Page 1

IGUALILLO


A las pelusas que viven bajo las camas.


-… Existen cosas buenas y cosas malas, cosas horribles… Cosas alegres y tristes, dulces y amargas, Hay mucho sufrimiento en el mundo, pero también momentos felices, y forman parte de un todo. No podría haber luz si no existiese oscuridad. Te lo explicarán una y mil veces, pero no lo sabrás hasta que no lo vivas por ti misma. Hay personas que solo quieren vivir una parte, pero no se puede, y no se debe. No te diré; no tengas miedo, es inevitable, sin miedo no hay valor, pero… Vivir con miedo sería la elección más triste en tu vida. (Sr. Rodel a su nieta en su lecho de muerte)


Un chico dormía agitadamente en un camastro, parecía que

sufría una pesadilla y despertó súbitamente, aunque tenía esa sensación de no haber despertado del todo. En la pesadilla algo le estaba lamiendo los pies, pero aunque ya tenía los ojos bien abiertos, seguía sintiendo una extraña presión en la pierna, es más, sentía dolor. Se incorporó para escudriñar entre las tinieblas de la estancia y contemplar horrorizado como una criatura envuelta en sombras le miraba fijamente con ojos inexpresivamente enloquecidos mientras devoraba su pie.


Sonó la campana del colegio y una tromba de niños salieron por las puertas del edificio como un tsunami. El patio era un estallido de risas y júbilo, y no era para menos: El fin de curso había llegado. Por delante quedaban casi tres meses de excursiones por la montaña, castillos de arena en la playa, cucuruchos de helado de todos los sabores y colores, carreras en bici e interminables chapuzones y aguadillas en la piscina. O para casi todos... En casi último lugar salió una niña que ,a primera vista, se diría que había suspendido más de una materia, pero no era así. Petra había aprobado todo raspadito, incluso las matemáticas, sus archienemigas mortales. Y aun así, ni saltaba, ni corría, ni tenía, siquiera una media sonrisa en la cara. El verano pasado no se la habría diferenciado del resto de niños: a Petra le gustaban las vacaciones como al que más, sobretodo porque las pasaba con su abuelo. Sus padres, como cada año, se marchaban de viaje. Su padre, un hombre muy ocupado, acudía al viaje que organizaba su empresa, y por supuesto, como cada año, su madre le acompañaba. Dejando la casa entera para Petra y su abuelo. El anciano le contaba historias increíbles y hacían acampadas en el salón, le dejaba tomar caramelos, palomitas de maíz y galletas para comer y cenar hasta que le doliera la barriga. Su abuelo la animaba a subirse al árbol del jardín, y no la regañaba por poner los pies en el sofá, aunque llevara las zapatillas llenas de barro. Pero su abuelo ya no estaba... Y este verano se presentaba muy diferente.


Hoy Petra caminaba enfadada arrastrando sus desgastadas zapatillas por la calzada. Con el anciano habrían ido a celebrarlo a la tienda de dulces. Así pues, como por control remoto, sus pies la llevaron allí. Era uno de sus lugares preferidos porque todo lo que había en tarros y vitrinas era de mil colores y olores, y le divertía la señora de la tienda, era regordeta y caminaba dando pequeños saltitos. Salió de allí con una bolsa de bolas de caramelo: rojas, con sabor a cereza, lila; con sabor a violetas; las verdes sabían a menta; las marrones a cola y las transparente a anís. ¿Y por qué no? Una chocolatina y regaliz también, al fin y al cabo, se dijo a si misma, se había acabado el curso. Eligió una bola de las de menta y le dio una y mil vueltas en la boca hasta llegar a una librería donde compró unos cuadernillos de de repaso. De allí puso rumbo a la biblioteca, otro de los lugares que le gustaban, sobretodo el olor de los libros... aunque era una lata que no estuviera permitido ni hablar ni comer, así que disimuló el caramelo al pasar por delante del bibliotecario. Revoloteó entre las estanterías mientras consultaba el listado de tareas para el verano y sacó un par de libros enumerados en la lista. - Préstamo de verano, ¿Los traerás en septiembre?- le dijo el bibliotecario con una ceja levantada. - Sí. - Buen verano. Te espero aquí el día 1 de septiembre. - Si...- Guardó los libros en la bolsa de piel que cosió su abuelo a mano en su juventud y se encaminó a casa. Petra solía hacer esas cosas. No lloriqueaba a sus padres para que le comprasen ropa bonita o la muñeca de moda. Ella no, ella se peleaba con su madre por todo lo contrario. - ¡Cualquiera diría


que no te compro ropa!!- solía decirle ella angustiada al ver a su hija con los pantalones del uniforme militar de su abuelo (varias tallas mas grandes que la de una niña de 9 años) arremangados y amarrados con un cinturón. La ausencia de su abuelo había dejado un gran vacío en la vida de la niña. Al llegar a casa lo primero que percibió fue un horrible olor a... -¡Puaj!! ¡Hígado!... ¡No pienso comerme eso!- Petra pasó tapándose la nariz y la boca por detrás de su madre que estaba preparando la cena. -Ya lo creo que si. -La niña observó con asco el hígado en la sartén supurando sangre negra y viscosa. -Mamá, necesito un corte de pelo, me da calor y está lleno de enredos. -Ni hablar, lo tienes muy bonito, mañana te haré una trenza y así causarás una buena impresión al resto de niñas y harás amistad enseguida. Anda, sube a darte un baño, tu maleta ya está lista, solo faltan los libros.


-AAAAAAAAAAAAARRRGGGHH!!!!!- La niña irrumpió en su dormitorio tirando la bolsa a un rincón. Allí, sobre la cama estaba la maleta que contenía un uniforme escolar completamente anodino perfectamente doblado. Petra le dio la espalda con un gesto desesperado y corrió a la bañera dejando un reguero de ropa tirada. Sumergida en el agua caliente y cubierta por una capa extra de espuma y burbujas, rabiaba por ahogarse y no tener que ir al día siguiente a la escuela de verano a la que la enviaban interna sus padres durante los próximos meses. Dos meses y medio de régimen militar entre libros, niñas repipis y estrictas profesoras. Nada de helado, nada de excursiones, ¡¡nada de nada!! Su padre había tratado de persuadirla explicándole que el lugar era un edificio muy antiguo, que había sido un hospital durante la guerra con millones de rincones por explorar y algún fantasma. Pero ni por esas. Después de casi un minuto bajo el agua, sus pulmones le ganaron la partida y derrotada salió a respirar, tragándose alguna que otra pompa de jabón. De modo que, disgustada, salió de la bañera envuelta en una toalla. Estaba furiosa, su vida se movía más deprisa que ella, sentía que no podía controlar nada… O casi. Cogió vengativamente las tijeras de un cajón, y de uno en uno dijo adiós a los mechones de su larga melena.


Cuando su madre vio a Petra entrar en la cocina aquella noche, de su boca salieron algunas palabras que a la niña le habrían conllevado algún castigo si se hubiera atrevido a pronunciarlas. Aquella batalla sí la había ganado, su madre la envió a la cama sin cenar y no tuvo que comerse el hígado. La niña se durmió satisfecha saboreando la dulce victoria... aquella victoria sabía a cereza.


Capitulo primero PETRA  

Primer capítulo del Manual contra unas vacaciones aburridas. Cuento original por Igualillo.

Capitulo primero PETRA  

Primer capítulo del Manual contra unas vacaciones aburridas. Cuento original por Igualillo.

Advertisement