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IVtEVA FLORESTA.


Sr halla vrniil

Madrid Barcelona Valencia Alcoy Pamplona Bill>n<> Coniíia Oviedo .Santiago falladoUd Burgos 'Salamanca Badajoz .Sevilla Cádiz Granada Malaga Aturda Tolrdo Barliastro I'alniude Mallorca Mahun ñeus Gemna J-'ifiueras Toiiuta lurrugona Utut

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Razóla. Saurí y Comp. Kauli. Marti. I.OKgás. Oaicia. Cálvele. l.ongoria. Key Romero. Kodriguez. Víllanueva. Reyes. Carrillo. Caro Hernández. Mortal y Comp. Vallejo. Agnilar. BenedUo. Hernández. Lafita. Guasp. .Serra. Angelón. Fígaro. Ripoll. Kcrrcres. I'uigriihi. DoairciD.


aiift FLOBESTA ESPAÑOLA, MISCELÁNEA INSTRUCTIVA, CURIOSA, Y AGRADABLE.

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D. J. A. X. F.

BARCELONA: Impreata de M.

SAURÍ

1829,

y Compañí?^


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Pertenece á la librería f de D. Manuel Cesarlo de Osma.

}jt««»«i«j»m»»g«ja«.t»«i«<tiu«»»t«ni'itiiiiiiiiiiiiQiiiH

Lo» egímplam prerenídos por Reales órdenes quedan depositados en el tribunal de imprentas para los efecto» del derecho de propiedad que se reservan para sí los editores.


EL EDITOR. De cuantas obritas se lian publica do hasta el dioy ninguna me parece mas digna del público que la presente ; es verdad que se han dado á luz otras bajo títulos que engañan á primera vista y que leyéndolas deS' puts se queda eljectur con ganas de encontrar lo ofrecido en ellas. Sin embargo, estoy muy lejos de censurar el mérito de aquellas, pues esto soIfi compete al público, yo tan solo le o/rezco la NUEVA FLORESTA ESPAÑOLA en la que hallará una colección de variados enigmas, poesías amorosas, anécdotas, cuentos divertidos, jr algunos que no lo son, rasgos de moral y virtud , juegos de prendas y otros de naipes, varias monedas antiguas, muchos re-


franes casíél/hnos, été. BÍ)solo deseo de que la juventud tuviese un entretenimiento agradable y variado parece ha sido el objeto del autor til componer esta obrita^jr confieso que no ha sido otro el riiio al pubíicarla,pues que la presenté ohra contiene un sin número de curiosidades qm^* ñas, graciosas y divertidas al propio tiempo que inocentes y agradables para todas las clases dé que se compone la sociedad.

\J^,:% 'ait'r//.


PROLOGO. propuesto a pscribir no era razón que perdiese tan buena oportunidad para dar á cono* cer mi erudición , mi gracia, mis profundas investigaciones y mi admirable habilidad para aderezar menestras ¿ Te ríes Lector ? pues i íe que no me cogen á mi solo tus carcajadas. Me hago cargo que hablo á un pueblo á quien solo puedo llamar inaplicado y poco instruido, la malicia, el capricho y la envidia . IJABIENDOME


EstĂŠ Perito contiene un conjunto de curiosidades instructivas y Ăştiles ĂĄ toda clase de personas para pasar las largas noches de invierno en sociedad con toda sen cillez y sin ofender en l o m a s mi nimo el pudor de las doncellas n^ de las casadas, pues no se tratr de otra cosa que de una instruc cion moral cuyo escrito espere sea de tu agrado. Vale.


NUEVA FLORESTA

SSI^&li^li&% su ESO MORJL

SOBRE LA TiOSLEZA,

\\o solo se escribe , sino que también se sueña subre todo; y entre los sueños, hay algunos que pue* den ser <le utilidatl y diversión. Quizá será de esta clase el áiguiénte sobre la nobleza. Soñó un plebeyo que estaba excesivamente rico, y que habiéndosele trastornado el celebro, habia com(irado la nobleza, agregándola una «wmosa tierra, á que estaba anejo el título de Barón. Inmediatamente hizo pintar sus armas en las puertas, ventanas y chimeneas de su palacio; las hizo


ro poner « « los sorabre?'o$ de sus criados, en sus medias, en las herraduras de sus caballos: ni el retrete se libró de ellas; y quería que por todas partes se reconociesen Jas armas del Señor Barón. Compró una biblioteca espresamentc para poner su escudo en cada volumen, y los prestaba á todo viviente dispensándose de leerlos en atención k su opulencia. Envió cincuenta mil escudos a un genealogista, para que le sacase descendiente de.Don Pelayo por la linea femenina, y el árbol genealógico se colocó en el lugar mas á proposito de .su. «alón. Habiéndosele oairrido k uno decir en su mesa, que los hombres no tienen mas que una estirpe, y que la tiobieza debería fundarse sobre las virtudes personales , le sostuvo, que para ser algo en este mundo, era preciso haber nacido hidalgo: y aunque calló después de esta convincente respuesta, le dijo á su portero, que io despidiese siempre que se preseatara , porque comía mucho.


A- Otro- convidado que sosturo <jue SÍ! «I Gran Señnr se le antojaba bautizarse , no le recibirían por Cano* nigo éri cierto Cabildo de Alemania ,1 respecto á que no podía hacerse prueba alguna por parte d e «o madre, le tomó mngular afecto; porque le repetía muchas veces,- qat probaba ocho cuarteles según la pin* tura de su Salón. A fuerza dé oírlo deo'r, BO lá persuadió y respetaba á un hijo su* yo , gran bribón, porque tenia' na grado mas de nobleza que él. ' :La Señora Baronesa se d«sniayaha ák oír nombrar nn plebeyo; se ijízo comprar el nobiliario, y el^ár«é heráldico, libros quíe consultaba pot •Urde y mañana , y despikes <le Ku relaciort veía tólarawiente q u e la íamiNa er» nohlé'desóe ii eternidad. El asunto de la conversación-di»i"!* era examinar que- Principa d»' ía Kiiropa se disiinguia más én noT)leza. Algunas testas coronadas desmerederon en«ste examen, y stis dias ademáis perdieron algo de su brillo á la vístk «scrupulosa de la Señora Baronesa s


pero en desquite había concebido una Teneracion religiosa á un Prín* cipe que acababa de nacer < fundada en que por reunir la sangre de dos oasas ilustres, era mas noble que cada una de ellas en particular.' ; Repetía sus palabras por todas partes y ella recompensaba a su marido con una dulce sonrisa, lo cual le encantaba; porque hacia tiempo le había convencido de que solo el mas estreiiíado amor la había hecho de^ gradarse, bajándose á partir consigo su cama. Cazaba todos los días.; y cuando algún infeliz paisano mataba alguna liebre, le hacia encerrar en uaa cueva húmeda, que lla/nab» prísioti;, en donde ios ratones solían roerle los pies, pero.-^o por-eso dejaba de asistir á Ja nisa solemne: después convidaba á comer al cora, que nabin predicado sobre la Caridad, y alababa en alta Toz durante la comida su persuasiva elocaancia. ' La Señora Baronesa le había puesto' en la cabeza que apalease de cuando, en ;Cuando algunos paisanos,


para que conociesen la subordinacioo: lo cual hacia para coíiiservar bien la ciase de ambos. Pero babiendole encon* trado uno de estos paisanos a seis leguas de SU' palacio y en un parage en que no había tertigos, le liizo tohocér pes^amente, que la desigualdad de ' condicioius; UO' es mas que tana qnifiíerá. Argoment» decisivo, «1 que no domunicú -a .su Señora 4a battmesa, potque ella no ibnbiera queirido confesar M}ainJüs.Í6u>-probabilidad. C r ^ ¿ qdiuce 'día? después y que (esto HaoiAi sido tin - sueño, y. coutinuó despreei^mlo la toga; hablando mal de la corté'V'detercmnado >« estar odoi*' soy á na^íservir éii '^«da^ sá; de ante niano no le daban un regimietito. ' -i Tenía una hija grande muy bien educada- por su madre. De seis años dio un -bofetea al hijo de un Presidente, qur^habia osado abrazarla.lal íi» 4e un' númiet; después de-, lo cual le presentó -noblemente su maíio, para que se la besase; lo que hizo a madama la Baronesa pronosticar la alianza mas solemne, vista la fuerza de la sangre, que había hablado en


14 tan tempratio. Su Señora la Baronesa le miraba como un Mojiarea ari'iacoijailo, U quien por la su«rl« equivoca del nacítaieuto, se le había extraviado una coro-> na. Su ternura consolaba'¡al .marido algunas veces, represeataadole los cuidados, los trabajos y^ las. inqui^tUT des >aaejas> al reyíoado. he.hwia ver de ; lejos á x m o d e s u s , nietos ^ce3or á alguna rama: extinguida: su árbol .gcBcalógtco no:.debift.acabar «in pro' ducir alguBÓs vastagos. £ n ú eaagenamiento de :«stas ..preciosas idtsas se «strechaban los -dos esposo» tieroar «ocote la nano,^ sobre i toda al boatemplar la dignidad futura de #u pcosperidad; y asi al salir de.^esfcas con< versaciones au Señora U' Baronesa , «ntregada diel todo á la primera vir« tud de los Principes, esto es, á la clemencia, se diguaba generosamente tratar a un paisano como hombre; porque á la verdad no había nacido coa alma uránica. La bija iba creciendo; y hubiera podido nombrar todas las piezas hono. riíkas eu su respectiva posicipn,. y ella


sin confundirlas; porque el blasón la «ra familiar. Mirando su Señora la Baronesa á todos los plebeyos como á los animales del corral, no temia por esta parte la menor seducción de sij hija: todos los plebeyos, semejantes á los pavos, podían hablarla y acompañaba; pero un noble no hablaba jatnfas á su-hija sina á la vista dé su madre , y á una tlistancia conveniente. ¡Quien lo hubiera previsto.' El hijo del Alcalde del lugiar puso en cinta á sA hija. La Señora Baronesa, toda desgrfeñada, fué a participarlo á sn esposo, y viendo este cortado de esta manera su árbol genealógico ^ 90 sorprendió tati fuiiosameéte, que creyó morirse de ' indignación; pero ao hizo mas que 'despertar. CUENTO

0^

MOÍtJL

DEL

ORIENTE.

"viDAii hijo de Abensina, emprendió ini viage, y se encaminó hacu ja Consta del Indostan. Gozaba de una salud robusta y vigorosa: animábanle el deseo y la esperauza-:^ no se deteuia


T6

sino de cftantlo en cuando, para escachar el éantio de las aves, respirar uii 'ayre. dulce y fresco, y apagar su sed <á la oriila de alguii arroyuelo. A veces contemplaba las encinas, monarcas de las montañas: otras respiraba el agradable olot del verano, hijo primogénito de.fó;primavera: veía todos..sus sentidos: deUciosameiíte acariciados y desterrada: de su corazón toda inquietud. ., CoBltnuó su Ca&)ini9 k^sXi el punto de media lidia, y cfifno!/el, calor ,se acrecentaba.á cada insi^^^e y enflaq^ujecia 4U9 ifawrzas, jairó. al: ;-ededori de si , para, ver $i descubría alguna $euda t[ue poder seguir , ; sin -que el calor le molpst^se. Reparó 4-su diestra >ua bosque, cuya hermosa sombra le porecia que iConvidíd)a á encaminar sus pasos acia aquella parte: entró en él, la frescura -y el verdor le ofrecieron mil caricias, á que no pudo resistirse: sin emliarg o , no se olvidó de aue habia «mprendidt^uu viage; pero descubriendo una senda estrecha, bordada de flores, que al parecer llevaba la mis-


ma dirfccion que el camino real, resolvió seguirla y hermanar asi el placer con la incomodidad, procuranao lograr las recompensas de la diligencia, sin esperimentar demasiadas fatigas. Continuó pues caminando por algún tiempo con un calor , que solo le era menos sensible cuando se detenía á 'oir el canto de las aves, que huyendo del calor se acogían á la sombra; ó cuando se divertía en coger algunas flores de que estaba sembrado tm lado de la senda, y de las frutas que le ofrecían al otro las ramas de los arboles. En fin como la estrecha senda empezase á desviarse del camino real, y á perderse por entre los arboles y matas llenas de frescura con las fuentes y cascadas que por alli corrían , se detuvo Ovidah un instante : examinó si habría peligro en apartarse del camino real; pero acordándose que el calor era demasiarlo activo, resolvió continuar por la misma senda, pensando que no rodearla mucho, y que volvería muy presto k encontrar el camino.


EeJobló el paso para volver k ganar el tiempo perdido por los rodeos que habia hecho; no obstante, la especie de inquietud en que estaba, le hacia detener k cada nuevo objeto que se ofrecía á su vista, y á gastar todos los diferentes placeres que se le presentaban, y que solo servian para distraerlo. Hacia hablar a los ecos, subia á los árboles en que pódia descubrir bellas perspectivas, se detenía delante de las cascadas; y se coraptacia en formar algún curso á los ar« royuelos que corrían por entre los arboles. Trilló asi un largo espacio de terreno haciendo líías rodeos. Las horas se le pasaban sin sentir en estos entretenimientos. Párase en fin cuando el día estiiba ya de caída, y levantándose de repente UD« recia tetn(>estad, el peligro en que se hallaba le hizo conocer, que el hombre se aleja muchas veces de la felicidad , cuando no reflecsioha sobre »u placer actual; Se arrepintió de haberse entrado en el bosque, dejando el camino real. £1 cíelo se obscureció mas y mas, y un trueno terrible le dis-


*9 trajo de su profunda meditación. Resolrió hacer todo lo posible para salir del lugar en que se hallaba, y volver á encontrar el camino real. Después de haberse postrado delante del Autor de la naturaleza, é implorado su auxilio, se adelantó desde luego con confianza, llevando la espada en la mano, para ahuyentar las fieras del desierto, amedrentadas por la tempestad. Oia ¿ derecha é izquierda los alaridos lastimeros de la rabia y del temor: hallábase en medio del horror, de las tinieblas y de la soledad: los vientos impetuosos bramaban en las selvas, y los arroyos y arrambladas corrian con espantoso estruendo. Caminaba con pasos timidos por la obscuridad; y sintiéndose en fin rendido de la fatiga, ya estaba á punto de ceder á su miserable destino, cuando avistó una luz , y adelantándose hacia aquella parte por donde aparecia, descubrió el retiro de un hermitaño. Este buen anciano le recibió con ternura, y le dio de cenar. Concluida la cena: ¿ Como has venido hasta aqui? le dijo: hace cer-


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C2 (Je treinta afios que rstoy en esta gruta, y nadie ha venijo á ella toda\ia. " Ovidah le refirió , sin encu* hrirle cosa alguna, lo que le habia sucedido. "Hijo mió, le dice el hermitaño, no olvides jamas los peligros que has corrido hoy por tu imprudencia. Acuérdate que la vida del hombre es el viage de un dia. En la mañana de la juventud nos levantamos llenos de vigor, nos animamos al trabajo por la esperanza, y caminamos á pie firme por la senda de la sabiduría. Poco tiempo después se entibia ¡nuestro zelo, procuramos hacer fáciles nuestros deberes y llegar á nuestro fin por senderos agradables. El horror que al principio teníamos al delito, se disminuye^ y nos exponemos temerariamente á acercarnos á lo que habíamos determinado alejar continuamente de nosotros. El corazón se debilita por grados, y cesamos de vigilar sobre nuestros pasos ; echamos nuestras miradas sobre el jardin de los deleyles: nos llegamos á ellos no sin escrúpulo : entramos temblando, j


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siempre con la esperanza de pasar por ellos siu perder de vista la senda de U virtud que dejamos por un instante á nuestra derecha, y en la cual nos proponemos volver á entrar.. Pero á una tentación sucede otra, una facilidad prepara el camino á otra: muy pronto nos disgustamos de la felicidad aneja á la inocencia , y aliviamos nuestra inquietud con los deleytes á que nos entregamos: perdemos úisensibleme'nte la memoria de nuestros primeros propósitos y nos olvidamos de lo que conviene á unos entes racionales. Nos arrojamos al tumulto de los negocios, nos rendimos á los placeres de los sentidos, )>aseamos de objeto en objeto nuestra inconstancia, hasta que las tinieblas de la edad avanzada nos sorprenden y se apoderan de nosotros la incomodidad, la inquietud y la agonía. Entonces la reflecsion nos (lama á nosotros mismos, volvemos los ojos sobre nuestra vida pasada; y. este espectáculo nos causa horror, turbación y remordimientos: nos apesadumbramos, pero á veces en vano, de haber deja-


aa do los senderos de la Sabiduría. Felices aquellos, hijo mió, que aprendieren de tu ejemplo á no desesperar, y que se acordaren, que aunque el día se ha concluido y les falten las fuerzas, deben no obstante hacer el úl« timo esfuerzo; que la reforma de las costumbres no es imposible; que siempre puede el hombre volver de sus estravíos; y que el que implora la clemencia del Cíelo, puede triunfar (le las dificultades que parecen insupera> bles. V e , hijo mió, á descansar: ponte bajo la pToteccion del que lo conserva todo; vuelve mañana á empezar tu camino; y para lo futuro , hágate sabio hi esperiencia. JNECDOTA GRACIOSA DEL ÜLtimo sitio de Gibraltar. XjvÁ. noche que la guarnición eS' peraba u�� ataque del enemigo por la ausencia de la escuadra inglesa, el centinela apostado en la torre del Diablo, no se representaba en su acatorada fantasía otra cosa que fuego, destrozó, minas, brechas y destrucción.


a3 Cerca de su garita estaba una marmiía b.istante profunda, en que había algunos gdisantes cocidos que habian de servirle para cenar. Un gran mono (de los que hay en abundancia á la cima del peñón) atraído por el olor y animado por el silencio del lugar, se arrimó á la olla, y metió en ella la cabeza , de modo que no podia sacarla; y acercándose en este tiempo el Soldado á la garita silvando, se espantó el mono, se sacudió con todas sus fuerzas para desembarazarse de la marmita y escapar. Como en esta faena se enderezase, se presentó á la imaginaciop, muy acalorada ya, del Soldado, como una aparición terrible y creyó que veía un tuerte granadero Español, con una birretina ó gorro. Preocupado con esta idea, hace fuego gritando cuanto podra que el enemigo habia escalado las murallas. Las guardias estienden la alarma, suenan los tambores, se eoiiiemleD las señales, y erk menos de diez minutos el Gobernador de la plaza y toda su guarnición se hallan sobre las armas. El wipuesto gvanadero muy incomodado


74 eoQ su gorra, y casi sufocado con los guisantes, quedó preso bien pronto : se aclaró el hecho, y se restableció la tranquilidad. ^NECDOT^

INGLESA,

' isiTANDO SU diócesis el Obispo de N., encontró á un pobre Cura, y le preguntó á donde iba, —A Faruham, respondió el Cura.— Pues en este caso , prosiguió el Obispo, hágame Vmd. el gusto de entrar en tal posada , y decir que ine preparen una comida <Iecente. — ¿ Comerá V. S. I. solo ? — Si Señor. El buen Eclesiástico era hombre hábil y de buen humor, y creyendo que esta comisión excitaba su travesura y le daba ocasión para hacer de las suyas, le dijo al posadero, que dispusiese una mesa abundante con su ramillete para doce personas del Clero pcesididas del Obispo. No se admiró poco este Prelado á su llegada, cuando vio los preparativos; pero fue mayor su sorpresa cuando los examinó por menor. Enfadóse e» extremo y llamando al posadero, le


25 repreeudió, diciendo: ¿como ha podi* do Vmd. creer que una persona sola necesitase tal profusión ? — Señor, me habían dicho que vendrian alómenos doce personas; á saber el Obispo de N". — Ese soy yo. — El Dean de Salisburg. — Yo lo soy efectivamente. — El Prebendado de Winchester. — También lo soy. — El vicario de.. — Soy el naismo.. — El Director de... — Yo lo soy también. Aqui el Prelado, que penetró la bufonada, le dijo: trayga Vmd. la comida que conozco á los demás convidados. RJSGO

DE

riRTUD.

L-zN sugeto de conocida nobleza en la corte, enlazado con Tenientes Generales y otras personas de gerarquía, y distinguido él mismo con el grado de teniente Coronel, entró una tarde con un amigo á refrescar en Hna fonda: antes de concluir el refresco , sacó de su bolsillo un peso fuerte, y habiendo dicho á un mozo que se cobrase de él, en vez de entregárselo, lo puso inadvertidamente en


una faltriquera del chaleco. Concluido el, refresco, .pidió el resto del duro al mozo, y como le respondiese que no se lo había dado, insistió en que s i , manteniéndose el mozo en la negativa. El oficial llegó á irritarse de veras , creyendo se lo queria estafar vulnerando al niismo tiemposu opinión , como que se hallaban presentes varias personas. Prorumpio en algunas espresiones fuertes contra la legalidad de los sirvientes y los densas de la casa. £ n fin, viéndole el amo de ella tan empeñado en sostener lo que había dicho: y las amenazas de cobrarlo por justicia, le dio un peso fuerte , con l<j cual se retiró acia el prado. Pasado poco tiem* po volvió con mucha prisa en curapañia de un escribano y otra persona, y preguntó por el mozo, el cual receló presentarse, hasta que «I teniente coronel, publicó como había encontrado el peso duro, pidió perdón á lodos con muchas deroostracio» lies de haber sentido mucho su inadvertencia; y. cuando salió, le dio la


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mano al mozo, le abrazó eslrecuamente le rogó con viveza le perdonase 7 en fin le hizo recibir una gratificación : y despidiéndose de todos renovó las suplicas de que le perdonasen , "y otras mil espresiones cristianas y generosas, y se marchó. RJSGO

DE

CJRIDJD.

XJOS veedores del gremio de sastres de Paris prendieron á uno de los Ciudadanos, que la fortuna obligó á trabajar clandestinamente ; rodearon las obras embargadas una multitud de personas, que ecsaminaban el sacrificio , sin compadecerse de la victima. Inmediatamente penetra una muger por entre la multitud, se acerca á los veedores, y les pregunta cuanto se les debia , y con su «•espuesta íue á traer la canti<lad requerida, que eran «400 r» y ^^ pagó: yéndose sin dar tiempo suficiente á que se reconociese el autor de uu beneficio tan inesperado.


a8 ñ^SGO

U.

DE

nRTUD.

'M Dragón del regimiento de Segur , llamado Bonecerre , habia algún tiempo que estaba en Thion•ville con un anciano Caballero de San Luis , retirado enfermo privado de la vista y ademas de esto perseguido por una muger bárbara que separada de é l , quería obligarle á satisfacerla una corta cantidad que no había podido pagar por uua pensión de laoo pesetas, de una hacienda 3ue poseia.- Llevando esta niuger su ureza hasta el estremo de conseguir que se mandase ponerle preso , sin consideración á áu edad, ni á sus enfermedades; no pudo el Dragón tolerar este espectáculo: pidió á los ministros le esperasen un instante: corrió á casa de su Capitán, se volvió á alistar por ocho años, pagó á la justicia con el dinero de su alistainiehto, y á costa de su libertad, rescató la de aquel viejo que respetaba. Instruido de este rasgo de nobleza y de generosidad el Vizconde


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«le Sfgut , coronel del regimient o , ni ando que se le recibiese inmeHiataraente por oficial subalterno, y le prometió que si en el discurso de los ocho años de su alistamiento deseaba su licencia, la obtendría, sin pagar el precio de ordenanza. El Dragón fue tan delicado en este punto, que resistió mucho tiempo el grado que se le ofrecía, diciendo que s a recompensa consistia ^n el hecho mismo, y que un beneficio divulgado pierde todo su valor. OTRO

R/iSGO DE FIRTUD Rey, ele Frusta.

DEL.

U N teniente coronel Prusiano reíorniado al fin de la guerra del año de 1756, no obstante las instancias, importunas que hacía al Rey para ser reemplazado, fue escluido de la real audiencia, en cuyo tiempo compareció un libelo infamatorio al Monarca. El gran Federico ofendido del atrevimiento del escritor, prometió cincuenta Federicos de oro al que lo denunciase. El teniente coro-


3o ncl, luego que supo esto, se hiz» presentar al Rey como que le tenia que contar una cosa que era de importancia, y le dijo. Señor: V. M. ha prometido cincuenta Federicos de oro al que denunciase al autor del libelo, y o soy el reo: pongo mi cabeza á Tuestros pies; pero mantened vuestra palaora real, y mientras castigáis) al delinquente, enviad k mi pobre muger y á. mis infelices hijos la recompensa prometida al delat<>r. El Monarca sorprendido al ver el estremo á que redujo la necesidad á aquel oficial tan digno de estimación por otras cualidades , le respondió: «marcha al punto á Spandau, entrega esta carta al gobernador, y espera allá los efectos de la justa indignación de tu soberano."—Yo obedezco, respondió el loficial; pero los cincuenta Federicos de oro.... —^Dentro de dos horas los recibirá tu muger. Partió el teniente coronel , y llegando al castillo de Spandau , se constituyó El Gobernador recibidas {)risionrro. as ordenes, abrió la carta, que decía: Doy el Gobierno de Spandau al da-


3i dor de esta, quien verá ahí cuanto antes á BU mugar y sus hijos, con los cincuenta Federicos de oro. El comandante actual de Spandan pasará en la misma calidad á... y le doy esta ventaja en recompensa de su» servicios. TESTAMENTO

DE UN SOLDADO.

Jf LOREifcio Folche de Anderan en Alemania, soldado del Regimiento de Uifanteria de Irlanda, murió en dicha ciudad el dia catorce de Enero del año mil setecientos ochenta y siete, ¿ los cincuenta y cuatro de su edad, y veinte y cuatro de servicio, habiéndose hallado en la espedicion de Argel, y en el ultimo sitio de Gibraltar. Fue tan ecsacto en la disciplina militar y tan observante en el cumplimiento de su obligación, que jamas faltó á ella, ni estuvo arrestado nunca en todo el tiempo que sirvió según consta de los asientos del batallón. En su disposición testamentaria dejó para Misas al convento de San Francisco 3oo r s . , al Cape-


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lian (le su batallón 9.00 : at Hospital donde murió ao : Legó sus zapatos mochilia y demás ropa al enfermero y otros varios soldados: á su compañía uu doblón de á ocho, y lo demás que quedase sin distinción de clases. Declaró que tenia en poder de sus albaceas, diez onzas de oro de premio, y pidió que se le enterrase con sólo su uniforme, y acompañado de su compañía en San Francisco. Cumplida su disposición, vino á locar entre siete cabos, y cuarenta y ocho granaderos á veinte y tres reales y veinte y dos marávedis que se pagaron decontado. JJSECDOTJ. J J o s filósofos, uno griego, y otro I n d i o , disputaban en presencia de Kosrhoes sobre cual era el estado mas lastimoso en que el hombre podía hallarse. El Griego dijo que a el le parecía ser una vejez decrepita unida con la inbecílidad, y la extremada pobreza. El Indio replicó que era e! de aquel que padeciese males


33 corporales y males de espíritu. El visir K.osrhoes, mas prudente que los <los filósofos, decidió y dijo, que de los estados de la vida era el peor aquel en que hallándose uno procsimo á la muerte, se veía acusado de la conciencia, y lejos de haber practicado la virtud se le representan los vicios en que habia estado sumergido , con todo el horror de una hora en que á breve rato tenia que responder de ellos. ANÉCDOTA

AMERICANA.

Uir viagero Europeo encontró á un Indio en medio de un desierto, los dos iban á caballo, y el Europeo, que temía que el suyo no pudiese hacer la jornada porque era muy malo, pidió al Indio que lo llevaba mejor, que se lo trocase: este lo reusó, escusandose con razones. El Europeo entonces buscó un pretesto para reñir: vinieron á las manos, y como que estaba bien armado, se apoderó fácilmente del caballo que deseaba, y continuó su camino. El Americano 3


3/, siguió k su contrario hasta t i pueblo mas inraediato en que quejándose al Juez hace que comparezca aquel en presencia de este y que presente el caballo : pero el Europeo trata al Indio de enrededor, afírinando que el caballo es suyo y que lo había criado desde que nació. Como no habia pruebas en contrario, iba el Juez á darle por libre de la demanda cuando el Indio exclama: oEl caballo es mió y voy k probarlo: " quitase la manta y tapando repentinamente con ella la cabeza del animal, prosigue diciendo. «Supuesto que este hombre asegura que ha criado el caballo mándele V. (dirigiéndose al Juez ) que diga de que ojo es tuerto. El yíagero no quiso dar á entender que dudaba, y le respondió al instante, del derecho: el indio entonces descubriéndole la cabeza dijo: pues no lo es ni de uno ni de otro. El Juez quedó convencido con esta prueba tan ingeniosa y tan fuerte, y le adjudicó el caballo.


EN ELOGIO DE

MADRW.

SONETO. Grandes por muchos tltuloi lacidos De progenie aun mayor ^ e sus estados, üostres dictadores, y dictados, Apolos que de Daphne están ceñidos: Talentos 7 caudales conocidos CoD la roja señal mucbos cruzados ; Calles qne todas son de los preciados : •guai, aires, 7 Cielo esclarecidos: Jardines, paraísos terrenales , Consejos que aprovechan i. Castilla: Siempre en ángulo recto tribunales .Cada edificio honor, 7 maravilla, Y un alvergne de águilas reales; Esto compendia á un mundo en una villa.

EGEMPLO

DE

CASTIDAD.

JJOSA. María Coronel fue hija de Don Alonso Hernández Coronel, Señor de la villa de Aguilar y de otros muchos pueblos, que le daban au-


toriflad, pero no le inspiraban vanidad ni orgullo. Casóse «Udia Doña María con I>on Juan de la Cerda nieto del Infante D. Fernando de la Cerda. Era una de aquellas criaturas á quien mira con amante parcialidad el cielo dotándolas de belleza. La fama de su estraordinaria hermosura llegó á noticia del Rey Don Pedro, llamado el cruel: mando este para que lograran sus ojos lo que le prointietian los oídos, fuese á palacio: dicese que este llamamiento del Rey fue impulso de un amor deshonesto. Entendiólo asi nuestra ilustre Doña María, y para no arriesgar el honor de su marido, ni empeñar con la mas leve sospecha lo que debía á su nacitoiento, es asi que íintes de dirigirse á palario mando hervir un poco de aceite, y se echó de él abrasando, por todo el cuerpo, pecho y brazos, dejando csento al rostro: luego se levantaron crecidas ampollas, y aunque martirizada de la violencia de los dolores, que forzosamente le había de causar aquel fiero remedio, y medicina de su honor, fuese con el mayor disimu-


^7 lo á palacio, y presenlosP alegre al Rey; este comenzó á manifestarle la impura llama de sus deseos, pero Doña María sin mostrar la mas pequeña turbación, le dijo: Señor, son muy fáciles de engañarse nuestros ojos, lian creido los que solo ven el falaz y embustero matiz de mi rostro, que yo gozo, con la hermosura mentirosa de la cara, una salud entera y robusta. Yo me alegraría gozarla para servir á V. M. pero es muy al contrario , y descubriéndose los brazos y parte del pecho, le dijo al Rey , que estaba enferma del mal contagioso de San Lázaro. Entonces el Rey horrorizado de ver con cara de Ángel un monstruo, la envió á su casa, libre de toda ofensa. Hay quien afirma que sabido por la Reyna el caso, envió de nuevo á llamar á Doña María, y la puso la corona Real sobre la cabeza diciendo: que por tan heroica acción merecía ser Reyna, no solo de España, sino de todos los imperios de la tierra.


38 A?iÉCDOrA

DE üiy

LJDRON.

CJOITDUCIEIÍDO un malhechor á concluir su vida en un publico suplicio iba por la carrera con un semblante igual y risueño, sin manifestar las comunes turbaciones del espiritu, que son casi efectos infalibles en estos afrentosos casos, y como si fuese en triunfo, y en vez de admitir él los consuelos, consolaba a los que llevaba á su lado por ausilio. Llegó de este modo al pie de la horca y arrodillándose delante de ella, dijo en alta voz y con asombro de los circunstantes de tal espectáculo. Saludóte leño infame para otros, y archivo de mis descendientes , pues eres precioso deposito de mis mayores: aquí concluyó sus dias aquel buen mal ciudadano mi Padre: aquí se conserva la memoria de los delitos de mi abuelo; este es el árbol de mi prosapia, / el mayorazgo que dejo yo fundado á todos mis sucesores, que no adulteren estos principios y se mantengan firmes en la posesión


^9 de morir por la Justicia, iwendo espensas de la culpa. CONFESIÓN INGENUA DE muger ingenua.

á

UNJ

A «n viejo quiero y á un moco , Aunque por distinta lejr ; Poes al mozo es por su cara, T al TÍejo por la del Rey.

FARUS

JNTIGUJS.

MONEDAS

AGNUS

DEL

iYloNEDA de vellón mezclada coa plata, que mandó labrar el Rey Don Juan el primero. Tenia por una parte la primera letra de su nombre, y por la otra el Cordero de San Juan y valia un maravedi. Esta raoueda corrió en tiempo del Rey Don Enrique tercero, peto r?ducido su valor á un coronado: según dice CaballeK), se labró en el reynado del mismo Don Enrique tercero.


4o AGUiLA. jyiowHDA de oro que corrió en tiempo de los Reyes Católicos, y de Carlos quinto, su valor era diez reales de plata y tenia una águila. AS. MONEDA de Cobre de los romanos, que en los primeros tiempos no estaba acuñada, y pesaba una libra. Después se acuñó, y se le fué minorando el peso, pero conservando siempre su valor de doce onzas.

ÁSPERO. MoiTEDA pequeña de plata usada en levante, que vale cerca de nueve dineros torneses. ARIENZO. MoifiDA antigua de Castilla.


4» AVREO. MONEDA antigua de oro que corría en tiempo del Santo Rey Don Fernando. BLANCAMONEDA de vellón que valia medio maravedi. En lo antiguo tuvo diferentes valores según la variedad de los tierop os.

BAYOCO. MONEDA de cobre que corre en Roma y gran parte de Italia, y correspondió en algún tiempo á un cuarto, y en otro á tres maravedís.

CARLIN' MONEDA de plata que se batió en tiempo del Emperador Carlos quinto , de quien tomó el nombre , la cbal se estendió en España.


4» CETIS. JjloNEDA. menuda que pasaba en Galicia, y valia la sexta parU de un maravedí. CINQUEN. JVloMsoA. antigua castellana que valia medio cornado , y doce maravedis. COHNJDO. JVloirEPA de vellón Jigada con plata, pero de baja ley, que mandaron batir los Reyes de Castilla, y consta que la hubo en tiempo de Don Sancho cuarto, y que en el de Don Alonso onceno, año de i33i, por la carestía, falta de dinero y mantenimientos, habiendo cesado el trato y comercio á causa de estar alterada I« moneda, se hizo lo mismo. Llamóse asi por tener grabada una corona, tres de estos valian una blanca en este reinado, y el real dos cientos y


cuatro. Y en tiempo de Don £nrique tercero valia uua la moneda llamada blanca. CORONJMONEDA antigua de oro llamada asi por tener esculpida una corona, la cual corria ya en tiempo del Rey Don Juan el segundo de Castilla: ha tenido diferentes valores.

COROISA. MosEDA dp plata que mandó .labrar Don Enrique segundo para satisfacer los grandes empeños que contrajo á la entrada de su reyno. CJROLUS. OiERTA moneda flamenca que tema uso en España en tiempo del emperador Carlos quinto. CEQVL MowEDi de oro de que usaban los


44 Árabes en España y hoy corre en venecia y otras partea. CRUZADO. iYloNEDi antigua de Castilla de oro, plata, y cobre, que en distintos tiempos tuvo diversos valores. CJSTELLJNO. jyioiíEDA antigua de oro que corrió en España, y ya no tiene uso. En el reynado de los reyes Católicos -valia cuatíTO cientos maraveidis de plata; que hacían catorce reales y catorce maravedís de plata, y en los reynados siguientes varió su valor. CUARTILLO. jyiowEDA d« vellón ligada con plata que mandó labrar el rey Enrique cuarto de Castilla, v valia la cuarta parte de un real de plata ú ocho maravedís y medio.


45 CUARTILLO. HisPECiE de moneda de cobre que corre y pasa en Castilla: su valor actual es cuatro maravedís. CUJTRIJS. MONEDA de pequeilo valor que corria antiguamente en España.

DINERILLO. liiSPECiE de moneda de cobre muy Í>aja . del reyno de Aragón. Su valor *s mas de un ochavo y menos de ^n cuarto. DINERO. iVloNEDA de cobre de valor de 'los blancas, usada en Castilla en «1 siglo décimo cuarto. Hubo otro 'liuero que valia siete maravedís.


46 DINERO

BUBGALÉS.

M<

ONEDA de oro de muy baja lej por la mezda que tenia de otros metales, mandada labrar en Burgos por el rey Don Alonso diez, para sustituirla en lugar de los pepiones, y aunque estos eran de mas ley, se dio mas Valor á los Burgaleses, de suerte que uno de ellos valia dos pepiones. DOBLA. iVloKEDA. antigua de oro conocida y corriente en España, y principalmente en Castilla, y que tuvo varios valores leyes y fíguras en diversos tiempos. DOBLA CASTELLANA. ÍTIOHEDA de oro de Castilla que en tiempo de Don Juan eí primero valia doce reales en plata amonedada y en plata onza y medía y una ochava. Tenia el peso de un castellano , y su valor fue vario según l)S tiempos.


47 DOBLÓN. lYloNBDA de oro en España que ha tenido diferente valor según los tiempos. Parece se llamó asi desde el tiempo de los Reyes católicos en que la primera vez se fabricó, y que fue el vulgo el que dio este nombre al escelente mayor que tenia el peso de dos castellanos juntos, y valia nuevecientos ochenta maravedis de plata, para distinguirlos de la dobla medio escelente que tenia el peso de un castellano, y valia cuatro cientos noventa maravedis. DOBLOIS DE A

CIENTO.

Me1 ONEDA de oro del peso de cincuenta doblones, de la cual se hallan hoy pocas: ecsiste una en el monasterio de la Real Academia de la Historia. Llamase asi por valer cien escudos de oro.


/,s DOBLÓN

DE A

OCHO.

ITIOWEDA (le oro del peso y Talor de ocho escudos de oro.

DOBLÓN

DE A

CUATRO.

iVloirEDA de oro del peso y lor de cuatro escudos. DOBLÓN

DE

va-

ORO.

IVJorfEDA de oro del peso y valor de dos escudos. DOBLÓN

SENCILLO.

iTloríEDA imaginaria del valor sesenta reales.

de

DUCADO. IVloNEDA de oro que se usó antiguamente en España del mismo poso y ley que tuvo después del escelente menor que llamaron de la Granada, mandado labrar por los


%

t'eyes católicos Don Fernando y Doña Isabel : cuyo valor era de trescientos setenta y cinco maravedis, que eran once reales y un maravedí de aquel tiempo. DUCADO. JjloifEUA imaginaria que vale tres cientos setenta y cinco maravedís, de los actuales. DUCADO DE ORO.

E.

jL Ducado antiguo ó escelente menor de la granada con respecto al aumento del valor que ha tenido y se le considera hoy para las imposiciones de censo que se hicieron en esta especie: porque el rey Don Felipe segundo cuando por su pregmatica de a3 de Noviembre de i56Í6 mandó fabricar escudos de oro de la misma calidad que los había fabricado ya el emperador Carlos quinto de la ley de sa quilates y de 68 piezas por marco, aumentándolos hasta el valor de I\oo maravedís, aumento al de 4^9 ^o^ de ^os reyes

á


cat贸licos con el nombre de ducados los cuales eran de a3 quilates y tres cuartos largos, y de 65 piezas y un tercio por marco.


PUESTOS

EN QUINTILLAS.

¿ Qnien e» el eag«n(lra<lor Qué en cslo acompaña al hombre Y fue adorado su nombre Que en tiempo de gran calor Custa el hombre que se aíom)>re? £L

SOL.

¿ Quien e» la mudable madre Que su ser le da y le dio. Otro que es de todos padres, Y por medio de otra madre A tiempos se le escondió ? LJ

LllM.


¿ Quien es quien dos veces moja Al que de él valerse quiere ? Quien saberlo, y rependiere En volviendo cualquier hoja Hallará lo que quisiere. £L

ÁRBOL.

¿Cnal es de unas cabras bellas £1 rebaño, y Cabrador Que asiste muy cerca de ellas ? Que quisiera 70 mas vellas Que ser del mundo Señor. LJS

SIETE

CABRILLAS.

Mo ha mucho que tuve vida, Y aunque ahora muerta estoy Vivo, y sirvo en tu comida, Y cual hombre resumida Me Vuelvo cuando me voy LA

LEÍiA.


53 ¿ Cual e» nna bestia fiera* Criada en un elemento Que da gusto su escremcnto Pues que por cierta manera Farorece nuestro aliento ? LA

BALLENA.

En horca para mi suerte, Ifazco debajo del suelo Mi fabrica imita al Cielo, Lagrimas causa al mas fuerte, P(o teniendo desconsuelo. LA

CEBOLLA.

Quien nació y está contigo, Y en ti mengiia con creciente. Tu procuras que se aomente Y si te falta este amigo También es tu vida ausente. EL CALOR

ríATURAL.


S-'j

Bello eit la boca Misieiit#, Soy despojo de una fiera Regalo, alivio, y fomento Y en mi para sn contento l'one las manos cualquiera. £L

REGALILLO.

¿ Que cosa tiene la gente, Que no sabe conocerla Hasta que se ve sin ella y entonces «1 que es prudente Procura de si espelerla. L.4

NECEDAD.

¿ Quien te catua ser viviente. Siendo origen de m ser Y te da brio y poder, Uacete flaco ó valiente, I^tar triste ó con placer ? JEL

CORAZOS.


55 Mis brazos y «jn elemento Me procuran tal caída Que gastaadome el sustento, IVo me dejan un momento Hasta quitarme la vida. EL

CANDIL

DE

BR-ÍZOS.

Buena será tu cabeza Si aciertas que cosa e» I.a que tiene en si estas tres, Pensamiento , sutileza, Y el acordarse después. L.i

CABEZA

HUMANA.

lío ««y «Te, cosa es llana, Annque estar en alto suelo. Porque ni corro ni vuek». Soy una simple serrana, Hija de un h'jo del suelo. J.Á

AVELLANA.


bC>

Cinco caniías, y tres Humedades, con belleza Puso en mi naturaleza, Que si acertares quien e» Tendrás no poca destreza. F-L OJO DEL

ANIMAL.

,»Quc arcaduces jon aquellos Que nos conserTan la Tida, Foméntalos la comida, Que quien sabe conocerlos A tiento ye su caida ? LAS ARTERIAS DEL HOMBRE.

Siempre dices que soy tnya, Y estoy de esto Un hinchada. Que de mi dueño ayudada, Mi voz publico y la suya Por muchas bocas formada. JLA CHIRIMÍA,


57 ¿ Quien es un viejo ligero Que es de cuatro moTÍmientos Puestos en doce cimientos, Que á cualquiera pasagero Da mas penas que contentos F EL

ASO.

A todos digo que TudrO, Sin que alguna parte vaya. Con Un brizo me revuelvo, Siempre me enredo, y eavoeWo Para darte capa , ó taya. EL TORNO.

¿ Quien t» aquel que su ser Consiste en que él no se vea ? Y aunque mucho lo d«M« Si se ve, deja de ser Urna cosa oscura j fea. EL CIEGO.


58 thia cata fabricada Vi «n un rápido elemento, De gran provecho, y sustento, Y otrt que sirve de nada ]Vo falta de ella un momento. EL

MOLINO.

i Quien es el bijo de nn TÍrjo Que tiene otros once hermanos. Sin cabexas pies ni manos QHO nos CBOsaB «parejo De estar, y de no esiar sanos ? £L

MES.

Un jnego de caballeros Doy con mí nombrp ¿ entender» Que muestran valor y aceros. De metales en mi ser Doy honra y valgo dineros. ZJ

SORTUA.


5í) ¿ Qaieo es' una hembra triste, Muy secreta y reposada De cuerpo j alma privada, Que de negro trage viste Y de malos es amada ? LJ

NOCHE.

Aunque estoy sin lengAa muda, Penetro mucho las oosas Porque soy sutil y aguda. Con haber nacido ruda Entre peñáis escabrosa». LA

BARRENA.

¿ Que monstruo naturaleza Ha criado, que essn ser De gran virtud y belleza Parece á su cabeza £n lo demás á rauger ? LA

MVGER.


6o A'nnqñe decís qne soypnerU lamas tuTe cerradora, Ni clavos, estoy abierta £s esférica mi hechura Coo dos orejas cnbierta. LA ESPUERTA.

i Cual cf aqnel animal, De condición tan notable Que es feros, faerte, agradable Inclinado á no hacer mal Al humilde y miserable ? EL LEÓN.

Fui un tiempo pequeña hierba, Mas despnes de gran servicio. Doy dolor, y muerte acerba, Y sustento un artificio. Que la salud os conserva. £í

CORDEL.


tíl No mantengo al cuerpo humano, Ni tengo sabor, ni olor Y en tiempo que hace calor. Si me arriman bien la mano Soy agradable licor. EL

AGUA.

Yo foí un serrano grosero, Que enterrado sin razón Fas¿ afán en fuego fiero. Salí negro, y sin facción, Conservólo 7 en el muero. EL CARBÓN.

¿ Que es la cosa que desplace Juntamente y da contento, Quita la fuerza y aliento Y estos dos efectos hace Dar placer y sentimiento ? LAS COSQUILLAS.


63 Con lo qne ten)(o convido Al de bueno , y de mal talle, Y aunque á untos fae servido Siempre me deja «n la calle El mas noble y comedidou LA

TABLILLA

DEL

MESO?í.

Tengo oficio de alhengar Y en en mi centro dar morada A gente (jae VÍT« armada Y les sirvA el pelear De perder la vida amada. LA

COLMENA

¿Cual «t mía torre inerte Que guarnece geote armada, Ue un mismo color, y suerte) Que rendida, y asaltada, £•> llama» le imm. la maerte ?


6Í Pongo k lengua en aprietos Verde ini •estido fué, En rojo , y blanco torne, Dicenme que lo& secretos Descubro, y jamas habléEL CARDO.

A cierto animal sustento, y encima de otro soy puesta, líien echa estoy, y compuesta, Y si alguna vez me asiento (Como suelo) loy molesU. LA SILLA DEL CABALLO.

T,s bien qne mi nombre notes, Que es de reloj, de papel, üe juego , alinires , y azotes, Y conmigo dan rebotes, Y es mi cubieru de piel. LA

MANO


64 Es mi vida aborrecida De aqael que teme mi mnerte, A quien tengo por comida Mátame el contrario faene Del calor qae me da Tid«. LA

CHINCHE.

Soy comida mny usada. De buen gusto, y sin olor, Mas bebiendome el licor Muerte doy cnal fiera espada Pero muerte sin dolor LA

LECHUGA.

Nací en agro, dulce soy y de madre amarga vengo, Siempre buscándola roy, "í tanta virtud mantengo. Que matando vid* doy< LA

FVElfTS.


<T5

rosa» muy pesada» llamo, Soy píeilra y no lo parezco, Mil alabanzas merezco Que aunque á los ojos no amo, A los hembras favorezco. ZV PIEDRA

IMAy.

Pot propia naiuralcMt Tengo (los cosas est rañas, Y en mi se ven dos hazañas Que es caliente mi corteza Y son frías mis entrañas. ' LA

NARANJA

AGRIA.

^of nn soberbio pagano, Que á todos llero la palma, Y en gusto y yalor la gano, Naei de un gigante enano, Blando el cuerpo y dora el alma. F.h

DÁTIL,

5


¿ Cual ti aquella qoe Cipcra Kn nueitra sangre volterse y puede reconocerse £n qae «s verde por defuera Y también «uele venderte. LA

FERA.

I Cual «• la cota del mundo Que na^tc la puede ver, Y dn tormento ó pUcer, Camina al Cido y profundo Esto copio puede ser ? EL

PENSAMIENTO.

Fui liiei'ba, j perdi mi ser Porque serví de ordinario, \ luve suceso vario •Volviéronme á deshacer Y sirvo de secretario.

¿í

PAPEL.


«7 Que se alegra da i entender TJ que pronuncia mi nombre Suélenle dar de comer Mis hijos mudos al hombre Y yo le doy de bdier. £L ñ/O.

Soy tan notabic eKribano Que á todas boraa enseño, Teniendo solo una mano, Dame pesares mi dueño Conque tiemblo si estoy san04 EL RELOX.

¿ Cual es una fortaleza Que está llena de soidadoa De vestidos «okmdos Coa huesos y sin cabeza pe real iasignia adornado). lA

GRANADA.


GR Dicen rpíf de ley carezco y que de muy mala cara A quien me tiene parezco, Soy ingeniosa, y avara, y i toda maldad me ofrezco. LJ

NECESIDAD.

Soy <nn leen homicida, Qtie á todos la vida quito En la mitad de »H vida,. Mato sin golpe ni heriiia, Sin caerpo , verdad no admito. EL

SUESO.

De deniro soy encarnada, Por defuera á blanca Toy y cuando con vista estoy Soy muy querida y amada Conque . la muerte me doy. J.4

BRASA.


69 Sin padre y madre nací bentro de mi sepultura A donde el fruto que di Siendo á los otros ventura Fue la muerte para mi EL

GVSANO

DE

SEDA.

I Cual es la- cosa que habla Y de sentido carece Con (negó ó agua parece, Su forma es pequeña tabla y sin vergüenza parece i LA

CARTA.

Que he llegado dicen todos Y en andar me quedo corto. Mi virtud es de mil modos A uno derribo lo» lodos Y á otroj alegro y conforto. EL

JIM).


Jaous aptcndi á eseríbif Y soy ninjr gran escribana V con invencio» galana Te sual» siempre servir •Sin cansar tarde, J mañana»

LJ

IMPRENTA.

i Coal es la cosa pe«r Que en el taxmáo ]>uede habcr< Que esft aÚMoa es la mqor Fues «Mía, dm. el neiectr Y buena, vida j bonor ?

{Quien ts un grande ttñat Que ha nacido de la ticrn Tiene atnas en pgz y «n guerra A. nno» da gran vator A- otro» su ansencia enticrra}

t:L í>2!f£Jlo,


7í De enknft BMCIM nacidas Somos «oo agrio sabor B«fr«*oamot tí calor Mas después de bien crecidu Damos caliente licor.

L^S

VBÁS,

Tengo eafoñea figura Y á las veces prolongada Mí amargor la indostria cura Y cualquier persona honrada Me compra, Intsca , y procnra.

l^

ACEYTVÜA.

¿Caal es la madre engeodrada De U hij^ que parió. Que si** P«dr« te foraió, Y en otro sar transformada Al antiguo se volvió ?

mñlE.


72' Sin caérpos tenemos .pie» Y en un logar siempre estamos Grande egempl», y miedo damo» Porqne nos cubre un través Conque á muchos despenamos. LAS

HORCAS.

Mi principio fue de hierba» Pintáronme de colores Y suelo dar sinsabores: Muertes he causado acerbas Y aun pobreza á los seüores. LOS

NAYPES.

Bien raigo un maravedí Aunque soy un escremento < Fue un huevo mi nacimieot* Crecido después me vi poy deKonsuelo y contento. ÍA

PLUMA.


7^ Soy Hn^pia ^e condición Hacepnte' que no 1» sea Quien en oficio me einple*. De visitar el rincón Que curioso ver detea. LA

ESCOBA.

Sof hijo de la ocMÍon. Y un mal muy apetecido Que si fuera aboirecido Sacara de su pasión Al mas peligroso herido. ££

AMOR.

Aunque de negro vestido IVtuy resplandeciente estoy, y aunque sordo y tnudo soy Al que á mirarme ha venido Todas «US señas le doy. EL

ESPEJO.


74 ¿Coal es ana cam baja TrUte, sola, y lunjr estrtcha, Con grande praMoa kecba Donde nadie Heira alkaja Siao aquella donda ta faeoW. LÁ

SEPÜLTVK4.

S07 la qn« engendrada fui Be la anbnáon beatia fiera: A mil rey««a deatmí Y es mi faror de manera Que hasta al ciel« me atreví. L^

GUERRA.

liegra toy Mea eatimada T no esdara sino caeau, Y aunque saeio ser comprad» Ayudo á coaiqnicni coeota Porque sin mi seré «rrada4


75 Al formar fui nal tratada, tti dueño me tiene aitiMr, Y aunqae sojr Hagcr honrad^ Me suele tener atada Y con guarda* mi Señor. LJÍ

LLAITK.

Con ser nís^M» ni ser Machas varM en ua áia Suelo menguar J crecer Y no me puedo raorer Sino tengo caaipaDÍ«. LA SOMBRA.

I Qna ts la cosa qse datMaya Estando ntny viv», ai hombta Ponienda su «4da é raya Si la mata pierde el nombra O kace que la«go se vaya.

tA HAMBRE.


76 Corona está en ihi cabeia Calzo espuela empavonada Tengo barba colorada Wi sueño luego empieza Y madrugo á la alborada £L

GALLO.

Traigo cubierta la cara No me atrevo á descubrir Aunque soy hermosa y rara Que quien me ha de ver y oír Es mi enemigo á la clara. i.^

VERDAD.

Todos, sin ser ordenada. Ordenes decis qne tengo. Pero aunque soy entonada Y de (anta orden cercada De eüu ni de i^e»ia vengo. X-rf

riHüMJiJ.


77 Todo» dicen que soy yario Llainannie tardo y ligero Y que al pobre y Caballero Robo como gran Corsario i^ieado na TÍejo pasagero. EL

TIEMPO.

MÍO »oy; mas mí señor Dice que me trabe de u p e l)oy á ratos gran dolor Maravilla es que se escape Alguno de .mi furor. EL

GATO.

llago fuerza á un elemento A que salga de medida I>« cubiertas do oomid* Soy liecho y tengo eí susteato En mi.«entro de tu v^da.

LOS fV£Ll£:^^


7« Vareteo cati animal En el moverme y beber Snela á gú madre «omet Con nn ímpetu bestial A.unqae fue qnien a e dio el ler. Ljé ESPONJA.

Mi nombre es de peregrino Y tengo irirtad notable Jamas te aupo qM bable Ni que mduTÍefe camin6 y mi olo|- et agradable. EL ROMERO.

Hacenme que á Dios alabe Con arte y nn elemento Suélenme cerrar con llave Edificio sin cimiento Parezco y todo e« mi cabe. Bt.

OMAlíO,


79 Carne «n mi boca sustento Mientras cstoj trabajando Con ojos me está picando Mi dneño i quién yo mantengo Cuanto está perseverando. £L

DEDAL.

¿ Cual es la dulce y sabrosa Y de castidad vestida ; Que cuando es recien nacida. £s á muchos proTcchosa Y da sueñe su comida ? LA LECHE.

Con Mirado vestido Vi juDiar muchos hermaaos Sin oabcaas pies ai manos Que á su dueño haa afligida Porque no los dejó sanos. LOS PIMIENTOS.


8o Nombre de egercito tengo y bay en mi tan gr«n poder Que lo suUento y mantengo Y si en abundancia vengo Le hago mocho crecer. EL M.AL

DE

PLATA.

El centro tengo de hierba Y por de fuera gordura Que siendo mucho mas dnra Porque ella en ti se conserra Hasta que todo se apura. LA VELA DE

SEBO,

Coales son dos doncellas bellas Que se mueven en naciendo Y aunque ellas no se están viendo lioi miran y juzgan ellas Sentido á todos poniendo ? LAS NJÍIAS DE

LOS

OJOS.


81 Tengo hermosura nti tasa Y con no haber liOmbre i

"Naiie >ie quieK |Bé*o ¿a^. IJ JUSTICIA

.<i)

qalea


JUEGOS

DE PRENDAS* El que no haga lo que yo. l^owsisTF en que el que ponga el juego \o haga con dÍMinulo, y mirando como á otro lado, con negli» gencia para no Kamar la atención, y cuando coni>ce que están mas descuydados, principia el juego diciendo: el que no ht4gu lo que yo , tonto será Y P'^<'*'*'í^-Í •*• mismo toma un abanico, alímsíero ó cosa tal y con ia mano izquierda hace una cruz ú otra figura «n el muslo ó falda, y pasándolo a la mano derecha , lo entrega con esta al sugeto del lado que le corresponde. Si este ú otros no nan estado con cuidado y reparado que hizo la señal con una mano, y lo eutrega con la otra, ó lo hace


todo can- una misraa, se le hace pagar prenda; si pregunta ¿porqué? se le responde que se le dirá á su tiempo : y asi que se le hace pagar á todo el que no hubiere reparado en esta corta diferencia. También al tiempo de hacer la señal se suele poner una pierna sobre otra , como que está cansado ; y otros delien hacer lo roiamo, y sino pagan. En fin se pueden diferenciar de hacer acción como al tiempo de darlo, rascarse la cabesa, ponerse 1« mano en el pecho ó en la faltriquera etc, que son movimientos naturales y el que no está en ello, no repara y paga. También se suelen tomar unas tigeras y st ponen en cruz, esto es abiertas; y al tiempo de entregar» las se dice k Vmd. entrego esas ttgeras con las piernas cruzoditas. £l qne las recibe las entrega de la n)is« ma manera, y dice lo mismo, y se le hace p^ar prenda y es que cree que las piernas cruzaditas hacen rela^ eion á las tigeras, y no hace reparo que el que lo dice tiene cruzadas la^


84 piernas cuaníío las da , y solo por casualiHad aunque el no lo sepa, si las tiene cruzadas no pagara.

DEL A.lilLLO. JL ARA este juego toraa el presidente un anillo , una moneda ó cosa semejante, j haciendo que los jugadores pongan las dos manos juntas, él asimismo las pone llevando eh' medio de ellas la moneda ó anillo: y. hace la acción de dejarla caer, y en efecto en alguno lo hace efectivamente. Ya dada la vuelta, se siente y pre» gunta k cualquiera de la rueda ¿ quien tiene el anillo ? Este nombra al que le parcde lo podrá tener : si acierta, toioa el anillo, y el lo reparte otra vez dejándolo en poder de uno de los jugadOTes;^ y hace la pregunta k otro, y asi va continuando el juego. Si' no acierta ^ paga . prenda, y aquel < á quien nombró pasa á decir quien te parece que lo-tiene. Sr no acierta paga prenda; y ei que fue


85 nombratlo tiene que decir ó itonf brar á otro; y asi en adelante hasta que se acierte con el anillo.

LOS DESPROPÓSITOS. lljSTK juego podra entretener dos ó tres ruedas para diferenciar ; eu este no «e'pagan prendas y la diterencia consiste en lo adecuado que suelen: salir las . respuestas que solo la casualidad ha combinado, bien que si los jugadores son advertidos podcan contribuir mucho á que salgan bien haciendo ciertas preguntas que necesaríajpente no, jtienen,,. gira respuesta que lo que ellos esperan, para concordar con la pregunta que se les hizo. Est» se ejeouta de este modo: El que Ueva el juego pregunU al oído del que tiene á la derecha, ¿paraque será buena tal oosa ? el otro le responde lo que le parece; y sigue haciendo otra pregunta al qiie le sigue, y este le responde ; y prosigue asi la rueda hasta que lloga al


86 ^ e puso el juego; enlónócs áké «n alto : d Señor me preguntó (por el de su izquierda) paraque es buena tal cosa, y el señor me res» ponde (por el de su derecha) que patfa: lU eob». /Eia efecto 4,: cotfio la respuesta que se aplica á la pregunta era de otra cosa distinta, salen unos despropósitos gartafeles , periv entre ellos suelen salir asiaaisma alguuos graciosos j concertados^ y es lo qu« mas dÍTÍerte. Se pueden dar dos ó tres vueltas, o las que se quieren y luego pasan a otro juego.

DE LAS ESQUINAS. IAMMEIT es este juego de ejercicio y bueno para aplacar el frió: para jugar se poneu en una sala rande diez, doce ó mas personas de istancia en distancia proporcionada á no estar demasiado juntos, porque entonces no habria diversión y seria difícil que el que se hallase en mCí*

S


9^ h a d X b e r son tr** o cuatro pwo. de unos á otros. i i„:„^n« Señalados los puestos y colocado; de pie en ellos, uno que salga, ^M suerte, ó que voluntariamepte sejon^ ga al i n X , pide, fuego vahe^á^q de estas palabras: ¿ TecinaJmr «««• 3^¿¿TtoSos responden: Mía humea y en este tiempo todos mudan de Uir L r c o n prontitud, y el qw« «*^» ^^ S ^ ¿ procura colocarse en alguno STaquellos puesto» que desamparan r ' e n V g . n d í a lograrlo, e q ^ ^ L e d e sin sitio paga prenda, v ^ Jone en medio y asi se repite hasta que acomode.

DEL COMPADEE. :

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dente principia-á pon«« el jqego ^V ciendofque W d e repetid lo qiHí,4iS* eín U diferencia, que a los hombrea .e les dice compadre v a > , .«lugcre» «omadre; y que si lo cam-


88 ÍSüasen sin reparar , pagarán prehdái AsimUiÁo la pagarán sino hicieren reparo en las faltaa que cada «nal haya hechd , f que tiene señabdas tovi ún pedacíto de papel .pue&to en la cara. Advertidos de estas"cireun»* tanéias, sigtid dé esta maiwnii por el de iu derecha. • . Gdmpadre dicte mi comadre!, (»ena« lando al de la isqilierda») i^tset-^i tres^ dos, y uno es todo uno< y aú sigue la vuelta: si alg^itoo se equivpcase,!y digese Compadre á ta mQgerv y «ornar dre al hombre^ á nías de pagar pren» da, se pondrá un pedacito de papel >egado ctín su propia saliva v ya eqi a frente, carrillos, narices etc, com» sea en la cara: y en este caso el que habla añade á la palabra compadre ó comadre Ib dts'^a^' Vfez, ^arcado y si fuesen dos, dos, ó el numero que fuese: y si se olvida, pagará prenda y s^'pondrá dtra sehaí. También pertAerá si ai' que no estft «enfilado le pombra unb d dos veces iqaccado. > ;'Á la s^unda vuelta'/y ^n las demas que jueguen, el' que lleva- «1 i^ego Ta añadiendo Dumtros salteado»

{


89 tada tvz difefentes ;' pero, siempv^ acabando con. ¿ tres , .dos y uno ^ todo uno? Y esto hafoeiqne si Uta, nombra un poco de priesa como cada Vuelta muda, los bace, caer en faltad y que paguen prenda.

EL DEL GATOé

Es46TE juego se ejecuta en. pie, fpí* ttiaado: rueda dados: de ia^-^inatios .y uno ( á quien toque la suerte) se ta» -pá los ojo» coa un paüueio, de soerie que ho pueda ver nada^y puesto •en mbdio ma^a que ande, la rueda y asi iBÍámo que par«;;,en esta dis)^posioioD toma un bastón, caña ú otra cosa sewejantey se inclina hada un» -de la-ruólauponiendo el .bastón tendido ; e( que> esté enfcenAe. tomadla punta « y la lleva .hjiciai al oído y el de en medio hacia la boca, y dice: miau el otro le corresponde diciendo miau:, pero contrahaciendo la voz, y el que está tapado ha de conocer ó acertar por ella quien es


él áageto nombrándolo en atto; «i aeaso lo faese, se tapa el que fué ¿oiiocido^ quedando en lugar «leí otro, y después de haber pagado prenda, áho acertó con quien era, se dice no es ese, ande la rueda; vuelve á mandar parar, repite el miau; y lo puede hacer hasta tres veces con el roismp, istigeto; y SitaQ' tt parece ue lo conoce sin nombrarlo; puede irigir el bastón hacia a otro, que d^i^e tomsr él bastón, j responder de la misma suerte, que 9e lleva di< düo: el que e^tá en medio puede cada tjna de las tres veces que de» be repetir el maullo con el mismo BUgelOt redoblaren cada una el mau» Iko: esto ev'deeir miau, miatet miauy T el que le responda ><ba de repetirlo «teísmo la$: veces que sean. Esté fOego es muy- gracioso y d>< vertido, my solo p«ra el qué lo jue> ga sino para el que lo ve jugar.

3


DEL SOMBRERO.

D

ESPUEs de colocados en rueda los jugadores, se tomarán dos sombreros, «1 uüo lo Uxoa el ptesidentet j el otro se lo da<á uno de loe del )uet> go, advirtiéndple que ouaudo é^ lo tenga puesto; el otro lo bu d« tener quitad» é cuando el Presidente seur lÁdo, el de pié, y cuando aquel de pie > el sentado. Si á un mamo tiempo se halli^ei» .uno y otro cubiertos ó descubiefftot^ sentados ó eú pié> pitgá pr«ada».y ps^.el Presidente á dar'«1 sombrera a otro. £1 Pnsidepté ha de ser muy vivo, •y emprender: lina conversación , á 1» que ha de contestar el otro ptecif» sámente; de-manera que eá raro ti que deja de pagar prenda. Para este caso será bueno advertir se tomen algunos sombreros chicos, por ser nías fáciles de manejai!; y asimismo porque ios grandes se


9^ estropearían demasiado, .si unos mi»* mos durasen todo el juego.

LAS LLAVES* I ARA este juego se necesita habev bastante reunión. Se formará una rué* da de los coacurrentesyM pondrá uno en medio de ella, yendados lo ojos j dirá ande la rueda: tendrá dos HaTes atadas j cuando quiere mandará parar la rueda, y echará el manojo dé las dos llaves a- los pies de -alguno de la rueda: el que tenga mas cerca las llaves debe cogerlas y aponerse dentro lo rueda oon el que está vendado de ojos: este debe mirar si puede cojera! qué tiene dentro la rueda para á su : ves vendarle los ojos y hacerle poner en medio de la rueda: el que tiene las llaves ha de ponerse a derecha é izquierda pegando llave contra llave ~á fin de que el que está "vendado de los ojos pueda acertar donrie y como podrá oojer á su' contrario: esto es lo


95 que hace divertido el juego, pues k y cees se está bastante tiempo hasta ct>> jer el que tiene las llaves , y en algunas tertulias debe decir el nomBre de aquel que han cojido -, sino lo conoce vuelve k aniar la rueda.

LÁ ESTATl i . lliSTe Ijuego proc6d6 ! dé una prenda que se hace pagar & alguno; f «s sentenciado para recobrarla 4 hacer la Estatua: se pone encima de lina siHa«' mesa , etc. y van pasando los del juego I, el .uno-, le. manda! representar la /''ama, el otro e\ Dios Momo, otro Marte y y en fin vai'ias figuras que se ofrecerán á la ima'* ginacion de los concurrentes.

LA CANDELA. HisTE juego es muy gracioso y divertido: se forma la reuuiou en ruer


f)4

¿a: el presidente coje una IUTC st et de ootDoda mejor, pues requiere que sea pequeña; en medie de ella se pondrá una candela de una pulgada y media de alto, se enciende, se pone el estremo de la Uave ea I<i noca, y el que se sigue ha de recibirla del presidente por el estreino opuesto .-C(}t\' U boca.y;asi debe pasar sucesivamente por toaos los concurrentes. ••' La varteidad'de visajes al recibir }a llinre con la boca, y al mismo tierapo el miedo de apagar la candela, j las ttsas que produce el verlos cara it cara al acto de recibir la HaYe bace apagar la candela» y d« cortáigiente el que incurre «a esto debe pagar presda.

LA FUENTE. JCJSTE juego es muy precioso si se hace con prontitud y ligereza. Se formaré una rueda de los dscunstantcs <le la tertulia y pueden estar sen«


9^ tados: el que hace de presidente empezará el juego diciendo de este modo : £sa . redonda e$ la. Juente, h que corre es agua, yo lavaré mis trapos con gusto jr gana y si no tengo jabón n^e valdré dé este piion: il decir esto pega un» palmada k 4: la rddiUa. del.iqiie está á su d^re^ ehit, este responderá ^j=^ £1 pre> si«t«lite de que .te quejas, te tirfiré las. or^WsaRespomito el otro ^ué dices s=El presidente fe tiraré las narieesi eoiDo cuando el presidente .^ice ta tiraré las orejas le coje y» d« ella, y QUaudo diee te tiraré las narices ha* ce io 'miftma «QB Ja «laoo izquierda, ^ al propio tiempo «1 que 4|i49da coi^ lido hace lo roismo c^a 4(' ^ su. Udo; asi todos vaD q u ^ f l o atados y forman una cadena Q poskioa de hrazos qm oausa risa, y el que incurre en aigijuta falta al acto de decir las palabras para cojer las orejas y narices al de su lado, paga prenda.


96

EL CASCABEL MUDO, • Hit presídeme ó el que ponga el juego toma an pañuelo y pone en el siete Cascabeles, el UÑO d« eUoS' sin grano dentro > y puesjio» todos los' concurrehtes en rpeda echará el pre* sidente seis cascabeles en el pnña&'lo, y se quedará con el ' mudo * en la mano y dirá á la reunión que un cascabel-ha venido de Argel á España té^ét si una ttama le enamora y pide iioencta para ¡entrar a la rea-' nicn: responderán todos, qué pide e l eascábeli» Que le dei» cuartel, coiites-. ta el presidente sas Que lé busque él. := Pues si «ste es vuestro gusto á ninguno la acción coja de susto. Enseña entonces el presidente el cascabel , y empieza el juego por »u derecha y dice: este es ,el cascabel que viene de Argel = Preguntan que quic? re t\ cascabel ?=Que le <íeis cuartel = Que le busque él. = Allá va á la veutura por si acaso se enamora


<)7

«le tu hermosura. =Ech<T el casca* bel en el pañuelo el presidente, entre los otros, removiéndolos de suerte que suenen , y presenta' el pañuelo al de su derecha para qne coja uno, Sacando aquel que le señala para Ver si es el mudo, y de no serlo le hará pagar prenda; y de este mo" do iri p asando el cascabel y pañuelo de uno á otro; usando de las mismas preguntas y respiK«las has-* ta rematar la rueda en el que pre* side ó 'ha empezado el j u ^ ^ , él que no deberá pagar prenda aunque no haya acertado con el cascabel muda. EiUe juego pa«de repetirse dos ó tres vaeltaf á !« rueda añadiendo algunas otras palabras á las preguntas que ya se tienen insiuuadas.. NOTA.

' iUA.irDO se hayan oooclnido los juegos (ó el juego)» principiará el que haga de presidente á distribuir las prendas, las pondrá en un pañuelo y las irá sacando una por una, y a 7


9» medida que vayan salieudo preguntará: üe quién es esta prenda'í A esta pregunta responde el que se cree ser su dueño :y le impondrá la penitencia el presidente 6 la señora que fuese preguntada por este^ la pena que debe íotipoDerse ¿ aquel para res* catar su ppciuda; Esta regla SQ guardara al salit-l|^ pcimera prñida, á las dem^s coBiaMifi» al^ajPnMiMBSMlua. Las penas deberáa ser sencillas y al pro^ pitf tieaapo; que los sentenciados puc^ dan cumplidlas oon prontitud. ,, Cuaiwo. recaiga una. sentencia que l4«J>"P^ |VI9lpóo|;a-:f>ara la. prenda que s a ^ - , (pve^ este debela ser f»-éci$a* mente «t i^ue. acaba de cumplir con |a auyat 4 «^ que impotidrái i* pena al; que ¡60 . sigue)- y.i«#a 4le difícil eje» Gucion ó indecorosa al bello secso, el señor presidente deberá conmutarla con otra mas análoga a las señoras. £ n fíu se procurará que nada se apar\» d«> la buena moral«y buenas costumbres, y que reine la urbanidad y Sencillez.


99

HUECOS

DE I¥AIPES* PONER A UN NUMERO LíMt* todo dt naipes, el qt» otro tenga ^n- su /tiente. L ktLÁ: hacer este juego se dirá qu« barajenV y tosté uno ea stt sn^nioria una carta, 7 vea á «tMoCos timpes U halla en la baraja, empezando i con' tar desde el primero de abajo j $« ejecutará vuelto de espaldas para que no se perciba el que se toma, y hecho se pedirá la baraja para bus* car en ella su naipe, «ocaf^odo segunda vez, no se olviden del nair q u e se tomó en la mente, ni de cuantos naipes estaba en la baraja; ahora se volverá la espalda, y sacando el primer naipe de abajo^


lOO

se pondrá en el suelo boca arriba, Ilaraáudole (sin qne nadie lo oiga) uno, y sacando el que sigue, se pondrá sobre el primero también boca arriba llamándole dos, y así se irán sacando, nombrando y poniendo uno sobre' otro hasta cuarenta: hecho esto se toma la baraja y se vuelve á entregar diciendo que ya se ha hallado el naipe por señas que se hallará ¿ cuarenta naipes, advirtiendo que al ir á contar para hallarlo, se ha de preguntar á cuantos naipes dijo que estaba, y si v. g. dice, que á oácé, se le dirá que llame once al primer naipe de la baraja (contando por el pintado de ellos) al se{;unda doce, al tercero treos iiasta os cuarenta, y el que ie corresponda ser dicho número, lo pondrá sobre la mesa para que diga como se llania, que entonces lo volverá, y todos verán ser cierto.


lor PJRJ HJCER QUE EL NJYPE que otro tenga en su faltriquera se le convierta en un ratón. HiSTc juego se hará del modoi siguiente: el que hace el juego cortará bastantes naipes en cuadro, de* jando las orillas enteras, para que sacando lo del medio con todos los marcos linos sobre otros por las esquinas; luego pegará un naipe entero sobre estos y vendrá á quedar la baraja al parecer entera, pero hueca: hecho esto caerá. un ratoncito^, que le tendrá otra persona por el cerviquiUo, iQÍéntras le da dos ó tres puntadas con aguja, y se da en el noci' co paraque no muerda; este lo Herrará en -un pañuelo , y cuando quiera bacer el ju^o ocultará la baraja buena, para que sacando la hueca, se meta el ratón dentro, y abajo seis naipes, paraque lo sostengan, y vaya sacanao naipes de abajo ecbandc «no en cada bolsillo de distintas per souas, y en una se deja caer el ra-


I OÍ

ton, metiendo la baraja en el, para qae no le vea caer, y si se naec con los brazos desnudos será mejor, para que no sospechen cosa alguna: luego se sentara é irá pidiendo el naipe á cada uno para que poniéndolo ellos encima de la mesa, diga que va á mandar que cante una Sota, qiM represente al^in Eey, Ó bien qae relinche algún caoftHo 4s I« que le parezca, y verá d susto qoé t^ cibe el que tiene el Ratón al quererlo sacar, con qve haciéndole que vuelva el bolsillo lo de adentro á fueria, M^a y emante, y Mno lo cogen ó pisan les dirá no tfeogan euidado que no hará daño, ponfietiek' ne que ayunar basta morvf^ éiñéatras anda la balk i M iraton, tiene tiemp6 ^ cambiar de barajas. PJSAÍi SOBRE UNA BJJiCJ VN tu> tres caballeros, y tres damas^ *in que en un lado ni en otro huya dos caballergs con una dama.

E!t que haga d juego

pondrá


to3 kt« la mesa tres Caballos con tre$ Sotas del mismo palo de los Caballos, d dos de oros para que airva de barr ca, y el resto de la bara)a eo una hilera por lo largo de la mesa á mo< do de rio. Hecho esto dirá, que como les parece que aquellas familias se pasarán unos k otros (por no estar pronto el barquero) no pudiendo caber en dicha barca roas de dos sugetoSf coa la circunstancia, quejamás «e hayan de hallar á un lado, ni á otro mas hombres, que mugeres, sino al contrario; ó tantas mugeres como hombres, ó solos los homllres, y solas las mugeres. Esto propuesto habrá alguno que lo «mprékiaa y no lo consigue porque aun esplicánaolo es difícil compreenderlo, cuanto mas el quererlo hacer cono tenga cuidado el que propone el juego de estar á los quites en las erratas de los qa« lo quieran hacer, y él lo pwed* «j^cutar, véase el modo de hacerlo. Embarca dos mugeres, y pasando «I rio, deja al otro lado una; vuelve acá con la otra, y embarca la otra dejándola allá; vuelve c«n la


io4 que sirve de barquero y se la deja con su querido; se embanra ios dos galanes, y se pasan allá con sus da< mas; se embarca Dama y Gaian y »e traen acá; llévase los dos galanes á donde está marido y niiiger: se embarca la muger y se trae donde están los dos: se embarca otra con ella y se pasan con sus maridos: se trae el que está sin dama y «e le llevará consigo, donde están ios dos, y se hallarán pasados sin haber faltado á lo propuesto, ni haber venido la barca sola. • •

.

.

SJCjáR DE LA FALTRIQUERA de uno de los circunstantes [temendo ia. barafa en. eikt) tos naipes qu^ otro», hayan visto antes. HiSTE juego se hace del modo úguiente: el que lo haga barajará bien paca que dando á que saquen un naipe, y le vean, mande ponerlo (habiendo él alzado por la guia) sobre ia parte que no alzó; luego pon»


io5

árá la parte qué ha alzado sobre,el naipe que acaban de poner, y estark la guia encima de su naipe y la baraja junU: hecho esto, volverá i barajar, pero sin mezclarlas, cuyo modo se tlam* vulgarmente, el barajar de Juan de la Enema que es sacar los naipes de abajo y ponerlos encima, y dando que alzen, alzará él el último, pero por la guia, ponieudo la parte de baraja>qttcno alza, sobre la que ha alzado, como es costumbre, y vendrá á estar el que ellos vieron encima de todos, y la guia abajo: ahora se meterá el que quiera la baraja én un bobillo, para sacar de él el naipe que han visto, «nsoñájidoles antes la mauo, dando á entender que no la lleva empalmada, ú oculto en ella, y hecho sacará el de arriba preguntando como se llama su naipe; íy asi que lo diga responderá esíe es, volviéndole boca arriba, paraque vean ser cierto: y si hubiese que sacar mas naipes, que otros habrán vista^ les dará al último que puso el naipe en la baraja, el primero de arriba, al segundo el pentdtimo,


io6 y por este orden los demás; advirtien» do, que al,poner cada uñoso naipe en la baraja, pondrá el de guia en< cima y barajará para que Tolviendo i alzar por él, haga lo propio eon los otros , y Tengan á quedar juntos los que sacaron. Pjáñi^ CONOCER ¥ NOMBRJR todos los naipies por el tocto aunque sea con los ojos vendados. HiSTB juego se hace del modo si» ^iente: habiendo el que hace el juego barajado bien sia mezdarios y alzado el último de tudos por «1 as de (HTos sí puede ser ci ñas cree idoe heel|o esto hará como «|ue tienta el de abajo, paraque ettfiendap los 4»* noce por lo pintado, nombrando el naipe que va á sacar jmtes de dfS* cubrirle, y aun de desuñare de la baraja, y como este es el as de oros dirá: allá vá tal carta , y como sigue luego el cuatro de copas, bará lo mismo con ¿1, luego el si*'


te de espadas, después el rey de bastos con su tres, porque como llevo dicho.» á lo* ' e y « sigüwne ÍP* tntes de su propio Uo«g«, y asi Iwri oon todos, aunque le hayan vendado los ojos como sea después de haber él aUado por la gw», y habiendo puesto la parte qqe »o *Uó sobre U %4e habla alza*o» coí^o «» natural en caalesquier juego de naipes aunqj«e no se» -d^ mano?.


\o9

PROVERBIOS. A boenaí voluntad, no falta facultad. AI buril criado no le falta amo. Ck}sa mal guardada, de ladrones bien robada. Al que le digas tus secretos, le vendes la libertad. Al que Dios quiere castigar, le quita el seso. AI que ha de dar no le bastan cien ojos, y al que ba de recibir le bastan dos. Al que le &lta ventura, arte procura. La agua lejana no apaga el fuego vecino. Al humo, al agua y al f u ^ o , se le bace lugar luego. Soldado, agua, y fuego, se hacen lugar luego. Alguno padece por necesidad, pero el rico avaro por voluntad. A nn ciego mal poede enseùårsele el camino.


log A hombre gordo, camisa larga. A. Golardo le gustaba tanto la salsa verde, que después comía todas viandas con hierba. Ama á quien te ama, y responde -a quien te inflama. Al amigo de tu vino no lo quieras por vecino. . ; El amor no admite consejos. £l amor quema mas que cien fuegos. Quien asno oiee^ asno muere.. Quien bien cena, bien duerme. Quien bien ama, bieo castiga. Quien beneficio hace', beneficio espere. ^ Quien cae etí pobreza, pierde ios amigos.. I i : Quien juega de burlas, pierde de ve•

r«s.

A buey dado no le mires el pelo. A lo hedió ; no hay remedio. La alegría del triste poco dura. A largo camino se conoce el hombre. Amigo con t odos y fiel coa ninguno. £1 amor reina sin ley. £1 amor quiere hechos y no paU« bras.


I lo

El atiaor quiere ley, y el asno ÉÍ , palo. ' Bando de pueblo dura «n día. La barba bien mojada es medio afeitada. Los bienes de fortuna pasan como f» lunaPobreza no tiene parientes. Quien eaota «I viernes, Hora el domingo. £1 que compra un Magistrado, es j fuetea qué' venda la justicia. Quien eoá perros duerme <con pulgas { • se levantfe. Quien cuenta sin Dios, no sabe aritraetiea;: Al que Dios quiere bien, le envia penas; i £1 que és pobre no tiene amigos ni •parientcsi Quien ett la cárcel está encerrado, de los parientes y amigos es abandonado. Bien vengas mal si vienes solo. La hermosura es como la flor que nace y presto muere. A buen apetito no es menester salsa. £1 buen trigo hace el buen paué


III

Cabeza grande, cerebro flaco. Canta la rana que no tiene pelo ni lana. Carne hace carne, vino bace sangre, y el pan mantiene. Quien á la guerra muchas veces va, ó deja la piel 6 la dejará. Quien bien duerme j no siente las pulgas. ' Uu desorden hace un orden. Un canasto)rdeubas no .hace vendimia- : Uno; hac« nMil á ciento, r Uno hace el pecado, f Otro paga la - penitencia., Un diablo conoce á otro. Un día blo : t^za ¿ :oti!9j ¡jt! &tt»njta á todos. : : Uü bueh contf«jo nó se puede pagaf. Un barbero hace la barba á otto. Un asBp^de lieinte años «s mas viejo que un hombre de setenta.. Un buen ak'repeutimieiito rtunCa.vieAe tarde» Un )>Men amigo no se. puede pagar. Un. bien trae otro. Un buen sereno no dura siempre en el cielo.


1 12

Un buen huif salva la vida. Una onza de favor vale mas que una libra de justicia. Quien á hierro mata, á hierro muere. Quien mucho abraza, poco aprieta: Agrillas eran, que dijo ia Zorra. Agudo como punta de colchón. Ahora vengas, ahora no vengas. No hay atajo sin trabajo. La cabra siempre tira al monte. Muchas candelillas hacen un cirio pascual. Tantas veces va el cántaro á la fuente, que al fin se quiebra. Cobra ijuena fama, y échate á dormir. Mas vale buena fama que cama dorada. Todo se S£(be, hasta lo de la callejuela. Gada uno puede hacer de su capa ^^ sayo. Quien ha de echar el cascabel al gato? Asno muerto cebada al rabo. No hay mas cera que la que arde. Esto es tan imposible como dar una palmada en el cielo. Aqui te cogió, y aquí te mató.


ii3

Quien no te conoce, que te coropre. Es tan conocido como la ruda. La mucha conversación es cai^sa de menosprecio. De corsario á corsario no se pierde fiiuo los barriles. Cuenta y razón sustenta amistad. No hajr hombre cuerdo á caballo. Sobre cuernos penitencia. J)el cüeiro salen las correas. Cria cuervos, y t* sacaráii los ojos, Mas vale ün toma que dos te daré, 4ndar en d^res y tomares. Parece al perro de Juan de Meca, que antes que se le dé se queja, Lo que no. hemos de comer 4ejémoBt lo cocer. No me dejan á sol ni á sombra. Hay muchos diablos que se pairéaei); unos á otros. Apdar en ^ime» y diretes. Cuando el lobo da en la dula, qa»j. de quien no tiene mas que trna. No hay para untar vm diente. Priii^eFO es la carne que la camisa^ A bu«n entendedor, ppcas palahi^^is^ Gato «ftoaldado del agua fría huye. Donde fifego se hace, humo sale, 8


1.4

Bascar cinco pies al gato. De noche lodo* los gatos son paudos. Gobierna tu boca según tu bolsa. Sobre gustos no hay. disputas. A bttleiia gana no hay pan «luro. A rio revuelto ganancia de pescadores. Donde hay gana, hay maña. A padre ganador, hijo gastador. Hablar a tontas v k locas. Mas vale batn «dkir <pw 4aMl hablar. Par al diabla el hato y el gmtain^. Q«ien leo ama hermosa le parece. No hay xbtri, sin hieU Cíi^a t«i hija como pudieres, y tu hiJ6 Cfmao/quisiefes. l ^ iilÍstiao;«s á cuestas que á hombros. La hAmbae echa el loba «lei 'Monte. £1 h ^ t « ói»|^aQ% «L «ionge. Éa casa del herrero cuchillo de palo. Ttu de ktt años viene «1 jtticio. ^egos, de «anos , ii«egos de villanos. U\Mk «laao. hura la otra y ao^ás la cara. QHÍM li^ffua tiene k Bem» va^v Sillcide llamas; y xaer en bratae.^: Q , « ^ con lobos anda & ahuHar-ae eÓÉsfia». .' •


Tl5

Del árbol caído todos hacen lefias Quien compra y miente en bolsa lo siente. Kene» nia\ adquiridos á nadie bau enriquecido, ninguno puede decir d« esta agua no brfjeré. "L» noche ts nndre d« peeadMtíi. La ocasión hace el ladrón. Qoien cuUa'otorga. Las paurcMkft tieimt oidóM Vemos ía paja en o^o agetra, f ho la viga de lugar en el nuestro^ Quien no se aventura no pasa el tnar. Perro ladrador nunca buen motdedor. Quien í(6 .^íca" ajos come. Quien pooó' tiene, poico teme^ Por dinero baila* el yélroí Sanan llagas y no m^as palabras» Quién fow> lo quiere, todo lo^ pierde. Quien qtiiéfíf'bfeu á Beitran, bien quiere k su can. El come» y el nwciat' todo «» íinpezarv Cada uno para st^ ZKos para todos, X>«l^ 1 ^ 0 al hecho hay gran trecho. Ko liay caballo por bueno que sea qne no tropiece.


ti6

En tierr» de ciegos ei tuerto es rej. Mo todas .jas -verdades son para dichas. *• Esto «^Cediera en la semana que no tnága viernes. Del agmaJ^oÉiátt» ^9> V^^ IMba, que de la brava me guardaré vo. No hay peor sordo que di que no quiere oir> .^^ .: Do hay mal qtM oer-bioaifld vengs. Cada uno sabe donde le apriec» el xapato.

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COLECCIO]^

DE POESÍAS. DÉCIMAS. caéib «tlVo jcijiubrabi . A mut d«BM á qttien quétrU.Cita ana Mona téHia,' Q M Menú al cairo miraba : CéaHdé eoaocki que estaba En biíMÉá^-'d^KiMatM'^.' -''''"'" Se detpreaftd ^ ^ Ikaléim;' T con mucia Mgttwi, '' V» «ÉJIÓ nano i te eabeaa, TMI-^4MHMM «a ndon.

SI boMbn <|IMA¿ ain áiio La MtUtvm féiMiMa La Mona te|oo^iaa De ver el triste celvino: Jtm el batfion áe im vecino (Qon U peluca subió,


Ii9 Y cuando el pobre la vio, Hecba toda un estropajo Se fui por la calle abajo Y nunca mas pareció. CAIVCION A LA ATJSENCU. Cual caminante qne en la noche oscura Perdió el canino, y con ««barde» pasos Basca la senda por el monte soto , Temiendo los peligros j fracasos, Que en tal parage el n^iedo le fignra , Por ser estancia que no registró Apolo; £n todo jozga riesgo, en todp dolo : Las matas salteadores le parecen , Si el viento mneve las meiíadas hojas. Se llena de congojas .* Negras sombras le asustan y estremecen.Los roncos cantos de a.'m agoreras Por annncio los tiene de su mnertes Creyendo qne una fiera devorante Se le pone furiosa ya delante: O que una sima da fin á su suerte: Asi cuanto imagina , juzga veras : Asi el ausente, entre aprehensiones fieras , Padece mas tormento y mas cuidado , Que el triste que se balió descaránado,


"9 Todo el tiempo qne fivimos A la lUBecte eamlBamo» ; Por atajos , si dortnim*», Por rodeos, si velamos. GLOSA.. Feudatarios de la muerte Somos desde el primer paso 1 entre el oriente y ocaso De nuestra vida se adtierte Poca distancia : de saerte Q«e aunque la luz recibimos Dolor 7 pena sentimos Vaticinando con Uanko Ser un continuo qu«br*nta Todo el tiempo que vivimos. Empezamos como el dia Nuestra ÍQrsosa jomada Qne ya larga ya abreviada , Hacia el sepulcro nos guia : Sigúese la noche fría , Y si es que el camino erramos Y en caer principio damos Por el tiempo que perdimos Cuanto ous uos coufuadimot


120 Zi4 la muerte caminamos. Si adormecidas paiioiKS nos dejan en quieta calma Podrá consolarse el aiina Con burlar las ocasiones.AI SDcño en las aflicciones Gastosos le recibimos, T en lo mismo que perdimos De vida, nos lisongeanas , Que á la posada Uegamba- v Tor atajos ^ ü dormimos. Es el tiempo el conduetoi' Que al eterno alojamiento Not eDcamioa violento A impnlto* At su rigor : £ s continuo tM-oedor Cuando ds qnietud goiamoa Y cuando abrojos pisAmos Mos obltgií- á nwnuaar •y al fin nos hace llegar por rodeot, ti velamout


'lai'

Amo 7 caUo con ul trie Que yo solo s« mi pena Porque á calUr me condena £1 recelo de enojarte. GLOSA. Es el at-te del amor De condioion tan Mverai..: Que bailarse apenas padiera Una regla en;**. Éi^ar •• lio está «I arte en el fervor Que á loi sentidos reparte, Antea callar, ea la parlé Mas noble-de meMeer ; Y yo porqiw ti qtaeter . Aato r callo con tal ane» Decirle i AíninM mi f¿ Fuera eatadfHatravimieDto Que no ha de saber «I viehto Secreta que solo sé: De la estrella kiflnjo fué Un rigor que en mi se estrena Mas también el alma llena D« silencio y de pasión Podrá decir coa razón


tai Que yo solo té mi pena. Querer para ser querido Es querer por interés T qaerer por querer es Noble afecto bien nacide : Yo quisiera aborrecido Que de olvidar me enagena Firme apacible cadena Que mi dicha eskbond Desdicha ya , dieha no Porque d «aliar me condena. Por Tcrte Amiiita me muero T aunque Oen rerta , no TÍTO , Parte de n i bien «strivo En ese bien lisongero: Bien mi desTentura infiero Sino muero de adorarte , Vivo 6 maerto soto k «marte Aspira mi pensamiento T solo turba mi aliento El reeelo de enejarte. RECETA CONTRd LA HIPOCONDRÍA. Vida honesta f arreada Hacer mvj pocos remedios Y poner todos lot medias


123 De no altefarse por nidt: La comida moderad^ Ejercicio y divenion: rifo tener aprehensión Salir al campo algún ralo Poco encierro , mucko trato Y cóotinna ocupackiA. ' VERDADERO RETRATO DE LA CALLE de san Antón de Madrid. Petrúi , borricoa y machos, Viejea horribles y eternas Bodegoncillos , tabernas, T saciedad do nnohacfaos ; Gran. námcro d* borraehoa Juramentos y dúpotns^ Cascaras de varias frutas Verduleras y cabreras. Mochos dtiqmUdia «b caeros Y robaneras astutas. EN EL MUNDO HAT JMCB ABUSOS y son los siguientes. Vn sabio que no lo es en sos obras, ^n ticjo sin feligion.


Ía4 ITn i¿vn sin docilidad^ lia rico sia caridad. Una dama sin pudor. Un religioso '• sin crístianismo. Un pobre sin hamiidad^ Un obispo sin cuidados. Un clero sia boea gobierao. Un pueblo sin policía. Un caballero sia valar. Un Monarca sia bondad. PEDIA UNO A DIOS LAS TRES COta* tiguieniet.' Olvido pOc lo. pasado , Paciencia por lo presente . T misericordia por lo veaidaro. SOLILOQUIO AMOROSO DEL PASTOR

ANFRISOa ¿Con que en fin sin Gila Te has quedado Anfriso f ¿ Con que la qne amabas Tan tierno , 7 tan fino Te ha dejado , ingniu I Te ha echado al olrido ?


Si, qu« así lo quiere Mi triste destino i Si, que la desgracia Siempre me ha seguido Pues nací en la choza Bajo inCansto signo. ¿ Qué he de hacer ahora En este conflicto? ¿ Entregarme al llanto ? ¿ Exalar suspiros? ¿ Darme al desconsuelo ? Y entre mil delirios , Rabiar , despecharme , Uar mil ahullidos , Con qne ae estremcacan Todos estos líseot ?No , que nada de - esto Me fuera de aliVio: No pei;mita el cielo En mi Ut. qvfjido. Si Gila me deja Si olvida á su Anfriso Busque yo el coaaaeio £n barer lo mismo. ¿Qué mejor venganta Qué mejor castigo AJ desprecio suyo


ia6 Qnt el desprecio mió? Mi angustia, nal pena. Mi llanto j martirio, Los trofeos fueran De su infiel desvio ; Y la envanecieran A despecho mió. ¿ No hay otras bellezas En estos cortijos f Quizás algnii día £1 cielo propicio Mejorará nn tanto Mi suerte 7 destino, Y hará qne me ria De Gila y sn olvido. Quizás la que ingrata Me ¿^a por Mirt« Volverá algoB 4f» A buscar su Anfriso. Quizás algún dia.... ¿ Mas que et lo qn« digo ? Tfo seáis alagaeños Pensamientos míos Porque desgraciado Se bien qae he naeido La imagen de Gila Qne en bortt divino


Grabó en mi memoria £1 diestro Cupido, Se borre y no quede Siquiera vestigio De una alma que ingrata Burló el amor mió. Aguas del Senelo Dame alado niño , Que en mi hagan de GiU Eterno el olvido. Trocaos afectos Trocaos os pido £1 amor en odio En ceño el cariño. Olvídese á GiU Viva yo traiM|iiUo ¿ Qué se ohride dije t ¿ Qué viva tranquilo ? ¡ A.h I que no es posible Tanto sacrificio: De un rendido amanta Son vanos delirio» Todos los. proyectos Que saben á olvido. Que Gila prendada De Bato 6 de Tirso Pastores galanea


ia8 Amables j ricot, A sns bellas gracias Se hubiese rendido, Tolerable faera Quizá» mi martirio; Mas que on estrangero Un advenedizo Que ignora del todo £1 canto j el sUvo De la honda el mancio De la piedra el tiro; Que en fin e« no pobre, Un desconocido , , Me haya asi robado De Gila el cariño ¡ Ah ! es iaconsolaUa £1 tormento niio« . ¿ £ o qué t« JM A l u d o Gi la , mi cariño ? Placeres honestos Graeioaos «ervicÍM Chistes inocentes Cantos divertidos. Continuos alhagoa Frutos prímeñsos. • . ¿En qué te ba ttlt^do Gila, mi cariño?


TíkQ Te acuerdas ingrata De) día festivo Que en aquel arroyo Celebré contigo Donde merendamos Entre el regocijo Las asadarillas De mi Corderito ? Y del dttice néctar Entre los sorbitos Cantamos acordes Lo firme y lo fino Con alternas voces De nuestros cariños ? i Ah 1 yo bien me acHcrdo ( i Con que ansias lo digo '•) Que bajo la sombra Del >iejo qHCxigo, Que hace de la fuente £t sitio sombrío , Miicfaisimas veces Al suelo tendidos Entre fresca hierba , Al grato sonido Que á la suave flauta Daba el labio mió, Al sueño rendida


13o Con dulces deliquios De amor alhagabas Mis toscos oidos. Y yo , contemplando Una vez, bien mió. Tu hermoso semblante , Tu aseo y ta aliño, Cual águila mira Ai sol hito á hito A Dios elevaba Entre tierno y fino Los ojos del alma, T al ver lo infinita De sus perfeccione» Me anegaé aturdido De tanta hermosura £n el vasto abismo. Rendíle alabanzas ; Y en tono sumiso Le pedi que fuera A mi amor propicio. Volviendo los ojos A mi bien duriuido Mil felicidades Amor me predijoAl fin dispertaste Y el cielo es testigo


T3f

De que nos juramos Eterno cariño. Desde aquel instante ¡ Que hicA nos quisimos i Envidia del prado •Nuestro amor ba sido : Y mientras llegaba De nuestros designios £1 fin , los instantes Parecían siglos. ¡ Cuantas veces , cuantas Los tiernos suspiros De Gila movieron En aquestos riscos Ecos amorosos 1 ¡ Y cuantas los míos ! Con todo , / oh desgracia I Un amor tan fino En tan corlo tiempo Se ha desvanecido. Gila me ba dejado ¡ Me ha dejado y vivo I ; En brazos ágenos La veré tranquilo ? IY be de consolarme En tanto conflicto ? lío, que no hay consuelo


l32 Al despecho mió. Yo rabio , yo muero , Yo me precipito : Sean mi sepulcro Las aguas del. rio Que con sn marmullo Mi delicia han sido. Osos devoradme Tigres , basiliscos. . . Conmigo piadosas Furias del abismo Arrancad del seno La que es... ¿ mas que digo 7 I Yo desesperarme ! Perdonad Dios mió. Perdonad mi jrerro, Sin mi estoy, deliro: Gran Dios I consoladma Dadme algún alÍTÍo.


•i35

ANÉCDOTAS. ANÉCDOTA

ATHENIENSE.

\Js joven de Athénas se hallaba sumamente envanecido con lo hermoso de su rostro; y contemplando un dia con admiración su propia estatua en bronce, se le acercó un filosofo, preguntándole ¿ qué imaginaba podria decirle en favor suyo aquella estatua si hablase, y sobre que punto tendria motivo de alabarle ? Ella pudiera decir, respondió el joven, que es hermosa. ¿Y no te avergüenzas, replicó el tilósofo, de estimarte tanto por un mérito que una masa de cobre puede igualar, y aun esceder ?


i3/í

ANÉCDOTA

PARTICULAR.

JJos amigos que concurrieron al campo a hacer una merienda contó el uno al otro la anécdota siguiente, diciéndole: El año pasado concurrí en el campo con un buen religioso , que tenia mas de ochenta años, y me refirió lo que sigue. Encargáronle ya hace cuarenta años, que ausiliase para morir a un salteador de caminos sen* tenciado á muerte. Se encerró con el reo en una pequeña capilla; y cuando hacia todo su esfuerzo por atraerlo al arrepentimiento de su delito, reparo que este hombre estaba distraído, y apenas le oia. Amigo mío, le dice el religioso ., i piensas tu , que de aqu\ á algunas horas has de presentart e delante el tribunal de Dios. IY como no te da cuidado tocar este importante negocio? Vmd.


i35 tiene razón, padre mió, respondio el paciente; pero yo no puedo apartar de mi imaginación, que consiste en vmd. el salvar yo la vida: y este pensamiento es bastante para distraerme. ¿ Como podría yo hacerlo, dijo el religioso? Y aun cuando estuviese en nii mano, ¿habia de ser yo ocasión de aumentar tus delitos ? Si no le detiene a vmd. mas que eso, respondió el paciente , fie vmd. sobre mi palabra : he visto la muerte demasiado cerca , para que jamas se apodere de mi el deseo de volver á robar. El religioso hizo lo que hubiéramos hecho vmd. y yo en igual ocasión: se compadeció tiernamente. Daba luz a la capilla una ventana, que estaba cerca del techo: y elevada mas de quince pies. Vmd. «o tiene que hacer, aice el reo á su confesor, mas que poner su silla sobre el altar, y subido vmd. en la silla, y yo sobre sus espaldas, podre


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ganar el techo. El religioso se prestó á esta maniobra, volviendo después a sentarse en su silla co' mo antes. AI cabo de tres horas, impaciente el verdugo, Hamo á la puerta, y preguntó al religioso que se habia hecho el reo.'' Es preciso que sea un ángel, respondió íriamente el buen padre, porque á íé de sacerdote aseguro, que se ha marchado por esta ventana. El verdugo, á quien esto no le tenia cuenta, creyó que se burlaba, y fue' á avisar á los jueces: pasaron estos a la capilla, en donde nuestro hombre sentado mostrándoles la ventana, les ase^ guró en conciencia que el ladrón se habia volado por ella, y que ademas él no era guarda suyo. Los magistrados á vista de esta relación, no pudieron conservar 6U gravedad, y deseándole un buen viage al ladrón , «e retiraron. Veinte anos después, pasando este re-iiigioso por los Ardenes, perdió


el camina á boca de noche: preguntóle un labrador que adonde 3ueria ir tan tarde, advirtienole que aquellos caminos eran muy peligrosos; y añadiendo que si queria creerle, le conduciria a una alquería, que no estaba lejos de allí, y que pasaría la noche tranquilamente. El religioso se hallaba perplecs o ; pero se entregó a su guia, no sin temor. Entrando en la alquería dijo el labrador á su muger: Mata prontamente los mejores pollos que hubiere en el gallinero, para regalar á nuestro huésped. Mientras se preparaba la cena, llegaron ocho hijos , a quienes el padre dijo : queridos hijos mios, dad gracias á este buen religioso, porque sino fuera por é l , vosotros no estuvierais en el m u n d o , ni yo tampoco : el me salvó la vida. El religioso trajo a la memoria la fisonomía de aquel hombre; y en efecto reconoció por ella el mismo


138

que había favorecido para escaparse. Padre mió, dijo el labrador, yo be cumplido mi palabra: hice firme proposito de vivir como hombre de bien, y vine á esta alquería, en donde entré á servir al amo, que contento con mi fidelidad y afecto , me dio por esposa su bija íinica, con la cual vivo en paz en el seno de mi familia: disponed de m i , y de mis facultades: yo moriré contento ahora que os he vuelto a hallar, y que puedo manifestaros mi gratitud. El religioso se enterneció vivamente con este feliz acaso; y después de haber permanecido tres dias en la alquer/a, dejó al labrador, dando gracias á Dios por las bendiciones que habia querido derramar sobre este pecador arrepentido.

ANÉCDOTA

DE

RUSIA.

JtiiNTRE los innumerables abusos


f3<)

bajo que la Rusia gemia antiguamente , el tribunal secreto de la cámara estrellada del Norte merece ser citado. Si una persona, aunque fuese la mas considerable del imperio , y reconocida por la de mas consumada probidad, era acusada de alta traición por la malicia del mas Ínfimo esclavo, ó del hombre mas despreciable de la republica , inmediatamente se le cargaba de prisiones, y se confrontaba con el delator: si el acusado negaba el hecho, se ponia en cuestión á aquel; y si sus fuerzas naturales le permitián sufrir el tormento, subsistiendo constante en su aserción , era el acubado puesto en el potro , y después entregado á discreción del delator. K** te tribunal causó tanto horror a Catalina II. cuando entró k reyn a r , que obtuvo de Pedro III lo suprimiese. Es tanta eh el dia la aversión que la Czarina reynanté tiene a toda acusación clandesti-*


14o na, que apenas sus propios ministros se atreven á informarla, aun de asuntos contra su misma persona. Del mismo modo que el Soberano , piensan en Rusia los dispensadores de su autoridad. No na mucho tiempo , que tres oficiales de tropa formaron en Petersbourg el proyecto de presentar un memorial contra el Mariscal Principe de Potemkin Ministro de la guerra: descubrió estas tramas otro oficial del mismo regimiento , é imaginando poder proporcionarse adelantamientos en su carrera, se fué á casa de este Príncipe, y le informó de ellas. Hizo este llamar a los tres oficiales, que se creyeron totalmente perdidos; pero recibiéndolos este Ministro con afabilidad, les manifestó estaba instruido de todo, indicándoles el medio de merecer con honor en la carrera militar; y dirigiéndose después al delator: en cuanto á V., le dijo, en nombre


i4i

de S. M. qaeda despedido del servicio ; pues no conviene que un delator siga llevando un uniforme, sobre el que la menor mancha es muy visible á los ojos de todo el mundo. ANÉCDOTA

PÉRSICA.

v-iuENTA la historia, que el principal Geíe de la dinastía Buyda, dio la Caramania Pérsica á su hermano Alimed , bien que para esto era menester desposeer al Emir Aly que mandaba esta provincia. Aly hombre intrépido, y Sabio en el arte de la guerra, y aun mucho mas en defender sus plazas, después de haber sido batido por Alimed, se retiró a una de las mas fuertes que él poseía, Resuelto ya a mantenerse en ella hasta la ultima hora de sus dias. Alimed lo sitió y atacó con todo vigor; pero habiendo mal combinado el tiempo que necesitaría


I 4*2

para la toma de esta plaza; se vio pronto desprovisto de víveres y casi obligado a desistir de su empresa; llego á saberlo Aly, y en vez de aprovecharse de esta favorable coyuntura para vencer á su enemigo, solo le sirvió esta para dar una prueba de su gran corazón, y ejercer contra toda tegla las leyes mas cabales de hospitalidad , socorriendo todas las noches al ejército, mientras que de día procuraba defenderse de los fuertes ataques de Alimed. Este estraño y admirable proceder sorprendió de tal manera á este ultimo General que no pudo dejar de preguntarle ¿ porqué siendo su enemigo no lo trataba como a. tal ? ¿ y que sino, porque no le dejaba apoderarse de la plaza? De dia, respondió Aly , cuando tu me tratas como enemigo me defiend o , porque seria contrarío á mi honor el no rechazarte. De noche no cometes hostilidad alguna, y


i4^ en este caso me parece estar obligado á tratarte como a estrangero y persona con quien tienen lugar las leyes de hospitalidad. Rar o ejemplo por cierto de moderación y de humanidad, el cual debiera servir de modelo si la política no dictase leyes en contrario , y estas mismas unidas á las de la guerra no hiciesen consentir todo su mérito en vencer sin reparar en el como , olvidando tal vez lo que se debe al hombre que a título de enemigo es tratado como ente de otra especie.

A

NECDOTA.

£ REcuENT\BA un jóven una casa de Milán , en la que iiabia dos Señoritas , a cuyos padres hizo manifestar que tenia determinado casarse con una de ellas ; y habiéndosela negado, creyó consolarse poniendo su inchnacion en la criada, cuya figura, buena conduc-


^^^

ta y carácter le parecieron pro)¡os para hacerle feliz. Resistían os padres del joven prestar su consentimiento , pero convencidos de las buenas cualidades de la muchacha, accedieron y partieron su cariño entre esta y su hijo. La fehcidad y unión que reynaban en la familia, se las turbó y destruyó una {^rave enfermedad, ue acometió a la esposa : los méicos aseguraron que se hallaba en sumo peligro, y con esto se desvelaba mas el amor de los padres y del esposo , y muy particularmente el de la madre, a cual quiso asistir á una operación de ventosas que le habian recetado: pero ¡ que dolor! ¡ que turbación la de esta , suegra cuando vio en las espaldas de aquella {'oven una señal que ella misma labia puesto á su propia hija luego que nació, desde cuyo instante la echo en la casa de espositos! El llanto y los sollozos la

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3

{


anegaban , cuando reconoció á su hija, declarándola tal inmediata^ mente y separando para siempre del trato conyugal a los dos hermanos^ R^SGO

DE

GENEROSIDAD.

IJEREIVGÜELA de Barcelona Reyna de Castilla, unia un mérito superior á una gran hermosura. Hallábase con muy pocas tropas en el castillo de Oceja sitiado por los Moros. En este apuro mandó decir A los generales de ThejuBn, que no podia creer que semejan'^ tes caballeros famosos por su valor y cortesía, pensasen seriamente en formar el sitio de una plaza cuya única defensa era una ma« ger. Esto solo bastó (en un siglo y entre unas gentes que llama-^ mo» barbaras) paraque se levantase el cerco. La única condición que los generales Moros impusieron á la Reyna fué la de que los 10


I /,6

honrase ron su presencia a la dÍ5' tancia que tuviese por convenien' te. En electo Berenguela se presentó en los muros, aumentando su gran belleza con vistosos adornos , y los enemigos desfilaron por delante de ella, celebrando con repetidas aclamaciones sus gracias y hermosura. ANÉCDOTA

DE gero.

VN

VIA~

i^or mi viagero que desde mí infancia tuve inclinación a correr ei mando, conocer su circuito, y adquirir de su superficie aquellas nociones, que en la cortedad de fci vida , constituyen á un hombre de alguna utilidad en el trato con sus semejantes; que le oyen en las asambleas , y los estrados eon admiración, y tal vez con dudas, los trabajos y riesgos k que se sugetan los que tienen e»te genio: deserté muy temprano


de mi casa, si[i medios, sin sa-. her que destino ni rumbo tomar para lograr el fin que me habla propuesto , y abracé el partido de ponerme á page de escoba en un navio Glandes, que salió del puerto de Amsterdam para sus establecimientos en la Asia, Tuvimos próspero viage: me hice lugar con el capitán y pilo* tos , que estrañaban en mis cortos años el empeño de navegar y de instruirme, sin que les cansasen mis frecuentes preguntas para formarme en esta ciencia: corri varios paises, y a mi vuelta k Kuropa, me recomendó el Capi» tan á otro que se dirigia al cabo de Buena Esperanza, y mas adelante , quien me llevo en clase do marinero distinguido, ó pilotin^ porque ya entendia la brújula, lat cartas y la maniobra, y aun Jé debí a mi regreso que al sueldo, estipulado , añadiese gratifícaoiooes que me pa&ieron eit estado


143

de continuar bajo de otro aspecto mi carabana: efectivamente emprendí kt. tercera en un bajel ingles , que después de resistir muchas borrascas, naufragó fatalmente con toda su tripulación mas alia del estrecho de Davis, salvándome solo , desnudo, y miserable en un botecillo, que con las corrientes me llevó á una región desconocida, bajo del Polo Ártico: á mi arribo concurrieron como asombrados muchos de sus naturales, pero como no eotendia su idioma, moví su humanidad con llantos y otras demostraciones, que indicaban mi contratiempo y necesidad de sus amilios: todos los hombres y mugeres eran, bien formados y hermosos, manifestando una sencillez inesplicable, vestidos de pellejos , cuanto podrian cubrir la ifidecencia, desnudos de pies, y piernas: me rodearon y se esforzaron á preguntarme en su len-^


»4Q

ffua, y como no los compreridia, levantaba mis ojos y brazos al cielo: les abrazaba las rodillas, les hada señas de que estaba hambriento, y sin mas abrigo que la camisa en un país tan frió. Casualmente se apareció entre la multitud un anciano barbado r venerable, que me habló en engua batava, y fué para mi un celestial socorro, porque me sir» vio de interprete , y era un hombre que otro contratiempo igual al mío habia muchos años antes arrojado á aquellas playas septen» trionales, de donde jamas quiso salir, y compadecidos todos por su voz de mi suerte , me abrí' garon y alimentaron prodigamen> te al uso del pais, con que se templaron las inquietudes de mi corazón.: pregúnteles si habian visto otros estrangeros , y me respondieron que no. ¿Qué culto s^uian ? y dijeron que por naturaleza a un Supremo criadoc

Í


íBo

áe todo lo ^ e se presentalla á la vista en la tierra, en las aguasa y en los cilelos, porque todo le» parecía sobrenatural y maravillo* so y (jue deseaban conocerle, por» que no tenían quien se lo en-« señase; fie que inferí que podian salvarse por el bautismo Fiaminis. ¿Si tenian alguna pa-> goda, ó templo? y me llevaron a un edificio mal construido, pero grande, donde en tres tronos es* tídian dignamente sentadas tres magestades: Astrea con la balanza eo la mano, sin que se moviese el fiel de su punto, y risueñas la Verdad y la Union: quédeme atónito de estos geroglifícos, que no cesaba de mirar, reflecsionan» do el poco caso que se hace de deidades tan condecoradas, donde se cultivan los entendimientos con escuelas, universidades y ca* tedras ; pregúnteles también si tenian leyes, magistrados, abogados, procuradores, escribanos»


i5f

alguaciles, generales, corregidores^ ioteodieutes y oficinas de cuenta j razón , administradores , médicos, cirujanos, boticas, barberos, maes-» tros de bayle y de música, y otras iersonas y reglas de buena poicia, que hay y se observan de los círculos! polares acá ; y todos unánimes y conforme soltaron bil flujo de risa, que creí ^ habian vuelto^llocos, y llegado el punto «rítico de mi iiltima respiración, según la novedad que les causo jni curiosidad. Sus habiixiciones eran una especie de chozas, capaces de resistir las inclenáencias; pero el país delicioso, poblado de frondosidades y rios, abundante de todas hierbas, esquisitas írutas, caza, y sabrosos pescados; hacían sus viages sin recelo de fiera» porque no las había, ni de ladronea, que no se conocían; y estriuñaban que en la Europa se tolerasea los ocultos, y no se es-

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15a

terminasen los públicos, porque estas ponzoñosas sabandijas no d«« bieran habitar la tierra que ppsan, ni ios celadores de justicia ofender con sus contemplaciones y disimulen a una deidad, que no admite la sombra mas ligera. Aseguro que en una semana entera no pude rehacerme) de la moción que me causaron tan próvidos pensamientos, y habia resuelto acabar entre aquélla buena gente mi carrera, ubre de las molestias que llamamos trato humano , cuando nada tiene de esto, y es todo vanidad, ambición, hir pocresk, trápala, fákcía , ofmmir el poderoso al pobie etc.; pero después de cuatro aiios de tan bella sociedad los impulsos de la sangre me empezaron á inquietar pon deseos de unirme con mis genitores y mis ¡^rientes, que no sabian de mí, ni yo de ellos, porque allí ni llegan correos, gacetas, mercurios, ui diarios, y


i53 tenia impresa en mi corazón Ui tnacsima de Ovidio fdulcís amor •palrice ! j dulce wdere iuos ! Por ««combatiendo con mis pasiones, venció la de apartarme de aquel símbolo del paraíso , donde todo es uniformidad, y pidiéndoles que en una de sus canoas pescadoras TOe condujesen a otra tierra, me lo Otorgaron €on tanto sentimien-' to como le tuve de dejarlos, y al cabo de dos dias de apacible navegación observamos un navio en calma, con la proa a Groelandia, cuyo pabellón era Oiandés, con destino á descubrir, y acér-' dindonos k su bordo, íes supliqué que me recibiesen, porqué epa: eurofieo, desvalido, procedente con n^i canoa de pais sano, y podia darles útiles noticias: est o , y el entenderme, determinaron al capitán á admitirme, curio**" de saber mis aventuras, y con «I viento fresco que nos entrby nos apartamos de mi pequeña em-


l^trcacioB, <IQ^ acompañaron mis QJo» y mis sollozos hasta que dcr sapareció, representándoseme sienor pre aquella» almas puras, aquel agradable soregó, aquel vivir sin zozobras , y sin las incomodidades que en otras partes afligen; apar^ tado de I4 variedad de opiniones df) los que se figuran filosolos, mor raUstas , poltíicos , 4^ jurisprudentes del ^iglo ilustrado, que por )o regular deliran, de tas pers&r ouciones. temibles de los que han hecho divom^io con la rectitud, ^ las demandas, gastos, y pro• cesos interminables de los tribunales; y por último de las violencias y atropellamientos de ios hijos de Marte, y de Ips miBisi* tros y procesos que perpetúan en las cárceles á los mitterables coa informaciones, trasllados y otros diabólicos pretestos , porque cuanf to mas se acrimina y Bís dilata, mas se escribe y mas ganan Io« e»<;ribano».


i5$

Regresado íelizidente k mi pa». tria, y coa proposito firme üe. eatregarme al descanso y meditación de mis sucesos; lo mismo íué ponerme en tierra , que una. tropa de manigoldos embozados, me cercaron, me ataron infaumaQemente, y me llevaron a la cárcel donde me cargaron de grillos, coa el pretestp de que era un incendia» rio fugitivo, contra quien babiareqnisitoria como reo de lesa man gestad; ni bastaron para persua^ dir lo contrario, las responsabi" lidades (]ue hicieroa de mi conducr: ta y mi persona el capitán v de* mas individuos del buque; ^ué ua hombre de grande aspecto acom-» panado de otro que me dijeron ser el señor corregidor y su escribano , y empezaron su diligencia diciendome que era un picaro , llevaban en la mano un escrito que era la ñliacion, y todo era observarme el semblaoAe: esto lo practicaron varias vece» por


'i56 cattro dia^t hasta que avisador mis parientes , acudieron al ma^ gistrado superior con una información de abono, que me libró de aquel infierno, donde no co' mi y ni p^ué las pestañas, agitada mí alma de lo que me suoedia y estando en reposo dije: hAh mis amados habitadores del Zentis, cuanto pagaría para rolYer k vuestra sencilla y huma» na sociedad! Ya que no puedo •oy a esconderme a lo mas empinado, espeso y solitario de los montes, al comercio de las aves, y de las fieras, menos monstruosas que los hombres, que con equiTocación llaman deposito de las virtudes. AI^ECDOTA

CURIOSA.

Ciif un espectáculo que se cele* bró en Roma, en el cual asistía Apio, se hacía combatir con las fieras a los acusados de algún de-


i57 Hto. Entre los mas terrible» d« estos animales, se distinguió un Leen, cuyo enorme tamaño, quiebro de los rugidos, melena erizada y ojos encendidos, inspiraban a un mismo tiempo admiración y horror. Paróse este I^on delante de un infeliz que había sido destinado para victima de aquella fiera, la cual despojándose repentinamente de su natural fíe~ reza, se le acercó con cierto aire de dulzura, moviendo la cola, como los perros cuando acarician á sus amos: luego que se acerco á su victima , le lamió cariciosamente las manos y las piernas. £1 hombre acariciado de la fiera volvió poco á poco del horror y espanto que le habia sobresaltado , y casi privado de la vida ; alentóse , miró atentamente ol León reconociéndolo, le alaga^ Manifestándole los transportes de su alegría, á los que corre»pondia el León, demonstrando lo»


suyos en el modo que le era mas posible. Parecía recíproco este regocijo, como sucede a los que por un dichoso b imprevisto encuentro se hallan después de una separación sensible. Este mararilloso suceso causó tanta sorpresa como satisfacción á toda la asamblea. Aplaudieron tO" dos la acción del León con pal* inadas y otras demostraciones de alegría, y el mismo emperador que lo presenciaba mandó que llevaran á su presencia al hombre perdonado por el León, y le pre-» guntb de que encanto se había valido para degarmarlo de su fiereza. «Yo soy, dijo, un esclavo; me llamó Androclo. Cuando mí amo era Procónsul de África, viendo que me trataba con el mayor rigor é inhumanidad, determiné escaparme ; como todo el país I0 OD«decia, para libertarme de stt persecución , penetré los desierto» «fe la libia, resuelto a estabieoer-


me en lo max solitario de eWoan, procurando hallar alguna cosa para mi subsistencia, ó entregarme a una muerte pronta: en medio de las arenas, cuando el sol heria mas con sus rayos , al descubierto del medio dia percibí una gruta, y determiné entrarme en ella para resguardarme del ardor del sol; apenas llegué á ella cuan* do entró este mismo León, cuya dulzura respecto de mí os admi« ra , dando los mas lastimosos gri* tos que me hicieron concebir que estaba herido. Esta gruta era stf habitación, como lo conocí de»^ pues. Temeroso me retiré á lo mas obscuro, aguardando el ülti» mo instante de mi vida. Pronto me descubrió, y se dirigió a mi, no con amenatas sino implorando Sf>corro , levantando su mano hedida para enseñármela. Tenia en clU una espina muy grande, qa« !« *aqué; animándome la pación* cía con que sufria la operación^


apreté las carnes paraque saliese la materia, enjugué la llaga, iai limpié lo mejor que pude^ y pu' se en estado de cicatrizarse. Alí' viado el León, se echó, dejando su mano entre las mias, y se durmió: desde este dia viví con^ él tres años continuos en la misma gruta, comiendo de sus mismos alimentos. Iba á caza, y por lo regular me traía una parte de las reses que había muerto. Como> no tenia disposición para encender fuego, ponía estas viandas al rigor del sol, y ^^ las coraia. Me cansé en hn de esta vida salvage, y un dia mientras que el León estaba á caza, me aparté de la gruta. Pero apenas había andado tres jomadas, me reconocieron los soldados, me prendieron y desde África me han traído á Roma para entregarme á mi amo. Condenado á muerte por este, esperaba morir sobre la arena. Comprendo que cogieron ai


f6t

León poco después que yo me ak?» pare ae él, y habiendo vuelto á encontrarooa me ha pagado el salario de la útil operacioa con que le curé su mal. Al instante quedo toda la asam> blea enterada oe la causa de este admirable suceso, y pidieron que fuese perdonado Androclo, k» que concecno-el Emperador. Apio aseglara! qite vio pasear muchas veces «I nombre y^«l I..eon por k« calles de> Roma > y que las gén<^ tes eatwiaii «t León de flores dideecáoi este e» el Leoa que hos> pedo a un hombre: este el hom^ bee médico de un León. ANÉCDOTA

VIRTUOSA.

iiALLAMDOSE Mf. Dottfflas, Capitán escocés, jugando al tríctrac (I)'Gon un íntimo amigo suyo en im cxd[e de París , rodeado de ua (O

Hat eipecie de chaquete. I I


circo de oficiates íranceses, ocurrió una disputa sobre. uua jugad4' Mr. Douglas dijo, chaDceáudose y sin animp de ofender a su atnirr go, eso es cuento. lumediatameate se oyó un murmullo entre tO' dos los asistentes; y creyendo^1 amigo que aquella espresion era desmentirle, tomó el tablero« y, le dio coa el en la cabeza.. Nó JbieD habí A ^ado el gplpe, cuaa' do se presentó á su espíritu la idea de esta -violencia, y;. de las consecuencia que podia, producid para él y para su amigo; cayó en su sitia absorto, confuso, y devorado de remordimieotos: te' nia los ojos clavados en el suelo , y parecía que estaba sin alien' to. Después de un instante de silencio, volviéndose Douglas á los espectadores, les dijo: Vds. creerán que yo estoy dispuesto a matarme con este desgraciado jóyen; €6toy s9guro que en este momento siente el penas mil veces m^s


i63 crueles, que las que podría catiaarle mi espada. Voy, a abrazarle, y á procurar reconciliarle consigo mismo; pero me batiré- con el primero á,e Vds. que se atreva a ofender mi honor. Bravo! bravo ! esclamóí im anciano caballero de S. Luís, que estaba inmediato á él. £1 sentimiento se substituyo e a f^ta oca«ioB, por meior.údecir, triunfó de la costum' brei. £ a el café sei oyó un «pluuso general: todos conocieron la generosidad de Douglas,y nadie prescindiendo del falso, punto de honor, deja de convenir en que la hubiera acreditado menos, habiendo reñido. Ln hervor de sangre ó un delirio, son los que obligan a batirse ; pero la verdadera magnanimidad sabe perdonar. jiNECDOT^. jCisTEVAN Charlet, natural de Dijon-, sargento en el regimiento


i64 de infantería de Penthievre, fué destacado á bordo del navio la Flora, para conducir á un hosital de £spaña mas de cien homres contagiados de un mal pestilente. £1 navio baró en la barra del puerto adonde iba, y se estrello de modo que hacia mucha agua por todas partes. Las pocas Tuerzas que conservaba la tripulación, el espectáculo mas horroroso aun que la misma muerte, de un elemento temible, de que habia pocas esperanzas de escapar ; y en fin, legua y media que faltaba para ganar el puerto, quitaban k los náufragos que habia perdonado el escorbuto, hasta el recurso de salvarse a nado. Charlet menos sensible á su propia desgracia que á la de sus compañeros, con ánimo sereno propuso el medio de ir en un bote endeble, luchando contra las olas a buscar socorro; pero se deshecho como impracticable, y que

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solo ofrecía '«.na muerte mas pron* ta a los ^que lo ejecutasen. Viendo Gbarlet que sus instancias y ruedos eran inútiles , obligó á tres marineros con amenazas y una intrépida firmeza, a que entrasen con él en el bote. Llegaron felizmente á tierra con asombro de los habitantes, que conocian el peligro. Los socorros fueion otorgados tan pronto como pedidos, y los náufragos que clamaban á grandes voces por su procsirao peligro los recibieron tan á tiempo , que apenas pasaron á bordo del barco de Gharlet, se sumer* gió el suyo.

ANÉCDOTA. l!i\TRE los ingleses que se libertaron del cautiverio de Argel, a principios del año 1786 , en virtud de la negociación del general Eliot, se hallaba un joven llamado John Williams, el cual logran-


i66 do en su esclavitud de algtiná libertad, la aprovechaba en visitar los baños, y reconoció en uno de los esclavos que vio en ellos k uno de sus hermanos mayores, que faltaba de su patria había largo tiempo y se le creia muerto, porque no se habian tenido noticias de él. Hacia diez años que gemía bajo las cadenas, agoviado de un trabajo, cuyo csceso y continuación nabian estennado sus fuerzas y armiñado su salud. A este tierno reconotirtiento se siguieron frecuentes sesiones de los dos henUanos. Llegó el instante de la libertad de John Williams, pero el estado en que iba k dejar a su hermano, se le había hecho menos sensible a él, y su ternura le sUgirio et designio de hacerle disfrutar de esta Tcrttaja , quedándose en su lugar. Yo tengo, le dice, las fuerzas que tu has 'perdido: soy joven, y me hallo en estado de conser-


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f arlas todavía por mucho tiempo^ puedo suportar el trabajo que a tí te baria perecer: parte, que yo estoy bien seguro, de que si el eielo te proporciona medios ó amigos, no me oprimirán mucbo mas tiempo las cadenas. EL her" mano resistió al principio ; pero se vio precisado a ceder a sus instancias. Su amo aceptó <ion afecto este trueque, y John Williams, que oedó voluntariamente esclavo, 16 un ejemplo eficaz de amistad fraternal.

a

ANÉCDOTA DE triotismo.

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L»N hombre grande de nuestros dias, en sus instituciones sociales, nos hace memoria de un raro «jemplo de patriotismo en un «ecso, en que por su debilidad, son menos comunes los esfuerzos, y mas cuando tienen que resistir contra las leyes de la naturaleza.


i68 f Una mn^er de Esparta tenia sns cinco hijos en el ejercito: es' peraba impaciente noticias de la Datalla: llega un Ilota que ha* bia asistido a la acción: ella se acerca, y toda trémula le pregunta: jQué nuevas traes?—Tus cinco hijos han perecido.—Vil esclavo, j quien te pregunta eso ? ¿ Hemos ganado la victoria?—Si.... No bien pronuncia esto, cuando la madre vuela al templo, y da gracias á lo5 Dioses. Esta es la perfecta ciudadana, á cuyo raro ejemplo de patriotismo debemos atender con admiración; pues apenas se encuentran modelos en los anales de la historia moderna. £1 amor á la patria es la cindadela mas fuerte de nn estado. Los Griegos y Romanos han debido a ella su mayor lustre y esplendor; y si una potencia atacada por las demás, ha sostenido en nuestros tiempos su» derechos con tesón, y rechawido


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k sus enemigos con todo vigor, ha debido su origen a solo su patriotismo , y al deseo de conservar su libertad. ANÉCDOTA. llíN la toma de Aja, un joven moro, perseguido en un bosque con su querida que no quiso separarse de él, tomó a esta con una mano, y con la otra estaba preparado , para resistir a los que le seguian. Movido de este espectáculo Silveyra, oficial portugués, contuvo á su tropa esclamando: no permita Dios que mi espada corte unos vínculos tan tiernos, y dejó a los dos amantes la vida y la libertad. OTRA.

litN una ciudad de Alemania disputaban un negro , y un blanco la ventaja de la hermosura. El


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alemán deda al africano: amigo nÚQ, si yo tuviese la desgracia de parecerme a tí, creo que no tendría tentaciones de retratarme, y pienso que tu tampoco las tendrás jamas. Mirate un podo, mirate en ese espejo; ¿ no me confesaras que era preciso que U naturaleza estuviese tentada de risa cuando modeló ese rostro en pez negra y reluciente; a menos que no le destinase para atemorizar ¡k los niños de mi pais? Es cier-r t o , respondió el negro, que tie^ nes bien de que alabarte con tu cara enyesada! ¡No ves que te pareces á un fruto medio ma* duro a quien «I sol no se ha dig-* nado dar todavía las últimas pin* celadas! Acalorados de la disputa, estaban para venir á las manos, cuando se presentó un tercero por arbitro: era este un francés, que como se debía presumir , pronunció á favor del alemán. ¡Tu ganaste, y yo soy el vencido! e&'


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clamó el negro. Me condenan en Europa; pero en África hubieras tu perdido el pleito.

ANÉCDOTA. JLÍJW una noche mny oscura caminaba un ciego por las calles con una hiz en la mano y un cántaro Heno á la otra: uno qu* pasaba por la misma calle lo en« contró y quedó no poco sorpren^ dido de ver en manos de un ciego una lampara. Acercóse pues a él y le dijo: de qué os feirve esta luz? La noche y el dia no es para vos una misma cosa } A lo que contestó el ciego : no la llevo por mí, y si solo con el objetó de que los atolondrados como a ti se asemejan , no vengan a empujar contra m\ y me hagan rom* per. el cántaro.


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PEREZOSO

ANIMAL Indias.

DE

J^os antiguos españoles encoii' traron eu Indias un animal tan estraño, que por sus propiedades le dieron el nombre de perezoso, bien análogo á sus costumbres, y por ironía el de Perico ligero, que anda siempre arrastrándose; por su gordura y glotonería apenas puede levantar bien los pies para caminar: es tanta la lentitud de su movimiento, que en quince días no anda lo que alcanza un tiro de una piedra ; por mas que se le amenaze, ni aunque se le den palos no se consigue avivarle. £s mas fácil apurar la pacten' cia del hombre mas moderado, que el que altere su orden regular. Es de la magnitud de un perro mediano; su rostro es muy feo, la melena le nace del colodrillo , y le cubre el cuello. Se


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alimenta de las hojas de los árboles , vive mucho tiempo en sus cimas, pero necesita dos dias para subir á ellos, y otros tantos para bajar. RASGO

FIEL DE midad,

MAGNANI-

JUAN Blanc, español, Burges, noble de Perpiñan , obtenía el empleo de cónsul primero cuando los franceses sitiaron aquella villa en i474- Entre las salidas que hacían los sitiados hubo una, en que se hallaba el hijo único de dicho Blanc, á quien hicieron prisionero los contrarios. Creyeron los generales franceses que este seria el instrumento de la corrupción de la fidelidad, e hicieron proponer á aquel cónsul, que si no entregaba, la plaza asesinarían á su hijo delante de e'l mismo. La invencible magnanimidad de Blanc les respondió, que la fidelidad á


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su señor era &uperi0r á la ternuca con que miraba á su hijo ^ y que por si le^ faltaban armas para quitarle, ia vida, les enviaba su propio puñal. Juan Blanc peruió su hijo único por esta generosidad, íüan segtjíiido rey de Aragón, les dio permiso para abrir las puertas de la plaza ai $n de nq iesppner aquéllos infelices sitiados á sufrir los últimos rigores de la guerra-; pero BIBAC XHQ uso de j^ste permiso basta ocho meses después de haberlo obtenido. Llevados los sitiados de los impulsos de la fidelidad> dejaroa ejercer a la hambre las mas firmas cruíeidadés; caballos, perros, ratones, cueros eran sus regulares alimentos. Esta defensa inmortalizó la gloria de Juan Blanc , é hizo merecer á Perpiüan el blasón de ipuy fíel.


SOFROIVIMO. NOVELA

POR EL CABALLEJO FLORIAN.


Dioses! hacedla feliz, y caigan sO' hre mĂ­ todos Ă­os males que pudie' ran amargar su vida.


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SOFROIVIMO. NO V E L A

POR EL CABALLERO FLORIAN. OoFRONiMo nació en Tebas: su padre, de una familia antigua de Corinto, vino á establecerse en la capital de Beocia, en donde murió, siguiéndole muy pronto su esposa. Sotronimo se halló, á los doce años, sin padres, sin bienes y sin protectores. De todo lo que le faltaba, solo echaba menos a su padre y su inadre. Todos los dias iba a llorar sobre su sepulcro, y después Yolvia a comer el pan que, por TOMO I.

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caridad, le daba un sacerdote de Minerva. Un dia que el infeliz huérfano se habia perdido en la ciudad, entro en el taller del famoso Praxltéles, quedando absorto á la vista de tantas obras inmortales: mira y admira, y dirigiéndose á Praxitéles, con aquel ardimiento y aquellas gracias qae son pro^ pÍM de la infancia, le dice: «Pa* «dre mió, dame un cincel, y en«séñame á ser un hombre grande «como til. " — Praxitéles mira k aquel hermoso muchacho, y pasmado al ver el faego que brilla^ ba en sus ojos, le abraza tiernatnente, diciéndole: así; yo seré •tu maestro: quédate conmigo^ «qui? espero me has de aventajar.'' £1 joven Sofrbnimo, dichoi»


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y reconocido, no desamparé el lado de Praxíteles, y muy pronto conoció este que se desarrollaba el gran talento que había recibido de la naturaleza. A los diez y ocho años, ya hacia obras que su maestro mismo no se hubiera desdeñado de adoptarlas por suyas propias. La desgracia que siempre lo perseguía , quiso que en este tiempo muriese Praxíteles, quien dejo a su dÍKÍpulo una suma bastante considerable. Sofrónimo no hallaba consuelo; y fastidiándole la mansión en Tebas, dejó su patria , y empleó el don de su bienhechor en recorrer la Grecia. Gomo llevaba consigo por todas partes aquella «ficion á lo bello j aquel deseo de aprender que le inflamaba desde su infan-


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cia, cada dia se hacia mas instruido, y cada obra maestra que veía, le enseñaba nuevos secretos. La necesidad de agradar acabó de pulir su genio y su ingenio; pero mas modesto al paso que sabia mas, pensando siempre en lo que le faltaba y nunca en lo que poseia, á los veinte años era el mas hábil y mas amable de los hombres. Resuelto á fijarse en una ciudad grande , se estableció en Mileto , colonia griega en la costa de Jonia , donde compro una casa reducida, algunos trozos de mármol, y trabajó algunas estatuas para vivir. La reputación, a veces demasiado lenta en seguir al mérito, no lo fué con Sofrónimo: sus obras


fueron estimadas, y antes de macho tiempo no se hablo mas que de su talento. El joven Tebano, lejos de dejarse deslumhrar con estos elpgios, hacia nuevos esfuerzos para merecerlos. Tranquilo y solitario en su taller, consagraba el dia al trabajo, y por la noche descansaba leyendo á Homero; cayo utihsimo placer elevaba su alma , y suministraba á su ingenio nuevas ideas para el dia siguiente. Contento del dia pasado, y diftpuesto para el venidero , daba gracias a los dioses, y se entregaba al sueño. Esta felicidad no duró mucho tiempo. El único enemigo que puede robar el reposo á la virtud, no dejo en paz, a Soíronimo. Carites, hija de Aristéo, pri-


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raer magiaXrado de Mileto , •vino con 6U padre á yer el taller del joven Tebano. Cantes eclipsaba todas las be-> llezas de la Jonia, y su alma era todavía mas hermosa que su ros» tro. Aristéo, su padre, se había dedicado enteramente k la edueacion de su bija. Ningún trabftjo le costó el hacerie amar la virtud; y sus riquezas, repartidas eon mano liberal, le dieron todas k s habilidades que Ui adornaban. <i^ñtes, a los diez y s«t* años, con una imaginación viva, un al* ma tierna y un rostro encantador, discurría cómo Platón, y «antaba •como Orféo. Sofrónimo sintió, al verla*, un «obresalto y una turbación que nuiíta había conocido; y bajan*


do )os «fO*v apenas pado articiM lar algunas palabras. Aristeo^ atribuyéndolo al respeto que le cau* »aba su presencia, procuro sosegarle coa palabras halagüeñas. aEa>«señadnos, le dijo , la mejor es^ «tatúa que tengáis; todos elogian «Tuestro talento.—Ahí r«spoadi6 «Sofcóntao-, yo me atreví a h»«eer una Venus^ que nae tenia, «contento hasta hoy; pero conozi> «co que es menester hacerla de cnuero." Di^endo «atas palabra», descubría la Venus, volviendo sus tlkmidos ojos hacia- Carites, quifín faabift compreendido aquel discurso , y aparentando que ecsaminaba la estatua, pensaba ,en el joven «scciltor. ^ Después que Aristeo hubo admirado las obras de Soíronimo,


i84 sallo de sa taller, permitiéndole volver á verle. Carites, al tiempo de irse le saludó con suma afabilidad; y el triste Soírónimo noto por la primera vez > luego que ella se babia alejado, que que* daba solo en su casa. Aquella noche no leyó á Hon^ro, pasándola en reiecsionar, y diciéndose a si propio que iba á bacerse infeliz toda su vida, si osaba amar a la que jamas podra poseer. La mañana siguiente, en lugM* de trabajar, estuvo repasando todo lo que Itabia pensado aqueUa noche. Su razón peleaba con todas sus fuerzas , contra la inclinación que le tiranizaba; pero ¿cuando, en semejantes luóbas,ba quedado la razón vencedora? Mil veces Sofrónimo se habia


r85 propuesta olvidar á Carites, y toi. dos los días andaba por la dudad coa la esperanza de verla un instante. £1 trabajo, el re)M)so, to» do se acabo: las estatuas imperfectas estaban á ua. lado del taller, sin que se dignase mirac^, las: Apolo, Diana, Júpiter, nada de «ato lian^ba la atención de Sofrónimo, pensando siempre en Carites, y pasando su vida en los circosi,. en.losiparages públicos y en los paseos. Cuando no la veía, se volvia k pensar en ella; y si k habia divisado , se venia a dis^ currir lo» medios de volverla á ver. £n fin, su reputacdont» su constancia y su diligencia, le franquearou la case de Acistéo , con lo que veía mas á menudo a Carites, bien


186 £ ^ esto mismo encendía ma< stf ainor. Pero ^cómo se había de atrever á declarárselo ? Un escal* tor sin bienes ni parientes, (fcó* nüo pedia aspirar á- U mane» dé h que et^ la prínc^f^ de la-eín-i dad? En sttma, todo hasta so misma d«iica dezn, ápriskinába: «ti Voz. A an hombre pobre, no 'lo eirá permitido poner ? atención' eri k hermosura de la 'Tica Garetes; Sofrbnimo loeonocia^ y«'sabta qne iba h perderás si se dcdáraba^ pe* lio era fireciso declartirse ^''reBtmdar á la vida. £scríbe> 'pues, y e&Rñ» aquella carta- tíeorna, pes» petuosa y sumisa, á nn escbvo de Aristéo, al cual di¿> todo lo que había adquirido en recompensa de sos estatuas: pero el infiel mei»a<gero, ea lagar de entregarla k


Garetes, la pone eo las manos dri padre. ' El anciano Aristéoj indignacto contra esta audacia, abusó, por la primera vez, del derecho que le daba i «U'dignidad; y acumulando delitos k Sofrónimo, le acn»so él mismo en el consejo , y le hizo dekeérar de la ^udad. El infeliz esperaba sobresalta* do la respuesta <lel esdavo, cuan* do recibió, la' orden de salir de Mileto. JVo dudando de que Car rites ofendida hubiese solicitado su Teoganza , esclamaba: «yo BI«> crezco mis desdichas, pero no «tengo de que arrepentirme. ¡I>io«ses ! hacedla feiir, y caigan sombre mí todos k>s maies que pu«dieran amargar su vida!" Sin quejarse del rigor de sus Jueces^ ca-


i88 jnina triste hacia el puerto, y se embarca ea una nave de Greta que a la sazón se hacia á la vela ; pero no sin derramar lagrimas, perdió de vista la ciudad en donde dejaba todo lo que amaba su corazón. El padre de Carites, creyó conveniente ocultar á su hija el verdadero motivo del destierro de Sofrónimo; pero Carites lo sospechó, por haber leido en los ojos del Tebano, lo que no hubiera osado leer en su carta, y dio algunas lagrimas k la memoRA de un hombre, que se había hecho infeliz por amarla. La tierna juventud de Carites no le dejó acordarse de él largo tiempo; y Aristéo , tranquilo, solo pensaba en casar á su hija, cuando ui^


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accidente estraordinario consternó á Mileto. Unos piratas de Lémnos sorprendieron un cuartel de la ciudad, y antes que ios ciudadanos se armasen y acudiesen á rechazarlos, los barbaros habian saqueado el templo de Venus, y se habian llevado hasta la estatua de la Diosa, la cual era el Paladio de Mileto, á cuya posesión estaba anexa la felicidad de los Mílesios. El pueblo aterrorizado envia embajadores á Délfos para con < saltar á Apolo, y el oráculo responde que a Mileto no estara en «seguridad mientras otra estatua de «Venus, tan hermosa como la Dioasa misma, no reemplace la pei^ ffdida."


Al punto hacen publicar los Milesios por toda la Grecia , que la mas hermosa doncella de Mileto y cuatro talentos de oro, serán la recompensa del escultor que cumpla las condiciones del oraculo. Varios artistas célebres trajeron sus obras, y las espusieron en la plaza pública: los magistra' dos y el pueblo las admiraron; pero al punto que la estatua e4> taba colocada sobre el pedestal, una fuerza sobrenatural la derribaba. Los Afilesios llenos de asombro, echaban; menos entonces a Sofrbnimo, y pidieron a voces que Be tomasen providencias para buscarlo. Aristéo mismo se vio precisado a informarse del paradero de la nave en que el desdichado jóvea


^0' 9e babia embarcado. Después de averiguar el tiempo en que salió, envian hasta Creta , y traen la noticia que la nave pereció, con todo cuanto llevaba , á la altura de la isla de !Naxós. Los Milesos desconsolados, culpan a su magistrado, se quejan de su poca vigilancia, que no ha impedido la invasión de los bárbaros , y de la muerte de Sofronimo a quien habian desterrado injustamente. El pueblo, pasando muy pronto de las queja* a la rcr belion, corre á la casa de Aristéo, la rodea y rompe en fm las puertas. Ni las lagrimas de Carites , ni sus ruegos, pudieron salvar á su padre. Aristéo va cargado de cadenas y le encierran ea uo calabozo, dicidiendo el pue-


blo que no salga de allí, hasta que la estatua de Venus sea reemplazada. Cantes, en su amargo pesar, resuelve ir en persona a Atenas, a Corínto ó a Tebas, en busca de un artista que pueda poner en libertad á su padre. Da las disposiciones necesarias para suavizar su encierro, quedando encargado un fiel esclavo de proveer á sus necesidades, y tranquila ya por esta parte, equipa una nave, la «arga de riquezas y parte. Los vientos parecía que la prot^ian en los primeros dias: ya habia hedió la mitad de sn víage , cuando una tempestad formi> -dable desvió la nave de su derrota, y obligó al piloto á refugiarse en una ensenada que no oo-


nocia. A poco tiempo se disipó la tempestad, volvió á brillar el sol y convidando Ja serenidad del tiempo al reposo, Carites desembarco para descansar algunas horas de las fatigas del mar. Un sueño suave, sobre un lecho de grama , le hace olvidar algunos instantes todos sus pesares. Al despertarse ve a sus esclavos dormidos , y no queriendo turbarles el sueño , sola con sus disgustos se pasea por la orilla. El deseo de conocer aquellos sitios inhabitados, la llevan sobre las rocas que defendían de las olas del mar lo interior de la isla, y descubre un valle ameno , regado por dos arroyuelos y lleno de arboles frutales. Párase a contemplar aquel hermoso espectáculo: la natumlei3


'94 za se hallaba entonces en los hermosos días de la primavera; los árboles estallan en flor; las gotas de agua de la tempestad pasada pendían de las hojas de las flores, y el sol hiriéndolas con sus rayos, sembraba las ramas de piedras preciosas-, la» mariposas, contentas al ver la serenidad del cielo, empezaban á volar en torno de las campanillas; las abejas zumbaban en la copa de los árboles, sin atreverse á tocar las flores por no mojar sus alas transparentes; el ruiseñor y los demás pajarillos habian disipado su temor, y hacían resonar el eco con sus cantos, mientras que sus compañeras, mas tiernas y solo pensando en el amor , vuelan por el prado, prueban el heno aun demasiado ver-


^9^ de, y luego que hallan alguna hierba seca y flecsible, vuelan rápidos y alegres al nido que están formando. Carites admiro este espectacü* lo, suspirando. Luego baja al vá' lie , atraviesa el prado , y descubre una cabana, rodeada de nogales , cuya entrada la ocultaba un bosquecillo. Dirigie'ndose a é\i oye el susurro de un arroyuelo que serpetiteaba k sas pies , y á breve rato, los acentos de uua lira se mezclan con aquel áuave murmullo: aplica el oído, y oye una voz tierna y melodiosa, que cantaba estas palabras. Sombra fue' mi ventura! ilusión vana que orgulloso creí! y en dulce anhelo mi esperanza tirana


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ofreció fácil aspirar al Cielo. Ciego, amoroso, ¡ ay! espeso velo mis ojos ofuscó. Cayó, y mirando en t o r n o , vi confuso que Amor al alma mia sombras vanas risueño la ofrecia. Fui aquel mortal osado á quien robó el reposo con amor engañoso la Diosa celestial. Su amor, al desdichado, Juno le ofrece afable; y abrazó el miserable una nube falaz, i Oh Dioses sea feliz quien tanta pena causó á mi corazón! Si vuestra mano sobre su vida ordena vierta el dolor tirano tu pomo venenoso, ah! caiga, caiga


'97 sobre mí vuestra zuña. El son doliente oid de un infelice. ¡Pueda seros grato de mi cincel el zelo ardiente en este mármol do el amor respira! Esta Deidad á quien mi alma mira absorta y sin aliento á sus pies caigo y busco mi contento! Dulce cincel querido, único compañero, amigo verdadero, por siempre queda, á Dios. A mi pecho afligido consolaste piadoso: j puedas ser mas dichoso que mi infelice amor! Aun no había acabado la voz, cuando Carites reconoce á Sofronimo y cae desmayada: al ruido acude, la ve, la toma en sus bra-


zos, la mira sin poder todavía creer su ventura, la lleva á la orilla del arroyuelo, y el agua con que baña su rostro , la vuelve en si, y ve á Sofronimo arrodillado que le decía: ¿sois vos Carites, ó es alguna divinidad ? — Yo soy la hija de Ariste'o, le responde afable; mi padre esta en peligro, y solo vos podéis salvarle. — Hablad , replicó Sofronimo admirado; ¿qué puedo yo hacer? mi vida es suya tanto como vuestra. Entonces Carites le esplicó como podia servir á su patria y a su padre; y al paso que ella ba-^ biaba, la alegria brillaba en los ojos de Sofronimo. — Sosegaos , la dijo con una especie de satisfacción, Jengo en mi cabana una obra que ha de agradar á vues-


'99 tra Diosa , íguaknente que á vuestros conciudíidaaos: desde este instante es vuestra , Carites, y solo pido que no la habéis de ver hasta el templo de Mileto. La hija de Aristéo convino en ello, y Sofrbnimo le contó el modo como se había salvado del naufragio, solo, con sus instrumentos de escultura. En aquella isla desierta encontró agua, (rutas y mármol. Tranquilo en la cabana que él habia construido, trabajaba en la estatua preciosa que habia de librar á Aristéo. Venid (añadió) •enid, veréis donde vivía yo, pensando en Carites. Carites sigue á Soh-ónimo y entra con él en su cabana: por todas partes estaba escrito el nombre de Carites, por todas, su cifra


aoo y la de Sofrónimo estaban enlazadas. «Perdonad , le dijo el escultor: «solitario en esta isla , osaba grabar «los sentimientos de mi corazón; ya «no temia que me desterraran." Estas palabras sacaron las lágrimas á los ojos de la tierna Carites, quien mirando á Sofrónimo , y casi apretándole la mano, le dijo: ah^ no fui yo.... No acabo y contemplando una estatua que cubierta con un velo estaba sobre una especie de altar; « apresurémonos «añadió, á ir á buscar á mis es«clavos, para que lleven esta obra «digna, que yo no he de ver has«ta Mileto; vos me acompañaréis; «y sea como fuere el fin, mi co«razon me anuncia que no volveré*«mos á separarnos." Sofrónimo alborozado, ogó be-


safr la mano de Carites, quien nó se ofendió de ello. Al ir á tomar el camino del mar, llegaron los esclavos y marineros, quienes, in* quietos por la ausencia de su señora , la buscaban por la isla. Carites les mando llevar con precaución la estatua, sin que tocasen el velo que la ocultaba. Sofrbnimo no dejó su choza sin derramar muchas lágrimas, dando gracias a las Divinidades campes* tres que le protegieron en su soledad : puso todos sus instrumentos sobre el altar en que habla estado la estatua, consagrándolos al Dios Pan ; y besando luego respetuosamente el umbral de la puert a , esclamó: «yo volveré á morir «aquí, sino puedo vivir para Ca«rites." Después de esta despedi-


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da, fueron á la nave, y se dirigieron á Mileto. El viage, duro poco tiempo, en lo que fue feliz Carites, pues no queria confesar su cariño a Sofronimo antes que librara á su padre. Tal vez si la travesía les hubiera detenido mas tiempo, el escultor habria oído lo que le bastaba para sa recompensa ; pero la prudencia de Carites, el res-« peto de Sofronimo, y el viento favorable, hicieron llegar á los dos amantes sin haber hablado de su amor. El nombre de Sofronimo esparció la alegría por Mileto : el pue' blo que lo amaba , se junta y decide que su estatua no ha de menester que la ecsaminen los ciudadanos, y que al instante se


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probará el colocarla en el altar de Venus... Ya van ai templo, que se llena de un gentío inmenso : Carites sigue á Soírónimo que marcha con su estatua cubierta con el velo: pónela sobre el altar con modestia, pero sin timidez , y la estatua permanece inmóvil. Entonces la descubren y todos reconocen el rostro de Carites, a quien el enamorado Escultor había tomado por modelo de su Venus. Su retrato estaba tan grabado en su corazón, que, lejos de ella en su isla, no había necesitado el original, y , sacándola semejante, cumplió las condício-^ nes del oráculo, que pedia una estatua tan hermosa como la misma Venus. La Diosa satisfecha acepta U


ao4 ofrenda , manifestando por la boca de su gran sacerdote, que estaba cumplido el oráculo. El pueblo prorumpe en alegres aclamaciones , y rodeando á Sofronimo, le pide con fervor que escoja su recompensa. La libertad de Arisíéo, responde, y quedo demasiado premiado. Todos vuelan a la cárcel: Carites, entre el tropel, querria ser la primera que quitara á su padre las cadenas : llega; le abraza , le hace sabedor de su dicha, bajando los ojos siempre que pronuncia el nombre de Sofronimo : Aristeo reconocido quiere ver a su libertador, se arroja en sus brazos, y le inunda con SU4 lágrimas. «Dulce amigo, «le dice, mi culpa fue' grande; «pero Carites borrará mi delito."


ao5 Diciendo estas palabras , junta en susi. manos las de los dos amantes. Todo el pueblo lo aplaude, todos se ven felices en la ventura de Sofr贸nimo y Carites , y ambos van 谩 jurarse una fidelidad etern a , al pie de aquella estatua, que era una prueba segura de la belleza de Carites y del amor de 3U esposo.


ao6 LA NOCHE ESPAÑOLA. jjyw un lugar de Andalucía vivía un labrador llamado Pedro, el cual poseía el mejor caserío de aquellos contornos; bien que esto no era lo que le hacía mas rico. Tres hijas y tres hijos, que había tenido de Teresa su muger, se hallaban ya casados, tenían hijos, y todos habitaban en su casa. Pedro, con ochenta años, Teresa con setenta y ocho, estaban servidos, amados y respetados de esta numerosa familia, que solo pensaba en alargar «a vejez. Como habían sido toda su vida parcos y laboriosos, no les atormentaba ninguna enfermedad en su edad ya abanzada. Contentos de sí pro-


ao7 píos, amándose siempre, dichosos y orgullosos con su familia , daban gracias á Dios y bendecian á sus hijos. Una noche después de haber pasado el dia en el cuidado de la siega, Pedro, Teresa y su familia descansaban delante de la puerta, sentados sobre la hierba admirando el espectáculo de aquellas hermosas noches del estío, que no conocen los que viven en las ciudades. Mirad, decía el anciano , ese hermoso cielo tan sembrado de estrellas: ved como algunas se desprenden , y dejan tras «i un rastro de fuego. La luna, oculta detras de estos álamos, nos una luz pálida y trémula , que ^ñe todos los objetos de un blanco uniforme: el viento no se atre-


ao8 ve á soplar, los árboles tranquilos parece que respetan el sueño de las aves que se abrigan en sus nidos: el ruyseñor ha dejado de cantar : el pardillo duerme, el pico bajo sus alas: el palomo reposa con su compañera en medio de sus hijuelos , que todavía no tienen mas plumas que las de su madre. Este profundo silencio no le turba mas que el sonido líigubre, que de lejos viene á nuestros oidos de cuando en cuando. Este es el buho , imagen del malvado, que vela cuando los otros duermen, y teme la luz del dia. jOh hijos míos I Sed siempre buenos , y siempre seréis felices. Se* senta años ha que vuestra madre y yo gozamos de una felicidad tranquila: ¡quiera Dios que nior


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gwno de vosotros la compre tan cara como nos ha costado! — Al decir estas palabras, algunas lagrimas bañaron los ojos de Pedro. Isabel, la mayor de sus hijas, las enjugó, abrazándole, y le dijo: padre mió, los males pasados no son difíciles de contar: bien sabéis cuanto nos interesaremos en oírlos: mi madre gustará de que traigáis a la memoria vuestros primeros años: aun no es tarde, la noche esta hermosa , y el gusto de oíros nos descansara mejor que el sueño. — Toda la familia d« JPedfo le insto * todos le rodearon, cada madre puso sobre sus rodi' lias el hijo tierno, que con sus Pisas podía distraer l^^tencion: to^ 8 guardaban ya un profundo si« l^ncÍA* y el anciano, apoyándose en i4


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SU hija, y tomando la mano de Teresa, empezó 4U historia de esta manera. Yo tenia diez y ocho años, y Teresa diez y seis: ella era hija única de Lorenzo, el labrador mas rico de esta tierra, y yo era el trabajador mas pobre del lugar; pero no conocí mi pobreza, hasta que me enamore' de Teresa. Yo hice cuantos esfuerzos pude para ahogar una pasión, que prereía me habia de hacer infeliz toda mi vida. Bien conocía que él no tener bienes ningunos, seria tu) obstáculo eterno para obtener k Teresa j j que debia> renunciar a eiia, ó pensar en los medios de enriquecerme. Para esto eni preciso dejar mi logar, y k>8 sttíoft en (donde vivía Teresar


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ío cuíil era superior a mis íuerxa». Después de haber meditado sobre esto , y empleado la poca razón que me quedaba en hacer proyectos, resolví presentarme como mozo de servicio en casa del padre de Teresa, quien en efecto me recibió. Ya podéis pensar cual seria mi diligencia en trabajar. Al cabo de poco tiempo ya era yo amigo de Lorenzo, y mucho antes lo era de Teresa. Vosotros, hijos míos, vosotros, que todos os habéis casado por amor, sabéis bien etsanto se coittpiceen, como se buscan^ como se encuentran, los que «na vez se han eoovenído en^vivir el tmo para «1 otro. Teresio me amaba tanto como yo he amaba; y yo ^o pensaba en nada mas qoe en


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Teresa: la tUclia de vivir a su lado me tenia tal, que no pensaba que podía tener fín. Mi error no duró largo tiempo. Un labrador de un lugar vecino pidió Teresa a su padre. Lorenzo estuvo a ver los trigos y las viñas del que se oírecia a ser su yerno, y , en su vista, determinó que aquel hombre era el que convenia á su hija, resolviendo que se hiciese el casamiento. En vano lloramos; en vano nos recordamos los mutuos jvramentos que nos habíamos hecho: nuestras lágrimas eran inútiles. Ei inflecsible Lorenzo dio á entender á su hija, que le desagrada» ba su tristeza ; por lo que le fué preciso usar de reserva, y devorar sus lágrimas.


El dia fatal se acerca , y ninguna esperanza se nos ofrecia: Teresa me iba á ser arrebatada, y antes prefería el morir. En este apuro, tomamos la única resolución que podíamos , y fué el huir. Bien conocimos que hacíamos mal; pero era preciso hacerlo , ó morir. El castigo nos vino después. A la media noche, Teresa y yo salimos deí Lugar, montada ella en ana muía que le habia dado un tic suyo; pues yo resolvV que podía llevársela, en atención á qttc no pertenecía á su padre. Un lio de «u ropa y la mía iba en unas alforjas sobre la muía, con alguna provisión, y muy poco dinero, que ella tenia ahorrado Esto es lo que se llevaba Teresa; y por mi parte no quise tomar


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nada. Tan cierto es que U juveDtad se forja las virtudes á su voluntad: yo robaba una hija h su padre, y hubiera tenido grande escrúpulo en llevarme nada de su casa. Toda la noche caminamos, y al amanecer nos hallamos en el monte, sin- temor de que nofl aW caazasen. Uegados a un valle k ia oriUa de uno de aquellos arro*> yuelos, que tanto gusto causan k los enamorados, Teresa bajó de la mnla^ nos sentamos sobre iñ hierba, comimos algunas frutas se> cas, y bebimos del agua del arro* yo. Hecha esta comida frugal y gus* tosa, empezamos á pensar en lo que habiamos de hacer. Después de una larga conversación , después de haber contado


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mas de veinte veces el dtnero que traía Teresa, después de haber apreciado la muía en lo que ipa$ se podia, hallábamos siempre que todas nuestras riquezas no valían veinte ducados. Conociendo que a veinte ducados pronto se les da fin, determinamos que era menester desde luego irnos á una ciudad grande, para estar menos >espues' tos a ser descubiertos si nos per» segoiao, y para casarnos cuanto as^s. .Tomada esta sabia resolución , nos dirigimos acia Cordova. • Al punto que llegamos, fuimos á la iglesia, y, dadas las di^ posiciones necesarias, buscamos un sacerdote que nos casara- Oírnosle la mitad de. nuestro tesoro, y jamás se ha gastado dinero de mejor gana. Ya nos pa-


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recia que todas nuestras penas se habían acabado; que nada teniatnos que temer; que el amor seria nuestra única ocupación. En efecto, todo fué gloria por espacio -de ocho días. Al caba de este tiempo, ya estaba vendida la muía; y al cabo dje un raes i ya no ! teníamos un solo Teal. ¿Qué hacer? Yo no sabia mas que las labores del cam* po; y ios habitantes de las ciudades no hacen caso del arte que los alimenta. Teresa no tenia mas habilidad que yo, y ask padecía y se estremecía por mí. Ambos nos ocultábamos nuestros pesares, cayo sjpiicio era ínGnitamente m.iyor que los males que nos afligían. Finalmente no encontrando otro recurso, senté plaza en el


»'7 regimiento de caballería qae w^ taba de guarnición en Cbrdova, y Teresa recibió llorando el valor de mi enganche. El prest no bastaba para vivir; y Teresa, instruida por la indigencia , trabajaba de suerte que Íbamos pasando. Una hija vino á estrechar nuestros laeos. Tu fuiste y cara Isabsl, ¿ quien miramos Teresa y yo , como que debías ser la que hiciese felices nuestros uVtimos años. A cada hijo que ^ «ielo nos ha dado hemos dicho la misma cosa, y nunca^ nbs hemos engañado. Yo te di a criar, porque mi esposa no pudo hacerlo, siendo indecible su desconsuelo. Eda pasaba los días al lado de tu cuna , mientras que yo, por iQÍ ecsactitud en cumplir mi obli-


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gacion, procuraba adquirir la eS' timacion de mis gefes y la amis» tad de mis camaradas. Don Fernando, mi capitán, no tenia mas de veinte años, y se distinguía- de los demás oñciales en sn amabilidad y su presencia. La amistad Cfoe me tenia, me habia obligado á contarle lo que me pasaba, y habiéndole interesado nues< tra suffite, qniso ^er k Teresa, y siempre nos prometía que hablaría a Lorenzo. Como yo depenr día abaofaitamente de él, me ha^ bía dado palabra de-darme mi libertad, arponto qae< él me hubiese reconciliado con mi suegro. Don Fernando haliia ya escrito a nuestro lugar, pero no había tenido respuesta. £1 tiempo corría, y mi capitao


no parecía tjae se entibiase. Sm embargo yo encontraba á Teresa cada día mas melancólica , y cuan» dof le preguntaba la cansa de su tristeza, me hablaba de su padre, y mudaba de conversación. Vo eS' taba muy ageoo de pensar, que D. Fernando pudiese seria causa de su tdis^sto. ' El Joven capitán estaba en la flor de su edad, y habia visto a TeMsa conlo yo la veia. Su vírMjd fué mas-^bii ^pae su pasión. Gonocietidó nuestra tksgracia, y sabiencb cuanto necesiCabatnds de él, se atrevió.á manifestar á Teresa d premio que queria por s« protección. Mi infeliz esposa le BKwtró su indignación; pero conociendo mi natural violento y zeloso, me ocultaba este secreto con


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d majror cuidado, y mientras resistia á D. Fernando , sin decir' meló, yo demasiado crédulo le alababa cada día la generosa amistad de mi capitán. Un dia, qae después de haber montado mi guardia, iba á la casa donde vivia mi muger, veo delante de mí á Lorenzo, qvte, dejándome yerto , medecia: «al fía ate encuentro, pérfido: vuélveme «mi hija, vuélveme la felicidad que «til me quitaste, en premio de la «amistad que te tenia." Puesto de rodillas delante de Lorenzo, dejé pasar los primeros momentos de su colera, y aplacándole algo mis lagrimas , consintió en escucharme. Yo no emprendí el justificarme, sino solo procuré disipar su enojo. «El mal está hecho , le dije : Teresa


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«e« mia, pues es mi esposa: mi «vida está en vuestras manos: cas«tigadme, pero perdonad á vues«tra sangre, á vuestra hija ünica; «no deshonréis a su esposo, ni «la hagáis morir de dolor: olvi«daos de mí, para tener piedad «áe ella sola." — Al decir estas palabras , en lugar de llevarle á casa de Teresa, le guiaba hacia el pa'age donde te criaban k t i , Isabel: venid, le dije, venid á ver a qoien también tenéis que perdonar.—Tú estabas entonces en La cuna durmiendo, y en tu ros-< tro blanco y encarnado se mostraban la inocencia y la salud. Loienxo te nnra, sus ojos se hunaedecen, yo ite tomo y te presento k é l , dicie'ndole: esta también es vuestra hija.—A la sazón tú te


déépiertas, y como si el cielo te 'hubiese inspirado, tejo» de llorar, mostraste un semblante risueño T y alargando tus brazos tiernos acia Lorenzo , cogiste sus blancas canas, que apretabas entre tus de» dos, acercando su rostro al tuyo. El anciano no pudo resistir mas; y dándote mil besos, estrechandote en su seno, y llevándote en sus brazos, decia: vamos, varaos á Ver & mi hija: ven, hijo mió, aña« dio , dándome la mano, ~ Pensad, hijos mios, con que sAegritL le Nevaría yo á nuestra casa. En esto, temí que la vista inesperada de su padre y no asustase a Teresa; y queriendo advertirla, me adelanto, subo, abro la puerta, y veo á D. Femando k los pies de Teresa, la que se v«a obligada


a emplear la fuerza, para résut'r a sus deseos. Ap^as vi «átec espectáculo, cuando mi espada estaba en el seno de D. Fernando. Cae bañado en sangre, grita, acuden, llega la guardia, mi espada humeaba aun, me prenden, y el infeliz Lorenzo llega con el tfopel, para ver á su desventa"»<*o yerno que le llevaban a un calabozo. , ..^® í« abrazé^, le encargue mi n>ja y mi esposa, que había caído sm conocimiento: te abraze á ^h hija mia, y seguí k mis ««maradas, que me llevaron á la cárcel. En ella pasé dos dias y dos «oches, entregado k tedas las reflecsiones horribles qué debia hacer; Y» ignoraba la suerte de Teresa;


no veía a nadie mas que al cruel carcelero, que solo respondía k mis preguntas, asegurándome que no podía tardar en ser sentenciado á muerte. Al tercer día, las puertas se abren, y me mandan salir; un destacamento me esperaba; me rodean, y me conducen á la plaza de armas. A lo lejos veo mi regimiento puesto sobre las armas, y descubro el horrible instrumento de mi suplicio. £1 pensamiento de que estaba en la cima de mis males, me volvió las fuerzas perdidas: acelero el paso: mi lengua pronunciaba, á pesar mío, el nombre de Teresa: yo la buscaba con los ojos, y aun osaba quejarme de no encontrarla. hlego t y me leen la sentencia.


A M

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Ya iba á recibir la muerte, cuando unos gritos penetrantes suspenden mi suplicio : miro, y veo un espectro medio desnudo, pálido , sangriento, haciendo esfuerzos para penetrar por entre la tropa que me rodeaba. D. Fernando era quien esclamó: a amigos, gracia «por un inocente: yo solo soy el «culpado y quien merece la muérete; yo quise seducir su esposa: «el me ha castigado justamente, y «vosotros seréis unos bárbaros, si «os atrevéis á quitarle la vida." El gete del regimiento se llega á Don Fernando, y sosteniéndole , le habla y le muestra la ley que me condena por haber puesto la mano en mi oficial. «Ya no lo era, «replicó D. Fernando, pues yo le «había dado su libertad: aquí es-


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«lá su licencia firmada el din anales : ya no está sujeto á vuestra «justicia, ni vosotros tenéis dere«chos sobre él." Los gefes maravillados , se juntan , y D. Fernando y la humanidad levantan su voz en mi favor. Vuélvenme á la cárcel, y D. Fernando esciúbe al ministro, acusándose á sí propio, y pidiendo mi perdón. Al punto lo obtuvo. Lorenzo, Teresa y yo, fuimos á echarnos k los pies de nuestro libertador, quien confirmó el don que tne había hecho de mi libertad, y quiso añadir otros beneficios qne no aceptamos. Al instante nos venimos a este lugar, en donde la muerte de I^orenzo me ha dejado dueño de sus bienes, y en el cual Teresa y yo acabaremos


aa7 nuestros días en la paz y en medio de vosotros.— Todos los hijos de Pedro le habían ¡do estrechando al rededor, durante su historia. Ya no hablaba, y todavía le escuchaban, corriéndoles las lagrimas por sus mejillas. — Consolaos , les dijo el amable anciano: el ciclo me ha dado la recompensa de todas mis penas, con el amor que me tenéis. — Diciendo estas palabras, los *brazó, y toda la familia se fué « dormir. FIN.


IIVDICE Í)E LAS PARTICULARIDADES QUE CONTIENE ESTA OBHITA.

Prologo. . . . ; * . . pág. Sueño moral sobre la nobleza.. Cuento moral del oriente. . . Anécdota graciosa del último sitio de Gibraltar. . . . . Anécdota inglesa Rasgo de virtud. Rasgo de caridad. Otro rasgo de virtud. . . . . Otro rasgo de virtud del rey de Frusta Testamento de un soldado. . Anécdota Anécdota americana Elogio • de Madrid Egemplo de caridad. . . . . Anécdota de un ladrón . . . Confesión ingenua de una muger ingenua

7 g i3 2a 34 25 27 a8 29 3i 3a 33 35 id. 38 39


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futirías monedas antiguas. . . enigmas puestos en quintillas. JUEGOS DE PREISDAS. El que no haga lo que yo. . . Del anillo •í-Oí despropósitos El de las esquinas. . . . . El del compadre El del Gato El del Sombrero El de las Llaves La estatua El de la Candela El de la Fuente El del Cascabel mudo. . . . Nota para inteligencia y <^"' tribucion de las prendas. . . JUEGOS DE NAIPES. Poner á un número limitado de naipes el que otro tenga en su mente. Otro para hacer que el naipe que otro tenga en su faltriquera se convierta en un ra'««

-

Otro: pasar sobre una barca tres caballeros y tres damas Sin que en un lado ni cu otro h^r<* dos caballeros con da-

iá. 5i 83 84 85 86 87 89 91 92 gü id. 94 96 97 99

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Otro: sacar de la faltriquera de uno de los circunstantes {teniendo la baraja en ella) los naipes que otros hayan visto. Otro; para conocer y nombrar todos los naipes por el tacto aunqne sea con los ojos vendados. PRoi^ERBIOS NOS.. .

io4

I ofi

CASTELLA-

COLECCIÓN ÜE POESÍAS. Canción á la ausencia. . . . íilosa.i Receta, contra la hipocondría.. Verdadero retrato de la calle de san Antón de Madrid. . . En el mundo hety doce abusos. Pedia uno á Dios tres cosas.. Soliloquio amoroso del pastor Anfriso ANÉCDOTAS: anécdota alheniense ídem particular ídem de Rusia /</?/« Pérsica, Ídem Rasgo de generosidad. . . .

io8 117 11S 119 i aa 193 'tA. 134 K1i 134 '3^ f4' 143 i4^


Q3I

j4necdota curiosa >56 Ídem virtuosa í^t ídem . i63 Ídem »t>9 l€lem>(í. Ídem 17 * Perezoso animal de Indias.. . 17a Rasgo fiel de magnanimidad. . 17Í SOfRONIMO : nove/a de Florión «75 1M noche española: del mismo. 208


En la misma librería de SAVñl y Compañía calle de EtcudeUers te hallan las obras siguientes Osear y Amanda 6 los detcendientet de la abadía; 3 tomos edición de i8i8La Hermosura y |a Fealdad ó los efectos de nns mala educación : a tomos con a láminas edición de i8>8. El Cementerio de la Magdalena , 6 muerte d« Luis X V I : /« tomos con láminas. £1 Sepulcro ; bistoria de la Duquesa de C*** I tomo con lámina iSagPelayo ó el restaurador Át la nonarqnia española , por Valter Scott , i tomos. La Pastora de Lammenmoor ó la desposada, por V. Scott : a lomos. La visión de D. Rodrigo , ó la guerra de la independencia de {^paña , por V. Scott.' I tomo. Becreacione* qoimicas, ó colección de toda clase de esperímentos , de fuegos artificiales , modo de -liacer flores , colores , tintas de todas clases y otras curiosidades , etc. por Herpin : a tomos segunda edición corregida i8a9. £1 hombre Felis , independiente del mando y de la fortuna .- nueva edición i tomo en 8.° Tolominoso con a5 láminas. Aventuras del Picaron Guzman de Aliárrache; a tomos con láminas. Y otros muchos de todas clases.


Nueva Floresta Española