Revista Diálogos

Page 6

opinión | Juan Carlos de la Llera

Avanzar en el care hasta que nos duela Juan Carlos de la Llera jcllera@ing.puc.cl

Ingeniero Civil por la UC. Máster en Ciencia y doctor en Filosofía por la Universidad de California. Decano de Ingeniería de la UC.

«Como escuela y miembros de la Iglesia, queremos avanzar desde nuestro quehacer en la ciencia y la tecnología para cuidar y proteger a quienes nos importan».

E

n un sistema como el nuestro, repleto de indicadores y marcado por una antropología funcional donde lo que me sirve lo aprovecho y lo que no lo descarto, es fácil caer, como organización, en un exacerbado individualismo y una cierta indolencia por lo que nos rodea.

Esta mirada relativiza la importancia de “procesos educativos también transformadores, inclusivos y de convivencia”1, sobrevalorando el intelecto y descuidando los “afectos y las manos”2, cultura con un creciente arraigo en muchas de las escuelas de ingeniería del mundo, lo que nos aleja de una verdadera “integración de los diversos lenguajes que nos constituyen como personas”3 y equivocamos el rumbo. Como escuela y miembros de la Iglesia, queremos avanzar desde nuestro quehacer en la ciencia y la tecnología para cuidar y proteger a quienes nos importan, y avocarnos a lo que nos preocupa: el “nosotros”4. Es este doble desafío el que captura de manera perfecta la palabra en inglés care, y que de forma magistral el papa Francisco define y reitera en su discurso en nuestra universidad. El care le da verdadero sentido a nuestra labor de académicos. Francisco ejemplifica esta dualidad diciendo: “Cuando el profesor, por su sapiencialidad, se convierte en ‘maestro’, es capaz de despertar la capacidad de asombro en los estudiantes”5, y luego, “el conocimiento siempre debe sentirse al servicio de la vida y confrontarse con ella para poder seguir progresando”6. Ahí están las dos dimensiones: el cuidado de

1. Papa Francisco, “Discurso de la visita a la Pontificia Universidad Católica de Chile”, 17 de enero de 2018. 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10. Ibídem.

4|

la persona y del “nosotros”, y la anticipación a los desafíos de la realidad que aún no existe. Parafraseando las hermosas palabras del padre Hurtado, deberíamos care hasta que duela y sólo entonces nos podemos sentir conformes como académicos de Ingeniería UC. El real care implica un cambio profundo en la cultura respecto a cómo hacemos muchas de nuestras actividades. En la formación de profesionales, reconocer que hay unos pocos que, prácticamente, no nos necesitan para aprender, otros que nos necesitan bastante y otros que nos necesitan mucho. Sin importar sus talentos, nos debemos a cada uno. Y de nosotros depende que despierte en ellos el “¡asombro ante un mundo y un universo a descubrir!”7. En el descubrimiento, el care debe manifestarse en transformarnos en un verdadero “laboratorio para el futuro del país”8, muchas veces renunciando a nuestra legítima curiosidad para orientarla al desarrollo inclusivo de nuestra sociedad y convivencia nacional, conjugando el “rigor científico y la intuición popular” y “el pensar y el sentir”9. Es este espacio privilegiado el que queremos generar por el bien de Chile. Estamos convencidos de que es posible lograr este gran salto, desde una buena a una gran escuela de ingeniería, si creamos “ingenieras e ingenieros completa y radicalmente distintos”. Cuanto más care como comunidad “en salida”10, daremos un paso importante en la dirección que se espera de nosotros.