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Cincomotivos

para

orar

Febrero

en el mes de Por MarĂ­a BelĂŠn Sanchez B, fsp


El secreto de la felicidad “Al ver a la multitud, Jesús subió al monte, se sentó y se le acercaron los discípulos. Tomó la palabra y los instruyó en estos términos: «Dichosos los pobres de corazón, porque el reinado de Dios les pertenece. Dichosos los afligidos, porque serán consolados. Dichosos los desposeídos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque serán tratados con misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se llamarán hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa del bien, porque el Reino de Dios les pertenece. Dichosos vosotros cuando los injurien, los persigan y los calumnien por mi causa. Estén alegres y contentos pues vuestra recompensa en el cielo es abundante. De igual modo persiguieron a los profetas que os precedieron»”. Mateo 5, 1-12


La verdadera felicidad

Jesús hablaba al pueblo y les decía quiénes son verdaderamente los más felices: Dichosos los pobres, los que lloran, los que sufren, los misericordiosos, los que trabajan por la paz. Puede parecernos una contradicción según nuestra lógica humana, porque nadie que esté en “su sano juicio” puede pensar que la pobreza, el llorar y el sufrir sean motivo de una verdadera felicidad. Sin embargo, es la paradoja de Jesús, ya que él mismo experimentó estas realidades y las llevó al extremo hasta la muerte, de la cual salió vencedor y triunfante. Por ello, sus palabras no son sin sentido cuando nos dice: «Grande será su recompensa en el Reino de los cielos». Alegrémonos de sufrir y pasar necesidad a causa de poner en práctica las enseñanzas de Jesucristo, por ser cristianos practicantes, y no sólo de nombre.

ORACIÓN Yo no podía entender por qué mis logros no me dejaban nunca satisfecho; ni por qué al cumplir mis caprichos o al llegar a la cumbre del placer no siempre lícito, la amargura se volcaba en mí como un torrente... Hasta que un día escuché tu Palabra, Señor, que me hablaba con voces inspiradas y me daba elementos para entender cuál es la verdad que me conduce por el camino verdadero a la vida duradera. Desde hoy, Señor, quiero seguir atentamente tus enseñanzas y vivir como quieres Tú, a lograr lo mejor para mí y lo más hermoso. Aunque otros me digan lo contrario, aunque otros afirmen diferente, yo sé que tus palabras son verdaderas, y para mí son lo mejor que pueda tener en esta vida.


Los milagros de Jesús “Saliendo de las tierras de Tiro, Jesús pasó por Sidón y, dando la vuelta al lago de Galilea, llegó al territorio de la Decápolis. Allí le presentaron un sordo que hablaba con dificultad, y le pidieron que le impusiera la mano. Jesús lo apartó de la gente, le metió los dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. En seguida levantó los ojos al cielo, suspiró y dijo: «Effetá», que quiere decir: «Ábrete.» Al instante se le abrieron los oídos, le desapareció el defecto de la lengua y comenzó a hablar correctamente. Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie, pero cuanto más insistía, tanto más ellos lo publicaban. Estaban fuera de sí y decían muy asombrados: «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»” Mc 7, 32-37


Nuestra sordera Cuando nos dicen que Jesús lo hacía todo bien, y que con Él se nos da una nueva oportunidad para arreglar y mejorar nuestra vida, puede ser que ni siquiera lo escuchemos, y que pase hasta desapercibido por nuestros oídos, que no nos llame la atención, porque estamos acostumbrados a lo asombroso, a lo fantástico y sensacional de los otros temas que a diario escuchamos.

ORACIÓN Señor Jesús, también ahora me hacen falta tus milagros, porque también yo sufro de sordera cuando no quiero oír tu voz ni la de mis hermanos; cuando me niego a escuchar el clamor de los pobres, de los que sufren, de los que están necesitados; cuando no soy capaz de dar tu Palabra de aliento; cuando no soy capaz de dar consuelo a quien más lo necesita. Renueva, Señor, la gracia de un milagro, para que logre oír y pueda también decir alguna palabra en tu Nombre.


Jesús es el pan de vida “En aquellos días se juntó otra vez muchísima gente, y no tenían nada que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: « Siento compasión por esta gente, pues hace ya tres días que están conmigo y no tienen nada para comer. Si los mando a sus casas sin comer, desfallecerán por el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.» Sus discípulos le contestaron: «¿De dónde podemos sacar, en este lugar desierto, el pan que necesitan?» Jesús les preguntó: «¿Cuántos panes tienen?» Respondieron: «Siete.» Entonces mandó a la gente que se sentara en el suelo y, tomando los siete panes, dio gracias, los partió y empezó a darlos a sus discípulos para que los repartieran. Ellos se los sirvieron a la gente. Tenían también algunos pescaditos. Jesús pronunció la bendición y mandó que también los repartieran. Todos comieron hasta saciarse, y de los pedazos que sobraron, recogieron siete cestos. Eran unos cuatro mil los que habían comido. Luego Jesús los despidió.” Mc 8,1.10


Jesús es pan para nuestra hambre La vida integral que todos anhelamos, con la cual soñamos en los momentos más importantes de nuestra existencia, sólo podemos lograrla a niveles superiores, porque estamos llamados a vivir a niveles superiores. No podemos quedarnos en lo elemental, no nos creó Dios para eso, no podemos emplear nuestra persona como un trapo arrastra por el piso. Por eso Jesús reparte siete panes a las multitudes que lo siguen y les insiste en que “no sólo de pan se vive”, sino también de otros elementos que vienen envueltos en la Palabra de Dios, en su gracia y sobre todo en la Eucaristía.

ORACIÓN Señor, Dios Padre de todo cuanto existe, dueño del mundo y de la vida, tu amor quiso darnos un alimento que llegara hasta esa plenitud divina, y deseas podamos alcanzarla como seres humanos, hechos a tu imagen y semejanza, seres hechos de luz, gracia y amor.


Una visita a Jesús “Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dijo: «Ahí está el Cordero de Dios.» Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. Jesús se volvió y al ver que le seguían, les dijo: «¿Qué buscan?» Respondieron: «Rabí, ¿dónde vives?» Les dijo: «Vengan y vean.» Fueron, pues, vieron dónde residía y se quedaron con él aquel día. Eran las cuatro de la tarde. Cuando Andrés encontró a su hermano Simón, le dijo: «Hemos encontrado al Mesías.» Y lo condujo a Jesús.” Juan 1,35-42


En dónde vive Jesús Jesús invitó a sus discípulos a ver dónde vivía y ciertamente no era un palacio, pero donde está Jesús está la paz, la alegría y la felicidad. Ahora Jesús está presente entre nosotros, en la Eucaristía, en cada Sagrario… Ir a donde vive Jesús. Quedarse con Él, hablarle, escucharle… Hacerle una Visita en su Iglesia, orar en silencio, participar a la Misa, todo esto es la mejor escuela para ver lo hermoso de la vida.

ORACIÓN ¿Dónde vives, Señor, cuál es tu casa? Yo te busqué en mansiones y en bellas residencias pero no te encontré. Me fui por los campos y llegué hasta las playas en busca de retiros silenciosos, pero a Ti no te vi. ¿Dónde vives, Señor, cuál es tu casa? Llévame allá, quiero saberlo. ¿Aquí? Oh, no, ¡no puede ser! En fin, no importa, donde tú vives está la vida, reina la alegría, y yo quiero quedarme para siempre en donde moras Tú.


Saber pedir para recibir «Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y les abrirán, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide pescado, le da una culebra? Pues si ustedes, que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más dará El Padre del cielo cosas buenas a los que se las pidan!» Mt 7, 7-14


La oración es el medio mejor La oración es como una luz meridiana que en el momento más inesperado se hace presente como una claridad inexplicable que ilumina toda la vida. El Señor llegará y en un momento nos dará todo aquello que anhelamos y que por nosotros mismos no hubiésemos logrado nunca. Nada de lo que se pida en nombre de Jesús será negado por el Padre. Porque donde se reúnen a orar, Cristo Jesús está allí presente. Orar personalmente es una buena cosa, orar en familia es lo ideal, porque allí podemos invitar al Señor Jesús a que nos acompañe y que viva con nosotros en nuestro hogar.

ORACIÓN No, no sabemos cómo orar como conviene. No sabemos rogar por lo que tiene verdadero valor. Ni sabemos pedir lo que a la larga podría darnos la verdadera felicidad. No sabemos orar, alabar y agradecer. No sabemos quedarnos silenciosos en tu presencia, Señor. No sabemos pedir lo que dicta el amor. y solemos pedirte, egoístamente, nuestros intereses mezquinos. No alzamos la vista, para mirar el cielo ni afrontamos lo que es de veras importante… Por eso urgentemente tenemos que implorarte: Señor, ¡enséñanos a orar!


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5 Motivos para orar en el mes de Febrero  

Oraciones para febrero. Published by Pauline Books and Media. Available in the US at paulinestore.org. In Canada, available through our Book...