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KAÓTIKA SABIDURÍA

relatos cortos de

Blanca Sánchez Ariza


KAÓTIKA SABIDURÍA relatos cortos de

Blanca Sánchez Ariza


Gracias a ti, que en estos momentos tienes en tus manos mi humilde y Kaótika creación, da igual el motivo por el cual llegó hasta ti, ya sea amistad, familiaridad o simple curiosidad, gracias a ti que me regalas tu valioso tiempo y estás dispuesto a sumergirte en mis Kaótikas letras, lo cual yo agradezco desde el alma. Gracias a ti que de alguna manera ya formarás junto a mí, para siempre, parte del recuerdo en común de mis historias. Gracias por darme la oportunidad de tener el privilegio de alterar tu conciencia a través de mis letras. Gracias por este presente que hoy compartes junto a mí y que desde ahora creará un vínculo, para siempre, entre tú y yo. Gracias


© Blanca Sánchez Ariza Fotografía: Alfredo Miguel Valenzuela Morán Retoque fotográfico: Alberto Bohera

Edita:

I.S.B.N.: 978-84-15649-91-5 Impreso en España Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación ni de su contenido puede ser reproducida, almacenada o transmitida en modo alguno sin permiso previo y por escrito de la autora.


ÍNDICE

AGUANABA............................................................................. 7 AMOR Y CALCETINES............................................................ 9 AQUÍ YACE MI OTRO YO..................................................... 11 BASURA................................................................................. 13 COMO LA FLOR DEL LOTO................................................. 15 CREYENDO DEDUCIR.......................................................... 17 DUELO.................................................................................. 19 DULCE MUERTE................................................................... 21 EL DIAGNÓSTICO DE LUISA............................................... 23 EL HOMBRE DEL TRAJE GRIS.............................................. 25 EL JARDÍN DEL OLVIDO....................................................... 27 ELLA SIEMPRE ESTABA ALLÍ................................................ 33 EN BRAZOS DE MORFEO..................................................... 35 EN BUSCA DEL MAR............................................................. 37 EN LA CUERDA FLOJA......................................................... 39 ETERNA LIBERTAD............................................................... 43 FLORES AMARILLAS EN EL CAMINO.................................. 47 GATA… ¡¡Y ZORRA!!............................................................. 51 ACRILAMIDA........................................................................ 53 GRANATE OSCURO.............................................................. 55 HABITACIÓN 202................................................................. 57 HASTA QUE LA MUERTE NOS AMPARE.............................. 61 HAZLE EL AMOR A MI ALMA............................................... 63 LA CHICA DE NEGRO.......................................................... 65 LA DANZA DEL ALMA.......................................................... 69 LA ROSA MALDITA............................................................... 71 LA VENGANZA DE UN PASADO........................................... 75 LAS BURBUJAS DE LILYAN................................................... 77 ¿LAS VES? PUES YA NO LAS VES.......................................... 81 LLAMADA FANTASMA.......................................................... 83 MALDITO PECADOR............................................................ 85 MÁS ALLÁ DEL PARQUE....................................................... 87 ME LLAMAN LOCA............................................................... 89 ME QUEDO CONTIGO......................................................... 91 MIRADAS ENTRE EL CIELO Y EL MAR................................ 93 MORIR CON CLASE.............................................................. 95 ORACIÓN LEJANA................................................................ 99 PACTO DE LUNA................................................................ 101 PÚRPURA............................................................................ 103 ROSAS NEGRAS.................................................................. 105 TENÍAS QUE SER TÚ.......................................................... 107 WC...................................................................................... 109


AGUANABA

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e repente, dejé de correr porque tropecé de bruces con aquella mujer, y al mirarle a la cara, vi un horrible rostro de color amarillento y arrugado, un grito se ahogó en mi pecho y se me paralizó el corazón a la vez que el cuerpo. Ella recogió mis libros que habían caído al suelo de mis brazos por el impacto y se habían mojado, porque el día estaba lluvioso. Seguramente la mujer extraña notó el pánico en mis ojos, porque de su garganta salió una estrepitosa carcajada que me invitó a salir corriendo de allí sin mirar atrás, mientras oía cómo me preguntaba si había visto no sé qué o a no sé quién, que yo ya no logré entender. Fue aquella tarde lluviosa de otoño cuando mi abuela materna me explicó la leyenda de Aguanaba, tras verme llegar con el rostro desencajado por el miedo y escuchar después de preguntarme, lo que me había ocurrido. Yo le expliqué la historia de la terrorífica mujer y lo que me había pasado con esa extraña señora con la que me había tropezado, y a la que ya había observado más de una vez desde la ventana de mi humilde casa de madera, donde vivía junto a mi madre y mi abuela en los densos bosques del Pirineo Gironés. La había visto pasar siempre en los días de lluvia, con su vestido sucio y envejecido por el tiempo, el cual ya no tenía un color definido y cobijándose bajo un paraguas negro, siempre con la mirada puesta en todos los alrededores como si buscase algo que se le había perdido. Aquella extraña mujer siempre me había provocado un escalofrío indefinible. Cuenta la leyenda que en un pequeño pueblo Gironés cercano al Pirineo, vivía una bella y alegre muchacha de voz increíblemente dulce, a la que le encantaba pasear por los bosques cantando bellas canciones y mientras cantaba, recogía setas que luego vendía en el mercado del pueblo. Se pasaba los días enteros paseando por los preciosos bosques


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que parecían de cuento de hadas por sus abundantes hayas, sus suelos alfombrados de doradas hojas y gruesas raíces que asomaban bajo la fresca tierra. Después, disfrutaba en el mercado charlando con sus clientes mientras les vendía las sabrosas setas. Su madre, que era aún joven, acababa de dar a luz a un precioso bebé, hermano de la muchacha llamada Violeta y siempre lo dejaba al cuidado de la joven mientras ella trabajaba en los campos cercanos, pero esto a Violeta no le gustaba, porque le quitaba libertad para pasear libre por el bosque, así que se lo llevaba y mientras ella paseaba buscando setas cantando, dejaba solo al niño al pie de un haya que lo cobijaba. Una tarde mientras Violeta paseaba, en un claro del bosque, entre dos árboles por donde el sol se filtraba apareció el dios de la lluvia, éste le habló a la muchacha y le dijo que estaba muy decepcionado con ella por lo que hacía con su hermano, la muchacha le prometió que cambiaría. Pero Violeta no cumplió su promesa y volvió a dejar solo a su pequeño hermanito, que siempre la esperaba llorando y muertecito de frío allí debajo de aquel haya. Un lluvioso día de otoño, la muchacha se apresuró a recoger a su hermanito bajo el árbol, antes que enfermase por la humedad del agua, pero al llegar el niño no estaba. Un cazador del pueblo que pasaba por allí y lo reconoció, lo abrigó entre sus brazos y se lo llevó a su madre. Pero Violeta al no saberlo siguió buscando enloquecida, Morthón, el dios de la lluvia que lo había observado todo le lanzó el castigo que merecía por su mal comportamiento. A partir de entonces su nombre sería AGUANABA y vagaría por los bosques eternamente en busca de su hermano, mientras cantaba con una espeluznante voz horribles canciones, y así, eternamente vieja, pagaría la promesa no cumplida al dios de la lluvia. Desde entonces, en los días de lluvia, se la ve vagar por los caminos y bosques en busca de su pequeño hermano. Se dice que la gente que se la ha encontrado ha huido despavorida incapaz de soportar su terrorífica voz y que va preguntando a todo aquel que se la encuentra si ha visto a su hermanito. Esta es la vieja leyenda que me explicó mi abuela hace ya muchos años. La leyenda de AGUANABA.


AMOR Y CALCETINES

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a anciana se mecía en una de las dos mecedoras que juntas adornaban el rústico salón de la casa de campo, aquella que tantas veces soñaron tener y a donde escaparon lejos del ruido y de las modernidades, de las nuevas tecnologías y de las gentes con malas intenciones, para ser felices con serenidad, rodeados de sus animales, sus ilusiones y su amor. La robusta puerta del salón se abrió y el anciano entró frotándose las manos y quejándose de que hacía un frío del carajo. La luz de las llamas de la chimenea alumbró su tez, que a pesar del paso de los años no presentaba demasiadas arrugas, y su media sonrisa eterna y permanente volvía a iluminar el corazón de la anciana, cada vez que se abría la puerta cuando él no estaba, un sentimiento de paz y tranquilidad la envolvía, como en aquellos principios cuando él llegaba tarde de trabajar y ella no estaba tranquila hasta que el timbre sonaba. Pero siempre siguió sonando, cada noche de su vida llenando con su presencia el vacío de su corazón. Y ella dedicó sus días a hacer su vida más feliz. El hombre se acercó a la anciana y arropó la cara pequeña de la mujer entre sus manos para besarla, pero algo se lo impidió, como de costumbre, haciéndolos romper en carcajadas. Un cachorro de podenca andaluza que supuestamente dormía sobre el regazo de la anciana no podía reprimir sus celos como siempre, pues había heredado el carácter tan especial de su bisabuela o tatarabuela quizás, ya habían perdido la cuenta de las generaciones caninas que habían pasado por su casa y que tan especiales habían hecho aquella convivencia entre las podencas y ellos. –¿Cariñito, has traído mi chocolate? –le preguntó la anciana mientras lo observaba sentarse despacio en la mecedora junto a ella.


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–¡Oh! lo siento amorsito, se me ha olvidado –mintió él con aquel encantador acento que a ella siempre le había encantado y que por suerte no había desaparecido del todo. –¿Pero, otra vez? Seguro que te has entretenido piropeando a las niñas que pasaban, ¿verdad? –le recriminó celosa a pesar de los años y aun sabiendo que ella había sido siempre la única princesa en la vida del anciano. –Pero sielito no pienses esas cosas, ya sabes que si no tuviese mi cabeza pegada a mis hombros la habría perdido. El anciano sacó en ese momento una tableta de chocolate de debajo de su Jersey de lana mientras ella estallaba en una carcajada, él la cubrió con muchos besitos mientras la podenca le chupaba las orejas sin parar. Sus miradas se quedaron inmóviles abrazándose dulcemente en la penumbra que las llamas les regalaban y la mente de la anciana voló al mismo instante donde nació el final de su historia, aquella noche cuando después de hacer el amor él le dijo que su historia no tendría final y ella le demostró que sí relatándole un trocito de la escena que acababa de tejer en su mente, la mente de una pequeña y humilde escritora. Él la miró adivinando su pensamiento. –Lo sé, el final está cerca y nunca lo imaginé tan hermoso, vamos a dormir mi prinsesa que son las cinco. La anciana miró su reloj comprobando con una sonrisa que tan sólo eran las dos, adoraba esa dulce mentira que siempre le hacía sonreír. El salón se quedó en silencio, solamente el chasquido de la leña al terminar de quemarse se atrevía a romperlo. La estancia se quedó a solas, ni tan siquiera la podenca quiso quedarse sin el calor de sus dueños en la noche, tan sólo unos minutos después apareció por la puerta entreabierta con un calcetín en la boca.


AQUÍ YACE MI OTRO YO

L

a mujer caminaba silenciosa por aquella pequeña ciudad de descanso eterno, donde el aroma de los crisantemos lo embriagaba todo, y su intenso colorido resaltaba entre las sombras de un atardecer que daba ya las buenas noches a otro día agonizante. Las pocas personas que por allí paseaban la miraban sigilosas y sorprendidas, seguramente pensarían que era extraño encontrar a una chica sola en un lugar así, paseando entre nichos y cipreses y sin temor alguno. Pero Bianka había cambiado mucho en los últimos dos años desde su divorcio, poco quedaba ya de la mujer víctima de sí misma que tenía dependencia de su ex marido porque odiaba la soledad. Sus últimas experiencias le habían ayudado a comprender que todos nacemos solos y que solos moriremos, que el camino hay que recorrerlo solos, en él nos encontramos de todo, amigos o aquellos que al principio parecen serlo, pero que llegado un momento, su comportamiento nos hace darnos cuenta que sólo fueron un conocido más en nuestro camino, y entonces es cuando hay que decidir qué es lo que nos hace felices y cogerlo sin importarnos lo que piensen los demás. La noche caía a sus pies lentamente, como un manto que la envolvía impregnándola de intimidad, mientras pensaba que las cosas ya no le afectaban como antes, ser visceral está muy bien cuando se es joven, pero la madurez enseña a mirar hacia delante y pasar página eligiendo ser feliz y ocupándonos sólo de nuestra propia vida. Por otra parte, pensaba en esas pobres personas que no se darían cuenta nunca de que el victimismo es algo que puede engañar a los demás, pero nunca a nosotros mismos, porque en el fondo se es presa eterna de una debilidad emocional que nos acaba matando.


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Hacía mucho tiempo que había decidido ocupar su vida en ser creativa, que la ley del mínimo esfuerzo la había cambiado por paciencia, perfección no obsesiva, y descripciones de escenas, personajes… y así pensaba pasar el resto de sus días, persiguiendo el amor eternamente y viviendo en paz consigo misma, disfrutando de la serenidad que su humilde sabiduría le había regalado y que nada ni nadie podía arrebatarle jamás. “Lo más importante cuando se escribe un buen relato es describir bien las escenas, paisajes y personajes”, le solía decir un antiguo maestro de su pasada vida y eso es lo que hacía Bianka en ese momento, con sus ojos de mar en calma, mientras se acercaba a la lápida en forma de corazón. Se sentó junto a ella y silenciosa depositó sobre el helado mármol un ramo de violetas, mientras observaba apenada y en parte contenta, el rostro de la mujer que había en la foto de la lápida, era idéntica a ella físicamente, su pelo rubio dorado le daba un toque dulce y suave en el rostro, sus ojos azules tenían el misterio de algo que sólo muy pocos conocían, sus labios carnosos, deseo de muchos hombres, pero sobre todo tenía algo muy diferente a Bianka, era algo que sólo ella sabía, la fragilidad de su personalidad, algo que había muerto un buen día junto a la débil Bianka, la que yacía allí en aquella lápida en forma de corazón. La mujer se levantó y se quedó mirando inmóvil aquella inscripción de la lápida que era casi ilegible por la oscuridad de la noche y la leyó satisfecha otra vez, para que nunca se le olvidase cómo no debía volver a ser nunca más. AQUÍ YACE MI OTRO YO


BASURA

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aminaba por las calles con aquel bastón de madera que tanto la ayudaba a remover su mercancía tan preciada, y aquel vestido haraposo y descolorido por el sol, la lluvia y los años. Sus zapatillas de gamuza azul llenas de manchas y de suela desgastada, se arrastraban acompañándola a cada paso, su pelo ya canoso y despeinado se pegaba sucio y maloliente a su rostro, el cual era un triste reflejo de lo que había sido aquella carita angelical, hacía tan sólo 20 años. Todos la miraban al pasar, unos con cara de pena, otros con ojos de curiosidad, había quien se divertía insultándola, quien no disimulaba su asco ante aquella escena que se repetía cada día. Recorría las calles en busca del primer contenedor de basura que encontraba, lo abría e introducía su fiel bastón para revolver la basura y así apartar todo lo que no le interesaba, el día que encontraba su más valioso tesoro, era feliz, la mujer más feliz del mundo. Ese día encontró algo que para ella era muy preciado: una cajita de madera, al abrirla descubrió en su interior a una preciosa bailarina que giraba lentamente sobre el terciopelo rojo de su interior, al compás de una dulce música y reflejándose en un bonito espejo. Con la mirada distante y los ojos clavados en aquella cajita de música la anciana cruzó la calle sin darse cuenta de que un coche pasaba a toda velocidad, el golpe fue tan fuerte que la anciana cayó al suelo en mitad de un charco de sangre, en pocos minutos la gente se arremolinó a su alrededor mirándola con curiosidad. La ambulancia vino a su encuentro y en ella, mientras agonizaba, toda su vida pasó por su mente en tan sólo unos segundos, sobre todo aquella noche, aquella fatídica noche en la que la más cruel de las palizas propinada


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por su marido le destrozó el cuerpo, la vida y el alma. Mientras ella se retorcía de dolor en el suelo, las palabras de aquel monstruo se apoderaban para siempre de su mente: –Basura, eres basura.


COMO LA FLOR DEL LOTO

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n un tiempo no muy lejano aún, asustada por la pérdida de mi sentido común, sin querer ver la cobardía que cegaba mi propio reflejo, huí hacia un lugar llamado Loto. Loto es un lugar destinado al fracaso, a la ignorancia, la dejadez y la pereza, quizás ése fuera el lugar que a mí me pertenecía en ese momento por creerme una diosa de la sabiduría, que equivocadamente no poseía. Una sabiduría inexistente que ponía vendas invisibles a mis ojos y gruesos tapones de indiferencia a mis oídos. En Loto había una ciénaga sucia y pestilente donde yo, la diosa desmotivada, caí sumergiéndome casi sin darme cuenta de lo que me estaba pasando y fui engullida por la oscuridad de aquellas profundidades que me abrazaban a pesar del asco que sentía. Fue entonces cuando me di cuenta que tenía que luchar eternamente por mantenerme fuera de aquella indeseable ciénaga y así empecé a hacerlo. Ahora cada día me siento más como aquella diosa que se sumergió siendo una perdedora y que emergió a la superficie convertida en la preciosa flor del Loto, que a pesar de vivir rodeada de aguas llenas de miles de microbios, cada día es más clara y más pura y aunque todavía hay noches en las que se sumerge en las profundidades de las aguas contaminadas como si de una pequeña recaída se tratase, al amanecer vuelve a la superficie más bella cada día y sin que le afecte la suciedad que junto a ella convive.


CREYENDO DEDUCIR

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stoy sentada en el parque en una tarde de primavera ya casi al anochecer, el sol se está volviendo tímido y quiere esconderse tras los árboles que rodean la ciudad, pero no hace frío, el ambiente es cálido y me encanta estar aquí sentada entre las sombras, contemplando las escenas de las personas que pasean por el parque como si de una película muda se tratara. Los miro y por sus gestos deduzco lo que hablan, lo que hacen. En este preciso instante veo a un chico rubio de tez pálida que viste todo de negro, su imagen me llama la atención ya que es bastante mística. Cruza el parque en dirección a la salida pero de repente se gira, al escuchar que alguien lo llama a su espalda, otro chico de pelo castaño y piel morena vestido con camisa blanca y tejanos camina hacia él, mientras mueve los labios; le está pidiendo algo pero mi hombre misterioso le sonríe mientras niega con la cabeza, en ese instante se acerca un chaval que pasaba junto a ellos y le ofrece fuego al chico moreno y tras un de nada se aleja, ahora comprendo, el chico moreno quería fumar. Los dos hombres comienzan una conversación que por los gestos de sus labios y de sus manos parece ser amigable y sincera y tras un minuto escaso se dirigen a las escaleras que dan salida al parque. Los veo subir de espaldas mientras siguen charlando, pero, de repente se paran, el chico de la camisa blanca hace un gesto extraño se dobla sobre su estómago, se pone la mano en el pecho, ¡no puede respirar!, quizás debido al tabaco ¿quién sabe? Se desabrocha los botones de su blanca camisa y sobre su piel morena reluce un crucifijo de oro, ya es casi de noche, es difícil distinguir pero el brillo de esa cruz es tan intenso que aun desde aquí puedo verla. El chico rubio se lleva las manos a los ojos como si algo le estuviese


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