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Por Edwin Vázquez

Compartió su Bocado.... Más Bienaventurado

E

lla no era israelita y nunca había gozado de los privilegios y bendiciones que había disfrutado el pueblo escogido, pero creía en el verdadero Dios. Había andado en toda la luz que resplandecía sobre su senda. De modo que cuando no hubo seguridad para Elías en la tierra de Israel, Dios le envió a aquella mujer para que hallase asilo en su casa. Era un hogar de esos azotado por la pobreza, el hambre era el personaje principal de esta comarca. Dios siempre llega a tiempo, pero prepara el terreno a su manera, su proceder es misterioso y sobrenatural. La llegada de Elías fue en el mismito día en que la viuda temía verse obligada a renunciar a la lucha para poder sustentar su vida. Cuantas veces nosotros nos hemos sentido de la misma manera que la viuda cansados del trajín diario y casi tocamos fondo siendo nuestra única compañera la fe con la cual nos arropamos de pies a cabeza. La viuda no imaginaba que su fe la llevaría a probar el poder de Dios viviente para proveerle lo que necesitaba. Pero aún en su extrema necesidad, reveló su fe cumpliendo la petición del forastero que solicitaba compartir con ella su último bocado. No podría haberse exigido mayor prueba de fe, hasta entonces la viuda había tratado a todos los forasteros con bondad y generosidad. En ese momento, sin tener en cuenta los sufrimientos que pudiesen resultar para ella y su hijo, y confiando en que el Dios de Israel supliría todas sus necesidades dio esta prueba suprema de hospitalidad. Ella compartió su poco de alimento con Elías, y en pago, fue preservada su vida y la de su hijo. Esto demuestra que a todos los que, en tiempo de prueba y escasez, dan simpatía y ayuda a otros más menesterosos, Dios ha prometido una gran bendición. El Dios que cuidó de Elías en tiempo de hambre, no pasará por alto a ninguno de sus hijos abnegados. El que ha contado los cabellos de sus cabezas, lo cuidará, y en los días de hambre serán saciados. Mientras los inicuos perezcan a su alrededor por falta de pan, su pan y su agua estarán seguros

COMENTARIO 1-La pobreza no necesita privarnos de manifestar hospitalidad y hemos de compartir lo que tenemos. Hay quienes luchan para ganarse la vida y otros quienes tienen grandes dificultades para suplir sus necesidades, pero aman a Jesús y están listos para mostrar su hospitalidad a creyentes e incrédulos y tratan de hacer provechosas sus visitas. 2-No con sólo pan vivirá el hombre, y a medida que nosotros impartimos a otros nuestro alimento temporal, debemos impartir también esperanza, valor y amor cristiano. Y se nos asegura que "poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia a fin de que teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra".

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