cuento, aunque al final alguien acaba con el vientre desgarrado, solo que en esta ocasión la que sangrará es caperucita, y todo porque el lobo quería demostrar lo grande que era... cuando en realidad no lo era. Y vendrán aquellos que digan que caperucita debió hacer caso a su madre y no escoger el camino que eligió. Y entonces, sí que parecerá un cuento, uno de la Edad Media donde las cenicientas sólo pueden limpiar y salir hasta la hora marcada... y no porque la carroza se convierta en calabaza si no porque los príncipes se convierten en reyes con derecho de pernada.

No, no es un cuento, ya quisiera la escritora que lo fuese. No, no es un cuento, y menos aún las miradas a las que tendrá que someterse mi caperucita, los reproches y la culpabilidad, cuando ella es la víctima. Todo nacido de mentes que juzgan sin ponerse en la carne sangrante de mi caperucita. Y ojalá pudiera ser ella el cazador... ojalá la dejarán salvarse a sí misma, pero ni eso le permitirán. Y no, esto no es un cuento. Érase una caperucita de medias rotas. Érase una bella drogada entre sábanas rojas. Érase una cenicienta acorralada en la sala de la fotocopiadora. Érase una blancanieves abrasada por ácido por el mismo que la obligo 54


“Cosechando ilusiones” a comerse la manzana. Érase una... Éranse demasiadas como para contarlas... Éranse demasiadas como para no recordarlas a todas.

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Fotografía: Paz Mateos 55


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“Cosechando ilusiones” (20) Maritza García Toro

ENTRETIEMPO

Al otro lado del mundo alguien espera un relato. Extraña expectativa. Van a hacer un librito, se ha vuelto una costumbre con cada estío. Ha de ser, entonces, un relato alegre, con aire veraniego. En realidad no hay condiciones, esas las impone la autora que ha rebuscado en sus escritos y no encuentra textos acordes a la estación. Porque hay lugares en el planeta donde la estación importa. Hay ropa de estación, comida de estación, hábitos de estación. En cambio, donde ella se encuentra sentada frente a su computador, en un balcón desde donde se divisa la montaña, el clima sólo consta de sol y lluvia, con variaciones térmicas de acuerdo a la altura. Hay frutas y verduras todo el año y se comen sancochos ardientes bajo el sol de mediodía, se chupan helados mientras llueve y se castañea de frío con la más leve brizna. Las estaciones son sólo alusiones de películas y series importadas de países septentrionales.

El relato no llega. Invoca a Cortázar, especie de Platón de la literatura, quien creía que las historias andan por ahí esperando ser contadas y buscan un mediador. Mira hacia arriba esperando ver pasar un cuento, como una especie de gaviota extraviada, fantasma difuso que se deje atrapar por el cazamariposas del teclado. No hay tal, sólo la techumbre que separa el amplio balcón de la intemperie absoluta. 56


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Mira la pantalla luminosa y el cursor que titila impaciente. Escribe, borra, teclea, eliminar, fatigoso oficio el de escribir por encargo. Y de pronto, allí está: la lluvia empieza a caer en aguacero de trópico y la ventisca le lleva salpicaduras como de un rocío tardo. El agua corre inundando el mundo, con un frescor de arbustos, de flor mojada, de pájaro guarecido

Y así como empezó, cesa, así es la lluvia en ese recodo del mundo. Entonces, de abajo de la montaña, por donde pasa la quebrada, se levanta una niebla suave, como si un viejo enorme estuviera tendido allá en el valle y fumara lánguidamente su tabaco.

Por ratos la niebla es fina y se dispersa y luego se pone densa y se aglutina, humareda de incendio que asciende por el monte y lo oculta todo. Apenas si se adivinan las formas de los árboles y las pocas casas desperdigadas por la loma. Todo parece guiado por una sabiduría antigua: la lluvia sabe caer , la niebla conoce el camino de ascenso y las garzas siguen su brújula y trazan el mismo vuelo todas las tardes. Ella extiende la mano, siente en la palma la calígine húmeda y recuerda su infancia en la que creía posible cazar nubes, quisiera tener un recipiente idóneo para guardar ahora alguna y al no tenerlo se conforma con el roce incorpóreo de la bruma. ¡Qué hermoso es ese universo que se adivina tras la cortina blanca! 57


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

Al cabo de un rato la neblina se desmigaja en pequeñas motas y el mundo se revela más verde. Alguien durante la distracción de vapores ha pincelado la tierra. Canta un pájaro con canto empapado y un perico asoma la cabeza como si fuera el elegido para dar la buena nueva después del diluvio. El sol aparece pleno, impasible ante el fenómeno de la lluvia. No hay vientos, aguas ni nieblas que enfríen este sol y no hay sol que queme estos frescores. Ya la taza de café tirita de frío sobre la mesa, su último vaho expiró hace rato. Le da un sorbo y agradece el regusto acaramelado, tan distinto a ese molesto amargor del café que probó en otros sitios. Mira en derredor y deja que en los ojos le entre la luz, el verde montaña, el violeta racimo, la iridiscencia de colibrí; y sabe que está bien que no haya un relato, no todo son historias ni aventuras, a veces sólo se tiene un paisaje, una fotografía de palabras para ofrecer a quien se encuentra lejos. Allá abajo de la montaña, el viejo se ha dormido, y será, por lo que parece, una siesta larga.

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Paz Mateos 59


Verano 2016

“Cosechando ilusiones” (21) Fernando de Castro

Cuando el mar se me sube por la espalda y un sabor de tristeza me llena la ausencia del abrazo te busco en los rincones y en los árboles azules . Te busco en toda el agua Los ojos me duelen de tanto escalar aire. Me olvido de mí mismo hasta vaciarme ,hasta hacerme solo aliento . Desvelo algunos sueños , los extiendo al sol como pañuelos , y te quiero por amor .

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Paz Mateos 61


Verano 2016

(22) Ana Fariña

El Burka

“Cosechando ilusiones”

Cuando cumplió los cuatro años, su madre le regaló una otoplastia. Los gorritos desaparecieron del vestidor de su cuarto y supo lo que es llevar una coleta alta. Había nacido con una asimetría imperdonable. Una de sus orejas era más grande que la otra y por si fuera poco, la pequeñita, como si tuviera consciencia de su insignificancia, se abría al exterior unos milímetros más abajo y medio dedo más hacia dentro que su ostentosa melliza. Durante generaciones su familia había vivido por y para el arte. Eran tratantes. Su presencia avalaba cualquier subasta. La casa donde residían era perfecta. La fachada sólida, los jardines equilibrados, el interior exquisito. Ningún elemento desafinaba. Clasicismo y vanguardia, ese verbo irregular tan difícil, allí se conjugaba hasta cuando se dormía. “Solo cuando el tiempo y la persona se formulan de forma correcta, la vida es heroica”. Ese era el final de todos los cuentos que le leían cada noche. El popular “colorín colorado” jamás arropó su sueño. En ese hangar tan distinguido, ella, era un avioncito con un ala rota. Quienes tenían el deber de custodiarlo, lo blindaron. Estatuas, grabados, alfombras y porcelanas fueron el único marco donde pintó sus días. El inmenso parque donde reían los toboganes resultaba peligroso. Los columpios podían lastimarla. Todos eran de latón y hojalata. Cuando cumplió los trece años “se hizo mujer”. Su desarrollo hormonal no se acompañó de un aumento de mamas. Menstruaba con regularidad y dolor, pero su aspecto seguía siendo el de una muchachita impuber. Esta vez el vestidor se llenó de wonderbra. Los había de todos los colores y texturas. Eran preciosos. Ella los aborrecía más que a los gorros. Con dos pezones ligeramente prominentes, nunca podría volar. 62


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 Poco antes de los 18, una mamoplastia cambió su condición. Su escote se trasformó en una pista de despegue y aterrizaje de curvas hipnóticas. Un espejismo, donde más de un piloto, perdió el rumbo. Se casó joven. Tuvo una niña perfecta. Antes de su nacimiento, ya sabía que su marido la era infiel. No dijo nada. Era preferible esa situación a tener que dormir con él. Unos meses pasan rápido, una imagen puede fijarse por siempre en la pupila. Él no debía atisbar su cuerpo deforme. Una vez cumplida su función reproductora, se ligaría las trompas sin que nadie lo supiera. El resto era fácil. La lipoescultura, invasiva o no, unos masajes y un entrenador personal podían resucitar a Afrodita. Y así fue. Cuatro meses después de ser madre, todo el mundo hablaba de su belleza. Las portadas de las revistas mendigaban una exclusiva donde mostrara la grandeza de su mundo sin aristas. Supo esperar a que la oferta fuera jugosa. En Navidad los quioskos vendían su paraiso. Sin embargo, algo falló. Su marido, al que no sabía si amaba o no amaba, volvió a su cama, pero se negó a abandonar la otra. Según él, allí podía respirar, tanta seda lo axfisiaba. Llegó a pedirla el divorcio, algo a lo que ella se negó. Prefería la angustia al escándalo. Compró su discreción. Le prohibió hablar del tema y dejó que la vida siguiera su curso. Veinte años después, un 23 de junio, la casualidad o el destino, forjaron un hecho inesperado. El AVE donde viajaba retrasó unos minutos su salida. Los suficientes para ver como el Alvia procedente de Alicante hacía su entrada en los andenes. Estaba lleno. Nunca fue capaz de comprender esos desplazamientos sin más fin que el cambio de escenario. Tiempo y persona se conjugan igual en todas partes. Al menos su viaje, todos sus viajes, guardaban un por qué. Si ese día estaba allí, era por algo. 63


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” Tenía prevista una blefaroplastia en Barcelona. La demora del tren, no suponía un trastorno en sus planes. Iba con tiempo. Hasta dentro de dos días no era la intervención. Sacó el espejito de mano. Se había hecho mayor, pero aún era guapa. “Y lo seguiría siendo” -pensó-. Al ir a guardarlo, el estuche de plata se cayó. Pudo oir como el cristal se astillaba. La idea de siete años de mala suerte la turbó. No es que fuera especialmente supersticiosa, pero “si el riesgo muestra su sombra es preferible eludirlo”. -Eso creía-. Con la intención de blindarse, volvió el rostro hacia la ventana. Justo enfrente, un hombre y una mujer se besaban. Era un beso salvaje. Inadecuado para dos personas de su edad. Hacían el ridículo. Cuando sus caras fueron dos, comprobó que una era la de su marido. La otra la de una mujer que hasta ese momento sólo había sido un fantasma. Era una persona vulgar. La piel quemada por el sol. El pelo teñido y descuidado. La nariz irregular. Las patas de gallo profundas. Se reía. Una risa estridente seguro. Sin oirla, podía escucharla desde su vagón. Esa hilaridad acentuaba la mayor de las imperfecciones, no saber estar. El hombre, su hombre, le acarició la mejilla y se puso en pie. Mientras recogía la maleta, su compañera, aún sonriente miró por la ventanilla. Sus niñas se encontraron. En ese momento, los vidrios rotos que yacían a sus pies, se irguieron. Uno a uno, sin hacer esfuerzo alguno, encontró el camino hacia la suela de unas sandalias exclusivas. Las suyas. Notó como rasgaban la delicada piel de sus pies, penetrabanen su carne sonrosada y ascendían por su sangre hasta reventar sus pupilas. El dolor era intenso. Las lágrimas, por primera vez en su vida, la vencieron. Cerca de ella, alguien protestó porque llevaban siete minutos de retraso. Supo que la maldición se había cumplido. Por su parte, en un Alvia que volvía de Alicante, una mujer quemada solo por el sol, se conmovía al ver salir el AVE. En esa jaula veloz, 64


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 Afrodita se secaba. La había visto. Era muy hermosa. Tenía las pupilas opacas y llenas de cristales. Dos meses después, mucho más bella, una Venus humana regresaba a casa. No había nadie. Subió al vestidor de su cuarto, sacó la ropa que había dentro y con sumo cuidado la colocó encima de la cama. Abrió las maletas y como si se tratara del objeto mas frágil del mundo, dispuso su contenido con movimientos delicados. Las baldas se llenaron de gorritos, los cajones de wonderbra. Las perchas quedaron como ella en aquella estación, desnudas.

Fotografía: Paz Mateos 65


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(23) Carmen Alonso Ibañez

Rosita

Nació de un capullo. Se llamaba Rosita. Ya desde pequeña destacaba de las demás mariposas. Era la primera en despertarse, le encantaba ver amanecer. Soñaba que cuando fuera mayor podría volar tan alto que llegaría hasta el sol. Las mariposas mayores se reían de ella y le decían que eso era imposible, que el sol calentaba tanto que le quemaría las alas. Aun así, Rosita no dejaba de soñar. Le gustaba hacer carreras con sus amigos, a ver quién llegaba más lejos, más alto, a ver quién volaba hasta la copa del ciprés que había donde ella vivía. Quién volaba más bajo y podía tocar el agua del estanque. Vivía en el jardín de una mansión. A veces veía salir de la casa a una niña con otras personas mayores que entraban en un gran automóvil y se iban. Las mariposas mayores le decían que era mejor que no se acercara a ellos pues muchas amigas de su especie habían sido cazadas por personas como éstas. Ella, como era muy inquieta, un día que estaba la niña jugando sola en el jardín, se acercó y comenzó a revolotear a su alrededor. Las dos 66


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 comenzaron a jugar, a esconderse y a carreras y ya desde ese día Rosita se acercaba a la casa para jugar y pasar un rato divertido. Pasó el tiempo y las dos se hicieron mayores. Rosita desplegó unas alas preciosas, de colores muy vivos en el que predominaba en una de las alas una mancha de color rosa, y la niña se tuvo que ir a estudiar lejos de allí, así que el último día se despidieron muy tristes. A partir de ese día, Rosita entristeció. Volaba poco, apenas salia de su flor y fue perdiendo los colores. El hada del bosque que siempre está pendiente de todos los animales se dio cuenta de lo que pasaba y se acercó hasta ella para ver que podía hacer. Rosita le contó que echaba de menos a su amiga y que haría cualquier cosa por convertirse en un humano ya que su amiga le había contado las cosas que hacía y los lugares que había visitado y que ella siendo mariposa nunca podría conocer. El hada accedió a su deseo, pero le advirtió que no podría volver a ser ella pero que recordaría quién había sido antes. Sería una mujer con buena posición, trabajo y casa. Al día siguiente, Rosita se despertó en una cama con el ruido de un despertador avisándola de que tenía que ir al trabajo. El suyo era un puesto de 67


Verano 2016 “Cosechando ilusiones” responsabilidad y ella era muy exigente con sus compañeros y de que todo saliera perfecto. Al principio, le resultó muy excitante. Para ella todo era novedoso. Miraba la ciudad alucinada. Saboreaba las comidas con deleite. Probaba todas las bebidas. No paraba de hablar con unos y otros escuchando su voz. Cuando la dejaba el trabajo, viajaba fuera de la ciudad, pero eso ocurría muy pocas veces porque era tal el estrés y la exigencia de su vida que el tiempo que le quedaba se lo pasaba en casa descansando. Apenas se relacionaba fuera del trabajo con lo que no tenia amigos con los que salir ni por supuesto era capaz de mantener una relación por mucho tiempo. Pasaron unos años, y comenzó a darse cuenta de lo bien que vivía cuando era mariposa. Tenía todo el tiempo para ella, reía por cualquier cosa y no tenía ningún problema, no le faltaba una flor para libar ni un lugar donde resguardarse cuando llovía o hacía frio. Con esta vida Rosita comenzó a enfermar. Primero un ligero catarro al que no hizo caso y después se le fue complicando con problemas respiratorios hasta que un cáncer de pulmón acabó con su vida. Ya en el lecho de muerte, agonizando, se le apareció el hada y lloró desconsoladamente por lo que sentía que había perdido por querer haber sido otra cosa. El hada la abrazó y consoló y le dijo que éste es 68


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 el aprendizaje de todo ser vivo, la aceptación y el disfrute de lo que el universo ha decidido para cada uno.

Fotografía: Paz Mateos 69


Verano 2016

(24) Paz Mateos

Nadar por las aceras

“Cosechando ilusiones”

Las aceras son grises y alargadas como las calles de una piscina olímpica, pero claro, no tienen su color azul. A primea hora de la mañana, con la fresca, me sumerjo en una acera, al principio del recorrido el agua es transparente y templada pero solo me llega por los tobillos, por lo que tengo que tumbarme para mojarme por completo; como no hay líquido suficiente, me impulso con los pies y clavo las manos en el cemento dándome un empujoncito y así avanzo a gatas hasta que el asunto va tomando profundidad; entonces braceo ligera, y a pesar de que voy vestida con una prenda de pura lana, que ya me pesa, puedo chapotear un poco si me apetece; me deslizo por el medio acuático serena, disfrutando y formando burbujas con la boca; llevo los ojos bien abiertos y puedo observar todo con nitidez aunque no tengo puestas las gafas de bucear; recorro la acera longitudinalmente, descansada, fluyendo, con la seguridad que da la cotidiana rutina; saludo aquí y allá a mis vecinos durante el ejercicio y como voy nadando a crol puedo sacar los bracitos del agua fácilmente para decirles adiós con la mano. Solo yo recorro las calles de esa manera, los demás son los peatones indiferentes de siempre que caminan erguidos y van a lo suyo, y si me miran, lo hacen desde arriba con absoluta normalidad. Para mi también es natural desplazarme así de un lado a otro y cumplir con los recados, descansando de vez en cuando en los bordillos. Cuando regreso al punto de partida después de la jornada me detengo, reconozco perfectamente el lugar, estoy frente a una puerta grande pintada de color marrón y un número 8 plata con fondo azul marino corona el dintel. He vuelto a la calle donde nací. 70


“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Paz Mateos 71


Verano 2016

“Cosechando ilusiones” (25) Miguel Angel Pégarz

MARILYN BLUES

Sí, he bebido de más. Y sí, me voy a tomar esta pastilla. ¿Qué no debo? ¿Y desde cuándo te importa? A ti sólo te interesan mi culo y mis tetas. ¿Sabías que recito a Whitman de memoria? Y También a Ginsberg. Pero eso a ti qué más te da. Para ti sólo soy un juguete. La muñequita rubia que hace bonito y despierta tu deseo. Siiiii, me follé al Presidente. Y a no sé cuántos más. ¿Por qué? ¿Por qué lo hice o por qué no a ti? Porque me evade. Mientras son mi juguete puedo olvidar que no os importa nada, ni mi cultura, ni mi opinión… ni mis sentimientos. Mientras os tengo a mi merced se me olvida que sólo soy una muñeca descerebrada. O eso, o bebo. Si no fuera por estas putas pastillas no dormiría nunca. Y no queréis a vuestra muñequita con mala cara. Pero ¿sabes?, un día de estos me las voy a tomar todas. Y voy a dormir bien, muy bien, de una vez por todas.

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Paz Mateos 73


Verano 2016

“Cosechando ilusiones”

(26) Rosa Celia González Monterrubio

SANABRIA

Hay una parte de mi que pertenece a ese lugar, lo llevo en mi sangre y en mi corazón. Cuando la zozobra me invade, solo tengo que cerrar mis ojos y trasladarme a ese rinconcito mágico de la meseta castellana para recuperar el sosiego. Todas las estaciones tiene su encanto allí, aunque en verano hay demasiado bullicio por lo que, cuando estoy lejos y, quiero desconectar de mi ajetreada vida, cierro mis ojos para mudarme allí y es el otoño el que veo reflejado en las aguas cristalinas de su lago, cuna de leyendas misteriosas, transmitidas de generación en generación.. Todo es silencio y quietud en su entorno en ese periodo: si acaso, a determinadas horas, se puede oir el canto o graznido de algunas aves o el silbo del viento al rozar las hojas de los robles que lo circundan mayoritariamente..Y si el otoño está un poco avanzado, un manto dorado y rojizo cruje bajo mis pies en los diversos senderos que de allí parten. Y no lejos del lago, se encuentra otro lugar mágico, al que a menudo me traslado también en mis ensoñaciones “La Alcobilla”: un rincón de castaños milenarios, algunos de formas caprichosas y troncos inabarcables, que abrazo siempre que allí acudo, sintiendo que me transmiten su especial energía…Dicen, que fue cuna de ritos ancestrales celtas, el lugar que hoy alberga el monasterio de una virgen muy venerada en Sanabria, dónde acuden en romería la mayor parte de los sanabreses una vez al año; y que, en las noches de luna llena, en invierno, los lobos se acercan allí sigilosamente.. Sí, en Sanabria he vivido días inolvidables, casi siempre ligados a buenos recuerdos: fiestas patronales, llenas de risas, con mi familia en los periodos vacacionales, romerías, innumerables caminatas explorando la zona, siempre en buena compañía…aunque también 74


“Cosechando ilusiones” Verano 2016 he derramado lágrimas: unas de felicidad y otras, más amargas, por desamor o pérdidas irreparables de seres muy queridos.. Sanabria es para mí, un lugar ligado definitivamente a mi esencia y espero llevarlo siempre dentro de mi corazón Y, quiero haceros una confesión final : si alguna vez me pierdo, buscadme allí, es “mi pequeño rincón del paraíso”

Fotografía: Paz Mateos 75


Verano 2016

(27) Pilar Luengo

“Cosechando ilusiones”

¿ Qué dicen en su reposo las hojas caídas? ¿Qué sueños duermen los nervios y sus lóbulos? ¿Por qué no nos dejaron el secreto del envés sin brillo? Hay un recorrido entre el placer y el llanto que mis manos quieren aprehender y mis ojos se afanan en descifrar. Hay un tiempo detenido en las cosas, un inventario, aún por disponer, de filamentos y contornos dentados, de osamentas delicadas y tenues, arqueos de laberintos sin pausa que esperan su contemplación. Luego vendrá la sacudida, la rama que no alcanza su crujido, o, el desprendimiento sin aviso; el suelo que no sabe que es cama, el eco que ignora su silencio. Y en mi camino, unos pasos apresados, desandarán las piedras y sus musgos, hollarán la tierra y sus signos, hasta encontrar escrito su sentido.

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“Cosechando ilusiones”

Verano 2016

Fotografía: Paz Mateos 77


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