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invierno·2012

tardía, el influjo de las religiones celestes del Mediterráneo hizo proliferar los mitos de jóvenes dioses de apariencia antropomórfica que mueren para volver a resurgir en sintonía con la naturaleza, en primavera. Degeneración y libertinaje Este paso, que marca la evolución de monoteísmo al henoteísmo (preponderancia de un dios sobre los demás), tuvo un buen ejemplo en Roma con la expansión del culto a Baco, en el que las mujeres siempre tuvieron un peso esencial. De hecho, en un principio el culto a este dios era exclusivo para mujeres y se celebraba en secreto. No en vano, algunas de las advocaciones de Baco se presentan en conexión con la Madre Tierra. Sus celebraciones tenían lugar en Roma cerca del Aventino los días 16 y 17 de marzo, después de que varias matronas hubiesen sido nombradas sacerdotisas. Este carácter exclusivamente femenino se perdió en 188 a. C. cuando, según Tito Livio, una sacerdotisa de Campania llamada Pacula Ania permitió la iniciación de hombres. No fue el único cambio que introdujo Ania, impelida por un aviso oracular de los dioses. También transformó el rito en nocturno y, en vez de varios días al año, estableció cinco días al mes para las iniciaciones. Las consecuencias fueron escandalosas para los escritores de la época, ya que a partir de entonces, estas actividades se celebraron “en promiscuidad” y libertinaje nocturno. Según estas fuentes, en las celebraciones nada era considerado sacrílego. Los hombres se convulsionaban con movimientos frenéticos mientras se entregaban a vaticinios. Las matronas, con el cabello suelto, corrían al Tíber con antorchas encendidas en las manos, impregnadas de azufre y sal, que sacaban del agua sin apagar. En la celebración de estos ritos desaparecían los convencionalismos sociales y se cometían grandes excesos agravados por la locura teléstica, sin la censura de la conciencia. Había alusiones sexuales, unas veces simbólicas y otras representadas tal vez con realismo. Se decía incluso que los que se negaban a guardar el juramento de silencio, participar en crímenes o mantener relaciones sexuales (stuprum) eran arrebatados por

Foto: Museo Romano Oiasso

La procesión de Isis determinaba, a principios de marzo, la apertura de la temporada de navegación. En la foto, reconstrucción de esta ceremonia por parte del Museo Romano Oiasso, en Irún.

los dioses. Aunque nunca se pudo probar que se cometiesen crímenes en las bacanales –es muy posible que, de hecho, solo hubiese representaciones de muertes rituales–, el hecho fue que el Senado reaccionó con dureza contra los excesos de este culto (ver recuadro de la página anterior). La madre que vino de Egipto La veneración a Isis también tuvo gran difusión en Roma y es, asimismo, uno de los cultos que más pervivencias tiene en la actualidad, debido a su fácil adaptación a otras corrientes y creencias posteriores. La diosa egipcia se convirtió en modelo femenino, muy ligado al ámbito doméstico. A menudo se la representa como madre, con su hijo Horus sentado en el regazo. Esta imagen protectora, que conectaba muy bien con la facultad de absolver los pecados, le granjeó gran predicamento entre mujeres y esclavos. De hecho, gran número de libertos acostumbraban a consagrarse a ella tras su emancipación, a través de ceremonias que conllevaban ayuno y abstinencia. En época helenísica, los iniciados se agrupaban en asociaciones, los collegia isidis. Las funciones de las sacerdotisas en un rito tan marcadamente femenino y maternal estaban centradas en el cuidado del templo, aunque también participaban en las procesiones, cuya descripción

más completa nos ha llegado a través de la novela “El asno de oro”. Las fuentes documentales informan de que tocaban el sistro, un instrumento musical de sonoro tintineo. Las fuentes epigráficas son tardías, de la época imperial, pero nos informan de que esta religión no ponía obstáculos a las personas con minusvalías para consagrarse, a pesar de ir contra la norma general del sacerdocio. Las principales celebraciones de este culto eran los Isia –celebradas a finales de octubre y comienzos de noviembre y cristianizadas después con la conmemoración de Los Difuntos– y la procesión del mar. En esta última, que tenía lugar a finales de febrero o principios de marzo, el sumo sacerdote consagraba la nave que inauguraba la temporada marinera y posteriormente retornaba al templo con los objetos sagrados. La ceremonia terminaba con una fórmula griega que proclamaba la apertura de la navegación. La procesión del mar y las Antesterías báquicas parecen fusionarse para dar los actuales carnavales (carrus navalis). ◙

PARA SABER MÁS: • GUERRA GÓMEZ, M. (1987): El sacerdocio femenino (en las religiones greco-romanas y en el cristianismo de los primeros siglos). Inst. Teológico S. Ildefonso. • MONTERO HERRERO, S. (1994): Diosas y adivinas. Ed. Trotta. • VÁZQUEZ HOYS, A. escribe sobre religión antigua en su blog www.bloganavazquezhoys.com

La mujer romana  

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