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Isabel Mary Cruz Ferrero Luna -1-


Isabel Mary Cruz Ferrero Luna


Š Mary Cruz Ferrero Luna

Edita:

I.S.B.N.: 978-84

Impreso en EspaĂąa Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicaciĂłn ni de su contenido puede ser reproducida, almacenada o transmitida en modo alguno sin permiso previo y por escrito del autor.


Suele haber muchas familias en el mundo que a lo largo de su vida, cuentan mรกs las cosas positivas que las negativas. ยกร‰sta es una de ellas!


Capítulo I

A Isabel le había tratado bien la vida, tenía un marido que la quería, y lo más importante, ella se sentía querida. Del fruto de su amor, nacieron dos minúsculas personitas, Marisa y Jaime. Eran el orgullo de sus padres y lo más importante del mundo. Pero el destino lo lleva escrito cada persona en el momento de nacer. Isabel, era una mujer muy activa y con ganas de hacer grandes cosas. Tenía muchos sueños que quería hacer realidad, decía «que era joven y tenía tiempo para hacerlas». Lamentablemente, un día sufrió una grave enfermedad, en un minuto su mundo cambió, pasó de ser una persona activa a ser una carga para su familia, no podía hacer nada por ella misma, ni siquiera tomar un vaso de agua. En aquel tiempo lloraba mucho, no entendía por qué le había tocado a ella. A su enfermedad había que sumarle la depresión, que se iba apoderando de ella día tras día. Pero su marido estaba a su lado y poco a poco, con mucha paciencia y cariño, la fue sacando del infierno donde había caído. Más adelante empezó a andar, él la ayudaba y cuando conseguía dar unos pasos, se abrazaban y se reían juntos. En ese tiempo, acudió también a un gimnasio y el fisioterapeuta le enseñó a hacer ejercicios. Su marido sufría cuando veía cómo le colgaban las piernas y cuando hacía los ejercicios, pero a ella no le importaba el dolor. Quería ser como antes. Quería sujetarse de pie. – Te vas a poner buena, ya lo verás. Esto se lo decía su marido y la abrazaba, ella sabía que era difícil, y se consumía pensando que no se merecía lo que le estaba pasado. -7-


– Tengo que ponerme buena, mi marido se lo merece, y mis hijos me necesitan, ¡son tan pequeños! Ese pensamiento le dio fuerzas, después de mucho tiempo y esfuerzos, con la ayuda de Dios lo consiguió, sin embargo ya no era lo mismo, sus valores habían cambiado. Roberto se llamaba su marido, tenía el pelo negro y los ojos aunque no los tenía grandes, eran de un azul que según le diera la luz, parecían grises. Era un hombre apuesto y elegante, de unos modales exquisitos, había recibido una educación perfecta, en un colegio francés. Hablaba el francés y el inglés correctamente, cuando le faltaba un curso para terminar la carrera, se marchó a Dublín y allí se graduó. El día de su graduación, sus padres le regalaron una cartera de piel marrón, con unas correas que salían de la solapa. Significaba mucho para él, la tradición decía: ¡Si tienes cartera, eres abogado! Roberto cuando se iba a trabajar, con su inseparable cartera marrón, lo primero que hacía era ir al cuarto de los niños, abría la puerta y se quedaba mirándoles, luego se acercaba con mucho cuidado, los tapaba y les daba un beso. Era un ritual. La casa tenía dos plantas, arriba estaban los cinco dormitorios con sus cuartos de baño, se bajaba al piso bajo por una escalera ancha de roble, a la derecha estaba la cocina, en ella le esperaba Isabel todas las mañanas, para desayunar. Los padres de él eran de clase alta. Los dos eran abogados. Tenían un bufete con siete empleados, en un barrio céntrico. Roberto era hijo único, cuando se hizo abogado, empezó a trabajar con ellos. Compartían muchas cosas. Cuando Roberto les presentó a Isabel, la acogieron como una hija. Su madre estaba muy unida a su hijo, pero no la vio como una rival. Cuando murieron iban de viaje a Gijón. El accidente lo provocó una avispa, al quererla matar, el coche se salió de la carretera, fallecieron en el acto, eso es lo que declaró el conductor que circulaba detrás. Cuando la policía se lo comunicó a Roberto, no terminaba de creérselo. Sólo hacía unas horas que los había dejado y ahora estaban muertos. Fue un duro golpe. -8-


De todas las cosas que había heredado, lo que más le importaba era el bufete; para él era especial, con el fallecimiento de sus padres, había pasado de ser el hijo de los jefes, a ser el jefe. Al poco tiempo, Isabel le dio la noticia: estaba embarazada. Se puso muy contento. Marisa fue la primera en nacer; era una niña muy gordita y se crió muy bien, tenía el pelo rubio, pero más claro que su madre. De su padre, había sacado los ojos azules y el carácter, estaba siempre haciendo preguntas, le encantaba jugar, sobre todo con su padre. Desde muy niña, se iba al despacho que su padre tenía en la planta baja de la casa, se sentaba en una silla y no le hablaba, sólo le miraba. Cuando su padre la preguntaba. – ¿Qué haces? – Nada, sólo te miro. Cuando sea mayor, ¡seré como tú! A su padre le gustaba que ella pensara así. No le decía nada, pero le hacía un gesto con la mano, para que se acercase y le daba un beso. Le pusieron Marisa en memoria de su abuela. La niña era el ojito derecho de su padre y ella también tenía predilección por él. Cuando fue mayor y terminó su carrera le dijo a su padre: – De regalo, quiero que me dejes utilizar el despacho del abuelo. Sé que está cerrado, pero estoy segura que no le importaría que yo le use. El padre, se quedó mirándola, y contestó: – No habrá una persona que lo honre mejor que tú. Le dio un fuerte abrazo. Jaime es el benjamín de la familia, se lleva tres años con Marisa. Ella desde que nació su hermano, nunca tuvo envidia, ayudaba a cambiarle, le daba la esponja a su madre… Jaime cuando nació, se parecía más a su madre, desde pequeño tuvo el carácter muy parecido, también había sacado el pelo rubio, ¡siempre se estaba riendo; como su madre! Era más guapo que su hermana, pero también menos responsable, había sacado la estatura de su padre, aunque el padre tenía mejor figura. -9-


No había querido seguir los pasos de su padre, ni de su hermana. Él se había decidido por la medicina. Era bueno en su trabajo, los enfermos le tenían mucha confianza. Ahora ejerce en un hospital que es pionero, tanto en la medicina como en la construcción del edificio, el cual es de tres plantas y está construido a lo largo, no a lo alto. El edificio donde pasa la consulta, está fuera, parece un chalet, está rodeado de césped y plantas y tiene grandes ventanales por donde entra la luz. Dentro hay muchos bancos y las paredes están repletas de cuadros. El hospital tiene todos los adelantos técnicos. Los médicos y enfermeras son todos menores de cuarenta años. En el centro de la plaza hay un lago, donde los pacientes pueden pescar, pero con la condición de que las carpas que pesquen, las tienen que volver a echar al agua otra vez. Del lago parten dos paseos con bancos, colocados unos frente a los otros. El paseo de la derecha está formado por arcos llenos de rosales trepadores de distintos colores y al final del paseo hay una imagen de la virgen de los Milagros. En el paseo de la izquierda, hay una plazoleta desde donde salen dos calles. En la de la izquierda está la zona infantil, con un parque de juegos hecho de madera, pintado de colores muy alegres, dentro, el suelo es de arena, para que jueguen los niños y también hay un rincón con muchas piedras. Pasado el parque, a un lado están los columpios, con caballos de madera y otros animales con muelles. En invierno o cuando no se puede jugar al aire libre, porque hace frío o está lloviendo, hay dos habitaciones habilitadas en el interior del hospital, con las paredes de cristal, destinadas para que puedan jugar. Jaime estuvo haciendo las prácticas allí, y luego se quedó como titular. Le llaman «El Largo», por su estatura pero a él no le molesta. Siempre tiene una palabra agradable para sus pacientes. Laura es la enfermera jefe del departamento de ginecología, fue en el hospital donde se conocieron. - 10 -


Jaime enseguida se fijó en ella, y al poco tiempo se hicieron novios. Jorge es el marido de Marisa, se conocieron en una fiesta que organizaban los alumnos de periodismo. Ella al contrario que su hermano, tardó mucho en decidirse, cuando se decidió y le presentó a su familia, estuvo hablando mucho en la cena. Llevaba el pelo largo, pero también muy limpio. Un día cuando están en la cama, le dijo Roberto: – Isabel no te rías. Reconoce que tiene buenos modales, y es de una familia importante de Sevilla. – Te imaginas, ¿cómo serán sus padres?, y ¿qué me dices del color de sus pantalones? Y esa camisa desabrochada, estilo gitano. – Tienes razón, las pintas dejaban mucho que desear. – ¿Pero no eres tú el que dice que no hay que juzgar a nadie? – Marisa con lo «pija» que es, ¿cómo ha podido fijarse en él? Esto me demuestra que el amor es ciego. Pero al poco tiempo se dieron cuenta que valía mucho. Las pintas son sólo una moda pasajera. Está totalmente pendiente de Marisa, la quiere mucho y la hace muy feliz. A ella se le cae la baba cuando habla de él. Un domingo, comiendo en un restaurante, al lado de casa de Isabel Jorge le comentó: –Suegra, ya es hora de que trabajes. ¿No te parece? Le has echado mucho morro a la vida. ¿Quieres hacerlo conmigo? Tú llevarías la sección de crónicas de sociedad. – ¿Cómo voy a trabajar? hace una eternidad que no lo hago. – Por eso, ya es hora que empieces. Se lo he dicho a mi jefe, y su contestación ha sido: ¿Cuándo empieza? Al principio, ella se lo toma a broma, pero Jorge insiste. – Lo estoy diciendo en serio. Pienso que eres la persona indicada para ese trabajo. Desde tu enfermedad, ¿qué has hecho? Todos se han quedado callados. Jorge insiste. Todos piensan como él. Roberto la mira y le agarra la mano. - 11 -


– Acepta, si después ves que no estás a gusto, lo dejas. Jorge lleva trabajando en la revista casi siete años y por eso ella no quiere dejarle en mal lugar. Empieza un día de noviembre, está nerviosa, siente miedo, le entran las dudas, no sabe si está preparada, lleva tanto tiempo alejada del mundo laboral. Jorge la tranquiliza: – Tranquila. Se acercan al despacho de Peter, cuando entran, él se levanta de la silla, le tiende la mano y le dice: – La revista ganará contigo, estoy seguro. Ella le sonríe, después de estar un rato hablando, la lleva a una habitación que está llena de humo. La presenta: – Estos son tus compañeros, y ella, la nueva redactora. Se saludan y después Peter la lleva al que va a ser su despacho. Cuando se queda sola, se sienta en la silla, ha traído unas fotos de su familia y empieza a colocarlas. Cuando termina empieza a llamar a su equipo, uno a uno, para indicarles cómo quiere llevar su sección. Llaman a la puerta. Entra un redactor de su equipo y le extiende un artículo. – Es para que dé el visto bueno. Lo recoge y el reportero se va. Terminada la jornada de trabajo, está deseando llegar a casa para contarle a Roberto cómo le ha ido. Él no ha llegado todavía, por eso aprovecha y llama a su amiga. Al primer timbrazo, Felisa lo coge, se saludan e Isabel la cuenta que se ha puesto a trabajar y necesita de su ayuda. – ¿En qué te puedo ayudar? Sabes que puedes contar conmigo. – Tú estás muy relacionada, vas a muchas fiestas, te cuentan muchas cosas y cuando no te las cuentan, te las apañas para enterarte. - 12 -


Felisa suelta una carcajada sonora, Isabel sabe que le gusta que la adulen, es un poco prepotente, pero así son las personas de alta cuna. Isabel hace muchos años que la conoce, ocurrió en una tómbola benéfica, el dinero que se recaudó fue para una ONG de ayuda a las mujeres maltratadas. Se la presentó la duquesa de Los Arroyos, enseguida congeniaron y se hicieron amigas y con el tiempo muy amigas. Roberto también aportó su granito de arena, ganando el caso de unas tierras que ella tenía arrendadas, desde entonces estaba muy agradecida. Felisa está contenta de que su amiga cuente con ella. Pasó el tiempo e Isabel hizo cambios, la sección de sociedad estaba muy hundida, ella le dio un enfoque distinto, que hizo que se dispararan las ventas, pronto el artículo que ocupaba media hoja, pasó a ocupar dos páginas y con fotos. A veces ponían los titulares de los famosos en portada. A las personas le gusta enterarse de la vida que los famosos tienen.

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Capítulo II

– Roberto ¿te pasa algo?, estás como ausente. – No, es que estoy llevando un caso difícil. ¿Tú qué tal has pasado el día? – Hay un compañero que es un vago, pero no quiero hablar de eso. Anda vamos a dormir. Se quedan dormidos abrazados. A media noche, Roberto se despierta con un dolor de cabeza muy fuerte, se levanta sin hacer ruido, no quiere despertarla, baja a la cocina y se toma una pastilla con un vaso de agua. Le recorre el cuerpo un escalofrío, pero la casa está caliente, sube a la habitación y se mete de nuevo en la cama, Isabel se da la vuelta y le abraza, a Roberto le cuesta volverse a dormir. Marisa ha quedado con Isabel en la cafetería que está cerca de la Editorial, quiere hablar con su madre, le ha dicho que es importante, cuando Isabel le ha preguntado, ella ha respondido que no quiere decírselo, por teléfono. Marisa aprovecha que no tiene juicio, e Isabel aprovecha el tiempo de almuerzo para encontrarse. Marisa entra y enseguida ve a su madre, en una mesa. – Hola mamá. Se acerca el camarero, Isabel le dice: – ¿Has visto qué hija más guapa tengo? – ¡Sí es guapa, sí! – Me pones lo mismo que está tomando mi madre. Se aleja el camarero y Marisa empieza a hablar, no se ha distinguido nunca por ser diplomática. – ¿Has notado que papá está como ausente? Está raro. - 15 -


– ¿Por qué dices eso? – Está como si algo le preocupase. Cuando el otro día entré en su despacho, no se dio cuenta hasta que no le hablé, estaba ausente, como si no estuviera allí. Cuando se da cuenta de lo que le ocurre, se pone muy nervioso y no sabe qué decir. – Yo le he notado también raro, pero cuando le he preguntado me ha contestado que lleva un caso difícil. Sabes que no pudo coger vacaciones el año pasado y a lo mejor está cansado. No le demos importancia, si tiene algo que decirnos, nos lo dirá, pero le estaré observando. – Sí, pero tú sabes que nunca ha dejado que el trabajo influya en su vida privada, siempre nos ha enseñado eso. – Tú siempre te estás preocupando por todo. Cuando Jaime se cayó de la bicicleta, ya pensabas que le iban a cortar la pierna. Tu padre está cansado, no le des más vueltas. – No mamá, esto es diferente, hasta Teresa se ha dado cuenta. Tiene lagunas, y eso no es normal en él. Isabel trata de tranquilizar a su hija, pero dentro de ella, sabe que su hija tiene razón. Roberto ya no es el mismo, está ausente. – Esta tarde, cuando llegue a casa, hasta que no me diga lo que le pasa, no pararé. ¿Te parece bien? Marisa dice que sí con la cabeza. Cuando deja a su madre, se va al hospital a ver a su hermano. Cuando está llegando piensa que por la hora que es, Jaime estará a punto de terminar de pasar consulta. Entra en el edificio y se dirige a la consulta, sólo tiene que esperar a dos pacientes y cuando no queda nadie, entra ella. – Doctor Rapado, ¿se puede? Cuando Jaime la ve exclama. – ¿Cómo te has perdido por aquí, hermanita? ¿Es que estás embarazada? ¡Ya tengo ganas de tener un sobrinito! – Siempre estás igual. ¿Es que no puedo tomarme un café, con mi hermano? – Sí, pero… ¿No me digas, que en ti no es raro?, ¡siempre estás tan ocupada! - 16 -


– ¡Mira quién fue a hablar! – No te pongas a la defensiva, te conozco y sé que te preocupa algo. Aquí no podemos hablar, ahora viene otro colega y tengo que dejar la consulta libre, pero si quieres vamos a la cafetería, allí podremos hablar sin que nos interrumpan. Atraviesan el jardín y se van a la cafetería. Por el camino le dice: – Sigue en pie lo de ir el sábado a la ópera. – Por supuesto… si no pasa nada. – ¿Por qué dices eso? Ella le hace un gesto con la mano. – Dile a Jorge que no se ponga los vaqueros. – ¡Qué gracioso! Cuando ellos van a entrar se cruzan con el médico de rayos, que sale. – He venido a recuperar las fuerzas ya que hoy les ha dado a los colegas por mandarme trabajo extra. Se ríen. – Bueno me voy, que tengo mucho trabajo. Marisa se dirige al fondo, donde hay una mesa vacía, Jaime va al mostrador y pide dos zumos y una tostada, también pide un café, lleva todo en una bandeja a la mesa. – ¿Qué es lo que te tiene tan preocupada, hermanita? – Iré al grano. Es papá. Tú sabes que tiene memoria de elefante. Pues bien, ahora no se acuerda de nada. – Déjame hablar, por favor. El otro día por ejemplo, no sabía dónde había puesto el expediente de un cliente, con el que estaba trabajando. Empieza a hablar y de pronto se calla. Te podría decir mil situaciones más. Vengo de hablar con mamá, ella también le ha notado raro. Teresa dice lo mismo, que está despistado. Ha venido a mi despacho con una excusa tonta, pero en realidad venía a decírmelo. Es verdad que tenemos mucho trabajo, pero no más que otras veces y eso nunca - 17 -


ha sido motivo para que él, esté de esa manera. No quiero ser pesada, pero a papá, le pasa algo. No exagero. – Yo no digo que no tengas razón. El otro día estuvo aquí, quería hacerse un chequeo. Yo le pregunté que si había algún motivo. Y me dijo, que los hombres, tienen que hacerse sus revisiones. Me pareció normal. De repente le suena el busca y Jaime se pone de pie. – Me tengo que ir, me están llamando. Estamos faltos de personal, como puedes ver. Ya seguiremos hablando. – Hermanito manténme informada de los resultados. Yo también me voy al bufete, llevo mucho tiempo fuera, ¡Ah!, se me olvidaba, ¿qué tal, está Laura? El otro día, la vi y estaba muy resfriada. Al día siguiente cuando la llamé, ya se había ido a trabajar. Dile que me llame, así quedamos para ir juntas a la peluquería. Por los altavoces se oye: «Doctor Rapado, pase por planta». – Te están llamando otra vez. Se despiden dándose un beso. Marisa cuando sale, se acerca al banco, quiere resolver unos asuntos. Cuando termina, es casi la hora de comer. Llama a su secretaria. – Carmen, es la hora de comer, si no hay nada urgente me voy a casa, luego iré por la tarde. – No, sólo ha llamado el Sr. Bravo para confirmar la cita; el Sr. Gutiérrez se ha presentado en el despacho, quería hablar con usted, se pasará otro día. Marisa se va a su casa y se da un baño de sales; le sirve de relajante cuando está cansada. Después se prepara una copa de vino y un sandwich. Cuando termina empieza a preparar el juicio que tiene la próxima semana. Se trata de una mujer que tuvo que competir con hombres por su puesto. Su empresa la acusa de espionaje industrial. Es ingeniera, guapa e inteligente y ella dice ser inocente. Todo empezó hace unos meses, cuando denunció a su jefe por acoso, desde ese momento empezó su calvario. No la dejaba ni respirar. Terminó marchándose, pero dio malos informes de ella y eso no lo consintió. - 18 -


Su jefe pensaba que como era madre soltera le iba a entrar miedo, pero se equivocó, no quitó la denuncia; es una luchadora. Cuando se dispone a salir de su casa, suena el teléfono, descuelga y escucha la voz de Jorge. – Te he llamado al despacho y me ha dicho Carmen que estabas ahí. Marisa he pensado que a la ópera vamos en un coche. – Me parece bien, allí no hay sitio donde aparcar, pero háblalo con mi hermano, a lo mejor piensa otra cosa. Mi amor ahora tengo que dejarte, esta noche me cuentas. Al llegar al bufete lo primero que hace es ir a ver a su padre, pero no lo encuentra en su despacho, cuando cierra la puerta ve a Teresa que viene por el pasillo y le pregunta: – ¿Papá no ha llegado todavía? – Está en mi despacho. Se dirigen los dos hacia allí, Roberto cuando ve a Marisa se levanta. – Hija ¿qué te ha ocurrido?, no has estado en toda la mañana. ¿Estás mala? – No. He aprovechado para hacer unas cosas. Como no tenía juicio. – Teresa esta tarde viene el Sr. Bravo, ¿si quieres decirle eso? Su padre les comenta: – Antes de empezar a trabajar, os invito a tomar algo en la cafetería. .– Yo no puedo –dice Teresa. – Papá, me gustaría,… pero está al venir el pesado del Sr. Bravo. – Ya que ponéis disculpas, me voy solo. Al terminar la jornada de trabajo, Roberto se queda preparando un expediente. Cuando Marisa llega a su casa todavía no ha llegado Jorge, se pone un chándal para preparar la cena, terminando oye la puerta de entrada. – Jorge, ¿eres tú? Llegas más tarde que de costumbre. – ¿A quién esperabas? - 19 -


– A nadie, que no fueras tú. Se limpia las manos en el delantal y le da un beso. Están cenando en la mesa de la cocina, les resulta más cómodo a la hora de recoger. Se cuentan lo que han hecho, Marisa le cuenta que está preocupada por su padre. Terminan de recoger y se van a la cama. Marisa le dice: – Te veo cansado. – Necesito una semana sabática. Por cierto, sobre tu padre, le he visto esta tarde, yo salía del portal donde vive mi compañero. Fui a recoger unas monedas para mi colección que me tenía prometidas. He hablado un ratito con él, y ha tenido un desvanecimiento, estaba amarillo, como si no le funcionaran los riñones. Me ha hecho prometerle que no le diría nada a tu madre. Yo quería acompañarle, pero ya le conoces, no me ha dejado. No son imaginaciones tuyas. – Teresa, mamá y yo misma, le hemos notado raro, de pronto se queda mirando como si no conociera a nadie, tiene lagunas y cuando le preguntas, dice: «Estoy cansado, sólo necesito unas vacaciones». El otro día cuando estábamos comiendo los cuatro, ¿recuerdas?, se quejó de un fuerte dolor de cabeza. Creo que tiene algo que ver. – No pienses cosas raras. Se tomó una aspirina y se le pasó. – Pero no puedo dejar de pensar que está raro y ahora te sumas tú. Como dice mi madre, estaremos observándole. *** Mientras, en casa de Isabel le dice Roberto: – Isabel, llevo unos días que me duele mucho la cabeza, también me dan mareos. Me he tomado la tensión en la farmacia, pero la tengo bien. Hace unos días llamé a Jaime, para que me hagan un chequeo; no será nada, pero quiero que me mire un neurólogo. Estos dolores de cabeza, cada vez son más frecuentes y no me gusta; por eso quiero que me miren y quedarme tranquilo. – ¿Cuándo tienes que ir? - 20 -


– Me llamarán, pero Jaime me ha dicho que lo más tarde será para dentro de dos días. – Cuando llame, iremos los dos. El exceso de trabajo como me decías no me lo creía, el no haber tenido vacaciones tampoco me lo creía. Le da un beso, le pasa el brazo por el cuello, y ella se pone de lado, apoyando la cabeza en su pecho. Antes de dormirse, le dice: – No tendrá importancia, pero quiero que me prometas que en mayo nos iremos de viaje, como habíamos planeado, será como cuando estuvimos la primera vez. Roberto antes de dormirse empieza a recordar. Era la primera vez que hacían un viaje solos, fue en su viaje de novios. ¡Qué poca experiencia y cuánto cariño derrochaban!, siempre pendientes el uno del otro. Han pasado tantos años y sigue teniendo ganas de ella. Por la mañana, la primera en levantarse es Isabel, casi ha terminado de preparar el desayuno y aparece Roberto. – ¿Te ha despertado el olor a café recién hecho? – Llega el olor hasta arriba, me estaba afeitando y me imaginaba lo bueno que estaría y cuánto disfrutaría tomándomelo. Isabel le mira y le sonríe. Lleva puesto una bata que ha cogido cuando ha salido de la cama, no tiene mucha prisa porque ha quedado con la duquesa de Treviño a las once. Cuando Roberto se va, ella sube a arreglarse, después de ducharse, se maquilla los ojos, se da un poco de colorete y por último se pinta los labios, se dirige al vestidor y pone sobre la cama un vestido de lana azul, con una chaqueta de terciopelo del mismo color; cuando termina se mira en el espejo de cuerpo entero que tiene en el vestidor, se da el último vistazo y queda satisfecha de lo que ve. Antes de bajar piensa en lo feliz que es y la suerte que ha tenido encontrando a Roberto y teniendo unos hijos tan buenos y cariñosos, ellos han adquirido unos valores, que sabrán trasmitir a sus hijos. Isabel tenía dudas con Jaime, pues no le gustaba la responsabilidad, siempre estaba de fiestas, pero tiene que reconocer, que nunca le ha dado disgustos, de niños han sido buenos y de mayores también. - 21 -


Isabel