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minutos

en compañía de lo Santos ...del mes de

Marzo

Por Alberta Salas Flores, fsp

Día 1 SAN ROSENDO (907 - 977) Monje y Obispo

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osendo, también llamado Rudesindus, fue el impulsor del monacato en la Península Ibérica. Nació en Salas, de Galicia, España, el 26 de noviembre del año 907. Fue hijo del conde Gutierre Méndez y la condesa Santa Ilduara. Desde muy joven, Rosendo tuvo la inclinación a la piedad y al silencio. Ya adolescente, se va con su tío Sabaríco, con el que aprendió latín y las Sagradas Escrituras. Era un joven maduro, de costumbres piadosas. Fue también muy austero, alegre y generoso con los pobres. No se sabe cuánto tiempo, pero una buena temporada estuvo en un monasterio Benedictino, después fue Abad en el monasterio de San Salvador y Santa Cruz de Puerto Marín donde siguió estudiando; fue allí donde le llegó la noticia de que había sido elegido Obispo de Mondoñedo. Al llegar a su diócesis, se tuvo que empeñar en imponer la paz entre sus fieles y se dedicó a construir monasterios y templos.


Tenía sentimientos muy humanos, motivo por el cual lucho contra la esclavitud de su tiempo, liberando a todos los esclavos que tenía el clero, y recomendó a todos los señores aristócratas de su diócesis que tenían esclavos, a que siguieran el ejemplo de dejar libres a sus esclavos. Aunque era obispo, añoraba la vida monacal y deseaba volver al claustro. Comenzó con la construcción del monasterio mediante las donaciones que hacían tanto los ricos como los pobres, y el 25 de septiembre del 942, había cumplido sus deseos. Se convirtió en obispo monje. Sin embargo tuvo que regresar a su sede de Mondoñedo. Se cuenta que el ángel de su guarda se le aparecía para rezar con él y le obligaba a predecir el futuro. Por orden del rey le fue entregado el gobierno de una provincia del reino. Fue así como tuvo que compaginar la predicación del Evangelio y la cruz, con las riendas de un caballo para visitar a los habitantes de aquella comarca. Tuvo que hacer frente a los sarracenos y después a los normandos, y cuando pacificó todas las tierras gallegas y ordenar sus otras actividades eclesiásticas, el año 974, se retiró al monasterio de Celanova. Fue allí pasó sus últimos años dedicado a la oración y dando ejemplo de vida a sus monjes. Murió el 1 de marzo del año 977.

Fue canonizado por el Papa Celestino III en el año 1196.


Día 14 SANTA MATILDE (895 -968)

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Reina

atilde nació en Engern, Alemania, el año 895; su padre fue Teodorico, conde de Westfalia, y de Reinhalda de Dinamarca, quien descendía de familia de príncipes. Al nacer, Matilde fue confiada al cuidado de su abuela paterna, que era abadesa del convento de Erfud. Allí sin apartarse mucho de su hogar, Matilde fue educada y creció hasta convertirse en una joven que sobrepasaba a sus compañeras en belleza, piedad y ciencia Se casó con Enrique I el año 909 a los 14 años de edad; tuvieron cinco hijos entre ellos el Emperador Otón I. El matrimonio fue feliz, Matilde ejerció sobre su esposo una moderada, pero edificante influencia. Enrique sucedió a su padre en el Ducado, la Reina Matilde vivía en la humildad que la había caracterizado desde niña, a sus cortesanos y servidores, les parecía más una madre amorosa que su reina y señora. Su esposo confiaba plenamente en ella porque veía su caridad y bondad para con los más necesitados de su reino. Después de 23 años de matrimonio, el rey murió de apoplejía el año 936. Cuando le avisaron que su esposo había muerto, Matilde se encontraba en la iglesia, y ahí se quedó orando. Después, pidió al sacerdote que celebrara la Misa por su esposo recién fallecido; luego, se quitó las joyas, las puso en el altar como signo de renuncia al mundo y se ofreció a Dios por el resto de su vida. A partir de entonces se dedicó a fundar monasterios, y al llegar sus hijos a la edad adulta, se despide de ellos para retirarse por el resto de su vida al convento. Ahí estuvo por más de treinta años hasta que cayó enferma. Entonces decidió repartir lo que le quedaba de sus bienes y murió en el castillo de Quedlinburg a los 73 años de edad. Se dice que Santa Matilde poseía el don de predecir el fallecimiento de algunas personas. Desde el día de su deceso comenzó a ser venerada como santa, pero sobre todo, por sus virtudes de caridad, humildad y piedad. Santa Matilde es abogada de aquellos que sufren a causa de los pleitos y difíciles situaciones familiares.


Día 19 San José (Siglo I) San José, esposo de la Virgen María

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os evangelios no nos dicen mucho de san José, pero leemos en el Evangelio según san Mateo y de san Lucas, algunos datos que nos dan una idea de quién fue san José y de su participación en la obra de la redención: ser esposo de la Virgen María, padre adoptivo de Jesús y custodio de la Sagrada Familia. José no era el padre natural de Jesús porque no lo engendró él, sino el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, por eso Jesús es el Hijo de Dios, pero José lo aceptó ante el mundo y ante Dios, como hijo suyo y lo trató y cuidó como tal.


San José es llamado “el santo del silencio” por su actitud humilde y callada ante la voluntad de Dios de ser el padre de su Hijo. No conocemos palabras que haya expresado, sólo sus obras: actos de fe, amor y protección como esposo responsable de su amadísima esposa y padre responsable del Hijo de Dios. José fue santo, porque fue escogido por Dios para realizar una misión muy especial que para un hombre de ese tiempo era casi imposible de aceptar y de llevar a cabo, ya que se trataba de aceptar una responsabilidad de algo que él no había hecho, el engendrar a un hijo, y de dar la cara ante la sociedad e iglesia de su tiempo como el verdadero padre de Jesús. Los hombres de ese tiempo, por lo general se casaban muy jóvenes. José era un hombre justo, casto, honesto, humilde y de profesión sencilla, pues era carpintero. En la relación matrimonial de san José y la Virgen María tenemos un ejemplo para todo matrimonio, ya que nos enseñan que el fundamento de la unión conyugal está en la comunión de corazones, en el amor divino. Para los esposos, la unión de cuerpos debe ser una expresión de ese amor, y por tanto, un don de Dios. La virginidad como don total a Dios, aún de las parejas que se han unido en matrimonio, nunca es carencia, sino que es una oportunidad que abre las puertas para comunicar el don divino en la forma más pura y sublime, como la de la Virgen María y de san José. Dios habitaba siempre en aquellos corazones puros, y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios. La fe de José tuvo una grande prueba con el misterioso embarazo de María; pues no conocía el Misterio de la Encarnación y no queriendo exponerla al repudio y a una segura lapidación, prefirió retirarse en secreto, y dejar así que la gente pensara que él había sido quien había fallado a su compromiso con María. Pero Dios envió un ángel que se apareció en sueños a José y éste hizo lo que el ángel le mandó: tomó consigo a su mujer comprometiéndose como esposo para María y como padre para Jesús. José, porque era un “hombre justo” (Mt 1,19) y de fe, obedeció a Dios, sabiendo que Él lo había elegido para ser parte del misterio de la Redención. Pidamos a Dios por intercesión de san José la protección de cada familia y de los obreros y emigrantes, ya que él supo por experiencia propia, de los sacrificios y dificultades que pasan los trabajadores y los que están fuera de su patria.

Para conocer mejor a San José es conveniente leer la exhortación apostólica Redemtoris Custos del Papa Juna Pablo II.


Día 23 Santa Rebeca Petra Ar-Rayes (1832 -1914) Virgen, Monja Maronita y primera Santa del Líbano

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Rebeca Boutrossieh Ar-Rayés nació en el pueblo montañoso de Himlaya el 29 de junio de 1832. A los siete años su madre perdió la vida, por lo que su padre contrajo nuevas nupcias, lo que ocasionó que Rebeca viviera una infancia con las dificultades propias de quien tiene una madrastra en vez de una madre. Cuando cumplió los catorce años, su padre le arregló un matrimonio, pero ella no aceptó el acuerdo que habían hecho con el novio. La situación se puso tan difícil que optó por huir de su casa a fin de poder alcanzar la vida consagrada, como ella lo deseaba con toda el alma. Se fue a refugiar al convento de las religiosas de Santa María de la Liberación, conocidas más como “Mariametas”. El padre y la madrastra intentaron por todos los medios regresarla al hogar, pero la decisión que Rebeca había tomado era firme y se quedó con las religiosas del convento. Después de un año de haber llegado, tomó el hábito y la enviaron a la comunidad de Ghazir, donde emitió su profesión religiosa. Ahí permaneció durante siete años en la cocina del seminario, tiempo que aprovechó para estudiar algo que de niña no pudo tener. En 1860 los drusos atacaron a los cristianos, y ese año Rebeca fue enviada a Deir El-Qamar. En ese lugar permaneció Rebeca luchando por salvar su vida y la de otros muchos cristianos, especialmente la de los niños, de manos de los drusos.


Después que cesó la Guerra, la enviaron a Gebail, y luego a Ma’Ad, donde permaneció como catequista durante siete años. En ese tiempo expulsaron a los sacerdotes Jesuitas y las religiosas quedaron desamparadas. Rebeca quiso continuar su vida consagrada, y con la ayuda de un bienhechor que pagó la dote, pudo ingresar al monasterio donde profesó sus votos religiosos como monja de la Orden de San Antonio, de los Maronitas. Al año de su ingreso en el monasterio le empezaron enfermedades muy dolorosas que la redujeron a la parálisis, la ceguera y llagas en todo el cuerpo. Aún en esta situación vivió en la paz, la paciencia y la perfecta unión con el Cristo del Calvario y la Virgen al pie de la Cruz. Así, con grande fe, transcurrieron los años de su vida en el monasterio, convirtiéndose en la “Santa del sufrimiento y del dolor”. Con su ejemplo, ayudó a su pueblo a descubrir el valor salvífico del sufrimiento y del dolor. También se distinguió por el amor que prodigaba hacia los enfermos y los niños abandonados, y oraba por ellos. El 22 de marzo de 1914, Rebeca le dijo a su superiora: “Me gustaría despedirme de mis hermanas y oír sus voces antes de morir”. La mañana del 23 de marzo de 1914, pidió la Santa Comunión diciendo: “Déjenme llevar conmigo mi provisión”. Murió en fama de santidad el 23 de marzo de 1914. Su sepulcro es la meta constante de muchos peregrinos.

Rebeca vivió 82 años de cuales fueron 29 de sufrimientos, y profundo amor a Cristo. El 10 de junio de 2001, Rebeca se convirtió en la primera Santa del Líbano. El Papa Juan Pablo II imploraba la intercesión de Santa Rebeca para quienes viven en países dominados por la violencia y la guerra.


Día 30 San Julio Álvarez Mendoza (1886 -1927) Sacerdote Mártir de la Cristiada

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ulio nació en Guadalajara, Jalisco, México, el 20 de diciembre de 1886. Sus padres fueron don Atanasio Álvarez y doña Dolores Mendoza. Desde muy joven, Julio sintió la llamada de Dios, y ayudado por los patrones de sus padres pudo ingresar en un colegio superior y luego en el seminario de Guadalajara en el año 1880. De acuerdo con los informes rectorales del Seminario, se le descubre ser un joven dotado de inteligencia, constante en el estudio y piadoso. Su amor a la Santísima Virgen María lo llevó a inscribirse en la Congregación Mariana.


Después de recorrer los años de estudiante en el seminario, fue ordenado sacerdote el 2 de diciembre de 1894. Ejerció su ministerio en Michoacanejo como capellán en la parroquia de Teocaltiche; era un sacerdote de oración profunda; oraba con devoción la Liturgia de las Horas, el Rosario y, con gran recogimiento, celebraba la Eucaristía. Tenía un gran celo pastoral, impartía catequesis y tenía para todos gestos de bondad y amabilidad; promovía a sus feligreses en algunas actividades que pudieran ganarse la vida honradamente. Por ese tiempo se recrudecieron los ataques contra la Iglesia y se había suspendido el Culto a Dios en los templos católicos a causa de la persecución cristera. Pero el padre Julio continuaba impartiendo los Sacramentos en las rancherías, bautizaba en los ríos o en los montes, había optado por permanecer con sus fieles. El 26 de marzo de 1927 cuando iba a celebrar la Misa, en el camino, lo reconocieron los soldados, lo detuvieron y lo ataron a una silla de caballo. Así lo llevaron exhibiéndolo por varias poblaciones: Villa Hidalgo, Aguascalientes, León, San Julián. En León, Guanajuato, el general Joaquín Amaro, le dictó su sentencia: “Lo fusilan en San Julián”. Atado a la silla de caballo, llegó a San Julián al amanecer del día 30 de marzo de 1927, y de inmediato lo llevaron al lugar de la ejecución. Antes de recibir la descarga de balas, pidió permiso para hablar y dijo: “Voy a morir inocente, porque no he cometido ningún mal. Mi delito es ser Ministro de Dios. Yo les perdono”. Lo mataron y tiraron su cuerpo a un basurero que había cerca de la Iglesia.

Fue canonizado el 21 de mayo de 2000 por el Papa Juan Pablo II.


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Santos del mes marzo