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“Suite del desierto” Cuento con estrella acompañado de “Six épigraphes anticúes”: I – pour invoquer Pan, dieu du vent d’été II – pour nun tombeau sans nom III – pour que la nuit soi propice IV – pour la danseuse aux crotales V – pour l’Egyptienne VI – pour remercier la pluie au matin

“Jandri querida…Llega tu medio siglo y nosotros estamos para vivirlo contigo, tantos momentos compartidos a lo largo de la vida… Nuestra infancia, Beni Enzar, la barca y la enramada, la cándida adolescencia, nuestras risas, hechas de retazos de mar, nuestros recuerdos, las estrellas perdidas… Que sigamos siempre juntas en este largo viaje que hemos emprendido en nuestro cuento de la vida. Te quiero. Siempre. Hada querida… Un cuento que te cuento, lleno de pedacitos de amor, todo el que siento yo por ti, Ja” 23 – 3- 2014

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Me llamo Marcelo. Os contaré una historia que me narró mi tía Jandri. Ella dice que la escuchó a su vez, a una mujer bereber en el desierto de Marruecos en una noche estrellada. Dice así:

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“Cuenta la leyenda que una noche un barco naufragó en la playa de Cabo Chico, a diez millas de la ciudad de Rusadir. Cuenta la leyenda que un joven llegó hasta la orilla cansado y sin aliento. Una mujer, hija de Tarik ven Ziyag, se bañaba desnuda en la mar, bajo la luz del amanecer, y vio llegar al marinero.

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La joven era sanadora, susurradora de versos de vida, creadora de ungüentos maravillosos. Lo llevó a su cabaña en la playa e intentó curarlo en vano, pues el joven dormitaba día y noche mientras susurraba una melodía dulce y bella, casi inexistente.

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La mujer buscó en libros milenarios, consultó viejas bibliotecas y visitó a los médicos más sabios. Todos decían lo mismo: La enfermedad de la mar sólo se curaba con la planta de la alheña, cuyas hojas pequeñas y perfumadas, crecían en la provincia de Tinghir, tras las montañas del gran Atlas. Sólo aquellas hierbas podrían sanar al joven, sólo ellas, alejarían a los dijns.

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La joven sanadora emprendió un largo viaje. Sus dos hermanas la acompañaron. La mayor y la pequeña.

“Una túnica, un piano y una estrella ”

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Juntas, emprendieron un largo viaje por el desierto. A lomos de su camello, la joven susurraba aquella melodía dulce y bella que tantas veces había escuchado en labios del marinero. Las hermanas repetían. Y en su viaje, aquella canción se hizo eterna e infinita, una suite viajera y caminante. Y la música se hizo camino. El desierto, sendero. La arena, estrellas. Los sueños, latido. Y así, las tres hermanas alcanzaron su destino.

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A su regreso, en la cabaña de la playa, mezclaron la alheña con agua de mar, realizando un colorante mágico y natural. La joven sanadora pintó las manos del marinero, sus brazos, su torso y su cuello. Pintó su corazón y cabello. Sus pensamientos y su aliento. Mientras, sus hermanas cantaban aquella melodía.

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A la mañana siguiente, despertó el marinero. Desde aquel día se usa la alheña para alejar los malos espíritus. Cuenta la leyenda que allí quedó el barco por siempre, encallado en Cabo Chico. En las noches de luna llena, a su alrededor, bucean desnudos dos enamorados, pintando la mar de henna y susurros. Entonces, se escucha una melodía, dulce y bella, lejana y eterna, de las tres hermanas, en el desierto”. Conozco esa melodía. La he escuchado cada vez que me acerco al corazón de mi tía Jandri, Ella es fuerte, dulce y cariñosa. Me gusta pensar que Jandri es la protagonista de esta historia. Mi madre Inés, es la hermana menor. Mi tía “La Nena,” es la estrella. Ellas son mis hadas madrinas.

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Por último, la canción es una melodía de piano. Sus notas viajan directas entre sueños y pensamientos. Su eco me mantiene unido a ellas, aunque estemos lejos:

La bella Suite del Desierto.

El 23 de marzo es el cumpleaños de mi tía Jandri. Y yo, Marcelo, le regalo su propio cuento.

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SUITE DEL DESIERTO