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Beatriz Pérez Galán

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personas censadas en cada una de las comunidades, el de participantes en las asociaciones TRC es inferior en todos los casos al diez por ciento. Este bajo porcentaje se explica por varios motivos. En primer lugar, porque para ser aceptado como socio los miembros exigen una cuota de ingreso, generalmente alta, y la disponibilidad de un capital equivalente al invertido por el resto de miembros. En 2010 esta cantidad oscilaba entre doscientos y cinco mil dólares en su mayor parte destinados al acondicionamiento turístico de las casas de aquellos que ofrecen el servicio de alojamiento (mediante la adquisición e instalación de servicios higiénicos, enlosado, muebles, vajilla, ropa de cama, y paneles solares para el servicio de agua caliente), sin duda lo más costoso de los negocios TRC. Todas ellas son comodidades ajenas, hoy por hoy, a la vida cotidiana de las familias andinas, cuyo impacto en la concepción y los usos del espacio doméstico merece ser estudiado (véase Perche en este libro). El alto coste de la inversión requerida supone que sólo un pequeño grupo pueda participar en la oferta de alojamiento. Así, en el caso de la asociación de Patabamba, tres familias han monopolizado ese servicio (de las cuales, un solo socio concentra dieciséis de las 24 camas disponibles, además de caballos y llamas en propiedad), once en el caso de Raqchi, y una sola familia en la isla Uros Kantati. Por su parte, un número mucho más elevado de arrieros, porteadores o artesanos se emplean como jornaleros en agencias de viaje, el segundo grupo dentro de los comuneros involucrados en las iniciativas TRC de la red. Los integrantes de este grupo, que solo en casos excepcionales son dueños de sus propios caballos, llamas o telares, poseen un nivel de capital social y económico menor, y por lo tanto están en condiciones de mayor vulnerabilidad que los emprendedores. Al igual que aquellos, los porteadores, arrieros y artesanos han constituido sus propias asociaciones comunitarias. El objetivo es organizar el trabajo y ejercer de interlocutor frente a las ONG que desarrollan proyectos productivos relacionados con esta actividad en sus comunidades y frente a las empresas de turismo para las que trabajan. Algunas de estas empresas que frecuentemente utilizan en su denominación comercial adjetivos como “sostenible”, “con responsabilidad social”, “sin fines de lucro” o forman parte de los circuitos internacionales de “comercio justo”, además de capitalizar la mayor parte de los beneficios, aplican unas condiciones laborales que difícilmente encajan bajo esas denominaciones. Es el caso de los excesos, hasta hace poco habituales, con los porteadores indígenas en las rutas de trekking de estas comunidades9: “Cuando hubo la oportunidad de trabajar en Caminos del Inca, yo fui uno de los mas jovencitos que trabajó (…) y ellos pensaban que no resistiría y no resistí porque en ese momento se estaba cargando cincuenta a sesenta kilos por cada persona, casi todo el día cargando, parando a medio camino para dar comida a los turistas pero menos a los porteadores (…) Solíamos llevar habas tostadas y esas cosas, nuestro fiambre, como los cocineros estaban tan ocupados no había tiempo para cocinar para nosotros. Y en ese momento habíamos

¿El turismo es cosa de pobres?  

Ebook. Colección PASOS Edita número 8. ¿El turismo es cosa de pobres? Patrimonio cultural, pueblso indígenas y nuevas formas de turismo en A...

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