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Colectivo @MicroProfecía Aventura escrita en Twitter: un tuit diario, del 1 de enero al 31 de diciembre de 2016

Participantes ElAñoDeLaProfecía - @MicroProfecía Argueta - @ArguetaSele Carmen - @Canocs19 George Kaplan - @monel555 Hector - @hector0119 Javier - @xokotonto John Doe - @UnTalJohnDoe Juan Nueve - @JuanNueve09 Kathy Norris - @kathybiosca La Dama - @damarisgasson Leire Frex - @marconpi66 Manolo - @_artillero ObservandoelParaíso - @ObservaParaiso Patricia Richmond - @PatriciaRichm_ Pilar - @1961_pilar Plinio el Bizco - @PBizco Ricardo Rodríguez - @pinguscat Roman Raskolnikov - @raskolnik68 Silvina – @lacontaok

“El año de la profecía” por Colectivo MicroProfecía se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.


ÍNDICE

Prólogo ....................................................... 5 Mapa .......................................................... 7 Capítulos ENERO ....................................................... 9 FEBRERO ................................................. 15 MARZO .................................................... 21 ABRIL ....................................................... 27 MAYO ...................................................... 33 JUNIO ...................................................... 39 JULIO ....................................................... 45 AGOSTO .................................................. 51 SEPTIEMBRE ............................................ 57 OCTUBRE ................................................ 63 NOVIEMBRE ............................................ 69 DICIEMBRE.............................................. 75 Profecía..................................................... 81 Extras CRÓNICAS DE TENEBRIA ...................... 83 EL CANTO TRISTE DE LAS SOMBRAS ... 97 Guía de Personajes.................................. 101 Las imágenes de la Profecía .................... 103

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Prólogo “El Año de la Profecía” es una historia escrita a varias manos en la red social Twitter durante todo el año 2016: del 1 de enero al 31 de diciembre. Durante ese período un grupo de personas de diferentes países nos unimos para dar forma a un relato mediante “tuits”. En párrafos de no más de 140 caracteres, extensión máxima de los mensajes de esta red, y que incluían la etiqueta “#MicroProfecía” para identificarlos, todos aquellos que quisieron sumarse a esta iniciativa fueron escribiendo sus propuestas para continuar la historia. Yo, cada noche, escondida en la cuenta @MicroProfecía, elegía la que mejor completaba la trama respecto al punto en que había quedado el día anterior y la “retuiteaba” para pasarla a esa cuenta oficial; sólo una entrada cada vez. Allí encontrarás toda esta novela en sus 366 tuits (2016 fue año bisiesto). Para facilitar la lectura, los párrafos se fueron recopilando en capítulos que se añadieron mensualmente a la publicación digital que aparece fijada en el primer tuit de la cuenta y que estás leyendo ahora. Y, ¿qué es “El Año de la Profecía”? Un relato de corte fantástico que hizo avanzar a sus personajes por unos escenarios repletos de enigmas mediante los que descubrieron el contenido de una profecía cuyo mensaje completo no se reveló hasta el final. ¿Se cumplió? Deberás leerlo para comprobarlo. Además, a partir del mes de septiembre, al idear entre todos una ciudad fantasma, la mítica Tenebria, se desató un universo de historias paralelas que han enriquecido la trama principal. Son las “Crónicas de Tenebria” y el poema “El Canto Triste de las Sombras”, recopilados al final del libro. Los escritores fueron relevándose a lo largo del año. Españoles, mexicanos, argentinos… entre todos esperamos haber demostrado el poder de las redes sociales como herramienta creativa. No se dieron en ningún momento indicaciones sobre el argumento; este creció libremente, permitiendo que nacieran personajes entrañables y que la historia mantuviera el interés con giros inesperados y sorprendentes. Cuando decidí iniciar esta aventura no podía imaginar la trama que iba a surgir a partir de mi primer tuit. Ni siquiera la promocioné en las redes, dejé que creciera sin ataduras a través de las personas que, poco a poco, la fueron

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descubriendo. Ser responsable de este proyecto ha sido muy divertido y me ha proporcionado una gran satisfacción, la de poder compartir la ilusión que genera la locura de crear historias. Aquí tienes nuestra novela colectiva. Léela y disfruta con ella tanto como lo hicimos nosotros escribiéndola. Patricia Richmond

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Mapa

El viaje: 1-Castillo del Caballero 2-Senda Oscura 4-Meta 5-Peñafría 7-Ciudad de las Almas Perdidas 8-Puente de la Temeridad 10-Cueva de Quirón 11-Manzano 13-Casa de Subastas 14-Puerta de Hierro 16-Tenebria 17-Fortaleza de los Monjes Negros

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3-Monolito 6-Torre 9-Bosque de las Sombras 12-Gran Cascada 15-Volcán 18-Mina de los Monforte


ENERO

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1 Patricia Richmond

Despertó con las campanadas y escuchó el rumor lejano de la celebración del nuevo año. La profecía se había cumplido.

2 MicroProfecía

La luna le prestó una sombra nueva, el olvido le recordó su nombre y el viento sopló sobre las flores muertas. Tembló.

3 Patricia Richmond

Miró a su alrededor y se alegró de haber estado muerto.

4 MicroProfecía

Entre las piedras desparramadas del castillo vivían ahora arañas y ortigas, únicas guardianas que velaban su regreso.

5 MicroProfecía

Saltó del sepulcro y contempló satisfecho la estatua yacente. Espada, escudo, su barba, su... ¿pero qué era esa aberración?

6 Patricia Richmond

Ese no era su escudo de armas. ¿Por qué se había despertado en una sepultura con el emblema de su peor enemigo?

7 MicroProfecía

¿Pueden la memoria y el olvido jugar de farol en un duelo contra la cordura de un fantasma?

8 MicroProfecía

Escondió el miedo entre las ruinas y echó a andar con la tranquilidad de saber que el destino no podía burlarse más de él.

9 George Kaplan

Eligió el camino que seguía hacia adelante, algo le decía que era por ahí donde estaban las preguntas.

10 Patricia Richmond

Escuchó un ruido extraño a su espalda y tuvo el tiempo justo para apartarse del camino de un salto.

11 George Kaplan

En aquel momento comprobó que no podía ser visto, personas con ropajes extraños y numerados corrían como si les persiguieran.

12 Patricia Richmond

Junto al número, los corredores llevaban pegado el rótulo "Senda Oscura Trail". Les siguió sin dudar. Era la señal.

13 Patricia Richmond

Mientras trotaba tras el grupo recordó el comienzo del vaticinio de la bruja: Recorrerá la senda oscura...

14 MicroProfecía

Empezó a nevar y le sorprendió comprobar que sus pisadas dejaban huellas como las de los que conservaban la humanidad.

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15 Patricia Richmond

Un reguero de sangre tiñó la nieve de un rojo intenso y los corredores se pararon desconcertados, mirándose unos a otros.

16 Patricia Richmond

Bajo la hiedra que cubría una especie de monolito resbalaban las gotas rojas que habían inundado el camino.

17 MicroProfecía

Apartaron las hojas y descubrieron una losa con el dibujo de una cabeza de mujer con un ojo que sangraba.

18 Juan Nueve

El tiempo se precipitó sobre aguas directas y pesadas, que prometían regar al mundo con la nostalgia de los olvidados.

19 Patricia Richmond

Dejó de ver lo que sucedía a su alrededor y se sintió transportado hasta la noche de su ejecución.

20 MicroProfecía

Los ojos del rostro esculpido en la piedra eran los de la mujer que no derramó ni una lágrima al verle agonizar.

21 Patricia Richmond

Se arrodilló y hundió las manos dentro de la nieve manchada de rojo. Todo su ser se estremeció y el calor volvió a su cuerpo.

22 Patricia Richmond

Los corredores reanudaron la marcha y creyó quedarse solo. Una voz a su espalda le asustó: «¿Te llevo?»

23 MicroProfecía

Una figura vestida de cuero negro le ofreció un casco y le señaló el asiento libre tras ella. Se lo puso y subió a la moto.

24 Patricia Richmond

Llegaron a la meta, en la que público y autoridades esperaban la llegada de los deportistas. Vio a alguien entre el gentío.

25 MicroProfecía

Tal vez su memoria le engañaba, o puede que el recuerdo se hubiera aliado con el remordimiento, pero no le importó. Era ella.

26 Patricia Richmond

Bajó de la moto, dispuesto a enfrentarse a la visión que había atormentado sus sueños, incluso estando muerto.

27 Patricia Richmond

Mientras avanzaba hacia la que había sido su mayor equivocación, se preguntó si el tiempo habría vuelto a pararse.

28 MicroProfecía

Una explosión de aplausos le sacó de su trance. Mientras los corredores se acercaban a la meta, su objetivo se desvaneció.

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29 Patricia Richmond

Un encuentro a contratiempo había estado a punto de distraerle. Se juró que no volvería a pasar y subió de nuevo a la moto.

30 Patricia Richmond

El piloto se giró y, quitándose el casco, le preguntó si podía ayudarle. Era una pelirroja con un ojo tapado por un parche.

31 John Doe

De inmediato recordó a aquella cruel mujer que no lloró en su velorio y del frío que congeló sus entrañas. ¡Cerró los ojos!

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FEBRERO

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1 Patricia Richmond

Le pidió que le sacara de ahí y ella, sin preguntar nada, giró la muñeca y aceleró para alejarse de la senda oscura.

2 MicroProfecía

Anochecía cuando llegaron ante una ciudad amurallada. Las sombras proyectaron su nombre sobre los muros y supo dónde estaba.

3 Kathy Norris

Las piedras parecían lápidas, la ciudad estaba fría y húmeda y el nombre que se proyectaba en ellas decía "Soledad".

4 Ricardo Rodríguez

El recuerdo de la muerte: silencios, el vacío y la ausencia del todo, los caracoles y su reptar; todo confluía en ese nombre.

5 Patricia Richmond

Ante él se erguía Peñafría, la ciudad olvidada por el tiempo, el mismo que le estaba reclamando lo que dejó sin terminar.

6 George Kaplan

Sin duda fue el lugar donde se proclamó el vaticinio. La senda oscura y ahora la reunión de almas, la segunda predicción.

7 John Doe

Junto con el eco del viento y la reunión de las almas vacías, la profecía se hacía más reveladora. Sólo faltaba esperar.

8 Patricia Richmond

Aspiró el perfume de los crisantemos muertos y, aceptando su invitación, se internó en el laberinto de calles oscuras.

9 Kathy Norris

Caminando sin rumbo varias sombras lo persiguieron y apresuró el paso dirigiéndose a lo que parecía ser una iglesia.

10 Patricia Richmond

Sus pasos resonaron sobre los adoquines desgastados por la indiferencia de los suspiros esquivos que recorrían la ciudad.

11 Patricia Richmond

La brisa nocturna jugaba con las veletas de los tejados, que parecían piar como pájaros metálicos. Escuchó un trino distinto.

12 MicroProfecía

El chirrido rítmico del cartel oxidado de una taberna se impuso sobre el resto de gemidos fantasmales de la noche.

13 Plinio el Bizco

Una barra en cruz regía el antro, figuras vacías parecían sostenerla como arbotantes de una catedral gótica. Una gárgola reía.

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14 Patricia Richmond

Al cruzar el umbral de "El lobo negro" recordó por qué había prometido no volver a poner sus pies allí.

15 Leire Frex

Nada parecía lo que en esa oscuridad creía vislumbrar; entre tanto silencio tan sólo el crujir de las hojas pisadas era real.

16 Patricia Richmond

Las páginas que cubrían el suelo de la taberna estaban escritas en idiomas distintos, pero todas llevaban el mismo emblema.

17 MicroProfecía

El Lobo Negro aparecía también en la cubierta de un libro abandonado en un rincón. Lo abrió y leyó: «Encuéntrate a ti mismo.»

18 Leire Frex

Supo que se encontraba en un laberinto cuando, al querer dar la vuelta, nada era lo mismo. ¿Qué secretos guardaba aquel papel?

19 Patricia Richmond

Una de las páginas desparramadas por el suelo llamó su atención: su nombre aparecía escrito en ella en letras mayúsculas.

20 MicroProfecía

Al recoger la hoja que le llamaba, las demás desaparecieron, el suelo cedió bajo sus pies y cayó tragado por la oscuridad.

21 Patricia Richmond

Aterrizó sobre una superficie fría y húmeda. Se había hecho daño en una pierna y el dolor le recordó que estaba vivo.

22 Leire Frex

¿Dónde estaba que, por más que pensaba, no recordaba? Abrió la mano y un pedazo de papel cayó al suelo. ¿Qué eran esas letras?

23 Patricia Richmond

«Sigue la luz». Las tres palabras brillaban en la oscuridad que le envolvía. Escuchó el rumor de unas pisadas y esperó.

24 Patricia Richmond

El fulgor de unos ojos rojos iluminó el abismo que se abría ante él. El lobo negro al que pertenecían pasó a su lado y aulló.

25 MicroProfecía

Siguió al animal por un laberinto de corredores hasta una estancia en la que un hombre muy viejo dormitaba en una jaula.

26 Patricia Richmond

El lobo gruñó y despertó al anciano, que se incorporó de un salto y, agarrado a los barrotes, exclamó «¡Cuánto has tardado!»

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27 MicroProfecía

«Una hechicera me engañó con sus naipes marcados y me dijo que vendrías a liberarme, pero has tardado una eternidad.»

28 Manolo

«Desplegó las distintas barajas y el tiempo frente a mí. Cada carta era un posible futuro. Elegí al Rey de Espadas y al Loco.»

29 Patricia Richmond

El Caballero tendió la mano al anciano y ambos quedaron fundidos en un único ser. La reunión de las almas se había realizado.

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MARZO

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1 MicroProfecía

Recordó lo que había dejado sin terminar mucho tiempo atrás y salió de la caverna guiado por la luz de su sinrazón.

2 Leire Frex

La luz, más que iluminar, le cegaba. Tuvo que parar un instante; desorientado, no recordaba. Se miró las manos, tan arrugadas.

3 Patricia Richmond

Y en sus manos encontró el mapa que debía seguir para llegar al lugar donde le esperaban las cenizas de la mujer que amó.

4 MicroProfecía

Amanecía cuando salió de la taberna. Una bandada de cuervos graznó, tal vez como advertencia, pero siguió adelante.

5 Patricia Richmond

El cielo se fue oscureciendo y, al llegar a la plaza del mercado, se desató una tormenta tan fuerte como el peso del tiempo.

6 MicroProfecía

Nada podría detenerle. Esgrimiendo el arma que entonces le faltó, la locura, siguió avanzando bajo el diluvio.

7 Patricia Richmond

Le sorprendió que la línea de su mano le hubiera guiado hasta ahí, pero no había ninguna duda. La puerta se abrió para él.

8 Patricia Richmond

En esa torre había vivido un anciano que sólo salía de noche a recoger hierbas en el bosque. Nadie sabía qué hacía con ellas.

9 MicroProfecía

Un viento fuerte sacudió las hojas de los árboles y, tras años dormidos, despertaron para gritar que no traspasara la puerta.

10 Patricia Richmond

Cruzó el umbral. A tientas posó la mano sobre una barandilla y comenzó a subir, en la oscuridad, una escalera de caracol.

11 Plinio el Bizco

Bajo un prisma infernal la luz se tornasolaba por las ojivas de la torre, mostrando en el artesonado una greca de calaveras.

12 MicroProfecía

Llegó a lo más alto. El tiempo había acampado entre los muros y una capa de olvido envolvía el retrato de un hombre.

13 George Kaplan

El hombre estaba sentado con la mirada baja y vidriosa, concentrado en un cuenco de cobre lleno de agua. Era el profeta.

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14 Patricia Richmond

Sus ojos, tan impenetrables como el misterio que ocultaba aquella torre, le recordaron la siguiente estrofa de la profecía.

15 Leire Frex

«Solo unos pocos serán capaces de llegar hasta este remoto lugar y una vez frente al cuadro del profeta podrán respirar...»

16 MicroProfecía

Apenas había luz. Encontró un mechero de yesca y encendió con él las dos velas negras que se erguían frente al cuadro.

17 Plinio el Bizco

El lienzo era el retrato de un ser agónico, carente de perspectiva, emborronado en capas de dolor como un ecce homo anómalo.

18 Patricia Richmond

El humo de las velas oscureció el cuadro y un olor a azahar, su perfume, anticipó la aparición de un rostro, el suyo.

19 MicroProfecía

Unos ojos volvieron a pedirle que regresara, como aquella noche, mientras él agonizaba y ella le prometía que le esperaría.

20 Patricia Richmond

«Aquí estoy», dijo a la figura recién salida del humo. Tomó su mano y dejó que le llevara hasta un muro cubierto de símbolos.

21 Plinio el Bizco

El muro era un lamento decorando a modo de “collage” el pétreo lienzo. Los caracteres bailaban en bastardilla: «Atraviésame.»

22 Leire Frex

Recorrieron con los dedos cada uno de los símbolos hasta llegar al punto de unión de ellos y el silencio hizo el resto.

23 Patricia Richmond

El humo se coló por las grietas de la pared y la voz del loco que compartía su cabeza le ordenó que no se quedara atrás.

24 MicroProfecía

Pasó la vista por la habitación, atestada de frascos y botellas por todos los rincones. Una brillaba a la luz de las velas.

25 MicroProfecía

Destapó la botella y una niebla que olía a retama fue tomando posesión de su cuerpo. Aspiró y escuchó la risa del muro.

26 MicroProfecía

Atravesó la pared y se encontró en un pequeño jardín. En el centro vio un almendro en flor que protegía un cofre de plata.

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27 MicroProfecía

¿Qué se escondía en un lugar tan bello? Abrió el cofre y cayó sacudido por los recuerdos al oírla de nuevo cantando para él.

28 Patricia Richmond

La voz abrió sus oídos, le registró la cabeza y salió por los ojos convertida en una llama que quemó las flores del almendro.

29 MicroProfecía

Recogió las cenizas y de sus manos surgió una serpiente de piel tan brillante como el nombre de su amada, Esmeralda.

30 Roman Raskolnikov

Como cada día, el vil candidato no rezó a dios alguno, sino a su propia efigie... Sí, se sentía el aludido en las profecías.

31 Patricia Richmond

Esmeralda trepó por el cuerpo del caballero y se acomodó en su hombro. Él supo que estaba completo para afrontar el desafío.

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ABRIL

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1 Patricia Richmond

El

Caballero abandonó la torre para dejar la ciudad en la que había entrado como sombra y salía con el porte de un dragón.

2 MicroProfecía

Una figura vestida de cuero negro le estaba esperando. «¿Te llevo?», preguntó. Se puso el casco y subió a la moto, tras ella.

3 Carmen Cano

El último sol de la tarde encendía el cuero negro y los cascos, convirtiéndolos en dos veloces coleópteros.

4 Javier Puchades

Entre las brumas de la noche aparecieron ante ellos las luces de la Ciudad de las Almas Perdidas.

5 Pilar Alejos

No debían ser vistos. Tendrían que mimetizarse con los habitantes de la ciudad si querían seguir vivos.

6 Patricia Richmond

Refugio de fracasados sin nada más que perder, la ciudad les recibió con la alegre algarabía que la blindaba cada noche.

7 MicroProfecía

Notas de acordeón, con promesas de traición y conjuro, hacían bailar al gentío al que siguieron hasta una carpa multicolor.

8 Héctor Núñez

Un silencio se disipaba con increíble facilidad, profanando el obstáculo que hace inseparable la normalidad de la fantasía.

9 Plinio el Bizco

Algo comenzó a desenmascarar la espera, notas hilvanadas por flautas traveseras sonaban como un arrullo de intención ignota.

10 Silvina Palmiero

Se dejaron llevar y ese jolgorio pareció real... Pero, de pronto, cundió el silencio y se abrió ante ellos un sombrío portal.

11 Patricia Richmond

La nada abrió sus puertas de par en par y una alegre comitiva salió bailando tras un féretro transportado por cuatro enanos.

12 Plinio el Bizco

El cortejo paseaba un féretro vacío, la víctima se elegía al azar, todo resultaba tan emocionante como elegir un pastelillo.

13 Patricia Richmond

Una voz de mezzosoprano les sorprendió. Era una mujer barbuda que, de pie sobre un caballo, cantaba versos de la profecía.

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14 MicroProfecía

Al escucharla reconoció una de las estrofas que oyó aquella última noche: «Las armas de un general ganará a fuego...»

15 Patricia Richmond

El cortejo entró en la carpa en la que una gran multitud esperaba impaciente que empezara el macabro espectáculo.

16 Leire Frex

Y de pronto se hizo el silencio con el llanto de un niño que anunciaba el comienzo de una profecía jamás oída. Lexyerer se despertó.

17 MicroProfecía

Lexyerer, el viejo taxidermista, saludó a la comitiva y sus dedos crujieron al presentir que esa noche tendría trabajo.

18 Patricia Richmond

Un buitre enorme se lanzó desde lo alto de la carpa y comenzó a volar en círculos sobre las cabezas de la concurrencia.

19 Plinio el Bizco

La suerte planeaba sobre los hijos de Prometeo. Eran asadurillas en movimiento. Dación en pago por el fuego. El buitre negaba.

20 MicroProfecía

Elegida la víctima, el pajarraco descendió en picado. El Caballero lo vio llegar y supo que el juego no acabaría en tablas.

21 Patricia Richmond

Esmeralda se desenroscó del cuello que la cobijaba y saltó al del carroñero. Hubo fuerza, pero no de amor, en su abrazo.

22 Plinio el Bizco

El cariño de una lechuza ciega hacia sus presas lo reservaba para los ratones de biblioteca, apresándolos como incunables.

23 MicroProfecía

El buitre cayó a los pies del Caballero mientras Esmeralda volvía a su refugio y los espectadores aplaudían entusiasmados.

24 MicroProfecía

Los enanos se acercaron hasta ellos, les saludaron con una reverencia y los escoltaron hasta el centro de la carpa.

25 Silvina Palmiero

Allí los aguardaba Lexyerer, que había observado todo en silencio. El Caballero le ofrendó los restos del pájaro y aguardó.

26 Patricia Richmond

Un encapuchado salió de las sombras riendo a carcajadas. «Hola, tuerta. Hacía mucho tiempo...», dijo mirando a la motorista.

30


27 MicroProfecía

Los enanos la arrastraron hasta una rueda en el centro de la pista y la ataron a ella. El público gritó «¡Que gire, que gire!»

28 MicroProfecía

Una manzana en su cabeza, un arco y una flecha en llamas para el Caballero, y la rueda giró. «¡Dispara o muere!»

29 Patricia Richmond

Con la seguridad de los que se saben fuera de la cordura, cerró los ojos, escuchó el roce de la rueda y disparó. Ella gritó.

30 MicroProfecía

Bajo una tormenta de aplausos recogió la daga de plata que le ofreció el encapuchado y ayudó a su amiga a bajar de la rueda.

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MAYO

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1 Patricia Richmond

Amanecía cuando lograron salir de la carpa, entre ovaciones y una emocionada Lexyerer, arrastrando al buitre.

despedida

de

2 Leire Frex

Pusieron rumbo al Bosque de las Sombras, donde el viento sopla olvidos y siembra recuerdos. Lexyerer les siguió a lomos de su caballo.

3 MicroProfecía

Se separaron al llegar al Puente de la Temeridad por el que se entra al bosque oscuro del que muy pocos consiguen salir.

4 Silvina Palmiero

Lexyerer ungió sus frentes con la sangre del buitre y señaló el puente. «No den un solo paso atrás», les dijo.

5 Patricia Richmond

Avanzaron despacio, empujados por una brisa que reía. El Caballero miró a la pelirroja y le preguntó: «¿Cómo perdiste el ojo?»

6 Plinio el Bizco

—Lo perdí en un gozne del destino, de una mueca a otra practicando clarividencia. Ahora prefiero la quiromancia o las cartas.

7 Leire Frex

Sin pensárselo, tomó su mano y empezó a leer su futuro, hasta que llegó de nuevo al momento de su nacimiento y todo se nubló.

8 MicroProfecía

Bajaron del puente. El bosque les recibió con el gemido de un lugar abandonado por el tiempo, en el que sólo queda el olvido.

9 Silvina Palmiero

El Caballero presintió que allí lo aguardaban los fantasmas del pasado, acaso esas piezas del rompecabezas que había olvidado.

10 Patricia Richmond

El crujido de una rama le sacó de sus cavilaciones. Miró a su alrededor y creyó ver unos ojos escondidos entre el follaje.

11 MicroProfecía

«¡Salid!», ordenó con voz autoritaria. Un niño harapiento asomó su cabeza tras un matorral. Al momento eran un centenar.

12 Héctor Núñez

La infantil inconciencia de las criaturas sedientas de luz producía un corazón endurecido contra la ponzoñosa desolación.

13 Leire Frex

Se abrió paso sin posar la mirada en ninguna de aquellas criaturas, más bien almas desangeladas, sin destino alguno.

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14 MicroProfecía

Uno de ellos le pidió que no siguiera adelante. Los demás se echaron a llorar y huyeron para volver a esconderse.

15 Silvina Palmiero

Salvo uno: el que había hablado. Se detuvo ante él, recordó la lectura de su mano... Y se encontró frente a sí mismo, de niño.

16 Patricia Richmond

—¿Recuerdas la leyenda del Ermitaño? —le preguntó su yo-niño—. Vine a buscar su tesoro, como ellos, pero no lo encontramos.

17 MicroProfecía

De golpe recordó la siguiente estrofa de la profecía: «Con el brillo de la plata desarmará al guardián del tesoro».

18 Patricia Richmond

Susurró unas palabras y Esmeralda, asintiendo, reptó hasta el suelo. Se sumergió bajo la hojarasca y se adentró en el bosque.

19 Plinio el Bizco

La fronda de los tilos estimuló su sangre fría; debía mudarse, buscaría una cueva. Quirón brincó al verla reptar hacia él.

20 Patricia Richmond

Quirón, el viejo centauro, conmovido por las cicatrices que descubrió en el alma de la serpiente, la dejó entrar en su cueva.

21 MicroProfecía

Ella le contó que estaba buscando un tesoro y él le contestó que sólo tenía que seguir por donde escuchara latir un corazón.

22 Silvina Palmiero

Agudizó el oído y sólo escuchó un profundo silencio alrededor. Pero muy lejos, tenue y pesaroso, oyó un latido que se apagaba.

23 Patricia Richmond

Volvió al claro del bosque y, sonriendo como sólo sabe hacerlo una serpiente, los guió a todos hasta un viejo manzano.

24 MicroProfecía

Una hermosa manzana roja pendía de la rama más alta. Varios niños salieron despedidos hacia atrás al acercarse al árbol.

25 Argueta

Pero el más valiente se acercó de nuevo y con el índice llegó al corazón de la manzana. Ahí lo pudo sentir latiendo.

26 Patricia Richmond

El árbol replegó sus ramas sobre el fruto, que quedó prohibido dentro de un refugio de hojas trenzadas. Las raíces gritaron.

36


27 Héctor Núñez

Aunque los árboles consiguieron atenazar sus raíces en la tierra, el veneno hizo que cayeran como torres... haciéndose polvo.

28 Silvina Palmiero

Y el bosque se transformó en tierra arrasada. Sólo quedó en pie, latiendo débilmente, la roja y brillante manzana.

29 MicroProfecía

El grito envenenado calló y la tierra seca se elevó girando hasta formar la figura colosal de un gigante. Era el Ermitaño.

30 Plinio el Bizco

—Debes buscar las cuatro manzanas doradas de tamaño decreciente que simbolizan la perfección. El coloso se esfumó sin opción.

31 MicroProfecía

Su sombra, herida por el brillo del cuchillo de plata del Caballero, había señalado una dirección antes de desvanecerse.

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JUNIO

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1 MicroProfecía

La tuerta recogió la manzana, la mordió y extrajo una llave diminuta. Los niños les acompañaron hasta el sendero marcado.

2 Patricia Richmond

«Volved a casa», les dijo el Caballero. Sabía que no tenían adónde ir y, sin mirar siquiera al niño que fue, siguió adelante.

3 Héctor Núñez

Los caminos estaban grotescamente cerrados, desvencijados, dibujando ángulos imposibles que llevaban a caminar en círculos.

4 Silvina Palmiero

El camino moría en la Gran Cascada, cuyas aguas caían lanzando alaridos. —Debe ser broma —dijo la pelirroja—. Yo no sé nadar.

5 Patricia Richmond

Se asomaron al abismo y contemplaron el lago al que caían las aguas. Les deslumbró el brillo de una mansión en la orilla.

6 MicroProfecía

Sobre una extraña chimenea, cuatro esferas doradas decrecientes, como había descrito el Ermitaño, emitían una señal luminosa.

7 Leire Frex

Como poseídos por el espíritu de la luz, unas sombras empezaron a canturrear en un lenguaje ininteligible, eran Drembors.

8 Héctor Núñez

«Beben el agua de las fuentes, pero sabe a musgo y a olvido que ondula en la piedra, es agua seca que abrasa y no consuela.»

9 Patricia Richmond

La canción de los Drembors, agua seca... Lo decía la profecía: «Las sombras esculpirán los peldaños sumergidos en el abismo».

10 Plinio el Bizco

Antes de intuir lo ignoto aclararé quiénes eran estos seres tutelares con vocaciones corales como los lares, manes y penates.

11 Héctor Núñez

Recorren el mundo, sin descanso, en una especie de fuga, con caras adustas, esquivando a incontables hormigas que los cazan.

12 MicroProfecía

Una columna de luz envolvió la catarata, transformándola en peldaños de roca blanca, al ritmo de unos martillazos siniestros.

13 Silvina Palmiero

Casi sin pensar, el Caballero y la pelirroja se precipitaron escaleras abajo, seguidos por los Drembors como lúgubres sombras.

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14 Leire Frex

Con el corazón casi en la boca, la pelirroja agarró la mano a una de las sombras, la miró sin miedo y susurró su nombre de luz.

15 Patricia Richmond

El sonido de su nombre desató una tormenta de truenos y granizo. Corrieron hacia la casa y empujaron la puerta. Se abrió.

16 MicroProfecía

—Rápido —les dijo un ser fantasmal, casi transparente—. Tomen asiento, la subasta está a punto de empezar.

17 Argueta

Ahí estaban, eran reliquias codiciadas, el precio oscilaba entre unas gotas de sangre, hasta un hueso o un ojo de la cara.

18 MicroProfecía

La sala estaba abarrotada de personajes de distinta calaña y condición. Desde un rincón alguien les saludó: era Lexyerer.

—Primer lote: Reliquia arcana; de oro con 19 ObservandoelParaíso incrustaciones de ámbar. Relieve del dios Edel’Oenda —dijo el espectral subastador. 20 MicroProfecía

Nadie pujó, a pesar de la insistencia del maestro de ceremonias. Silencio fue lo único que ofreció el público que aguardaba.

21 Leire Frex

De pronto, un carraspeo, una voz débil que se atrevió a decir: «El medallón con forma de ojo de la pelirroja.» Todos miraron.

22 Silvina Palmiero

—Esta pieza no está en venta —dijo el subastador—. No podrías pagarla y créeme que te mostraría cosas que no quieres ver.

23 MicroProfecía

Expusieron otro artefacto: arcón de plata maciza robado al rey Salomón por los Drembors. Nadie ha conseguido abrirlo.

24 Plinio el Bizco

25 Silvina Palmiero

26 MicroProfecía

La pelirroja puso el oído; fue un mal presagio para el Caballero. —¡Cuida! Puede ser el Arca que le donó a la reina de Saba. —¡El medallón! —habló otra vez Lexyerer—. Pago con mi vida. La profecía decía: «Abrirá el tesoro quien mire por el ojo ciego.» Comenzó la puja. Un rey ofreció a su hija; una mujer embozada, el corazón de su amante. El Caballero enseñó una piedra negra.

42


27 MicroProfecía

28 Héctor Núñez

29 MicroProfecía

30 Patricia Richmond

—Ofrezco mi alma petrificada —gritó. Miradas de reprobación le taladraron, pero no le importó, pues prefería vivir sin ella. Los que se pierden, desaparecen, se borran de los recuerdos, de las cosas, de los amigos, hasta del reflejo de los espejos. «¡Adjudicado!», exclamó el subastador cerrando el trato con un golpe de maza. Intercambiaron alma por arcón y salieron fuera. En el jardín anochecido les esperaban los niños del bosque cantando un himno antiguo y portando antorchas de una luz intensa.

43


JULIO

45


1 Patricia Richmond

2 Héctor Núñez

3 Silvina Palmiero

Dejaron

el arca sobre una mesa de piedra. Examinaron todas sus caras sin encontrar ningún resquicio ni mecanismo de apertura. Bajo el resplandor de la bujía la pátina del arcón susurraba en las paredes el glorioso esplendor de una cultura antigua. Permanecieron un instante hechizados por esas voces del pasado. —Pero aún no sabemos cómo abrirlo — murmuró la pelirroja.

4 Silvina Palmiero

Entonces oyeron algo entre la hierba y vieron aparecer a Esmeralda, arrastrando tras de sí el medallón y una pluma de buitre.

5 Patricia Richmond

¡Mi ojo! —exclamó la tuerta tocándose el cuello. ¿Cómo lo ha hecho? —preguntó buscando a Lexyerer. Lo recogió y miró el arca.

6 MicroProfecía

La contempló a través del talismán. Miró las paredes, la escrudiñó por debajo y palpó la tapa sin ver nada. Hasta que gritó.

7 Patricia Richmond

El arca le devolvió una imagen de sí misma hundiendo una daga en el corazón del Caballero. Cerró los ojos y oyó un chasquido.

8 MicroProfecía

Por una rendija recién abierta parecía adivinarse una brizna de luz. El Caballero levantó la tapa y recogió una luciérnaga.

9 Patricia Richmond

Era un insecto metálico a cuya luz aparecieron unos extraños caracteres en las paredes plateadas, formando un mensaje.

10 Héctor Núñez

El aleteo monótono de la negra mariposa de pronto se convirtió en una ráfaga fría que helaba la convulsionada sangre.

11 Silvina Palmiero

Esmeralda reptó hasta el borde del cofre y fijó sus ojos verdes en el mensaje, que sólo ella parecía comprender.

12 MicroProfecía

La serpiente trepó hasta el cuello de la tuerta y le susurró algo al oído en el lenguaje que sólo entienden las víboras.

13 Leire Frex

—Nos hemos arrastrado muchos siglos juntas por la oscuridad, no dejes que un haz de luz te deslumbre del camino, hija mía.

47


14 Silvina Palmiero

En el espíritu de la tuerta se debatían impulsos contradictorios. Hizo coraje y volvió a mirar a través del medallón.

15 Patricia Richmond

Los caracteres bailaron ante sus ojos y se recolocaron para formar un mensaje que sólo ella pudo leer: «No es el elegido».

16 MicroProfecía

Los niños les rodearon y cantaron una nueva estrofa de la profecía: «El que del olvido retornó sacrificará su corazón».

17 Patricia Richmond

El Caballero miró a la pelirroja y en el fondo de sus ojos verdes descubrió la verdad. El destino había vuelto a jugársela.

18 Patricia Richmond

Una lágrima brotó del parche. Él la recogió con la punta de su daga de plata y dejó que se deslizara hasta la empuñadura.

19 Silvina Palmiero

¿Podría morir el que había regresado de la tumba? Pronto lo sabría, pensó, entregando a la pelirroja la fatídica daga.

20 MicroProfecía

La lágrima tocó a la luciérnaga y la convirtió en un ángel negro que los ocultó bajo sus alas mientras ella hundía el puñal.

21 Leire Frex

La sangre brotó dando vida a un nuevo ser. Como la profecía había dicho, en las venas de los justos corre vida que nadie ve.

22 Patricia Richmond

El ángel negro extrajo el corazón del caballero y lo depositó dentro del arca. Se arrodilló ante la tuerta y se desintegró.

23 Plinio el Bizco

Fue su particular “Anunciación”, unos lirios blancos constataban la pureza de su incertidumbre, ya sólo necesitaría una hoz.

24 MicroProfecía

25 Patricia Richmond

26 MicroProfecía

Un sirviente salió de la casa y recogió el cuerpo del Caballero. Los niños apagaron las antorchas y se hizo la oscuridad. Los Drembors se arremolinaron sobre el arca. La tuerta levantó la tapa y, a la luz de los pequeños seres, el corazón ardió. Un leve soplo de viento alzó las cenizas y las esparció sobre ella. ¿Acaso nunca debió empeñarse en la búsqueda de un héroe?

48


27 Patricia Richmond

28 Leire Frex

29 Patricia Richmond

No la habían educado para ser la protagonista de su historia pero ya no podía ignorar las señales. Estaba sola y actuaría. Como la guerrera de un ejército de sombras, se guiaría solo por el sonido de sus lágrimas al descubrir su final. Miró al cielo y las estrellas de Orión brillaron sólo para ella. Recobró la confianza en sí misma y salió del jardín.

30 Silvina Palmiero

Los Drembors la escoltaron a lo largo de un camino que comenzó a volverse pedregoso y finalizó frente a una puerta de hierro.

31 Silvina Palmiero

Miró hacia arriba y advirtió que se hallaba al pie de un volcán. Frente a ella brillaba el ojo de una antigua cerradura.

49


AGOSTO

51


1 Patricia Richmond

Mientras

amanecía, la cabeza de lobo grabada sobre la puerta le confirmó que no se había equivocado al seguir el sendero.

2 MicroProfecía

Se agachó y miró por la cerradura. La impresión le hizo caer hacia atrás, incrédula. Un ojo la observaba por el otro lado.

3 Patricia Richmond

Un golpe sacudió la puerta como si alguien llamara con una aldaba. No se atrevió a moverse, ni siquiera cuando se repitió.

4 MicroProfecía

Miró la puerta: encajada en un muro de roca, era alta, sólida, imposible de forzar, tan lisa que no se podía trepar por ella.

5 Silvina Palmiero

Y en la boca del lobo que la presidía, una roja y brillante manzana. Un recuerdo se desperezó en su memoria.

6 Patricia Richmond

Buscó en sus bolsillos. Sí, ahí estaba la pequeña llave dorada, el tesoro oculto durante siglos en la manzana del Ermitaño.

7 MicroProfecía

Pegó el oído a la puerta; no oyó nada. Miró por la cerradura; no vio nada. Introdujo la llave, la giró dos veces y se abrió.

8 Patricia Richmond

Tuvo que empujar con fuerza para vencer la resistencia de la densa hiedra que agarraba la puerta por el otro lado.

9 MicroProfecía

Cruzó el umbral, preguntándose quién la estaría esperando. No había nadie a la vista, solo una cesta al inicio de un sendero.

10 Silvina Palmiero

La cesta estaba vacía. El suelo ardía como si el centro de la tierra estuviera por estallar. Y ella aún se sentía observada.

11 Patricia Richmond

El calor le reconfortó el corazón, que aún le latía helado. Cogió la cesta y comenzó a subir hacia el cráter del volcán.

12 Silvina Palmiero

El camino se hizo escarpado. El volcán escupía cenizas y rocas incandescentes, pero otro enemigo aún más artero la acechaba.

13 MicroProfecía

A un lado del sendero, un montículo de piedras, señal de que iba por buen camino, la sorprendió. Lo coronaba una calavera.

53


14 Plinio el Bizco

Se sacudió la fatalidad como un perrillo que sale del río. —Por estos riscos debo alcanzar la cima antes que la noche caiga. Cogió la calavera.

15 Patricia Richmond

—¿Quién fuiste? —le preguntó—. ¿Hay alguien más aquí? La colocó en la cesta y le pareció que sonreía.

16 Plinio el Bizco

El volcán regurgitó de sus cenizas, las fumarolas bostezaban inciensos y de su cima aparecieron las primeras pompas de jabón.

17 Leire Frex

La pelirroja recordaba muy bien las últimas palabras de los Drembors: «No mires fijamente a los ojos de la gente, sigue tu luz».

18 Silvina Palmiero

Pero aún así, sentía la mirada de la calavera fija en su rostro y hasta podía jurar que ese cráneo de hueso latía.

19 Patricia Richmond

Unos palos secos llamaron su atención. Eran dos largos fémures formando una equis en medio del camino. Los echó a la cesta.

20 MicroProfecía

Recordó sus años de becaria en Atapuerca y las palabras del director de la excavación: «La historia la hacemos entre todos.»

21 Patricia Richmond

Siguió recogiendo huesos y, al fin, llegó a la cumbre del volcán. Vio una caja de cartón abandonada sobre un altar de piedra.

22 MicroProfecía

La abrió y extrajo una caja de música. Le dio cuerda sobre el altar y una bailarina comenzó a girar al ritmo de un vals.

23 Patricia Richmond

La música cesó y se abrió un cajón bajo la bailarina. En él encontró un sobre lacrado que llevaba escrito su nombre: Ainara.

24 Silvina Palmiero

25 Silvina Palmiero

26 Patricia Richmond

Hechizados por el encanto de la melodía, los huesos de la cesta parecieron cobrar vida y comenzaron a unirse unos con otros. El altar donde estaba la caja tembló, se abrió a la mitad y de su interior comenzó a brotar un río de sangre. Abrió el sobre: «El baile del mago abrirá las puertas condenadas.» Se giró y vio que un esqueleto había salido de la cesta.

54


27 Leire Frex

28 Silvina Palmiero

29 MicroProfecía

Danzaba poseído por el espíritu de la calavera Krafta. «Nadie escapaba del poder de sus recuerdos», comenzó a canturrear Ainara. La sangre fluyó por venas invisibles y sus ojos, ahora sí vivos, la miraron mientras decía «Hace tanto que te espero...» Le tomó una mano y, bailando, la condujo a través del pasadizo que descendía, desde el altar, al interior del volcán.

30 Patricia Richmond

Bajaron hasta un mirador desde el que su guía le señaló lo que, perdida entre las sombras, llevaba tanto tiempo buscando.

31 Patricia Richmond

Ahí estaba, no era un mito. Ante su único ojo se erguía Tenebria, la ciudad fundada por los rebeldes escapados del infierno.

55


SEPTIEMBRE

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El mago le entregó una lanza, un estandarte y un 1 Silvina Palmiero

escudo.

2 Héctor Núñez

«En este mundo no hay habla ni mucho menos palabras; sin embargo, una voz atraviesa todos los confines de la inhóspita tierra.»

3 MicroProfecía

¿Quién había hablado? Estaba completamente sola ante la ciudad que ocultaba el libro por el que lo había dejado todo.

4 Leire Frex

«Soy la voz del recuerdo. Solo aquellos que no creen en el olvido de la profecía, descubrirán el final de la calavera.»

5 Patricia Richmond

Había tardado mucho en comprender que sólo necesitaba confiar en sí misma para llegar al final. Lo dejó todo atrás y avanzó.

6 Silvina Palmiero

Lanzó la última mirada al cielo nocturno, recortado en la boca del volcán. Como en su escudo y sus armas, vio brillar a Orión.

7 Patricia Richmond

Atravesó un arco y se internó en la ciudad abandonada. La sobrecogió el eco de sus pasos mientras admiraba su grandeza.

8 MicroProfecía

Las crónicas contaban que Tenebria había sido abandonada precipitadamente, pero no había conseguido descubrir el motivo.

9 Silvina Palmiero

Algunos creían que el mismo diablo había aniquilado a los rebeldes. Pero ella intuía que el libro y su dueño permanecían allí.

10 Patricia Richmond

Había leído el nombre de Tenebria por primera vez en el relato del Cíclope, escrito en un papiro de los fondos de la universidad.

11 MicroProfecía

Lo encontró en un jeroglífico sobre papiro de la Biblioteca del Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, en la que se había doctorado.

12 Silvina Palmiero

Mientras rememoraba la historia, se llevó la mano al parche y tembló. ¿Era ella el cíclope recorriendo esas calles malditas?

13 Patricia Richmond

Su ojo había sido el tributo que había tenido que pagar, pero ya estaba ahí. Oyó un sonido rítmico al pasar bajo un porche.

—Vístelo, guerrera. Lo necesitarás —le dijo, antes de esfumarse.

59


14 MicroProfecía

Era un traqueteo amplificado por el eco que escapaba de un edificio flanqueado por dos demonios de piedra. Pasó entre ellos.

15 Patricia Richmond

Entró en una sala en la que se vio a sí misma. Un gran espejo, rodeado de relojes de todo tipo y tamaño, reflejaba su imagen.

16 Plinio el Bizco

Manecillas de ultratumba asaltaron el regio silencio. Su imagen deformada crecía como musgo maleable a la luz de las arañas.

17 Silvina Palmiero

Los relojes sonaban al unísono, en un tic-tac ensordecedor. Salvo el mayor: a él lo atravesaba una daga que señalaba las doce.

18 Héctor Núñez

En aquella sensación de soledad el silencio fue envuelto en una hoja de papel de periódico para ser arrastrado por el viento.

19 MicroProfecía

Faltaban unos minutos para la medianoche. Uno a uno, puso en hora los relojes, se quitó el parche y esperó frente al espejo.

20 Leire Frex

Al principio no se atrevió a mirar, pero cuando por su mejilla resbaló una lágrima, fue como volver a nacer al mundo de luz.

21 Patricia Richmond

A las doce todos los relojes dieron la hora. Cuando campanas, cucos y gongs callaron, una figura carraspeó en el espejo.

22 MicroProfecía

Bajo una capa negra, dos ojos que escupían fuego se clavaron en ella. Extendió una mano fuera del espejo y susurró su nombre.

23 Silvina Palmiero

¿Era su corazón —ese músculo débil— el que la traicionaba, o ella ya había sido quemada por esos ojos de fuego alguna vez?

24 Patricia Richmond

25 Silvina Palmiero

Recordando la historia que leyó en un viejo códice, se aferró a la mano del espejo y se adentró en la oscuridad de Tenebria. «Sólo recordando quién eres podrás volver», se dijo, y apretó con fuerza el medallón que Lexyerer le había dejado tiempo atrás.

26 MicroProfecía

El medallón se encendió e iluminó pilas de libros. ¿Sería la biblioteca del Taumaturgo?

27 Leire Frex

«Has vuelto desde las sombras para poner luz, solo los que creen en las figuras de la noche saben parar el tiempo.»

60


28 Patricia Richmond

29 MicroProfecía

30 Silvina Palmiero

La luz de Tenebria, la única capaz de iluminar el conocimiento verdadero, el que los ángeles negros robaron a Lucifer. El caos reinaba en la estancia: libros esparcidos por el suelo, desencuadernados, con hojas arrancadas, susurrando su agonía. Era evidente que alguien se le había adelantado en la búsqueda del Libro Que Todo Lo Sabe. Pero, ¿lo habría hallado?

61


OCTUBRE

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1 Héctor Núñez

Saqueadores,

siguieron un mapa sin haber descifrado sus secretos, convirtiendo sus almas, bajo el sol implacable, en polvo.

2 Damaris Gasson

Ya los Grimorios hablaban de Tenebria y del Libro escondido allí. Pero no preguntéis a los habitantes taciturnos, no oyen.

3 Patricia Richmond

Repasó mentalmente las referencias que había ido encontrando sobre el libro. Estaba, seguro, allí, ¿por dónde empezar?

4 Silvina Palmiero

Decidió que debía descender al corazón incandescente de la ciudad. Había sido dicho: «Todo lo sabrá el que atraviese el fuego.»

5 MicroProfecía

Contempló la estancia medio derruida. Un leve siseo llamó su atención y se acercó hasta un armario vacío. Algo latía tras él.

6 Patricia Richmond

Empujó el armario y descubrió una puerta circular. Probó a abrirla. El pomo quemaba y su tacto le hizo recordar otro fuego.

7 Leire Frex

Aquel que años atrás había contemplado en su mirada. La pelirroja no había olvidado aquellas primeras letras de amor de Kalak.

8 Silvina Palmiero

El regio cazador nocturno, el hacedor del fuego en el que había ardido casi hasta morir... El que había huido tras el Libro.

9 MicroProfecía

El viento de Tenebria la ayudaría a olvidar. Abrió la puerta.

10 Patricia Richmond

Decidida, comenzó a bajar una estrecha escalera de caracol iluminada por el leve resplandor que llegaba de las profundidades.

11 MicroProfecía

La escalera terminó en una sala iluminada por antorchas. Centenares de libros se extendían sobre una mesa... ante una sombra.

12 Damaris Gasson

Entre el centenar de libros, uno resaltaba por su negrura. Parecía consumir la luz de las antorchas y alimentar a la sombra.

13 Silvina Palmiero

La sombra señaló un mensaje grabado a fuego en la pared: «Encuentra el Libro del Saber y despertará el dos veces muerto.»

65


14 MicroProfecía

El Libro del Saber. Tantas referencias que lo nombraban desde la antigüedad, tantos buscándolo para abrir la puerta secreta.

15 Patricia Richmond

La sombra subió a la mesa de un salto, abrió el libro negro y, tras hacerle una reverencia, se metió dentro y cerró la tapa.

16 MicroProfecía

Se acercó y abrió con esfuerzo el libro. La tapa pesaba como una roca de los muros de la ciudad.

17 Leire Frex

¿Qué serían esas marcas en las hojas? La pelirroja recordó que los Drembors habían hablado del veneno en letras para no leer.

18 Patricia Richmond

Desoyó la advertencia, acarició la primera página y pasó la hoja. De ella surgió una mano que la arrastró a su interior.

19 Plinio el Bizco

Era el genio de aquel códice; guardaba sus secretos como un alquimista celoso de su ciencia que espera el espectro de Fausto.

20 Damaris Gasson

La sombra le dijo: «Si quieres leer el Libro, debes tener la Visión. Busca al Gran Sacerdote y que pase su mano por tus ojos.»

21 Silvina Palmiero

A su alrededor sólo habitaban el silencio y la nada. Entonces recordó el medallón: lo tomó en sus manos y vio a través de él.

22 Leire Frex

Un altar y una luz cegadora, tuvo que parpadear; vislumbró una figura que entre sus manos portaba un manuscrito con su nombre.

23 MicroProfecía

Cogió el papel, lo leyó y lo rompió. Subió al altar y gritó que estaba cansada de rodeos y que era la hora de la conquista.

24 Patricia Richmond

25 Silvina Palmiero

Un ejército de sombras se reveló ante ella. Las mudas figuras esperaban arrodilladas una señal. ¡Adelante! —exclamó Ainara. Al verlos erguidos, la generala descubrió en sus espaldas el escudo que había visto una vez, grabado en la daga del Caballero.

26 Héctor Núñez

«En Tenebria la muerte se arrastra ciega, pero tiene unas manos ávidas para dirigirnos hacia un final irremediable, sin miedo.»

27 MicroProfecía

El espíritu de Tenebria la poseyó y, sin ninguna duda sobre lo que debía hacer, se enfrentó con las sombras a la oscuridad.

66


28 Patricia Richmond

29 Silvina Palmiero

Las puntas de las aristas del tiempo intentaron detenerles, pero la tuerta tiró de su ejército sangrando en cada paso. Sintió latir la daga y supo, de repente, que él la había conducido hasta allí y que era su muerte a la que debía derrotar.

30 Plinio el Bizco

Su contrincante era el arquitecto de Tenebria, aclamado ya en otras ciudades donde la axialidad del mal iba a durar mil años.

31 Damaris Gasson

Al combate se lanzó alentada por el espíritu, pero ¿cómo luchar con soldados que en realidad ya han fallecido?

67


NOVIEMBRE

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1 Silvina Palmiero

Esas simetrías absurdamente perfectas sólo podían llevar la firma de aquél a quien alguna vez había amado: el oscuro Kalak.

2 Patricia Richmond

Agarró la daga con las dos manos y fue desgarrando con ella la nada oscura e impenetrable hasta que cayó a un vacío húmedo.

3 Plinio el Bizco

Debía aprovechar la sinergia del péndulo para salir a la superficie; mas, ¿qué posibilidad existe cuando el abismo es uno mismo?

4 Héctor Núñez

«Los sueños, que nos mantenían vivos, arderán lentamente y acabarán por apagarse como una vela puesta al congelado viento.»

5 Damaris Gasson

Lo más dantesco era la batalla que se desarrollaba en el terrible silencio de los espectros que no paraban.

6 MicroProfecía

Los recuerdos giraban en su cabeza y, mientras seguía cayendo, comprendió que había vencido a Kalak y que se acercaba al fin.

7 Leire Frex

Se miró las manos, la sangre todavía caliente, y no pudo evitar romper a llorar; en ese momento las sombras danzaron.

8 Silvina Palmiero

9 Patricia Richmond

Desde el abismo tronó la voz que supo susurrarle amores: —Tanto te he esperado, ¿y vienes a mí empuñando armas del enemigo? Las lágrimas arrastraron la voz del pasado. Sin lastre en el corazón, las sombras la llevaron ante unos ojos de oscuridad.

10 Damaris Gasson

Ante la oscuridad se plantó, alzó el parche que tapaba su ojo y una luz fulgurante iluminó la debilidad de las sombras.

11 Silvina Palmiero

Enfrentó la luz sin dejarse encandilar por sus destellos y entonces no tuvo dudas: al fin se hallaba frente al Gran Sacerdote.

12 MicroProfecía

Él pronunció una sola palabra. Toda Tenebria tembló y ella extendió los brazos para agarrarse a los bordes de la oscuridad.

13 Patricia Richmond

Las sombras rieron y la abrazaron tan fuerte que creyó ser una de ellas. Cerró los ojos y dejó que su cuerpo volara.

71


14 Silvina Palmiero

Y así, flotando en la levedad, alcanzó a escuchar esa palabra que el eco devolvía desde los confines de la nada: «Mírame.»

15 Damaris Gasson

Tuvo que mirarlo, no le quedó más remedio. Lo imperativo de la orden y esos ojos hipnóticos la capturaron como un sueño. —¿Quién eres? -preguntó ella.

16 MicroProfecía

—Ya no importa —contestó. Le entregó una caja y despareció junto con las sombras y toda Tenebria.

17 Silvina Palmiero

La abrió y halló el libro en cuyo interior había dado la gran batalla. Sintió que sus páginas albergaban todas las respuestas.

18 Leire Frex

Según sus manos pasaban las hojas, el tiempo parecía parado entre sus recuerdos. Todo comenzó cuando perdió su ojo.

19 MicroProfecía

Ya entonces había comenzado a soñar con el Canto triste de las Sombras y su secreto.

20 Patricia Richmond

Cerró el libro; ya sabía a dónde debía dirigirse para acabar su misión. Bajó la ladera y escuchó una voz familiar: «¿Te llevo?»

21 Silvina Palmiero

Sintió que volvía a respirar. Subió a la moto y advirtió que ese pecho en que había clavado una daga palpitaba otra vez, vivo.

22 MicroProfecía

Apoyó la cabeza en su espalda, sintió el tictac del tiempo roto y Esmeralda se acurrucó en su hombro. Vámonos —les susurró.

23 Damaris Gasson

Y mientras viajaba en la moto dejó que el viento jugara en su pelo, sintiendo la fuerza del caballo de metal en sus piernas.

24 Silvina Palmiero

25 Héctor Núñez

26 Leire Frex

Estaba exhausta. Podría haber permanecido así, dejándose llevar, para siempre. Pero tenía que terminar lo que había comenzado. El tañido de las campanas los sumió en un profundo letargo y, con el alma ausente, se perdieron en la oscuridad nocturna. Se despertaron con el sonido de unas voces lejanas, unas antorchas; la pelirroja reconoció el canto de los Drembors.

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27 Damaris Gasson

28 Patricia Richmond

29 Plinio el Bizco

30 Silvina Palmiero

Ella, obnubilada por el conocimiento. Él, ardiendo en las brasas de otoño de su pelo de fuego. —¿Eres real? —preguntó la tuerta. —¿Quién puede estar seguro de serlo? —respondió el Caballero—. ¿Preparada? Ella asintió. La vida es una gran pinacoteca donde todos quedan retratados. Así, juntos, desafiantes, unieron sus manos y entraron al lienzo. Y en él, una nueva estrofa de la profecía: «Regresará al descanso el que había muerto, llevándose a la tumba su victoria.»

73


DICIEMBRE

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1 Héctor Núñez

Fueron llegando miles de pájaros de plumas rojas incendiando el paisaje por donde pasaban con el suave batido de sus alas.

2 Silvina Palmiero

¿Y si ella era, en realidad, un pájaro? Mientras su cabello al viento lo acariciaba, tembló ante la sola idea de perderla.

3 MicroProfecía

¿Sabes a dónde vamos, Ainara? —le preguntó. Ella le dijo que sí, que tenían que seguir su instinto, como las golondrinas.

4 Damaris Gasson

Mientras la seguía lo invadió la premonición del desenlace, la expectativa de lo que será y la tristeza del final del viaje.

5 Patricia Richmond

Llegaron a un promontorio comido por la maleza. Algunas piedras erguidas sobre las zarzas contaban que fue un lugar habitado.

6 MicroProfecía

—La Fortaleza de los Monjes Negros. ¿Por qué hemos venido a este lugar maldito? —preguntó el Caballero tras bajar de la moto.

7 Patricia Richmond

—Aquí empezó todo —le respondió la pelirroja—. En cuanto abramos la puerta escondida bajo estas ruinas, todo acabará.

8 MicroProfecía

9 Damaris Gasson

Sintieron un olor rancio, a orquídeas muertas. No les sorprendió, el perfume de una maldición no lo airea ni el tiempo. Tápate la boca y respira lo menos que puedas — le dijo a Ainara—. Puede quedar la esencia de un monje que quiera entrar.

10 Silvina Palmiero

—Y si eso sucediera, te quitarían la vida, el honor y hasta el alma —concluyó el Caballero, que sabía bien de lo que hablaba.

11 Patricia Richmond

Rodearon las ruinas y bajaron por una ladera salpicada de lirios blancos que, balanceados por la brisa, parecían saludarles.

12 Silvina Palmiero

—Yo lo he visto escrito —dijo ella, citando la profecía—. «Por el camino blanco los justos recuperarán sus almas perdidas.»

13 Damaris Gasson

—¿Será posible —preguntó el caballero— que en los lirios blancos estén las almas de Tenebria? ¿Liberarlos es nuestra misión?

77


14 Héctor Núñez

Casi al final, las palabras, como los lirios, comenzaron a secarse, a perder color y fuerza, a morirse envueltas de tristeza.

15 Silvina Palmiero

—Apresúrate —exclamó Ainara—. Cuando estos lirios queden petrificados, como lo estaba tu alma, ya no habrá salvación posible.

16 Patricia Richmond

Se detuvieron ante un túmulo de piedras cubiertas por las espinas de una maleza que las custodiaba desde hacía siglos.

17 Silvina Palmiero

—«Quitarás las espinas y la piedra se hará pájaro» —recitó ella. Al hacerlo, su sangre se fundió en el plumaje de un alma alada.

18 MicroProfecía

La tuerta cortó las zarzas con la daga de plata y entre los dos apartaron las piedras apiladas, que ocultaban una trampilla. —La trampilla tiene cerradura —dijo la tuerta.

19 Damaris Gasson

—No importa —le dijo el caballero—. Revisa el dije que te regalé hace tiempo.

20 Patricia Richmond

Miró a través del amuleto y vio una cabeza de lobo grabada sobre la trampilla. Sus ojos rojos brillaban intensamente.

21 Leire Frex

Acercó sus dedos a la cerradura, pero la mano del caballero la detuvo. Un silbido distrajo su atención y giraron la cabeza.

22 Silvina Palmiero

Entonces vieron una larga procesión de Drembors que se aproximaba hacia ellos, entonando un salmo sobre lobos y corderos.

23 Patricia Richmond

«La golondrina hablará y una nueva era amanecerá». Ainara se arrodilló, tocó los ojos del lobo y aparecieron dos espectros.

24 Damaris Gasson

25 MicroProfecía

26 Patricia Richmond

Uno de los espectros habló: «Golondrina, Caballero, habéis hecho un largo viaje, pero aún hay otra prueba que debéis superar.» —¡Tu nombre! —pidió el segundo espectro. —¡Ainara! No ocurrió nada y volvió a gritar: ¡Ainara, la Tuerta, Señora de Monforte! La trampilla se abrió con un chasquido para abrir el paso a una mina, la herencia maldita de la estirpe de los Monforte.

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27 MicroProfecía

28 Silvina Palmiero

29 Patricia Richmond

Bajaron unos peldaños carcomidos y a la luz de los Drembors avanzaron por una galería tan lúgubre como un mal presentimiento. Caminaron lo que pareció una eternidad hasta llegar a un sitio que heló la sangre en las venas del caballero. Era su tumba. —No pude salvarlos y pagué con mi vida. ¿Quién me sacó de aquí? —Los Monjes Negros. Sabían que lo intentarías incluso muerto.

30 MicroProfecía

—Alondra Monforte me traicionó y me denunció a su padre, que me ajustició, pero he vuelto. Hagamos que se cumpla la profecía.

31 Patricia Richmond

La tumba ocultaba una puerta. Al abrirla las almas de Tenebria recuperaron la libertad y, con ellas, la magia regresó al mundo.

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Profecía I Recorrerá la senda oscura. II Allí las almas se reunirán. III Llegarán ante el cuadro de un profeta y podrán respirar. IV Las armas de un general ganarán a fuego. V Con el brillo de la plata desarmarán al guardián de un tesoro. VI Las sombras esculpirán los peldaños sumergidos en el abismo. VII El que del olvido retornó sacrificará su corazón. VIII El baile del mago abrirá las puertas condenadas. IX Sólo aquellos que no creen en el olvido de la profecía descubrirán el final de la calavera. X Todo lo sabrá el que atraviese el fuego. XI Regresará al descanso el que había muerto, llevándose a la tumba su victoria. XII La golondrina hablará y una nueva era amanecerá.

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CRÓNICAS DE TENEBRIA Roman Raskolnikov @raskolnik68

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La Historia del Cíclope

El Cíclope

alzó su grotesca cara hacia los minaretes de Tenebria… ¿acaso era un gesto amistoso o el comienzo del desastre? Los moradores de Tenebria pasaron junto al Cíclope y no mostraron emoción alguna: su piel era tan dura como sus corazones. El bazar pleno de telas y joyas exquisitas... mas el Cíclope solo una cosa buscaba: grabados que atestiguaban viejos tiempos. Ese, y aquel también, indicó el Cíclope al vendedor de daguerrotipos: su único ojo vio en esas fotos retazos de su infancia. El Cíclope mercó raras especias de aroma sin par: su mente, su olfato, anticiparon la exquisitez de los platillos por venir. Esas sinuosas callejuelas de Tenebria no eran desconocidas para el Cíclope: en sueños las había caminado piedra por piedra. El Cíclope enfiló sus pasos hacía El Barrio Antiguo: ahí moraba la vieja nana, esa bondadosa dama plena de amor y compasión. El Cíclope buscó a los parias de Tenebria, a los descastados sin lugar en el podio social: eran su gente, su amada familia… ..y ellos comieron y bebieron en honor del hombre monocular, de aquel sabio ente que trajo la rareza a la antigua Tenebria.

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El Taumaturgo

El Taumaturgo subió al último repecho, oteó el valle, una grandiosa miriada de colores... y al final de ella estaba Tenebria. El Taumaturgo obedeció la sabia orden de su instinto: ve a la ciudad, no temas: Ellos te esperan ahí, ansían tu presencia. El Taumaturgo vio una simétrica, insólita formación de piedras, flores y huesos: era el homenaje a Las Ciudades Mártires. El Taumaturgo atrajo la mirada de los viejos… Sí, es él, dijeron… y hacia ese gastado cuerpo tendieron sus manos: ¡Fiat lux! ¿Nos traes nuevas de allende la comarca?—preguntaron los viejos al Taumaturgo: sus inquietas mentes no podían esperar más. Todo está bien, respondió El Taumaturgo: los vivos mandan decir a ustedes los muertos que nada teman: su reino jamás caerá. Los Agoreros leyeron las señales en tierra y en cielo: ya es hora de revelarle nuevas a estos pobres mortales... ¡Adelante! Como esporas, los rumores cubrieron las calles y plazas: Ellos han anunciado su venida… ¿estamos preparados para recibirlos? El mensajero apuró el paso para aprontarse ante sus paisanos: Ellos estaban en los suburbios, a la vista tenían la ciudad. Atabales, congas y trompetas sonaron todo el día, felices notas anegaban los oídos: era la gran fiesta dispuesta para Ellos. ¡Hélos aquí! Los Agoreros se presentaron en la añosa plaza central: extasiados, los de Tenebria derramaron gozoso llanto.

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Profecías cumplidas, tiempo de paz llegado, llanto desterrado; Los Agoreros trajeron la luz divina a la castigada Tenebria.

La Sabiduría del Viento

El viento de Tenebria era a veces salvaje, a veces sedoso, mas nunca indiferente: la quietud es un veneno para los hombres. Tallados por taladrantes vientos, los acantilados de Tenebria describían batallas fieras donde se jugó la vida del pueblo. En Tenebria, los amantes eludían las palabras de entrometidas celestinas: el viento les susurraba sabios consejos amorosos. Un gran gozo anega a Tenebria, sonrisas incontables ornan tabernas y templos: próximas están las Solemnes Fiestas Eólicas. Bellos arabescos formaban los vientos en Tenebria, curvas fantasías sincronizadas con los ocultos deseos de los pueblerinos. Nadie asolará estos valles, esta ciudad que es casa de descanso para fenecidos, dijo El Viento a los moradores de Tenebria.

La Arquitectura de Tenebria

Y

¿

qué haremos con estos tristes despojos? Las casas

derruidas de Tenebria alojaron el amor y la esperanza de sus hijos.

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En Tenebria, un muro ajado no es muestra de vergüenza: el tiempo lo ha marcado como el amante cubre con besos a su amada. La Academia de Tenebria es tan vieja como el claustro donde ávidos alumnos escuchan a los sabios hablar de épocas doradas. Con basalto fue erigida la Biblioteca de Tenebria, esa afable casa del saber sin edad, refugio del sabio y de los curiosos. Antiguos como las mareas, abiertos como los cielos: templos variopintos y credos múltiples conviven en la pacífica Tenebria. Nadie habla de edad en Tenebria, ni del tiempo pasado, presente y venidero: horas, relojes y calendarios son asunto borrado.

Los Refugiados

Tenebria

fue el oasis para sobrevivientes de guerras

apocalípticas: los muertos, toda generosidad, les dieron cobijo y amor. No añoraban las vanas medallas y elogios los notables instalados en Tenebria: el justo aprecio a su saber bastaba y sobraba. Un día disertaban sobre alta magia, otro la conversa era algo caótica y variopinta: ¡ah de la vida intelectual en Tenebria! Aquellos que en otros tiempos padecieron cárcel por pensar eran los más felices en Tenebria: encontraron su cielo soñado. En Tenebria desterrada fue la roñosa costumbre sueca de validar prosas y artificios técnicos, de ejercer molesta tiranía…

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...y Tenebria fue La Nueva Atenas, y también Lovaglia, y Alcalá, la de los genios letrados: no ha de perderse la sabiduría.

La Naturaleza de Tenebria

Colores irreales, ajenos al cromatismo terrestre, pintan el cielo de Tenebria: algo hay en esta ciudad que atrae lo bello. Inusuales flores y aves atestan el bosque de Tenebria, mas no saturan vista y oídos de los paseantes: lo sublime no cansa. Los cultivos en Tenebria no precisan de ayuda ajena a natura para crecer: la generosa tierra prodiga dones sin distingos. Los fuereños creen que en Tenebria los frutos son traídos de otra galaxia: de un color y sabor no terrenal son todos ellos. Añejos ríos hay en Tenebria que son plácida estación y son casa de salud: sus aguas curan males que creíamos invencibles. ¿Es menester decir que los de Tenebria aman esta tierra por sus dones y sabores? ¡Nunca, jamás volverán a un oscuro pasado!

La Ley

No

es fácil que los de Tenebria se hermanen con las

ciudades vecinas: son muy cautos en su tratar, han conocido la traición. Los viejos de Tenebria recuerdan las aciagas horas vividas cuando reinos colindantes alistaron sables y fusiles contra ellos.

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En Tenebria sintieron amenazas, pero, sabios al fin, entendieron que los viejos modos del quehacer político no los salvarían. De la vieja incivilidad, poco queda en Tenebria, acaso tercos añorantes del mal proceder que casi terminó con la humanidad. Es norma no escrita en Tenebria que los jóvenes escuchen la sabia verba de viejos canosos, apergaminados... ¡Platón impera! Como ominosa referencia libresca quedó "La Gran Discordia": Tenebria y su equilibrio y justeza en el vivir son la nueva ley.

El Antiguo Saber

Debemos creer en profecías que hablan de eras luminosas

¿

por venir... o dudar de ellas? A veces las desgracias se enmascaran. Julio, año 2000, buenas nuevas, cayó el tirano… ¿pero fue verdad o un triste cambio de dueños? Ah de las fallidas profecías. ¿Halloween... o Día de Muertos? ¡No importa! Tenebria ha superado los viejos pleitos místicos: ¡viva la vida, viva la muerte! Tan lejanos quedaron los disgustos por creencias ultraterrenas en Tenebria, que muchos se preguntan si todo fue un mal sueño. A la Academia queda relegado el viejo saber: para los no versados, Tenebria es una amable fuente de instintivo conocimiento. Al ser la sabiduría una virtud al alcance de todos, Tenebria puso fin a la infausta tiranía llamada "superioridad moral".

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El Invierno

El

invierno se acerca a Tenebria, unos vientos gélidos

advierten a todos: cubran caballerizas, guarden pienso, nada olviden. Todavía quedan huellas de aquel aciago invierno que casi destruyó Tenebria: un bosque de árboles secos es testigo perenne. Los raudos vientos paran su bella, sutil, danza: el invierno hace saber a los de Tenebria que les restan pocos días de calma. Felicidad inenarrable anega a los niños de Tenebria: la nieve es ocasión para crear, y para soñar que son pequeños dioses. Dicen los viejos de Tenebria que el invierno tiene su propia voz, suave con la noble gente, hosca con aquellas de mala raíz. No desesperen, tampoco caigan en el desánimo, aconsejan los sabios de Tenebria: el invierno es temporal, la vida es eterna.

Los Primordiales

Las

ciudades fantásticas son recordadas con agrado en

Tenebria: Kadath y Carcosa aquí tienen sus plazas y calles memoriales. Cuentan los viejos de Tenebria que hubo un tiempo donde la ciudad recibió a unos raros visitantes: eran los Primordiales. Los Primordiales sintieron Tenebria como su hogar: caras amables, gestos cordiales... ¡no más tortura de los Viejos Dioses!

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A los Primordiales, acostumbrados a indecibles horrores, la ausencia de vano odio en Tenebria les conmovió hasta el llanto. Tanto he hablado de paz religiosa en Tenebria, que muchos pensarán en esta como cosa fácil… pero no fue grato llegar a ella. ...Y así es como Tenebria, tierra ajena a los males terrestres, dio solución a la disputa entre hombres, dioses y creencias.

El Blanco Manto de Tenebria

Si

la blancura del paisaje tuviera ocultos significados,

Tenebria sería un libro a descifrar: tantas historias caben en ella. Ornadas con blanco manto, las calles de Tenebria invitaban al paseante a caminar sobre ellas, a ser parte de la historia. A veces la nieve forma figuras caprichosas en Tenebria, seña clara de que los espíritus lúdicos no han abandonado esta ciudad. Agrestes colinas contemplaron nuestros ancestros, dicen los de Tenebria a todos aquellos que visitan la ciudad en invierno. "The winter is coming" nada ominoso significa en Tenebria: que otros paguen por sus males, nosotros hace tiempo que lo hicimos. Es hermosa la nieve, grandioso el invierno en Tenebria... pero es finito: aun la belleza está sometida a la cruel caducidad. A los jóvenes de Tenebria no molesta la advertencia de sabios ancianos: esa nieve es símbolo del ciclo que ha de cerrarse.

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¿Pasará el invierno sin dejarnos presentes? No, responden los sabios de Tenebria: cada estación es generosa a su manera. Colinas y valles de Tenebria esperan con beatífica calma la despedida del invierno: su tiempo llegará sin dilación alguna. A la blancura invernal extrañaremos, dicen los sabios de Aztlán… mas no debemos llorar: todo lo sublime retorna a nosotros… … y todo pasará, y nada quedará de este blanco manto, dijeron los sabios de Tenebria: ¡Ah del invierno y sus drásticas leyes! Fin del invierno en Tenebria o de cómo el tiempo marcó los ritmos vitales: blanco manto generoso que arropó esta comarca.

El Sol de Tenebria

Transiciones

hay que acarrean gran dolor, mucha

incertidumbre; en Tenebria no es así: entre estaciones todo fluye en paz. Trazan los rayos solares formas sutiles sobre campos y colinas de Tenebria: no traen muerte, son heraldos de la vida futura. Aquí crecerán los girasoles, allá el maíz será el soberano del campo: la estación soleada aviva la imaginación en Tenebria. Generoso círculo ven los de Tenebria al mirar el inabarcable cielo: aquí el sol es suave narrativa, no implacable maldición.

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Y así fue como el imperio solar tomó el mando en Tenebria... hasta que la rueda de las estaciones diga: ¡Basta, tu hora ya pasó!

Los últimos días de Tenebria

Nuevos aires, frescas nuevas anegan salones y palacios en Tenebria, y una inaplazable certeza predomina: debemos sobrevivir. Duden de plácidas certezas, a la suerte no dejen su destino, dicen los sabios de Tenebria: la vejez, esa tabla de salvación. Espanto me causan aquellos que han de sucederme... temo su briosa avidez vital: los viejos de Tenebria se saben vulnerables. Un paso y después otro, y así su camino será leve y serena travesía, no ardua tarea: esto aconsejan los viejos de Tenebria. Es costumbre aceptada en Tenebria que los pupilos sean dejados a su suerte en oscuras selvas: la guerra contra el propio yo. Voces hay en la ciudad que dicen: es hora de partir, tiempo de volver a la casa paterna: Tenebria no es inmune al abandono. Preparativos se realizaban por aquí y por allá, como si una orden venida de lejanos ministerios alertara a los de Tenebria. Un barrio casi abandonado, el parque ayuno de niños… los rumores poco a poco se tornan realidad: Tenebria prepara la salida. Alboroto incruento abunda estos días en Tenebria, y un constante atar y guardar de pertenencias y recuerdos: todo terminará.

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Silencio aquí… un poco de bulla por allá… y una resignación aceptada sin ofrecer batalla: son los últimos días en Tenebria. Solares entes eran los de Tenebria... y ocasionalmente lunares: mas el próximo éxodo había borrado tan solemne distinción. A pesar de la inminente partida, en Tenebria todos actuaban como si fueran inamovibles tabiques de una sólida edificación. Los campos de Tenebria ahora son lienzos blancos, páginas vírgenes: muy largo será el viaje y muchas las bocas por alimentar. Dejen casas y plazas limpias, ordenaron a los de Tenebria... sí, nadie moraría ahí, pero el aseo era una muestra de respeto. Callada procesión al panteón se dirige: son los últimos muertos de Tenebria... ¿o debemos nombrarlos guardianes honorarios? Vaciadas de gente, de historias, las casas de Tenebria despedían entrañables aromas: la partida dejaría inolvidable esencia.

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EL CANTO TRISTE DE LAS SOMBRAS Héctor Núñez @hector0119

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La ciudad se convirtió en una gran juguetería donde marionetas, poleas y cuerdas atrapaban a los niños perdidos en la niebla. Oscuras alucinaciones estaban encerradas en antiguos y mohosos volúmenes, pero susurradas en sueños al oído de los hombres. Sombras silenciosas de espíritus atribulados por la enfermedad y el insomnio asoman dedos exangües detrás de las cortinas. Las farolas han extinguido sus luces amarillas para que las sombras, calladamente, se pierdan entre los oscuros callejones. Sombras huidizas proyectan negras fisonomías cuando una interminable procesión de pálidas ilusiones ópticas rompen la noche. La derruida ciudad expele un aire triste, en ella, una fuente enmohecida permite reflejar la hierba enferma que la agrieta. Nadie viene por mí, que estoy perdido en el bosque de las sombras, nadie viene por ningún sendero, ni vendrá jamás, por mí. La luna brillaba muy alta aquella noche haciendo, en un éxtasis luminoso, más lívidas las manecillas rotas de los relojes. La oscuridad empezó a caer como paño mortuorio cuando el oxidado mecanismo del reloj rasgó, con espíritu belicoso, la noche. Tras las murallas se escucha el latido de un corazón de metal, un tictac que, odiosamente golpea la mente hasta la locura. El último tren silbó perezosamente antes de partir, haciendo que el suelo, quejumbroso, murmurase un plegaria en voz alta.

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En Tenebria las hadas guardan, herméticamente, en grises flores el brillo de las estrellas que alumbran las noches sin luna. De los viejos baúles salieron antiguos vestidos, como seres inmateriales, brillando con un polvo de crisálidas luminosas. Rozan, desolados como fantasmas, pies ensangrentados el vaho marchito de los bosques cobrizos y cenizos de Tenebria. Los alfileres clavados en su alma adormecieron su memoria, vagos recuerdos de rostros y palabras, ríos de sombras y de nada. Los cadáveres están desnudos, apilados y ordenados como un reloj solar, pero cuya sombra marca con sangre la tierra que toca. Sobre Tenebria flotaba una extraña tristeza, caía como un nauseabundo miasma que, incluso, hacia llorar a la grisácea luna. Suaves brisas, con aromas de flores y especias, acariciaban ennegrecidas ventanas y puertas que siempre permanecían cerradas. En Tenebria los tres momentos del tiempo se unen: pasado, presente y futuro crean una sucesión de eventos que nunca terminan. Los muertos nos esperan, rechazando la innobleza del olvido, viven en un una fracción de tiempo y en el viento de las plazas. En Tenebria la muerte se arrastra ciega, pero tiene unas manos ávidas para dirigirnos hacia un final irremediable, sin miedo.

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Guía de Personajes Caballero

Renacido a la vida el 1 de enero, con las campanadas del nuevo año, acompaña a la Tuerta durante el viaje.

Cíclope

Sabio refugiado en Tenebria.

Drembors

Seres mágicos de luz.

Ermitaño

Gigante que escondió su tesoro en el manzano del Bosque de las Sombras.

Esmeralda

Antiguo amor del Caballero, juró esperarle y es devuelta a la vida por este como serpiente.

Espectros

Vigilantes de la entrada a la mina de los Monforte.

Kalak

Antiguo amante y rival de Ainara.

Krafta

Nombre de una calavera mágica. No se conoce su origen.

Lexyerer

Taxidermista de la Ciudad de las Almas Perdidas.

Lobo

La cabeza de un lobo negro es el emblema de los Monforte. Aparece varias veces en la historia, paseándose como animal o grabado en diversos lugares.

Mago

Esqueleto cuyos huesos recoge Ainara en su ascenso al volcán. La acompaña hasta la entrada de Tenebria.

Niño

Fantasma del Caballero de niño. Habita en el Bosque de las Sombras buscando el tesoro del Ermitaño, junto a los Niños del Bosque.

Quirón

Centauro sanador del Bosque de las Sombras.

Taumaturgo

Viajero que lleva noticias a los habitantes de Tenebria.

Tuerta

Ainara de Monforte, arqueóloga que dedica su vida a la búsqueda de un libro en el que se describe un lugar que debe encontrar para cumplir su destino. También conocida como la Pelirroja.

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Las imágenes de la Profecía

ENERO

FEBRERO

Caspar David Friedrich

Henry Ninham

“El invierno” (1803)

“Magdalen Gate”(1840)

MARZO

ABRIL

Anna Boch

Durand

“Alter turm” (1868)

“El carnaval” (1870)

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MAYO

JUNIO

Paul Weber

Edward Finden

“Forest scene” (1860)

“Villa Diodati” (1833)

JULIO

AGOSTO

Bertrand

Anónimo “Vista del Vesubio desde Pompeya”

“Italian coffer”

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SEPTIEMBRE

OCTUBRE

Piranesi

Hans Holbein

“Casas de los Césares sobre el Palatino”

“Danza macabra”

NOVIEMBRE

DICIEMBRE

Gustave Doré

George Chinnery

“La visión del Valle de los Huesos Secos” (1866)

“Ruins of the Old Fort” (1818)

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El año de la profecía