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PAUL CABAL


16 HISTORIAS URBANAS

PAUL CABAL ENERO 2010


PAUL CABAL

Conseguiría llenar un bidón de cinco litros con el sudor que empapa mi frente. La adrenalina expropia mi conciencia y es tal su posesión, que podría tirarme de un avión en medio del pacífico, en pelotas y sin paracaídas. Mis manos se aferran al volante y mi mente solo espera tener un momento de lucidez… esa que no llegará hasta que madure en unos años. Si es que maduro. Mi edad me engaña, me induce a experimentar con la rebeldía, a rendirle pleitesía. Mis amigos están en la misma, sus ojos impávidos con la marihuana y sus oídos obcecados por el reggaetón… Solo soy yo y la luz. Soy el toro y la luz roja me provoca. Soy yo y la puerta de la muerte…


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Vivíamos en el piso doce, y para él, era vivir en el cielo. Con su plomiza estampa de Chartreaux, se pasaba horas mirando por el ventanal, embelesado con las notas de Coltrane, encima de una pila de libros con amarillentas hojas y abrigado por Gógol. Las luces de la ciudad, le hacían imaginar las estrellas. Los colores lo hipnotizaban. Se ponía triste cuando yo cerraba las cortinas, ni siquiera le atraía la madeja de lana que desde que era una cría usaba para jugar, ni se mojaba ya su pequeña nariz con la leche. Una noche lluviosa, al acostarme, no cerré las cortinas y nunca más lo volví a ver.


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El reloj marca las 23:00 horas. Es primera vez que visita la capital. Desde que se bajó del bus caminó largas cuadras con un pequeño mapa impreso en una hoja tamaño carta. “Busca a un Santo”, eso le indicaron en Coquimbo. En una esquina de Fray Camilo Henríquez, unos Skinhead le dieron una golpiza y lo dejaron inconsciente. Sólo por usar maquillaje. Un transeúnte lo vio en el piso magullado, lo llevó a su departamento para curar sus heridas y le dio amor toda la noche. Por la mañana lo dejó en la misma esquina, le dio dinero y se despidió. Elías Bugueño… “La Chiri”, vuelve todas las noches al mismo lugar, se queda parado esperando que alguien quiera darle amor.


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Con mi desarmado libro “el Capital” camino atrasado a la universidad. Las puertas están cerradas, los estudiantes corren, un compañero se me acercó. ¡Viene el Guanaco! ¡Viene el Guanaco! Solo atiné a abrazar mi libro, no quería que se me mojaran las ideas, no quería que Marx muriera ahogado por la ignorancia.


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Doy cuatro pasos… (tap, tap, tap, tap) … fugazmente mis ojos buscan un espacio que contenga mi cuerpo, me empujan y me aplastan. (Tin, tin, tin... clack…) No puedo moverme. Una mano aprisionada no puede hurgar ni siquiera en los bolsillos, la otra sostiene mi vaivén. La mirada la fijo donde pueda por veinte minutos… (Tutu, tutu, tutu, tutu…). Estos son los sonidos que me acompañarán por siempre en esta ciudad.


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BANAL Editores Derechos Reservados. Copyright © 2010, por Paul Cabal. Registro de Propiedad Intelectual


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Cuentos con Audífonos. Paul Cabal (2010). #PaulCabal #CuentosConAudífonos.  

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