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“Nunca Más” Proyecto de Investigación 2013

Alumno/a: Paula Jazmín Soriano Año y División: 6ºA Materia: Proyecto de Investigación Profesor/a: Lic. Belén Bean 1


Índice 1.

Introducción.

2.

Marco teórico. 2.1.

3.

Hipótesis.

Desarrollo. 3.1.

Capitulo 1: Contexto nacional previo al Informe Sábato.

3.2.

Capitulo 2: Realización del Nunca Más.

4.

Conclusión.

5.

Anexo.

6.

Bibliografía.

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1. Introducción

Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda. Para ponerle un “ALTO” a la situación que sufría nuestro país, las Fuerzas Armadas tomaron el poder el 24 de marzo de 1976. Se inició el Proceso de Reorganización Nacional, en el cual la Junta Militar contó con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos. En otras palabras, cometiendo “terrorismo de estado”. A fines de la dictadura y comienzos de la democracia, día a día se descubrían cientos de cadáveres no identificados enterrados en fosas comunes o sepultados en fondos de lagos. Por lo tanto, el Presidente Raúl Alfonsín decidió crear la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas). Su misión era investigar y reunir pruebas sobre los secuestros, la tortura, los asesinatos, el destino de los desaparecidos y las prisiones secretas ilegales (también conocidas como centros de detención clandestinos). Los resultados de su investigación se sintetizaron en el Informe Sábato, o bien conocido como “Nunca Más”. “Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje.” 1 Ernesto Sábato. 1

Nunca

Más

(online);

consulta:

19/11/2013;

disponible

en

:

http://www.desaparecidos.org/arg/conadep/nuncamas/ 3


2. Marco Teórico

El Nunca Más fue un informe realizado por Ernesto Sábato, presidente de la Comisión Nacional sobre los Desaparecidos. Éste fue entregado al presidente Raúl Alfonsín en el año 1984, un año después de que volviera la democracia a la Argentina. Este informe, también conocido como el Informe Sábato, trataba sobre la recolección de testimonios sobre las desapariciones de personas que ocurrieron durante la dictadura militar de 1976. El Proceso de Reorganización Nacional fue la dictadura militar argentina que más marca dejó en nuestro país. Se caracterizaba por implementar el terrorismo de estado, una metodología represiva, con el propósito de restablecer el orden social eliminando lo subversivo. Aproximadamente nueve mil individuos fueron considerados subversivos, secuestrados, torturados y asesinados. A éstos se los denominaba desaparecidos.

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2.1 Hipótesis

La hipótesis de este proyecto de investigación es analizar los resultados del informe “Nunca más”. Estudiar los testimonios tomados que se encuentran en el interior de éste, que fueron recolectados en un período de nueve meses por los miembros de la CONADEP, para ser capaces de entender la situación del país en los años de la peor dictadura militar de la historia argentina.

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3. Desarrollo

3.1. Capitulo 1: Contexto nacional previo al Informe Sábato El 24 de marzo de 1976, un golpe cívico militar derrocó a la presidenta María Estela Martínez. Las Fuerzas Armadas, que conducían el llamado Proceso de Reorganización Nacional, instalaron una Junta de Comandantes en Jefe que designó a Jorge Rafael Videla, como presidente. Con la excusa de enfrentar lo “subversivo” los militares hicieron uso particular de la metodología represiva conocida como terrorismo de Estado. Éste era utilizado como instrumento de disciplinamiento social y político de manera constante. Este terror sistemático se ejerció con el agravante de ser efectuado por fuera de todo marco legal. La expresión terrorismo de Estado se utiliza para hacer referencia a la violencia política ejercida desde el Estado contra todo actor que fuera considerado una amenaza o desafiara al poder. Lo que se singularizó a la dictadura fue algo que ninguno de los régimen previos practicó: a desaparición sistemática de personas. Sin embargo, hay otros rasgos característicos del terrorismo de Estado. Uno de ellos fue la eliminación de los adversarios políticos y del amedrentamiento de toda la población a través de diversos 6


mecanismos represivos. Miles de personas fueron encarceladas y otras tantas fueron forzadas al exilio, persecución, censura, vigilancia. También se deshumanizó al enemigo político, se les sustrajo la dignidad personal y se identificó con alguna forma de mal. Por último, resquebrajó los lazos sociales y distintos grupos, sectores sociales: ser joven, obrero, estudiante, pertenecer a un gremio, representar un grupo, fueron actividades sospechosas para el Estado. El término “desaparecido” hace referencia, en primer lugar a aquellas personas que fueron víctimas del terror estatal, que fueron secuestradas, torturadas y finalmente, asesinadas por razones políticas y cuyos cuerpos nunca fueron entregados a sus deudos y, en su mayoría, todavía permanecen desaparecidos. Para llevar adelante todas estas actividades maquiavélicas, el Estado instauró en el país los llamados Centros de detención. Los centros clandestinos de detención fueron instalados en dependencias militares y policiales, como así también en escuelas, tribunales, fábricas, etc. Todos los militares estaban comprometidos con la operación represiva de los centros clandestinos, desde las “patotas” que se dedicaban a los secuestros, los llamados “Grupos de Tareas” (en su mayoría eran militares de baja graduación) hasta los encargados de la tortura y los que tenían la más alta autoridad en cada una de las armas. El funcionamiento de los centros clandestinos tenía su propia rutina. Las víctimas eran secuestradas en plena vía pública, en sus casas o en sus lugares de trabajo. Antes de ingresar a estos centros no pasaban por ninguna forma previa de proceso judicial o policial. Una vez adentro eran sometidas a pésimas condiciones: aislamiento, malos tratos, escasos alimentos, poca hidratación, mínima higiene. La tortura fue el principal método usado para obtener información sobre otros individuos o planes subversivos. Muchos de los detenidos permanecieron dentro de estas edificaciones torturadoras por meses, años hasta la hora de su traslado definitivo. En otras palabras, su muerte. En consecuencia de todos los actos represivos durante la dictadura, se crearon diversos organismos de Derechos Humanos. Éstos asumieron el desafío de buscar a los desaparecidos a través de recursos que fueron creando sobre la marcha, como por 7


ejemplo cartas, presentaciones de habeas corpus, entrevistas, entre otros. Sus principales objetivos eran denunciar los secuestros y reclamar por la aparición con vida de los detenidos-desaparecidos. Las Madres de Plaza de Mayo constituyen un ejemplo muy destacado de estos organismos. Pusieron en funcionamiento varias estrategias que trascendieron en el tiempo: la creación de símbolos específicos (pañuelos blancos), la invención de rituales y visibilización de los desaparecidos. Las Abuelas de Plaza de Mayo, junto a HIJOS, son otros organismos de Derechos Humanos creados en los años de la dictadura militar. A fines del Proceso de reorganización Nacional, El día 2 de abril de 1982 el Ejército argentino invadió el archipiélago de la Malvinas. Ese mismo día el Reino Unido puso en alerta a sus tropas y el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió para tratar el tema. Argentina, gobernada por Leopoldo Galtieri, anunció que las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur quedan bajo su soberanía. Ese mismo día el Reino Unido rompió relaciones diplomáticas con Argentina y anunció el envío de tropas. Durante la guerra, el Perú envió aviones y armas para ayudar a Argentina; mientras que Chile apoyó a Inglaterra. El 5 de abril las tropas británicas partieron hacia las Malvinas desde Portsmouth y Plymouth. El 1 y 2 de mayo atacaron por mar y aire Puerto Argentino y Puerto Darwin. El 6 de mayo murieron 323 marineros del buque argentino General Belgrano, hundido por el submarino atómico Conqueror. El 6 de mayo la ONU propuso el retiro de las fuerzas de ambos países y la administración de las islas por parte de las Naciones Unidas mientras duren las negociaciones. El Gobierno de Margaret Tatcher rechazó el plan. El 12 de mayo partieron desde Southampton, a bordo del transatlántico Queen Elizabeth, 3000 soldados británicos, entre ellos un regimiento de 'gurkas'. En los días posteriores se intensificaron los combates. El 1 de junio el Ejército británico tomó el Monte Kent, a 20 kilómetros de Puerto Argentino. Sucesivas victorias permitieron a los ingleses ocupar las posiciones argentinas. El 14 de junio los generales Jeremy Moore (comandante británico) y Mario Menéndez (Gobernador militar de las islas) firmaron el alto el fuego y la capitulación argentina. En Buenos Aires hubo manifestaciones contra la 8


rendición que terminaron con graves enfrentamientos. Durante los 74 días que duró la guerra murieron más de 600 argentinos y cerca de 300 británicos. 2 Esta guerra fue la gota que rebalsó el vaso. La dictadura no se pudo seguir sosteniendo y el 30 de octubre de 1983 se llamaron a elecciones presidenciales. Triunfó el radical Raúl Alfonsín. Se instauró la democracia. Una de las primeras medidas de este presidente militar fue crear la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas, presidida por Ernesto Sábato y constituida por numerosas figuras representativas de nuestro país.

3.2. Realización del Nunca Más A lo largo de un período de nueve meses, la CONADEP reunió miles de expedientes con testimonios de sobrevivientes de los campos de concentración, y de familiares y amigos de desaparecidos. Los resultados de su investigación se sintetizaron en el informe Nunca Más, emblemático de la época, editado por Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) y presentado en el Teatro San Martín. Cinco departamentos fueron creados para tratar los diferentes aspectos de trabajo. Se relevaron miles de casos de abducción, desaparición, tortura y ejecuciones. Cada caso fue documentado en un archivo numerado. Se compilaron más de 50.000 páginas de documentación. Un resume, fruto de las tareas de dicha comisión, fue publicado en un reporte oficial en el año 1984. Se trata del sobrecogedor volumen Nunca Más. Informe de la Comisión Nacional sobre la desaparición de personas (Eudeba, 1984), conocido mundialmente como Informe Sábato. En dicho informe se da testimonio de la desaparición y muerte de más de 30 mil personas durante la dictadura militar instaurada en el país desde fines de la década del 70' hasta principios del 80'. Luego de miles de testimonios y hechos horripilantes, la Comisión concluyó con una serie de recomendaciones para iniciar acciones legales contra los responsables. Pero además de la 2 Guerra de Malvinas (online); Consulta: 19/11/2013; Disponible en: http://www.resumendehistoria.com/2011/03/guerra-de-las-malvinas-resumen.html

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coordinación de la comisión, Sábato tuvo a su cargo la realización del prólogo del libro. Parte del mismo dice: "...Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el período que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MAS en nuestra patria se repetirán los hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado..." 3 4. Conclusión

De la significante cantidad documentación recogida por la CONADEP (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e tormentos en toda la nación. De la información que fue colectada en este informe, se demuestra claramente como el golde militar de 1976, presidido por Jorge Rafael Videla, repercutió de forma extremadamente negativa en la sociedad argentina. Los efectos de éste, siguen persistiendo en la actualidad. Nos ayuda a recordad lo que pasó en nuestro país y lo que no debe volver a ocurrir por el bienestar social argentino.

3 Nunca Más: Informe Sábato (online); Consulta en: 19/11/2013; Disponible en: http://www.me.gov.ar/efeme/sabato/informe.html

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5. Anexos

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Prólogo del Nunca Más: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar

la

tortura».

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque 12


desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando,

torturando

y

asesinando

a

miles

de

seres

humanos.

Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados

y

bárbaramente

desconocidos.

Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención,

negación

de

la

justicia

o

ejecución

sumaria.

De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con 13


similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de «excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores». Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia», revelaban una hipócrita tentativa de descargar

sobre

subalternos

independientes

los

espantos

planificados.

Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban «zona libre» a las comisarías correspondientes. Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzanas y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto de comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno:

«Abandonad

toda

esperanza,

los

que

entráis».

De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra - ¡triste privilegio argentino! - que hoy se 14


escribe

en

castellano

en

toda

la

prensa

del

mundo.

Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus celdas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbres y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inútiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a

comisarios.

La

respuesta

era

siempre

negativa.

En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a justificar el horror: «Por algo será», se murmuraba en voz baja, como queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimientos sin embargo vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los «subversivos», con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada, porque el epíteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible. En el delirio semántico, encabezado por calificaciones como «marxismo-leninismo», «apátridas», «materialistas y ateos», «enemigos de los valores occidentales y cristianos» , todo era posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que 15


habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esos amigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos, en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores. Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita vergüenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de

su

alma

alguna

descabellada

esperanza.

De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas

del

mal.

Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua, porque debimos recomponer un tenebrosos rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado liberadamente todos los rastros, se ha quemado toda 16


documentación y hasta se han demolido edificios. Hemos tenido que basarnos, pues, en las denuncias de los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del infierno y aun en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron

a

nosotros

para

decir

lo

que

sabían.

En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de «la guerra sucia», de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente. Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crímenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del 17


terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente

los

hechos

de

aquel

terrorismo.

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.”4 6. Bibliografías •

Nunca

Más

(online);

consulta:

19/11/2013;

disponible

en

:

http://www.desaparecidos.org/arg/conadep/nuncamas/ . •

Guerra

de

Malvinas

(online);

Consulta:

19/11/2013;

Disponible

en:

http://www.resumendehistoria.com/2011/03/guerra-de-las-malvinasresumen.html •

Nunca Más: Informe Sábato (online); Consulta en: 19/11/2013; Disponible en: http://www.me.gov.ar/efeme/sabato/informe.html

Prólogo:

Nunca

Más

(online)

Consulta:

19/11/2013;

Disponible

en:

http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/articulo/nuncamas/nmas 0002.htm

4 Prólogo: Nunca Más (online) Consulta: 19/11/2013; Disponible en: http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/articulo/nuncamas/nmas0002.htm

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Proyecto inv prn  
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