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La Iglesia que muchos queremos -

Renovemos nuestra fe -


LA IGLESIA QUE MUCHOS QUEREMOS PAULUS

No quiero ser ciego y alienado con respecto a las críticas que recibe mi Iglesia. No puedo hacerme el de los oídos sordos y ojos ciegos al pretender que mi Iglesia es perfecta y no falla en nada; al contrario, quiero cuestionar a mi Iglesia, porque quiero que sea mejor, quiero ejercer el título de profeta que el bautismo me ha dado; quiero anunciar, pero también denunciar y al mismo tiempo ayudar a reorganizar, ser parte del cambio. El profeta no sólo anuncia y denuncia, también organiza, sino su tarea es incompleta. He sido católico siempre, conozco muchas cosas buenas y malas de mi Iglesia, y con una mano cubriéndome el rostro a causa de la vergüenza y con la otra en el corazón, debo decir que: No me gusta esa Iglesia de opulencias, de injusticias, de muchas palabras y de poco ejemplo; amo esa Iglesia humilde, noble, pobre, de rostro curtido y cansado. No me gustan esos dirigentes que en el ambón hablan muy bonito, pero sin los ornamentos, fuera de la misa, no aplican para sí mismo lo que han hablado. No soy católico por el Papa, los obispos, los curas y las monjas, pero sí por esa gente sedienta de Dios, por los niños inocentes que quieren ser cuna para Jesús de Nazareth, por los jóvenes soñadores, cuestionadores, que me enseñan a ser más pueblo, que me devuelven mi juventud y por los adultos cansados que no pierden su fe a pesar de todo. Soy católico, no por la Institución, sino por la gracia de Dios; la Institución viene después, es añadidura. No soy seguidor de "líderes", soy seguidor del pueblo en cuyo regazo reposa la autoridad. No me gusta esa Iglesia que alardea de ser y vivir en comunidad y se olvida de crear fraternidad; no me gusta esa Iglesia que en la misa reparte un pan convertido en el Cuerpo de Cristo y fuera de la misa se olvida de repartir el pan material que también hace falta al pueblo. No me gusta esa Iglesia que sólo recoge limosna u ofrenda, pero la puerta de la casa cural está cerrada para quien mendiga algo de comer. No me gusta esa Iglesia de dirigentes bien vestidos, prefiero aquella cuyos sacerdotes se confunden con el pueblo, porque se hacen iguales a él, luchan con él y sienten el dolor de su rebaño y sufren. Me gusta la Iglesia que es más humana, porque así se hace más divina, por eso Jesús se hizo hombre. Me gusta la Iglesia que gana almas para Dios y no dinero para sus bancos. Me gusta la Iglesia que es sufrida y no la que hace sufrir. Me gusta la Iglesia católica, es decir, universal y no la de unos cuantos. Me gusta la Iglesia que misiona y está dispuesta a aprender y no la que pretende saber


todo. Me gusta más la Iglesia del amor, que la de las normas y los derechos canónicos. Me gusta más la Iglesia que encuentra a Dios y se une con Él en una simple oración surgida del corazón, que la de grandes tratados teológicos y filosóficos. En fin, quiero una Iglesia que sea más UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA, en la que se pueda adorar a Dios en espíritu y en Verdad, una Iglesia en la que ninguno se adueñe de los dones divinos que Dios da a todos; quiero una Iglesia más de Dios. No soy hereje ni blasfemo, no soy anticatólico, no soy de ningún partido político de derecha o izquierda; sólo soy un católico que quiere que su Iglesia sea mejor y por eso cuestiona, indaga y dice lo que debe decir. Soy un católico que quiere que su Iglesia vaya al fondo de las cosas y no se quede en las formas. Si no estás de acuerdo con lo que expreso aquí, respeto tu opinión; si estás de acuerdo conmigo, te invito a que juntos comencemos el cambio que se necesita, de modo que logremos la Iglesia que muchos queremos. Paz sólo en Jesús. Paulus.

La Iglesia que muchos queremos  

Reflexiones para quien vive su fe