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El Alicanto La travesía por el desierto era dura. Caminaron durante largos y extenuantes días guiados por un anciano, que a pesar de su edad conocía el desierto como la palma de su mano. Confiaban ciegamente en que los conduciría a aquel camino oculto entre las montañas. Aquel camino era una ruta segura, protegida de la vista, un camino aislado. El terreno comenzó a elevarse y a llenarse de afiladas rocas que hacían peligroso el ascenso. El clima era cruel, el sol quemaba durante el día, el frio en la noche helaba la sangre, y el pasisaje jugaba con las mentes de los guardianes. Ninguno hablaba, estaban conscientes de que veían cosas irreales y que se habrían perdido hace mucho tiempo, si no hubieran contado con la guía del anciano. Llegaron a una zona dentro de las montañas, llena de galerías subterráneas, de caminos, de cuevas que llevaban a todas y a la vez a ninguna parte. Repentinamente se detuvieron y escucharon pasos metálicos. Frente a ellos apareció un pájaro de enormes dimensiones. Tenía plumas metálicas de color plateado que reflejaban la luz del sol en todas direcciones. Poseía una enorme cabeza coronada por plumas doradas, sus ojos tenían un fulgor extraño y amarillo, que acentuaba la profundidad de su mirada penetrante. Al igual que Bia, El pájaro no tenía sombra y al notar que el brillo de sus alas enceguecía al anciano y a los guardianes, cambio la tonalidad de sus plumas, quitándoles el brillo. Creyeron que estaban viendo a una ilusión, hasta que el anciano les dijo que la criatura majestuosa que observaban se llamaba Alicanto. Le preguntaron por qué no los guiaría él a través del camino, el pájaro los hacía sentirse intranquilos. El anciano les respondió que los dominios que se adentraban le pertenecían al Alicanto, solo si él quería conducirlos a través de la entrañas de la montaña, encontrarían una salida. El conoce bien el lugar, pero deben ser precavidos les dijo el anciano, la avaricia es uno de los pecados de los hombres, y el Alicanto castigará con la muerte a cualquiera de ustedes que sea avaricioso. -¿Avaricia en medio de una cueva?, en medio del cerro- increpó Bia molesta. El anciano la observo un rato antes de responder. -Las entrañas de la tierra esconden los Tesoros del Alicanto. La mayor riqueza que jamás podrían imaginar, ni en sus sueños más descabellados, todos los metales preciosos, las piedras más hermosas. Deben pasar por eso, sin tocar nada, si lo hacen no saldrán vivos de ese lugar. Se perderán en la oscuridad, a donde van nunca llega el sol, nunca encontraran la salida. Deben confiar en el Alicanto y en mis advertencias, no toquen nada , absolutamente nada. Se adentraron en una de las galerías subterráneas siguiendo al enorme pájaro.


El Alicanto