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leer más allá

¿Poeta maldito o genio del simbolismo?

Poesía

El simbolismo y los poetas malditos

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No. 27 Septiembre 2017 Año III

Santiago de Querétaro, Querétaro OTRAS ARTES escritores queretanos Preludio a la música moderna

Ricardo Carapia

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Stéphane Mallarmé

Estimado Lector de L, este mes presentamos contentos a un escritor francés, contemplado dentro de la corriente literaria del simbolimo y considerado uno de los poetas franceses malditos por excelencia, de la mano con Arthur Rimbaud, Tristan Corbiére, Charles Baudelaire (Ver L de Lector No. 2) y Paul Verlaine, entre otros. Gran parte del trabajo de Mallarmé influyó en la concepción del hipertexto, con su uso intencional del espacio en blanco y la colocación cuidadosa de las palabras en la página, lo que permite múltiples lecturas no lineales del texo, mejor conocido como un coup de dés. En la sección VIDAS, Roberto Delgado nos lleva a través de la reflexión para contestarnos a la preunta de si nuestro autor era maestro, poeta maldito o genio del simbolismo. En el MIERCOLEES podrás leer diversos poemas que caracterizan el estilo de Mallarmé, tales como El infortunio, Don del Poema y La tumba de Edgar Poe, en LEER MÁS ALLÁ, Valeria García nos presenta la reflexión acerca de la corriente literaria del simbolismo y la importancia de Mallarmé en el mismo. En OTRAS ARTES, Addy Melba describe la importancia de Mallarmé en la música, debido a la composición Preludio a la siesta de un Fauno compuesta por Claude Debussy (1862-1918). En ESCRITORES QUERETANOS presentamos a Ricardo Carapia con fragmentos de su libro Espejos de Arena y Sal. En RECOMENDACIONES algo de Poesía con Rimbombancias de Israel Flores Bravo. Disfruta la lectura. PRT


Agosto 2017 Santiago de Querétaro, Querétaro Dirección editorial Patricio Rebollar

Vidas

¿poeta maldito o genio del simbolismo? Roberto Delgado

MiercoLees

poesía Stéphane Mallarmé

Leer más allá

el simbolismo y los poetas malditos Valeria García Origel

Otras artes

PRELUDIO A LA MÚSICA MODERNA Addy Melba

Escritores Queretanos

Espejos de arena y sal Ricardo Carapia

Asistencia editorial Valeria García Origel Relaciones Públicas Diana Pesquera Circulación y promoción Librerías Nuevos Horizontes, Librería Sancho Panza, Amadeus, Punta del Cielo, La Charamusca, Dipac, Moser Kafé. Colaboradores Patricio Rebollar, Diana Pesquera, Valeria García Origel, Addy Melba Espinosa, Roberto Delgado Ríos, Ricardo Carapia.

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L de Lector. Septiembre 2017, año III, No. 27. Publicación mensual editada por Par Tres Editores, S.A. de C.V., Fray José de la Coruña 243, colonia Quintas del Marqués, 76047, Santiago de Querétaro, Querétaro. Sitio web: www.par-tres.com, blogpartres@gmail.com. Editor Responsable: Patricio Rebollar. ISSN: 2448-5586 tramitado por el Instituto Nacional de Derechos de Autor. Impreso por Hear Industria Gráfica, ubicado en Calle 1, No. 101, Zona Industrial Benito Juárez, 76120, Santiago de Querétaro, Querétaro, este número se terminó de imprimir el 28 de Agosto de 2017 con un tiraje de 1000 ejemplares.

Se permite la reproducción parcial de esta obra en lo concerniente al texto del Autor del Mes en virtud de encontrarse libre de Derechos de Autor, en cuanto a las demás secciones de la publicación, se prohíbe su reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin la anuencia por escrito de los titulares de los derechos correspondientes.


3 vidas ¿Poeta maldito o genio del simbolismo? Cuando se camina por el fantástico Museo d´Orsay en París, es inevitable detenerse unos momentos frente a un óleo impresionista pintado en 1876 por Edouard Manet. Por lo general, son los paisajes o en su defecto los autoretratos los que compusieron la técnica que tanta fama les dio a personajes como Van Gogh, Pissarro o Cezanne. Sin embargo, Manet plasmó la imagen de un conocido y consagrado poeta francés de nombre Stéphane Mallarmé quien posa fumando puro y jugando con las páginas de un libro abierto. Un cuadro que refleja en toda su extensión la complejidad y la deliciosa genialidad de un escritor que profundizó como pocos en su actividad. Mallarmé (cuyo nombre real fue Etienne) nació en la capital francesa el 18 de marzo de 1842 en un hogar modesto cuyos padres eran funcionarios del Registro Civil. A sus escasos siete años, enfrentó la muerte de su madre, acontecimiento que lo marcó de por vida y desarrolló enormemente su sensibilidad. Sus primeros estudios los realizó en una pequeña población dentro de la región de Borgoña para después seguir a su amada María Gerhard hasta Londres donde se prepararía para convertirse en profesor de inglés. A sus escasos veintiún años se casó con María y al año siguiente le dieron la bienvenida a su única hija de nombre Genevieve. Por aquella época, en 1866, la revista Parnasse Contemporain le publicó diez poemas y comenzó a tener resonancia su pluma. Al mudarse a dar clases al este de Francia comenzó a intercambiar cartas con el poeta Paul Verlaine para después conocer a otros escritores afines y conseguir finalmente establecerse en París. Ya trabajando

Por Roberto Delgado

en el centro de su país, inauguró sus famosísimas “tertulias” donde se congregaban toda la clase intelectual francesa. La poesía de Mallarmé tomó como base la obra de Baudelaire1 por lo que hace al simbolismo, estilo que le acompañó toda su vida. En realidad, leer y entender a Mallarmé no es sencillo, por ello ha sido muy complejo traducirlo. Él concluía que la poesía es la insinuación de imágenes que se ciernen y se evaporan por siempre. También creía que a los objetos no se les debía nombrar porque se destruiría el placer de su naturaleza, o sea, todo es sujeto de interpretación. Por lo anterior, Mallarmé defendía la idea de que la poesía debía solamente dar la iniciativa a las palabras que el lenguaje fuera poético y filosófico. Escribir bajo estas reglas volvió a este poeta realmente único y su legado ha sido analizado por décadas. A su manera de construir, él la definía como “poesía pura que orbita de manera independiente a la realidad”. ¿Maestro, poeta maldito o genio del simbolismo? En realidad, Mallarmé puede ser etiquetado de las tres formas: (i) toda su vida impartió cátedra, (ii) se le asocia a Verlaine y a Rimbaud, los poetas “malditos” por excelencia y (iii) la complejidad de su manera de trabajar fue extraordinaria. Estamos ante un poeta que incluso inspiró que el célebre músico Debussy compusiera una pieza musical en honor al poema La Siesta del Fauno. La siguiente vez que alguien entre al Museo d´Órsay deberá detenerse ante un cuadro de Edouard Manet y responder si el escritor que miran sus ojos fue un maestro, un poeta maldito o un genio del simbolismo. 1 Nota del editor: para conocer más de Baudelaire, ver L de Lector No. 2 (Agosto 2015)


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Poesía El Infortunio

Por Stéphane Mallarmé

Por sobre el ganado aturdido de los hombres Brincaban en claridades las salvajes melenas De los mendigos del azur el pie en nuestros caminos. Un negro viento sobre su marcha desplegado en pendones La flagelaba con tal frío hasta la carne, Que en ella hendía también irritables surcos. Siempre con la esperanza de encontrar el mar, Viajaban sin pan, sin bastones y sin urnas, Mordiendo el limón de oro del ideal amargo. La mayoría jadeaba en los desfiles nocturnos, Embriagándose de dicha al ver manar su sangre, ¡Oh Muerte, el único beso en las bocas taciturnas! Su derrota se debe a un ángel muy poderoso De pie en el horizonte en la desnudez de su espada: Una púrpura se coagula en el seno que lo reconoce. Ellos maman el dolor como mamaban el sueño Y cuando van ritmando llantos voluptuosos El pueblo se arrodilla y su madre se levanta. Aquellos son consolados, seguros y majestuosos; Pero arrastran a su paso cien hermanos escarnecidos, Irrisorios mártires de azares tortuosos. La misma sal de las lágrimas roe su dulce mejilla, Ellos comen ceniza con el mismo amor, Pero vulgar o bufón, que el destino que los apalea. Ellos podían excitar también como un tambor La servil piedad de las razas de voces apagadas, ¡Iguales de Prometeo a quienes falta un buitre! No, viles y asiduos de los desiertos sin cisterna, Ellos corren bajo el látigo de un monarca rabioso, El Infortunio, cuya risa inaudita los prosterna. ¡Amantes, él monta en la grupa de a tres, el desprendido! Luego, franqueado el torrente, te zambulle en un charco Y deja un terrón fangoso de la blanca pareja nadadora.


Gracias a él, si alguien sopla su extraña caracola, Unos niños nos retorcerán en una risa obstinada Y, con el puño en su culo, remedarán su fanfarria. Gracias a él, si la urna adorna puntualmente un seno marchito Con una rosa que núbil lo vuelve a encender, La baba brillará sobre su ramillete maldito. Y este esqueleto enano, tocado con un fieltro con plumas Y con botas, cuya axila tiene por pelos verdaderos gusanos, Para ellos es el infinito de la vasta amargura. Vejados, ellos no provocarán al perverso, Su espada rechinante sigue el rayo de la luna, Que nieva en su armazón y que pasa a través. Desolados sin el orgullo que consagra la desdicha, Y tristes de vengar sus huesos de los picotazos, Ellos codician el odio en lugar del rencor. Ellos son la diversión de los malos tañedores de rabeles De los muchachos, las putas y de la vieja ralea De andrajosos que danzan cuando la jarra se ha secado. Los poetas buenos para la limosna o la venganza, Que no conocen el mal de estos dioses eclipsados, Los llaman aburridos y sin inteligencia. «Ellos pueden huir, teniendo suficiente de cada hazaña, Como un caballo virgen espuma tempestades En lugar de partir en galopes acorazados. Embriagaremos de incienso al vencedor en la fiesta: Pero ellos, ¡por qué no vestir a esos comediantes Con harapos escarlatas que vociferan que nos detengamos!» Cuando de frente todos les han escupido los desdenes, Inútiles y con la barba con palabras bajas implorando el trueno, Estos héroes hartos de malestares bromistas Van ridículamente a colgarse de una farola.

Don del poema ¡Aquí te traigo el hijo de una noche idumea! Desplumada, con su ala que sangra y que negrea en los cristales, de oro y aromas abrasados, en los tristes aún, ¡ay!, vidrios empañados,


cayó, sobre la lámpara angélica, la aurora. Cuando de la reliquia se ha hecho portadora para el padre que adversas sonrisas ha ensayado, la soledad azul y estéril ha temblado. ¡Ay, acoge la cuna, con tu hija, y la inocencia de vuestros pies helados una horrible nacencia! ¿Con tu voz clavicordios y viola imitarás, y con marchita mano el seno apretarás donde la mujer se ha hecho sibilina blancura para labios que de aire azul quieren hartura?

La tumba de Edgar Poe Tal como al fin el tiempo lo transforma en sí mismo, el poeta despierta con su desnuda espada a su edad que no supo descubrir, espantada, que la muerte inundaba su extraña voz de abismo. Vio la hidra del vulgo, con un vil paroxismo, que en él la antigua lengua nació purificada, creyendo que él bebía esa magia encantada en la onda vergonzosa de un oscuro exorcismo. Si, hostiles alas nubes y al suelo que lo roe, bajo-relieve suyo no esculpe nuestra mente para adornar la tumba deslumbrante de Poe, que, como bloque intacto de un cataclismo oscuro, este granito al menos detenga eternamente los negros vuelos que alce el Blasfemo futuro.

Datos Curiosos

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Investigó el uso de la tipografía libre y el espacio en blanco en la poesía y el verso libre en su poema más audaz, Un coup de dés jamais n’abolira le hasard. El 8 de septiembre de 1898 sufrió un fatal espasmo faríngeo mientras trabajaba en su poema Herodías y pidió a su ayudante y a su hija que destruyeran sus escritos diciendo: «No hay herencia literaria ahí...»

En sus frecuentes tertulias literarias con III jóvenes, se encontraban André Gide y Paul Valéry.


7 leer más allá El simbolismo y los poetas malditos Por Valeria García Origel

Originado en Francia y Bélgica en la década de 1880, el simbolismo, movimiento artístico principalmente literario, surgió en oposición al naturalismo y el realismo, corrientes anti-idealistas enfocadas en plasmar en cada obra la vida cotidiana y representarla como el ideal. Dejando de lado la espiritualidad, la imaginación, los sueños, y esa oportunidad de rechazar la literalidad en las expresiones del alma que, por supuesto no cabían en la realidad, el simbolismo entra como la oportunidad de los jóvenes escritores y artistas de expresarse libremente, comenzando con Charles Baudelaire. Las flores del mal, una colección de poemas considerada inmoral en su época y una de las obras más importantes de la poesía moderna, es también la obra que en parte da origen al movimiento simbolista y junto con su autor, a los poetas malditos. Este libro propone una nueva estética teniendo como vehículo el lenguaje poético para convertir lo cotidiano en algo sublime que resalte la belleza. Aunque la intención original era escribir sobre los pecados capitales, el libro se convirtió en una guía de liberación y un escape de la realidad a través de la belleza, el arte, la poesía, la muerte, el amor y el erotismo, todas estas vistas como ideales que al final son rechazados por el tedio y el hastío y llevan al Spleen, estado de melancolía o angustia sin motivo aparente. Influenciando a otros autores como Arthur Rimbaud, Paul Verlaine y por supuesto, Stéphane Mallarmé, es que surgen los poetas malditos, término

acuñado por Verlaine quien toma el concepto del poema de Baudelaire, Bendición, y escribe un libro de ensayos con el mismo nombre donde honra a los poetas del movimiento. Verlaine y Mallarmé desarrollan la estética del simbolismo en 1870 y diez años después toda una generación de escritores jóvenes hastiados, se unen al estilo. El simbolismo desarrolla un modelo de versificación más libre y se vuelve trabajo del simbolista descifrar el mundo sensible trazando correspondencias ocultas usando por ejemplo la sinestesia y mezclando de esta manera sentidos físicos con sensaciones internas o sentimientos. Con la creencia de obtener la verdad absoluta a través de métodos indirectos y ambiguos, utilizaron la metáfora y la sugestión. Jean Moréas, simbolista griego, escribió en el manifiesto simbolista que el estilo era enemigo de la enseñanza, la declamación, la falsa sensibilidad, la descripción objetiva y que el objeto del movimiento no está en sí mismo sino en expresar el ideal. Rimbaud y Verlaine, decidieron envolverse en excesos para poder desarreglar los sentidos y expresarlo en el movimiento. Paul Verlaine expresó que el genio de los poetas malditos era también su maldición pues los alejó de la sociedad y los llevó a tener tendencias autodestructivas. Después de este estilo, el poeta se convirtió en el líder del decadentismo y Mallarmé se convirtió entonces en la figura más representativa del simbolismo creando un lenguaje hermético y reuniendo a cada vez más seguidores.


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OTRAS ARTES

Preludio a la música moderna Stéphane Mallarmé, no solo fue un gran escritor con la capacidad de transmitir a través de su poesía emociones y sentimientos que lo colocaron entre las grandes figuras del simbolismo francés. También fue un artista capaz de inspirar a grandes artistas, contemporáneos y posteriores a crear obras que al día de hoy son consideradas clave en sus respectivas ramas. Sin duda una de las influencias más destacadas fue la que tuvo sobre su contemporáneo Claude Debussy (1862-1918) quien fue un músico francés considerado una de las figuras más importantes de la música impresionista, y con su composición Preludio a la siesta de un Fauno (poema sinfónico para orquesta) es considerado uno de los compositores clave en el origen de la música moderna (corriente europea que se ubica entre 1910 y 1975, aproximadamente). Claude Debussy correspondía con la imagen que muchos de nosotros tenemos del clásico artista francés: dedicado a su arte y a frecuentar pequeños rincones bohemios de la Ciudad de la Luz, ahí podía encontrar almas sensibles y posiblemente atormentadas y por supuesto, inspiración para su música. Es así como a finales de los 90’ del siglo antepasado, Debussy encontró en La Siesta del Fauno de Mallarmé la inspiración para una de sus obras más icónicas. Esta obra a su vez fue coreografiada e interpretada por el ruso Valslav Nijinski, uno de los bailarines más destacados y talentosos dentro de la historia del ballet. En 1912 fue presentada esta coreografía por primera vez en versión para ballet. Esta obra rompe con los paradigmas establecidos en su época utilizando las variaciones de notas e instrumentos de for-

9 Por Addy Melba

ma alejada a los esquemas tradicionales y consiguiendo resaltar las emociones que la obra de Mallarmé logró despertar en él. Pero no solo en Debussy causó Mallarmé una honda impresión con esta obra que nos lleva del París del siglo XX hasta las tierras mitológicas greco-romanas. Édouard Manet, uno de los pintores franceses más destacados de su época y una gran influencia para los impresionistas, también fue inspirado por Stéphane Mallarmé, de quién además fue amigo para crear en 1876 una ilustración con el mismo nombre. Aunque no es la obra más conocida de Manet, es sin duda destacada la relación entre estos dos artistas y la influencia que tuvieron el uno en el otro. Y por si el arte francés y el ruso no fueran suficientes, la obra de Mallarmé fue ilustrada, a petición del crítico de arte griego Teriade, por el artista madrileño Francisco Bores (1898-1972). Dichas ilustraciones, realizadas en 1943, tardaron más de medio siglo en ver la luz. Uno de los motivos principales es que el libro en el que serían publicadas originalmente, no contaba con los recursos para ser publicado. Fue hasta 2012 cuando el gobierno de España imprimió una edición especial del poema de Mallarmé que cuenta con las ilustraciones de Bores y el poema en el francés original y en español. Sin duda la obra musical de Claude Debussy es la pieza de arte más famosa de entre los retoños que florecieron gracias a la semilla de Stéphane Mallarmé. Pero una de las maravillas de los verdaderos artistas, de los genios como él, es que su capacidad para seguir inspirando a otros es tan inmortal como su obra misma.


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escritores Queretanos Espejos de Arena y Sal

Por Ricardo Carapia

Ricardo Carapia es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México (UVM), se ha desempeñado en la prensa escrita como jefe de información, editor, columnista, reportero y corrector de estilo. Ha publicado cuento y poesía en revistas, periódicos y suplementos culturales, y es autor de Espejos de Arena y Sal, (Fondo Editorial de Querétaro, 2006). Espejos I Calculo minuciosamente las posibilidades de caber en él. De frente, miro y me doy vuelta de cuando en cuando, para encontrar el rincón perfecto, asomarme dentro, sacar la cabeza del otro lado y mirarme desde ahí. En un momento dado, doy cuenta que en realidad estoy en el sitio contrario, buscando la salida como un perro en persecución eterna de su rabo. Me cuesta seguir en círculos, pero también veo que en realidad esa era su intención al llamarme esta mañana. Y ahí, en esa pequeña cárcel de reflejos, llevo minutos incontables, que son ninguno, pues en el reloj el minutero está en el mismo lugar de antes.

II Cesan los golpes secos sobre la puerta. Acerco la vista al pequeño agujero en mitad de ella y veo un rostro alargado, irreconocible, mirando por el mismo agujero. Parpadeamos al mismo tiempo, nos rascamos la cabeza al unísono. Sé que la figura al otro lado de la puerta no puede verme, pero la sensación

de vernos es tan real y onírica que un cierto escalofrío sacude la piel. No me atrevo a abrirle la puerta, me da miedo que al hacerlo me vea entrar a mí mismo y no pueda negarme la entrada. X Si deja de llover, nos dejamos ir sobre la hojarasca húmeda. Si no para, nos quedamos tendidos en el viejo porche, en un silencio acompañado por el golpeteo constante de las gotas sobre la tierra cansada. Solemos acompañarnos en esta época, sin más contacto que el saludo obligado y una que otra mirada que se cruza distraída. Por lo demás, jugamos a ser extraños en un mismo espacio. De cuando en vez, hacer el amor sobre el colchón raído junto al fuego, y otras un tinto que desgarra. Pero las más, quedarnos aquí en el viejo porche, sentados en la madera crujiente, un cigarrillo tras otro y el café que nos calienta. Y si deja de llover, nos dejamos ir sobre la hojarasca húmeda. XII El monte parió una luna incompleta y algunas estrellas abrieron los ojos.


Todo aquello que indicaba una noche tranquila desapareció en un instante. No dejaron las hojas de caer, huérfanas, y hubo momentos en que hasta los insectos enmudecieron. Apareció el viento, y con él nubes que lloraron hasta morir de tristeza. Silencio.

Arena II La sinceridad fue una de las cosas que menos tomó en cuenta antes de decidirse a confesar. Habló, y habló durante mucho tiempo, sin detenerse a pensar siquiera si lo que decía era verdad o no. Varias horas después cuando los guardas lo sacaron de ahí, hartos de su palabrería vana, insistía en que le volvieran a la celda obscura, que le torturaran otra vez, gritaba que estaba dispuesto a decirlo todo, absolutamente todo. Alguien se apiadó de su condición y le recibió de nuevo. Nuestro hombre no pudo hacer más que llorar de felicidad cuando entró en la mazmorra. Al menos ahí había quién le escuchara, aunque sea para intentar descubrir la verdad agazapada entre sus mentiras. VII Por siglos he estado varado aquí, sin otra cosa que hacer más que ver el paisaje, del cuál soy parte imprescindible, y resignándome a dejar que los nativos canten, bailen, y de cuando en cuando, decapiten una que otra doncella a mis pies. ¿Qué les ha hecho pensar que soy una especie de dios para ellos? ¿Qué hice yo para hacerles creer tal cosa? No lo sé. Y si lo sabía, hace mucho lo olvidé, tal vez para, en mi aburrimiento, divertirme un poco conmigo

mismo y dejarme corroer por la duda durante algún tiempo. X Tras las rejas, no hay mucho que hacer más que despertarse, probar la grasosa comida de una bandeja mugrienta, y tirarse el resto del día a rumiar los propios pensamientos, acompañado de los rumores que salen de las celdas vecinas. Algunas veces, al atardecer, se escuchan gritos dolientes que desbordan de los sótanos, gritos que ya no quitan el sueño como en los primeros días. El paladar se le había acostumbrado al mal sabor de la comida, a los cigarrillos baratos y al aguardiente de contrabando. Condenado a treinta y cinco años en prisión, había purgado más de la mitad aunque en realidad después del cuarto mes había dejado de contar los días. A veces recordaba la escena en que dejó caer el pesado puñal sobre el pecho de aquél desdichado, y no dejaba de sentirse orgulloso de no hallar remordimiento alguno rasgándole el alma. Esas ocasiones, omitía o añadía detalles, de manera que al pasar el tiempo unas veces era el asesino de su hermano, otras el que mató al marido de su hermana. Otras, y las más de las veces; el puñal caía sin piedad sobre su propio corazón en una certera y profunda herida. Ahí se encontraba no en un encierro de paredes cubiertas de mensajes obscenos y barrotes inmundos, sino en su propio infierno, repitiendo incansablemente el pecado dentro de su cabeza, y en esa repetición sin arrepentimiento se encontraba irremediablemente cada madrugada al inicio de su condena. Biblioteca Digital de Escritores Queretanos Más textos de Ricardo Sal


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Recomendaciones Este libro refleja los algoritmos simbolizados de cuatro semblantes dedicados a la exploración fonética, rítmica y metafórica, de un asceta convirtiéndose en máquina a través de su discurso. Las abrazaderas que conforman la sustancia son meramente exquisitas a la percepción en cada fragmento, son fuego y agua, óxido y brillo, alas que brotan paisajes y dejan eco en la barda al pasar bajo un foco a oscuras. Israel Flores Bravo muestra la belleza corroída queriéndonos comer, de la cual evolucionan los digitalismos del universo a través del verso. Este estilo libre de poesía, desarrollado en una década, se respalda por la excentricidad de la composición espontánea, ejecutada de cierto modo en el que la idea va cobrando vida hasta ver lo que fue su piel a lo lejos.

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L de Lector No. 27 (Septiembre 2017)  

AUTOR: Stéphane Mallarmé

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AUTOR: Stéphane Mallarmé

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