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guillermo

ro El hombre detrás del artista

Los paisajes infinitos de

juan

Doffo Además. Alejandro Dolina, poeta… ¡empleado! | Textuales: al pueblo lo que es del pueblo | Museo Fernández Blanco: historias de plata | Palio de Siena: la carrera épica.


Expectantes Nace una idea, un proyecto, un sueño. Nace Long Play, la revista que hoy ponemos en sus manos. Los objetivos son simples: Queremos que sea un espacio de lectura para todo momento. Buscamos que tenga su propia personalidad, exclusiva, variada y amena. Aspiramos que por medio de sus páginas, se pueda llegar a conocer y apreciar el arte de una manera diferente. Deseamos compartir con ustedes las más diversas expresiones culturales de nuestro país y del mundo. Ahora bien, como cualquier medio de comunicación, Long Play necesita de ustedes para poder desarrollarse plenamente. Sin lectores, la lectura no existe y los autores no tienen razón de ser, así como la música o una obra plástica sin público, son en realidad sólo una ilusión. Para establecer tan necesario “ida y vuelta”, hemos puesto todo nuestro esmero y dedicación en este trabajo. La revista ya no nos pertenece, tiene vida propia, se fue de nuestras manos. Les entregamos, con orgullo, el producto terminado. Long Play es un tiempo para disfrutar con uno mismo, casi diría, una charla entre amigos. Esta nueva amistad es el propósito final. Creemos haberlo logrado.

Marian Casaux Alsina Directora artística

staff Directora artística Marian Casaux Alsina Directora literaria Danusa B. Moreira Asesoramiento editorial Ignacio Gutiérrez Zaldívar Producción integral D&A Comunicación Coordinación general María Viglione Mercedes Cardín Arte y diseño Estudio Macchi-Azcuénaga Redacción Aline Vilches Cecilia Acuña Javier González Cozzolino Johanna Schivindlerman Maia B. Perera Fotografía Andrés Pérez Moreno Diego De Pedro Diego Larocca Ilustración Juan Soto Roballos-Naab Caligrafía Retoque digital Marcelo Quintanilla Corrección María Luz Merani Impresión Línea Gráfica Grupo Impresor Tucumán 3458 – CABA

Long Play, Av. Alvear 1520 – piso 5 – CABA Propietarios: Ezequiel Barrenechea y Marian Casaux Alsina.

Registro DNDA en trámite. Año 1 – número 1 – diciembre 2012 Nuestra tapa: Guillermo Roux El abrazo IV, 1996 (detalle) Colección Graziella Franco de Crivelli.


CONTENIDOS

4. Editorial 16. Azar Severo: presentación 20. Bajo perfil: Enrique Blaksley

8 Colecciones Platería colonial, en el Museo Fernández Blanco.

Curiosidades Pequeñas historias de la historia.

Regalos La Tienda del Colón.

Arte y vino Barricas intervenidas por grandes artistas.

Música Conciertos Pilar Golf.

OJOS DE TURISTA Lo que pocos saben del Palacio Barolo.

Textuales Viaje al origen de nuestras frases.

22 Literatura Cuando 140 caracteres no alcanzan.

28 Conversaciones Mano a mano con Alejandro Dolina.

Contrapuntos Guillermo Roux, Juan Doffo y Natalia Sánchez Valdemoros. Tres expresiones del arte.

62 Tradiciones El Palio de Siena.

Fotografía Cuerpos, poesía de ayer y de hoy.


p l a t e r í a

c o l o n i a l

Historias

de plata La colección de platería colonial del museo Fernández Blanco cuenta, a través de sus objetos, parte de la historia que nos constituye como país.

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Una moneda de plata se puede convertir, a través de la orfebrería, en una pequeña vasija. La imagen sirve para entender la importancia de la platería en la historia de nuestro país. Así comienza el recorrido por el museo Fernández Blanco. Allí, junto con el relato breve, sencillo y esclarecedor de la transformación de la plata pura en un objeto funcional, se esconde otro relato, mucho más largo y complejo, que se vincula con nuestro pasado, el colonial y el del virreinato. Nada de lo expuesto allí está colocado al azar; esos platos, espejos, cafeteras, mates, cuchillos y espuelas, entre otras cosas, se unen mediante el hilo conductor de los deseos y las costumbres de aquellos que construyeron lo que hoy llamamos Argentina. En la época de la conquista una leyenda aseguraba que subiendo por el río se llegaba a un lugar donde había una montaña del metal precioso, la plata. En parte, se trataba de una historia cierta: si se navega hacia el Norte, después de un camino larguísimo, se puede llegar al cerro Rico de Potosí, famoso por sus minas de plata. A esa creencia se estima que el río de La Plata debe su nombre. El cerro Rico de Potosí, entonces, marcó el rumbo a la ciudad boliviana que, alrededor del 1600, tan solo cien años después del descubrimiento de América, tenía incluso más población que


Londres. La riqueza era tal que la plata se podía extraer de la superficie del cerro, ni siquiera había que bajar a los túneles. Fueron los años de esplendor de Potosí, que parecía una tierra prometida de riqueza, brillo que perdería en cuanto el material precioso agotara sus existencias. De allí venían la mayoría de las monedas, lingotes y objetos de plata que circulaban por las tierras del virreinato. Buenos Aires, justamente, creció al amparo del contrabando de este material. El nuestro era el puerto por el que se escapaban las divisas hacia Brasil, Portugal e Inglaterra. Y aunque parte de la plata ya venía transformada por artesanos de Potosí, el resto del metal en bruto quedaba para los orfebres criollos que llegaron a conformar uno de los gremios más poderosos de la ciudad junto con el de los sastres.

La plateada imagen del gaucho Plata y ropa. Así se acumulaban las riquezas durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Por eso, en las dotes de las novias o de las futuras monjas se entregaban cucharas de sopa, candelabros o prendas de tejidos importados. De hecho, hoy es muy difícil armar un juego de vajilla completo debido a que las partes, en aquel momento, se iban sumando al azar y no valían por la estética, sino por su peso en plata. Los objetos de la platería colonial se destacan porque son muy pesados en comparación con los ingleses o alemanes. Hasta principios del siglo XVIII, no muestran demasiado trabajo artesanal porque no se valoraba lo artístico, sino el metal en sí. La Hermandad de los Plateros será quien imponga los criterios estéticos de moda en Europa con el estilo

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El mate Es una creación colonial. La palabra viene del quechua y su diseño es el resultado de una fusión entre las formas de los cálices y copones de la iglesia y los sahumadores.

El museo Ubicado en el barrio de Retiro, a pocos de metros de la avenida Libertador, el ex Palacio Noel o Museo Fernández Blanco fue construido en 1920. La casa es un exponente de la arquitectura neocolonial. Allí se exhibe un amplio panorama de las artes del período virreinal, las más importantes de Sudamérica: platería, piezas de arte religioso y secular, mobiliario, ambientaciones, una importante pinacoteca en la que se destaca la escuela cuzqueña, y una biblioteca especializada. Suipacha 1422. Martes a viernes de 14 a 19. Sábados y domingos de 11 a 19. Teléfono: 43270228.

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rococó a la cabeza. Como la platería era un fenómeno puramente urbano, no hubo fusión de técnicas, o sea que nada de la metalurgia indígena se incorporó a la orfebrería colonial. En Buenos Aires la población estaba compuesta por españoles, no hubo tampoco mestizaje, a excepción del gaucho que vivía en las afueras de la ciudad y que no usaba objetos de plata, sino que más bien era un desposeído nómade, un errante que sobrevivía buscando changas, tal como lo describe el Martín Fierro. Recién a fines del siglo XIX, cuando comenzaron a llegar enormes contingentes de inmigrantes a nuestro país, los criollos construyeron el concepto nacionalista del gaucho con el objetivo de crear una identidad argentina y cohesionarse. Se trató del movimiento de recuperación de la tradición hispano-criolla. Como el protagonista de Don Segundo Sombra, se toma a la figura del gaucho y se la adorna con elementos épicos. El argentino no tenía personajes mitológicos para destacar en su historia, entonces, se convirtió al gaucho en un héroe de epopeya, y la platería fue una aliada fundamental en esta tarea. El cuchillo trabajado, las espuelas brillantes y el mate rococó civilizan al gaucho, que en su condición original, en realidad, pertenecería a la barbarie. Platería cotidiana Las familias acomodadas, sí, eran las que realmente tenían los objetos de plata, que no sólo se utilizaban como una forma de acumular riqueza, sino que se les daba un uso concreto en la vida diaria. Entre los objetos expuestos en las salas del museo, se destacan los sahumadores, una especie de desodorantes de ambiente que se distribuían en todos los sectores de las casas para ventilar y disimular los aromas de la época (valga aclarar que la gente, entonces, acostumbraba bañarse una vez por semana). Las chocolateras eran también de uso frecuente

porque era costumbre tomar mucho chocolate, tanto como hoy el café a la mañana y a la tarde. Para el mate, que acompañaba todas las actividades del día, las pavas con hornillo eran las preferidas. Junto con estos objetos, en las vitrinas también se pueden apreciar pistolas de duelo, soperas y una multitud de mates con sus correspondientes bombillas. El estilo criollo Hasta la Revolución de Mayo hubo una gran producción de platería en Buenos Aires, pero a partir de 1810 se detuvo debido a las guerras de la independencia. Muchos objetos de valor, además, se fundieron para colaborar con la causa de la emancipación. Recién a partir de 1830, con el advenimiento de Rosas, la platería recuperó sus tiempos de esplendor de la mano del neorrococó, el estilo de moda en Europa que se utilizó para recrear los años de oro del absolutismo. Así, vuelven los diseños recargados, que sobreabundan en figuras y adornos, con líneas curvas y un trabajo minucioso aplicado en cientos de detalles en miniatura. Es en esta época cuando surgen nombres de plateros famosos, como Cándido Silva, Martínez y Pallarols, de quien se conserva el banco de trabajo. Será este el estilo definitivo de lo que hoy conocemos como platería argentina. Si se compara, el trabajo que realizan los plateros en la actualidad es igual al de sus antepasados de fines del siglo XIX. Utilizan el mismo lenguaje basado sobre la construcción de la imagen del gaucho como elemento de cohesión en el armado de la identidad nacional. La diferencia entre los objetos es que mientras aquellos del pasado tenían un fin utilitario, los de ahora cumplen propósitos decorativos y artísticos. Agradecemos el asesoramiento de Patricio López Méndez, curador principal del museo Fernández Blanco, y Gustavo Tudisco, museólogo investigador.


Pequeñas historias de la historia Por Danusa B. Moreira

El comienzo y el fin

de la dinastía araucana de los Piedra (Curá) orría el año 1835, cuando llegaron a los médanos de Masallé, capital de la región conocida como Salinas Grandes, algunos chasquis enviados por el jefe de una caravana que venía de la zona meridional de la Araucania chilena. El fin era rendir homenaje al cacique Alón, bautizado Mariano Rondeau, cabeza principal de los voroganos asentados en el lugar. Como era costumbre entonces, los emisarios le pidieron su protección al cacique en las tierras a su mando, anunciándole la entrada de varios comerciantes. Sin sospechar hostilidad, Rondeau aceptó la visita y convocó a sus hermanos, a los caciques menores y a sus capitanejos para recibir a los viajeros y así poder adquirir los productos que los araucanos traían de Chile. Felices esperaban los voroganos las noticias de los parientes del otro lado de la cordillera, el dulzor del jugo de los piñones y la posibilidad de obtener nuevas lanzas, tejidos, paños, objetos de plata, pintura para la cara, abalorios y zarcillos, entre otras cosas. El día acordado, una oscura nube de polvo se alzó sobre el médano inmóvil que rodeaba las tolderías de Rondeau. A los alaridos sobre sus caballos, con las chuzas (lanzas) en alto, bajaron los doscientos viajantes y arremetieron al galope contra los sorprendidos voroganos. Pasaron a cuchillo a Rondeau, a otros caciques, y también a capitanejos, chamanes y ancianos. Sobre el médano cubierto de sangre derramada a traición, resonó por primera vez, como un eco, el nombre del caudillo vencedor, “Callvucurá”, (Callvu: azul; curá: piedra).

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Para consolidar su poderío, Callvucurá exterminó a varios caciques secundarios y luego proclamó un indulto general y se declaró jefe de la nación Llalmaché o “gentes de la viuda”, nombre que se le dio a la tribu vencida por el derecho a gobernarla que correspondía a la mujer preferida de Rondeau. Honrando la memoria de su esposo muerto, la mujer jamás aceptó unirse en matrimonio a Callvucurá como él pretendía. Luego de convertirse en el máximo cacique de Salinas Grandes, región fértil del oeste de la provincia de Buenos Aires y del este de La Pampa, Callvucurá envió notas y cartas a los caciques de otras tribus, a los caciques de la Araucania y también a Juan Manuel de Rosas, a quien consideraba el cristiano más poderoso de la región. En esas cartas anunciaba que “el gobierno de la Pampa había cambiado por voluntad de Dios y que él había sido el destinado para cumplir con la misión de gobernarla”. A Rosas le agregaba que “lo que únicamente falta para que Dios esté satisfecho es que nos demos pruebas de verdadera amistad, haciéndonos buenos amigos”. Callvucurá fue entonces, reconocido por todos como soberano de la Pampa. Juan Manuel de Rosas, como prueba de buena voluntad, le asignó una anualidad de 1500 yeguas, 500 vacas, bebidas, ropas, yerba, azúcar y tabaco. Juan Callvucurá fue un cacique astuto y popular. Trataba a la gente con amabilidad, dándoles el título de hermano, pariente o cuñado. Era altanero, supersticioso y adulador. Convenció a la gente de que todas sus obras eran mandato de Dios y que tenía


poderes sobrenaturales como controlar el clima y adivinar los actos y pensamientos de las personas, cosa que inspiraba en los demás un gran temor. Con él comenzó la dinastía de los Piedra que asoló por medio siglo el campo argentino. Murió en su toldo de Chilihué el 3 de junio de 1873. Según la tradición, tenía ciento ocho años. Sus últimas palabras fueron, “Nunca entreguen Carahué al huinca”. El cacicazgo le correspondía entonces, a su hijo mayor, José Milllaqueu Curá, (piedra que parece oro). Sin embargo, un parlamento general de doscientos veinticuatro caciques de todos los linajes pampas, reunido en Chilihué, decidió que Millaqueu Curá era inhábil para ejercer esta función, debido al vicio de la bebida. El cacicazgo para gobernar a la nación Llamalche, quedó entonces, en manos de un triunvirato integrado por tres de los hijos de Callvucurá, el Cacique General Manuel Namuncurá, ahijado de Justo José de Urquiza, el Cacique General Bernardo Namuncurá y el Cacique General Alvarito Reumaycurá. Debido a la inutilidad de sus hermanos, en 1875, Manuel Namuncurá, (garrón o pie de piedra), quedó como única cabeza del vasto imperio de los Piedra. Fue un cacique audaz, moderado en sus vicios, inteligente, de gran talento, y con grandes condiciones de guerrero. Le gustaba vestir el uniforme militar ya que se consideraba un verdadero soldado argentino.

Sobre el médano cubierto de sangre derramada a traición, resonó por primera vez, como un eco, el nombre del caudillo vencedor, “Callvucurá”. Manuel perdió poder durante la Campaña al Desierto organizada por el General Roca y se rindió el 5 de mayo de 1884, recibiendo el grado de Coronel de la Nación por su ayuda en las luchas internas argentinas. Murió en el año 1908, a los noventa y siete años de edad, rodeado de gran cantidad de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. Su hijo, Ceferino Namuncurá nació en 1886, cursó la escuela primaria en el colegio Pío IX y el secundario en el colegio San Francisco de Salles. Tuvo una vida santa y su mayor deseo era ser salesiano pero su mala salud no se lo permitió. Murió de tuberculosis en Roma, en 1905, antes de cumplir diecinueve años. Sus restos fueron traídos a la Argentina y descansan en una capilla de Fortín Mercedes, en Bs. As. Fue beatificado por el Papa Benedicto XVI, el 11 de noviembre de 2007, siendo el primer indígena argentino que alcanzó esa condición.

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Regalar cultura Objetos de colección y solidaridad en La Tienda del Colón Abrió sus puertas en abril de 2011 y, desde entonces, La Tienda del Colón continúa ofreciendo detalles originales para regalar en diferentes ocasiones. Pero lo más importante es que todo lo allí recaudado se convierte en becas que la Fundación Teatro Colón otorga a los alumnos del Instituto Superior de Arte del teatro. Entre los curiosos objetos que reúne la Tienda hay una línea de paraguas, pañuelos y foulards con motivos inspirados en la cúpula del Teatro y en distintos vitreaux, agendas, lápices, y cuadernos, afiches originales de varias óperas, láminas y posters. Además, bolígrafos e imanes ilustrados con los figurines que Aníbal Lápiz diseñó para el vestuario del ballet La bella durmiente. Todos estos artículos conviven con las creaciones de Gabriela Horvat, Marianne Alonso, Valeria Vinelli, Hand&Craft y Fernando Poggio, la línea de jabonería gourmet de La Pasionaria, y una amplia gama en tés de Tealosophy by Inés Berton, con un especial blend Colón. También hay libros, discos, remeras, delantales… y miles de recuerdos que marcan la diferencia.

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DATOS Paseo de Carruajes del Teatro, Tucumán 1171, CABA. Abierto todos los días, de 10 a 18 hs (feriados incluidos). www.fundaciontcolon.org.ar


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azar

severo Así se llama el primer libro de poemas de Marcelo Bosch. Lo presentó en compañía de maestros y amigos. Una charla íntima y un libro para no dejar pasar.

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Cuando terminé el libro, en la dedicatoria, le escribí a Sofía, mi mujer: “a vos, adicta a lo íntimo discreta, posesiva, deseada exceso mío de mujer.” Marcelo Bosch

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n palabras de Fernando Sánchez Sorondo, autor del prólogo de esta selección de poemas, “Azar Severo es un libro de iniciación: es su primer libro y es iniciático como búsqueda de una voz propia”. Rodeado de amigos, Marcelo Bosch presentó su primer trabajo. En una mesa, casi como en ronda de café, relató la experiencia. Lo acompañaban Julio Gottheil, Miguel Canale, Willy Avellaneda y Fernando Sánchez Sorondo, el reconocido escritor que fue su mentor y su maestro. Porque en su taller Bosch descubrió esta nueva pasión. Lo explica con una anécdota, su amigo, Willy Avellaneda: “Me acuerdo que hace tres años, estábamos en el campo, en Necochea, en una casita chiquita y hacía mucho frío. Estábamos tomando vino y Chelo (Bosch) dijo, ‘¿saben qué?, estoy yendo al taller literario y estoy escribiendo poemas’. Y nos leyó varios, y muchos de esos no están ahí, así que serán para el próximo libro, supongo”. En aquella mesa que es el centro de la presentación, cada uno expresa sus sensaciones al leer los poemas. Julio Gottheil reconoce: “Se da la búsqueda de la verdad a lo largo del libro, de muchas maneras. Marcelo es un peregrino de la verdad pero, lógicamente, nunca la encuentra”. El profesor adivina una primera conclusión: “Advertimos el advenimiento de un poeta verdadero”. E invita a Willy Avellaneda a reflexionar: “Vos decías que la poesía de Marcelo te obliga a completarla, ¿cómo es eso?” “Porque sus poemas son muy directos y muy pasionales, eso es una característica de él, siempre en busca de algo. Y además el libro tiene un extra, y es la dedicatoria que hace. Algo que él escribe muy elocuentemente, y uno se siente único. A veces siento que él escribió este libro para poder hacer sus dedicatorias personales”, asegura Avellaneda. La charla avanza entre risas y complicidades. “Me gustó el proceso, me gusta el desarrollo de escribir”, asegura Bosch. Cuando empezó esta travesía, le aconsejaron tratar de buscar en los recuerdos de la infancia. Así lo hizo, y hoy cosecha los frutos de ese trabajo.

herir al miedo

de fiesta risa beso y charla


tragos 2 gotas de Bitter Angostura (el toque amargo)

60 ml de whisky bourbon

40 ml de vermú (preferentemente rojo)

Manhattan bien porteño Sentarse en la barra del New Brighton es instalarse en una película de los años 30. Las paredes de boiserie y los espejos se conservan de la época en la que allí funcionaba una tienda de indumentaria británica, hace más de cien años. Hoy, el lugar recrea aquel ambiente con el sonido de un piano tocado en vivo. Especialista en tragos clásicos internacionales, Aldo Echarri está a punto de cumplir sus bodas de oro en el arte de mezclar bebidas espirituosas. Para Long Play eligió este Manhattan. Y lo prepara con maestría: enfría una copa con hielos; luego mezcla la composición exacta de ingredientes, seguro de que “los tragos no se hacen con medidas, sino con el pulso del barman”.

Cereza al marrasquino, la deco esencial. 16

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Agradecimientos: New Brighton: Sarmiento 645. Lunes a sábados, de 8 al cierre. Tel.: 4322-1515/4325-9126.

copa de boca ancha


e n r i q u e

b l a k s l e y

Los museos,

a la gente

Conocemos al hombre detrás de “Meraviglie Dalle Marche”, la muestra que vistió de gala a la Reina del Plata.

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nrique Juan Blaksley Señorans es empresario, porteño, casado, padre de seis hijos y abuelo de dos nietos. Con 47 años, preside Hope Funds, compañía privada de inversiones. Mediante esa firma, disparó uno de los acontecimientos de 2012 en materia de arte. Fue pieza fundamental de la muestra “Meraviglie Dalle Marche”, en el Museo Nacional de Arte Decorativo, donde se exhibieron obras de Rafael, Tiziano, Rubens, Crivelli, Reni y Lotto, entre otros grandes artistas, entre el 5 de junio y el 28 octubre. Así lo cuenta el empresario: “Hace tiempo busco invertir a través de la cultura. Es un mundo que me gusta y que me da satisfacciones personales. A raíz de eso, armé un equipo de trabajo para indagar sobre la posibilidad de conseguir alguna empresa que se dedicase a organizar muestras de arte de manera itinerante. Nuestro leitmotiv fue que si la gente no podía ir a los museos, que los museos vinieran a la gente. Y salimos a conseguirlo”. —¿Cómo lo consiguieron? —Gracias a Dios dimos con Artifex, una empresa que se dedica a la logística y la organización de muestras de arte por el mundo. Enseguida se dio una gran sintonía, y con una velocidad casi milagrosa realizamos una muestra en el Vaticano, con el arte histórico y sublime de la región de Le Marche. Varias pinacotecas de esta provincia, al estar cerradas por remodelación, dieron la posibilidad de trasladar esas obras que, en algunos casos, hace más de 600 años que están en esos museos. —¿Y traer esas obras a la Argentina? —Era un sueño difícil. Hoy, después de cuatro meses de haber iniciado la muestra, siento mucho orgullo. Ha sido como un regalo para Buenos Aires y para la Argentina. Que este arte universal haya sido visto por más de cien mil personas fue, a mi modo de ver, algo maravilloso.

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No será la primera Blaksley sostiene que es la primera vez que Hope Funds se atreve a semejante empresa, y agrega que pretende darle continuidad con al menos una exposición del mismo tenor en 2013. —¿Cómo se traen obras de tanto valor de Roma a Buenos Aires? —La parte más difícil es la negociación con los museos. Ellos tienen un cariño tremendo por estas obras, se lucen y, a su vez, atraen mucho turismo, por lo cual no es fácil conseguirlas. Al encontrarnos con pinacotecas en refacción tuvimos esta posibilidad. Desde el punto de vista del traslado, el embalaje y los seguros, contamos con Artifex. Debo además decir que la Argentina está muy preparada para la recepción de este tipo de obras de arte. —La muestra debió extenderse por la enorme cantidad de público…


—Sí. Nos encontrábamos con colas de hasta tres cuadras, muchísimo público no podía entrar; por ello, conseguimos 30 días más. Blaksley confiesa que tuvo otros objetivos a cumplir en esta primera muestra. El primero surgió de resaltar la importancia de la relación de nuestro país con Italia. En segundo lugar, procuró que ese arte traído de Europa, y que originalmente fue realizado para enseñanza teológica y religiosa de la gente común, no experta en arte, fuera visto por esos mismos destinatarios contemporáneos. “Y, de algún modo, cumplimos con ese objetivo”, dice. El empresario se siente satisfecho de su obra, y piensa transitar por muchos años más el mundo del arte. Ojalá así sea.

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por danusa b. moreira 20

El 10 de noviembre, como todos los años en nuestro país, se celebró el “Día de la Tradición”, recordando las costumbres, creencias y valores que nos definen como comunidad. La fecha corresponde al nacimiento del escritor José Hernández, en 1834. Su obra “Martín Fierro” fue publicada por primera vez en noviembre de 1872, y la segunda parte “La Vuelta de Martín Fierro”, apareció en febrero de 1879. En este libro vemos reflejados los patrones culturales más tradicionales de la Argentina, como la payada, el mate, la guitarra, el caballo, el gaucho y el campo, a través de las vicisitudes del gaucho Martín Fierro. Cabe recordar también a “Don Segundo Sombra” de Ricardo Güiraldes, cuya primera edición apareció en julio de 1926. Aquí, a través del personaje de Don Segundo vamos conociendo la vida errante del arriero y sus habilidades con los caballos y la hacienda. En ambas obras, está presente la ruralidad, el paisaje campesino y las usanzas de antaño, muchas de las cuales aún se conservan en nuestras provincias. En las ciudades y pueblos del interior, el “Día de la Tradición” se festeja a lo grande, con desfiles, jineteadas, carreras de sortijas, destrezas a caballo, payadas, música y bailes folclóricos, asados con cuero y entreveros de tropillas que, en mi opinión, es una de las cosas más bonitas que se pueden ver en estas fiestas. Y mientras me tomo unos amargos, quisiera compartir con ustedes la lectura de algunos textos que nos muestran un poco de esa cultura, costumbres que en las grandes ciudades ya han quedado en el olvido. Y no sé ustedes, pero yo después de terminar con mi trabajo, en la paz de mi casa que reposa en una calle de provincia, me voy, sin ningún complejo, a dormir la siesta.

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MI HOSPITALIDAD Sé hospitalario. Cuando el forastero harto de camino ponga en tu población su mirada como un cuerpo sobre los pellones del recado tendido en el campo, espéralo más allá del umbral de tu casa chata y fresca y ofrécele tu mano como un pregusto de abrigo. Porque eres señor de tu casa, trátalo cual si fuera amo. No preguntes quién es. Tal vez en sus brazos pese un mal hecho, más difícil de llevar por la vida que las arrastradas nazarenas por la barrida tierra de tu patio en que van hincando su corona de espinas. Tal vez un orgullo demasiado grande ensanche su frente bajo el chambergo cuya ala pretenciosa viene despreciando el aire que crea a su paso. Siéntalo junto al fogón, corazón de fuego de tu morada tranquila, y dale un banco fuerte en que asentar su fatiga. Arrima unas brasas a sus pies para que sequen el barro de sus botas y el calor suba hasta sus labios en confianzas de confidencia. Déjalo hablar y asiente con tu cortesía sus palabras. Y cuando el sueño nuble de vacío sus ojos, entonces dale tu lecho y vigila su reposo tendido sobre tus pellones. Cuando se vaya llevará consigo el regalo de tu hermandad que mejora al hombre. De Ricardo Güiraldes “El Libro Bravo” (1936)


SE HACE TARDE… El ranchito parecía algo extraño a la orilla de la ruta, como fuera de lugar, enclavado en el sopor y la aridez del camino. Un calor sofocante aplastaba el campo seco, con sus pajonales y sus arbustos bajos y espinudos. Unas pocas cabras hurgueteaban con sus hocicos los pastos duros y amarillos buscando algo verde para comer. Los perros tirados panza arriba en el patio de tierra, pedían, por costumbre nomás, un poco de agua que en esa zona llegaba sólo muy de vez en cuando. Un gato viejo y enorme descansaba entre las hojas de un ombú y gallinas y gansos daban vueltas bajo la sombra ardiente del techo de chapas del gallinero. Dentro del rancho, la radio llenaba la pieza con cuecas y chacareras entreveradas con las noticias del pueblo. Saboreando unos amargos, y mientras zurcía unas medias y unas camisas, Doña Olinda se enteraba que a Silvano Pérez se le había perdido el documento en el camino de los espinillos y pedía que si alguien lo encontraba, lo llevara hasta la radio o a las casas; que la señora y la madre del Rata Martínez llegaban en el micro de las seis y querían que las buscaran con el sulky, en la ruta, porque traían muchos bultos; que el almacén de Don Roque seguiría cerrado por duelo; que Doña Elbia Pascuali había parido mellizos, hembrita y macho, durante la noche y que el domingo no habría misa porque el cura estaba afuera, de misión. Así se le iba yendo la mañana, entretenida en sus quehaceres y los chismes pueblerinos, hasta que la radio anunció las once de la mañana. Doña Olinda se levantó, peló dos papas, una cebolla, un cuarto de zapallo y una zanahoria grande. Tomó dos trozos de osobuco y echó todo, verduras y carne dentro de la olla con agua, que esperaba sobre la cocina a leña. Acomodó en la mesa dos platos hondos, los vasos y los

cubiertos, un poco de pan casero y el vino que sacó de la infaltable damajuana, y sirvió en una jarrita de hojalata. Después, levantando un poco la voz, se dirigió al marido que dormía a pata suelta en la otra pieza del rancho. - Viejo, es hora. ¡Levantate que se te hace tarde pa’ la siesta!

A CABALLO A caballo, yo soy otra… Un viento sin edad y sin tiempo, Alborota la tierra y el color de mi pelo, Y hace rodar las aspas de un molino viejo. En un galope Acompasado y libre, Mis manos se confunden entre las crines oscuras Y me sorprenden, Con un recuerdo vago de indias y cautivas; Mujeres, que alguna vez recorrieron, En otras horas ya perdidas, El mismo suelo de pampa y desierto. A caballo yo soy otra, Porque él, Tan próximo y tan mío, Es, para mí, Distancia Y yo para él, Sendero. Danusa B. Moreira

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Arte y vino

dos placeres que son uno solo Pioneras en desarrollar el polo vitivinícola en la zona de San Patricio del Chañar (Neuquén), la Bodega del Fin del Mundo y la Bodega NQN unen el placer de tomar vino con el arte. Junto con la Galería Zurbarán organizan una peculiar muestra que exhibe treinta barricas de roble intervenidas por prestigiosos artistas plásticos argentinos.

El arte y el vino han caminado juntos a lo largo de la historia. Poetas y pintores, dramaturgos y cantores, desde la Biblia hasta nuestros días, pasando por los griegos y los maestros del impresionismo, han dedicado versos, música y colores a una bebida que es en sí misma una de las creaciones culturales más antiguas y originales emprendidas por la humanidad”. Quien escribe es Oscar Smoljan, Director del Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén. Amigo entrañable de la familia Viola –propietaria del cincuenta por ciento de Bodega del Fin del Mundo y Bodega NQN–, fue él quien sugirió exhibir alguna de las barricas intervenidas en el museo que dirige. La exposición se completa en los establecimientos vitivinícolas –ubicados

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en San Patricio del Chañar (Neuquén)–, el local de venta de vinos del aeropuerto neuquino y el restaurante Experiencia del Fin del Mundo, en el barrio porteño de Palermo. El circuito está ideado para que el turista pueda comenzarlo donde prefiera: en el aeropuerto cuando llega a Neuquén, o en ambos establecimientos vitivinícolas donde, al recorrido habitual que invita a conocer los secretos de la elaboración del vino, se le suma la propuesta artística. “Neuquén, específicamente San Patricio del Chañar, no es como la Patagonia Cordillerana, donde hay mucho turista. Ahí casi no hay gente, ya que suele ser un punto de paso camino a la Cordillera de los Andes. Cuando elegimos este lugar lo hicimos justamente para difundir las bodegas: en lugar de esperar a que la gente


la muestra: DONDE Y CUANDO Experiencia Fin del Mundo De lunes a sábados de 8.30 a 24 Hs. Honduras 5673. Palermo. Buenos Aires. Bodega Fin del Mundo De martes a sábados y feriados de 10 a 17 Hs. San Patricio del Chañar. Provincia de Neuquén. MNBA De martes a sábados de 8 a 20 Hs. Domingos y feriados de 16 a 20Hs. Mitre y Santa Cruz. Parque Central. Neuquén.

Bodega NQN Todos los días de 10 a 17 Hs. Ruta 7 San Patricio del Chañar. Neuquén. Aeropuerto de Neuquén Todos los días. Los horarios dependen de la programación de los vuelos. San Martín 5901 Neuquén. Local bodegas de la Patagonia.

viaje al Sur, nosotros vinimos para acá”, explica Ana Viola, directora de Bodega del Fin del Mundo. Con “acá” se refiere a “Experiencia”, nombre por el que se reconoce al restaurante de la bodega Fin del Mundo en Palermo, lugar donde nos recibe cálidamente. El arte, una segunda oportunidad Las barricas son de roble y se usan para la crianza del vino. Se pueden reutilizar hasta tres veces. Terminado su ciclo, siguen siendo un material noble y codiciado. La mayoría de las veces se desarman y se reutilizan para la confección de distintos objetos como muebles y adornos. La idea de intervenirlas artísticamente surgió de la familia Viola, que se lo comentó a Ignacio Gutiérrez Zaldívar, íntimo amigo. Él es dueño de la Galería Zurbarán y de El Casco Art Hotel, ubicado a orillas del Lago Nahuel Huapí. “Nacho nos dijo: mándenme las barricas y yo hago que todos mis artistas las pinten”, recuerda Ana. Y así fue como reconocidos artistas plásticos argentinos dejaron su impronta de manera libre y sin consignas sobre cada barrica. “El vino es también una obra de arte, ya que todos son creaciones únicas que no se repiten año tras año. El calor, el viento, la lluvia… todas esas condiciones afectan a la uva, que es fruto de una planta que está viva e inmersa en un ecosistema”. Así ilustra Ana la íntima relación que hay entre el vino y el arte. Y remata: “En una bo-

dega, el enólogo, es decir ‘el diseñador’ del vino, es la pieza clave”. Artistas convocados Los artistas plásticos argentinos convocados por Ignacio Gutiérrez Zaldívar para intervenir las barricas fueron Ernesto Bertani, Enrique Burone Risso, Mauro Cano, Ricardo Celma, Miguel Gandolfo, Claudio Gallina, Graciela Genovés, Sol Halabi, Juan Manuel Jaimes Roy, Daniel Kaplan, María Linzoain, Milo Lockett, Silvana Robert, Martín Rodríguez, Antonio Sarelli, Mario Vidal Lozano, Néstor Villar Errecart y Agustín Viñas. Cada uno impuso su estilo personal sobre cada barrica. ¿El resultado? Una muestra variopinta que conjuga el arte abstracto, conceptual e hiperrealista con temáticas populares como el fútbol o el tango. “Al principio pensábamos tenerlas separadas, como en una tarimita para que la gente no se pudiera acercar, pero Nacho (Gutiérrez Zaldívar) nos dijo que tenían que estar integradas en el ambiente”, comenta Ana acerca de la ubicación de las barricas de Diego Kaplan, Milo Lockett y Mario Vidal Lozano que hoy le un toque personal al Restaurante Experiencia del Fin del Mundo. Ana anticipa que la muestra probablemente sea exhibida en la próxima feria de de alimentos y vinos patagónicos que se hace en Neuquén, donde se contará con la presencia de Francis Mallman. Luego, las barricas serán subastadas, aunque su promotora confiesa que no quiere desprenderse de ellas.

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c o n c i e r t o s

p i l a r

g o l f

LA MUSICA

se viste de gala por johanna schivindlerman

fotos: liliana morsia

da la música popular. Este año también la danza irrumpió en el on las ocho y media de un sábado por la noche cuanescenario con Mora Godoy  e Iñaki Urlezaga, “dos estilos muy do las luces del Club House bajan su intensidad hasta diferentes pero que deslumbraron a todos”. volverse tenues. El código es comprendido por todos En la variedad de los conciertos se impone, no obstante, un rasgo los presentes, que enseguida apuran o abandonan sus en común. Al pensar los programas, Nobilo apunta a una calicopas de champagne y se dan por invitados a subir dad “de primer nivel en música clásica”, donde los intérpretes al auditorio. En breves instantes, Carlos López Puccio brindará reúnan una probada trayectoria y un programa interesante. Desjunto a su Estudio Coral de Buenos Aires el séptimo de los ocho de esa base se privilegia el talento argentino, pero es bienvenido conciertos que cada año, desde 2004, ofrece Pilar Golf. Graciela si proviene de otra parte del mundo. “A veces los mismos artisNobilo, directora artística de la iniciativa, presenta al coro como tas proponen a algún artista extranjero con quien han trabajado “la mejor agrupación de su tipo en nuestro país y una de las antes y en quien confían para lograr ese objetivo de excelencia mejores del mundo” y por fin sube al escenario el hombre de que nosotros exigimos. Y otras veces yo misma convoco a algún cabellera blanca escoltado por los cantantes. Tras un silencio pianista o grupo del exterior, como fue el caso de Boris Giltburg expectante, comienzan a sonar las primeras entonaciones de o el Cuarteto de La Scala de Milán, porque sé que su actuación Trois chansons de Charles D’Orleans, el tríptico coral compueses de calidad”. Como cada año desde el ciclo inaugural, el cieto por Claude Debussy. rre estará a cargo de la Camerata A partir de ese momento, el reperBariloche, la orquesta de cámara torio se extenderá desde el barroco más importante del país y la de hasta nuestros días, con un centro mayor antigüedad y trayectoria. de gravitación en el siglo XX. Esa Graciela Nobilo, “El hecho de que haya inauguraamplitud de épocas y sonidos es con reconocimiento do nuestros ciclos marcó una plauna nota distintiva de los Conciermundial centera tradición. Su actuación tos Pilar Golf, que buscan brindar Además de la dirección es  un broche de lujo y renueva al público de Zona Norte la posibiartística de los Conciertos año tras año esta relación artístilidad de disfrutar de buena música Pilar Golf, Graciela Nobilo fue ca y de cariño que nos une”. y buenos intérpretes sin necesidad fundadora y se desempeña como directora la Mientras se prepara para el de trasladarse a la Ciudad. “Esa fue revista Cantabile, una publicación bimestral próximo ciclo, Nobilo confiesa la idea original que nos movió junde música clásica que nació como un proyecto de la facultad donde se recibió de Licenciaque “estar hablando de una noto a Luisa Vara, propietaria de Pilar da en Letras y Editora y que lleva 14 años de vena temporada es un regalo de Golf y alma mater de este empreneditada. Gracias a su labor en la revista y en la vida” y que en el futuro espera dimiento, y sigue siendo hoy nueslos conciertos, en 2011 fue distinguida con la tener muchas más para ofrecer, tro objetivo. Por eso decimos que insignia de Caballero de la Orden de las Artes convencida de que “siempre surPilar es el polo cultural de la Zona y las Letras por el Ministerio de Cultura y Comunicación de Francia, una de las principales gen nuevos talentos para invitar a Norte”, indica Nobilo. A poco de distinciones honoríficas con la que el Gobierno nuestro ciclo junto a los artistas completar su octava temporada, en francés honra a las personas por la contribuya consagrados, y siempre se nos los ciclos conviven solistas, música ción que han aportado al brillo de la cultura en ocurren ideas nuevas para mosde cámara, coros, orquestas y canFrancia y en el mundo. trar la mejor música y los mejotantes y, aunque la música clásica res espectáculos”. es la protagonista, no queda exclui-

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conversaciones

empleado

Alejandro Dolina, Personaje difícil, ¿cómo entrevistarlo sin caer en el lugar común? Pronto supimos que no importan las preguntas para este hombre reflexivo que siempre sorprende con una respuesta poco convencional. por johanna schivindlerman

fotos de diego de pedro

n joven de unos veinte años le pregunta a Mozart: “Maestro, mire, estoy escribiendo una sonata, ¿cómo haría usted?”. El músico responde: “Y, yo me adiestraría mucho, trataría de examinar las formas, empezaría con obras más sencillas y después, poco a poco, trataría de hacerlas más complejas”. El joven, sorprendido, le contesta: “Pero cómo me dice que es un largo camino, maestro, ¡si usted ya componía obras complejas a los seis o siete años!”. “Si –reconoce Mozart– pero yo nunca pregunté cómo se hacía”. Este cuento es el que saca de su vasta galera Alejandro Dolina cuando se le pregunta si ser artista supone una condición innata. Así comienza la charla con este escritor, músico, conductor de radio y filósofo popular. El autor de “Crónicas del Angel Gris”, “El libro del fantasma” y “Bar del infierno”, editó este año su primera novela, “Cartas Marcadas” que, según confiesa, fue escrita para refutar la leyenda del hombre sensible y nostálgico. Sus dotes de músico lo han llevado, en 1998, a grabar la opereta criolla “Lo que me costó el amor de Laura”, donde convocó a artistas de la talla de Mercedes Sosa, Sandro, Joan Manuel Serrat y Ernesto Sábato, entre otros. Y todo ello sin desatender la conducción de “La Venganza será terrible”, el ciclo radial que hace veinte años es el más escuchado de la medianoche. Sin embargo, la enumeración de obras no basta para describir al artista. Dolina tiene el don de la palabra, una lucidez que es marca registrada y el poder de combinar el humor y la ironía para obligar a la reflexión y dejar entrever, invariablemente, su aguda visión del mundo. —Long Play: El gran desafío de esta entrevista es

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presentarlo. A la hora de completar un formulario, ¿qué anota en el casillero “profesión”? —Alejandro Dolina: Y, es un problema. Yo pongo “empleado” realmente, para no andar haciéndole confidencias al primer funcionario que se le cruce por delante a uno, porque hay ciertas profesiones que son un poco íntimas. Imaginemos que yo fuera un poeta, ¿cómo hago para poner en un formulario de embarque “profesión: poeta”? Por eso la palabra “empleado” está mejor, tiene un poco más que ver con el lenguaje burocrático y, además, a nadie le interesa saber si uno está formulando juicios sobre la condición humana cada vez que llueve. Esa es una cosa que no tiene nada que ver con la inmigración ni con los viajes en avión. —LP: Cuando formula esos juicios sobre la condición humana, ¿se expresa mejor a través de la música o de la escritura? —AD: A través de la escritura, seguramente. Yo tengo una gran vocación musical, y aunque tengo también una formación musical, es más bien un problema de ejercicio. No me dedico tanto a la música y estoy mejor preparado, en todos los sentidos, para escribir que para componer. —LP: Sin embargo su opereta criolla habla de un gran compositor. ¿Cómo ha sido trabajar junto a figuras tan destacadas de la cultura popular? —AD: Esa fue quizás la mayor emoción, el ir haciendo aquél trabajo con artistas de aquella estatura. Especialmente con algunos se dio una mejor conexión y con otros no tanto, como es inevitable que suceda. Con nadie tuve una mala experiencia, pero con algunos fue muy emocionante y, con otros, muy profe-


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Los radioescuchas hacen fila para presenciar la grabación de “La venganza será terrible”, en el Multiteatro, mientras las librerías vecinas tientan a los fanáticos. Ya en el estudio, un buzón de mensajes habilita el ida y vuela con el público.

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Imaginemos que yo fuera un poeta, ¿cómo hago para poner en un formulario “profesión: poeta”? Por eso la palabra “empleado” está mejor.

sional. Yo tenía especial amistad con Mercedes Sosa y con algunos de los muchachos de Les Luthiers, pero esos eran los artistas amigos. Desde luego, con Horacio Ferrer y con Sandro también tenía una relación más personal, no así con Baglietto o con algunos otros que participaron y lo hicieron muy bien, pero no hubo esa emoción que yo sentí con otros. —LP: ¿Cómo fue la experiencia de llevar la opereta al teatro, habiendo sido editada inicialmente en forma de disco y de libro? —AD: Fue más emotivo todavía. Ahí la obra se completó. Hubo que dotarla de una teatralidad que no tenía, porque el disco era un disco y lo que convenía era que estuviera dividido en pistas para que la gente pudiera escuchar las canciones sueltas, y se resignó un poco de teatralidad. Después hubo algunas modificaciones y, desde luego, tuvo la puesta, la dirección y la actuación que me parece que le dieron mucho. —LP: ¿Hay algún otro proyecto musical en puerta? —AD: No. Hay sí una cosa que está hecha, una especie de argumento sainetesco que transcurre en un conventillo pero de la Rusia de Stalin de 1930, donde también vivía mucha gente amontonada, cada uno en su pieza. Es una cosa un poco rara que tiene su gracia, transcurre en ese departamento donde hay

un montón de personajes y además hay personas que están muertas y que conviven junto con el resto de los habitantes del conventillo, y detrás de eso el régimen de Stalin. Tiene mucha música pero no es una opereta, es como un sainete que cada tanto contiene algunas canciones. —LP: La trama parece continuar este giro que ha tenido su escritura con “El bar del infierno” y “Cartas marcadas”, dos libros bastante distintos a los anteriores. ¿A qué se debe ese cambio? —AD: A que pasa el tiempo y uno aprende algunas cosas. Yo creo que son libros mucho mejores, sinceramente lo digo. Los otros son obras que yo puedo querer mucho, pero son de un muchacho de 32, 33 años. Menos algunas cosas que escribí cuando estaba en la Revista Humor, que tenía veintitantos, o sea que son un poco torpes también. Por más cariño que uno les tenga, si es un artista decente, alguna cosa uno tiene que aprender. Son obras mucho más complejas. Las otras pueden ser divertidas, incluso pueden resultar un poco más frescas, queribles, pero mejores no. —LP: Igualmente en todas está su esencia, cambia la forma quizás… —AD: Sí, claro, pero uno se hace un poco más exigente con la complejidad de la obra. Los hombres

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Dime qué te inspira… Tres libros “Ficciones”, de Borges. “Del Sentimiento Trágico de la Vida”, de Miguel de Unamuno. Los cuentos de Oscar Wilde. Tres músicos Nombro tres amigos que han estado conmigo toda mi vida de músico: Chopin Astor Piazolla Carlos Gardel

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sensibles están muy bien, pero uno después de haber pasado por ciertas astucias, no puede legítimamente seguir pensando algunas cosas (risas). Quienes vengan a descubrirme ahora con “El ángel gris”… es un encuentro equivocado con una persona que ya no es. —LP: ¿Cómo es el proceso de escritura? —AD: Yo dicto. Me resulta mucho más fácil y muy útil para resistir la tentación de abandonar enseguida. Cuando se establece una cita con la persona a la que yo le voy a dictar, hay un horario, hay un protocolo, no queda bien a los cinco minutos decir “bueno, ya me pudrí”. Entonces, si quiera por respeto al otro, un rato escribo. Cuando eso está sujeto a mi decisión, a la menor contrariedad abandono la escritura, “hoy no es mi día”, pretextos que todos tenemos. Pero además me gusta mucho caminar y hablar y oír cómo suena y también tener otro a quien decirle las cosas y preguntarle si suena bien. En este último libro yo escribí con mi hijo, que además fue colaborador de la novela. Él hace muy buenos guiones de cine y la novela tiene alguna cosa cinematográfica en su distribución. Ahí sí era más fuerte, porque él tenía total permiso para decir “por aquí no vamos a ningún lado” o “esto es una porquería” (risas). —LP: ¿Escribe para usted o pensando en quien lo va a leer? —AD: Escribo para mí. Escribo pensando en alguien que quiero que lea y que me quiera, claro, pero ese alguien tiene que tener mis mismos gustos, porque si para gustarle a alguien tenés que escribir algo espantoso, cosa que sucede muchas veces, el negocio que se hace es canallesco. —LP: ¿Artista se nace o se hace? —AD: Quién lo sabe eso... De todos modos, por más

Es más fácil ser farsante como artista que como plomero, porque los errores de un plomero no son subjetivos, son objetivos, son canillas que pierden... que uno pudiera nacer artista, hay cosas que tiene que aprender. Evidentemente hay una dotación que en algunos casos se trae desde la cuna. Pero es preferible resignarse a no ser genial y no seguir los procedimientos de los genios como este muchacho que quería seguir el procedimiento mozartiano sin ser un genio. Creo que el artista debe prepararse; es más, creo que cuando a un artista le falta formación es más notorio que cuando le falta talento. Porque cuando no tenés formación y el talento no llega a hacerte genio, es una catástrofe. Yo creo realmente que hay algo que aprender para ser pianista, para ser músico y también para ser escritor, y que no hay que dejar de aprenderlo. Si sos un genio ya se encargará la historia de demostrarlo, pero la mejor propuesta de trabajo es suponer que uno no lo es. Yo estoy cansado de ver directores que se niegan a ver cine para no contaminarse con la obra de otro, o escritores que no leen por lo mismo. Lo único que consiguen es una gran ignorancia. Y muchas veces repiten con torpeza cosas que otros ya han pensado y ya han ensayado antes y mejor, y son pasos que uno se puede evitar con sólo preguntar. Isaac Asimov era muy aficionado a las matemáticas, fue un gran divulgador, escribió algunos buenos libros de ciencia ficción, pero él sabía que no era un buen científico, entonces decía: “Cuando yo tengo alguna idea matemática que me parece genial, o está mal calculada o ya otro la calculó antes”. —LP: ¿Qué diferencia a una obra artística de otra que no lo es? —AD: A mí me gusta mucho algo que en realidad usaba Octavio Paz, que es el juicio acerca de la condición humana. Él decía que en realidad todo gran artista era en cierto modo un poeta, y que el poeta conocía las reglas del arte, de la proporción, del ritmo, de la belleza. Pero, además, de algún modo el poeta siempre está formulando juicios acerca de la condición humana. Eso me parece una aproximación a la idea de arte, no una definición, pero sí a una serie de indicios para buscar dónde está el verdadero artista y dónde finalmente intentaremos desenmascarar a algunos farsantes. —LP: ¿Hay algún punto en que el farsante quede en evidencia? —AD: Y, es más fácil ser farsante como artista que


como plomero, porque los errores de un plomero no son subjetivos, son objetivos, son canillas que pierden... Mientras que en el arte se puede eludir la mostración ostensible de un error diciendo “bueno, pero yo lo siento así”. Hay otro escritor que yo estoy leyendo mucho ahora, Jorge Wagensberg, que es un científico. Él ha buscado dónde está la dotación humana que permite disfrutar de la belleza y del arte, que no son la misma cosa. La belleza, lamento decirlo, siempre está relacionada con una cuestión matemática, con las formas de dividir al universo en el espacio y en el tiempo. Y además está lo otro que dice Octavio, el juicio sobre la condición humana. El arte no tiene que ser lindo, es más, puede no serlo, puede abrumar con su fealdad, pero tiene que haber un juicio sobre lo que el hombre es. ¿De qué se trata el arte en definitiva? Del hombre. —LP: ¿Tiene alguna vinculación con la espiritualidad? —AD: Sí, claro, evidentemente, porque hay en la espiritualidad, finalmente, un intento de explicación de la presencia del hombre en el mundo. Pero Wagensberg sostiene que cada don que recibe un animal en la especie, es para sobrevivir. Y descubre que al hombre el entendimiento le sirve para anticipar los cambios que se producen en el entorno y poder adaptarse. Pero, sin embargo, llega un momento en que aparece aquello que le sirve para conmoverse. La posibilidad de disfrutar de la poesía o de la música. Y Wagensberg dice, o a mí me parece que dice, que eso también es para sobrevivir. Está convencido de que la naturaleza no trabaja inútilmente y que eso le tiene que servir al hombre para algo. Porque si eso no estuviera, su vida se haría imposible. Y a mí me gusta pensar que la vida no tiene sentido sin poesía y sin arte.

—LP: ¿Qué arte consume Dolina? —AD: Me gusta escuchar música y voy poco al cine, pero veo mucho cine por televisión. Los puristas del cine se van a enojar muchísimo, tal vez con toda la razón. Desde luego estoy leyendo, aunque debo confesar que no tanta ficción como antes. Estoy leyendo mucha ciencia, mucho ensayo y mucha divulgación. Y mucho con un lápiz en la mano, y de esto tiene la culpa la radio. Yo me acostumbré a leer con un sentido utilitario para ver si encuentro algo para el programa. —LP: ¿Una frivolidad? —AD: Todas. Yo soy una persona muy frívola, pero la frivolidad como virtud inconsciente no me parece bien. Podría preguntar yo a qué le llamamos exactamente frivolidad. Yo no sé si son tan frívolas algunas cosas que a mí me parecen frívolas. Por ahí ir a los bailongos me parece que no está mal, porque depende a qué va uno. Si uno va con la esperanza de enamorarse, o de desear, o de postularse al ajeno deseo, yo creo que está siguiendo pautas ancestrales que poco tienen de frívolas. Yo no soy tan frívolo ahora que pienso. —LP: ¿Cuál es su siguiente paso artístico? —AD: No sé que voy a hacer. No volví a escribir desde que terminé la novela. Puede ser teatro, aunque lo mejor sería que volviera a intentar un libro áspero y largo, pero ahora no me siento con las ganas, con la fuerza, ni con una idea. Estoy más cerca de tener una idea teatral que una idea novelística o literaria. Y con la música estoy un poco perezoso, me dedico a tocar y hace rato que no compongo ni media canción. —LP: Tener tantos talentos debe autoimponerle cierta obligación de crear… —AD: No son tantos talentos. Soy un tipo que escribe historias y compone melodías, nada más.

Un autor que leo dice que cada don que recibe un animal en la especie es para sobrevivir. El hombre tiene la posibilidad de disfrutar de la poesía y la música. Y a mí me gusta pensar que la vida no tiene sentido sin poesía y sin arte.

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palacio barolo Luigi Barolo llegó de Italia en 1890, se convirtió en un importante empresario agropecuario y quiso invertir parte de la fortuna ganada en ladrillos. Mario Palanti, su compatriota y prestigioso arquitecto, vio en el capital de Barolo una suerte de mecenazgo para la construcción de un sueño: un edificio que fuese una alegoría de la Divina Comedia y también lugar donde expatriar los restos de Dante Alighieri. El arquitecto aceptó construir el rascacielos que coronaba el éxito de Barolo. Y Barolo admitió que ese rascacielos tuviera características singulares, cercanas a la locura. Palanti estaba persuadido de que, desde ese lugar de Buenos Aires, cercado entre la antigua calle Victoria, hoy Hipólito Yrigoyen, y Avenida de Mayo, le sería posible al alma del bardo acceder al Paraíso, cuyo cuadrante no era otro que el de la Cruz del Sur. El permiso de construcción lo obtuvieron en 1921. Dos años 32

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después fue inaugurado: una verdadera mole de hormigón, con vitrales alemanes, instrumental eléctrico británico y mármol traído de Carrara. De los nueve ascensores, dos fueron ocultos para que Barolo pudiera desplazarse por la torre sin ser visto, como un fantasma. El edificio está dividido en tres partes. La planta baja y el subsuelo es el Infierno. Del piso 1º al 14º, el Purgatorio. Del 15º al 22º el Paraíso. El gran faro de la cúspide conforma los nueve cielos de Dante. Desde allí, y pasando a través de la Cruz del Sur, se accede a Dios. Esa constelación se alinea sobre el edificio los primeros días de junio. El final de la historia orilla entre lo incierto y el fracaso. Jamás pudieron ser traídos los restos del Dante. Palanti regresó a Europa, se alineó con el fascismo. Barolo se perdió en las tinieblas de la historia. Nadie sabe decir cuándo, dónde y cómo murió.


ojos de turista

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por maría gabriela pauer

ilustración: roballos naab, caligrafía

“Nena,juntétantasfrasesquepodemoshacerundiccionario”. Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, sagaz catador de mate y tortas fritas, se sacudió las migas del pulóver. Yo reparé en la primera persona del plural, ¨podemos”, y me dije “Aprovechá Gaviota, que no te verás en otra”. Acá van algunas frases que él me enseñó, que ambos investigamos y que finalmente volcamos en un diccionario. Como le gusta decir siempre a Barcia: “Estas expresiones salen del pueblo, no de un escritorio, y deben volver al pueblo para hacerlo consciente de su riqueza”. ¡Vaya, entonces, para pueblo lo que es del pueblo!

Nuestra lengua cotidiana es un tejido abigarrado de palabras, modismos y expresiones. Algunas de ellas surcan siglos y paisajes salvando, así, las distancias del tiempo y de la geografía. Las hay que se reciclan y siguen vigentes. Algunas se pierden para siempre o, acaso, quedan dormidas. Hay frases que vienen de muy lejos, que se originan en nuestra historia y aún nos hacen algún que otro guiño. Ciertas expresiones perduran en la literatura y otras han pasado. Pero todas partieron de alguna antigua costumbre. Les propongo un repaso por las más curiosas.

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Tirar manteca al techo. Hacer alarde de la abundancia en que se vive, o divertirse al máximo causando desorden. -Otra vez cambiaron el auto, ¿viste? -Viven tirando manteca al techo: hoy el auto, ayer, las vacaciones en Miami. Mañana le comprarán una casa al perro, andá a saber. A principios de siglo XX, en época de bonanza económica, los argentinos pudientes, en general los de familias ricas, viajaban a París, donde eran activos participantes de las noches de boîtes y varietés. Estos muchachos de familias adineradas, los llamados “niños bien”, se divertían en los cabarets lanzando pancitos de manteca al techo, usando los cuchillos como trampolín. Ganaba quien más pancitos lograba dejar pegados en el cielorraso.

Gozar de la fresca viruta. Estar de vacaciones, holgazanear. -Vos gozá de la fresca viruta, que cuando llegue fin de mes, la guita no te la va a dar nadie, y menos el colchón. A comienzos del siglo pasado había colchones que se rellenaban con viruta fina de madera. Este era un producto más barato que la lana o la pluma; liviano, mullido y fresco a la vez, se acomodaba con facilidad al peso y forma del cuerpo que descansaba en él. Roberto Arlt menciona este hecho en sus Aguafuertes porteñas, concretamente en “Psicología simple del latero”: “…y a medida que disfrutaba de la fresca viruta apoltronado en la mesa del café, se iba diciendo a sí mismo: No hay vuelta: la vida tiene sus partes lindas…”. Algunas expresiones tienen más de un origen o, al menos, no se ciñen con facilidad a una explicación única o cerrada. Por ejemplo…

Meter la mula. Estafar a alguien, especialmente en el comercio. -¡Che! Me metieron la mula… ¡Esta ensalada de futas que me vendieron solo tiene naranjas! Esta frase tiene más de una explicación posible. En la cordillera

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boliviano-argentina, se usaban mulas cargadas para realizar el contrabando de mercaderías; a veces, estas viajaban en recuas con una “madrina” que las guiaba e iban solas por pasos montañosos de difícil acceso. La finalidad era evitar el control de los puestos aduaneros. La mula se caracteriza por no olvidar jamás un sendero cursado y, por esto mismo, viajaba sola con su carga, sin presencia alguna de humanos. Otra explicación es que, al pesar la leña transportada por las mulas, en el balancín o en balanza plana, el vendedor, disimuladamente, hacía pisar la base de la balanza por una mula, y así aumentaba el peso de la leña y engañaba al comprador. Y aun queda una última explicación, algo más actual: hoy se llama “mula” a la persona que sirve, al igual que el animal, para transportar una carga oculta. Habitualmente se usa a la mujer como “mula” para el tráfico de drogas; estas se ocultan en su estómago, en envases encapsulados o, incluso, en los pechos operados, en lugar de la silicona. Es una forma actual de meter la mula.

Perdido como turco en la neblina. Muy desorientado respecto de un trabajo, una decisión a tomar, el paradero de algo, etcétera; o estar extraviado, o confundido. -El lunes tengo que entregar el nuevo plan de trabajo y no sé ni cómo empezar. Estoy más perdido que turco en la neblina. ¿Pongo objetivos, contenidos, proyecciones…? El dicho tendría dos explicaciones posibles. Está claro que proviene del campo. Los buhoneros que recorrían la campaña vendiendo baratijas eran, por lo general, sirio-libaneses a quienes en la Argentina apodamos cariñosamente “turcos”, aunque nada tengan que ver con Turquía. No era extraño que tales turcos se extraviaran al cruzar el campo en días de fuerte “cerrazón” o neblina, sin poder orientarse para seguir su rumbo, debido a la uniformidad del terreno. Tal el origen del dicho, ya que algunos llegaron a perderse en más de una ocasión en su marcha por la campaña. El dicho original, sin embargo, es perdido como tuco en la neblina. “Tuco” es el apodo que recibe la luciérnaga en el Noroeste. Acostumbrado a brillar en medio de la noche, inmerso en la niebla, perdía su luminosidad por contraste y su posible orientación. Al difundirse


el dicho en el Litoral,  donde se desconocía la voz “tuco”, se la sustituyó por “turco”, fónicamente afín.

Irse al humo. Dirigirse con vehemencia hacia un lugar, cosa o persona. -¿Por qué no lo llevás a Pancho a la cancha que le hace tanta ilusión? -¡Estás loco! La última vez se fue al humo a insultar al árbitro y casi nos echan. Una primera explicación, la más antigua, es que en la pampa, las señales de convocatoria para los malones las hacían los indios con humo. Cuando dispersos en la llanura, veían la señal, acudían al origen del humo para concentrar sus fuerzas y hacer efectivo el malón, el robo y la ganancia de bienes y cautivas. De allí los versos de Hernández en su Martín Fierro: “Su señal es un humito / que se eleva muy arriba, / y no hay quien no lo aperciba / con esa vista que tienen; / de todas partes se vienen / a engrosar la comitiva. /Ansina se van juntando,/ hasta hacer esas riuniones / que cain en las invasiones / en número tan crecido;/ para formarla han salido / de los últimos rincones.” Una segunda explicación, también asociada a la presencia de los indios, la da Lucio Mansilla en un pasaje de Una excursión a los indios ranqueles: “El fuego y el humo traicionan al hombre de las pampas, significando que una fogata mal apagada o la pólvora que quemaban los fusiles bastaban para que lanzas y boleadoras acudiesen a la humareda”. En este caso, el fuego es delación de la presencia de un gaucho en medio de la pampa y los indios van allí donde estos están, sabiendo que no tendrán tiempo de recargar sus armas y estarán, entonces, indefensos. Con el paso del tiempo, irse al humo significó atropellar para la pelea, como los indios convocados por las señales cuyo objetivo era ir al enfrentamiento y la lucha. Dicho uso perdura cuando, enojados, nos vamos al humo a pelear con alguien. Pero no solo implica pelea; también se usa cuando la gente acude con precipitación hacia algo o alguien. Se ofrecen regalos en la calle, se convida café en un supermercado, se regalan muestras gratis… El tercer significado equivale a lanzarse atropelladamente en procura de algo. Más tarde, aludió al hecho de que quien veía salir humito de algún

sitio suponía que ahí se hacía un asado, y se iba al humo para ver si le daban algo. Hace unos años, en Pinamar se instaló una extraña modalidad para robar casas; la cometían los llamados “ladrones del humito”. La gente se reunía, por la noche, en torno a la parrilla, en el quincho, y dejaba la casa abierta y desprotegida. Los ladrones, al advertir la señal involuntaria del humo, se colaban en la vivienda que presumían vacía, y saqueaban la propiedad. Como siempre, llega el tiempo de hablar de plata que, al fin y al cabo, ¡no solo de pan vive el hombre!

Chaucha y palitos. Muy barato, o muy poco, casi nada. -Esta campera es espectacular, abrigada y liviana a la vez. ¡Y pensar que la compré por chaucha y palitos! La “chaucha” es un vegetal nada estimado por el gaucho, quien básicamente era carnívoro. La voz “chaucha” era, para él, sinónimo de cosa de poco valor. O bien “chaucha” era el nombre popular que se daba en el período hispánico rioplatense a una moneda de escasísimo valor. La palabra “palito”, por su parte, alude al de la yerba, el mismo que flota en el agua del mate mal cebado. Sumar en la expresión estos dos elementos, desconsiderados por el hombre de campo, indica que algo es insignificante. A estas nos comeríamos cualquier cosa, menos un garrón, claro.

Comerse un garrón. Tener que soportar inesperadamente una situación desagradable. -¡Cómo…! ¿Qué el avión va a salir con cinco horas de demora? -¡Qué garrón, che. Decí que, por lo menos, estamos en el salón VIP. El garrón es la parte de la pata de la vaca cercana a la pezuña; como no tiene casi carne, a lo sumo se lo usaba para hacer caldo. Como pieza de alimento es mediocre y de escasa calidad. La frase, de origen rural, pasa al uso ciudadano. El tener que aceptar situaciones desfavorables de distinta naturaleza supone comerse un garrón. Las religiones también son origen de expresiones que usamos con frecuencia. Como estas:

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La mano de Dios. Indica la presencia de la voluntad divina, que actúa con eficacia y oportunidad, en situaciones difíciles o preocupantes para alguien. -¡¿Qué?! ¿Nuestro avión es el único que sale sin demora? ¡Es la mano de Dios! Contrariamente a lo que se cree, esta frase es de origen semítico y alude a la omnipotencia de Dios. En la Biblia, más exactamente en el libro de Daniel (5, 24-28), se lee que en medio del festín de Baltasar, que profanaba los vasos santos con los que los judíos llevaban a cabo sus rituales religiosos, apareció una mano, la de Dios, que escribió en la pared: “Mene, tequel, farsín”. Algo así como “tu reino ha sido pesado, contado y dividido”; en otras palabras, menos eufemísticas, “se te acabó el poder”. Y Baltasar perdió su vida y sus reinos. La expresión la mano de Dios alude, hoy, a una situación difícil de resolver en la que aparece una salida imprevisible y todo se encauza con felicidad. Antes, “la mano de Dios” podía premiar o castigar, como en el episodio bíblico. Hoy se usa, preferentemente, para la asistencia o ayuda. Sin embargo, no podemos olvidar que, en el ambiente deportivo, la frase se asocia al gol que Diego Maradona hizo al equipo inglés, empujando la pelota con la mano izquierda hacia la red. El hecho ocurrió en el Mundial de Fútbol, de 1986, en México, y lo que se quiso decir en los titulares periodísticos es que Dios se valió de la mano de Maradona para una acción que benefició a nuestro equipo, no que “el Diego” sea Dios… como predica la despistada Iglesia Maradoniana.

Mostrar la hilacha. Dejar alguien entrever, involuntariamente, algún aspecto negativo de su propia persona. -Mirá como mostraron la hilacha. Te dije que son los más falsos de la oficina y que solo aparentaban ayudarte.

la autora María Gabriela Pauer es licenciada en Comunicación Social, profesora de Castellano, Literatura y Latín y magíster en Lexicografía hispánica (RAE). Es autora, junto al doctor Pedro Luis Barcia (presidente de la Academia Argentina de Letras), del “Diccionario fraseológico del habla argentina”. Asesora a periodistas y distintos organismos con envíos periódicos de recomendaciones lingüísticas.

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Las mencionadas “hilachas” aluden a los flecos del “talit”, el manto tradicional de oración de los judíos quienes, tras su expulsión formal de España, debían ocultar su origen y esconder sus tradiciones pues corrían el riesgo de ser encarcelados y ejecutados. Algunos, sin embargo, olvidaban cubrir los flecos que, al sobresalir, delataban su origen considerado negativo o indeseable. Y cerramos con una frase que nos define:

¡Yo, argentino! Expresión indicativa de que no se desea intervenir en algo para lo que se es requerido. Implica “lavarse las manos” ante un asunto. - Ah, no. A mí no me pongan de árbitro en sus problemas; ¡yo, argentino! La frase habría nacido, según algunos autores, con la Primera Guerra Mundial. Los argentinos de viaje por Europa, al ser detenidos, interrogados, o ante cualquier trámite menor, esgrimían su nacionalidad como garantía de neutralidad ante la guerra, indicando que no pertenecían a ninguno de los dos bandos en pugna. En la actualidad, se sigue usando con igual sentido, más allá de las situaciones bélicas. Otra interpretación posible relaciona la frase con la revolución encabezada por José E. Uriburu, el 6 de septiembre de 1930. Los transeúntes, al ser sorprendidos por tropas de uno u otro bando, apelaban a este dicho para indicar su neutralidad en la contienda.


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C ON T RA PUNTOS Guillermo Roux nos recibió en su casa, dispuesto a bucear en el claroscuro de su historia, aquel laberinto de casualidades que lo llevó al reconocimiento de su obra, al sitio de los indiscutidos. Además, Juan Doffo nos abrió las puertas de su universo y Natalia Sánchez Valdemoros contagia la alegría de sus primeros pasos. Distintas expresiones del arte mezclan sus pinceladas en un armonioso contrapunto de conversaciones con Long Play.

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Guillermo Roux es uno de los mayores exponentes de la historia del arte argentino. Recibió a Long Play en su casa de Martínez, llenó los vasos de whisky y nos habló sobre su carrera artística y sus recuerdos personales junto a Franca, su mujer.

luces y sombras

guillermo roux

uillermo Roux tiene 83 años. No es judío; sin embargo toma clases sobre el Antiguo Testamento con un rabino. Quiso soplar un shofár en el Año Nuevo judío: no pudo. Logró, sí, celebrar el Día del Perdón en la sinagoga del rabino. Solía pintar desnudos, pero, hasta hace poco tiempo, le molestaba el hecho de estar sin ropa en un vestuario, cosa inevitable en la previa de sus clases de natación. Está casado, desde hace 45 años, con Franca Beer. Ambos se sientan a la mesa de la sala de una discreta casa de Martínez, donde viven. Lo que dure el diálogo, Franca escuchará atentamente y, de vez en vez, intervendrá solo para realizar correcciones o

brindar precisiones de aquello que Guillermo, por falta de memoria o por humildad, omita. Es que no ha de ser fácil ser una celebridad. Un artista, sí, pero que no se la cree, porque, así lo dice Roux, sabe que la palabra “artista” depende de una serie de artificios, desde las modas hasta los caprichos de un crítico. Y porque vivió en carne propia la luz y la sombra: la mitad de su vida la pasó prácticamente olvidado, con el rótulo de “anacrónico” en la frente, despreciado por la crítica, las galerías, los diarios. Se podría decir que, así como Jorge Luis Borges tuvo en Victoria Ocampo a su salvación, Guillermo Roux la encontró, más o menos a la misma edad que Borges, en Franca. Un solo dato para comprender la magnitud de este hombre que desdeña la palabra “artista”: Roux, y no otro, imaginó, antes que Luis Alberto Spinetta con su Capitán Beto, al primer astronauta argentino, cuando pintó el óleo, en 1969, “Primer lanzamiento del astronauta Fermín González, 1873”. Y fue Roux, también, en 1956, mientras vivía en Roma, en una pensión de mala muerte con su primera mujer, quien convirtió una situación desesperada en “Las medias rojas”, una de sus obras de mayor importancia. La anécdota de ese cuadro la cuenta Franca: “Lina, la primera mujer de Guillermo, estaba sentada en la cama de la pensión, leyendo el diario, en busca de trabajo. Guillermo le dijo: ‘Quedate ahí’, y comenzó a pintarla”. Guillermo Roux creció en el barrio de Flores, en San Eduardo (hoy Aranguren) y Artigas, y un día se sintió atacado por el arte, siendo todavía un adolescente. En esas y otras aventuras versó la conversación a la que se entregó, de vos a vos, con Long Play. *** —Guillermo Roux: Mirá, mi papá era dibujante [Raúl Roux]. Ser dibujante no era lo que es ahora, eh. Hoy ser dibujante es salir en televisión, vender cuadritos... En aquella época, ser dibujante era ser laburante, y los dibujantes, salvo excepciones, ganaban muy poco. Mi padre trabajaba para revistas como El Tony, Patoruzú, Billiken, así que mi casa giraba alrededor de eso, de dibujantes de la época que entraban y salían. —Long Play: ¿Quiénes vivían en esa casa? —GR: Mi hermana, mi mamá, yo y mi papá. Una casa típica de Flores, con un living muy pequeño, donde entraban estos muebles que aquí ves, no sé cómo. Esta mesa, a la que estamos sentados, era de mis abuelos, del siglo XIX; creo que es belga. Yo jugaba encima de esta mesa, dibujaba en ella y sigo dibujando. Y mi padre también lo hacía. Todo pasó en esta mesa, toda la historia familiar. Y yo no quise hacer otra cosa en mi vida que dibujar o pintar. —LP: ¿Pensabas en ser artista? —GR: Es que en la época en que yo comencé no se hablaba de “arte”. ¿Quiénes eran artistas? Los que pin-

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taban cuadros, que eran pocos. [Fernando] Fader, [Luis] Cordiviola... Esos eran pintores. O “artistas”. Todo los demás, los dibujantes, no eran artistas. Además, arranqué a dibujar a los 7 años. Y no había Nueva York ni París a los 7 años. —LP: ¿Tu padre te estimulaba? —GR: Mi padre nunca me presionó. Pero luego me quisieron hacer estudiar una carrera, y a mí no me interesó. Entonces mi papá me dijo: “Si no querés estudiar, tenés que trabajar”. Entonces le habló a Dante Quinterno, y le dijo: “Mi hijo quiere dibujar”. Y Quinterno le contestó: “Mandámelo a la editorial”. Y ahí entré a trabajar, con todos los dibujantes que después fueron muy famosos: [Eduardo] Ferro, [Oscar] Blotta, [Guillermo] Divito… —LP: La selección nacional. —GR: Mantuve una amistad hasta la muerte, hasta el final, con cada uno. El mundo del dibujo lo recorrí hasta los 18 años, que era también el mundo del periodismo, la historieta, la ilustración. Pero después empecé a sentir una necesidad de expresarme de otra manera, y eso fue para mí un quiebre difícil, porque me quedé solo. —LP: ¿Solo? —GR: Dejé de formar parte de una “familia”, de un equipo, y pasé a estar solo. La barra era la de los dibujantes, todos dibujábamos. Y además tenía estabilidad laboral. —LP: Entonces aparece Cesáreo Bernaldo de Quirós, ¿no? —GR: Sí. El hijo, Mario Quirós, era periodista. Yo había hecho una historieta histórica con él, a los 17 años, y un día le mostré una “manchita” y entonces él me dijo: “Che pibe, muy lindo esto, pero ¿por qué no se lo damos al viejo?”, y el viejo era Cesáreo Bernaldo de Quirós, que vivía en Vicente López, un bacán. Cuando entré al estudio de Quirós, me quedé paralizado: eso no era la redacción de una revista, era el espacio de un pintor de verdad, tenía olor a trementina. El hombre ya andaba por los 70 años, era famosísimo. El viejo nos recibió, y el hijo le dijo: “Este quiere ser pintor”. Quirós me miró y preguntó: “¿Y qué se imagina que es ser pintor?”. “Y, no sé, es lo que me gusta a mí”. “Bueno, pero mire que la vida del pintor es dura. Vamos a hacer una cosa: lo primero, que para dibujar un poco más tiene que entrar en la Escuela Manuel Belgrano; y lo segundo, que se me viene los domingos y me trae todo lo que hace en la semana en un paquete… ¿Usted dónde pinta?”. “Qué sé yo, en mi dormitorio”. “Bueno, tiene que alquilarse un estudio, una pieza, porque le voy a decir una cosa: si uno se queda pintando en los dormitorios o en la cocina, no va, ¿sabe por qué?, porque uno no asume la responsabilidad de lo que es. Entonces vaya, paguesé su pieza y pongasé a pintar, pero pague el alquiler de la pieza”. Después de eso empecé a sentir la vida sola del artista, eso que se llama “artista”. La verdad es que no me gustaba nada esa vida. Fue muy difícil para mí irme de ese mundo de compañerismo para pasar a la soledad del pintor.

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Yo diría que más que voluntad, fue sentir siempre “o esto, o nada”. Y podría haber terminado en nada. —LP: ¿Y lograste igual alquilar la pieza para pintar? —GR: Sí, primero en Flores. Y bastante después me fui al Barolo, porque ahí empecé a buscar a mis otros compañeros. —LP: Los amigos de la Academia. —GR: Sí. Pero igual, todos se ganaban la vida muy humildemente. De día, trabajábamos; de noche, íbamos a la Academia, y más a la noche, a los bares, a hablar de arte, de lo que era Europa; y si alguno venía con un libro de arte era como el cinemascope. Había talentos excepcionales, pero en esa época la exigencia era enorme. —LP: Pero no todos esos talentos pudieron prosperar, mientras que vos sí. —GR: No pudieron por la vida, no porque no tuvieran talento, sino porque no había manera de vivir de eso. —LP: Pero vos, a pesar de todo, te empeñaste hasta en irte a Italia. —GR: Con la plata que ahorro de las ilustraciones, sí. Porque yo seguí trabajando, ¿no? —LP: Ya habías hecho una exposición, a todo esto. —GR: Había hecho una exposición en Peuser. Era una galería, en la calle Florida. Y eso lo logré por llevar unos bocetos. No vendí nada. Franca Beer, hasta ahora, se ha mantenido callada. Ya no. Acaba de escuchar algo parecido a una blasfemia. —Franca Beer: ¡No eran bocetitos, eran cuadros enormes, de dos metros! —GR: Sí, pero hubo una serie de casualidades que se dieron. —FB: ¡Eran dibujos y óleos! —GR: Porque yo quería pintar cuadros grandes, cosa de la que después me saqué el gusto. [Se refiere, entre otras obras, a los murales “Homenaje a Buenos Aires” (2005) y “La Constitución guía al pueblo” (2011)]. ¿Y quién va a querer cuadros grandes, o quién los hacía? Quirós. Y no sé si en aquella época también [Antonio] Berni. —LP: ¿Pero fue importante esa primera exposición? —GR: Sí. Hubo un crítico que se apellidaba Larrain, quién sabe qué habrá sido de ese tipo, que publicó toda una página en un diario de La Boca, donde decía que “un chico de 18 años nos asombra con qué sé yo, haciendo


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unos dibujos extraordinarios y unas pinturas enormes”. Escribió una cantidad de cosas, a raíz de lo cual conocí a [Benito] Quinquela Martín. Y Quinquela Martín, entre las cosas que me dijo, me aconsejó: “Vayasé a Europa”. “Y cómo”. “Y bueno, mijito, como fuimos todos, arreglesé. Pero no se me case ni tenga pibes, porque ahí se acaba la pintura, así que guarda con las minas”. *** Roux zarpó en el vapor Salta hacia Italia, con destino final en Roma y una única referencia: el decorador, por entonces sexagenario, Umberto Nonni, a quien asistió en la reconstrucción de museos e iglesias de la Europa de posguerra. “Laburaba desde las 8 de la mañana hasta las 11 de la noche. Pero aprendí una enormidad. Nonni era un sabio, un docto en historia del arte, en técnicas, me comunicó cosas que se han perdido y olvidado”. —LP: ¿Eras feliz? —GR: Yo no sé si era feliz, vivía en la mishiadura, en la nada. —LP: ¿Y aun así nunca te dio rabia la pintura? —GR: Nunca. Seguí con el entusiasmo de siempre. Cuando terminaba de trabajar con el viejo [por Nonni], me iba a mi pieza y ahí pintaba lo que pinté en Roma, de noche. “Las medias rojas”, “El paño amarillo”… A inicios de la década de 1960, las cosas no dieron para más en Roma y Roux volvió a la Argentina. Sin pena ni gloria. Volver suponía retroceder y lograr otra vez empleo como dibujante. Roux lo supo enseguida. Procuró llamar la atención de los galeristas porteños del momento con sus obras. Pero nadie se interesó. “Tuve entonces una sensación de desprotección, de invalidez, de no saber hacia dónde ir...”, que lo terminó guiando hacia Jujuy. Un amigo le aconsejó que se buscara trabajo como maestro en esa provincia, que se ganara de esa forma la vida, para poder pintar los paisajes norteños. No era mala idea. Más tarde haría lo mismo, pero yéndose a Nueva York. Ya era el “anacrónico”, el figurativo en un mundo de vanguardias y rupturas. —LP: Se nota que siempre te acompañó una voluntad de místico. —GR: Yo te diría que más que de voluntad fue sentir siempre “o esto, o nada”. Y podría haber terminado en nada. —LP: Pero vos no terminaste en nada. Terminaste siendo una persona que va a trascender a través de su obra, y lo sabés. —GR: Y agradezco. —LP: Entre medio de todo esto, te casás, tenés una

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hija, te separás, y nos acercamos a quien nos abrió la puerta de esta casa. —GR: Claro, a Franca la conocí cuando yo tenía cerca de 40 años. *** Finalizando la década de 1960, hubo un segundo regreso a la Argentina, tras Nueva York. Y Roux otra vez buscó trabajo de dibujante. Y lo encontró en la agencia de publicidad de Franca Beer. De manera insospechada, también encontró el punto de inflexión en su vida, el antes y el después, el inicio de un nuevo amor y el de la fama y el reconocimiento de la crítica, cuando ya se acercaba a las cuatro décadas, esa edad donde o se hizo todo o no se hizo ya nada. —FB: Fue una historia de amor. Me enamoré de él. —LP: ¿En el primer momento en que lo viste? —FB: No, en el segundo. —LP: ¿Y eso cuándo fue? —FB: Al día siguiente de que él hiciera el primer dibujo para la agencia. Ahí me empecé a enamorar. Empezamos a conversar y a la semana ya éramos pareja. Y no nos separamos más. Hace 45 años. —GR: Y en 45 años pasó de todo. —LP: Ahora, por lo que se ve en las cronologías, hay un antes y un después en Guillermo Roux tras este encuentro. —GR: En el acto. —FB: La vida de Guillermo es “AF y DF”. Antes de Franca y después de Franca. —LP: ¿Y eso cómo se explica? —GR: Yo tengo una teoría, pero es una teoría, nomás. Ella era un pedazo que me faltaba. Yo, hasta ese momento, vivía en un mundo ideal, fantástico, no por buenísimo, sino por fantasioso. Y ella ordenó ese potencial, y yo encontré en ese ordenamiento un camino. —FB: Y yo vi una posibilidad que estaba en manos de alguien que, como le dije, era muy inteligente, pero tenía todos los cables del cerebro mal conectados. Me hacía cada razonamiento… Por ejemplo: “Yo no necesito dinero, porque con un salamín y un pan vivo”. Y a mí me enamoraba él como totalidad, pero, objetivamente, veía que había algo que no era lógico en una persona que estaba por llegar a los 40 años, que no se preocupaba por el dinero y que creía que con un salamín y un pedazo de pan era suficiente. —GR: Que era lo que yo había hecho, por otra parte. No mentía. —FB: Él, a los casi 40 años, no estaba en el lugar que le correspondía estar, es lo que yo sentía. Así fue que le dije que tenía que psicoanalizarse, porque había incongruencias que no iban con su capacidad, y él aceptó.

—LP: Vuelve acá una persona bloqueada y florece. —GR: En tres, cuatro meses ocurrió. Se da una serie de hechos que no sé quién la provoca. —FR: ¡Yo la provoco! ¿Quién lo trae a [Rafael] Squirru? Guillermo estaba haciendo cosas maravillosas. —GR: Y a mí olvidate de las tendencias. Yo seguía con lo mío, no estaba en contra de nada, iba por mi propio camino. —LP: Romero Brest dice que eras anacrónico en lo que hacías. —GR: Todo el tiempo me lo dijo. —FB: También dijo que él no era el mejor pintor argentino. Dijo que era el mejor pintor de la historia del arte argentino. —GR: Bueno, no empecemos a exagerar. —FB: ¡Me lo dijo a mí Romero Brest! Lástima que no lo escribió... Guillermo estaba pintando las maravillas que pintó en los años 70 y no conseguía galería. Quedaba Rafael Squirru, como crítico más importante. Ah, y Romero Brest. Pero antes de que fuéramos amigos, Guillermo le fue a mostrar un dibujo y Romero Brest le dijo: “A mí no me interesa nada de esto”. Entonces le hablé a Rafael Squirru. Y él me contestó: “Bueno, puedo ir para allá”, y vino a ver la obra, de muy mal humor. Subió al taller y yo le dije: “¿Quiere sacarse el impermeable?”. “No, porque en cinco minutos tengo que irme a una conferencia”. Igual le insistí: “¿Quiere un café?”. “No”. Yo temblaba. Pero cuando subí con el café, Rafael me dijo: “Todo lo que veo aquí es de calidad internacional. Acá tiene obra no para ser expuesta solo en la mejor galería de Buenos Aires, sino en las mejores galerías del mundo”. Y enseguida preguntó: “¿Qué galería tiene usted?”. Y Guillermo le respondió: “Ninguna”. De inmediato agregó: “Hoy es sábado. Yo el lunes le consigo exposición en Bonino”. Y el lunes llamó: “Va a ir Bonino a ver su obra mañana”. Al día siguiente vino Bonino y en octubre Guillermo expuso en su galería. Vendió absolutamente todo. Los diarios y las revistas hablaron de él y fue un boom, de golpe. Pasó de la nada a esa explosión. En marzo del año siguiente le llegó un telegrama de Marlborough, Londres, invitándolo a exponer, y después vino Munich. Y más tarde ganó el primer premio en la Bienal de San Pablo. —GR: Fue muy rápido todo. —LP: Ahora bien, vos estuviste al borde de ser un ignoto total y hasta un fracasado. —GR: Es que nunca me sentí un fracasado. Angustia sí, pero no fracasado. Yo tenía certeza de que lo que estaba haciendo era mi camino, aunque pasara lo que pasara. Para mí no hay nada que no tenga una consecuencia, ninguna cosa es inútil, por algo te llega. Lo malo y lo bueno, eh, no importa. Hay infinita cantidad de vidas que hay que ir aprendiendo a recorrer. Porque la vida no se termina, sino que comienza cada vez. Es un eterno recomenzar.

Subte y Jorge Newbery La Estación Flores del subterráneo línea A, mientras espera su inauguración, ya cuenta con murales realizados por el vecino ilustre de Flores, Guillermo Roux. Mientras tanto, sobre la tierra y a punto del cielo, en noviembre se podrá acceder a la obra gráfica del artista, “obra que casi nadie conoce”, aclara Franca Beer. ¿El lugar? El aeropuerto Jorge Newbery, también en Buenos Aires.

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“El Pergamino” fue la muestra que reunió a siete alumnos del Taller de Guillermo Roux. Un reflejo de la marca del artista en cada uno de ellos

Después de Roux

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“Gracias, Maestro”. Con esa expresión unánime concluye el diálogo de Long Play con los siete expositores que reunieron sus talentos en la muestra El Pergamino, este 1 y 2 de noviembre. El agradecimiento no es al cronista, sino a Guillermo Roux, en respuesta a la pregunta acerca de qué le dirían al pintor de tenerlo presente ahí. Los artistas son alumnos del último año del Taller Roux que, inaugurado en 1996, cuenta hoy con cursos de más de 200 asistentes. Entusiasmados, recibieron a los invitados y, todavía más entusiasmados, se enfrentaron al micrófono para esta pequeña entrevista: María Cristina Berdolini: Es odontóloga, pero desde los 6 años comenzó a cursar diversos talleres de dibujo y pintura en su ciudad natal y, luego, en la casa de estudios Prilidiano Pueyrredón. “Yo hice la carrera de Odontología, pero constantemente tuve encerrada la necesidad de pintar, y eso me angustiaba. Siempre estuvo en mí la pintura. Y el talento que tuvo Guillermo fue el de armar la escuela, el taller, y brindarle a la gente una base sobre la que pisar sólido. Además, se ha sabido rodear de gente talentosísima”. Daniela Herrarnz: Egresó en 1981 de la Escuela de Bellas Artes Regina Pacis y realizó un curso de acuarela con Marina Cursi. “Yo, como María Cristina, tampoco podría hoy dejar de pintar. Hice la carrera de Bellas Artes, después corté y, tras ir a una muestra de Guilermo Roux, volví. Pintar es una manera de expresarme, me equilibra”. Doris Petroni: Estudió Decoración de Interiores y Paisajismo. De grande inició sus estudios de dibujo y pintura en el Taller de Guillermo Roux. “Desde que una es niña puede tener, en el fondo, la inquietud de pintar. Pero luego crecés, te casás, tenés una profesión e hijos, y pasa todo un ciclo sin la pintura, como a mí me sucedió, hasta que los hijos se van de la casa y otra vez toda esa vocación vuelve a surgir, y te esforzás por hacer algo, y aunque no sabés si lo vas a lograr, lo intentás. Eso estoy haciendo ahora”. Cecilia Felice: Asegura haber realizado algunos inten-

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tos juveniles con la pintura, aunque recién en el Taller de Guillermo Roux logró fraguar esos propósitos. “Es más fácil pintar cuando tenés un entorno familiar de artistas, tomás entonces a la pintura como un trabajo. En cambio, cuando ya tenés una profesión o una vida impuesta, es difícil pensar en cambiar o en retomar un camino. El taller me permitió justamente eso”. Hugo Suffriti: Comenzó a pintar de joven, pero el estudio y el ejercicio de su profesión, la Ingeniería Industrial, le interrumpieron esa vocación. Ya maduro, se cruzó con las obras de Roux en una exposición y, en 2008, ingresó al taller. “Retomé la pintura tras un break de 50 años, luego de enfrentarme a una acuarela de Guillermo Roux. La vi, me noqueó, di con él, dio la casualidad de que mi mujer lo conocía por otro lado y yo, teniendo sesenta y pico, le conté que de joven había pintado. ‘¿Y por qué no reiniciás?’, me dijo. Y así fue que empecé en el taller. Siempre que le escribo a Guillermo le digo: ‘Al responsable de que me haya enamorado de la acuarela’. Llegar a los 65 y volver a enamorarme... A través de Guillermo redescubrí un amor que no tiene las vicisitudes del amor humano, por eso esto de pintar no tiene límites”. Elizabeth Szurman: Estudió cerámica con Alicia Schettini, pintura naif con Ana Macadam y fotografía creativa en el FCBA. Desde 1990 es diseñadora gráfica y también tuvo tiempo para formarse en dibujo y acuarela con Enrique Pesce, en figura humana con Josefina Di Candia y en Pintura en el taller de Alicia Boffi. En 2009 ingresó al Taller de Roux. “Pintar es sinónimo de libertad. Vos pintás sin pensar en el otro. Después el otro pone su mirada. No podría dejar de pintar. Cualquier acto creativo para mí es una necesidad”. Cristina Taquín: A los 6 años recibió lecciones de acuarela de la ceramista Reyna Kochasian algo que, asegura, la marcó para siempre. Tras frecuentar durante varios años a Guillermo Roux, y ya ejerciendo de periodista, terminó en el taller del Maestro. “Yo pinto para aprender a mirar, porque me gusta mucho el arte. Además siempre viajé mucho y registré esos viajes dibujando. Sin embargo, hasta el taller, nuca había pintado de manera formal”.


estirar fondo y ver recortes

Al maestro

con cariño Por Ignacio Gutiérrez Zaldívar Escritor y Marchand de Arte

Vivir rodeado de arte y de aquellos que son artistas y no meros pintores o escultores, es un privilegio enorme. El destino me ha dado la dicha de ser amigo de aquellos que admiro en el Arte. A pesar de lo que piensa la gente, en general el artista se manifiesta solamente con su obra y no suele ser muy expresivo en la palabra o en sus dotes culturales. Siempre hay excepciones a la regla y nuestros almuerzos con Guillermo Roux, Leopoldo Presas y Juan Lascano, eran un placer inolvidable, solo hablábamos de arte y de la creación. Franca es un eslabón fundamental en la obra de Roux: no solo es su primera admiradora, sino que es la compañera que cuida de la paz del creador. El sufrimiento en el artista es una leyenda, son unos privilegiados que crean y además su obra perdurará, muy pocos mortales tienen ese privilegio. La técnica más difícil de la pintura es la acuarela, ya que prácticamente no permite corrección, y Roux es uno de los mejores acuarelistas de la historia, al nivel de un Sargent o de un Gustave Moreau. En la última década, Guillermo ha tenido la dicha de poder concluir dos obras monumentales, el homenaje a Buenos Aires para el Banco de Boston en Catali-

Franca es un eslabón fundamental en la obra de Roux: no solo es su primera admiradora, sino que es la compañera que cuida de la paz del creador.

nas, y el homenaje a la Constitución en la legislatura de Santa Fe. Dichosos somos nosotros que las disfrutamos y también lo harán por siglos los que vendrán. En cualquier lugar del mundo, Roux sería una figura importante para su país, como lo es Gerard Ritcher en Alemania o Fernando Botero para Colombia, pero aquí la embajadora de la cultura es Isabel Sarli. Hay personas que supieron ver, donde otros tan solo miraban. Fueron Rafael Squirru y Roberto Rocca, cada uno a su manera fue mecenas de Roux y apoyo incondicional. Si José Hernández viviera, frente a la obra de Guillermo diría que “no pinta quien tiene ganas, sino quien sabe pintar…”

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Juan Doffo

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chua que significa espacio sin límites. Esos grandes vacíos verdes no invaden sino que permiten que uno proyecte su interior. —LP: Entonces, a través del paisaje expresás un mensaje… —JD: Claro, no me quedo en la reproducción. A través del paisaje hablo de muchísimas cosas: sexualidad, misticismo, mitología, política. Uso la pintura y la fotografía como recursos para plantear preguntas, ideas, conceptos, pensamientos. El paisaje es una proyección psíquica mía, es mi territorio original. Sobre ese territorio yo escribo mis signos. Mis obras son una síntesis entre cultura y naturaleza, no como un choque, sino como diálogo. —LP: ¿Cuál es tu idea de belleza? —JD: Tengo una parte más bruta de hombre de campo y una parte más refinada de hombre culto. Soy bastante caótico y por eso me desespero por buscar simetría. Después juego. Y, a la vez, hay un refinamiento del color, que no es un expresionismo bruto, no es la mancha y nada más, busco las sutilezas. La belleza pasa por el equilibrio y por el contenido. —LP: ¿Qué rol cumple la fotografía en tu obra? —JD: La fotografía tiene que ver con la producción monumental, no voy al zoológico a sacar fotos. Son realidades construidas las que capturo. Empecé por saciedad, porque hay imágenes que no puedo pintar. Busco la pureza de la fotografía y de la pintura. Son dos herramientas que amo mucho.

La pampa metafísica

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El artista nos abre las puertas del universo enclavado en Mechita, su pueblo natal. Paisajes infinitos de la llanura que dialogan con las preguntas fundamentales del hombre.

—Long Play: Cuando eras chico dibujabas historietas, ¿hoy seguís teniendo ese pasatiempo? —Juan Doffo: No, pero la historieta es mi origen. A los 11 años le pedí a mi madre que me pagara un curso por correspondencia de la Escuela Panamericana de Artes. Para mí era una fiesta. Fueron dos años en los que aprendí muchísimo. Después sí me vine a estudiar Bellas Artes a la capital. —LP: Mechita es tu fuente de inspiración, sin embargo, no pintás sólo paisajes, hay una clave poética diferente en tus obras. —JD: Hay un diálogo entre la abstracción y la figuración, un clima muy metafísico. El paisaje es el hilo conductor que atraviesa toda mi obra. Me crié caminando en los espacios gigantes de la pampa. Si hay un sentido espiritual en mi trabajo es ese aspecto panteísta de contemplar la vía láctea todas las noches, de ver el arcoíris todo el tiempo, de tener ese horizonte infinito. Pinto el silencio de la llanura. La pampa es una voz que-

Entrevista: Marian Cassaux Alsina. Texto: Cecilia Acuña. Fotos: Andrés Pérez Moreno .

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icen que la geografía tiene cierta influencia sobre la estructura de la personalidad. Que no da lo mismo nacer en la playa que en la montaña, que algo se nos cuela cuando crecemos rodeados de mar o de cumbres. Juan Doffo nació en el medio de la llanura pampeana y a él se le coló la creatividad, la expansión del espíritu que propone el paisaje libre, sin obstáculos ni límites, la línea recta, exacta, lejana, impecable, que delimita el horizonte. El quehacer de este artista no se limita a retratar la quietud de las tierras pampeanas, sino que va más allá y capta la tensión metafísica, el diálogo entre lo figurativo y lo abstracto del paisaje: horizontes amplios, verdes infinitos, cielos que parecen caer, fuegos vibrantes. Juan Doffo nació hace 64 años en Mechita, una pequeña población bonaerense situada a 200 kilómetros de la capital. En sus obras combina la habilidad pictórica con una profunda reflexión. La belleza del pueblo aparece reinterpretada como puente para transmitir pensamientos sobre el hombre, el cosmos, la memoria, el cielo y la tierra. Pero lo suyo no sólo son las pinturas sino también la fotografía –siempre analógica y nunca retocada– y las instalaciones.


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Mechita tiene arte Doffo es un enamorado de su pueblo natal. Tanto que gracias a su impulso desde hace dos años Mechita tiene su propio Museo de Artes. Todo comenzó en 2006, cuando la pequeña población de dos mil habitantes cumplió cien años y el artista quiso homenajearla convocando a Hernán Dompé para que creara una escultura inspirada en el paisaje pampeano. Así fue que durante una semana un grupo de artistas vivió en la casa de Doffo y el resultado de la estadía fueron las primeras obras que hoy componen la colección del museo. “Es nuestro diferencial, no son obras que los artistas trajeron de su taller, sino que cada uno vino a conocer el pueblo y a trabajar a partir de sus personajes, su paisaje y su arquitectura. Detrás de ellos aparecieron muchos otros, pero ya no tenía que pedirles, me decían que querían venir y hacer obras para donar. La idea del museo no fue planeada, surgió espontánea y misteriosa, como cuando uno se enamora de alguien y, de pronto, eso se convierte en un proyecto para toda la vida. Para mí y para la gente de Mechita es un gran orgullo”, asegura el artista.

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Mariana Povarché Galería Rubbens Internacional Directora

Podría ser la escena de una película: un reducido grupo de amigos y artistas, que por alguna razón no pudieron asistir a la tan ansiada apertura del Museo de Artes Visuales de Mechita, lo recorren mientras la voz de Juan Doffo resuena y le agrega más color al que ya tiene esta colección permanente, fruto de la generosidad de unos y otros. Cambia la escena y nuevamente la contundente presencia de Juan convoca a paseantes distraídos que entraron al Espacio de Arte de American Express atraídos por aquella imagen de fuego, o curiosos por el cielo azul profundo cruzado por una línea, casi una sucesión de estrellas. Juan convoca, atrae, seduce, interroga, compromete ... Es el artista que, con talento y magia, despierta a los pobladores de Mechita para posar, alineados o en círculo, y es el hombre, el amigo, el colega, el docente que nunca pierde la oportunidad de invitarnos a viajar con él, cruzar sus bosques, atravesar sus fuegos y dejarnos alojados en alguna de sus ciudades, donde podremos descansar antes de retomar nuestro viaje...

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Nació en Mendoza y allí vive. Con 30 años Natalia Sánchez Valdemoros es egresada de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Mendoza, pero hoy es un artista cada vez más exigente con su trabajo. Su serie, “Reflejos”, es una contradicción: “Las ventanas están muy cerca una de la otra y al mismo tiempo la gente está muy desconectada entre sí”. Distintos proyectos la llevan a experimentar tanto la pintura de caballete como la instalación y confiesa que el entorno influye en cada una de sus creaciones. Lo global, lo local y lo social: una obra.

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qué edad supiste que querías dedicarte al arte? No sé. Es un proceso que tiene un punto de inicio en una infancia muy temprana. Hice talleres desde muy chica, pero fue a mediados de mi carrera de Arquitectura cuando decidí que quería ser artista para el resto de mi vida. ¿Tus grandes maestros? Guillermo Garrido y Martín Villalonga. Ellos me han acompañado en este camino y me han transmitido todos sus conocimientos, y aún lo siguen haciendo. Si no hubieras sido artistas, ¿qué serías? No puedo imaginar otra cosa que lo que hago actualmente. Mi vida gira ciento por ciento en torno al arte. ¿Cuál es tu gran mensaje? No tengo. Sí muchos pequeños mensajes como, por ejemplo, el tema de la globalización vs. la identidad. ¿Qué buscas transmitir a través del arte? Comunicar bien el concepto planteado en la obra. Que se entienda. También me gusta cuando alguien interpreta de otra manera el mensaje. ¿Considerás tu obra el reflejo de tu vida? De algún modo lo es. Pero después las obras toman vida propia y se desprenden de uno. Se rompe el vínculo con lo personal y entrar en juego otros conocimientos para que la obra de arte quede completa. ¿El mejor lugar para pintar? Mi taller. ¿Una inspiración? ¡La vida! ¿Un color? No puedo elegir. ¡Soy adicta al cromatismo! ¿Un ídolo? Muchos. Dentro del arte universal admiro a Picasso, padre del arte moderno, y a Joseph Beuys por su carácter conceptual y sus numerosos performances y happenings. ¿Una obra que te deje sin aliento? Para mí el arte es un proceso donde lo que ayer me dejaba sin aliento hoy ya no me sorprende tanto y puede aparecer algo nuevo que me haga sentir o vivir nuevamente esa experiencia de admiración. ¿Algún consejo para admirar un cuadro? No conformarse con verlo una sola vez y desprenderse de los prejuicios. ¡El arte se disfruta!


conversaciones

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Belleza, alegrĂ­a y optimismo me trasmiten las realizaciones de Natalia. Fina de color, sencillez en su dibujo y un clima especial que nos embarga contemplando su obra. Maria Gutierrez Zaldivar Directora de Zurbaran Seleccion DICIEMBRE 2012

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tradiciones del mundo

Dos carreras de caballos: Palio di Provenzano y Palio dell’Assunta, corridas en Siena, el 2 de julio y el 16 de agosto, respectivamente; 10 jinetes y 10 caballos por contienda se disputan el Palio de Siena, estandarte pintado a mano, símbolo de bendiciones divinas, de suerte.

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El Palio de Siena

l Palio de Siena se hunde en la costumbre medieval de los toscanos de organizar contiendas con equinos, cuyo ganador se alzaba con una tela hecha de lana y pintada con motivos religiosos (el palio), la cual era ofrecida a la parroquia que correspondiera, como forma de agradecimiento y pedido de bendiciones. Como toda competencia, el Palio de Siena es también desde sus inicios una representación de la guerra, en este caso, la conmemoración de aquella que hubo entre sieneses y florentinos en el siglo XIII y en la que triunfaron los primeros. Se pueden determinar dos referencias históricas como comienzo de esta costumbre: el siglo XV, donde los propietarios de los equinos empiezan a jugarse la suerte y el honor con sus caballos, y el siglo XVII, en el que quienes compiten ya no son nobles, sino el pueblo, a través de los diferentes arrabales donde viven, las contradas. Es desde entonces que la carrera toma la Plaza del Campo como escenario. A su alrededor se corren tres vueltas, con una duración no mayor a los dos minutos, donde, con o sin jinete (éste puede caer y eso no importa), gana el caballo que primero cruza la meta. También es desde ese último siglo que hombres y animales son vestidos con los colores del barrio al que representan. DICIEMBRE 2012

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El Palio de Siena

el Palio de Siena

es una representación de la guerra, en este caso, la conmemoración de aquella que hubo entre

sieneses y florentinos en el siglo XIII

Número desgraciado, el 17 es la cantidad de contradas. Pero por carrera solo pueden correr 10. Ese detalle no es un problema. Los siete que quedan fuera participarán en la próxima, más tres sorteados. Banquetes en las calles, rezos y bendiciones a caballos y jinetes reciben al gran día. Estos últimos recién son elegidos por el capitán de la contrada dos días antes de la carrera; esta ceremonia es secundada por otra: la asignación, a través de un bolillero, del respectivo caballo. El día de la carrera la pista es despejada por los carabinieri y el juez de la partida, desde un palco, recibe el orden sorteado de largada, que hace cumplir. Difícil misión, porque no hay gateras, sino dos cuerdas que establecen la línea de largada. Del primero al noveno, caballos y jinetes ahí deben ubicarse, mientras que el sorteado último lo hace tras la segunda cuerda, en la parte exterior de la pista. Este competidor será el encargado de iniciar la carrera, cuando desde atrás comience a galopar y llegue a la primera cuerda. Todos los jinetes carecen de monturas y estribos. Por ello son comunes las caídas, a veces brutales, y en todos los casos imposibles de remontar, sobre todo cuando llegan a la llamada vuelta de San Martín, un giro demasiado estrecho. Los sieneses alientan desde el centro mismo de la plaza y desde su alrededor al jinete y al caballo ataviados con los colores de su contrada. Está en juego nada menos que el honor y el orgullo de pertenecer a un lugar de Siena y no a otro. Cuando la victoria se pronuncie, todo aquello que es orden y tensión se transformará en griterío. Un griterío a la italiana.

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vocabulario

Bombolone: Caballo fuerte. Brenna: Caballo que pinta perdedor. Canapi: Cuerdas que delimitan la zona de largada. Contrada: El “barrio” en Siena. Mossiere: Juez de la carrera. Nerbo: Látigo que se da a cada jinet, hecho de cuero de buey. Palio: Es la bandera o el estandarte en disputa. Rincorsa: La contrada ubicada en el décimo lugar. Spennacchiera: La escarapela con los colores de la contrada, aplicada sobre la frente del caballo. Verrocchio: Palco situado sobre la zona de inicio de la carrera, donde el mossiere desempeña sus funciones.

La fidelidad al barrio, la superchería y la fe en Dios, más el honor, la valentía y la destreza encima de un caballo. Todo eso se pone en juego en cada edición del Palio de Siena, una de las competencias más antiguas y peligrosas en Occidente.


poemas

del cuerpo Imágenes de origen incierto, probablemente de comienzos del siglo XX.Y fotografías actuales. Una distancia centenaria y una intención que permanece intacta: deleitar con la sutil delicadeza de las formas femeninas. Mujeres, poesía de ayer y de hoy.

fotos de manié fontana y gentileza archivo general de la nación.

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mujeres


simplemente Acerca de los fotógrafos De los desnudos antiguos se sabe poco. Componen un álbum que fue donado al Archivo General de La Nación y que, se estima, datan de principios del siglo XX. Agradecemos profundamente a esta institución la posibilidad de compartirlos con nuestros lectores. Los desnudos actuales son obra de Manié Fontana. Formada en el Taller de Inés Miguens, participó también de distintos cursos en el Nuevo Foto Club Argentino y con el fotógrafo Arturo Ballester Molina. Expuso en Galería Thames, en el Centro Cultural Borges y en Librerías Yenny. Contacto: 15.6567.3175

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REVISTA DE CULTURA

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