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Se trata de la recuperación de un vinculo de amistad o de alianza que se había perdido a causa del pecado o de la traición de una de las partes. En concreto, el restablecer una relación rota generalmente sucede pidiendo y dando el → perdón. En el NT (sobretodo en la teología paulina) la reconciliación implica tres niveles: con Dios, consigo mismos, con los demás y con el mundo. La primera reconciliación concierne a la relación entre la humanidad y Dios. Éste toma la iniciativa de la pacificación y la realiza mediante Jesucristo, en el que Dios condena el pecado y justifica a los pecadores (2 Co 5,18-21). Reconciliación equivale por tanto a justificación y pacificación con Dios (cf. Rm 5,1s). Desde el momento en que Cristo muere en la Cruz, Dios ya no ve la humanidad como pecadora y desobediente, sino solamente al hombre Jesús que en Nombre de todo el género humano cumple el acto de obediencia y de amor perfecto. Su Sí ha cubierto y tragado todos los No de los pecadores (cf. 1 Co 15,54; 2 Co 1,20). La dimensión personal de la reconciliación consiste en el hecho de hacer recibido, después del perdón de los pecados, no "un espíritu de esclavos para recaer en el temor", sino "un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios" (Rm 8,15-16); "porque no nos dio el Señor a nosotros un espíritu de timidez, sino de fortaleza" (2 Tm 1,7). La verdadera reconciliación del hombre con sí mismo se da en el descubrimiento de su propia identidad filial con respecto a Dios. Adopción, salvación y reconciliación encajan. Pero la reconciliación tiene también una dimensión "horizontal" y cósmica. Por medio de Jesús terminó el orden antiguo que establecía la enemistad entre Judíos y Gentiles. El sacrificio de Cristo abate cada "muro de separación"; el amor extendido sobre la cruz anula cualquier división entre los seres humanos (cf. Ef 2,14; Ga 3,28). La paz obtenida mediante la "sangre de su cruz" (Col 1,20) se extiende a todo el Universo. En este nuevo "eone", que la Iglesia anticipa en cuanto mundus reconciliatus (Agustín), se puede entrar "dejándose reconciliar con Dios", acogiendo el Evangelio que es la "palabra de reconciliación" (2 Co 5,20, → evangelización). Jesús indica la reconciliación con el propio adversario como prioritaria condición para presentarse ante el altar de Dios (Mt 5,24). Ésta sella la recuperación de la comunión mediante el perdón y, por tanto, ya es en cuanto tal, sacrificio agradable al Padre (cf. Mt 9,13; Os 6,6) . El valor del lenguaje en relación con la realidad a. Valor instrumental Es evidente que el lenguaje es un medio, aunque imperfecto y limitado, para indicar la realidad. Como veremos en el tema siguiente acerca del «testimonio humano», gracias a este valor instrumental podemos conocer las cosas como son a través del lenguaje de otras personas,. La frase que pronuncio: «El libro de gnoseología está sobre mi escritorio» puede ser perfectamente comprendida por quien la está leyendo o escuchando. Mi interlocutor puede conocer este hecho real. b. Valor «existencial» También es verdad que, de algún modo, el lenguaje humano manifiesta,«festeja»,


«conmemora» el ser. El hombre, en efecto, no sólo se encuentra entre las cosas como los demás seres, sino que es, además, el único ser que se pregunta por el sentido último de toda la realidad. Su pregunta y su búsqueda empezó, se desarrolló y continuará a lo largo de la Historia por medio del lenguaje humano, por el cual, en el cual y con el cual el hombre crea cultura, es decir, expresa el misterio del ser, de todo lo que es, y, al mismo tiempo, es capaz de cuestionarse sobre este mismo misterio. c. Dos distinciones fundamentales Ahora bien, la filosofía y el pensamiento humano no pueden reducirse a mera hermenéutica o interpretación de la palabra y de los lugares históricos en los cuales el ser se muestra y se reserva; no puede consistir en una interpretación tras otra sin poder jamás afirmar nada de lo que es simplemente verdadero. Por un lado, el ser no se manifiesta exclusivamente al hombre por su lenguaje. Se manifiesta primera, esencial y absolutamente a Dios, que es la Verdad misma. Por eso todo ser es en sí verdadero, inteligible: se adecúa a la mente de Dios, es conocido por Él. Sólo secundaria y, por así decir, accidentalmente, se adecúa a la mente humana, es cognoscible para nosotros por medio del pensamiento y del lenguaje. En segundo lugar, como vimos, el pensamiento humano puede captar, aunque sea de modo parcial y limitado, el misterio de la realidad, su sentido, la esencia de las cosas, y el lenguaje es capaz, aunque sea de modo imperfecto y contingente, de expresar el pensamiento que ha captado la verdad. Debemos distinguir, en definitiva, entre verdad del ser aprehendida y expresada, y el camino hermenéutico, o sea, el punto de vista, desde el cual esta verdad ha sido captada y expresada. Conclusión El lenguaje humano tiene, por un lado, un valor instrumental para el pensamiento (es medio de su expresión) y para la realidad (la indica). Tiene, por otro, un valor «existencial» para el pensamiento, pues condiciona y potencia el modo como pensamos, y para la realidad, dado que manifiesta al hombre el misterio del ser, la pregunta por su sentido y la búsqueda del mismo. Reducir el lenguaje a un mero instrumento significaría empobrecer la esencia de su valor para el hombre. Absolutizar su valor «existencial» conduce a un relativismo inadmisible, que no hace justicia ni a la realidad, ni al pensamiento, ni al lenguaje mismo. Términos claves Valor: en el contexto de este tema, valor es la propiedad que hace poderosa a una entidad (en nuestro caso, el lenguaje) por el tipo de influencia que ejerce. Valor instrumental: el valor de una entidad (del lenguaje) como medio, es decir, el que posee en virtud del valor de las consecuencias que produce. Como instrumento, esta entidad causa, influye


o produce el efecto no en virtud de su propia perfección, sino en virtud de la perfección de una causa superior, llamada principal. Valor «existencial»: expresión original nuestra que usamos en este texto para indicar el significado vital o valor de alguna entidad (el lenguaje) que determina la propia comprensión del hombre, su modo de pensar y de vivir antes de que éste empiece a ejercer su libertad.

Desde un punto de vista más amplio, el lenguaje indica una característica común al hombre y a los animales para expresar sus experiencias y comunicarlas a otros mediante el uso de símbolos, señales y sonidos registrados por los órganos de los sentidos. El ser humano emplea un lenguaje complejo que expresa con secuencias sonoras y signos gráficos. Los animales, por su parte, se comunican a través de signos sonoros y corporales, que aún el hombre no ha podido descifrar, y que en muchos casos distan de ser sencillos. • El lenguaje humano se basa en la capacidad de los seres humanos para comunicarse por medio de signos (usualmente secuencias sonoras, pero también gestos y señas, así como signos gráficos). Principalmente lo hacemos utilizando el signo lingüístico. Aun así, hay diversos tipos de lenguaje. El lenguaje humano puede estudiarse en cuanto a su desarrollo desde dos puntos de vista complementarios: la ontogenia y la filogenia. La ontogenia analiza el proceso por el cual el ser humano adquiere el lenguaje. La filogenia se encarga de estudiar la evolución histórica de una lengua. • El lenguaje animal se basa en el uso de señales sonoras, visuales y olfativas, a modo de signos, para señalar a un referente o un significado diferente de dichas señales. Dentro del lenguaje animal están los gritos de alarma, el lenguaje de las abejas, etc. • Los lenguajes formales son construcciones artificiales humanas, que se usan en matemática y otras disciplinas formales, incluyendo lenguajes de programación. Estas construcciones tienen estructuras internas que comparten con el lenguaje humano natural, por lo que pueden ser en parte analizados con los mismos conceptos que éste.


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