Page 1

de Lector vidas

miercolees

El prolífero Dumas

3

No. 6

Diciembre 2015

Santiago de Querétaro, Querétaro leer más allá escritores queretanos

El contrabandista a pesar Más de cien años después Elisa Herrera Altamirano suyo / Deseo y posesión

4

9

Alexandre Dumas

10

Cumpliendo seis meses publicando L de Lector, seleccionamos un autor sumamente prolífero en su época, la gente pedía a gritos leerlo, así que él, ayudado por sus colaboradores, del cuál el más destacado fue Auguste Maquet, les dio el gusto con más de trescientas obras y numerosos artículos de todos los géneros. Sufrió un severo declive económico viéndose denunciado por Maquet quien argumentaba que se había aprovechado de él, pues le ayudó a escribir Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, entre otros. Dumas fue condenado a pagarle 145,000 francos en 10 años. Huyó a Bruselas para escribir sus Memorias y en 1858, tras ocho años en París, es invitado por una acaudalada familia rusa a un viaje de placer, que lo llevó por todo Rusia ayudándose a escribir durante nueve meses sus crónicas de viaje. Muere el 5 de diciembre de un ataque al corazón. En el MiercoLees los cuentos El contrabandista a pesar suyo y Deseo y Posesión acompañan este número con deliciosas escenas con una pluma suave y concisa. En Leer más allá, encontramos un gusto por Dumas, pues el autor de la sección creció leyendo todas sus obras. En Escritores Queretanos presentamos a Elisa Herrera Altamirano, con un texto de su libro Larvario (Herring Publishers México, 2011). En Recomendaciones, la Librería Nuevos Horizontes ofrece un descuento en el libro de Jaclyn Moriarty: Las grietas del Reino. Disfruta de este número. Te deseamos felices fiestas y nos leemos el próximo año. PRT


Diciembre 2015 Santiago de Querétaro, Querétaro Dirección editorial Patricio Rebollar

Vidas el prolífero dumas Mariana Zertuche

Asistencia editorial Mariana Zertuche

MiercoLees El contrabandista a pesar suyo deseo y posesión Alexandre Dumas

Circulación y promoción Librerías Nuevos Horizontes

Leer más allá MÁS DE CIEN AÑOS DESPUÉS Luis Erick Anaya Suirob

Relaciones Públicas Diana Pesquera

Escritores Queretanos Larvario Elisa Herrara Altamirano

Colaboradores Patricio Rebollar, Mariana Zertuche, Elisa Herrera Altamirano, Diana Pesquera, Aline Trejo García, Marcela Shelley, Librería Nuevos Horizontes, Luis Erick Anaya Suirob. suscríbete para obtener la versión digital

blogpartres@gmail.com

Diciembre 2015, año I. L de Lector es una publicación mensual editada por Par Tres Editores, S.A. de C.V. en asociación con Librerías Nuevos Horizontes. Editor Responsable: Patricio Rebollar. Impreso por Excellens en Santiago de Querétaro, Querétaro. Se permite la reproducción parcial de esta obra en lo concerniente al texto del Autor del Mes en virtud de encontrarse libre de Derechos de Autor, en cuanto a las demás secciones de la publicación, se prohíbe su reproducción parcial o total, por cualquier medio, sin la anuencia por escrito de los titulares de los derechos correspondientes.


vidas El prolífero Dumas Hijo de un general del ejército francés, Alexandre Dumas nació en 1802 en Villers-Cotterêts, Francia. Es un reconocido novelista y dramaturgo francés. Su padre muere de cáncer en 1806; Alexandre tenía sólo cuatro años, dejando a la familia en la ruina. A causa de esto, el autor tuvo que dejar sus estudios, y empezar a trabajar. Tuvo diversos trabajos, hasta que se muda a París en 1823, donde es pasante de abogado. Posteriormente trabaja como escribiente para el duque de Orleans, donde logra terminar su educación de forma autodidacta. A partir del año 1825, empieza a editar poemas y relatos largos. Sin embargo su carrera literaria comienza en 1829 cuando escribe Enrique III y su corte. Esta obra fue la primera en empezar la nueva generación literaria romántica, que exaltan la historia nacional francesa. En 1832, comienza a escribir novelas históricas, con poco éxito. Es hasta 1844, cuando su novela Los tres mosqueteros lo catapultó a la fama. A partir de esto, Dumas recibía mucho dinero, gracias a la demanda de sus obras por el público francés, lo cual lo llevó a trabajar durante horas. Entre 1839 y 1852, escribió ochenta novelas, de temas históricos o de aventuras, donde destaca su obra El conde de Montecristo. En 1847 funda el Théâtre Historique, en París. Sin embargo, quiebra tan sólo cuatro años después a causa de deudas. A lo largo de su carrera, Dumas probó

3 Por Mariana Zertuche

todos los temas literarios, y entre 1835 a 1859 publica la serie Impresiones de viaje, convirtiendo al autor en el gran maestro del reportaje. Después de esto, decide adentrarse al mundo de la política, y es nombrado capitán de la Guardia Nacional parisina. Sin embargo, a causa de una pelea con Luis Felipe, rechaza el nuevo régimen y regresa a la literatura. En 1851, decide exiliarse a Bélgica, donde redacta sus memorias y regresa a escribir nuevas novelas de aventura. Tres años después regresa a Francia, donde funda la revista satírica El mosquetero, que cuatro años después se convierte en El Monte-Cristo. Sin embargo en 1860, a causa de las constantes censuras por parte de Napoleón III, decide dejar Francia y se suma a la expedición de Garibaldi por Sicilia. Posteriormente, el autor llega a Nápoles donde es nombrado conservador del museo de la ciudad. Poco después, a causa de una disputa con el cardenal Francesco Zamparini, es expulsado por el pueblo napolitano y regresa nuevamente a Francia. Vivió sus últimos años de vida, a costa de su hijo Alexandre Dumas en un pequeño pueblo llamado Puys. El 5 de diciembre de 1870, muere a causa de un ataque al corazón. Dumas es uno de los autores franceses más reconocidos, que llegó a escribir aproximadamente 300 obras.


4

El contrabandista a pesar suyo / Deseo y posesión

Por Alexandre Dumas

El contrabandista a pesar suyo Entre todas las capitales de Suiza, Ginebra representa la aristocracia del dinero: es la ciudad del lujo, de las cadenas de oro, de los relojes, de los coches y de los caballos. Sus tres mil obreros surten a Europa entera de joyas. El más elegante de los almacenes de joyería de Ginebra es sin disputa el de Beautte. Estas joyas pagan un derecho por entrar en Francia, pero, mediante una comisión de un cinco por ciento, el señor Beautte se encarga de hacerlas llegar de contrabando. El negocio entre el comprador y el vendedor se hace con esta condición, a la luz del día y públicamente, como si no hubiese aduaneros en el mundo. Es verdad que el señor Beautte posee una maravillosa destreza para desbaratarles los planes; una anécdota entre mil vendrá en apoyo del elogio que nosotros le hacemos. Cuando el señor conde de Saint–Cricq era director general de Aduanas oyó tan a menudo hablar de esta habilidad, gracias a la cual se engañaba la vigilancia de sus agentes, que resolvió asegurarse por sí mismo de si todo lo que se decía era verdad. Fue, en consecuencia, a Ginebra, se presentó en el almacén del señor Beautte y compró joyas por valor de treinta mil francos, con la condición de que les serían entregadas sin derechos de aduanas en su hotel de París. El señor Beautte aceptó la condición como hombre habituado a estas clases de negocios, y únicamente presentó al comprador una especie de contrato privado, por el cual se obligaba a pagar, además de los treinta mil fran-

cos de adquisición, el cinco por ciento de costumbre; éste sonrió, tornó una pluma, firmó de Saint–Cricq, director general de las Aduanas Francesas, y entregó el papel a Beautte, quien miró la firma y se contentó con responder inclinando la cabeza: –Señor director de Aduanas, los objetos que usted me ha hecho el honor de comprar llegarán tan pronto como usted a París. El señor de Saint–Cricq, picado en su amor propio, se tomó apenas el tiempo necesario para comer, envió a buscar unos caballos a la posta, y partió una hora después de haber cerrado el trato. Al pasar la frontera, el señor de Saint– Cricq se hizo reconocer por los empleados que se aproximaron a visitar su coche, contó al jefe de Aduanas lo que acababa de sucederle, recomendó la vigilancia más activa en toda la línea y prometió una gratificación de cincuenta luises a aquel de los empleados que consiguiese coger las joyas prohibidas. Ni un aduanero durmió en tres días. Durante este tiempo, el señor de Saint– Cricq llega a París, entra en su hotel, abraza a su mujer y a sus hijos y sube a su habitación para quitarse el traje de viaje. La primera cosa que ve sobre la chimenea es una elegante caja, cuya forma le es desconocida. Se acerca a ella y lee sobre el escudo de plata que la adorna: Señor conde de Saint–Cricq, director general de Aduanas; la abre y encuentra las joyas que ha comprado en Ginebra. Beautte se había entendido con uno de los mozos de la posada, que, al ayudar a los criados del señor de Saint–Cricq a hacer los paquetes de su amo, deslizó entre


ellos la caja prohibida. Llegado a París, el ayuda de cámara, viendo la elegancia del estuche y la inscripción particular allí grabada, se había apresurado a depositarlo sobre la chimenea de su amo. El señor director de Aduanas era el primer contrabandista de Francia.

Deseo y posesión Las charadas ya no están de moda. ¡Qué tiempos tan buenos para los poetas eran aquellos en que Le Mercure proponía cada mes, cada quince días y, al final, cada semana una charada, un enigma o un logogrifo a sus lectores! Pues bien, voy a revivir esa moda. Dígame pues, querido lector o hermosa lectora -las charadas están hechas, sobre todo, para la mente perspicaz de las lectoras-, dígame de qué lengua proviene la alegoría siguiente. ¿Es sánscrito, egipcio, chino, fenicio, griego, etrusco, rumano, galo, godo, árabe, italiano, inglés, alemán, español, francés o vasco? ¿Se remonta a la Antigüedad, y está firmada por Anacreonte? ¿Es gótica, y está firmada por Carlos de Orleáns? ¿Es moderna, y está firmada por Goethe, Thomas Moore o Lamartine? ¿O no será, más bien, de Saadi, el poeta de las perlas, rosas y ruiseñores? ¿O bien...? Pero no soy yo quien lo ha de adivinar, es usted. Así que, querido lector, adivine. He aquí la alegoría en cuestión. Una mariposa reunía en sus alas de ópalo la más dulce armonía de colores: blanco, rosa y azul. Como un rayo de sol iba revoloteando de flor en flor, y, cual flor voladora, subía y bajaba, jugando por encima de la verde pradera.

Un niño que intentaba dar sus primeros pasos por el césped tornasolado la vio y, de repente, se sintió invadido por el deseo de atrapar aquel insecto de vivos colores. Pero la mariposa estaba acostumbrada a este tipo de deseos. Había visto cómo generaciones enteras se quedaban sin fuerzas persiguiéndola. Revoloteó delante del niño y fue a posarse a dos pasos de él; y, cuando el niño, ralentizando sus pasos y conteniendo la respiración, extendía la mano para cogerla, la mariposa alzaba el vuelo y recomenzaba su viaje desigual y deslumbrante. El niño no se cansaba; el niño lo intentaba una y otra vez. Tras cada tentativa abortada, el deseo de poseerla, en vez de apagarse, crecía en su corazón, y, con paso cada vez más rápido, con la mirada cada vez más ardiente, el niño salía corriendo detrás de la linda mariposa. El pobre niño había corrido sin mirar atrás; de manera que, cuando hubo corrido un buen rato, ya estaba muy lejos de su madre. Del valle fresco y florido, la mariposa pasó a una llanura árida y poblada de zarzas. El niño la siguió hasta esa llanura. Y, aunque la distancia ya era larga y la carrera rápida, el niño, que no se sentía cansado, no paraba de perseguir a la mariposa, que se posaba cada diez pasos, en un matorral, en un arbusto o en una sencilla flor silvestre y sin nombre, y siempre alzaba el vuelo en el momento en que el muchacho creía tenerla ya. Porque, mientras la perseguía, el niño se había transformado en muchacho. Y, con el invencible deseo de la juventud, y con su indefinible necesidad de posesión, no dejaba de perseguir al brillante espejismo. Y, de vez en cuando, la mariposa se detenía como para burlarse del muchacho,


introducía voluptuosamente su trompa en el cáliz de las flores y batía amorosamente las alas. Pero, en el momento en que el muchacho se aproximaba, jadeando de esperanza, la mariposa se abandonaba a la brisa, y la brisa se la llevaba, ligera como un perfume Y así pasaron, en esa persecución insensata, minutos y más minutos, horas y más horas, días y más días, años y más años, y el insecto y el hombre llegaron a la cima de una montaña que no era otra cosa que el punto culminante de la vida. Persiguiendo a la mariposa, el adolescente se había hecho hombre. Allí, el hombre se detuvo un instante para considerar si sería mejor volver atrás, pues la vertiente de la montaña que le quedaba por bajar le parecía muy árida. Abajo, en la falda de la montaña, al contrario del otro lado donde, en encantadores parterres, ricos vergeles y verdes parques, crecían flores perfumadas, plantas raras y árboles cargados de fruta; en la falda de la montaña, decíamos, se extendía un gran espacio cuadrado cercado por muros, al cual se entraba por una puerta abierta ininterrumpidamente, y donde no crecían más que piedras, unas tendidas en el suelo, las otras erguidas. Pero la mariposa se puso a revolotear, más deslumbrante que nunca, ante los ojos del hombre, y tomó la dirección del recinto cerrado, siguiendo la pendiente de la montaña. Y, ¡cosa extraña!, aunque aquella carrera tan larga tenía que haber fatigado al viejo, porque, por su pelo canoso, se podía reconocer como tal al insensato corredor, su paso, a medida que avanzaba, se hacía más rápido; solo se podía explicar por el declive de la montaña. Y la mariposa se mantenía siempre a la misma distancia; sólo que, como las flores habían desaparecido, el insecto se posaba

en cardos espinosos, o en desnudas ramas de árboles. El viejo, jadeando, no paraba de perseguirla. Al final, la mariposa pasó por encima de los muros del triste recinto, y el viejo la siguió, entrando por la puerta. Pero apenas había dado unos pasos cuando, mirando a la mariposa, que parecía fundirse en la atmósfera grisácea, chocó con una piedra y cayó. Tres veces intentó levantarse, y tres veces volvió a caer. Y, no pudiendo correr ya más detrás de su quimera, se contentó con tenderle los brazos. Entonces la mariposa pareció apiadarse de él y, aunque había perdido sus colores más vivos, se puso a revolotear por encima de su cabeza. Tal vez no eran las alas del insecto las que habían perdido sus vivos colores; tal vez eran los ojos del viejo los que se habían debilitado. Los círculos descritos por la mariposa se fueron haciendo más y más estrechos, y al final se fue a posar sobre la pálida frente del moribundo. En un último esfuerzo, este levantó el brazo, y con la mano tocó, por fin, la punta de las alas de aquella mariposa, objeto de tantos deseos y tantas fatigas; pero, ¡qué desilusión!, se dio cuenta de que aquello que había estado persiguiendo no era una mariposa, sino un rayo de sol. Y su brazo cayó frío y sin fuerzas, y su último suspiro hizo estremecer la atmósfera que pesaba sobre aquel camposanto... Y, pese a todo, poeta, persigue, persigue tu desenfrenado deseo de ideal; procura alcanzar, atravesando infinitos dolores, ese fantasma de mil colores que huye incesantemente delante de ti, aunque se te rompa el corazón, aunque se te apague la vida, aunque exhales el último suspiro en el momento en que lo roces con la mano.


7

más de Dumas

Por la editorial

Este número 11 de la colección Literatazas, está compuesta por una dupla exquisita de cuentos. Las tumbas de Saint-Denis y La dama negra componen este título. En Las tumbas de Saint-Denis el odio por el rey Luis XVI había llevado al pueblo a descargar su rabia contra el resto de la monarquía. Mientras en la plaza de la Revolución cortaban la cabeza de la reina María Antonieta, en la abadía de Saint-Denis se profanaban y arrojaban al viento las cenizas de sesenta reyes. Sólo el cuerpo de Enrique IV, curiosamente bien conservado, conmovió a la turba, que en procesión, iban a tocar y besar las manos del buen rey. Escrita por el hijo del Conde Negro bajo la publicación de Los mil y un fantasmas en 1849. Este cuento es de lo más exquisito que tiene Dumas, evidentemente nos referimos a Alexandre Dumas padre, un autor prolífico de tragedias, dramas, melodramas, aventuras, historia, viajes y un sin fin de novelas que fueron atendidas debido a la creciente demanda del público. En La dama negra, el autor narra la terrible maldición que se cierne sobre una mujer que su pecado fue la venganza. Es condenada a vivir, como fantasma en compañía del dolor y un atroz remordimiento, hasta que un joven leñador, seducido por la pena y belleza del espíritu, acepta construir la cuna de su primer hijo con madera del arce del castillo derruido. El resto es para el lector. Esta edición de Par Tres Editores, viene acompañada de su taza de cerámica con la frase impresa en una de sus caras: “Pobres locos que no comprenden que los hombres pueden a veces cambiar el futuro… pero jamás el pasado” disfruta de la lectura de esta edición, acompañada de un buen café o un delicioso té.

Datos Curiosos I

Muchas de sus obras fueron adoptadas al teatro.

II Durante su tiempo en la política, Dumas tuvo dos fracasos electorales, en marzo y junio de 1848.

En muchas ocasiones, con fines de ven-

IIIta, se han atribuido a Dumas algunas

obras que nunca fueron escritas por él. El caso más notorio es La mano del muerto, continuación del Conde de Montecristo, escrita por el portugués Alfredo Hogan.

IV Las experiencias del padre del autor, fueron lo que lo inspiraron a escribir el Conde de Montecristo y Los Tres Mosqueteros.

V Durante sus últimos años, trabajó en

un libro de recetas de cocina que recopiló durante sus viajes.Gran Diccionario de Cocina publicado en 1873.


8

CARTELERA CULTURAL

¿Ya lo leíste? Dinos de que obra literaria se trata y llévate un libro.

Un joven pobre y febril que asesina a una vieja usurera y luego, imbécil, no sabe ni siquiera aprovecharse de la coartada y acaba cayendo en manos de la policía. Las primeras dos personas que respondan correctamente * a partir del 15 de Diciembre, ganarán un libro.**

Envía tu respuesta a blogpartres@gmail.com

Felicitamos a Marina Estrada Cruz y a Héctor Alejo Rodríguez, por contestar correctamente al ¿Ya lo leíste? de la edición 5; agradecemos a los demás lectores por su decidida participación. La obra del número anterior se trata de Así habló Zarathustra. Un libro para todos y para nadie, del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, considerado como su obra maestra y escrito entre 1883 y 1885 *Para obtener el premio y no ser descalificado, el concursante deberá enviar en el correo nombre completo, edad y su email. Limitado a un premio por participante cada número. ** El nombre de los ganadores y la respuesta se publicarán en el próximo número de L de Lector. El plazo para enviar sus respuestas es el 31 de Diciembre. El plazo para recoger los premios vence el viernes 30 de Enero de 2016.


leer más allá

9

Más de cien años después “La mujer es como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir”. Alexander Dumas Dios, difícil cosa que es escribirles algo sobre alguien como el sr Dumas, desde que se me otorgó el encargo mi opinión fuera escrita para compartirla con ustedes no he pasado un momento tan peculiar como este (en eufemismo de que miedo me da regarla), y es que además de ser uno de los pilares indiscutibles en el desarrollo de la literatura de su tiempo y base para la literatura contemporánea, el Sr. Dumas es uno de los constructores de los libros con los que un servidor paso la infancia, y que marcaron la forma de leer al mundo gracias a su definición y personalidad. Quien no leyera la trilogía de los mosqueteros (los tres mosqueteros, veinte años después y el Vizconde de Bragelonne) doy gracias a Dios por no tener a Richelieu (y sépanlo este sádico-maquiavélico personaje fue inspirado en su contrapar que si existió, investíguenlo, sólo no lo hagan en Wikipedia dense un rato de mineros, los datos los sorprenderán), de este personaje existe una pauta que no aparece en todas las ediciones modernas de esta obra, es una narración donde se incendia su dormitorio y el su flema natural dice, “¿Cómo? Llamas ¿tan pronto?”. Macerino otro personaje que en lo personal llegué a adorar siempre en su antagonismo sádico. El señor Jean-Armand du Peyrer, conde de Tréville o de Troisville, conocido como Monsieur de Tréville, otro gran personaje (y también con su contraparte de carne y hueso, escárbenle), sabio y tenaz caballero que a pesar de lo corto de sus diálogos

Por Luis Erick Anaya Suirob

sirve de centro a nuestro héroe en mas de una ocasión. Dejando de lado la tan citada trilogía nuestro autor tiene otro gran hit y clásico para nuestra época, el conde Montecristo, en donde al señor ya de arranque se le ocurre un dictador llamado Napoleón exiliado a una isla (búsquenle a ver si lo encuentran pero se me hace que se lo sacó de la manga) en una novela donde la intriga el misterio y la turba son piezas regulares. Y por mencionar un lado no tan aventurero (para su época) les recomiendo revisen la dama de las camelias, y no ten como este autor si por algo nos va cumplir es lo elaborado de la intriga y descarnado humor. Una última acotación antes de rematar con otra célebre frase del aquí citado es que este autor francés siempre fue segregado por ser hijo de un mulato, así es y aunque no lo crean la abuela era una mujer de raza negra proveniente de Haití. Como siempre los dejo deseándoles felices lecturas del mundo. Para toda clase de males hay dos remedios; el tiempo y el silencio. Alexander Dumas

“Este es el movimiento de quienes nos gusta leer, porque nos hace sentir bien” www.queretarolector.com


10

escritores Queretanos Larvario

Por Elisa Herrera Altamirano

Elisa Herrera Altamirano (1985), queretana, estudió psicología clínica en laUniversidad Autónoma de Querétaro, ha trabajado desde la psicoterapia en temas de violencia de género y actualmente cursa la maestría en Estudios de Género. Su formación literaria proviene de cursos, talleres y seminarios impartidos en Querétaro y el bajío. Ha publicado “Luciérnaga de Aceite” (2008) por el Fondo Editorial de Querétaro y “Larvario” (2011) por Herring Publishers México. Por si no te acuerdas del larvario, era un cuarto pequeño con un par de camas individuales, una más angosta que la otra. Las colchas estaban llenas de pelusas que con tan sólo verlas se desprendían llenando todos los espacios y la ropa de bolitas de tela. Inevitablemente había que barrer todos los días, de otro modo, las hebras de colores en tonos rosas y azules se iban acumulando entre las comisuras y nos ahogábamos en ellas. Por todos lados volaban las pelusas, los días que tendíamos la cama se veía más ordenado pero nunca era posible recogerlas todas, ya fuera que se escondieran detrás de las patas anchas de las camas, en las zapatillas del músico, en las pijamas, debajo del tapete o tan cínicas en medio de la almohada y la madera del piso. Lo que nunca hicimos fue darle la vuelta al colchón pero sí cambiamos de cama, ahí fue cuando nos dimos cuenta de que una era más grande que la otra. Creo que las últimas noches dormimos más incómodos que antes. Había que aprovechar que era cuando más nos amábamos, dormíamos más juntos y ocupábamos menos espacio, pero también dormimos más incómodos porque la cuenta regresiva de los días y las horas, la amenaza del

tiempo y mi partida de regreso nos iba persiguiendo poco a poco. Más inevitable que barrer todos los días era escapar de los relojes de la gente. Lo único que nos marcaban, a lo único que nos atenían era a un pedazo de papel donde estaba impresa la hora del vuelo que me vio partir de Ezeiza algún día de agosto. El larvario fue un cuarto gigante en historias. El techo era alto, lleno de mariposas que todos los días se escapaban de mi panza y se acomodaban para pintar el cuadro de tu cara, nunca repitieron sus matices, conocí los colores que en mi vida había visto; cuando era niña, mamá me leía un cuento de un pintor de mariposas, te parecías mucho a él. El armario y la vida de larva le dieron el nombre al larvario. ¡Qué buena es la vida de larva! ¡Qué grande el armario que no utilizamos! La mesita del cuarto nunca estuvo vacía: botellas de vino, pan para acompañar la pasta, un cenicero tosco de madera por lo general lleno de ceniza, hojas de propaganda de la visita guiada a la casa de Carlos Gardel y al reverso una nota que decía: Mon coeur, te vine a buscar y no estabas. Pintó faso y caminata vampiro. Te amo. Mientras cenábamos, la mesa protagonizaba la noche con su


mantelito de plástico y figuras geométricas, con su par de hoyos por quemadura de cigarro, esa mesa estaba en la esquina del cuarto debajo de la ventana. La puerta de madera, que por lo general permanecía cerrada, tenía dos tragaluces con vidrios dobladizos, en frente y a un lado de la cama estaba el armario café oscuro, muy grande y pesado. Cómo fumábamos, cuántas pláticas de pie, con llanto, con carcajadas, comiendo, bebiendo, cuánto fumábamos. Antes y después de comer, de vez en vez, de dos en dos y de seis a siete, al despertar, en medio de un brutal insomnio o casi dormidos. Cuántas veces se escondió el encendedor o se quedó en la mesa lejos de la cama, tan lejos como lo que puede medir un tapete rectangular a mitad de la habitación. La cama con colcha azul servía de perchero: la guitarra, los sacos, hojas y discos, un sombrero y un par de boinas, una mochila verde oscuro, un tin whistle, letras de canciones y poemas. La almohada de esa cama seguía siendo de esa cama. Nunca dormimos con dos almohadas, nunca dormimos en camas separadas desde que llegamos al larvario. Rosalina, nuestra vecina, no dejó de platicarnos sus historias con Juan Carlos. Le compusimos algunas canciones. Ella amaba su país, hinchaba por el Boca Juniors. Nunca entendimos por qué estaba en Argentina si hablaba todo el día de Ecuador. Nos miraba como un par de locos. Siempre tuvo razón y no tenía por qué vernos de otra forma. Nosotros tampoco pretendimos nunca mostrar algo que no fuéramos: sólo orates, amorosos, anartistas, magos, infantes en sus puertos, bello abril y las notas de septiembre. A pesar de todo, Rosalina nos prestó su cámara digital con la que nos fotografiamos desnudos una noche

frente al espejo. Tal vez no haya mucho qué apostar por el larvario hablando de su estética. Siempre fue lo que menos nos importó. A mi me dejó de importar poco a poco. ¿Y tu Luna? -Siempre preguntaste-, pues ¡yo soy tu luna! encarnada en tus lunares, pedacitos de cometa salpicados en mis brazos como el fuego. Ya sólo debes recordar un larvario solitario, sin guitarras, sin humo de colillas ni colillas de cigarros. Sólo debes pedir que el tiempo nos mate juntos, que el pánico te ataque a besos y el tiempo que estés dentro de mí, ese que es el mismo que regala muerte dure siempre. Que tus uñas largas toquen Para Elisa, que tu angosto cuerpo te acompañe siempre, que ese siempre del tiempo sea tan hoy, tan tú, tan yo, que no haga falta explicar la diferencia entre las aves y los hombres porque al final son la misma cosa. Qué sería de mi muerte sin la tuya, qué sería de mis noches con insomnio sin tu oscura boca rondándome, manoseando mis ganas tímidas. Sin tu muerte, tú, mi fotografía, qué sería de mí y el redundar de los versos sin sentido. No habría escenarios, no habría manjares ni vino, no se escucharían los presagios del vasco, ni las locuras de Pedro. Nada existiría sin tu muerte ni la mía.

Biblioteca Digital de Escritores Queretanos Más cuentos de Elisa Idea ñañú Subterráneo E. Javiera, sus diarios Formas fáciles de perder objetos valiosos Intentos fallidos Hubiera preferido que fueran pesadillas


12

Recomendaciones

Cuando cansado de bregar en el reposo Odiseo miró sus años viejos con la transparencia del recuerdo supo, y solo ahí pudo entender, que su destino era el aire de otras tierras, la sombra oculta del mar entre los framboyanes y la vereda de otros pies calzados en la arena. Supo, aunque a cierta edad nunca es demasiado tarde, que era el momento de partir dejando atrás el viento populoso de Ítaca, las trenzas relucientes de Penélope, la grata compañía de Néstor y Telémaco. Y cobijado por los sueños echó suerte en un batido de ceniza bajo un ancho muro levantado entre los andurriales, y así, al cobrar conciencia, separó los límites y regresó por la vereda en búsqueda de sus amigos, quienes fastidiados miraban la luna pastar sobre los campos de jazmines.

Las grietas del reino JACLYN MORIARTY

La princesa Ko ha ocultado dramáticamente la misteriosa desaparición de la familia real para mantener en orden el Reino de Chelo. Sin embargo, si no logra que su padre regrese pronto podría estallar una guerra devastadora... Por eso decide crear la Alianza Real Juvenil, con chicos elegidos porque cada uno tiene una habilidad especial. Juntos, parecen invencibles. En medio de sucesos extraños, intentarán resolver el enigmático paradero de su familia. Elliot, además, integra la Alianza porque está más decidido que nunca a encontrar a su padre, también está desaparecido. Y se convierte en la clave, ya que es el único que tiene una conexión con el mundo, gracias a la grieta por la que se comunica con Madeleine, en Cambridge. Compartiendo notas, anécdotas y largas noches, ambos intentan encontrar la forma de viajar a través de los dos mundos y rescatar a los ausentes. Librerías Nuevos Horizontes te regala un 10%

*Aplican restricciones. Descuento válido en sucursales Querétaro.

www.par-tres.com

www.nuevoshorizontes.mx

Profile for Par Tres Editores

L de Lector No. 6 (Diciembre)  

Autor del mes: Alexandre Dumas

L de Lector No. 6 (Diciembre)  

Autor del mes: Alexandre Dumas

Profile for partres
Advertisement