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febrero Día 2 de febreo

La presentación del Niño Jesús en el Templo (Siglo 1)

El evangelista Lucas nos narra (Lc 2, 22-39) el relato de la Presentación del Niño Jesús. María y José vienen al Templo para cumplir con un rito de la religión judía. La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido, todo hijo primogénito fuera presentado en el Templo, pues le pertenece al Señor. También había que llevar un cordero o una paloma como ofrenda en sacrificio. En la puerta del templo de Jerusalén estaba un sacerdote, que se encargaba de recibir a los padres y a los niños que llevaban a ser presentados y hacía la oración de introducción del pequeño ante el Señor. Así acudieron María y José con el Niño Jesús al templo para presentarlo. En este momento se presentó un anciano llamado Simeón, un hombre justo y piadoso, ante la familia de Nazaret a quien el Espíritu Santo le había prometido que no moriría sin antes haber visto al Salvador, y ahora, al ver llegar a los esposos con el Niño Jesús al Templo, el Espíritu le hace saber que aquel Niño era el Redentor y Salvador prometido. Emocionado, Simeón toma al Niño en sus brazos y levantándolo hacia el cielo proclamó: “Este Niño será luz de las naciones con sus enseñanzas y muchos lo seguirán,

pero también otros lo rechazarán y por esta causa la Virgen tendrá que sufrir, como si una espada le atravesara el corazón”. Pronto se cumpliría esta realidad comenzando con la huida a Egipto para evitar que el rey Herodes le quitara la vida al Niño Jesús; después, la pérdida de Jesús a los doce años en el templo; más tarde, la Virgen padecerá el martirio de ver morir a su Hijo en la cruz sin poder calmar sus sufrimientos y crueles dolores. Después de este encuentro con el anciano Simeón, María guardaba y meditaba todas estas palabras en su corazón.


Día 5

San Felipe de Jesús Protomártir mexicano (1572-1596)

Fue bautizado bajo el nombre de Felipe de las Casas y

nació en la Ciudad de México en mayo de 1572, su padre Antonio y su madre Antonia le dieron buen ejemplo. De niño fue travieso y juguetón. Después de un tiempo decidió irse a Puebla a un convento, pero al poco tiempo salió porque no resistió esa vida y regresó a su casa en la Ciudad de México. Cuando cumplió 18 años, su padre lo envío a las islas Filipinas para probar fortuna, y se estableció en Manila, deslumbrado por la vida mundana; fue entonces que escuchó de nuevo la llamada del Señor: “Si quieres venir en pos de mí, renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”. (Mt 16, 24). Fue entonces que decide entrar con los franciscanos de Manila.

Esta vez su conversión fue de todo corazón y cambió su nombre a Felipe de Jesús. Estudiaba y atendía enfermos y moribundos con gran devoción y esmero, pues quería vivir como su Señor, Jesús. Después de un tiempo, sus superiores lo mandaron a México para ser ordenado sacerdote, junto a su familia y sus seres queridos. Con ese fin se embarcó, junto con algunos de sus hermanos franciscanos, rumbo a México, pero en el transcurso del viaje se desató una fuerte tormenta que desvió el barco y fue a encallar en las costas de Japón. El mayor sueño de Felipe era convertirse en misionero de ese país y entregarse más a Cristo trabajando por la conversión de los japoneses, y así lo hizo. Junto con sus hermanos franciscanos inició la misión con muy buenos resultados, pero sobrevino una gran persecución del emperador Taiko Sama, quien ordenó dar muerte a todos los misioneros. Felipe quiso compartir la misma suerte de sus hermanos cristianos y franciscanos que se encontraban como misioneros en Japón, aunque él tuvo la oportunidad de escapar porque había llegado a Japón como náufrago y no por haber sido enviado a ese lugar a evangelizar. A finales del mes de diciembre de 1596, Taiko Sama decide trasladar a los misioneros que se encontraban en Kyoto, a Nagasaki, ubicada a 900 kilómetros, con el objeto de sacrificarlos en la única ciudad del Japón que había nacido cristiana. El emperador pensaba que por el recorrido tan largo que harían los misioneros serviría para hace renegar de su fe a los japoneses que estuvieran con el deseo de acogerla, y así sometió a numerosas torturas a los prisioneros durante el largo camino. Durante un mes caminaron en pleno invierno por pueblos y ciudades de Japón para ser objeto de burla y escarmiento. Finalmente en el “Monte de los Mártires”, en las afueras de Nagasaki, Felipe y sus compañeros fueron colgados y martirizados; Felipe muere en una cruz y atravesado en ambos costados por dos lanzas, y otra más le atraviesa el pecho. Sus últimas palabras fueron: “Jesús, Jesús, Jesús”. Contaba con 23 años de vida. Es Patrono de la Ciudad de México. El año 1627 fue beatificado por Urbano VIII y en 1862 fue canonizado por el Papa Pío IX.


Día 8

Santa Josefina Bakhita La Santa de África (1869-1947) Bakhita nació en una Aldea cerca de la montaña en Aligerei Sudán, en 1869, perteneciente a la Tribu Dagiu. Cuando tenía cinco años, su hermana fue secuestrada por comerciantes de esclavos y cuando ella tenía ocho años, también fue secuestrada por comerciantes árabes para venderla como esclava, como había sucedido con su hermana, y le pusieron el nombre de Bakhita, que significa “afortunada”. Fue vendida cinco veces y algunos de sus dueños la golpeaban. Finalmente en Khartoun, Calixto Legnani, vicecónsul italiano, la compró y la adoptó. Bakhita se convirtió al cristianismo en enero de 1890, y en 1893 decide ingresar al Instituto religioso de las Hijas Canossianas de la Caridad donde en 1896 hizo sus votos para servir como religiosa consagrada los siguientes cincuenta años de su vida. Se le conocía como una persona gentil y siempre dispuesta a ayudar: Bakhita decía que fue en el Instituto de las Hijas Canossianas donde conoció de verdad a Cristo y en donde “Dios había permanecido en su corazón”, por lo cual había tenido la fuerza para superar la esclavitud. Nunca realizó milagros ni fenómenos sobrenaturales, pero tenía fama de santidad, siempre modesta y humilde, mantuvo una fe firme en su interior y cumplió siempre sus deberes cotidianos. Le costó mucho escribir su biografía en 1910. Fue publicada en 1930. En 1929 se le ordena ir a Venecia para contar la historia de su vida; luego de la publicación de sus memorias, se hizo muy conocida y viajaba por toda Italia dando conferencias y recogiendo fondos para su Congregación. Su salud se fue debilitando y quedó en silla de ruedas, con mucho dolor. Falleció el 8 de febrero de 1947 en Schio, Italia, fue canonizada por SS Juan Pablo II el 01 de octubre del 2000.

Día 11

Nuestra Señora de Lourdes (1858)

El 11 de febrero de 1858, Bernardita, una niña de 14 años, había ido a recoger

leña a un lugar llamado Masabielle, en las afuera de Lourdes, Francia. Al acercarse a la gruta, una racha de viento la sorprendió y vio en una nube dorada a una Señora, vestida de blanco, con sus pies descalzos, cubiertos por dos rosas doradas, en su cintura una banda azul y sus manos juntas en posición orante portando un rosario. Bernardita, al principio se asustó y comenzó a rezar su rosario, y al mismo tiempo que la niña, la Señora pasaba el suyo entre sus dedos; al finalizar la recitación del rosario, la Virgen María retrocedió hacia la gruta y desapareció. Estas apariciones se repitieron por 18 veces, hasta el 16 de julio. El 18 de febrero, la Virgen le dijo a Bernardita: “Ven aquí durante 15 días seguidos”. La niña prometió hacerlo y la Señora le dijo: “Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo sino en el otro”. La noticia de las apariciones corrió por toda la comarca, unos creyeron, otros se burlaban.


En la novena aparición, el 25 de febrero, la Señora mandó a Bernardita a beber y a lavarse los pies en el agua de la fuente, señalándole el fondo de la gruta. La niña fue, escarbó en el suelo, y se produjo el primer brote del milagroso manantial de Lourdes. En las apariciones, la Señora, exhortó a Bernardita a besar la tierra como acto de penitencia para ella y los otros. El 25 de marzo, el párroco del lugar le pide a la niña que pregunté a la Señora, quién es. Bernardita obedece al mandato de su párroco, y le comunica a la Virgen la pregunta del sacerdote, a lo que ella le responde: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Este Dogma fue declarado por el Papa Pío XI en 1854. El 16 de julio de 1858, la Virgen se aparece por última vez y se despide de Bernardita. Se construyó un santuario y el 18 de enero de 1862 se declararon auténticas las apariciones. Los mensajes de la Virgen son: el agradecimiento por la definición del Dogma de su Inmaculada Concepción, la exaltación de la virtud de la pobreza, la humildad aceptada cristianamente al elegir a Bernardita como instrumento de su mensaje, la aceptación de la Cruz y, finalmente, la importancia de la oración del Santo Rosario.

Día 25

Beato Sebastián de Aparicio (1502-1600)

El 20 de enero de 1502, nace en la Gudiña, el tercer hijo de Juan Aparicio y

Teresa Prado; al ser bautizado recibe el nombre de Sebastián. Aprendió de sus padres el amor a Dios Padre y supieron también transmitirle su propia fe, sobre todo con el ejemplo de su vida. Pronto fue familiarizándose con todo lo relacionado a su ambiente campesino, aprendió la equitación y lo referente a lo que sería fundamental en su vida.


Un día, Sebastián calló gravemente enfermo, la peste bubónica hizo presa de su cuerpo adolescente quitándole las esperanzas de vida, y para evitar el contagio, la única medida sanitaria en ese tiempo era alejar al enfermo y dejarlo en la soledad del campo, y Sebastián tuvo que ser abandonado en una choza solitaria y lejos de su familia. Para su mamá Teresa, fue una dura medida, todos los días le lleva algo de comer. Un día Sebastián no le responde, lo encuentra casi muerto, decide alejarse y en su dolor no se da cuenta que la puerta de la choza donde yace Sebastián se queda entreabierta, y un lobo que merodea por ahí entra y muerde el tumor maligno que tiene Sebastián; al desangrarse mejora y a la mañana siguiente la fiebre ha desaparecido, entonces regresa al hogar totalmente curado.

Después trabaja como jornalero y aprende la honradez y la obediencia amorosamente, los mandamientos de Dios, nuestro Padre, que se graban profundamente en su joven corazón y aprende desde entonces que Dios es su mejor amigo. Cuando cumplió los 20 años, se puso a recorre algunas partes de España, y tiempo después le viene la idea de marcharse hacia la recién descubierta América. Así, en el año de 1533, Sebastián desembarca en Veracruz y de ahí se dirige a Puebla de los Ángeles, lugar donde encontró el sentido religioso de su vida y trabajo honrado. A dos años después de su llegada, inició una nueva forma de trabajo, utilizando al ganado vacuno y equino; empieza a domar a los caballos como el inicio de la “charrería mexicana”, después los usa como medios de transporte de las cosechas y la leña que, en ese tiempo, se transportaba en hombros. Sebastián pensó que las carretas podían ser jaladas por vacas para trabajar los campos a cultivar y para transportar mercancías, y así abrió el camino de México a Veracruz convirtiéndose en el primer transportista de México. Tiempo después decide ingresar al convento y consagrarse al servicio de Dios; para lograrlo tuvo que superar muchas pruebas, pero finalmente, cuando tenía 72 años de edad, el 13 de junio de 1575, hace la Profesión de los votos religiosos. Sus superiores lo envían como limosnero por varios años y el 25 de febrero de 1600 entrega su alma al Señor. Fue beatificado por el Papa Pío VI el 17 de mayo de 1789. Su cuerpo incorrupto de encuentra en la Ciudad de Puebla.

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Santos Febrero