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PAHV Cartas perdidas La carta de Laila llego un mes después de que ella se marcho. El remitente era su padre, cuando la vi llegar al buzón no pude evitar esconderla lejos de Felipe. Mi hermano no necesitaba que las palabras de Laila llegaran para destrozar la felicidad de su prometida. No había nadie en casa, yo había ido a regar las plantas y a alimentar al gato, mi hermano y su esposa habían viajado unos días a la playa de vacaciones. Recogí la correspondencia, fue entonces cuando vi la carta fechada en unas semanas atrás, con el nombre del padre de Laila como remitente. Escondí la carta en mi bolsillo para leerla en mi casa, me sentía incomodo teniendo esa carta en mis manos. Las fotografías de Bárbara la esposa de mi hermano me miraban acusadoramente desde la pared. Al verlas sentí que la carta de Laila era un sacrilegio en esa casa tranquila, era como el presagio de la tempestad, una mala premonición. Me fui temprano ese día, Mardoqueo no apareció por ningún lado, su platito de agua y comida estaban vacios, los llene y me fui en mi moto. Llegue a mi departamento sintiéndome un portador de malas noticias. Prendí las luces y abrí la carta, que más que carta parecía una pequeña encomienda. Al romper el envoltorio cayó en mis manos una cadena con un dije de mariposa… no podía ser, era la cadena que Laila siempre llevaba en el cuello. Una mariposa de color amarillo colgando de un una cadena que no tenía broche, que estaba soldada. Laila nunca dijo quien se la había regalado, había dicho que había prometido que siempre la llevaría en el cuello. La cadena estaba rota, eso era aún más mala señal. Busque la carta, se me cayeron las hojas al suelo, reconocí la letra de Laila y una letra desconocida para mí. La carta de la letra desconocida estaba firmada por el papá de Laila, la leí rápidamente en ella el señor Osvaldo, explicaba que su hija había fallecido recientemente en un accidente de tránsito, y que apenas consciente en el hospital le había pedido que le entregara esa cadena a Daniel. Me senté en el suelo presa de una confusión terrible… Laila no podía haber muerto, habríamos sabido… Mire las fechas…cerca de un mes atrás. Dios santo, un accidente, no decía donde la carta estaba franqueada en algún lugar en Bélgica. Mire la carta, la releí muchas veces, pensando en que podría ser una broma, pero la cadena estaba rota. Mire las otras cartas, eran muchas páginas escritas pro Laila pero mucho más viejas, la fecha eran 4 años atrás. Me quedé en shock mucho rato. No tuve el valor para leer la carta, miré su cadena. La habían arrancado de un tirón.

Cartas perdidas

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Bárbara era mucho más astuta de lo que parecía, no era una persona brillante, pero estaba dotada de una intuición que hasta a mi me daba miedo. Ella se deshizo de toda la evidencia que pudiera arrebatarle la atención de mi hermano, podía estar seguro de que alguna vez sospecho que Laila y Daniel tenían una conexión extraña. Tras muchas investigaciones, logre encontrar a un antiguo trabajador de correos. El me contó que la señorita de cabello rizado le había pagado para que retirara las cartas que llegaran a la casilla de su esposo. Me costó mucho convencerlo de que me las entregara. Las conservó a pesar de haberlas sustraído porque dijo que no fue capaz de botarlas, simplemente no había podido. Me las entregó un día que nos encontramos cerca de su casa. Veinte cartas en total, todas procedentes de diferentes lugares. Todas para mi hermano, cerca de 4 años de cartas. La leí, leí leí páginas interminables…. Me senté incapaz de leer la última, pues sentí que era la carta que desataría el caos…

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Tiempo perdido, oculto quizás robado..