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EL PRÍNCIPE DURMIENTE

Run era un príncipe de ojos soñadores que, como tantos otros, estaba hechizado por la deslúmbrate belleza de la reina Liz, el pobre no hacía nada más que suspirar todo el día diciendo: - Ay, bella Liz, ¿cuándo podremos conversar? Pero la malvada no escuchaba casi nunca sus súplicas… y rara vez, cuando lo hacía, respondía: - Tal vez, tal vez… tal vez otro día, mañana quizás. Antes ve a buscarme un lindo regalo. Y el joven iba sin protestas. Fue así que consiguió infinidad de los más bellos obsequios: unicornios dorados del reino Verde, alfombras voladoras del condado de los magos, aguas danzantes del mar Escondido y hasta un elefante blanco de la selva Gris, sin embargo, Liz ni siquiera sonreía, solo exigía más y más. Hasta que un día, el príncipe se cansó y dijo: - Basta, voy a ocupar mi tiempo en otras cosas. Al verlo tan feliz y despreocupado, la malvada reina enfureció: - ¿Quién se cree que es? ¡Cómo se atreve a no admirarme más! Y lanzó un fuerte hechizo: - “Mírame, aunque no te miro, porque si no lo haces, quedarás dormido” El príncipe que en ese momento estaba en el bosque, se desvaneció. Intentaron despertarlo de todas las maneras posibles, pero nada, no había caso; cada vez que alguien lo tocaba, daba media vuelta y seguía roncando. Ballesteros, A. (2008). El Príncipe Durmiente. Latin Books International.

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