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El

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La adaptación musical para ballet que hizo Chaikovski del cuento de hadas del siglo XIX, hoy es el más popular durante las navidades en Occidente. La versión del venezolano Vicente Nebrada cumple 17 años y es una de las más aclamadas por el público local y celebrado por la crítica internacional. Acá los intríngulis detrás de la magia de un clásico Patricia Sulbarán Lovera psulbaran@el-nacional.com Fotografías: Mauricio Villahermosa mauriciovillahermosa@gmail.com Agradecimientos Rafael Campos prensa Teatro Teresa Carreño

canueces por dentro

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Es la edición número 17 de El Cascanueces en el Teatro Teresa Carreño

La elaboración y costura de un tutú puede tomar hasta 15 días “¿Han visto, así sea por televisión, una avalancha? ¡Eso que asusta, que viene con la fuerza de la naturaleza y te estremece!”, dice con efusividad Laura Fiorucci, mientras abre los ojos, agita su cabeza haciendo que sus bucles pelirrojos se tambaleen, y alza los brazos con la naturalidad de quien repitió posturas de ballet clásico hasta el cansancio.

El montaje de la escenografía y utilería de la primera temporada se alcanzó en solo 4 semanas Fiorucci fue la asistente del bailarín y coreógrafo Vicente Nebrada durante 18 años y ahora lleva la responsabilidad de asesorar en el montaje de El

Cascanueces en el Teatro Teresa Carreño cada año que pasa. La escena previa se desarrolla en una sala repleta de espejos, donde un número aproximado de veinte bailarinas ensaya la escena en que los copos de nieve acompañan a la Reina y al Caballero de las nieves en su reino. Lo hacen desde las nueve y media de la mañana hasta las cinco de la tarde, a un ritmo riguroso que incluye muchas repeticiones hasta pulir la técnica y la teatralidad. En un espectáculo que ha congregado en cada función a 2370 espectadores durante 17 años en la sala Ríos Reyna, se combinan efectos especiales y pirotécnicos, una imponente escenografía que se va rotando en tiempo récord, una orquesta sinfónica y el

El taller de vestuario revitaliza más de 120 trajes todos los años para la pieza

El espectáculo incluye a un elenco de más de cien personas, con la inclusión de los miembros de la orquesta 30 TED -


Una semana antes de la primera función comienzan los ensayos generales en el escenario, y solo un día antes se hace con el apoyo orquestal despliegue de más de 80 bailarines en el escenario, incluyendo niños. Este derroche de majestuosidad trae por detrás un esfuerzo humano titánico que comenzó en 1996, cuando Vicente Nebrada lideró y atendió cada detalle del primer montaje de El Cascanueces del Ballet Nacional de Caracas Teresa Carreño. “Nebrada fue armando cosas que parecían inconexas cuando hizo las coreografías. Luego, al verlo todo junto, era un momento mágico”, rememora Fiorucci sobre la experiencia única de participar en el montaje de una gran producción. “En el ensayo general, él se fijaba en la escenografía, utilería, iluminación, vestuario y zapatería. Me encargaba el rol de observar y corregir a los bailarines”, dice la mujer que ha procurado, gracias a la memoria privilegiada con la que cuenta, mantener 32 TED -

intactos todos los elementos de la versión elaborada por el coreógrafo. Como sucede en otros países, especialmente en Estados Unidos, El Cascanueces es sinónimo de la llegada de la Navidad. En Venezuela, muchas familias comparten el ritual de asistir todos los años, y hay niños que han crecido viéndolo. “El público local disfruta de ver ballets completos, como La Cenicienta, Romeo y Julieta, El Lago de los Cisnes. Pero el favorito es éste”, dice Fiorucci, con una voz entusiasta que disfraza muy bien el cansancio.

Los bailarines. Al cruzar el cafetín del teatro, se vislumbra discretamente una puerta. Es el paso hacia el mundo de disciplina, sudor y empeño que implica formarse en el ballet clásico. En una cartelera están las hojas de papel con la

lista de personajes asignados a bailarines, más los ensayos correspondientes a cada día. “Desde el 24 de octubre estamos ensayando El Cascanueces , luego de cumplir con 5 temporadas durante el año”, explica Alexandra De León, bailarina de fina estampa que ha hecho el papel protagónico de Clara, la hija de la familia Stahlbaum en reiteradas oportunidades. “Hacía papeles pequeños, hasta poder mantener el peso de uno principal”, dice quien también creció con esta obra. Este


Este año el ballet El Cascanueces con la compañía de la Orquesta Filarmónica Nacional bajo la dirección de Elisa Vegas se presentará los días 8, 9, 13, 14 y 15 de diciembre en el Teatro Teresa Carreño. La participación infantil proviene de la Escuela Nacional de Danza y el Ballet de las Américas

La escenografía. Pasillos grises, largos y monótonos que albergan oficinas, camerinos colectivos e individuales y talleres como el de maquillaje y peinado, son el preámbulo de un enorme galpón que parece la puesta en escena de algún show de Stomp. Huele a hierro fundido y varios hombres descansan el almuerzo recostados en sillas mientras suena una salsa en la radio. En el centro se erige una mezzanina creada con escenografía reciclada de La Traviata que ahora es el comedor, y también el se-

año cuatro bailarinas encarnan a Clara, aunque cada una también deberá interpretar a otros personajes. “Esta pieza es la única que se baila todos los años, pero siempre le consigues algo distinto, así hagas los mismos papeles”, apunta Bernardette Rodríguez, quien también hace de Clara. La espigada y rubia Claudia Olaiz tiene 14 años haciendo el papel de Gota de Rocío. “Ella recibe a Clarita y es como la maestra de ceremonia del segundo acto”, dice quien, por orden de Nebrada, también interpreta a la madre de Clara. “Vicente quería mucho a ese personaje y me llamó a su oficina para explicarme lo importante que era para él”. Cada temporada y gracias a 34 TED -

la confianza que ha ganado sobre el escenario, Olaiz perfecciona sus personajes. Es diferente para Gilberto Rodríguez, quien interpretará este año por primera vez a El Cascanueces. “He pasado por ratón, chino, danza rusa, y fue una sorpresa que me dieran este compromiso”, dice al salir de un ensayo intensivo de tres horas. Así como para el público El Cascanueces es una cita especial, para los bailarines cobra un significado crucial en sus carreras. “Es un medidor de tu desempeño en el año. Quedar en los papeles anhelados o hacerlo bien es una excelente forma de empezar la nueva temporada”, apunta De León.


En el mundo Así como Vicente Nebrada elaboró un montaje de esta pieza que luego sería reconocida internacionalmente, otros artistas han hecho lo propio. En Nueva York, se destacan el que George Balanchine realizó para el New York City Ballet, y Mijaíl Barýshnikov para el American Ballet Theatre, la versión más vendida en DVD y popular en televisión. Willam Christensen fue el primero en montar el ballet completo junto al San Francisco Ballet en 1944, que sigue presentándolo todos los diciembres. También son clásicos los del Royal Ballet de Londres y Ballet Clásico de Moscú

gundo hogar de estos hombres que una vez al año restauran y mantienen en orden los elementos escenográficos y de utilería de El Cascanueces. Félix Silva reúne 28 años de labores en el teatro y es el Jefe de herrería, pintura y carpintería. Su intervención es imprescindible para que la función marche sin tropiezos y fue testigo, al igual que Fiorucci, del primer montaje del ballet de Chaikovski en el teatro. “Vinieron expertos del extranjero y Vicente supervisaba todo. No podía haber telones arrugados ni paredes mal hechas”, dice quien puede convertir un simple trozo de hierro o anime en fantasía de ocho metros de altura. El taller se comunica con la sala Ríos Reyna y una plataforma matriz conformada por ocho pares de carros que suben, bajan e intercambian los escenarios. Este procedimiento requiere de un alto conocimiento técnico que no está exento de accidentes. “Una vez me cayó una estrella en la cabeza. En ese momento hacía un cambio y la orquesta seguía tocando. Terminé el trabajo y corrí a que me agarraran los puntos”, cuenta Silva, conocedor del esqueleto que mueve al espectáculo. 36 TED -

La italiana Cristina Giannini realizó el diseño inicial del vestuario, y Moisés Vicent fue uno de los afortunados en aprender con ella del arte de construir un tutú o “plato”, como él le llama. “Este año estamos renovando muchos de los trajes, tratando de preservar la calidad de los materiales originales”, dice. En plena función, Vicent y seis personas más asisten a los bailarines en los cambios de vestuario. “Son momentos tensos en los que hay que soltar gafetes a ritmo de pájaro y cambiar mallas”, dice el custodio de las que ya son piezas de museo.


El Cascanueces de Vicente Nebrada